domingo, 5 de abril de 2015

VENEZUELA EN EL EXTERIOR


La República de Venezuela es el país mejor gobernado del mundo. Esto se debe a la enérgica dirección del General Juan Vicente Gómez y a su entera consagración a sus deberes.


Nueva York, 16 de febrero de 1933.

En la hermosa residencia del respetable caballero señor J. Theus Munds, de la conocida firma bancaria Munds, Winslow & Potter, verificóse anoche un acto social de lo más lucido y de la mayor significación. Se trataba de una comida con que el referido Sr. Munds quiso obsequiar al distinguido venezolano doctor Luis F. Calvani, llegado recientemente a esta metrópoli.

Además del huésped de honor y del obsequiante, sentáronse a la mesa las siguientes personalidades: Señores L. de l`Aigle Munds, Guy M. Standifer, Clinton T. Revere, Louis L. Allen, Harold Davis, Howard P. Ingels, todos de la firma nombrada; George Frederick Naphen, Director de la Creole Petroleum Corporation; John E. Carney y William M. Erb, de la casa bancaria Clark, Childs y Keech; William H. Hamilton, Capitalista, miembro del Consejo de la Universidad de Nueva York, y antiguo Vicepresidente de la Guaranty Trust Company; William C. Kaelin, Director de la Río Palmar Land y Timber Corporation; Russel Palmer, Presidente de la Junta Directiva del American International Investment Trust, Limited, y Capitalista de Londres; J. A. Sisto, de la firma bancaria Sisto & Co., P. S. P. Randolph, Jr., de la casa bancaria Appenzeller, Allen & Hill, Sanford Griffith, de la casa bancaria Stockes, Hoyt & Co.; John Sargent y Joseph Lyons, Capitalistas de Boston; Fal de St. Phalle, economista; David Morse; R. B. Gaither, abogado consultor de la Venezuela International Gold Fields, Limited y L. G. Huntley, Ingeniero de Pittsburgh.

Los caballeros nombrados pertenecen al respetable grupo de capitalistas que han fundado la compañía “Venezuela International Gold Fields, Limited”, con el objeto de emprender en gran escala y lo más intensamente posible la exploración y explotación de minas de oro en la mencionada República.

A la hora de los postres tomó la palabra el señor Clinton T. Revere, autoridad mundial como escritor en asuntos económicos, para participar a los presentes la grata noticia de que el doctor Calvani, después de haberse enterado de las bases sobre las cuales se constituyó la compañía, de la rectitud de sus miras, había aceptado las funciones de Consejero Técnico de la Mesa Directiva y de su Representante en Venezuela. El orador dijo que ninguna elección podía ser más acertada, pues se trata de un hijo del país de probado patriotismo e integridad a quien el General Gómez, con tacto especial y clara visión que caracterizan todas sus determinaciones, puso al frente del Departamento de Petróleo en el Ministerio de Fomento durante el periodo más delicado del desarrollo de dicha industria en Venezuela, esto es, cuando habían de resolverse los difíciles problemas que ella plantea en sus comienzos en las naciones donde se explota ese mineral. El orador manifestó en seguida el reconocimiento de la Mesa de Directores hacia el Presidente Gómez, por haber dado su beneplácito al doctor Calvani, a la sazón al servicio de su acreditado Gobierno, para prestar su cooperación a la compañía; y luego se extendió en halagadoras consideraciones acerca de las garantías y seguridades que brinda el Gobierno de Venezuela a los capitales extranjeros que van a invertirse en su privilegiado territorio; y para que no quedara la más ligera sospecha de que los elogios que hacía del notable mandatario sudamericano eran dictados por intereses del momento, repitió algunas de las ideas que emitiera en octubre último en una Conferencia que dictó a los estudiantes de la Universidad de Rutgers, una de las principales instituciones docentes de los Estados Unidos cuyo tema fue: “El incremento del Liberalismo Político”, y en la cual llegó a la conclusión general de que la participación de la democracia en la parte administrativa de los gobiernos ha ido demasiado lejos y ha puesto obstáculos a la eficiencia y economía del Poder Ejecutivo. En aquella ocasión, refiriéndose a Venezuela, el señor Revere se expresó así:

“He llamado la atención hacia la extravagancia e ineficiencia que se nota demasiado a menudo en los países donde la administración pública se encuentra obstaculizada por las exigencias de determinados grupos políticos. Lo que necesita cada nación en estos tiempos de confusión y depresión es una dirección fuerte y patriótica. En mi opinión la República de Venezuela es el país mejor gobernado del mundo. Esto se debe a la enérgica dirección del General Juan Vicente Gómez y a su entera consagración a sus deberes.

No niego que con frecuencia se oye decir que su gobierno es autocrático. Esa acusación emana de políticos que quisieran ejercer esa misma autoridad, no teniendo, empero, la sabiduría que ha demostrado de manera tan palpable el Jefe de esa Nación suramericana.

Me doy cuenta de que muchos de Uds., hombres jóvenes, creen que están familiarizados con las condiciones de casi todos los países del mundo. Sin embargo, Uds. Probablemente no conocen el hecho de que Venezuela es la única nación del Globo que se encuentra absolutamente libre de deuda externa y sin impuestos onerosos. Esto es consecuencia, única y exclusivamente, de la sabia política del General Gómez, quien se mantuvo firme contra la epidemia de inflación y de empréstitos, mientras que el resto del mundo se iba llenando de pesadas deudas. El ha empleado las entradas del Tesoro Nacional en satisfacer todos los compromisos de la República y en desarrollar sus riquezas naturales.

Los críticos del General Gómez se quejan de que es autócrata. Lo cierto es que él no ejerce sino una jefatura sabia. Creo que a Uds. Les es muy fácil imaginarse lo que habría sucedido en Venezuela si se hubiera dividido en diversas facciones políticas, con disturbios internos, y un grupo combatiendo a otro para apoderarse de los cargos y de las rentas públicas. Hemos visto lo que sucedió en México cuando el régimen de estabilidad de Díaz fue sustituido por uno de contiendas civiles y de anarquía por largos años.

