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jueves, 10 de marzo de 2022

DISCURSO DEL DR. PEDRO MANUEL ARCAYA 1925


El Dr. Pedro Manuel Arcaya, Ministro de Relaciones Interiores, en el momento de pronunciar sus palabras de agradecimiento a los obreros de Caracas y al pueblo venezolano por el masivo acto de apoyo y cariño demostrado al Presidente de la República, Benemérito General Juan Vicente Gómez. Año 1925.  

DISCURSO

Señores:

El Benemérito General Gómez, Presidente de la República, nos ha honrado, al General Rafael María Velasco y a mí, designándonos para que lo representemos en este acto.

Así, pues, en su nombre, os expresamos que él acoge con entusiasmo la manifestación de adhesión a su persona y a la causa de la civilización por él representada, que hacéis en este día, bien llamado de la Paz, porque es el aniversario de aquel en que el General Gómez, hace 22 años, selló el proceso de nuestras guerras civiles librando la batalla de Ciudad Bolívar, última, hasta ahora, de las de importancia que registran nuestros anales, y que sin duda quedará siendo para siempre la postrera.

Alienta el patriotismo observar cómo el elemento obrero, los braceros, los jornaleros, los que viven del trabajo de sus manos, se han dado cuenta ya del funesto error en que antes incurrieron al prestarse a ser los soldados de revoluciones que no les interesaban, porque ellas no se proponían sino meros cambios en el personal de los Gobiernos, sin que jamás prometiese siquiera sus conductores ni mucho menos en modo alguno cuando triunfaban, la obra verdaderamente trascendental para el pueblo venezolano en que han debido empeñarse nuestros políticos, y no en pelear por exóticas teorías para encubrir ambiciones personales, a saber: el mejoramiento de las condiciones de vida de los obreros y jornaleros que constituyen, aquí como en todas partes, la mayoría, de modo se les presten plenas garantías, se fomente el progreso del país a fin de que logren ganar elevados salarios y así puedan practicar la virtud del ahorro, se les concedan facilidades para adquirir tierras y hacerse propietarios, o para iniciar cualquier pequeña industria y hacerse empresarios y se les estimule a que levanten con honra y dignidad sus hijos.

Mas, esta obra ha venido a realizarla, y la está realizando a cabalidad el Benemérito General Juan Vicente Gómez y en verdad que ella le ganará ante la posteridad el galardón más preciado entre los que ésta le adjudicará por los grandes bienes que le ha hecho a Venezuela.

Comparemos, si no el espectáculo de esta manifestación con el que en otras épocas presentaban los jornaleros de Venezuela. Ahora, obreros que me escucháis, os halláis contentos, tranquilos en el seno de la paz, asegurado vuestro bienestar con los altos jornales que percibís. Antes muchos de vosotros, o de vuestros compañeros de aquí mismo o del interior, andábais a cada momento huyendo de los reclutadores que querían forzaros al servicio de las armas para defender a efímeros gobiernos, atacados por bandas que se titulaban huestes revolucionarias; o bien estábais o estaban vuestros camaradas, incorporados a esas mismas bandas, y eran entonces las interminables correrías por los montes, hambrientos, semi-desnudos, comiendo escasamente de la propiedad ajena, muriendo a millares en oscuros campos de oscuras batallas, mientras que vuestros hijos sufrían indecibles penalidades en vuestros hogares abandonados.

Tristísimas escenas esas, que no se repetirán en Venezuela, porque el General Gómez cerró para siempre en la República el periodo de las guerras civiles, esto es el de la barbarie, y abrió la era definitiva del progreso.

Obreros: ya esas épocas funestas no volverán; pero nuevos problemas traerá consigo el progreso mismo que está haciendo irrupción en Venezuela. La creación de nuevas industrias entre ellas muy particularmente la del petróleo, suscitará cuestiones delicadas en las relaciones del capital y el trabajo. Ráfagas de tempestad soplan por el mundo. Hombres disociadores se han empeñado, en países extranjeros, en emplear la gran fuerza de las masas obreras para destruir la civilización actual, halagando a los trabajadores con el espejismo de otra civilización nueva que proclaman como más equitativa, pero donde han intentado poner en práctica sus doctrinas, sólo ruinas y desastres han causado, tenedlo presente, para que nunca os dejéis seducir por tales prédicas. Guardad como precioso tesoro vuestro buen sentido de las realidades, y apoyadas, como siempre, lo estarán vuestras aspiraciones por el Benemérito General Gómez, mientras ellas se encierren en fórmulas de justicia, vosotros seguiréis prosperando y haciendo más sólido vuestro actual bienestar.

