miércoles, 27 de enero de 2016

TERESA DE LA PARRA Y SU GRAN AMISTAD CON EL GENERAL JUAN VICENTE GÓMEZ Y SUS HIJOS


Teresa de la Parra.


Caracas, Junio 18 de 1923.

Señor General Juan Vicente Gómez. 

Presidente Constitucional de la República.
        
Muy estimado General:

Confiada y segura en que he de obtener como siempre su aprobación y su liberal apoyo, me dirijo hoy a usted para saludarlo con todo cariño, y exponerle mis actuales proyectos y aspiraciones artísticas. No sé por qué presiento con tanta seguridad que van a interesarle desde el primer momento. Yo no puedo olvidar, General, la amable acogida que hizo usted a mi primer trabajo literario “El Mensaje a la Infanta Doña Paz de Borbón”, cuando me felicitó cordialmente con aquellas palabras que me animaron desde entonces a seguir escribiendo: “Honra usted a Venezuela con su pluma”.

Pues bien, General, confortada por su felicitación, y por el éxito obtenido en nuestro público, luego de escribir “El Mensaje a la Infanta Doña Paz de Borbón”, y la “Revista de Carabobo”, mi segundo trabajo literario, dedicado exclusivamente a usted, y que más bien que crónica fue un canto descriptivo,  a la organización y progreso actual de nuestra vida venezolana, desde entonces, digo, con la paciencia de un humilde obrero y con todo el entusiasmo del artista que tiene fe en su obra, desde entonces, repito, de la mañana a la noche, en dos años consecutivos, limando, corrigiendo, perfeccionando, no he hecho sino escribir un libro que después de tantos afanes y de tanto trabajo silencioso y constante acabo de terminar en estos días. Mi libro que es como mi hijo y como mi propia vida, ya está escrito. Dos fragmentos de este libro, terminado hoy, he lanzado ya al público. El primero bajo el título de “Diario de una señorita que se fastidia” obtuvo la más lisonjera acogida de parte de la crítica y de parte del público de Venezuela y fuera de Venezuela. Como datos solo le digo que de dicho fragmento se tiraron seis mil ejemplares los cuales quedaron agotados en unos días; y que yo recibí más de treinta cartas de felicitación enviadas por escritores nacionales y extranjeros.

Otro fragmento de ese mismo libro, lo envié en forma de cuento o narración al gran Certamen Nacional celebrado en Ciudad Bolívar el pasado mes de Febrero y el jurado lo laureó con premio especial extraordinario.

Ahora bien, mi libro, que sin haber salido aún a la luz, ha obtenido ya el aplauso bondadoso del público y de la crítica, es un libro escrito en forma de novela; es un Diario sencillo e ingenuo de una muchacha de nuestros días que mira la vida actual y la describe y la comenta, con sus ojos de mujer, a veces frívola, a veces grave, a veces sentimental, pero siempre, siempre sincera, con esa sinceridad del agua limpia que sin sabidurías ni complicaciones, corre cantando y enseñando la verdad clara de lo que lleva en ella. Mi heroína “La señorita que se fastidia” llamada María Eugenia Alonso, que por curiosa y por inquieta y por mujer se mete en todo; pinta a ratos el corral de su casa donde la vieja mujer lavandera, criolla, negra y buena, lava la ropa conversando bajo las matas y bajo presidencia del Ávila que se asoma a lo lejos por encima de las matas y de los tejados...; pero otras veces ya no es el corral de su casa lo que describe, sino que se sale fuera, aborda temas más serios y entonces por la misma pluma ingenua pasa la vida grave y es ya la organización triunfal de su país que ella canta y exalta, sin dogmatismos, sin pretensiones, sin adjetivos, sencillamente, con la sencillez elocuentísima de los hechos que sólo parecen decir “aquí estoy”.

Pues bien, General, ese libro en el cual tengo puesta una gran cantidad de entusiasmo y de fe; ese libro que como le he dicho ya, es hoy en día para mí, más precioso que mi propia vida; ese libro que yo sé que ha de triunfar en Venezuela; ese libro que por su forma sencilla y amena es un exponente de nuestra cultura y de nuestro progreso actual, obra de sus años de gobierno, ese libro venezolanísimo que habla como a usted le gusta que se digan las cosas; ese libro que es mi única obra, ya está escrito. Para publicarlo con mayores probabilidades de éxito yo quisiera ir a editarlo a Europa, a fin de que no solo triunfe en nuestro ambiente sino que vaya más allá a demostrar lo que es ese mismo ambiente, culto, pintoresco y complejo. Ahora bien, para esta empresa: ¿puedo contar con el apoyo de usted?... el que sea, el que usted juzgue conveniente, el que bien quiera usted brindarme!

Si yo fuera hombre, podría ofrecerle mi energía y mi buena voluntad para combatir y trabajar a su lado en cualquier empresa de adelanto y progreso, siendo mujer y escritora solo puedo brindarle este espacio de camino blanco trazado tesoneramente con mi pluma durante un trabajo asiduo de dos años, lírico camino blanco, sobre el cual quiero hacer andar por el corazón de otros países, como sobre las amenas carreteras de Aragua, nuestro espíritu venezolano llenos de frutos en el presente y de promesas en el porvenir.

Este es el objeto de mi carta, General, lo expongo llanamente ante su vista, nada exijo; espero modesta y confiadamente su contestación: usted tiene la palabra.

Solo me queda añadir que para mayor confirmación a lo que llevo dicho, estoy dispuesta a someter a su juicio algunos párrafos o capítulos de mi obra, y que por de pronto le remito algunos juicios críticos hechos acerca del valor literario de los fragmentos ya publicados.

Esperando obtener su aprobación soy de usted y de su causa amiga muy leal y sincera.

Ana Teresa Parra Sanojo
(Teresa de la Parra)

BOLETIN DEL ARCHIVO HISTORICO DE MIRAFLORES.
NUMERO 9/10 CARACAS NOVIEMBRE-DICIEMBRE / ENERO-FEBRERO - 1960-61 AÑO II Págs. 3-7.

****

Maracay, Diciembre 27 de 1924.

Sr. General Juan Vicente Gómez.

Presidente Constitucional de la República.

Estimado General y amigo:

Acabo de recibir su amable tarjeta y tal cual le contesté personalmente, no tengo palabras para agradecer tantísima bondad y gentileza. Como le he dicho ya otras veces tiene Ud. en mí, como escritor y como simple mujer una amiga sincera y decidida. Ojalá tuviese algún día la ocasión de demostrarle de manera evidente mi adhesión y simpatía.

Son los más sinceros deseos de su affma.

Ana Teresa Parra Sanojo
(Teresa de la Parra).

EXTRAIDO DEL LIBRO “LAS LUCES DEL GOMECISMO”, ESCRITO POR YOLANDA SEGNINI, ALFADIL EDICIONES. 1997. Pág. 264.

