viernes, 21 de agosto de 2015

LA REPÚBLICA DE VENEZUELA


Una moneda sana y un hombre honrado han transformado a Venezuela. Juan Vicente Gómez, hijo de las montañas, fuerte, sencillo, tenaz. 

Publicado en “El Día Gráfico” de Barcelona (España).

La carta que anteriormente nos ha dirigido don Simón Barceló, notable escritor venezolano cuya labor es bien conocida de cuantos laboramos por el perfecto acuerdo que debe en todo tiempo reinar entre nuestra vieja España y las naciones hispanas del Nuevo Continente, nos obliga a repetir lo que tantas veces hemos afirmado: que es sorprendente, por no decir aflictivo, el desconocimiento o la indiferencia que profesamos hacia esas energías jóvenes, asombro hoy del universo, que debieran ser, en medio de la gran tristeza nacional, fuente de gratas emociones para todo español capaz de enorgullecerse de la lozanía de esas ramas del tronco patrio, mutilado glorioso con retoños que son ya árboles gigantescos, cuya sombra cobija millones de almas que hablan el idioma castellano y llevan en sus venas la sangre gloriosa del conquistador o la más humilde, pero también roja y española, del campesino peninsular que emigró en busca del terruño menos ingrato o de instituciones más democráticas.

Mucha Casa de América; mucha Fiesta de la Raza; mucha pamplina rimbombante en mala prosa y peores versos, y después…nada. Con el burbujeo de la última copa de champaña se evapora la esencia de las ideas cambiadas, y al separarse los manifestantes, la mayoría se olvida hasta de la Argentina, cuya capital es la primera ciudad española del mundo, y con seguridad ignora dónde queda Caracas o La Paz y qué significan para España las relaciones comerciales que lleva con las Repúblicas de Venezuela y Bolivia.

Venezuela situada al norte de la América del Sur, en una situación privilegiada, es casi dos veces más grande que España, y sus tres millones de habitantes ocupan una mínima parte de un suelo que produce los frutos del trópico y la mayoría de los de Europa. Diezmada durante largos años por la guerra civil, y apegada al cultivo del café, el cacao y la caña de azúcar, durante muchos años poco remunerativo. Un Gobierno enérgico y progresista y el elevado precio actual de sus frutos le han creado una prosperidad sin precedentes.

Todo cuanto allí germina se necesita en España, donde el café de primera, el cacao de Caracas, sin rival en el mundo, el azúcar, el caucho, las carnes congeladas, tan buenas como las de la Argentina, tienen ya de antaño, gran aceptación. En Venezuela se consumen con preferencia los productos de la industria española y hasta los billetes de lotería y las estrellas del toreo encuentran allí una acogida entusiasta, digna de mejor causa.

Venezuela, el antiguo feudo de la Compañía Guipuzcoana, la tierra cuyas capitales de provincia se llaman Valencia, Barcelona, Mérida y Trujillo, en recuerdo de la procedencia de sus fundadores, es tal vez la más española de las repúblicas hispanoamericanas. Patronímicos y blasones que acusan parentesco con nuestra nobleza son timbre de orgullo de su aristocracia; de esa cepa surgió Bolívar, cuyo escudo de armas figura con su rueda de molino en la heráldica de Vizcaya y de Caracas; nos vino también Andrés Bello, ese gran castellano que fue considerado en Madrid como el primer hablista de sus días.

Una moneda sana y un hombre honrado han transformado a Venezuela. Juan Vicente Gómez, hijo de las montañas, fuerte, sencillo, tenaz como un buen aragonés, impuso su fórmula de paz y trabajo y con la resolución de un Cortés o un Pizarro acabó con la política de respeto a los caciques rurales y a los cortesanos y señaló el rumbo a las dormidas energías de su pueblo, encaminándolas al cultivo de los campos. La lucha fue ruda, pero la convicción del caudillo del trabajo hizo milagros. Hoy todos creen en él, porque a todos los ha enriquecido. Ya nadie anhela la pitanza del político profesional porque todos los propietarios tienen dinero e independencia.

Ocupémonos seriamente, comercialmente de esas Españas de allende el mar que nos tienden los brazos y viven con una confraternidad que nosotros necesitamos tal vez más que ellas, para que el mundo hispano, que pasa hoy de ciento veinte millones de hombres, pese en los destinos de la humanidad, desangrada y desesperanzada. Es necesario proceder a una evaluación de intereses primero, y de ideales después, ya que hoy en día yace postrado nuestro señor Don Quijote mientras Sancho, el innoble oportunista ve convertirse en Insula Barataria el terreno que pisa su pollino al recorrer el desolado y conocido campo de Montiel…

En las columnas de El Día Gráfico encontrarán siempre hospitalidad los pensadores y estadistas hispanoamericanos que, como Simón Barceló, laboran por el engrandecimiento de la raza y el culto de la tradición.

