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domingo, 25 de junio de 2023

ROMÁN CÁRDENAS: MEMORIA MINISTERIO DE HACIENDA 1919

El doctor Román Cárdenas, quien mediante una consagración inteligente y patriótica, ha venido interpretando las ideas del Benemérito General Juan Vicente Gómez, Jefe de la Rehabilitación Nacional; ha creado la Renta Interna, unificado el Fisco y contrarrestando el riesgo de una crisis económica nacional, emergente de la guerra europea. El señor doctor Cárdenas, emprende ahora la modernización del ramo de Hacienda, culminación de sus labores oficiales.


EXPOSICIÓN DE MOTIVOS

DEL MINISTRO DE HACIENDA

AL PRESENTAR LA MEMORIA EN 1919

 

INTRODUCCIÓN

Dedicó el Despacho los primeros meses del año, a finalizar los proyectos de leyes que recomendaba al Congreso de 1918, las cuales, ajustadas a las ideas expuestas, vinieron a constituir junto con las leyes que desde 1915 iniciaron el nuevo cuerpo de Leyes de Hacienda, un todo homogéneo cuyas diversas partes han sido elaboradas a la luz de unos mismo principios, desarrollados con estricta lógica y escogidos con el invariable propósito de dar eficaz y sólida unidad a nuestra Legislación Fiscal. Componen hoy esta obra, la Ley Orgánica de la Hacienda Nacional, esencia de los principios más avanzados en la ciencia fiscal, adaptados a nuestro medio; la Ley de Crédito Público, que sometió este ramo a un régimen de estricta regularidad, con el cual las operaciones de mayor trascendencia para el crédito de la Nación estarán siempre bajo la guarda de la ley y podrán ser examinadas y juzgadas rectamente; la Ley de Aduanas, que vino a modificar rígidas pautas del antiguo régimen aduanero y a introducir elementos renovadores, eficaces al más vasto desarrollo de nuestro comercio; las leyes que rigen las Rentas de Licores, Cigarrillos, Estampillas y Salinas, que han permitido fundar sólidamente la administración directa de esas Rentas y su creciente auge; la Ley de Impuesto de Papel Sellado Nacional, con la cual se incluyó en el novísimo orden fiscal este ramo que venía regido por una ley inadecuada para administrarlo eficazmente y que no había sufrido modificaciones esenciales desde los primeros tiempos de la República y la Ley del impuesto sobre sucesiones y otros ramos de la Renta Nacional. Esta última, promulgada el 28 de junio de 1915, reglamentada por decreto de 9 de agosto de 1916, y que fue como medida transitoria para disciplinar ramos que estaban excluidos del nuevo orden administrativo y para completar de una vez la unidad de la Renta Nacional, no corresponde en todas sus partes a los principios que hoy informan nuestra legislación fiscal. Además, el Decreto Reglamentario de esta Ley atribuye al servicio de inspección y fiscalización de la Renta Nacional de Estampillas, bajo la intervención directa del Despacho, la administración y liquidación bienes nacionales, lo cual está en contradicción con los terminantes preceptos de la Ley Orgánica de la Hacienda Nacional que definen y determinan separadamente las funciones de administración y liquidación y las de recaudación, inspección y fiscalización de las Rentas Nacionales. Es, pues, necesario poner término a esta situación irregular, y adscribir, la administración y liquidación de dichos ramos a una oficina autónoma de administración que desempeñe sus funciones bajo un régimen propio, establecido de acuerdo con las prescripciones fundamentales de la Ley Orgánica de la Hacienda Nacional. La Ley de Impuesto Nacional de Estampillas, de 28 de junio de 1915, en la cual se corrigieron muchos de los defectos de la Ley de 1913, que coexistió con el arrendamiento de la Renta, exige importantes modificaciones; porque a los efectos de la aplicación y el rendimiento de este impuesto, si no es posible establecer una minuciosa reglamentación que prevea, especifique y tase todos los actos imponibles, tan numerosas y variados como ocurren diariamente en las transacciones sociales, tampoco pueden dejarse a la abstracta expresión de la Ley multitud de casos que en distintas formas se presentan al funcionario fiscal y requieren pronta resolución. En las Memorias de Hacienda, desde el año de 1916, se relatan las consultas que ha tenido que evacuar el Despacho desde que se dictó la Ley, consultas que han versado sobre la mayor parte de sus artículos; pues si el segundo de ellos establece una disposición general para aplicar el impuesto, los otros enuncian casos especiales que no caen bajo la regla primordial y faltan algunos que determinen muchos actos tasables que por la vaguedad de la Ley son hoy motivo de frecuentes consultas. Se debe por tanto, comenzar el estudio de los efectos de la Ley en su diaria aplicación desde que fue dictada, a fin de redactar una nueva cuya estructura contenga los elementos fijos para aplicar el impuesto en cada caso con acierto y precisión irrevocables. Al estudiar la modificación de estas dos leyes, convendrá revisar también las cotizaciones del impuesto sobre herencias, legados y donaciones a extraños, que parecen excesivas y perjudiciales a la movilización de la propiedad y que por los recursos de que se valen los que quieren eludir el pago resultan inaprovechables para el Fisco y dan ocasión a dilatadas y enojosas investigaciones que estorban el funcionamiento regular de las oficinas.

Completada la legislación fiscal más urgente para llegar a la unidad; y perfeccionamiento de la Hacienda Nacional, se ocupó el Despacho en las medidas y trabajos necesarios para hacer cumplir estrictamente las nuevas leyes. Los principios esenciales de estas leyes se habían difundido, ya ampliamente en el organismo fiscal, porque fue práctica invariable del Despacho introducir paulatinamente en el mecanismo de las oficinas y en los métodos de la actuación administrativa, el concepto exacto de los principios que debían informar dichas leyes, y asimismo registrar y analizar los datos que suministraba la práctica diaria de las medidas tendientes a efectuar la reforma. Para complemento de esta obra, queda ahora al Despacho la ardua labor de la reglamentación. Aun cuando las leyes se redacten, como quería el filósofo, en los términos más sencillos, porque se hacen para las inteligencias: mediocres y no para los escasos genios, solo contendrán la expresión amplia y pura del ideal del legislador, por lo que han de carecer siempre de los preceptos vulgares y de los pormenores indispensables para aplicarlas rectamente en la variedad de casos que se ofrecen al funcionario ejecutor en su actuación diaria. La ley sin reglamentación es prácticamente infecunda e inaplicable; la eficacia de la Ley y su consustancialidad con el organismo administrativo estriba esencialmente en los métodos de aplicación que pauta el reglamento, el cual define y regula esos detalles que en la rutina diaria van constituyendo el arraigo administrativo de la ley. Estos detalles son los que palpa el empleado; con ellos, se habitúa, y de este conjunto de pormenores que ocupan cotidianamente su atención depende la vida misma de la ley que se vigoriza en la tradición del procedimiento, ligada invariablemente a la tradición de la oficina.