Quizás extrañen Uds. que, siendo el General Gómez hijo de una Nación joven, haya demostrado más cordura y más sabiduría administrativa que algunos de los eminentes estadistas de Europa y de Norte-América, cuyos nombres figuran en primer término entre las entidades de fama mundial. Cuando se escriba la historia de nuestros tiempos, el nombre del General Gómez figurará en el rango de los estadistas de fama, como Pericles, Marco Aurelio y otros abnegados patriotas de la antigüedad.

Hoy en día las leyes de Venezuela están caracterizadas por una amplia sabiduría constructiva que no ha sido superada por las de ninguna otra nación. El desarrollo del país por la inversión de capitales extranjeros ha sido fomentado a beneficio del pueblo venezolano. Buenas vías de comunicación y modernos métodos de saneamiento hacen que Venezuela sea un modelo entre las naciones del hemisferio occidental. Todo esto se debe a la política prudente, firme y patriótica del actual Presidente de Venezuela. Interpreto los sentimientos de muchos de mis compatriotas si digo que quisiera que aquí tuviésemos un Jefe del carácter y de las condiciones del General Gómez”.

El señor Revere terminó su interesante peroración brindando por la prosperidad de Venezuela y por la de su ilustre Presidente.

El doctor Calvani contestó agradecimiento en grado muy alto los elogios del Sr. Revere para la tierra de su nacimiento y para el hombre a quien ella debe sus más notables obras de progreso, la inconmovible paz de que goza en el Exterior; dijo que su reconocimiento era tan grande como la benevolencia del orador al favorecerlo con conceptos que está muy lejos de merecer y de los cuales tomaba nota como un estímulo para su conducta en el porvenir; que tenía verdadera fe en el éxito de la empresa, en primer término por la seriedad de los propósitos de sus fundadores y por su firme disposición de llevarlos a cumplido remate, y luego por haber sido su iniciador el señor George F. Naphen, hombre de gran capacidad como economista, de clara visión para concebir y poner por obra grandes negociaciones; el mismo que creó y llevó a su mayor desarrollo las compañías Lago y Creole, distinguiéndose así entre los que más han contribuido al desenvolvimiento de la industria petrolera en Venezuela; expresó en seguida su satisfacción por contarse entre los que más habían estimulado al señor Naphen a llevar su proyecto su antiguo amigo el señor William C. Kaelin, que tan gratos recuerdos dejó en Caracas, admirador de las grandes virtudes del pueblo venezolano y entusiasta propagandista en el extranjero de su cultura y su hidalguía. Para corresponder al brindis del señor Revere propuso otro por la creciente prosperidad del gran pueblo americano, por el Presidente Hoover, a quien conceptúa un hombre honrado y un patriota, capaz de haber hecho mucho en beneficio de su país si no hubiera tropezado con el persistente obstáculo de la terrible crisis que ha afligido el mundo entero durante los años de su administración; y concluyó haciendo votos porque el Presidente electo Roosevelt, cuyo ruidoso triunfo es testimonio de la alta estima en que lo tienen sus compatriotas, pueda realizar los altos ideales concebidos por su espíritu selecto y su bien cultivada mente.

La simpática reunión duró hasta pasada la medianoche en medio de la cordialidad y entusiasmo, y los asistentes se despidieron llevando en el ánimo las más gratas impresiones y las más lisonjeras esperanzas.

(Publicado en el Periódico “El Nuevo Diario”, el 7 de marzo de 1933).

CARTA DE SU SANTIDAD BENEDICTO XV AL GRAL. GÓMEZ


S. S. el Papa Benedicto XV


Al Señor General Juan Vicente Gómez,

Presidente Electo de los Estados Unidos de Venezuela.

Señor Presidente:

El saludo cortés y los votos por nuestra salud que nos habéis dirigido con motivo del regreso a Roma de Monseñor C. Pietropaoli, Arzobispo Titular de Cálcide e Internuncio Apostólico ante esa Ilustre Nación, han sido para Nos una nueva prueba de vuestra devoción y nobleza de alma.

Pero vos habéis querido hacer todavía más grata esta manifestación de filial obsequio, agregando la tangible confirmación, con ofrecernos el regalo de una preciosa y bellísima cruz, fabricada con oro puro de las minas nacionales y con límpidas y finísimas perlas del Mar Caribe.

Nos apresuramos por tanto a significaros los sentimientos de nuestra gratitud y del vivo placer que nos proporcionan tanto la idea cuanto el regalo en sí; y mientras nos complacemos en aseguraros que usando esta memorable cruz, tendremos siempre en mientes la persona y la Patria del amable obsequiante, os retornamos con paterno ánimo los votos y auguramos de verdadera prosperidad, que nos place hacer extensivos al Gobierno y al Pueblo de Venezuela.

Desde el Vaticano, el 2 de octubre de 1917.

S. S. Benedicto XV

La carta que precede, dirigida con firma autógrafa al Benemérito General Juan Vicente Gómez, Presidente Constitucional Electo de Venezuela, por S. S. el Papa Benedicto XV, Jefe de la Cristiandad, constituye uno de los más altos testimonios de la consideración universal que ha sabido granjearse el Supremo Conductor de los destinos de la Patria, mediante la sabia política de armonía con todos los Poderes del mundo, a la cual debe la República el respeto de las demás Naciones, manifestado de modo ostensible en diversas oportunidades.

Las circunstancias aflictivas por que atraviesan los pueblos, y cuyo efecto se ha dejado sentir aún en torno del Vaticano, mientras la conflagración de la guerra se ha ido extendiendo a toda la humanidad, realzan el mérito intrínseco de la ofrenda dedicada por el señor General Gómez al Sumo Pontífice, desde esta región de América donde un estadista patriota cumple como buenos los preceptos del Cristianismo, cuando inculca el amor a la paz en el espíritu del pueblo venezolano, ayer desgarrado y sangrante al golpe fratricida de la discordia civil.
            