****

A continuación el extracto de una carta de Teresa de la Parra dirigida a Gonzalo Gómez Bello, hijo del General Juan Vicente Gómez, en diciembre de 1924, cuando fue huésped en Las Delicias, junto con su hermana Isabel Parra Sanojo:

“Como en las auténticas cortes, el General se sienta en el fondo de los corredores de su quinta rodeado de sus hijos, los Ministros y los edecanes, después, en dos filas larguísimas y bastante imponentes (las señoras se sientan aparte, con la familia) viene todo el mundo oficial, diplomático, social, etc. Isabel y yo tratamos de hacer el mayor efecto posible. Entramos elegantísimamente por entre las dos filas que al divisarnos se habían puesto de pie y el General estuvo amabilísimo. Me felicitó por mi premio, me dio el pésame por la muerte de Emilia y añadió que honraba yo a Venezuela habiéndola hecho triunfar en un Concurso. Luego que salimos dio inmediatamente órdenes de que se nos alojase por su cuenta en la casa de la Comandancia, como a los huéspedes de gran importancia, y que se nos pusiese a la orden un buen automóvil y todo aquello que pudiésemos necesitar. Tenemos pues muy buena mesa, muy buen alojamiento y un succés del otro mundo. ¡No quiero decirte la tête de Laureano al vemos tan por encima de él!

Los dos hijos del General, zagalejos de diecisiete y dieciocho años, muy sencillos, habilísimos para todos los sports, dueños de dos estupendos autos, sugestionados por la atmósfera favorable que nos rodea, se constituyeron desde el día siguiente de nuestra llegada en nuestros chevaliers servants. Nosotras añadimos al grupo afín de tener más “peso” a Elena Uslar, hermana de la Sra. Boulton (¿no la conoces de París?), la mujer más divertida que puedes figurarte, y del público acogemos e invitamos para nuestras excursiones todo aquello que pueda sernos útil o divertido. […]

Todos los días organizamos un programa estupendo puesto que todo lo soñado está a nuestra disposición. Quisimos conocer la Laguna de Valencia y el General mandó que se pusiese a nuestra orden el vapor Tacarigua con una orquesta, almuerzo y aquellas personas que quisiésemos invitar. No puedes imaginarte la maravilla de paisajes, qué islas, qué haciendas y qué potreros donde atracábamos a nuestro antojo el vapor: Luego, todos los encantos de la vida criolla en la cual quería yo saturarme bien.

Como en Maracay las carreteras se enlazan y se cruzan por los lugares más inaccesibles y salvajes, hemos tenido a más de las excursiones por todos los pueblos de los alrededores, baños de río (todos los días) excursiones a los trapiches a chupar caña y a ver sacar papelón como en tiempos de mi infancia, paseos a los potreros y sabanas a ver enlazar ganado y colear toros por toda la clique de dieciocho a veinte años, algunos habilísimos y estupendos jinetes; hemos ido a ver bailes de negros con joropos de arpa y maracas, hemos ido al ordeño a las cinco de la mañana, en donde a cada vaca, para que se quede quieta, se le canta su copla mientras se ordeña, hemos ido a bañarnos al mar de Ocumare de la Costa, una carretera maravillosa y emocionante por su peligro, tres horas de selva virgen, en lugares visitados a veces por los monos y los tigres con torrentes y abismos y todos los verdaderos encantos del trópico. Nuestra mesa, que era al principio mesa pequeña para dos, ha ido creciendo hasta ser la más grande del comedor. Tenemos de comensales a Laureano, Dávila (el historiador), el Ministro de Hacienda, los dos Gómez, Pedro Emilio Coll, Díaz Rodríguez, los Uslar y diferentes invitados según las circunstancias. Según me refieren hemos llegado a adquirir tal importancia que el General pregunta al levantarse: ¿Qué van a hacer las Parra hoy? No tengo para qué decirte que Laureano se encuentra celosísimo de los muchachos jóvenes. [...]

Tengo un enamorado encantador. Es el menor de los Gómez. Aun no tiene diecisiete años y lo llaman “el negro” por su color trigueño. Escribe versos en secreto y me adora en silencio. Yo también, como al Perucho de mi novela, le sonrío pensando en tí y lo quiero como a los novillos que están todavía amarrados en los corralones. Su única declaración consiste en organizar cuánta cosa yo deseo, en regalarme quesos frescos y frutas y en decirme con una cara tristísima “y qué me voy a hacer yo cuando se vayan ustedes”. El pobrecito, de resultas de una difteria y un suero que le pusieron hace un mes ha quedado con las piernas débiles, cosa que le dificulta mucho el caminar. Mientras los demás montan a caballo y corren o bailan él se viene a conversar conmigo. Tienen estos dos muchachos una situación muy interesante: son hijos de segundo matrimonio y su madre es de una distinguidísima familia de Caracas, muy virtuosa, muy abnegada, muy discreta”.

Ana Teresa Parra Sanojo
(Teresa de la Parra).

EXTRAIDO DEL LIBRO “TERESA DE LA PARRA (1889-1936)”, ESCRITO POR MARIA FERNANDA PALACIOS, EDITORIAL ARTE. 205. Págs. 98-100.

****

HOTEL VERNET

25, Rue Vernet. – París.

París, Mayo 15 de 1925.

Sr. General Juan Vicente Gómez. 

Presidente Constitucional de la República.

Estimado General y amigo:
        
Hace cosa de dos meses escribí a usted una carta en que le ponía al corriente de mi llegada a París, de mis proyectos y de mis conflictos literarios. No habiendo recibido contestación, en mi temor de que dicha carta haya podido extraviarse, me permito escribirle de nuevo para saludarlo afectuosamente y repetir lo mismo que decía mi anterior.

Se trata de mi carrera literaria por la cual ha demostrado usted siempre tan paternal interés: Mi novela "Ifigenia", sobre vida y costumbres venezolanas, después de haber obtenido el primer premio de la novela en América en un concurso de trescientos escritores, está todavía en prensa, sin aparecer, gracias a la informalidad de la casa Editora a quien me dirigí y con quien firmé contrato antes de mi último viaje a Venezuela. La casa no ha cumplido sus compromisos, y yo antes que verme envuelta en un litigio resolví editar el libro por mi cuenta.

En mi carta anterior le participaba esta resolución pidiendo al mismo tiempo para ello su apoyo material, sin fijar suma, sino dejando a su generosidad la libertad de fijar lo que a bien tuviere a fin de poder llevar a cabo mi propósito.

Mi libro, es seguro, va a ser traducido al francés y publicado en la revista "La vie des Penples" honor que en Francia se dispensa muy rara vez a los escritores extranjeros.

Espero, General, de su paternal solicitud que he de recibir una contestación favorable.        

Nunca olvidamos los encantadores días de Maracay. Espero que habremos de renovarlos algún día bajo ese régimen próspero que a todos nos da tantísima seguridad y bienestar.

Con mis más afectuosos saludos para todos los suyos soy de usted atentísima y agradecida amiga,

Ana Teresa Parra Sanojo
(Teresa de la Parra).