4 de junio de 1920.


lunes, 25 de mayo de 2015

UN CAUDILLO DEMÓCRATA MANDA A VENEZUELA 1928


El Benemérito General Juan Vicente Gómez, Presidente de la República de Venezuela, recibiendo las manifestaciones de cariño de su pueblo.

El Presidente Gómez, Jefe Benévolo, Factor de Prosperidad y de Paz. Fue por obligación al Poder. Por espacio de veinte años a la cabeza de la Nación. Es fino en su trato y pronto en la acción.

Con ese título y subtítulos y en la edición de "The New York Times" correspondiente al domingo 26 de febrero de 1928, publica su primer artículo sobre Venezuela el señor William Morris Gilbert, brillante periodista norteamericano, quien, como tal, fue hace poco huésped distinguido nuestro, con motivo de la visita del glorioso Coronel Charles A. Lindbergh a nuestro país. 

Nos complace traducir y publicar este hermoso artículo de Gilbert sobre la personalidad del General Gómez. El Redactor del TIMES destaca una vez más, con pluma justiciera, la figura singular del Caudillo de la Paz, como uno de los más extraordinarios  hombres de Estado que ha producido Suramérica. 

(Por: William Morris Gilbert)

Publicado en "The New York Times".

Caracas, Venezuela. La historia de Venezuela durante los últimos veinte años es la historia del General Juan Vicente Gómez, su gobernante durante ese tiempo. Con él empieza la era de prosperidad y de paz, base del actual desarrollo del país. El sello de su fuerza y de su habilidad política se extiende desde el Delta del Orinoco hasta sus Andes nativos. Bajo el régimen suyo, acaso hoy más fuerte que el de ninguna otra nación del Hemisferio Occidental, Venezuela ha llegado a ser comercial y moralmente un poder independiente en el mundo. 

Contando ya 70 años de edad, este hombre previsivo y vigoroso vive como un próspero agricultor en su limpia ciudadela de Maracay, situada quinientas millas al oeste de la capital. Vigila en persona sus fundos, cuida su famoso ganado y, como recreación, lleva a sus huéspedes a su excelente jardín zoológico, orgulloso de poseer el único oso polar en esa línea del trópico. Mañana y tarde, el General Gómez congrega a sus amigos bajo los bellos árboles de su hacienda "Las Delicias", y todo árbol venezolano es sagrado, por edicto de este gran amante de la naturaleza. En "Las Delicias" se respira una atmósfera pastoral amable y sugestiva al espíritu; pero sería engañarse infantilmente si no apreciáramos la fuerza de hierro que es su origen y secreto. 

Pero Venezuela, no fue en todo tiempo una granja modelo. Hasta diciembre de 1908, cuando él advino a la Presidencia, es sabido que setenta y cinco revoluciones habían asolado el país, vale decir, desde que Bolívar, el caraqueño inmortal, lo independizó de España. Venezuela se hallaba en completa bancarrota y en guerra con Holanda. Las flotas de tres países europeos bloquearon sus puertos para el cobro de deudas contractuales durante la Presidencia del General Cipriano Castro. 

UN GUERRERO ACTIVO Y TENAZ 

Así las cosas, Venezuela sufría en tanto la más cabal anemia económica. Cinco años antes había soportado la más sangrienta de sus guerras civiles: encabezada por el General Manuel Antonio Matos, entonces fue cuando Gómez asumió su estatura de Caudillo. Como Jefe de las fuerzas del Gobierno sostuvo la campaña por tres años. El previsivo montañés, que más tarde debía revelar sus méritos de estadista y diplomático en la paz, probó ser un consumado guerrero. Como tal, se supone su mayor cualidad, su pronta rapidez de acción. Una semana avanzaba su escasa tropa contra los rebeldes en Carúpano, en la parte oriental de Venezuela; y a poco los rebeldes lo hallaban, inconcebiblemente rápido, en Coro, en Occidente. Cómo estaba allí tan presto; sólo Gómez lo sabía; y no iba a decirlo. 