Su Santidad extiende los votos y augurios de prosperidad al Gobierno y pueblo de Venezuela, los cuales acogen también la palabra del Vicario de Cristo como estímulo poderoso en la obra de engrandecimiento patrio que desarrolla el país con empeño jadeante y con fe inquebrantable en la vitalidad de la Nación.




sábado, 4 de abril de 2015

CONTESTACIÓN DEL GENERAL JUAN VICENTE GÓMEZ



A LAS COMISIONES DE LAS CÁMARAS LEGISLATIVAS


Ciudadanos Senadores:

Ciudadanos Diputados:

Las palabras que acabáis de pronunciar en representación de las Cámaras Legislativas, llevan a mi espíritu una inmensa satisfacción pues ellas son en los actuales momentos la voz de la sanción pública que, rinde homenaje de justicia a la labor del Gobierno en el año económico que ha terminado.

Sabéis, ciudadanos Senadores y ciudadanos Diputados, que todo mi esfuerzo desde que me inicié a la vida pública se ha concretado a hacer siempre el bien para llevar la confianza al seno de las colectividades; sabéis que, con el concurso de los buenos venezolanos y con sacrificios grandes logré cimentar en Venezuela, desde la fecha inolvidable de la Batalla de Ciudad Bolívar, el reinado bendecido de la Paz a cuya sombra el País prospera y forma a sus hijos en la escuela del honor y del trabajo, y sabéis también que, por sobre las vicisitudes de la vida y la perversidad humana, está mi corazón abierto a la magnanimidad y el temple de mi alma dispuesto a que en su acero choquen sin éxito las malévolas intenciones de los ambiciosos que en su ruindad quieren entorpecer a todo trance el adelanto civilizador de la República. Sabéis todo esto y mucho más que os lo dice vuestra conciencia de hombres honrados y leales amigos míos; pero yo quiero, en este día solemne de la Patria conmemoratorio de nuestra Independencia, que os deis cuenta exacta de la fecunda obra realizada, y podéis en plenitud de ella, regresar a vuestros hogares y decir a vuestras familias y conciudadanos que os esperan: “En Capitolio Federal nos hemos despedido personalmente del General Gómez, y él, firme en su credo, sólo anhela para sus compatriotas la Paz que es don de Dios y el trabajo que es el fundamento del bien y del progreso”.

Ciudadanos Senadores:

Ciudadanos Diputados:

Son mis votos muy cordiales porque realicéis felizmente el viaje de regreso a vuestros Estados y que en 1925 os vea de nuevo laborando por el engrandecimiento de la Patria.

Juan Vicente Gómez

(Publicado en el Periódico “El Nuevo Diario”, el 6 de julio de 1924).



AMÉRICA Y EL COMUNISMO




Líderes de la Generación marxista del 28. Abajo de izquierda a derecha aparecen con el puño erguido: Rómulo Betancourt, Jóvito Villaba y Miguel Otero Silva.

Como se juzga en el exterior la acción enérgica y benéfica del General Juan Vicente Gómez. El Supremo Mandatario venezolano ha sido y es la barrera al comunismo y el azote de los comunistas.

Insertamos a continuación el artículo publicado recientemente por “El Heraldo” de Valparaíso (Chile), diario liberal e independiente que dirige el señor Enrique Valdez Vergara, notable periodista chileno. Lo suscribe un escritor de honradez literaria, sano criterio y amplias miras y evidencia los horrores y amenazas del comunismo, ese enemigo del género humano, porque es la disolución sistematizada del orden social, político y económico, sobre el cual descansan las naciones de hoy.

Entre nosotros pretendió también germinar la mala simiente; pero la mano pronta del General Gómez, Jefe Supremo de la Nación, y el buen sentido de nuestro pueblo, extirparon la planta de raíz, al apuntar los primeros brotes, en que aparecieron como instrumentos incautos un grupo de estudiantes azuzados por políticos aviesos, incapaces de dar el frente y luchar a cara descubierta en presencia de un sistema de gobierno fundado en el asentimiento de la totalidad de los venezolanos de buena voluntad y en el prestigio incontrastable de un hombre que ha sabido hacerse digno de la fe y de la confianza de su patria, engrandecida por su carácter y por sus altas dotes de magistrado.

El General Gómez deploró como nadie tener que castigar a esos jóvenes, cuando reprimió con rápida y severa eficacia la iniciación de un movimiento de tal índole. Pero primero estaba la seguridad pública: y los estudiantes, al desertar de las aulas universitarias para formar en la fila sediciosa de un cuartelazo, se declaraban contra el orden establecido y se hacían automáticamente, reos de su propio delito, a quienes la justa represión volverá en sí, para ser de nuevo, ciudadanos dignos de la patria armoniosa, con espíritu de compacto nacionalismo.

EL NUEVO DIARIO, consecuente con sus principios, da cabida en su primera plana a la publicación inserta en el diario chileno y condena, una vez más, la doctrina y las prácticas de ese sistema antinatural y retrógrado que pretende inútilmente cubrir de rojo el mundo civilizado.

Es digno de ser tomado en cuenta el hecho, el elocuente hecho, de que el comunismo, con todo su cortejo de actos vandálicos, de exacciones y de atentados contra la Patria, no ha encontrado en ninguna de las repúblicas americanas clima favorable, terreno propicio para su desarrollo y cultivo. Con excepción de unos cuantos casos aislados, la semilla importada quedó muerta en el surco; y aún en esos casos aislados, dicha semilla solo produjo un grano defectuoso e inservible para una nueva siembra.

La acción de los gobiernos, por un lado, y la sensatez de las masas populares por el otro, arrancaron de raíz los escasos brotes comunistas, que habían nacido, y que desde el primer momento fueron considerados yerbas perjudiciales, plantas venenosas, vástagos malditos.

¿En dónde están aquellos agitadores extranjeros que recorrían campos y talleres para explotar la credulidad de las gentes sencillas? ¿En dónde están aquellos flamantes oradores callejeros, que instalaban su tribuna en cualquier plaza pública para disertar sobre el próximo advenimiento de una eterna era de igualdad entre todos y cada uno de los componentes de la especie humana, ni más ni menos que como la igualdad instintiva que practican las bestias de las selvas y los peces del mar que se atacan y devoran los unos a los otros?