Dirección: Legación de Venezuela, 115.
Rue de la Pompe.

BOLETIN DEL ARCHIVO HISTORICO DE MIRAFLORES.
NUMERO 69 CARACAS, JULIO - DICIEMBRE DE 1971 AÑO XIII Págs. 353-354.

****

HOTEL VERNET

25, Rue Vernet.

París, Mayo 15- 1925.

Querido Florencio:

Hace cosa de un mes y medio ó dos meses le escribí una carta, contestación de la suya, tan simpática, en que contaba la elegía de las lagunas, las vaqueras y el río, llorando nuestra ausencia, cosa que no dudé en creer y que me llenó de dulce y melancólica satisfacción.

En esa carta le incluía una mía para el General, de capital importancia por tratarse de mi libro; éste ¡asómbrese! a pesar de los elogios de la crítica que conoce el manuscrito no ha salido todavía a luz, tales son los inconvenientes debidos a la informalidad de los editores, y al no haber podido yo desde el primer momento hacer los gastos de impresión. Como le decía en mi carta anterior (que no dudo debe haberse extraviado) he resuelto contando con el apoyo material del General, siempre tan generoso para conmigo, hacer frente a los gastos de edición prescindiendo de la Casa Editorial que no ha cumplido sus compromisos en el plazo y condiciones que a mí me convienen.

Mi libro va a ser traducido al francés y publicado en una de las más importantes revistas de París «La vie des Peuples» cosa que obtienen muy pocos escritores extranjeros. Le remito ese juicio crítico de Miomandre (uno de los mejores críticos literarios de Francia) que habrá de servir de prólogo al libro. Juzgue cual es mi impaciencia cuando pienso en mi libro tan anunciado y esperado, aun en la imprenta, preso y maniatado, esperando que pueda yo ponerlo en libertad.

Cuento con su amistad y cariño. Sé que influirá usted cuanto pueda para tratar de obtener este favor del General, favor de tanta trascendencia para mí. Yo no quiero fijar suma, sólo le digo que quisiera hacer frente segurísima del éxito, a la edición española y a la francesa, que por trabajo de traducción, etc… habrá de ser costosa.

¿Cuándo vienen á París? No se imagina lo delicioso que está en estos momentos de primavera: qué alegría, qué sol, qué movimiento por todos lados! Les recomiendo mucho si quieren divertirse no vengan de ningún modo en otoño, ni invierno, sino en estos meses de primavera. Para usted como para mí, almas del trópico, soñadoras y nostálgicas necesitamos sol, flores y alegría, algo que nos recuerde en el bullicio de esta vida vertiginosa, la intensa voluptuosidad de nuestro cielo velado por los caros y samanes. . .

Al ingrato de Vicente mil cariñosos recuerdos, y para usted toda la amistad sincera de su affma,

Ana Teresa Parra Sanojo
(Teresa de la Parra)

Remito a su Papá la carta directamente pero cuento siempre con su apoyo é influencia.

Nota de la Autora: El destinatario de esta carta es Florencio Gómez Núñez, hijo del Gral. Juan Vicente Gómez, que para la fecha contaba con 17 años.

EXTRAIDO DEL LIBRO “LAS LUCES DEL GOMECISMO”, ESCRITO POR YOLANDA SEGNINI, ALFADIL EDICIONES. 1997. Pág. 264-265.

****
  
Ginebra, Septiembre 14, 1925.

Sr. Gral. Juan Vicente Gómez.

Caracas.

Estimado General y amigo:
        
Acabo de leer en la prensa de Caracas la noticia que ha llenado de alegría a todo el país: libertad de los presos políticos y libre entrada a Venezuela de los desterrados.

Aunque un poco tarde yo quiero unirme también al júbilo unánime de los venezolanos, al felicitarlo sincera y cordialísimamente por esta resolución que ha unido ya en una sola entidad toda la gran familia venezolana.

Soy de usted atentísima,

Ana Teresa Parra Sanojo
(Teresa de la Parra)

BOLETIN DEL ARCHIVO HISTORICO DE MIRAFLORES.
NUMERO 69 CARACAS, JULIO - DICIEMBRE DE 1971 AÑO XIII Págs. 261-262.

****

París, 1º de Noviembre de 1925.

General Juan Vicente Gómez.

Presidente Constitucional de la República.

Estimado General y amigo:
        
No puedo expresarle la grata sorpresa, mezclada de emoción y agradecimiento que fue para mí la lectura del cable en que me anunciaba el Secretario General de la República que tenía usted a bien enviar un cheque de Bs. 12.000, para los gastos de edición de mí novela "Ifigenia".

Me encontraba entonces en Ginebra e inmediatamente rogué por cable al doctor Baptista Galindo que transmitiese a usted de parte mía mis expresivas gracias.

Hoy ya de regreso a París, es mi primera ocupación agradecerle de nuevo por escrito su generosa gentileza.
        
Como le he dicho tantas veces le repito hoy: que siempre sabré corresponder a sus bondades con mi gran simpatía y aunque débil mujer, tiene Ud. en mí una amiga leal y sincera.

Le ruego presentar mis saludos a toda su familia y soy de Ud. atentísima,

Ana Teresa Parra Sanojo
(Teresa de la Parra).

BOLETIN DEL ARCHIVO HISTORICO DE MIRAFLORES.
NUMERO 69 CARACAS, JULIO - DICIEMBRE DE 1971 AÑO XIII Pág. 354.

****

TERESA DE LA PARRA HABLA DEL PROGRESO DE VENEZUELA



La célebre escritora Teresa de la Parra.
Teresa de la Parra nos habla con unción de su Venezuela y con entusiasmo de su progreso: "El general Gómez, ha acabado con el caudillismo llamando a la colaboración de su gobierno a los hombres más capaces y mejor preparados para la administración, y es, en suma, un verdadero grande hombre de Estado".
Hay magníficas carreteras, paz, seguridad individual, los colombianos atraviesan tranquilamente mi tierra para embarcarse en La Guaira. Soy amiga del presidente Gómez, y su actuación presente me parece bien. Lo acusan de haber sido severo pero ello fue cuando el país se encontraba en estado de revolución permanente. Un poderoso hábito de progreso, de prosperidad, de riqueza impulsa hoy a Venezuela, colocándola en puesto de primera fila entre las repúblicas americanas. 
La red de magníficas carreteras construidas por el presidente Gómez, y que comunican a todas sus ciudades importantes, abaratando en un cincuenta por ciento los fletes y transportes, ha probado con sus resultados la importancia de la obra. 
La deuda pública venezolana no llega a 100 millones de pesos; su moneda se conserva a la par con el dollar; el gobierno tiene en caja 125 millones de bolívares y sus obligaciones están al día. Se ha dado grande impulso a la instrucción pública; la sanidad alcanza la más alta eficiencia. Las relaciones exteriores de Venezuela se mantienen bajo el rígido principio de igualdad entre las naciones. 
El presidente Gómez tiene especial interés en mantener estrechos y fraternales lazos de unión sus relaciones con las repúblicas del nuevo mundo que hablan español. El general Gómez, ha acabado con el caudillismo llamando a la colaboración de su gobierno a los hombres más capaces y mejor preparados para la administración, y es, en suma, un verdadero grande hombre de Estado, tal cual las necesidades de nuestra América lo imponen en ocasionen para realizar los más altos destinos de la raza.
La carretera central, moderna que une a Venezuela y Colombia, obra de la actividad constructiva del presidente Gómez, tiene 1.212 kilómetros de largo, pasa por lugares de 15.000 pies de altura y atraviesa 10 estados venezolanos.
Ocupa mi país actualmente el segundo lugar en el mundo como país productor de petróleo y la Ley petrolera pone a cubierto de toda emergencia la propiedad de la tierra y la riqueza del subsuelo. Esta se concede solo en explotación por determinados años.
Venezuela es un país nacionalista, celoso de su integridad y hasta hoy, en ninguna época de su historia, ha consentido interferencias extrañas en sus asuntos internos. Esa puerta no hay venezolano que la abra, ni venezolana que no lo guarde.
Extracto de la entrevista a Teresa de la Parra en el “Diario de la Marina” por Armando Maribona, publicada el 1 de abril de 1928 en La Habana (Cuba). Reproducida en “El Nuevo Diario”, 21 abril 1928.