Bien sabéis cuántas medidas benefactoras para el trabajo se han dictado ya, merced al influjo del Benemérito General Gómez, culminando en la abolición, mediante la última reforma constitucional, del odioso impuesto del trabajo personal.

Obreros de Venezuela: Tenéis razón en querer y sostener con firme decisión al hombre providente y previsivo que gobierna la República.

PEDRO MANUEL ARCAYA.

(Publicado en el Periódico "El Nuevo Diario", el 22 de julio de 1925).


lunes, 2 de agosto de 2021

LOS INMIGRANTES SON BIENVENIDOS EN VENEZUELA 1920

 

El Gobierno Nacional del Benemérito General Juan Vicente Gómez autorizó un Crédito Adicional de setenta y seis mil bolívares para la adquisición, por compra, de la Quinta Guanape y terrenos adyacentes, sita en jurisdicción del Departamento Vargas del Distrito Federal, y destinada al alojamiento de inmigrantes.

La referida cantidad se pondrá a disposición del Procurador General de la Nación, para que proceda a efectuar la compra de que se trata. La noticia que antecede es de mayor importancia y nos apresuramos a hacerla del dominio público, pues ello testifica la firme voluntad con que el Ejecutivo Federal atiende a realizar el benéfico plan de atraer a Venezuela honrada inmigración y que colabore para el desarrollo de nuestra riqueza, y a la vez su deseo de que esa inmigración reciba oportunos cuidados al desembarcar en nuestra patria.

(Publicado en el periódico "El Nuevo Diario", el 16 de junio de 1920).


domingo, 30 de mayo de 2021

PAZ Y TRABAJO, JUSTICIERAS APRECIACIONES SOBRE VENEZUELA

 

El destacado escritor Arturo Grant Pardo, quien escribió un excelente artículo sobre Venezuela y su progreso durante la presidencia del Benemérito General Juan Vicente Gómez.

Difícil tarea, casi siempre, la de convencer al hombre de que las bases fundamentales de toda felicidad son la paz y el trabajo. El padre de familia que consigue infiltrar en sus hijos tales principios de norma para las actuaciones en la vida, ha triunfado. Reposadamente bajará a la tumba en la seguridad absoluta de que ha cumplido su deber, y no habrá miedo de que al ser llamado a rendir cuentas ante su Creador, levante su frente para decir: "Que falle mi hoja de servicios".

Consideraciones de esa índole, y cien otras más, son las que me llevan a escribir este artículo. Agradable impresión me ha causado leer un número de "El Nuevo Diario", periódico que se publica en Caracas, la histórica y bellísima capital de Venezuela ¿Qué se propone ese vocero de la opinión en esa República al pretender que el pueblo, todas las mañanas de su existencia, contemple la frase magnífica de Paz y Trabajo? ¿Acaso se pretende con protervia sistemática que las multitudes sólo se ocupen de trabajar y dormir? ¿O que todo venezolano se esté quieto en sus creencias y opiniones y que sea simplemente la Oréade de enrarecido oquedal? Veamos.

¡Paz! ¡Paz! Santa palabra de vida. Primero que todo, necesitamos la paz del espíritu, la paz de la conciencia; que estemos en paz con nosotros mismos para que se extinga totalmente el posible efecto de aquella famosa expresión: "La humanidad conspira constantemente contra sus propios intereses"; para que reposado el ánimo, cese el prejuicio, reine la calma, predomine la ecuanimidad y nuestros juicios sean rectos de toda rectitud. Sobre esta base, serenos e impávidos, imperturbables y sosegados, las tempestades serán un mito. El hombre que se irgue plácido en lo más recio del combate es el que triunfa.

Venezuela, por tener paz, ha reconquistado su fama legendaria. Su fama de culta. La Venezuela brava ha dado paso a la Venezuela virtuosa y laboriosa.

E irrimisiblemente aparece el trabajo, como protestación de independencia económica, que es la que hace a los pueblos fuertes y respetables. La secuela de la paz es el trabajo. Cesa éste y aquella se resiente en lo más profundo de su base. Haya paz y trabajo y habrá hogares felices; que sin éstos la patria es cero.

Paz y trabajo para que el obrero gane con toda dignidad el pan cotidiano y lo goce a cabalidad; para que el agricultor tenga ansias de seguir labrando sus campos porque seguramente ha de cosechar el fruto de sus afanes, que son el nervio acerado de la patria; para que el profesional y el hombre de ciencias se sientan ufanos de sus oportunidades y de su prestigio ante el mundo; para que el soldado entienda que su misión es una de protección y vigilancia en aras del bienestar de la nación. Paz y trabajo, en una palabra, para que el hogar sea una realidad resplandeciente, en forma así, que el extranjero sienta respeto hacia un país que se constituye en vida de orden y cultura.