Ya en Caracas triunfante, luego de derrotar a Matos, el tenaz hacendado de los Andes fue recibido con extraordinaria aclamación. Castro mismo le ofreció un baile suntuoso; y mientras el sociable Presidente se entregaba a las delicias de un vals, el soldado vencedor se paseaba solitario por el patio, hasta que al fin encontró cerca, en un cuarto vacío, una hamaca: se metió en ella y se quedó dormido. Al General Gómez siempre lo han amoscado un poco las ceremonias. 

El Presidente Castro, según siguen diciendo las crónicas, con su país a un paso de los interventores internacionales, se vio enfermo de suma gravedad. Se declaró que ningún médico en Venezuela podía curarlo; y partió para Berlín seguido de su comitiva.

Hubo entonces un levantamiento popular, súbito, sojuzgado por Gómez, el Vicepresidente, a quien Caracas demandaba asumir la Presidencia. Rehusó. La demanda fue renovada. A su paso, el pueblo daba al traste con las efigies de Castro dondequiera las topaba. Las revueltas y motines hicieron poner a la ciudad bajo la ley marcial por varios días. Así, un complot que se supuso emanado de Castro, atentó contra la vida de Gómez. Hecho esto público, la voluntad del pueblo estuvo de su parte. Gómez asumió el poder.

SUSPENSIÓN DEL BLOQUEO NAVAL

La amenaza extranjera se desvaneció. Las flotas extranjeras no habían de volver sino en misiones de paz. Al punto, el Presidente de Venezuela reanudó las relaciones diplomáticas con los poderes europeos. El nuevo Ejecutivo declaró el propósito de Venezuela de pagar su deuda extranjera; y puso manos a la obra. Su triunfo fue completo. Al presente, Venezuela tiene en las arcas nacionales una suma de oro más que suficiente para cancelar por completo la deuda pública, si así lo quisiera; y las potencias interesadas se complacen en tener en sus libros el nombre de un deudor tan cumplido. El remanente de la deuda ha venido a ser un negocio productivo para los tenedores de Bonos.

Las reformas de Gómez comenzaron al instante. Dio al capital y a las empresas extranjeras la libertad necesaria; abolió los impuestos excesivos; en fin, su divisa nacional fue "Paz y Trabajo", y la hizo efectiva.

A Gómez se le atacó durante largos años. Venezuela no se gobernó nunca con guante de seda; y si al Gobierno de Gómez se tildó de "fuerte", fue porque siguió en el curso de los años el rumbo impreso por un estadista de la talla de Bolívar, quien, a más de ser el más grande de los libertadores de América, fue su mayor vidente. Bolívar declaró que los pueblos libertados por él no estarían preparados para las formas liberales de gobierno democrático, sino después de cien años de su independencia política. Su fallo ha sido vindicado hoy, no sólo en Suramérica, sino en países como Italia, España y otros menos lejanos. Este gobierno ha sido definido por uno de los más brillantes intelectuales y publicistas contemporáneos de Suramérica, el señor don Laureano Vallenilla Lanz, en su interesante libro "Cesarismo Democrático".

Tal principio ha demostrado su eficacia durante veinte años. Venezuela, bajo su actual gobernante, ocupa en el mundo un puesto jamás soñado. El General Gómez ha hecho el balance del libro mayor de la Nación. Ha desenvuelto las industrias, las obras de utilidad pública, la Instrucción Pública; ha construido miles de kilómetros de magníficas carreteras y fomentado en grande escala la res nativa, a fin de que los Llanos sean con el tiempo una de las mejores regiones productoras de carne en todo el mundo.

Circunstancia sin precedentes, ha mantenido la paz por más de veinte años. El país está desarmado y son seguras sus rutas para el viajero. De la mayor significación es el hecho de que Venezuela no tiene hoy presos políticos. Gómez abrió la conocida "La Rotunda" de Caracas, no hace mucho y puso en libertad a todos los detenidos.

El General parece poseer el instinto infalible de hacer en todo tiempo lo que se debe hacer. De esto dan fe todos sus actos. Una de las mejores pruebas de su previsión son las leyes de petróleo. Hace menos de diez años que la gran producción petrolera hizo de Maracaibo un emporio. Venezuela vino a ser de la noche a la mañana uno de los principales centros productores de aceite. Su riqueza se ha duplicado desde entonces. El año pasado su producción superó a la de México y a la de Rusia. El único país cuya producción rebasaba la de Venezuela era los Estados Unidos y posiblemente Persia; y el aumento, quiera que no, declinó.