En esta reglamentación ocupa lugar prominente la relativa a la Contabilidad Fiscal. Ya ésta no es el confuso hacinamiento de números, del cual, hurgando con la mayor acucia, no se podía sacar el dato que diera idea precisa de la gestión administrativa y de la verdadera situación del Tesoro. Ahora ambos aspectos se presentan claros al leer los extractos de las cuentas, pues en ellos cifras exactas expresan el movimiento de cada ramo en modalidad correspondiente a la función de la oficina. De este modo se ajusta la contabilidad a los preceptos que ahora establece la Ley Orgánica de la Hacienda Nacional. Esta define con precisión los principios que rigen las funciones de las oficinas administradoras de rentas y las ordenadoras de pagos; frente a estos dos órdenes de oficinas, cuya actuación constituye lo que propiamente puede llamarse administración de la Hacienda Nacional, funciona el servicio de Tesorería que hace efectivo los ingresos y los egresos autorizados por los funcionarios competentes de las oficinas administradoras y ordenadoras. La contabilidad de rentas y la contabilidad de gastos de estas oficinas, en los asientos en que dan cuenta del resultado efectivo de sus operaciones de liquidación, debe corresponder a los asientos de la contabilidad del Tesoro que son consecuencia final de la actuación de las oficinas liquidadoras. Este mecanismo permite a la Contaduría General de Hacienda, a donde se envían estas cuentas para centralizarlas y examinarlas, establecer un cotejo perfecto entre las operaciones efectuadas por las oficinas administradoras y las del Tesoro. Para la cabal ejecución de estas importantes funciones de la Contaduría General, es absolutamente indispensable que los reglamentos determinen con gran precisión los documentos que deben formular y producir las oficinas, tanto para garantizar la fidelidad de sus operaciones como para formar y comprobar los asientos de sus libros. Esta elaboración de las reglas y modelos a que debe sujetarse la Contabilidad Fiscal en sus diversos aspectos, debe ser objeto de una perseverante y acuciosa atención en el Despacho de Hacienda, pues de la perfectibilidad que alcancen dependerá la eficacia con que se apliquen en la administración fiscal de los sabios principios de las leyes de Hacienda.

Otro elemento indispensable para darle vitalidad y acción fecunda a las leyes fiscales consiste en el personal. La preparación de los empleados para los puestos que han de desempeñar no puede sustituirse con ninguna cualidad individual, cualquiera que ella sea. Si una vivaz inteligencia, un gran espíritu de iniciativa, un intenso esfuerzo en el trabajo, un conocimiento teórico de las leyes, son indudablemente fianzas del acierto, no pueden en cambio reemplazar la eficacia en la labor administrativa de un empleado competente en su ramo, experto en los servicios que maneja y experimentado en los menores detalles de oficina. Una oficina que pasa de manos de un empleado competente a manos de un empleado inexperto, sufre un trastorno profundo y está expuesta a una desorganización que será gravemente perjudicial para sus propios servicios y que contaminará con sus defectos e irregularidades a los demás servicios y oficinas que con ella estén relacionados. Desde el año de 1913 sigue este Despacho un sistema de instrucción gradual de los empleados de Hacienda, y con él ha logrado organizar un personal idóneo para el servicio de cada ramo. El método adoptado consiste en iniciar al empleado en el servicio del ramo a que se destina, encargándole los trabajos más sencillos e instruyéndolo a la vez en los objetivos de la ley y en las instrucciones dictadas para cumplirla; de modo que al demostrar facilidad para la comprensión del mecanismo de la oficina y actividad para ejercer las funciones que se le encomendaran, pueda obtener un cargo titular en el ramo de que ya esta instruido. Además, saben estos empleados que la medida de sus aptitudes comporta la mejora de su condición; y así se estimulan para alcanzar en breve tiempo la recompensa del ascenso que el Despacho otorga, sin necesidad de reclamo, al mérito, la fidelidad y la honradez del servidor.

Si con toda esta labor, apenas puede tenerse por planteada y comenzada la organización de la Hacienda Nacional, puede sí afirmarse que lo hecho hasta ahora es precisamente lo más difícil; porque ha sido obra de completa reforma para extirpar hábitos y procedimientos inveterados en una rutina estéril y regresiva, y para encauzar por amplios caminos de grandes actividades la acción de todos los elementos vitales para la organización fiscal.

Resume la anterior exposición la labor realizada durante el año y el proyecto de los trabajos y con que en el año siguiente debía ocuparse del Despacho. En cuanto al criterio que ha presidido la actuación administrativa, ha continuado el Ministerio fiel a las normas que fijó el Ejecutivo Federal desde el comienzo de la guerra para que pudiéramos sostener prudentemente el equilibrio de nuestro Tesoro Público y continuar desenvolviendo con eficacia los importantes servicios de la Administración Nacional. Hoy, cuando los resultados visibles justifican el acierto de aquel plan administrativo, conviene relatar su origen, los sólidos fundamentos en que se apoyaba, la firmeza con que se realizó y los inapreciables beneficios alcanzados. Tal exposición es necesaria para dejar constancia en nuestras tradiciones fiscales de un hecho que importa enseñanzas útiles en la administración de la Hacienda, y para trasmitir a las generaciones del porvenir, juzgadoras, imparciales y severas, la noción justa del patriotismo con que procedió el Gobierno en los días más amenazantes para la existencia nacional. Si procediendo con vacilaciones; por medio de medidas y ensayos de carácter transitorio, para halagar la opinión pública que en su optimismo pasajera la crisis, hubiera el Gobierno perdido el exacto concepto de aquella calamitosa situación, habría marchado de fracaso en fracaso, sin un criterio sereno que le sirviera de guía en la creciente confusión, viendo disminuir cada día más los recursos del Tesoro y usando de medios desconcertados para allegarlos, hasta llevar al país a la inevitable bancarrota. Basta analizar la situación fiscal al comienzo de la guerra para comprobar la verdad de estas aserciones.

Para el año económico que empezaba con la guerra, debía tenerse como probable un gasto por lo menor igual al del año precedente, que llegó a B. 64.873.597,71, porque en el orden fiscal es ley constante que el presupuesto de un año económico ejerza precisión sobre el del año siguiente, es decir, que cada año los gastos públicos tiendan a ser mayores que los del año anterior. Esta es consecuencia lógica del progreso con que marcha la administración pública; puesto que en un país bien regido, su desarrollo general esta en relación con el número y la calidad de los servicios públicos que mantiene el orden, la seguridad, y el estímulo indispensables para el desenvolvimiento y adelanto de todas las actividades sociales. Si el gasto efectivo debía ser por lo menor igual al del año precedente, veamos con qué rentas podíamos contar para hacer frente a un gasto anual de sesenta y cinco millones de bolívares. No podía ser con la aduanera; que formaba el 75% de la renta general, pues era fácil prever que el trastorno del comercio internacional la reduciría, rápidamente; previsión exacta, como lo demuestra la comparación entre el promedio anual de esta renta desde el 19 de julio de 1914 a 31 de diciembre de 1918, que fue de 33 millones de bolívares y el promedio anual correspondiente a los cuatro años precedentes a este lapso que fue de 48 millones de bolívares. Menos a fin podía fiarse la seguridad en las rentas internas, cuyo promedio anual era de quince millones de bolívares; producto exiguo para el caso y que entonces no podía considerarse estable, porque las principales de entre estas rentas venían tradicionalmente sometidas al arrendamiento, sistema que las empobrecía gradualmente y hubiera acabado por aniquilarlas si la recta previsión, el patriotismo y la entereza del Jefe de la Causa Rehabilitadora no las hubieran incluido en el orden legal de la administración directa.