miércoles, 6 de enero de 2016

CONFERENCIA DEL DOCTOR PEDRO MANUEL ARCAYA


SOBRE LA SITUACIÓN ACTUAL DE SU PAĺS

El eminente Ministro de Venezuela, Dr. Pedro Manuel Arcaya.

Transmitida el 26 de octubre de 1930 desde la Estación Radiotelefónica de la Columbia Broadcasting Company, en la ciudad de Washington D.C. (U.S.A.).

Señoras y Señores:
La República de Venezuela, es decir, los Estados Unidos de Venezuela según la denominación oficial, es una de las naciones de Sur América que baña el Mar de las Antillas, el cual la limita por el Norte. Linda por el Este con la Guayana Inglesa; por el Sur con el Brasil; y por el Oeste con Colombia. Su nombre es un diminutivo de Venecia; porque los descubridores del país encontraron los indios de la región de Maracaibo viviendo en aldeas formadas por chozas construidas sobre estacas elevadas dentro del Lago mismo. El nombre en diminutivo ha hecho creer a muchos que Venezuela es un país pequeño. Nada más inexacto. Dentro de sus límites cabrían holgadamente Francia y Alemania, sobrando todavía mucho terreno.

De la gran Cordillera de Los Andes se desprende en Colombia un largo ramal que penetra Venezuela en dirección noreste. Al pie de su vertiente norte está el Lago de Maracaibo, que se comunica con el mar. De la del sur se desprenden grandes ríos que van a caer al poderoso Orinoco, el cual viene de las montañas situadas en la región limítrofe con el Brasil. Con el ramal andino se empatan otras cordilleras más bajas que corren paralelas a las costas del mar. Detrás están los Llanos, circundados hacia el Sur por el Orinoco y sus afluentes. Más allá de los Llanos y en ambas vertientes de los Andes, hay grandes bosques: la floresta tropical en todo su esplendor y magnificencia.

La orografía de la República da lugar a una notable diversidad de climas. En varias cumbres andinas hay nieve perpetua. Es intenso el calor de las costas, aunque nunca tan fuerte como el de ciertas regiones de los Estados Unidos en verano. En los valles que se hallan a alturas de ochocientos a dos mil metros la temperatura es siempre agradabilísima. Caracas, la Capital de la República, es conocida como la ciudad de la primavera perpetua.

Sin embargo, es escasa nuestra población. Apenas habrá ahora alrededor de tres millones doscientos mil habitantes. (El último censo de 1926 dio algo más de tres millones: pero la población ha seguido aumentando después). Varias causas contribuyeron a evitar el crecimiento que debió haber, en atención a que es enorme la natalidad y, por consiguiente, larguísimas las familias. Una de estas causas era la frecuencia de ciertas enfermedades tropicales en las costas y en las regiones cálidas de los Llanos; pero se las ha venido combatiendo eficazmente desde que cesaron, hace más de veinte años, las guerras civiles. La fiebre amarilla ha quedado totalmente extinguida, siendo así que, anteriormente, hacía inhabitables para el extranjero muchas ciudades venezolanas. También se ha logrado extinguir la viruela que, todavía a fines del siglo pasado, devastaba poblaciones enteras. Los estragos del paludismo han disminuido considerablemente. El estancamiento de la población como del atraso en que, desde su Independencia hasta la primera década de la presente centuria, estuvo Venezuela, se debieron en último análisis, a las guerras civiles por la miseria general que acarreaban y por las enormes pérdidas de vidas que causaban.

Las guerras civiles han sido el azote de casi toda la América Latina; y en Venezuela se caracterizaron, desgraciadamente, por largas ruinosas y encarnizadas, al mismo tiempo que por el espíritu de caballerosidad que en ellas predominaba, siendo caso desconocidos en ellos los fusilamientos y asesinatos de prisioneros.

Miopía intelectual y pobreza de criterio demuestran quienes atribuyeron nuestras pasadas contiendas intestinas y la tendencia que a veces revive, aunque muy aisladamente, a renovarlas, a causas superficiales como la violación, verdadera o supuesta, de los preceptos de las reconstituciones que nos han regido, la reelección de un Presidente, el apoyo oficial con que otro haya ascendido al Poder, u otros sucesos semejantes. Causas más hondas lo produjeron. Hay que buscarlas en tendencias raciales, en las condiciones del medio físico y del económico; en la influencia ejercida en cada generación por los sucesos ocurridos en la precedente; en el espíritu de imitación; en la facultad misma que antes tenían para emprender tales guerras los caudillos que las hacían.

De nuestros antepasados españoles nos viene la emotividad y el entusiasmo pronto. La mezcla de las razas; la gran llanura abierta; el caballo que se multiplicó increíblemente al importarlo los españoles en Venezuela; la facilidad de hallar el alimento diario con muy escaso esfuerzo; las noches frescas, estrelladas y secas, que convidan con las grandes veladas al aire libre, oyendo siempre el relato de aventuras heroicas; todo esto demostró el instinto belicoso de una población sobria, resta a las sugestiones de la gloria guerrear; fácil de dejarse guiar por la palabra cálida y, más aún, por el gesto viril y la evocación de grandes ideales. De allí la parte eminentísima que, conducidos por Bolívar, tuvieron los venezolanos de su época en la Independencia de América. En todos los campos de batalla de la América meridional desde Venezuela hasta los límites de Bolivia hacia el Sur, se oyeron las voces de mando de nuestros generales. Los soldados de Venezuela que ellos comandaban eran hombres aguerridos capaces de los actos más audaces.