En suma, los recursos petroleros de Venezuela son enormes. Se necesitaban leyes petroleras y un nuevo campo se abría a la legislación venezolana.

Se dice que esta ley petrolera es la mejor en su género, un modelo para ser adoptado por cualquier país.

El General Gómez, sentado entre sus amigos, en "Las Delicias", es único. Los años lo han dulcificado. Su sonrisa es cariñosa, sus maneras benignas. Difícil es comprender que este hombre apacible, de simple uniforme, de sombrero de panamá y guantes de hilo marrón, es un guerrero y la fuerza dinámica propulsora de su país. Sólo de cuando en cuando el hierro de su temperamento resplandece. Tiene el aire de alguien que ya hizo su obra y se halla satisfecho. Los observadores desprevenidos estarán de su parte. El Caudillo Democrático ha triunfado; y su pueblo es su deudor.

William Morris Gilbert.

(Publicado en el Periódico "El Nuevo Diario", el 25 de marzo de 1928).

BIOGRAFÍA DEL DISTINGUIDO PERIODISTA

William Morris Gilbert, destacado periodista del prestigioso periódico "The New York Times", quien visitó Venezuela en 1928.

El 7 de abril de 1920, William Morris Gilbert Jr. logró salvar de la muerte a 2.000 niños huérfanos armenios.

William Morris Gilbert Jr. nació en Filadelfia, Estados Unidos, en 1894 y creció en Yonkers (New York), donde su padre fue rector de la Iglesia Episcopal de St. Paul. En Union College fue poeta de clase en 1917. Se unió a la Armada cuando Estados Unidos entró en la Primera Guerra Mundial, pero fue comisionado demasiado tarde para ver acción.

En marzo y abril de 1920, el territorio de Cilicia se convirtió en un campo de batalla para los encuentros franco-turcos. A principios de abril de 1920, las tropas turcas entraron en la aldea de Garuniye en la provincia de Adana, donde han estado operando organizaciones de ayuda estadounidenses y alemanas. Los turcos arruinaron e incendiaron todo el pueblo, incluido el orfanato estadounidense que en ese momento albergaba a unos 2.000 huérfanos armenios.

El 7 de abril de 1920, William Morris Gilbert Jr. logró salvar de la muerte a esos 2.000 huérfanos armenios. El 9 de abril de 1920, la revista "News" de Nueva York publicó un artículo titulado "El hombre de Yonkers salva a 2.000 niños cuando los turcos queman el orfanato". El autor del artículo también señaló que los huérfanos probablemente serían trasladados a Chipre ya que Adana estaba muy perturbada.

El acto heroico de William Morris Gilbert Jr. también fue mencionado por el periódico "The New Near East Relief".

Se unió al equipo de escritura de "The New York Times" en 1925. En 1928 cubrió la fase venezolana de la gira latinoamericana del coronel Charles A. Lindbergh después de la hazaña histórica de su vuelo de Nueva York a París, y estuvo en México tras el asesinato del Presidente electo Álvaro Obregón.

Mientras tanto, Gilbert había estado escribiendo ficción y había ahorrado lo suficiente para mudarse a París en 1929, poco antes de la caída de la bolsa.

Pudo ponerse al día como corresponsal asistente de "The Philadelphia Public Ledger" y "New York Evening Post", y de 1933 a 1937 como corresponsal en París de un sindicato Scripps-HowardNewspaper Enter Prize Association.

Al regresar a Nueva York en 1937, se convirtió en un hombre de escritura en "The World Telegram" y en jefe de su unidad "Newspaper Guild".

En la Segunda Guerra Mundial sirvió en la Oficina de Información de Guerra en Washington, Londres, Nápoles e, inevitablemente, París.

En 1946, el Sr. Gilbert se reincorporó a "The New York Times" en el departamento dominical, contribuyendo con reseñas de libros y temas de páginas editoriales, además de agregar su propio toque a artículos de viajes.

William Morris Gilbert, murió el día 13 de julio de 1971 en el Hospital St. Vincent, Bridgeport, Connecticut, después de una larga enfermedad. Tenía 77 años y vivía en 181 East 93d Street.


lunes, 4 de mayo de 2015

PROHIBICIÓN DEL PORTE DE ARMAS


Barcelona, 5 de junio de 1920. 

En estos momentos se aplaude patrióticamente la enérgica circular en que el Gobierno del Estado excita a sus autoridades subalternas al estricto cumplimiento de la ley prohibitiva del porte de armas, dictada bajo la inspiración patriótica del ilustre Jefe de la Causa de Diciembre, Benemérito General Juan Vicente Gómez.