¿En dónde están aquellas banderitas rojas que se movían a impulsos de blasfemos, gritos contra Dios y la Patria, contra el orden, el capital y el honrado trabajo?

¿Y aquellos periodiquillos, aquellos cartapeles en cuyas columnas no había más que lectura disociadora, provocaciones, amenazas y denuestos mezclados con loas a los COMPAÑEROS, a los CAMARADAS, a los HERMANOS del proletariado?

Esto es confesar que todo eso y mucho más por el estilo, ha desaparecido sin dejar huellas; fue derribado desde sus cimientos no solamente por la férrea mano de los hombres dirigentes, sino que, también, por la casi unánime voluntad de los pueblos y en especial del elemento obrero que rechazó de plano toda marca facturada en las cavernas sovietistas.

Han caído para no levantarse más en América, los apóstoles rojos, con sus banderas rojas, y con sus prédicas rojas, y con su famosa canción internacional, igualmente roja.

El cable nos ha comunicado que en Colombia han comenzado a surtir sus efectos las muy atinadas y oportunas leyes de defensa social dictadas recientemente. Ya era tiempo.

Barranquilla y Cali son dos hermosas ciudades de aquel floreciente país, y en ellas habían abierto su campamento muchas docenas de agitadores comunistas de la peor especie.

Allá estaba el centro de operaciones; desde allá se urdían planes, se fraguaban conspiraciones y se organizaba la difusión de candentes impresos. Cali está muy cerca del mar Pacífico y Barranquilla en el Oriente a un paso de Venezuela y las Antillas. Los puntos más estratégicos y de importancia máxima, sobre todo cuando se sabe que todos ellos constituyen el último reducto.

Las autoridades han mirado a esos agitadores con cierta indiferencia, sin sospechar que tenían un alacranero dentro de casa. Tal vez procedieron así en obsequio a la libertad del pensamiento o para experimentar en propio pellejo. Sin embargo, con mil precedentes a la vista es temerario negar que el pensamiento hablado y escrito, sin cauce, todo lo invade, todo lo ahoga, todo lo destruye.

En las recientes intentonas revolucionarias de Venezuela, entraron en función los elementos comunistas establecidos en las dos ciudades. Contaminados algunos grupos de estudiantes venezolanos, se salieron del riel y promovieron disturbios al compás de ridículas protestas. En la colada figuraron también unos cuantos politiqueros de la casta roja, unos cuantos señorones que cargan los sesos tras las faldas de sus levitas.

Los estudiantes, cuando marchan por su riel, aunque tengan veinticinco años, son muchachos muy simpáticos y dignos de la mayor consideración y aprecio. Sus desfiles, sus asambleas, sus ruidosas protestas y toda otra manifestación estudiantil que no se aparte ni una sola línea de sus linderos, son excitantes de alegría para grandes y pequeños. Puede sentarse por principio que los estudiantes merecen ser tratados como estudiantes mientras conservan su calidad de estudiantes.

Pero un estudiante, de pelo en pecho que, a manera de apéndice, sabe agregarse a los tumultos, un estudiante que forma en el coro de los gritones subversivos, un estudiante que gusta del manejo y portación de armas y de petardos explosivos, es un estudiante que ha desertado de sus filas; y aunque vaya con el libro bajo el brazo, ya perdió el camino del hogar y de la escuela para ponerse al alcance del sable y del caballazo.

Tal ocurrió en Venezuela.

No viene al caso hacer el recuento de las magnas obras realizadas por el Presidente Gómez en la Patria de Bolívar, que hoy ocupa prominente lugar entre las más cultas y prósperas de nuestro continente. Pero sí diremos que el Supremo Mandatario venezolano ha sido y es la barrera al comunismo y el azote de los comunistas. De ahí el fuego graneado, con balas Lenine, que se le ha dirigido desde las fortalezas de Barranquilla y Cali.

Muchos estudiantes venezolanos, azuzados por algunos políticos de capa caída, resolvieron aceptar la propuesta de aquellos comunistas, y ya sabemos cuál fue el producto total que arrojó la función: estudiantes venezolanos castigados; desbande general de compañeros y de camaradas, leyes colombianas de defensa social y atronadores aplausos en todo el Universo.

Y ahora que se baje el telón.


Rodolfo Aracena.

Valparaíso (Chile), 9 de noviembre de 1928.






miércoles, 1 de abril de 2015

CENTENARIO DE LA MUERTE DEL LIBERTADOR SIMÓN BOLĺVAR




DISCURSO PRONUNCIADO EN EL CAMPO DE CARABOBO POR EL DOCTOR RAFAEL REQUENA, PRESIDENTE DEL ESTADO ARAGUA EN 1930.


Ciudadano Presidente de la República;

Ciudadano Comandante en Jefe del Ejército Nacional;
Ciudadanos Ministros del Despacho Ejecutivo;
Excelentísimos señores Miembros del Cuerpo Diplomático y Representantes especiales de Naciones;
Ciudadano Presidente del Estado Carabobo;
Señoras;
Señores:

Os pido un instante de íntimo recogimiento en el cual musiten nuestros labios una plegaria sencilla y pura por el descanso eterno de los restos mortales de Simón Bolívar!

Y dije por sus restos mortales, solamente, porque su alma múltiple no es como la nuestra a quien la piedad cristiana puede decir: Resquiestcat in pace!...No; ella no descansa ni descansará jamás!

Su alma de estadista y de guerrero flota en la atmósfera de los pueblos que libertara; da vigor al brazo que impone el orden donde reinara la anarquía, y prestará siempre las inspiraciones de su genio a quien, en las labores de paz, exalta su magna obra hasta lograr que rinda el merecido tributo de la justicia universal.

Cuanto el alma lírica del poeta…un mago de la ciencia francesa sorprendióla en vuelo romántico por los espacios siderales y la fijó para siempre, como gema de mil facetas fulgurantes, en la luz de una estrella.