Terminada la guerra de Independencia, el mismo ardor bélico fue puesto al servicio de ambiciones pequeñas que se disfrazaban con la proclamación de grandes ideales. De allí el doloroso periodo de nuestras contiendas fratricidas. Siempre habría para los revolucionarios un tirano espantoso y execrable a quien era menester derribar si se había de salvar la Patria. Los bandos se sugestionaban con las frases que juzgaban grandilocuentes, cuando realmente eran lugares comunes, de los oradores y escritores que atizaban la guerra. Cada uno combatía con fanatismo, como si del resultado de aquellas oscuras guerras civiles dependiese la marcha de la civilización mundial. Mientras tanto, el país se arruinaba. Un escritor que vivió en uno de los más tormentosos periodos de nuestra historia escribió que el grito de viva la libertad era sinónimo de muera el ganado. En efecto, todo lo consumían las fuerzas beligerantes: no sólo el ganado sino cuanto necesitaban. Por otra parte, eran muy pocos los que se decidían a fundar empresas de importancia cuando tan expuestos estaban a perder el fruto de su trabajo.

Aquello parecía un sueño trágico cuyo despertar no se columbraba. Ocurrió, sin embargo, y fue terrible. Encontrándonos en plena guerra civil bloquearon nuestros puertos en 1902 las escuadras combinadas de Alemania, Inglaterra e Italia. Urgían por un arreglo que asegurase el servicio de nuestra deuda exterior cuyos títulos estaban en manos de varios de sus nacionales y por el pago de una multitud de reclamaciones de otros, entre ellos, por perjuicios que decían haber sufrido en la misma guerra civil y en las anteriores. Intervino el Presidente de los Estados Unidos, Mr. Roosevelt. Se sometieron a arbitraje las reclamaciones que motivaron el bloqueo y resultamos condenados a pagar una suma que, dado el estado de ruina en que nos encontrábamos, resultaba enorme. Tuvimos, además, que celebrar un convenio para la amortización, con intereses, de nuestra crecida deuda exterior que databa en parte de la Independencia. El pueblo se dio cuenta de que continuar guerreando era el suicidio de la Nación. El General Juan Vicente Gómez, Jefe entonces del Ejército Nacional, encarnó la voluntad de paz, que, en suma, era un instinto profundo de vida del pueblo venezolano. Gómez, en una brillantísima serie de tremendos combates, redujo a los jefes revolucionarios. La última batalla se libró en Ciudad Bolívar el 21 de julio de 1903, cuyo aniversario se celebra en Venezuela. Es el día de la paz. Poco más de cinco años después, el mismo General Gómez asciende a la Primera Magistratura que, desde entonces, es decir, desde 1908, ha desempeñado varias veces, siendo otras Jefes del Ejército, cargo que ejerce actualmente. El Presidente de la República es el jurista Doctor Juan Bautista Pérez.

A partir de 1908 han sido notables los progresos realizados en Venezuela. Antes no había, fuera de los ferrocarriles, sino malos caminos de herradura. Hoy, todo el país está cruzado de magníficas carreteras. Numerosas obras públicas se han llevado a cabo. La instrucción ha progresado enormemente. Todo esto se ha hecho sin comprometer el porvenir de la República mediante empréstitos; antes por el contrario, cancelando al mismo tiempo las antiguas deudas de la Nación, como luego se explicará. Ni siquiera es extranjero el capital invertido en nuestras empresas e industrias sino nacional, excepto en lo que respecta a ferrocarriles y la industria petrolera. Las fincas agrícolas y pecuarias están en manos de venezolanos. Algunas las poseen extranjeros, pero son residentes allá. Funcionan un Banco Agrícola y Pecuario y un Banco Obrero: el primero destinado a hacer préstamos a los agricultores y el segundo a proporcionar a los obreros habitaciones baratas. El capital de cada uno de ellos ha sido suministrado por el Tesoro Nacional a un tipo de interés mucho más bajo del que habría podido obtenerse por medio de préstamos en el extranjero. Una reciente Ley del Trabajo, inspirada en las de los países más adelantados, da plenas garantías a los obreros y establece las reglas más humanitarias y equitativas respecto a la indemnización por accidentes de trabajo. No existe el problema agrario. Sobra la tierra para quien quiera cultivarla sin necesidad de expropiar a nadie. Cuando se presenta cualquier colisión que pueda llegar a ser peligrosa entre algún propietario y los labradores que han ocupado sus tierras, se procura solucionarla siempre con arreglo a la justicia y a la equidad. Un caso típico de cómo se resuelven en Venezuela estos asuntos fue el que ocurrió hace pocos años en los terrenos del río Tocuyo en el Estado Falcón, siendo Presidente de la República el General Gómez. Se trataba de más de cincuenta leguas de terreno que había enajenado la Nación a mediados del siglo pasado. Vino a parar esta propiedad a manos de un capitalista venezolano quien, fundado en su título perfecto, aspiraba a que los miles de labradores, allí establecidos le pagasen arrendamiento y se abstuvieran de nuevos cultivos. El General Gómez compró los terrenos y los donó a las Municipalidades respectivas con la obligación para éstas de otorgar gratuitamente a título de propiedad a cada labrador por lo que hubiera cultivado.

Ya he dicho que la única gran industria que, propiamente, está en Venezuela en manos de extranjeros es la explotación del petróleo, que llevan a cabo diversas compañías americanas, inglesas y holandesas. En Venezuela no hay capitales privados tan fuertes como para haber acometido ellos tales explotaciones, que requieren gastos cuantiosísimos y son, como es sabido, excesivamente aleatorias. No podía el Gobierno hacerse empresario para explotar él mismo los yacimientos. Para esto habría sido menester comprometer el crédito del país con enormes empréstitos sin la seguridad del éxito y con el cúmulo de inconvenientes que habría acarreado una empresa oficial tan vasta. La única alternativa, si no se permitía entrar en estas empresas al capital extranjero, era dejar que permaneciese en las entrañas de la tierra el petróleo que pudiera hallarse allí, sin utilidad para nadie. Se optó, en consecuencia, por permitir que cualquiera empresa extranjera, con tal que no dependa de ningún gobierno, pueda adquirir concesiones petroleras. Estas se otorgan conforme a una de las mejores en este ramo y la cual ha mantenido celosamente el principio de que los minerales del subsuelo pertenecen a la Nación aunque el suelo sea de propiedad privada. Las concesiones no constituyen una enajenación perpetua del subsuelo sino que son temporales y durante el tiempo de su vigencia deben pagar sus dueños a la Nación un royalty o regalía y otros impuestos. Tan sencillo y claro es el sistema de nuestra legislación que, con sólo consultar una colección de la “Gaceta Oficial”, puede averiguarse cuáles son las concesiones vigentes, fuera de las cuales nadie puede alegar derecho alguno al petróleo. Esto evita litigios y da una perfecta seguridad a los concesionarios. La Nación percibe una cuantiosa renta sin arriesgar ni un centavo y sin desprenderse irrevocablemente de su valiosa propiedad. Los resultados del sistema que hemos seguido están a la vista. Venezuela ocupa el segundo rango entre los países productores de petróleo. No tiene por delante sino a los Estados Unidos de América.