El Gobierno de Anzoátegui ordena que se apliquen con todo vigor las penas a los infractores de la ley y que se proceda, sin complacencias ni contemporizaciones, a la recolección de armas, instrumentos de muerte, que han venido desde atrás causando luto y dolor a la familia venezolana, a fin de llevar al más alto grado de efectividad el propósito del bien social y de salud pública que persigue el egregio Caudillo Rehabilitador.

EL ENSANCHE DE CARACAS


Ya se ha dado comienzo a los trabajos preliminares para la urbanización de Caracas, en la parte Este de la ciudad, conforme al plan que se ha trazado la Compañía Anónima de Urbanización.

Dicha Compañía, cuenta ya con más de 500.000 metros cuadrados de terreno, gracias a la compra que hizo de las haciendas “La Guía” y “La Industria”, y esos terrenos son planos, ventaja inapreciable para los propósitos que, llena de entusiasmo, entra a realizar la Compañía.

Los planos están ya al terminarse para la construcción de tres avenidas que serán la prolongación de las calles Este 2, Este 4 y Este 6. De esas Avenidas, la central tendrá 20 metros de ancho y la hermosearán en una de dos kilómetros de su extensión, hermosísimos caobos.

Las manzanas, en esa parte de la ciudad serán rectangulares y las avenidas terminarán en un parque circular.

Ya están hechos todos los preparativos para que sea un hecho en breve la primera avenida que prolongará la calle Este 2.

Como se ve, la Compañía Anónima de Urbanización del Este, a su feliz iniciativa hace suceder acto continuo los trabajos para su realización, testificando una vez más esta era por la que atraviesa Venezuela en hora feliz, gracias a la Paz que asegura el General Gómez, los hechos responden a las palabras inmediatamente.

El Gobierno Nacional, el primero en dar su apoyo a toda noble empresa, desde el primer momento ha prestado su valioso concurso a la Compañía de Urbanización del Este.

Cordialmente nos congratulamos con la Compañía y en especial con la ciudad de Caracas, que es quien directamente va a beneficiarse de las iniciativas de esa Compañía.

Publicado en el Periódico “El Nuevo Diario”, el 8 de junio de 1920.

domingo, 26 de abril de 2015

RECONOCIMIENTO DE ESPAÑA AL PRESIDENTE GÓMEZ



“Un Homenaje de Justicia. Al Benemérito General Juan Vicente Gómez. Momentos difíciles de Venezuela. Actuación salvadora del General Juan Vicente Gómez. Su labor magnífica desde la Presidencia de la República. El Sr. Gómez, General del Ejército Venezolano. Sus simpatías hacia España. Esperanzas que despierta”.

De la importante revista española, "Non Plus Ultra", que se edita en Madrid, reproducimos el siguiente brillante artículo que dedica al Benemérito General Juan Vicente Gómez, en homenaje de justicia. El retrato del Caudillo de la Paz y del Trabajo, honra la portada del número de la revista donde aparece el referido artículo:

"Difícil cual ninguno es el arte de conducir a los pueblos hacia su mayor perfeccionamiento y progreso. Organizados sobre la base de la convivencia social, han adoptado la forma conocida con el nombre de Estado, en cuya alta y suprema entidad tiene lugar hoy la realización de los más importantes fines del hombre.

Dirigir con acierto el Estado es, pues, una de las tareas humanas que requieren más elevadas dotes de talento y capacidad, de energía y altruismo, de dignidad y rectitud. Y si esto es así en circunstancias normales ¿qué no ocurrirá cuando una nación atraviesa por momentos gravísimos y trascendentales de su existencia? ¿Qué cualidades no habrá de poseer entonces el hombre excepcional que haya de ponerse al frente de los destinos del país?

Llegan, en efecto, para los pueblos momentos de su existencia, en los que el malestar se respira por todos los ciudadanos; en que lo intolerable de la situación hace aumentar la inquietud y el anhelo de salir de semejante estado de cosas. Y, cosa curiosa, siempre que tal acontece, el país cifra su salvación en el hecho de que aparezca un hombre superior que asuma la ímproba tarea de encauzar la vida de la nación, orientándola hacia derroteros más convenientes y ventajosos que los hasta entonces seguidos. Cuando a un pueblo le agobian situaciones semejantes, todos los ojos se vuelven miradas investigadoras para avizorar anhelantes en el horizonte la presencia del ciudadano sobresaliente que salve a la patria y con la patria a todos sus elementos componentes. Tal era, cabalmente, la situación de Venezuela hace no muchos años. Recuérdelo el amigo lector y verá cómo los detalles que su memoria haga revivir, le demuestran la exactitud de nuestras consideraciones al aplicarlas a aquel país hispanoamericano.