Bolívar! He aquí el nombre que todo venezolano debe pronunciar con estremecimiento de orgullo; el del varón excepcional, nacido en esta tierra, cuya memoria, conmueve hoy el corazón, no sólo de los americanos, sino de la humanidad entera, pagada de haber alcanzado en él su tipo máximo: el Super-Hombre, honra de la especie y gloria del planeta. Desprendido de la arcilla corpórea, su espíritu ilumina ya con fulgores de sol los ámbitos del mundo.

No ha habido en la especie humana vida más bella ni más consubstanciada con el ideal. Diríase que toda su existencia fue impulsada por la fuerza suprema de esa chispa celeste, y que cuando, en su delirio sobre el Chimborazo, se sintió “como animado por un fuego extraño y superior” no fue el “Dios de Colombia” que lo poseyera, sino el Dios verdadero y único, en todas las manifestaciones de su excelsitud proteiforme. Porque ÉL fue un aliento de la Divinidad; una encarnación de esas con que place al Omnipotente presentarse al hombre para que pueda prefigurárselo. Día vendrá en que el culto de la libertad será considerado como su propia religión, y entonces tendrá doquiera templos y altares este nuevo Redentor.

Como Jesús tuvo ÉL su doloroso Calvario; pero ha tenido también su gloriosa Resurrección. Y, justicia es proclamarlo, nada ha contribuido a ella con mayor eficacia que el fervor patriótico del General Juan Vicente Gómez. Porque, mientras en la mesa de disección de los laboratorios se analizaba la personalidad del Grande Hombre, buscando en los postulados de rigurosos métodos científicos si fueron genialidades o demencias los frutos de su preclara mente, el Gran Bolivariano exaltaba las indiscutibles glorias del Héroe, hacía prosperar la obra del Titán, predicaba la doctrina del Semidiós, y sacaba del olvido sitios que hizo históricos su paso por la vida.

Así, la casa en que viera la primera luz el que fue después Sol de América convertida otrora en cueva de mercaderes y traficantes, fue restaurada a su antiguo esplendor y enriquecida con reliquias y obras de arte nacionales, como correspondía a ese Belén de la libertad suramericana, adonde las generaciones irán reverentes a presentar su oblación de amor al portentoso demiurno.

Unidos por el común ideal de Patria, los libertadores persiguieron con entusiasmo una primordial finalidad: triunfar; pero, tan pronto como la lograron se debatieron los más en espantosa anarquía. Bolívar no podía tomar participación en esas contiendas cuyo principal móvil era la ambición de mando, y el resultado inevitable la guerra fratricida. Terminada en Ayacucho la dominación española ya no había para él enemigos que vencer; y mal podía aceptar la lucha a que lo provocaban los mezquinos intereses de círculos, quien se había “elevado por sobre la cabeza de todos” y “superado a todos los hombres en fortuna”.

Invadió el morbo el cuerpo mortal del Semidiós, y, decepcionado, triste, pensando que su obra estaba perdida; que a pesar de tanto sacrificio consumado y tanta sangre derramada, sólo había “arado en el mar”, se ofreció en holocausto, como víctima propiciatoria, en aquel postrer clamor, que expresa toda la nobleza de su alma: “Si mi muerte contribuye para que cesen los partidos y se consolide la unión, yo bajaré tranquilo al sepulcro”. Sufrió todas las asechanzas, sintió todas las salpicaduras de lo ruin, la calumnia lo hirió con su diente afilado, y pagó caro el nimbo que lo circundaba. Con sobrada razón dijo el poeta que “la mayor culpa es tener gloria y renombre”. La envidia, la ingratitud y la traición, más implacables que el microbio destructor, aniquilaban su espíritu, y se consumió en la hoguera de su propia grandeza!

Sí, más que por el agotamiento físico, el Libertador desfalleció por el sufrimiento moral: vio desconocidos sus esfuerzos, ultrajada su honra, en ruina, al nacer, la obra de su genio, y, lo que debía serle más sensible, su madre patria, víctima del desenfreno de las pasiones, condenada a experimentar los horrores de la guerra intestina! Fue así que, habiendo pagado su último tributo a la naturaleza el Hombre Sol, su espíritu, lleno siempre de amor para su pueblo, quedó por largo tiempo expiando, voluntariamente, los pecados de sus hijos.

Pero, sonó al fin la hora de su liberación, a la sombra tutelar de aquel venerable Samán de Güere, que cobijó un día a los venezolanos unidos en el santo ideal de Patria y los vio después destrozarse, como fieras, en la contienda fratricida. Allí, en efervescencia aún las pasiones partidarias, un Magistrado, consciente de sus deberes, rechazó los halagos de una bandería con estas sencillas palabras: “Por la Patria y por la Unión”. Esas palabras, pronunciadas por Gómez, el 27 de abril de 1909, fueron la lápida de la anarquía: sepultadas quedaron las viejas rencillas, y con ellas la alterna oligarquía de los partidos.

El pabellón de la Patria había sido desgarrado y cada uno de sus colores servía de divisa a una facción política. El General Gómez recogió esas divisas, las comprimió en sus férreas manos, y, arrojándolas luego al viento, con indignación patriótica, vióse, como por obra de taumaturgia, flamear nuevamente unidos los tres tonos del iris nacional, cobijando a todos los venezolanos, sin distinción de credos, en el seno de una Patria digna, opulenta y feliz. El alma del Libertador se estremeció de gozo, y salió de su larga expiación de ochenta años al ver cumplidos sus últimos anhelos. Después subió a los cielos a esperar la apoteosis que hoy le hacen, unidos a nosotros, todos los pueblos libres de la tierra.