El optimismo general acerca del breve proceso de esta crisis, el incentivo de los intereses personales que no es otro que el bienestar presente, la indiferencia con la cual suelen verse en ocasiones problemas graves para el porvenir del país, la ignorancia y la aberración comunes en asuntos de economía y finanzas, arrastraban la opinión tras la quiméricas combinaciones conque los arbitristas, noveles profetas del bien público, pretendían que se mantuviese inalterable el Presupuesto y que por tanto se aprontara un gasto anual de sesenta y cinco millones de bolívares por lo menos; resolviendo naturalmente este plan de sus imaginaciones con los dos medios más socorridos en toda ocasión para acrecentar los dineros públicos: el aumento de las contribuciones -creando nuevos impuestos y recargando los establecidos- y el empréstito.

A favor de estos arbitrios se pretendía hacer frente a un déficit que no bajaría de 27 millones de bolívares por año; puesto que si la renta aduanera produjo por junto B. 7.708.694,81 en los cuatro meses de septiembre a diciembre de 1914, primeros en que a causa de la guerra comenzó a decaer nuestro comercio internacional, no podía calcularse para esta renta un producto anual de más de 23 millones de bolívares, si no decaía más, suma que agregada a los 15 millones de bolívares de la Renta Interna, suponiendo que ésta se mantuviese estable, habría dado un total de renta de 38 millones de bolívares para hacer un gasto de 65 millones de bolívares. Consideremos si era posible elevar los impuestos para cubrir este déficit probable de 27 millones de bolívares cada año. La clasificación de nuestras rentas fijará por sí sola el criterio. Ya se ha visto que en esa época el 75% de la renta total lo componía la renta aduanera y consular, es decir, provenía de los impuestos que se cobran por la introducción al país de las mercancías extranjeras; el 25% complementario correspondía a las rentas internas cuyo producto proviene en su mayor parte de los impuestos que gravan industrias y consumos nacionales. Aumentar los impuestos aduaneros, recargar con nuevas contribuciones los artículos de consumo que introducimos del extranjero, cuando precisamente su precio se triplicaba y su entrada disminuía en más del 50% a causa de las dificultades y restricciones del comercio internacional, hubiera sido agravar la angustiosa situación de nuestro comercio -decretar tal vez su completa paralización- y encarecer las subsistencias de nuestro pueblo hasta el punto de condenarlo a la miseria. Y no menos males podía ocasionar el gravamen sobre las industrias nacionales, las cuales apenas hubieran podido subsistir bajo el peso de las nuevas contribuciones, que habrían ocasionado inmediatamente el alza de los precios, la disminución del consumo, la inferior calidad del producto y la paralización de gran número de obreros. Todo esto sin probabilidades de hacer productivas las nuevas contribuciones, porque es doctrina económica y fiscal que el impuesto no se improvisa: su aplicación, su cuota, su régimen legal y su administración, deben resultar de reflexivos estudios y cálculos en los cuales se considere el monto de la riqueza nacional, la actividad económica del momento, la incidencia del impuesto, el estado actual de la materia tasable, la cuota precisa, útil y equitativa de la contribución, los gastos que ocasionará la administración y la recaudación, y cuantos elementos concurren a hacer lógico y provechoso el establecimiento del impuesto.

En resumen, éste debe ser creado en el momento oportuno y en la forma que tienda al más perfecto acuerdo entre las necesidades del Fisco y la fortuna del contribuyente, para que se exija la contribución cuando más fácilmente puede pagarse y en la cantidad que pueda satisfacer el contribuyente sin menoscabar sus medios de vivir y prosperar. No podían, pues, crearse en un instante nuevos impuestos, ni era oportuno establecerlos cuando suspendidas casi todas las líneas de vapores que hacían el tráfico internacional; restringida la importación extranjera, amontonadas en los puertos sin probable salida de nuestras grandes cosechas de café y cacao; decaídos los precios de estos frutos; instables los cambios; paralizado el crédito comercial; inactivas por falta de materia prima nuestras industrias; encarecidas las subsistencias, las nuevas contribuciones habrían aprovechado poco al Fisco y precipitado un desastre que sólo pudo evitar la acción enérgica, reparadora y patriótica del Gobierno.

El empréstito no tenía mejores fundamentos. Si desechando las lecciones de la experiencia, que aún nos están enseñando cuanto cuestan no pocas veces a las naciones débiles semejantes arbitrios, hubiéramos adoptado el especioso recurso ¿dónde estaba la caja que se abriría para ofrecer algunos millones a una lejana nación neutral? La voracidad de la guerra apenas si permitía a las grandes naciones cubrir sus propios empréstitos; y ni aún habríamos podido diferir el pago de nuestras actuales deudas; pues el Gobierno quedó bien pronto persuadido de que las exigencias del acreedor no se atemperaban con la consideración del conflicto ajeno, antes invocaba él las más apremiantes cláusulas de un convenio que estrecha el crédito de la República. Además, debemos pensar que el empréstito se resuelve siempre en un aumento de los impuestos; no es sino un anticipo sobre rentas futuras que es necesario crear para cubrir los gastos de intereses y amortización de la Deuda, mayores siempre que la cantidad recibida. Aceptable es el sacrificio cuando el crédito no se destina como en este caso, a un uso improductivo, a cubrir deudas administrativas, sino que entra a circular libremente en la economía nacional como un caudal regenerador, promoviendo la más rápida transformación progresiva. Todavía en este caso, el Gobierno que anteponga a todo interés mezquino el supremo interés de la patria, no puede, sin consciente preparación y estudio, comprometer al país con nuevas deudas si considera atentamente el carácter fiscal de nuestra Deuda Exterior. Todavía tiene ésta la antigua forma en que es requisito indispensable la caja de amortización, es decir, la apropiación de una cantidad fija para amortizar la deuda y la afectación, como garantía especial, de determinados ingresos de la renta publica, cualesquiera que sean las contingencias del Tesoro, los trastornos imprevistos en el orden económico, las exigencias crecientes del progreso en el desarrollo del país; y no la forma moderna en que se prevén estas contingencias y se deja completa elasticidad para fijar la cuota de amortización de acuerdo con los recursos fiscales, siempre que se satisfagan cumplidamente los intereses, y la cual es la única forma de empréstito verdaderamente útil para las naciones y las otras que se desprenden de nuestros convenios, no es posible recurrir al empréstito sin modificar previamente la condición actual de nuestras deudas.

Con sereno criterio desechó el Gobierno los planes ilusorios y adoptó la fórmula más sencilla y natural, que fue la organización del Presupuesto sobre la base de los recursos con que se podía contar manteniendo, sí, inalterables los gastos del crédito público.