Ya se ha dicho que la agricultura está en manos de los venezolanos; pero muchos agricultores estarían dispuestos a asociar en sus empresas a capitalistas americanos, lo cual redundaría en mutuo provecho. Venezuela produce café de calidad fina; cacao quizás el mejor del mundo; se da magnífica la caña de azúcar; tiene vastas llanuras donde se cría casi salvaje el ganado; son variadas y preciosas sus maderas. El coco, el arroz, el maíz, todos los frutos, en fin, de los climas cálidos y muchos de los templados, se dan con abundancia insólita. Nada mejor que Venezuela para grandes plantaciones de caucho y de fibras. Ningún país en la América está mejor situado para la exportación.

Lo que puede llegar a ser Venezuela con veinte años más de paz se deduce por lo que se ha logrado durante los primeros veinte de lo que pudiéramos llamar era gomecista.

Para el primero de enero de 1909 la deuda de la República ascendía a Bs. 260.817.101,18 (incluyendo el monto de varias reclamaciones pendientes y ajustadas después). Para el primero de enero del presente año apenas quedaba Venezuela a deber Bs. 52.791.295,83, suma total de sus deudas exterior e interna; pero como en mayo último había en tesorería en dinero efectivo un depósito de Bs. 101.919250,84, acordó el Congreso a petición del señor General Gómez que se produjera a la cancelación inmediata de lo que estaba a pagarse por deuda exterior. De este modo ella quedará totalmente extinguida y con las amortizaciones hechas y por hacerse en el presente año, de la deuda interior, única que en parte quedará pendiente, ésta quedará reducida a poco menos de Bs. 20.000.000 para el primero de enero de 1931. Los venezolanos estamos orgullosos de este extraordinario resultado, único hoy en el mundo.

El comercio exterior, comprendiendo importaciones y exportaciones, ascendía para 1908, según reciente trabajo del Doctor Roberto Álamo Ibarra, a Bs. 126.000.000 y en 1929 llegó a más de mil millones, es decir, subió a más del 700 por ciento. Es como si una vieja aldea con casas de dos pisos se hubiera transformado en veinte años en una ciudad moderna con grandes edificios de catorce pisos. En otros veinte años más la progresión será sin duda mayor del 700 por ciento. Subirá quizás a mil por ciento y llegará, cuando menos,  a más de diez mil millones el total de nuestro comercio.

No hay temor de nuevas guerras civiles en Venezuela. El pueblo recuerda ahora con pavor la época de ellas. Se han hecho además imposibles en la forma en que antes ocurrían, que era de alzamientos de descontentos en los montes formando guerrillas que después se juntaban en ejércitos para librar batallas contra los del Gobierno. Hoy, con el armamento moderno, que consume enormes cantidades de municiones, y con las restricciones puestas en todas partes al comercio de armas; con el cable y el radio que avisarían la salida de cualquier expedición filibustera; y dada la rapidez con que el Gobierno podría movilizar sus fuerzas en camiones y aeroplanos para impedir cualquiera operación de desembarco de armas, resulta prácticamente imposible que se renueven las guerras civiles al estilo antiguo. Ya en Venezuela, como en el resto de la América Latina, y aún de todo el mundo, no se concibe el éxito de ninguna revolución que no sea hecha por el Ejército regular. Pero no hay posibilidad alguna de que esto ocurra en mi país. El Jefe del Ejército es el General Gómez y a nadie puede ocurrírsele que él vaya a dar un golpe de Estado para asumir la Presidencia que rehusó cuando para ella fue elegido por el Congreso. Ni hay riesgo alguno de que los oficiales del mismo Ejército hagan una revolución a la vez contra el General Gómez y contra el Presidente. Hay de por medio vínculos personales derivados de compromisos contraídos “de hombre a hombre” que ningún venezolano quebrante porque la lealtad es virtud venezolana.

De ahí que la situación política de Venezuela resulte tan sólida como es brillante su situación financiera.

D. Pedro Manuel Arcaya.

(Publicado en el periódico “El Nuevo Diario”, 7 de noviembre de 1930).


lunes, 7 de diciembre de 2015

RASGOS BIOGRÁFICOS DEL GENERAL JUAN VICENTE GÓMEZ.


POR: MANUEL LANDAETA ROSALES
1º DE ENERO DE 1909.

General Juan Vicente Gómez

Nació este ciudadano en la Villa de San Antonio del Táchira, primera población de Venezuela que libertara con su espada el Gran Bolívar el 1º de Marzo de 1813.

La fecha de su nacimiento es de grata recordación, pues nació el 24 de Julio de 1857, aniversario de la venida al mundo del Libertador y Padre de la Patria, cumpleaños de la gran batalla naval del Lago de Maracaibo que libró el insigne marino Padilla en 1823; y por haber nacido el mismo día en que el General Juan C. Falcón pisaba las playas de Palmasola, como Caudillo de la Causa Federal que triunfaría después de cinco años de lucha titánica, el 24 de Julio de 1863.

Fueron los padres del General Gómez, los señores Pedro Cornelio Gómez y Hermenegilda Chacón, siendo el primogénito de los hijos de aquellos.

Muerto el señor Gómez, su hijo Juan Vicente ya de 20 años, quedó encargado de su familia, siguiendo las huellas de su progenitor en las faenas del trabajo, que habría de proporcionarle un honrado patrimonio- obtenido en la agricultura, la cría y el comercio en el Táchira y Cúcuta y por su crédito mercantil en aquellos lugares y en Maracaibo.

Para 1886 turbaba la paz en el Táchira, Juan Vicente Gómez aparece en medio de los disidentes con su carácter magnánimo y bondadoso que siempre le ha distinguido y sirve de base de paz y concordia, que es la que hace felices a los pueblos; y fue desde entonces que trabó amistad con Cipriano Castro y que más tarde debían al elevarse ambos, figurar en primera escala en Venezuela.

En 1892 al término del gobierno del Doctor R. Andueza Palacio, el General Castro en defensa de aquel, libró el combate de “El Topón” y el de Táriba y a sus órdenes se hallaba el General Gómez, teniendo que asilarse después en Colombia, por el triunfo de la llamada Revolución Legalista.

Allí permaneció el General Gómez, hasta que volvió a reponer sus bienes de los quebrantos que sufriera por la guerra, pero atento siempre a la voz de su amigo y Jefe Castro, para la hora de la reivindicación de su causa; y así fue el segundo, de la pequeña invasión llamada de los 60, con que el General Castro pasara la frontera venezolana el 23 de Mayo de 1899 y que a los cinco meses ocupara triunfante el Capitolio Nacional y Gómez con él como segundo del Ejército llamado Restaurador.