Señores:
A fuerza de patriota y de civilizador el General Juan Vicente Gómez concibió con notable acierto el soberbio monumento que contemplamos. Aquí mismo lo oímos, hace poco, describiendo, al ilustre escultor español Rodríguez del Villar, cómo debía ejecutarse esta grandiosa obra, que con tanta fidelidad y competencia ha llevado a cabo el artista. La idea es feliz y la ejecución maravillosa: Los monumentos laterales muestran que, después de la lucha habida entre Venezuela y España, simbolizadas en cóndores y leones, respectivamente, éstos han quedado custodiando los emblemas de ambas naciones, mientras aquéllos, posados en las cúspides, recogen, con las alas abiertas, para llevarlo a mayores alturas, el homenaje que los dos pueblos rinden a la gloria del Libertador, honor excelso de la raza. Las figuras que personifican estas naciones sostienen sobre el pecho lámparas votivas donde arde perpetuamente la llama de la gratitud por los paladines que evidenciaron en la lucha grandes virtudes heredadas. Sobre un macizo de piedras milenarias, bañadas con sangre de héroes en las jornadas de “La Puerta”, y que el General Gómez hizo trasladar a este sitio, descansa el sólido pedestal de granito del monumento central, que comienza con siete escalones, sellado cada uno con una estrella, representando las siete provincias de que se componía Venezuela. A derecha e izquierda del pedestal, sendos bajos-relieves marcan: uno, con espadas, las once de la mañana, momento en que comenzó la lucha: y otro, con ramas de laurel, las doce del día, hora en que se decidió la batalla con el triunfo de nuestra armas. En el centro, en grupo alegórico, se ostenta vigorosa la nueva raza formada por la unión espiritual de los dos pueblos. A los lados de ese grupo, en plano superior, hay cuatro estatuas ecuestres, y seguirán otras de igual talla, con una representación completa de los Jefes y las armas que se distinguieron en la lucha. Esos trabajos están ya terminados y no han podido colocarse, en los sitios allí señalados, por haber resultado escaso el tiempo para la magnitud de la obra. Coronando el monumento, como llevado por el empuje ciclópeo de bravos combatientes, sobre los hombros de la Fama, aparece, en arrogante corcel, asistido por el Genio y la Victoria, la figura culminante: Bolívar!, señalando con el índice, a la veneración de todos los tiempos, el sacrosanto lugar donde quedó asegurada nuestra Independencia, y con ella la de toda la América Española.

¡Qué monumento tan suntuoso y qué base tan gloriosa! El alma de esas piedras de “La Puerta” lloró, sufrida, los desastres de las huestes patriotas en aquel sitio; pero, en justa compensación, tuvo el alborozo de ver los primeros destellos de la paz en la espada vencedora del General Gómez. Hoy contempla confundidas derrotas y victorias en este monumento que perpetúa la gloria inmortal de Carabobo y simboliza el triunfo definitivo de nuestra Independencia.

De todas las enseñanzas que dejó Bolívar a la posteridad ninguna más conmovedora que la de haberse erguido en las derrotas con el espíritu intacto y el corazón entero. Aquel hombre extraordinario sabía, coronar sus noches con radiantes auroras. Con los desastres de “La Puerta” sintió multiplicadas aquellas energías que hicieron decir al Conde de Cartagena que era más temible en la derrota que en el triunfo. Esa virtud de no doblegarse en la adversidad y de perseverar en la lucha es la que ha querido inmortalizar el General Gómez al colocar las piedras que contemplaron los fracasos de Bolívar como base de los bronces que proclaman hoy su gloria. Así, sobre las negruras impenetrables de las derrotas de “La Puerta” van a esplender las estrellas rutilantes de la batalla de Carabobo!

Recortado el confín por la cresta de la serranía vecina, el horizonte se acerca y parece más próximo el firmamento. Quizá sean estas llanuras el sitio de Venezuela donde más cercana se vea la bóveda celeste. Y por ello pensó el General Gómez que no podía tener mejor techumbre este templo de la Patria que la diáfana y pura cúpula del cielo, con la gran lámpara de oro del sol y la luz argentada de los astros.

¡Salve, monumento glorioso, que evocas los días leyendarios de la Magna Gesta y serás constancia eterna de cómo se elevan los pueblos dirigidos por el sano patriotismo. Con el arco que te sirve de pórtico y con tu soberbia construcción ha realizado el General Juan Vicente Gómez de manera espléndida el decreto del Congreso de Cúcuta que ordenó levantar una columna ática para recordar a la posteridad la gloria de Carabobo. Debía tocar también el pago de esa deuda moral a este hijo de Venezuela, el gran glorificador de Bolívar predestinado para la continuación de su obra, para la conmemoración de las grandes efemérides de la patria y para las justicieras reparaciones de su historia.

Señores:
Asistimos también en este día a la inhumación de los restos del Soldado Desconocido de la Independencia, hallados en el campo de Ayacucho y mandados a depositar en esta tierra de Carabobo por la providente justicia del General Juan Vicente Gómez. Ningún sitio más a propósito que este campo inmortal para guardar los despojos de ese héroe anónimo, que, fascinado por Bolívar, hizo con el gran guerrero la campaña sin igual en los fastos de Marte y contribuyó con su sangre al triunfo de la Libertad.

¡Pobre hijo del pueblo, tú eres digno de estas honras porque luchaste como bueno acompañando al héroe portentoso en la realización del noble pensamiento de libertar a nuestros hermanos del Sur. Saliste de tus lares abandonando afectos; trepaste cumbres y atravesaste ríos combatiendo a toda hora; y, cuando el plomo enemigo tronchó tu heroica vida, sólo había en tu morral de soldado ideales y visiones de la Patria.

Soldado heroico, ya puedes descansar tranquilo en el seno de esta tierra, satisfecho de la suerte de tus hermanos, los hijos del noble pueblo venezolano. Educados ellos en la escuela del civismo, durante cuatro lustros de paz proficua, y con plena conciencia de sus derechos a la vida civilizada, no son ya, como antaño, fácil presa de los ambiciosos para el motín y la guerra; no empuñan el fusil fratricida del faccioso, sino las herramientas del trabajo o las armas del ejército que garantizan la vida ciudadana y mantiene el decoro nacional.

         Soldado glorioso, descansa en paz!