Pero este plan, de economías no tenía por objeto dar vida precaria a la Hacienda y dejar que vegetaran las más importantes ramas de la administración pública. El Jefe de la Rehabilitación Nacional, como la mejor ofrenda que podía idear su patriotismo en la hora más crítica para la República, dictó un programa de intensa y fecunda organización de la Hacienda Nacional. Y así, manteniendo una prudente correlación entre las variaciones de la renta y los gastos efectivos, se pudo gastar en la mayor actividad de los servicios públicos y en el fomento del país una suma superior siempre en millones a la presupuesta, como lo demuestra este cuadro:

Y he aquí cómo atravesó felizmente Venezuela el período más severo de esta crisis; cómo, además de sostener su vida económica, se estimuló el desarrollo de su riqueza; cómo se duplicó la Renta Interna para obtener un producto de 48 millones de bolívares con el cual se salvó el país del desastre económico; cómo se pagaron las deudas gravosas; cómo se activó una fecunda administración y se conservó y aumentó un Tesoro que no desangró al contribuyente ni comprometió el crédito y el honor de la República.

Este resultado adquiere aún mayor realce si se considera que no se ha interrumpido durante la guerra la acción progresista de la Causa Rehabilitadora, y que precisamente es en ese lapso cuando se ha llevado a cabo la parte principal en la completa transformación de la Hacienda Nacional. Basta comparar lo que era nuestro organismo fiscal con lo que es hoy, para comprender la grandeza de la obra. En efecto, unas leyes que por arcaicas, rígidas y confusas, no suministraban ningún elemento adecuado para administrar directamente las rentas nacionales, ni eran eficaces a cualquier propósito de mejoramiento administrativo; un sistema de tributaciones sin norma legal y ni base científica, las más de las veces variable capricho de gobiernos precarios; una contabilidad formularía, el arbitrio del contador, falta de comprobación y sobrada de palabra; la recaudación de la renta a merced del mismo funcionario administrador; cuando no de agentes de algún arrendatario; la ordenación de los pagos sin verificación ni cotejo; los empleados desprovistos de los más importantes conocimientos de su función fiscal, acostumbrados a considerar el puesto como prebenda justamente concedida a su valimiento político; las cajas del Tesoro exhaustas siempre, o proveídas por medio de anticipos sobre las rentas, hechos al halago de crecidos intereses; todo hacía de nuestra Hacienda Nacional un organismo ruinoso a cuya precaria vida se acomodaban las necesidades del Estado.

La transformación fiscal ha dado nueva, fecunda y perdurable existencia a la Hacienda Pública.

Hoy, nuevas leyes fiscales establecen principios fundamentales, técnicos, amplios y vigorosos, con los cuales se pueden plantear y desenvolver los más vastos y provechosos sistemas de administración; las tributaciones se ciñen a un régimen legal y no pueden ser caprichoso arbitrio del funcionario fiscal; las rentas se administran directamente, con métodos acertados que las consoliden y acrecientan; la contabilidad es sencilla, clara y comprobada exposición de las operaciones de cada oficina; la contribución pasa directamente de las manos del contribuyente a las cajas del Tesoro; los empleados no son escogidos por la suerte y el favor, sino por su pericia en el ramo que han de servir; la orden de pago tiene la legitimidad del servicio prestado y la comprobación del documento auténtico, se rebajan constantemente millones de bolívares del enorme peso de nuestros antiguos compromisos; se pagan con puntualidad los intereses de las deudas públicas; se sostienen los cuantiosos gastos de una administración continuamente progresista, y se conserva en las cajas del Tesoro, libre de todo gravamen, a pesar de una de las crisis económicas más severas que haya habido, un fondo de reserva en oro de más de treinta millones de bolívares.

Con esta organización fiscal podremos de hoy más valorar acertadamente la situación económica del mundo y sus vicisitudes en relación con nuestros intereses nacionales, y adoptar en consecuencia las medidas que requieran las circunstancias, ya para resguardar prudentemente los elementos primordiales de nuestra vida fiscal y económica, ya para dirigir con inusitado impulso a la República por el camino de su definitivo engrandecimiento, firme ideal de la Causa Rehabilitadora.

 (Memoria de Hacienda, 1920).


jueves, 16 de marzo de 2023

VENEZUELA ES EL PAÍS MEJOR GOBERNADO DEL MUNDO 1933

Clinton Tristam Revere, famoso experto en algodón de la firma Munds, Winslow & Potter de Manhattan. Destacado miembro de la firma Bissell & Meeds de la Bolsa de Valores. Miembro de la New York Coffee & Sugar Exchange, Commodity Exchange y New York Cocoa Exchange.

Venezuela en el Exterior: Nuestra Patria en opinión del notable economista Clinton T. Revere, representante de la firma bancaria Munds, Winslow & Potter: "Es el país mejor gobernado del mundo". Justicieros conceptos al Benemérito General Juan Vicente Gómez, Presidente de la República. 

Nueva York, 16 de febrero de 1933.

En la hermosa residencia del respetable caballero señor J. Theus Munds, de la conocida firma bancaria Munds, Winslow & Potter, verificóse anoche un acto social de lo más lucido y de la mayor significación. Se trataba de una comida con que el referido Sr. Munds quiso obsequiar al distinguido venezolano doctor Luis F. Calvani, llegado recientemente a esta metrópoli.

A la hora de los postres tomó la palabra el señor Clinton T. Revere, autoridad mundial como escritor en asuntos económicos, para participar a los presentes la grata noticia de que el doctor Calvani, después de haberse enterado de las bases sobre las cuales se constituyó la compañía "Venezuela International Gold Fields, Limited", de la rectitud de sus miras, había aceptado las funciones de Consejero Técnico de la Mesa Directiva y de su Representante en Venezuela. El orador dijo que ninguna elección podía ser más acertada, pues se trata de un hijo del país de probado patriotismo e integridad a quien el General Gómez, con tacto especial y clara visión que caracterizan todas sus determinaciones, puso al frente del Departamento de Petróleo en el Ministerio de Fomento durante el periodo más delicado del desarrollo de dicha industria en Venezuela, esto es, cuando habían de resolverse los difíciles problemas que ella plantea en sus comienzos en las naciones donde se explota ese mineral. 

El orador manifestó en seguida el reconocimiento de la Mesa de Directores hacia el Presidente Gómez, por haber dado su beneplácito al doctor Calvani, a la sazón al servicio de su acreditado Gobierno, para prestar su cooperación a la nueva compañía fundada. Luego, se extendió en halagadoras consideraciones acerca de las garantías y seguridades que brinda el Gobierno de Venezuela a los capitales extranjeros que van a invertirse en su privilegiado territorio, y para que no quedara la más ligera sospecha de que los elogios que hacía del notable mandatario sudamericano eran dictados por intereses del momento, repitió algunas de las ideas que emitiera en octubre último en una Conferencia que dictó a los estudiantes de la Universidad de Rutgers, una de las principales instituciones docentes de los Estados Unidos cuyo tema fue: "El incremento del Liberalismo Político", y en la cual llegó a la conclusión general de que la participación de la democracia en la parte administrativa de los gobiernos ha ido demasiado lejos y ha puesto obstáculos a la eficiencia y economía del Poder Ejecutivo.