Del 24 de Mayo al 14 de Septiembre de 1899 el General Castro libró los siguientes combates en que el General Gómez y sus hermanos pelearon con el valor que les distinguía así:
En el Táchira:
El 24 de Mayo- Combate en Tononó, en que triunfó del General Ramón Velasco y Coronel Antonio María Pulgar que murieron.

27 de Mayo- Combate en Las Pilas, en que triunfó de los Generales Leopoldo Sarría y Pedro Cuberos, Jefe de la frontera venezolana el primero y Jefe Civil del Distrito San Antonio el segundo.

17 de Junio- Batalla del Páramo de Zumbador, en que fueron vencidos los Generales Espíritu Santo Morales y Santiago Sánchez, el primero Presidente del Estado Los Andes y el segundo Jefe Expedicionario del Centro.

1º al 11 de Junio- Sitio de San Cristóbal, que defendía el General Juan Pablo Peñaloza, el cual tuvo que suspender Castro por la aproximación del Ejército Nacional al mando del General Antonio Fernández.

27 y 28 de Julio- Batalla de Cordero, contra el Ejercito de Fernández, viniendo Castro sobre Mérida:
En Mérida:
6 de Agosto- Combate en Tovar, en que venció a los Generales Rafael González Pacheco y otros.
En el Estado Lara:
26 de Agosto- Combate de Parapara, en que venció a los Generales Elías Torres Aular y Rafael Planas, acción que dio a Castro la posesión de Occidente.
En el Yaracuy:
8 de Septiembre- Combate en Nirgua, en que quedó vencido el General Rosendo Medina; y
En Carabobo:
El 14 de Septiembre- Batalla de Tocuyito, en que quedó dueño del campo de batalla, mandado los contrarios por los Generales Diego bautista Ferrer y Antonio Fernández, acción que dio a Castro el triunfo definitivo de la Revolución que acaudillara.

Total de acciones en esta campaña:
Batallas………3
Sitios………….1
Combates……5
Son…………...9

Triunfante la Revolución Restauradora, el 22 de Octubre de 1899 el General Gómez quedó de Jefe del Ejército por algunos días y a poco fue nombrado Gobernador del Distrito Federal, empleo que ejerció a satisfacción pública, hasta fines de Febrero de 1900, que se le envió de Jefe Civil y Militar del Estado Táchira, el cual pacificó sin efusión de sangre y armonizó convenientemente, regresando a Caracas meses después.

Reunida la Asamblea Constituyente de 1901 y dictada la Constitución el 28 de Marzo de aquel año, fueron electos Presidente Provisional el General Cipriano Castro y 1º y 2º Vicepresidentes, los Generales Juan Vicente Gómez y Ramón Ayala.

El 20 de Diciembre de 1901 principió la Revolución llamada Libertadora, que acaudillaría el General Manuel Antonio Matos, y en el acto se puso en campaña el General Juan Vicente Gómez, con el carácter de Jefe Expedicionario contra el General Luciano Mendoza que había dado el grito de insurrección en Aragua, librando Gómez las acciones de guerra siguientes:

22 de Diciembre- Combates de Villa de Cura y La Puerta, contra el General Luciano Mendoza.

24 de Diciembre del mismo año, combate en El Desembocadero en el Guárico, contra el mismo General Mendoza.

30 de Diciembre, combate en La Puerta contra el General Antonio Fernández.

5 y 6 de Enero de 1902, combates en la Sierra de Carabobo contra los Generales Luciano Mendoza y Gregorio Cedeño.

6 de Febrero de 1902- en el Tinaco contra el General Luis Loreto Lima que fue prisionero y murió de la herida que recibiera.

18 de Febrero de 1902- Combate en el Alto de Lara-Carabobo, contra el General Guillermo Barraes.

15 de Abril de 1902- Combate en Urucure en Coro contra los Generales Gregorio Segundo Riera y Juan Pablo Peñaloza, siendo el General Gómez, Delegado Militar en los Estados Occidentales.

6 de Mayo de 1902. Combate en Carúpano contra el General Nicolás Rolando, saliendo gravemente herido por un muslo el General Gómez.

El Congreso de 1902 hizo el escrutinio de los votos de Presidente y 1º y 2º Vicepresidentes, resultando electos los Generales Cipriano Castro, Ramón Ayala y Juan Vicente Gómez, respectivamente.

El 5 de Julio de 1902, marchó el General Castro a campaña sobre Barcelona y se encargó del Ejecutivo Nacional el General Gómez.

Regresado el General Castro de Oriente, marchó incontinenti a campaña a los Valles del Tuy, Aragua, Carabobo y Guárico, continuando el General Gómez al frente del Poder Ejecutivo.

El 12 de Octubre de 1902 principió la gran batalla de La Victoria entre el ejército del General Castro y el revolucionario comandado por el General Manuel Antonio Matos, lo que hizo que el General Gómez marchara a aquel campo, en el tren del Gran Ferrocarril pasando un fuerte convoy de elementos de guerra y de boca, que salvaron el ejército de Castro, combatiendo el General Gómez en lo más recio de la batalla que se decidió el 2 de Noviembre siguiente.

Regresado a Caracas los Generales Castro y Gómez, continuó este último Encargado del Ejecutivo.

El 9 de Diciembre siguiente tuvo lugar el atentado de las tres Potencias aliadas Alemania, Inglaterra e Italia; y Gómez fue el que como Encargado del Gobierno le tocara arreglar la cuestión con aquellas, pues aunque el General Castro dictó una proclama y gobernaba militarmente, no actuó como Jefe del Ejecutivo- sino desde el 20 de Marzo de 1903 en que asumió el Poder que había entregado al General Gómez el 5 de Julio de 1902.

A poco marchó el General Gómez a la campaña sobre Barlovento, contra las fuerzas revolucionarias de Oriente que se escaparon de La Victoria y libró los siguientes hechos de armas:

4 de Abril de 1903- Combate en Paparo contra el General J. M. Ortega Martínez.

Batallas y Sitios…….7
Combates…………..11
Total…………………18

Gran resumen de los hechos de armas en que se ha encontrado el General J.V. Gómez desde 1892 hasta 1903:

Campañas:
Batallas:
Sitios:
Combates:
1892
1
0
1
1899
3
1
5
1901, 1902 y 1903
4
3
11
Total
8
4
17

El 3 de Agosto de 1903, llegó de Ciudad Bolívar a La Guaira el General Juan Vicente Gómez, donde lo esperaban para recibirle en triunfo, el General Castro, sus Ministros y un gran concurso de ciudadanos; y el 5 hizo su entrada a Caracas en medio de una ovación de lo más ruidosa que registran los anales patrios, pasando por medio de arcos triunfales costosísimos que por primera vez se hacían en Venezuela (alumbrados por la noche por preciosa luz eléctrica) y acompañado de la ciudadanía de Caracas que lo recibía como Pacificador de Venezuela a su regreso de Ciudad Bolívar.

El Congreso de 1904 convertido en Asamblea Constituyente, dictó Constitución y nombró Presidente Provisional al General Cipriano Castro y 1º y 2º Vicepresidentes a los Generales Juan Vicente Gómez y José Antonio Velutini.