La nación venezolana necesitaba entonces ese hombre salvador a quien hemos aludido. Las difíciles circunstancias que sobre el país pesaban hacían imprescindible de todo punto que una persona de alientos y entereza, de valor y ánimo, se encargara de acometer la colosal tarea de modificar en sentido provechoso aquella situación. Y por fortuna para el porvenir de Venezuela, ese hombre extraordinario surgió esplendoroso en la personalidad insigne del señor D. Juan Vicente Gómez; apareció con todas las condiciones y cualidades indispensables para salir airoso de su empeño.

Véase, pues, el motivo que nos determina a insertar en la página de honor de nuestra revista el nombre esclarecido del señor D. Juan Vicente Gómez. Figura la más sobresaliente de su tiempo en la nación venezolana, ha realizado una obra incomparable en pro de aquel pueblo hermano; y como conocido es nuestro interés por todos los problemas y asuntos que afectan a la América española, nos hemos creído en el caso de publicar en la portada la efigie de tan preclaro patricio, consignado también algo de lo mucho admirable que ha efectuado en beneficio de su patria.

Poco menos que irremediables parecían los males que aquejaban a Venezuela en la época a que nos referimos. Y ciertamente, sin la actuación de una cabeza como la del señor D. Juan Vicente Gómez las cosas hubieran marchado de mal en peor hasta terminar indefectiblemente en la ruina y el desastre más desoladores.

Pero es admirable la manera cómo en esos momentos difíciles acuden los pueblos jóvenes y vigorosos al remedio de sus males. Parece que en tan apuradas horas concentran todas sus aptitudes y energías, todo su instinto y espíritu en un hombre extraordinario. Y si este ciudadano es superior, consciente de la misión providencial que está llamado a cumplir, no vacila en acometer la obra y logra que el país mejore como por ensalmo. 

El señor Gómez se dio cuenta indudablemente de que su puesto estaba en la más alta magistratura de la República. Comprendió que Venezuela necesitaba de sus servicios, y hombre de conciencia y patriotismo, de cariño fervoroso a su país, echó sobre sí la enorme responsabilidad que suponía encargarse de la Presidencia, en aquellas circunstancias.

No pocas fueron las dificultades, no pequeños los obstáculos que en su camino se le presentaban; pero no en balde se trata de un hombre que jamás se ha amilanado, por muchos inconvenientes que se le hayan opuesto. A todos esos obstáculos y dificultades hizo frente, y perseverando en el cumplimiento de su deber, ha terminado por prestar a Venezuela el servicio más grande que un pueblo puede recibir.

Causa Rehabilitadora se ha llamado a la patrocinada por el señor Gómez, y a fe que tan sonora y significativa denominación está perfectamente aplicada. Nuestro ilustre presentado ha rehabilitado en Venezuela todos los principios y normas que demandaban tamaña labor.

Atendió en primer término a mantener vigoroso el imperio de la ley. Su alto sentido político le hizo ver que no puede subsistir un pueblo civilizado sin reglas que marquen la conducta a seguir por los ciudadanos; sin normas que señalen y limiten la esfera de acción de cada uno. Esta es la base de la verdadera democracia y libertad, del orden que permite desarrollar una vida progresiva y próspera. Y hombre de ideas democráticas, el señor Gómez, puso en juego toda su capacidad y pericia para conseguir lo que muy pronto fue una realidad: el respeto de todos los ciudadanos a las leyes establecidas y la permanencia de una situación ordenada y armónica.

Logrado este aspecto, que pudiéramos considerar como básico o esencial de la vida de los pueblos civilizados, el señor Gómez atendió inmediatamente a la otra labor que también es incumbencia de los gobernantes verdaderamente dignos de este nombre. Procuró por todos los medios el fomento y propulsión de la riqueza nacional, a fin de que Venezuela ocupara en el rango de las naciones el puesto que por su potencialidad económica le corresponde.