PALABRAS DEL SEÑOR CLINTON T. REVERE

En aquella ocasión, refiriéndose a Venezuela, el señor Clinton T. Revere, se expresó así:

"He llamado la atención hacia la extravagancia e ineficiencia que se nota demasiado a menudo en los países donde la administración pública se encuentra obstaculizada por las exigencias de determinados grupos políticos. Lo que necesita cada nación en estos tiempos de confusión y depresión es una dirección fuerte y patriótica. En mi opinión la República de Venezuela es el país mejor gobernado del mundo. Esto se debe a la enérgica dirección del General Juan Vicente Gómez y a su entera consagración a sus deberes.

No niego que con frecuencia se oye decir que su gobierno es autocrático. Esa acusación emana de políticos que quisieran ejercer esa misma autoridad, no teniendo, empero, la sabiduría que ha demostrado de manera tan palpable el Jefe de esa Nación suramericana.

Me doy cuenta de que muchos de Uds., hombres jóvenes, creen que están familiarizados con las condiciones de casi todos los países del mundo. Sin embargo, Uds. probablemente no conocen el hecho de que Venezuela es la única nación del Globo que se encuentra absolutamente libre de deuda externa y sin impuestos onerosos. Esto es consecuencia, única y exclusivamente, de la sabia política del General Gómez, quien se mantuvo firme contra la epidemia de inflación y de empréstitos, mientras que el resto del mundo se iba llenando de pesadas deudas. Él ha empleado las entradas del Tesoro Nacional en satisfacer todos los compromisos de la República y en desarrollar sus riquezas naturales.

Los críticos del General Gómez se quejan de que es autócrata. Lo cierto es que él no ejerce sino una jefatura sabia. Creo que a Uds. Les es muy fácil imaginarse lo que habría sucedido en Venezuela si se hubiera dividido en diversas facciones políticas, con disturbios internos, y un grupo combatiendo a otro para apoderarse de los cargos y de las rentas públicas. Hemos visto lo que sucedió en México cuando el régimen de estabilidad de Díaz fue sustituido por uno de contiendas civiles y de anarquía por largos años.

Quizás extrañen Uds. que, siendo el General Gómez hijo de una Nación joven, haya demostrado más cordura y más sabiduría administrativa que algunos de los eminentes estadistas de Europa y de Norteamérica, cuyos nombres figuran en primer término entre las entidades de fama mundial. Cuando se escriba la historia de nuestros tiempos, el nombre del General Gómez figurará en el rango de los estadistas de fama, como Pericles, Marco Aurelio y otros abnegados patriotas de la antigüedad.

Hoy en día las leyes de Venezuela están caracterizadas por una amplia sabiduría constructiva que no ha sido superada por las de ninguna otra nación. El desarrollo del país por la inversión de capitales extranjeros ha sido fomentado a beneficio del pueblo venezolano. Buenas vías de comunicación y modernos métodos de saneamiento hacen que Venezuela sea un modelo entre las naciones del hemisferio occidental. Todo esto se debe a la política prudente, firme y patriótica del actual Presidente de Venezuela. Interpreto los sentimientos de muchos de mis compatriotas si digo que quisiera que aquí tuviésemos un Jefe del carácter y de las condiciones del General Gómez".

El señor Clinton T. Revere terminó su interesante peroración brindando por la prosperidad de Venezuela y por la de su ilustre Presidente.

El doctor Calvani contestó agradecimiento en grado muy alto los elogios del Sr. Revere para la tierra de su nacimiento y para el hombre a quien ella debe sus más notables obras de progreso e inconmovible paz de que goza en el Exterior.

La simpática reunión duró hasta pasada la medianoche en medio de la cordialidad y entusiasmo de los asistentes, quienes se despidieron llevando en el ánimo las más gratas impresiones y las más lisonjeras esperanzas.

(Publicado en el Periódico "El Nuevo Diario", el 7 de marzo de 1933). 

DESCENDIENTE DEL PRÓCER NORTEAMERICANO PAUL REVERE

Paul Revere.

El señor Clinton T. Revere, es descendiente directo de Paul Revere, un orfebre y patriota estadounidense, recordado por su rol como mensajero en las batallas de Lexington y Concord durante la guerra de Independencia de los Estados Unidos. Su nombre y su célebre Cabalgada de Medianoche son reverenciadas en Estados Unidos como un símbolo de patriotismo. Revere fue además un próspero y prominente platero en su ciudad natal, y ayudó a organizar un sistema de espionaje y alarma para vigilar los movimientos de las tropas británicas.

Es considerado por algunos historiadores como el prototipo de un estadounidense industrial, por haber reconocido el potencial de los productos metalíferos para la producción en masa.

Nació el 1 de enero de 1735 en North End, Boston, Massachusetts, Estados Unidos y falleció, el 10 de mayo de 1818, en la misma ciudad.

Estatua de Paul Revere en la ciudad de Boston, ubicada en el Paul Revere Mall, a pocos pasos de la Paul Revere House. La obra representa al prócer de la Independencia nortamericana, montando su caballo durante su famoso paseo de medianoche. La estatua es una de las más fotografiadas de Boston, Estados Unidos.

El Sr. Clinton Tristam Revere, nació el 22 de agosto de 1870 en San Francisco, Estados Unidos de América. Asistió a las escuelas públicas, estudió derecho, fue admitido en el colegio de abogados y ejerció durante un tiempo. Luego ingresó al negocio de los periódicos, se convirtió en editor dramático de "The Washington Post" y escribió dos obras de teatro no producidas.

El Sr. Revere fue el primero o quizás el único novelista de Wall Street, y era conocido como uno de los hombres más elocuentes del mundo financiero. Fue el autor de un libro de gran circulación sobre el algodón. También escribió y distribuyó folletos sobre algodón y economía general.

Además, escribió muchos artículos para el "New York Herald Tribune" y otras publicaciones, habló en innumerables almuerzos y convenciones.

Su única novela publicada "Hands as Bands" en el año 1932, recibió elogios de la crítica.

Al llegar a la ciudad de Nueva York, lo indujeron a ingresar al mercado del algodón en 1903 por Daniel J. Sully, un antiguo rey del algodón. Más tarde se incorporó a la firma Munds, Winslow & Potter, y fue su economista de algodón durante muchos años hasta convertirse en socio de Laird, Bissell & Meeds.

El Sr. Clinton T. Revere, representó a los Estados Unidos como orador invitado en el Congreso Internacional del Algodón en París en 1931, en Roma en 1935 y en El Cairo en 1938. Fue miembro del New York Coffee and Sugar Exchange, Commodity Exchange y de la New York Cocoa Exchange. Fue presidente del Commodity Club de New York y miembro de los clubes de golf  Baltusrol y Pine Valley. 