El 12 de Abril de 1905 se separó el General Castro del Poder, en viaje de recreo al Centro, Sur y Oriente de la República y se encargó del Gobierno el General Gómez, hasta el 15 de Mayo que regresó aquél de su jira.

Reunido el Congreso de 1905, eligió el Senado el 7 de Junio Presidente Constitucional al General Castro y 1º y 2º Vicepresidentes a los mismos Generales Juan Vicente Gómez y Velutini, por seis años.

El 9 de Abril de 1906, se separó del Poder el General Castro por motivos de salud, encargándose del Gobierno el General Gómez, y a poco principió la llamada Aclamación del General Castro, que hizo su entrada a Caracas el 4 de Julio del mismo año, habiendo el General Gómez en aquel periodo llevado a cabo varias obras de ornato en Caracas.

A poco sobrevino la gravedad del General Castro, que le tuvo postrado en el lecho, hasta que regresó a Caracas en Mayo de 1907 y así estuvo encargado del Gobierno hasta que urgido por la enfermedad y por las Potencias extranjeras, tuvo que irse a Europa, quedando el General Gómez al frente del Gobierno desde el 23 de Noviembre último.

Veamos ahora cómo correspondió el General Castro al valiente, sufrido y magnánimo General Gómez, brazo fuerte de la causa que aquél sustentara.

Al día siguiente que el General Gómez hizo su entrada a Caracas, vencedor en Ciudad Bolívar, Castro principió a tomarle ojeriza, pues los 18 triunfos que aquél había obtenido contra la Revolución llamada Libertadora, ponían de manifiesto que los combates que librara en 1899 del Táchira a Tocuyito, eran obra de Gómez, por su valor, actividad y estrategia, unidos al cariño de sus tropas; y se dio a maquinar la eliminación del General Gómez del puesto elevado que ejercía. Al efecto, hace que el Congreso de 1904 se resolviera en Asamblea Constituyente; pero penetrado de la lealtad del General Gómez, deja que se le elija Primer Vicepresidente y que desapareciera el General Ayala de aquel puesto por haber tenido la fatalidad de caer prisionero en Coro, defendiendo su poder.

Llega el año de 1905 y prepara otra trama contra el General Gómez, ausentándose en viaje de recreo a los Estados del Centro, Sir y Occidente de Venezuela, pero dejando a su amigo y compañero tan encerrado en un círculo de hierro, como si fuera a usurparle el mando; pero el General Gómez, sufrido, leal y consecuente con quien no lo merecía, permanece dos meses en el poder, dando ejemplos de virtudes que irritan a Castro, que precipitadamente regresa y asume el Poder desde Macuto; pero teme al ejército que ama y admira a Gómez y tiene que dejar que el Congreso le elija Primer Vicepresidente Constitucional.

Sigue la conducta honrada de Gómez irritando a Castro, y el 9 de Abril de 1906, fingiéndose enfermo, se retira a Los Teques y de allí a La Victoria, donde emprende su obra de Aclamación, para eliminar así al General Gómez y al General J. A. Velutini, 2º Vicepresidente, paso político funesto e innecesario, pues él ejercía la Primera Magistratura hacía un año y le faltaban cinco para su periodo, y costosísimo para Venezuela que perdió meses en aquel disparate y se erogaron millones de bolívares en fiestas en honor de Castro, como hacían los Tiranos de la Roma antigua, y todo para declarar más después que la Aclamación había sido extemporánea y casi contraproducente; y en efecto, el General Gómez, durante aquel proceso, ejerció el Poder Público a contentamiento de todos e hizo varias obras de ornato y fomento que le atrajeron más el odio de Castro.

A fines de las largas fiestas llevadas a cabo en Caracas en honor del Aclamado, este se enferma de gravedad de males secretos que le acarrean su vida licenciosa y sin llamar quien le sustituya permanece de Agosto de 1906 a Mayo de 1907 de temperamento en temperamento y cada día peor, pero también más refinado en sus maldades; y del lecho del dolor ordena que si muere se sacrifique al General Gómez, para que no obtuviera el Poder que le correspondía legalmente; pero habiéndose mejorado, regresa a Caracas y sin el valor moral necesario, y para engañar al General Gómez, principia a castigar a los que le habían acompañado en su enfermedad.

El agosto último emprende otra de la tantas giras que acostumbraba, por el Centro y Occidente de la República y después regresa a Caracas vuelto un cadáver y urgido por varias Potencias, resuelve irse a Europa para tratar de que se le operara y rehuir de los conflictos internacionales que el mismo había provocado con sus locuras; pero como forzosamente tenía que encargar del Poder al General Gómez, le deja preparado todo, sin acción alguna y con encargo a su Gobernador y Jefes de tropas, de que le depongan o sacrifiquen a la primera medida que tomara contraria a las que él había dejado en pie al irse del País; pero la juventud universitaria, esa heredera de los hombres del magno 19 de Abril de 1810, el mismo día que Castro se fugara el 23 de Noviembre, protesta su adhesión al General Gómez y prorrumpe contra el Tirano que por nueve largos años ha conculcado todos los derechos del hombre, inclusive los de sus más allegados y defensores y los del General Gómez a quien en solemne ocasión llamara El Salvador del Salvador!

El General Gómez calma a los que quieren precipitarle en el camino de la reacción, pero vuelven las protestas de indignación contra el déspota y llegan las cosas al punto de querer desligársele de aquel y Gómez firme en su camino de lealtad trata de formar como era natural y político un gabinete que le ayudara a salir airoso de su cometido; pero el grupo de hombres que le ha dejado Castro para vigilarlo y entorpecerle sus actos, cree oportuno el momento de obrar y calografía a Castro, quien ordena como cuando mandó a sacrificar desde su lecho del dolor al General Antonio Paredes y sus compañeros, la muerte del General Gómez, su leal amigo, compañero y brazo fuerte en sus campañas y Primer Vicepresidente de la República en ejercicio del Poder Ejecutivo; pero  la Divina Providencia, hace que el General Gómez apercibido del complot, con su valor, energía y reserva del caso, hiciera preso en minutos a los que así trataban de sacrificarle, para anegar en sangre y luto al Pueblo de Venezuela, lo que sirvió para que Castro quedara vencido por la opinión e incapacitado para seguir gobernando al País.

Conjurado el conflicto, el General Gómez sin faltar a sus deberes públicos, nombró un notable Gabinete; dio libertad a centenares de presos políticos que gemían hacía años en las Cárceles y Castillos de la República e hizo que regresaran al País los venezolanos expatriados, todos amparados por su magnanimidad Falconiana: libró a Venezuela de la guerra civil: emprendió el arreglo de las cuestiones internacionales que Castro dejó en pie y dictó y sigue dictando medidas que repongan al País, de los grandes quebrantos que le causara la larga y fatídica administración del General Castro.

Caracas: 1º de enero de 1909.

Manuel Landaeta Rosales.