Señores:
Hace diez años que en este mismo campo, con el carácter de Presidente del Congreso, cúpome la honra de llevar la palabra del Soberano Cuerpo para declarar “urbi et orbe” que el General Juan Vicente Gómez era el hombre necesario para regir nuestros destinos en el presente y en el porvenir. Los sucesos ocurridos en ese lapso han probado que no se equivocaron los Representantes del pueblo: la esperanza de un porvenir risueño se ha convertido en la brillante realidad del presente que contemplamos con legítimo orgullo. Cuando casi todas las naciones del orbe luchan por resolver serios problemas políticos, económicos o raciales; se desangran los pueblos en las luchas armadas o se asfixian en los tentáculos del pulpo de los empréstitos, y la ola roja del bolchevismo, se agita en los mares o invade toda la tierra, dislocándolo todo, en un crudo ataque de demencia; destruyéndolo todo, con furia de ciclón, Venezuela, pregonémoslo con júbilo, presenta el edificante ejemplo de un país orientado definitivamente por los senderos del orden. Con progreso creciente y en pleno goce de su autonomía política y social; trofeos, esos, que sintetizan las grandes conquistas alcanzadas en su vida cívica y que colocan hoy sobre la tumba de su Libertador como el más digno homenaje a su venerada memoria.

¡Gracias, General Gómez! Gracias, a nombre de todos los pueblos de Venezuela. Porque, ¿quién puede negar su gratitud al fervoroso patriota que ha tenido la gloria de preparar esta hermosa ofrenda a los manes de Bolívar?

Nadie ha podido olvidar el desastroso estado en que se hallaba el país cuando entrasteis a presidir su Gobierno: sangrante y desmoralizado por las revoluciones, en bancarrota su hacienda, bloqueado por deudas, relajados todos los resortes de la administración y rotas sus relaciones con casi todos los pueblos de la tierra. ¡Aquello era el caos! Y de él hicisteis surgir la Venezuela moderna, organizada y próspera, con asiento en la Sociedad de las Naciones, donde alcanza el honor de la consagración universal de su Héroe Máximo, el vidente precursor de la Institución más noble que haya concebido la inteligencia humana.

La figura de Bolívar, como la de todo creador, crece en la relación con la prosperidad de su obra; y Venezuela puede estar orgullosa de contribuir a ello mostrando los principales progresos que ha alcanzado: estabilizar el orden, sanear material y moralmente el país, fundar Bancos protectores de las industrias madres y del obrero, educar al pueblo, darle pan en todo género de trabajos públicos, organizar ejército y aviación, cruzar de carreteras modernas todo el territorio, erigir monumentos dignos de la memoria de los héroes, y finalmente, pagar en su totalidad la enorme deuda que pesaba sobre sus finanzas presentándose al mundo como ejemplo único de perfecta solvencia en la vida actual de las naciones.

Mas, si en todo esto, que debemos a la experta dirección del Caudillo de la Paz, no ven, unos pocos venezolanos, labor digna de ti, oh Libertador! Ilumina sus cerebros para que reconozcan los frutos del verdadero patriotismo.

Sea para los obcecados la tristeza de no haber contribuido a este renacimiento nacional, que no reconoce límites en los nobles anhelos del Gran Patriota; para ellos el dolor de haber vertido sangre hermana en inútiles intentonas contra un orden de cosas sancionado mil veces por la voluntad popular y prestigiado doquiera por la efectividad de su aporte al progreso universal.

No el acaso ni la fortuna, sino las victorias de las armas y los triunfos del civismo han creado y mantenido la reputación y autoridad del Jefe de la Causa que ha rehabilitado a Venezuela, utilizando las aptitudes de mayor relieve en todas las actividades nacionales. La labor de patria que viene realizando, no está, pues, a merced del primer caudillejo, sin responsabilidades, que pretenda detener su progreso. Ella se defenderá en toda ocasión, hoy y mañana, con el derecho que tiene el bien de conservar su poderío. Así piensan los que inspiran en el patriotismo del General Gómez y tienen la conciencia de sus deberes.

Nadie ha honrado mejor que vos la memoria de Bolívar, ciudadano General, porque habéis tenido por lema su elevado pensamiento: “la gloria está en ser bueno y en ser útil”. Está plenamente demostrado, con hechos que, después de los libertadores, sois el venezolano que más beneficios ha proporcionado a la Patria. Natural es que se haga alta mención de vuestro nombre en este momento, porque vuestra labor ha ligado en todo las glorias del pasado con las del presente y las ha hecho solidarias en lo por venir. Podéis estar seguro en la estabilidad de vuestra obra, porque ella ha penetrado en el corazón del pueblo y captado su eterna gratitud. No habéis erigido estatuas para perpetuar vuestra memoria; pero la posteridad os verá sobre un pedestal muy alto: el de esas carreteras que se empinan hasta las cumbres de los Andes, disputando a los cóndores la altura, para pregonar a todos los vientos las conquistas de la Venezuela rehabilitada, conforme a los anhelos de nuestro Héroe Epónimo.

¡Padre Libertador! Ante este altar que la Patria regenerada consagra a tu memoria, hacemos tus buenos hijos la promesa de continuar fieles a tu gloria, laborando en el seno de la paz, única atmósfera propicia al bien, por la prosperidad y ventura de esta tierra que te adora! Un pueblo agradecido y un ejército de leales, guiados por la espada vencedora en “La Puerta” y “Ciudad Bolívar”, garantizan el cumplimiento de esta promesa.

Publicado en el Periódico “El Nuevo Diario”, el 19 de diciembre de 1930.


          


PATRIÓTICA CRUZADA CONTRA EL ANALFABETISMO


CIRCULAR DEL MINISTRO DE INSTRUCCIÓN PÚBLICA

Estados Unidos de Venezuela. –Ministerio de Instrucción Pública. –Dirección de Instrucción Primaria, Secundaria y Normalista. –Circular número 4.255.      
Caracas: 17 de diciembre de 1930. -121º y 72º.
Ciudadano Inspector Técnico de la Primera Circunscripción Escolar.
San Cristóbal.