Sus libros escritos: "Prohibition: Its Effect on Taxation" (1932), "Commodities and Intergovernmental Debts" (1932), "Individual Capitalism vs. Political Liberalism: As an Agency" (1932), "Hands as Bands" (1932), "Cotton: The Monetary Controversy" (1933), "Repeal and Recovery" (1933).

Cilnton T. Revere, se casó con la Sra. Harriette Winn Revere y tuvo tres hijas, destancándose Anne Revere, gran actriz cinematográfica, ganadora de un premio Óscar como mejor actriz de reparto.

Clinton T. Revere, falleció el 8 de mayo de 1949, a la edad de 78 años, en el Hospital St. Vincent's de New York, U.S.A. 

SU HIJA ANNE REVERE FUE UNA GRAN ACTRIZ DE HOLLYWOOD

Anne Revere, fue nominada al Óscar tres veces como mejor actriz de reparto. La primera vez por su papel en la película "The Song of Bernadette" en 1943, interpretando a la madre de la actriz Jennifer Jones. La segunda vez, lo ganó por su interpretación en "National Velvet" como la madre de Elizabeth Taylor, actuando con Mickey Rooney en 1945 y su tercera nominación fue en 1947 por su papel en el film "Gentleman’s Agreement", como la madre del actor Gregory Peck.

Anne Revere nació en Nueva York, el 25 de junio de 1903. Fue una magnífica actriz estadounidense de teatro, cine y televisión. Debutó en Broadway en 1931 pero solo rodó una película hasta 1940. 

Revere era descendiente directa del héroe de la Revolución Americana Paul Revere. Su padre, Clinton Tristam Revere, era corredor de bolsa, y ella se crió en el Upper West Side y en Westfield (Nueva Jersey). En 1926, se graduó en Wellesley College, y luego se matriculó en la American Laboratory School para estudiar actuación con Maria Ouspenskaya y Richard Boleslavsky. 

Revere hizo su debut en Broadway en 1931 en "The Great Barrington". Tres años después fue a Hollywood a repetir su papel teatral en la adaptación al cine de "Double Door". 

Anne Revere durante su actuación con Jennifer Jones en la película "The Song of Bernadette" por la que fue nominada al Óscar a la mejor actriz de reparto en 1943.

Volvió a Broadway para interpretar el papel de Martha Dobie en la producción original de 1934 de "The Children's Hour", y en los siguientes años apareció en la escena de Nueva York en "As You Like It", "The Three Sisters", y "Toys in the Attic", por el que ganó el Premio Tony por la mejor interpretación de actriz destacada en una obra de teatro en 1960. 

Trabajó duramente como una actriz de carácter en el cine, apareciendo en cerca de tres docenas de películas entre 1934 y 1951. Frecuentemente fue elegida para el papel de matriarca e interpretó el papel de madre de Elizabeth Taylor, Jennifer Jones, Gregory Peck, John Garfield, y Montgomery Clift, entre otros. Fue nominada para el Óscar a la mejor actriz de reparto tres veces y lo ganó por su interpretación en "National Velvet". 

En una escena de la película "Gentleman's Agreement" con Gregory Peck, fue nominada Anne Revere al Óscar como la mejor actriz de reparto en 1947.

En los años 1950, fue una de las víctimas del macarthismo e inscrita en la lista negra del cine. 

En 1951, Revere dimitió de la dirección del Sindicato de Actores (Screen Actors Guild) tras acogerse a la Quinta Enmienda para rehusar a testificar ante el Comité de Actividades Antiestadounidenses. No aparecería en ninguna película durante veinte años, hasta su regreso a la pantalla en "Tell Me That You Love Me, Junie Moon". Empezó a aparecer en televisión en 1960, especialmente en telenovelas como "The Edge of Night", "Search for Tomorrow", y "Ryan's Hope". 

Revere y su marido, el director de teatro Samuel Rosen, se trasladaron a Nueva York y abrieron una escuela de interpretación, y ella continuó trabajando en producciones del Summer Stock Theatre, del Regional Theater y en la televisión. 

Murió, el 18 de diciembre de 1990, de neumonía en su casa de Locust Valley a la edad de 87 años.

Óscar a la mejor actriz de reparto en 1945 ganado por Anne Revere en la película "National Velvet".


jueves, 2 de febrero de 2023

DE COLOMBIA UN AMIGO DE VENEZUELA 1927

Excelentísimo Señor doctor Raimundo Rivas, Ministro Plenipotenciario de Colombia en Venezuela, a quien el Gobierno Nacional del Benemérito General Juan Vicente Gómez, otorgó la Medalla de Instrucción Pública, en merecida recompensa a su labor cultural en 1926.

(Artículo de "La Nación", de Barranquilla, Colombia, 1 de febrero de 1927).

"La situación fiscal de Venezuela es muy buena. A estas horas hay en el Tesoro Nacional, en efectivo, un superávit de ochenta millones de bolívares, que equivalen a diez y seis millones de dólares".

Dr. Raimundo Rivas. 

No dejan de ser anodinas las entrevistas periodísticas con los diplomáticos. Ellos no pueden decir para el público lector todas las opiniones, buenas o malas, que el reportero quiere dar a conocer. En estos casos el periodista ha de situarse también dentro de una discreción "diplomática".

Entre las personalidades nacionales que en estos últimos años han merecido el cargo de representantes del país en el exterior pocas que sepan prestar mayor simpatía como el doctor Raimundo Rivas, actual huésped en Barranquilla, quien por espacio de tres años desempeñó la Legación de Colombia ante el Gobierno del General Juan Vicente Gómez en Venezuela. Intelectual de valía, joven poseedor de una exquisita cultura, sabe captarse inmediatamente la estimación de las sociedades a donde llega.

Eso le ocurrió en Caracas, en donde, como se verá por extractos de discursos que reproducimos adelante, se lamenta hoy su ausencia con verdadero cariño.

Sobre el movimiento intelectual venezolano, señala el doctor Rivas:

"Hay dos grupos en Venezuela, el de los ya consagrados, encabezado por Laureano Vallenilla Lanz, Manuel Díaz Rodríguez, José Gil Fortoul, Eloy G. González, Fernández García, y otros al que pertenecen muchos que se hayan en el exterior en misión diplomática como Pedro César Dominici, César Zumeta, Andrés Mata, etc., y el grupo de jóvenes, entre los que se cuentan, en Caracas, Andrés Eloy Blanco, Tito Salas, Jorge Schmidke, Pedro Sotillo y otros todos llenos de inquietud.

Dos de estas figuras nuevas sobresalen ya, bien caracterizadas: Teresa de la Parra, consagrada en París, por su novela "Ifigenia", Rómulo Gallegos, autor de varias novelas, de las cuales una, "La Trepadora", de una gran fuerza, es admirable. Estos intelectuales, los "nuevos" de Venezuela, han formado en Caracas un círculo que se denomina "Voluntad", así como en Maracaibo, un círculo nuevo encabezado por Héctor Cuenca, Ramón Díaz Sánchez, Elías Sánchez Rubio, etc., constituyen otro grupo que se denomina "Seremos".