Memorables son a este respecto los esfuerzos realizados por el señor Gómez en pro del desarrollo y mejoramiento de la agricultura. Entendimiento penetrante y dotado de una ilustración profunda, ve en el cultivo del suelo la fuente primordial de la riqueza de los pueblos y con excelente criterio y acertadísimas medidas promovió el desenvolvimiento agrícola del país.

No menor ha sido su obra provechosa en el impulso de las demás fuentes de riqueza. El comercio y la industria y cuanto supone vida y bienestar, fueron objeto de la labor fecunda de este eximio Gobernante, que en muy pocos años logró para su patria lo que la inmensa mayoría juzgaba imposible. O sea el resurgimiento franco de la nación y la reanudación de la marcha del país hacia el futuro esplendoroso que incuestionablemente está reservado a Venezuela.

Otros muchos datos podríamos aportar sobre lo que acabamos de exponer: pero no es necesario. Cuantos los hayan leído los creerán seguramente bastantes para quedar convencidos de que don Juan Vicente Gómez es la personalidad cumbre de la Venezuela contemporánea y de que su obra incomparable le da derecho a merecer la gratitud y el bien de la patria.

Lo que expresado queda en las líneas precedentes es lo más saliente y meritorio de la vida del señor Gómez; es lo que le ha elevado hasta las cimas del máximo prestigio y nombradía que para siempre ha conquistado. Pero no es, ni mucho menos, lo único que en provecho de Venezuela tiene llevado a efecto. Su existencia benemérita ofrece otros muchos rasgos sobresalientes y servicios inapreciables, pues desde su juventud ha consagrado cuanto tiene y es a cooperar en engrandecimiento de la patria.

En la vida pública llevada actuando ya un buen número de años cuando ocupó la Presidencia de la República en las circunstancias referidas. Había ocupado ya diferentes y altos cargos, en todos los cuales reveló siempre lo que más adelante, cuando asumió la Primera Magistratura de la Nación, quedó plenamente evidenciado: que es uno de los más excelentes y valiosos gobernantes de cuantos han dirigido, los destinos de Venezuela desde que este país sudamericano alcanzó la Independencia.

También nos tocan consignar que el señor don Juan Vicente Gómez es un bizarro e insigne militar, que en el ejército venezolano descuella de manera sobresaliente por sus raras dotes de capacidad y sus singulares conocimientos estratégicos. Después de realizar una carrera magnífica llegó a la graduación de general, que es la que hoy ostenta con toda competencia y dignidad debidas.

Dado nuestro carácter de españoles y supuesta también la significación de nuestra revista, es obligado que dediquemos algunas líneas a presentar un aspecto sumamente placentero e interesante de la personalidad del General don Juan Vicente Gómez. Es su simpatía y afecto hacía España y los españoles. Es el culto que rinde a sus ascendientes de neto y puro abolengo hispánico. Mil maneras tiene de manifestar el señor Gómez esa su inclinación cariñosa hacia la Madre Común de toda la raza española; hacia la cuna de sus abuelos y antepasados.

El estrechamiento de relaciones y aproximación de ambos pueblos de Venezuela y España ha sido, en efecto, el criterio seguido por tan gran gobernante en su política exterior. Ha procurado igualmente expresar por todos los medios el aprecio en que tiene las cosas de España; y los españoles residentes en Venezuela han notado clarísimamente las ventajas derivadas para su situación durante la etapa presidencial del hombre sobresaliente, que además de venezolano ilustre, es un prestigio de la raza.

Por ello constituyó un verdadero acierto y fue una obra de justicia la distinción de que le hizo objeto el Gobierno español, queriendo éste expresar al General don Juan Vicente Gómez el agradecimiento de España, le concedió la Gran Cruz de la Orden de Isabel La Católica, que él se honra ostentándola en su noble pecho como signo de los excelentes sentimientos que su corazón abriga para con la nación hispana.

No es necesario decir, pues, que en España causó el más grato efecto y la mayor complacencia, cuando se supo que el esclarecido ciudadano e insigne General don Juan Vicente Gómez había ocupado la Presidencia de la República de aquel país hermano. Y a medida que, ha ido transcurriendo el tiempo, esa satisfacción ha ido acrecentándose, por apreciarse palpablemente los beneficios que su gestión presidencial reportaba a Venezuela, y por tanto, a los españoles radicados en su suelo hospitalario.

El señor don Juan Vicente Gómez tiene, como se ve, plenamente ganado el derecho al descanso; a reposar sobre los laureles conquistados en su benemérita y ejemplar existencia. Pero hombres de su talla y capacidad no surgen desgraciadamente todos los días en la vida de los pueblos. Es muy difícil, por no decir imposible, el sustituirle; y por tan poderoso motivo no le queda otro remedio que continuar sacrificándose por el bien y la grandeza de Venezuela.