El Despacho a mi cargo, dignamente inspirado con motivo de la efemérides luctuosa que Hispano América toda se apresta a rememorar, aspira a llevar a cabo una obra útil, trascendental y definitiva en honor de la solemne conmemoración; y considerando que la máxima ofrenda, el más glorioso y efectivo homenaje de amor y gratitud que puede tributársele al Padre de la Patria en esta fecha plena de evocaciones patrióticas, es el de iniciar una activa y vigorosa campaña en contra del analfabetismo en los adultos, ya que para extinguirlo en los niños se han dictado y se toman todas las medidas que el asunto requiere, basadas en la estricta observancia de las leyes vigentes –que en ello han llegado a su perfección–, el Ministerio ha entrado en la organización de un vasto proyecto, esencialmente práctico, por el cual dará principio a esta nueva Cruzada redentora, a fin de lograr en todo el ámbito de la República y en el menor tiempo posible, el desaparecimiento absoluto de esa esclavitud moral, para así ver realizada la completa emancipación de los espíritus, como un valioso, trascendental complemento de la Obra Magna de la Independencia que nos legara aquel Genio Creador, y de manera que muy pronto nos sea dada la gloria de ver la amada patria del Héroe a la vanguardia de las naciones cultas del mundo.

Empero, como el Despacho sabe por dolorosa experiencia que todas las teorías que se formulen y todos los esfuerzos y sacrificios que realizare el Gobierno, dirigidos a este grandioso ideal, resultarían estériles si no encontrasen la cooperación decidida de los elementos representativos del país, y más aún, si no los amparara la voluntad consciente de cada hombre apersonado de sus sagrados deberes e impulsado espontáneamente en un generoso y unánime anhelo de luz y libertad espiritual, el Ministerio se permite hacer un formal llamamiento a todas las clases dirigentes de la Nación: a las autoridades constituidas, quienes por razón misma de su cargo, están llamadas a colaborar incansablemente en todo lo que tienda a dar realce y esplendor a la Patria; a todos aquéllos que por su capacidad o por su situación social hayan conquistado puesto en el grupo directivo y, por ende, tengan adultos bajo su dependencia; y por último, a cada venezolano en particular, a todo ciudadano que sienta vibrar en su alma el legítimo orgullo de ser compatriota de Bolívar y, digno copartícipe de la herencia magnífica que Él nos confió, comprenda que pesa sobre su conciencia el formidable deber de acrecentar el precioso legado, y abrillantarlo con nuevas glorias; cada uno, es verdad, en las medidas de sus aptitudes y dentro del radio de sus posibilidades, pero aunados todos en una sola ferviente aspiración, la de llevar a Venezuela hasta un máximo nivel de grandeza! Presentada así la exposición del proyecto en sus términos generales, y hecha la exhortación patriótica a la intelectualidad de la Nación, a todos sus hijos que la honran, tarea fácil es indicar los caminos que han de seguirse para convertirlo en realidad espléndida.

El Ministerio tiene establecidos muchos Planteles Nocturnos para obreros, diseminados en toda la República, y se promete multiplicarlos de acuerdo con las necesidades de cada región; pero, para que no resulte infecunda la campaña generosa, es preciso que todos los venezolanos, sin excepción, contribuyamos a ella con sincera abnegación y por cuantos medios fueren posibles. Corporaciones oficiales y particulares, Sociedades de todos los órdenes, Directores de empresas fabriles o comerciales, Propietarios de fundos agrícolas o pecuarios, Capitanes de barcos, todos aquellos, en fin, que posean adultos a su servicio, deberán sumar sus energías a esta insigne empresa de engrandecer a la Patria: ya fundando dentro de su radio pequeñas escuelas para los adultos analfabetos, imponiendo a todos sus servidores, al respecto de su instrucción, condiciones expresas de aprendizaje; exhortando a los indiferentes, excitando  a los apáticos, alentando a los que flaquean, para prender en las conciencias dormidas una chispa de sana ambición al pregonarles las excelencias del Saber; y que comprendan los que de tal suerte procedieren, que al esforzarse así por la difusión de la enseñanza y por la educación de sus subordinados, no trabajan sólo por el triunfo de una idea abstracta, satisfactoria para las almas buenas, sino también por el acrecentamiento de sus propios intereses, puesto que a mayores aptitudes y capacidad en sus servidores, mayores rendimientos dará la labor de cada hombre. En una palabra, la Patria espera que todo ciudadano digno de llevar este nombre se convierta en un soldado activo, en un ardiente apóstol de esta Cruzada de emancipación espiritual.

Ahora bien, si el Ministerio tiene honda fe en su generoso proyecto y se apercibe para su amplia realización, es porque considera propicia la época y abonado el terreno para la gran empresa. Cinco lustros de paz fecunda, de orden y de prosperidad crecientes, han ido preparando lenta pero seguramente la evolución nacional, hasta culminar imponente en este momento histórico casi definitivo. Cuatro lustros de esfuerzos incesantes por difundir la instrucción hasta en las regiones más remotas del país, han dado los frutos que hoy estamos recogiendo. Mas, quedan todavía algunos rezagados: los renuentes de todas las sociedades y de todas las épocas que se resisten a la corriente evolutiva. Y el Despacho, consciente de que la cultura es el alma de los Pueblos, y en su aspiración a que cada venezolano sea un ciudadano en la más amplia acepción del vocablo, pondrá en juego los más poderosos recursos para el éxito de la Cruzada emancipadora que proyecta; pero excita a todos los hombres de buena voluntad, a que en su acción individual y cumpliendo un deber de patriotismo y de conciencia, aporten su grano de arena a la construcción de esta obra inmensa de la cultura patria, en la convicción de que ella será el más sublime homenaje patriótico que pueda tributarse en el día de hoy a la inmortal memoria del Libertador y a los manes de todos los héroes que esculpieron a punta de espada las páginas de nuestra Epopeya.

            Dios y Federación.

Samuel E. Niño.

Igual para los demás Inspectores Técnicos de Instrucción Primaria, Secundaria y Normalista.