Hay en Venezuela un brillante núcleo de historiadores, celosos defensores de la gloria de los libertadores".

Le preguntamos: ¿Y Carlos Borges?

"Es una personalidad muy interesante. Actualmente es Capellán del Presidente de la Republica, General Gómez".

¿La situación fiscal de Venezuela?

"Es muy buena. A estas horas hay en el Tesoro Nacional, en efectivo, un superávit de ochenta millones de bolívares, que equivalen a diez y seis millones de dólares".

Pero algo puede decir de política…

"En cuanto a las relaciones entre nuestros países debo decir que hay en Venezuela un sincero anhelo de acercamiento y que el General Gómez es el primero en este deseo de una vinculación más estrecha entre Colombia y Venezuela".

La charla con el fino diplomático termina con el más ferviente elogio de su parte a la sociedad de Caracas de la cual manifiesta tener la gratitud mayor.

(Publicado en el periódico "El Nuevo Diario", el 22 de febrero de 1927).

BIOGRAFĺA

Dr. Raimundo Rivas Escobar.

Raimundo Rivas Escobar,  fue un destacado político, diplomático e historiador colombiano. Nació, el 25 de febrero de 1889, en Bogotá, proveniente de una familia de origen antioqueño. Fue partícipe de las reuniones en las que se creó el periódico "El Tiempo" y la llegada del periódico "El Espectador" a Bogotá años más tarde, promovió la Constituyente de 1910, la disminución de los poderes presidenciales, la libertad de prensa y la modernización de las prácticas públicas. Fue Alcalde de Bogotá en 1917, Ministro Plenipotenciario de Colombia en Venezuela entre 1924 y 1928, y Ministro de Relaciones Exteriores entre 1930 y 1931 en el gobierno de Enrique Olaya Herrera.

Participó en la revista "Cultura" dirigida por Luis López de Mesa. Vivió en Europa y se formó como historiador. En 1939 fue nombrado profesor de la cátedra de Historia Diplomática Colombiana en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional. Fue miembro de la Academia Colombiana de Historia desde 1908 y su Presidente entre 1919 y 1920. Miembro de la Real Academia de Historia de España, y miembro de la Academia Colombiana de la Lengua desde agosto de 1933. Falleció, el 24 de febrero de 1946.


sábado, 21 de enero de 2023

CONGRATULACIONES AL GENERAL GÓMEZ POR MENSAJE PRESIDENCIAL 1926

Benemérito General Juan Vicente Gómez, Supremo Magistrado de Venezuela.

EL MENSAJE PRESIDENCIAL

El 26 de abril de 1926, ante las Cámaras Legislativas reunidas en el Congreso y en presencia de una brillante concurrencia del Cuerpo Diplomático, Altas Corporaciones oficiales, Ilustrísimo Prelado y Dignatarios de la Iglesia, Jefe de la Guarnición de Caracas y Oficiales francos de servicio y selecto grupo de damas y caballeros, presentó el Mensaje anual de sus actos de Gobierno y de administración como Presidente de los Estados Unidos de Venezuela, el Benemérito General Juan Vicente Gómez, quien estuvo acompañado por el Vicepresidente de la República, General José Vicente Gómez, los señores Ministros del Despacho Federal y el Secretario General de la Presidencia, señor doctor Francisco Baptista Galindo.

El sobrio lenguaje del General Presidente da mayor relieve a la importancia de la actuación expuesta en el notable Documento, que es un historial de honra y de gloria para el grande hombre de Estado, que con la cordura de su ponderado cerebro y la energía de su voluntad inquebrantable, ha venido reconstruyendo material y moralmente, económica y políticamente una Patria. Eliminados en el Interior los impuestos que gravaban excesivamente las industrias y el comercio; empeñado seriamente el Gobierno en mejorar la condición material y moral de los presidiarios, a cuyo efecto ha refundido en una General de Penitenciarías, dotándola de Capellán, Maestro de Instrucción Primaria y talleres de carpintería y alpargatería; en pié de estrecha cordialidad nuestras relaciones con los países; reducida la Deuda Pública a noventa y dos y medio millones y la Nación con un fondo de reserva de ochenta y dos y medio de millones en oro; mantenido el Ejército en una base excelente de organización, instrucción y disciplina; en pleno desarrollo la explotación minera, el comercio la agricultura y la cría; cruzado el territorio nacional de vías carreteras; llevado la luz de la instrucción hasta el último caserío, la grande alma de patriota del Benemérito Presidente debe haber sentido las más cumplidas satisfacciones, al poder presentar en concreto y plena de benéficos frutos la obra de sus insignes esfuerzos.

"Billiken" renueva el homenaje de su admiración y sus respetuosas congratulaciones al Supremo Magistrado de Venezuela.

(Publicado en la Revista "Billiken", el 1° de mayo de 1926).

Director Propietario: Lucas Manzano.


sábado, 16 de julio de 2022

EL GENERAL GÓMEZ CONTRA LA ESPECULACIÓN 1932

A la izquierda: El Dr. Samuel E. Niño, Presidente del Estado Aragua. A la derecha: El Benemérito General Juan Vicente Gómez, Presidente de la República de Venezuela.

Como el tema nunca pierde actualidad y ahora tiene más que nunca, transcribimos un telegrama enviado, el 26 de de abril de 1932, por el Benemérito General Juan Vicente Gómez, Presidente de la República de Venezuela, al doctor Samuel E. Niño, Presidente del Estado Aragua.

El texto es el siguiente:

Maracay, 26 de abril de 1932.

Dr. Samuel E. Niño.

Presidente del Estado Aragua.

Maracay.

Como yo sé que los artículos de primera necesidad que son precisamente los que sirven de sustento a las clases pobres, se encuentran en gran abundancia por las magníficas cosechas del año pasado, y que los depósitos graneros de los agricultores están llenos, juzgo que no es equitativo ni lícito, el que los precios continúen altos en detrimento de los proletarios. Del mismo modo la harina de trigo, el arroz y otros productos que vienen del exterior han bajado allá y no hay razón para que continúen altos aquí. En esta misma fecha, hace cuatro años, me dirigí a usted por conducto del Ministerio de Relaciones Interiores, en idéntico sentido; hoy quiero repetirle que es necesario que usted dicte y lleve a cabo en su jurisdicción las más enérgicas medidas para evitar que los acaparadores sostengan el alza artificial de los frutos, e impedirles, por todos los medios a su alcance, la despiadada especulación a que se dedican.

Lo saluda su amigo,

Juan Vicente Gómez. 

¿Y la respuesta del doctor Samuel E. Niño? Léanla: 

Maracay, 27 de abril de 1932.

Señor General Juan Vicente Gómez.

Presidente de la República de Venezuela.

Maracay. 

Impresiones de muy elevada índole patriótica ha despertado en mí la lectura del importante telegrama de usted del 26 del presente, y acatando las superiores instrucciones avaloradas por su experiencia y su amor a la patria que con él se digna transmitirme, me complace decirle que el gobierno de Aragua que presido, desde este propio instante procede a desplegar por mediación de las autoridades civiles y municipales una perentoria, activa y eficaz campaña tendente a evitar los abusos del acaparamiento y del alza indebida e injustificada en los precios de los artículos y frutos de primera necesidad para el consumo diario.

