El Libertador Simón Bolívar y su médico de cabecera, el doctor francés Alejandro Próspero Reverend. El Señor Don Pedro Paúl Rodríguez, regaló los 33 boletines originales del doctor Reverend,
sobre la enfermedad y muerte del Padre de la Patria, Tesoro que heredó de su
abuelo el ilustre Prócer de la Independencia, General Pedro Rodríguez.
Habiéndose restaurado la Casa del Libertador por inspiración patriótica
del General Juan Vicente Gómez, y en la cual se está formando un archivo
especial bajo el cuidado y la dirección de usted de los documentos que se
refieren al Libertador, he creído que es ahí donde propiamente deben
encontrarse esos boletines.
INTERCAMBIO DE CORRESPONDENCIA SOBRE LA DONACIÓN
Caracas, febrero 15 de 1921.
Señor Vicente Lecuna,
Encargado de la reconstrucción de la Casa Natal
del Libertador.
Presente.-
Apreciado doctor y amigo:
Tengo entre mis papeles de familia, provenientes de mi abuelo materno el
General Pedro Rodríguez, los boletines originales sobre la última enfermedad y
muerte del Libertador, firmados por el doctor Reverend.
El General Rodríguez era para 1830 Jefe de Estado Mayor del General
Mariano Montilla, Comandante General del Departamento del Magdalena, y se
encontraba en Santa Marta en los días de la muerte del General Bolívar. A él
correspondió la honrosa misión de comunicar, por orden del Comandante General,
y "con profundo dolor de su corazón la infausta nueva de que el
Excelentísimo señor Simón Bolívar había pagado a la naturaleza el precioso
tributo de su importante vida y Colombia acababa de perder para siempre a su
Libertador….a su Padre….a su mejor y más ilustre Ciudadano".
Fue por esta razón, sin duda, que quedaron en su poder los preciosos
documentos que han sido conservados en mi familia con el aprecio que merecen,
pues, aunque publicados hace muchos años, ello no les quita, en mi concepto, a
los originales, su inestimable mérito.
Habiéndose restaurado la Casa del Libertador por inspiración patriótica
del General Juan Vicente Gómez, y en la cual se está formando un archivo
especial bajo el cuidado y la dirección de usted de los documentos que se
refieren al Libertador, he creído que es ahí donde propiamente deben
encontrarse esos boletines que formaron parte del tesoro histórico de la
República y que mis progenitores y yo, hemos tenido la suerte de guardar y
conservar durante casi un siglo.
Pongo, pues, a su disposición, acompañándolos a esta carta, los 33
boletines originales escritos y firmados por el doctor Alejandro Próspero
Reverend y la relación de la autopsia, bajo una cubierta que lleva lacre, el
sello de la Comandancia del Magdalena.
Soy de usted atento S. S. y amigo.
Pedro Paúl.
Boletín 33 original del doctor Reverend, sobre la enfermedad y muerte del Padre de la Patria, Simón Bolívar.
Caracas, 8 de marzo de 1921.
Señor Pedro Paúl.
Presente.-
Muy distinguido amigo:
Me es muy grato contestarle la carta con que envía, para que sean
conservados en la Casa de Bolívar, los originales de los boletines del doctor
Reverend, acerca de la última enfermedad y muerte del Libertador.
Estos documentos son de un mérito excepcional y figurarán entre los más
notables del archivo de Bolívar. Usted ha prestado un valioso servicio
conservándolos con religioso cariño y donándolos para la Patria.
Como director de la reconstrucción de la Casa de Bolívar y encargado de
su conservación, manifiesto a usted mi agradecimiento por un donativo de tan
excelente mérito, y me permito felicitar a usted por una acción tan plausible.
Con los sentimientos de verdadera consideración y estima, me suscribo.
Su servidor y amigo,
Vicente Lecuna.
ÚLTIMOS MOMENTOS DEL LIBERTADOR
El día 1° de diciembre de 1830 (boletín N° 1) llega Simón Bolívar a Santa Marta, Colombia. El
doctor Reverend escribe que lo encuentra en el estado siguiente: "cuerpo
muy flaco y aniquilado. El semblante adolorido y una inquietud de ánimo
constante. Su voz es ronca; tos algo profunda; esputos viscosos y de color
verdoso. Las frecuentes impaciencias del enfermo indican que el moral padece
tanto como el físico". Finalmente añade Reverend: "la
enfermedad del S. Exc. me pareció ser de las más graves, pues mi primera
opinión fue que tenía los pulmones dañados, etc.".
De ahí en adelante, el mal que mina la gran vida, va
ganando terreno. El médico francés Reverend, (pues hasta el día 5 de diciembre
le acompañó en la asistencia del ilustre agonizante el doctor norteamericano
McKnight) opina que el temperamento del Libertador puede clasificarse de "bilioso-nervioso".
Pasa noches relativamente bien, aunque con la tos y los esputos. Duerme
dos o tres horas, y eso en la primera noche. Desvelado, delira. Durante la
noche del 3 al 4, vomita, y lo atribuye a una taza de leche de burra que ha
bebido. El día 5 se hace más grave el estado del paciente. Aumenta el dolor del
pecho, dolor que se extiende hasta el costado derecho. Un hipo tenaz aumenta
sus sufrimientos. El día 6, tras una noche regularmente pasada, mejora la salud
del héroe. Como anteriormente, ha manifestado el gran deseo que tiene de ir al
campo, y como el doctor lo juzgó conveniente, Simón Bolívar, conducido en
berlina, se dirige de temperamento, por unos días tan sólo, a la quinta llamada
de San Pedro Alejandrino. Allí donde está muy a su satisfacción, mejora algo su
salud.
Pero es demasiado breve su mejoramiento, al otro día cambia el carácter
de la enfermedad. Al pequeño desvarío
anterior, agrégase que: "Está bastante amodorrado; la cabeza caliente;
los extremos fríos por ratos. La muerte va ganando terreno".
Y así continúan los boletines del doctor Reverend describiendo, al alma
atribulada del lector, la marcha hacia la tumba del Caballero de la Libertad.
Hasta que llegamos al boletín número 33, cuyo contenido, es supremamente
doloroso. Dice así, textualmente:
"Desde las 8 hasta la 1 del día que ha fallecido S. Exc. el
Libertador, todos los síntomas han señalado, más y más, la proximidad de la
muerte. Respiración anhelosa, pulso apenas sensible, cara hipocrática,
supresión total de orines, etc. A las 12 empezó el ronquido, y a la una en
punto expiró el Libertador después de una agonía larga pero tranquila. San Pedro, diciembre 17 de 1830. A
la una del día. Reverend".
Así, atravesando una agonía larga, menos larga quizá que la agonía de
sus hondas tristezas, concluyó para siempre la vida de águila de aquel gran
señor, que segó todos los laureles, devoró todas las amarguras y vivió todas
las glorias.
(Publicado en el Periódico "El Nuevo Diario", el 10 de marzo
de 1921).