Este pueblo hispanoamericano sigue cifrando en él sus mejores esperanzas, pues confía justificadamente en su persona. Por cierto, que al continuar el Excelentísimo señor don Juan Vicente Gómez encargado de regir los destinos de la República, transmitirá a la nación nuevos impulsos que todavía la eleven a mayor altura de prosperidad y progreso que la que actualmente ocupa".

(Publicado en el periódico “El Nuevo Diario”, el 10 de mayo de 1920).

GUERRA AL PORTE DE ARMAS


Cumaná. Con firme actividad se cumple en el Estado la ley sobre porte de armas. El Presidente de Sucre, general Silverio González, al hacerla cumplir, coopera lealmente a la obra de higiene moral implantada en la República por el tesonero esfuerzo del Benemérito Jefe del País, General Juan Vicente Gómez; y hoy, gracias a esa labor moralizadora, puede transitarse despreocupadamente por los más apartados caminos del Estado, pues ya se han desaparecido los tradicionales perdonavidas que, revólver al cinto, resolvían con infalibilidad de guapos todos los problemas; y ya no se ve tampoco por los lugares apartados la inquietante aparición de un hombre armado de machete. Esto, unido al éxodo de los vagos y mal entretenidos, abre amplías garantías a los hombres de trabajo que hacen diaria y honrada labor en los campos, de donde desaparecen el escándalo y la riña. El porcentaje de sucesos sangrientos viene disminuyendo de modo rápido como se comprueba en la estadística.


Publicado en el periódico “El Nuevo Diario”, el 4 de abril de 1920.

lunes, 20 de abril de 2015

EL CULTIVO DE LA TIERRA

HERMOSA Y PRÁCTICA INICIATIVA EN LA EMINENTE OBRA DE BIEN NACIONAL QUE REALIZA EL ILUSTRE CAUDILLO DE LA PAZ Y EL TRABAJO. EL CULTIVO DE LA TIERRA PARA EL ABARATAMIENTO DE LOS ARTĺCULOS DE PRIMERA NECESIDAD.


De Maracay a Coro, el 21 de enero de 1927. –Las 10 hs. a.m.

Señor General Argenis Asuaje.

Hoy hace precisamente un año que dirigí a usted y a los Presidentes de los Estados Lara, Trujillo, Mérida y Táchira el siguiente telegrama: 

“He tenido informes de que en el Estado Zulia los artículos de primera necesidad para la vida, como lo son la carne, aves, huevos, maíz, plátanos, etc., etc., han subido a precio fabuloso debido a la prosperidad y aumento de habitantes de aquella región. Esto me ha sugerido la idea de dirigirme a usted para hacerle ver la necesidad que hay de intensificar en ese Estado el cultivo de la tierra, lo que considero una labor fácil si usted con los medios de que dispone, procura llevar al ánimo de los agricultores la convicción de que muy cerca tienen ese mercado para ofrecer sus productos ya sea por la vía marítima o la carretera, pues las respectivas empresas pondrían de su parte la ayuda complementaria para abaratar el transporte.

La época es de un verdadero renacimiento y todos debemos contribuir al bien de la Patria, con nuestro esfuerzo y la mejor buena voluntad.

Pues bien, lo que ayer dije con relación con el Estado Zulia, en especial el mercado de Maracaibo, hoy tiene aplicación a muchas otras ciudades y lugares de la República, porque la población ha aumentado y las industrias y el trabajo se extienden por todo el territorio nacional.

Desde este centro en que vivo dedicado a los altos intereses públicos, yo me doy cuenta muy exacta de esas necesidades, y de ahí que, confiado en el patriotismo y la idoneidad de usted, vuelva a encarecerle la mayor atención a mis indicaciones, pues en ellas se verá sin duda secundado por todos los elementos laboriosos y sanos de esa importante región. Así disfrutaremos de la paz, haremos obra fructífera e imperecedera y legaremos a nuestros descendientes noble ejemplo que imitar y un bienestar positivo, porque en las entrañas de la tierra están la vida y el porvenir de Venezuela.

Su amigo,

Juan Vicente Gómez

Nota: Igual para los demás Presidentes de Estado, Gobernador del Distrito Federal y Gobernadores de Territorios, a sus respectivos nombres. Sus Capitales.