Como usted sabe Aragua es el granero del centro y con la solícita y paternal medida que usted me indica, alcanzarán indudablemente mayor bienestar las clases pobres. Al rogar a usted acoger las efusivas congratulaciones que por tan grato motivo le envío, ofrézcole que aquí permanecerá vigilante la acción gubernativa para impedir las ilícitas especulaciones al que alude el trascendental despacho telegráfico que me honro en dejar contestado.

Respetuosamente lo saluda.

Su amigo y subalterno,

Samuel E. Niño. 

(Telegramas publicados en el Diario "El Universal", el 26 de noviembre de 1995, en la columna "Miraflores a la Vista" de Jesús Lossada Rondón).


sábado, 19 de marzo de 2022

EL DR. CONSTANTINE E. MCGUIRE DE VISITA EN VENEZUELA 1931

 

A la izquierda: El Dr. Constantine E. Macguire, eminente historiador y economista norteamericano, quien visitó Venezuela durante el gobierno del Benemérito General Juan Vicente Gómez en 1931. A la derecha: El Dr. José Gil Fortoul, su anfitrión y presentador ante la Academia Nacional de la Historia.

El lunes 12 de octubre de 1931, la Academia Nacional de la Historia tuvo la honra y singular satisfacción de recibir en su seno al eminente escritor, historiador y economista norteamericano doctor Constantine E. McGuire, Correspondiente Extranjero de esta Institución. En sesión extraordinaria prestigiada por destacados elementos de las letras, política y finanzas, el doctor McGuire leyó su erudito trabajo sobre "Aspectos Históricos del Desequilibrio Económico Internacional", luego de haber sido presentado por nuestro compañero el doctor José Gil Fortoul, en representación de la casa. 

El acto se efectuó, por especial deferencia del Ministro de Instrucción Pública, doctor Rafael González Rincones, en el Paraninfo de nuestra Universidad Central. 

Reproducimos a continuación las palabras de presentación del doctor Gil Fortoul sobre quien por breves días fue huésped agasajado de la ciudad de Caracas. 

PALABRAS DEL ACADÉMICO DR. JOSE GIL FORTOUL 

"Nuestra República, entre sus hermanas latinoamericanas, se halla hoy en situación especial. Iba a decir privilegiada. Gracias, en parte, (del mal el menos) a que por su escasa población con respecto a su vasto territorio no cayó en fiebre de producción industrial, y se consagró preferentemente a la agricultura y a la explotación de productos naturales; gracias también a la prudente administración del Presidente Gómez, que en vez de apelar a exagerados empréstitos, prefirió rescatar la deuda externa". 

Señores Académicos :

Señoras, Señores: 

No subo ahora a esta dorada tribuna, que conserva para todos los universitarios recuerdos imborrables, a pronunciar otro discurso. Vengo a representar esta tarde un papel modesto, aunque muy honroso. 

El doctor Vicente Lecuna, mi Presidente en la Academia de la Historia, ha generosamente resuelto que sea yo quien presente aquí a nuestro colega de Academia, el sabio jurisconsulto y economista norteamericano doctor McGuire. Lo haré en palabras rápidas, porque el doctor McGuire no necesita muchas recomendaciones previas para interesar a su auditorio. Su nombre, sus estudios, su preparación técnica, son credenciales conocidas en todas partes. 

Graduado en la Universidad de Harvard, fue premiado por ésta con una beca para continuar sus estudios de derecho en Francia y España. Regresó a Washington a ocupar puesto distinguido en la Secretaría de Hacienda y con el Secretario Mc-Adoo colaboró en la organización de la Alta Comisión Interamericana. Figuró luego en el Directorio del Instituto Económico de los Estados Unidos. Publicó dos volúmenes sobre la situación económica de Alemania y de ltalia. Colaboró además, como redactor en jefe, en los cinco tomos de la obra monumental titulada "Historia del Catolicismo en los Estados Unidos". Y actualmente, en cuestiones de economía política internacional es uno de los expertos y consultores de mayor autoridad. Encuéntrase entre nosotros en viaje de recreo y de estudio. 

Por lo dicho ya veis que nuestro sabio huésped no trae el propósito de pedirnos dinero ni cooperación en ningún negocio. Viene a esta Academia, de la que es miembro correspondiente extranjero, a hablarnos de problemas que tienen hoy singular importancia. Va a discurrir sobre aspectos históricos del desequilibrio económico internacional, sobre causas de la crisis presente y sobre el problema internacional de los cambios. Todo ello desde el punto de vista puramente técnico. 

El mundo anda ahora, después de la gran guerra, dando traspiés, revolcándose con una suerte de epilepsia imprevista, arrastrado por un cataclismo que no lleva todavía trazas de aplacarse. Pero, tantas veces han sucedido cosas semejantes en la vida económica y en la vida política! En la vida política, a esos cataclismos les damos el nombre de revoluciones. En la vida económica los llamamos crisis. No se puede, sin embargo, vivir indefinidamente en revoluciones ni crisis. Al fin vuelve a establecerse un equilibrio más o menos estable y siguen viviendo las naciones en un movimiento más o menos rítmico. Creedlo. No se hundirá ahora nuestro mundo, como temen los que por tener turbia la vista lo ven todo negro. Se transformara! ¿Cómo? Díganlo, si pueden, los profetas y los hombres de ciencia. Esta vez, puede ser que se pongan de acuerdo. 

Nuestra República, entre sus hermanas latinoamericanas, se halla hoy en situación especial. Iba a decir privilegiada. Gracias, en parte, (del mal el menos) a que por su escasa población con respecto a su vasto territorio no cayó en fiebre de producción industrial, y se consagró preferentemente a la agricultura y a la explotación de productos naturales; gracias también a la prudente administración del Presidente Gómez, que en vez de apelar a exagerados empréstitos, prefirió rescatar la deuda externa, Venezuela pudo llegar a un resultado que parece muy simple, y no lo es: en vez de vivir de su capital, aventurándolo o despilfarrándolo, vivir de su renta, gastándola en las necesidades diarias, en multiplicar medios de transporte y en fomentar empresas reproductivas. 

Pero, al propio tiempo, no fuera prudente dormirse ahora en un optimismo inactivo. Todos hombres de Estado, comerciantes, agricultores, banqueros, industriales, pensadores y filósofos, todos nos vemos hoy obligados a estar sobre aviso, a observar con vigilante atención el presente malestar internacional, para que por inactividad nuestra no venga también el día menos pensado a arrastrarnos la cola del ciclón. Yo, optimista por temperamento y convicción, no lo creo ni espero. 

Un técnico eminente va a exponer aquí sus ideas y previsiones. Oídlo y reflexionad.

José Gil Fortoul.

(Publicado en el Boletín de la Academia Nacional de la Historia. Tomo XV. N° 56. Octubre-Diciembre de 1931. Caracas, Venezuela).