Hasta hace pocos años había la idea de que Venezuela sólo sabía empeñarse en luchas intestinas; más, para orgullo de sus hijos de dentro y de fuera, su Jefe de Estado ha conseguido desparpajar las nubes negras preñadas de augurios fatales y ha hecho fulgurar un sol pletórico de bendiciones del que gozarán sus habitantes aún mucho después de cuando ya no haya sino porciones finísimas del gran soldado.

Esa y no otra, es la obra que contemplamos desde lejos los que por muchos años sufrimos resignadamente la desconsideración con que ha sido tratada la tierra bendita que ha dado al mundo los dioses olímpicos de América: Bolívar y Sucre.

Tiempo fue en que Venezuela perfumó al continente con la esencia de sus leyendarias sublimidades; y dura aún, en la hiperestesia azul de los recuerdos el perfume de los sublimes gestos libertarios del Genio de la Raza. El mundo americano surgió a la palestra bello, históricamente encantador, lozano y verde como los valles que besan los Andes, blancos como sus cumbres, colosalmente blancas. Habrá paz en sus alturas y en sus inmensos llanos triunfará el trabajo, base de las idealidades quintaesenciadas de los que todo lo sacrificaron por su América.

En la hora de ahora, en muy significativos momentos de aquilatación mundial, en que ya no se mide a un pueblo por lo que fue, sino por lo que es, por lo que aporta al progreso de las poderosas industrias y a las intrincadas combinaciones de comercio en general; ahora, Venezuela, la creadora que fue de las grandiosidades espirituales que hicieron de la América Colombina un continente libre, se presenta como fiel guardadora de las reliquias utilitarias de la época. Así como entonces asombró al mundo con sus aparentes utopías de liberación, también lo asombra hoy consiguiendo que bajo los auspicios de la Paz y el Trabajo, sus ingresos asciendan de 40 millones de bolívares en 1909 a 87 millones en 1923; que su deuda que en 1909 era de 250 millones se reduzca a 90 millones; que haya en Caja un sobrante de 80 millones de bolívares; que el interés de los créditos bancarios, del 15% anual baje al 8%; que posea 5.000 kilómetros de modernas carreteras por las que corren veloces más de 30.000 automóviles; que se gasten millones en higiene pública; que se produzca en cuatro años alrededor de un millón de toneladas de petróleo; y por último, pasmémonos todos, que de 35.000 niños que asistían a las escuelas públicas en 1912, asistan hoy 200.000.

Y nos preguntamos atónitos en la contemplación de tantas realidades, ¿qué hombres son estos que en el orden de las finanzas y de la organización obtienen éxitos de tanta resonancia que asombran al mundo?

Los que, no hace muchos años, oíamos de continuo la labor de descrédito que por todos lados y en todas partes se hacía contra Venezuela; los que, santamente indignados teníamos que soportar la soez propaganda que nos lanzaban al rostro quienes eran incapaces de producir nada bueno, lanzamos al aire estridente carcajada que reverbera de colina en colina y de montaña en montaña hasta llegar a las alturas Andinas, en el inmenso regocijo de poder presentar a todos los hombres de buena fe la elocuencia abrumadora de los hechos que presentan a un país como ejemplo de virtudes ciudadanas, triunfante en sus artes y en sus industrias, atenta al bienestar de cada hogar y cada familia, produciendo para el mundo un país rico, ordenado y fuerte.

ECONOMÍA, HONRADEZ, CONSAGRACIÓN. Es el estandarte albo de esa gran República, refulgentes aparecen esos tres símbolos de dignidad nacional. Es el único camino de redención. Así se cumplirá cabalmente el más precioso de todos los lemas: PAZ Y TRABAJO.

Salve a Venezuela, orgullo de América y de la raza,

Arturo Grant Pardo.

San Pedro de Macorís, República Dominicana.

(Publicado en el Periódico "El Nuevo Diario", el 13 de agosto de 1925).


SEMBLANZA DEL ESCRITOR ARTURO GRANT PARDO

Una de las más destacadas figuras que en la educación ha producido la población de Lajas, Puerto Rico, fue Arturo Grant Pardo. Este educador nació en esta población, el día 26 de noviembre del año 1886. Fueron sus padres Federico Grant y Agustina Pardo.

Grant Pardo se inició en el magisterio como profesor rural graduado. Fue Principal de escuelas en su pueblo natal entre los años 1902 y 1909.

Unos años más tarde, en 1914, obtuvo el grado de Bachiller en Artes, Psicología y Educación en el Pennsylvania State College. En el año 1918 contrajo matrimonio con Julia Chacón, de cuyo matrimonio nacieron cuatro hijos: Rafael Luis, Pedro Arturo, José Antonio y María Francisca.

Fue profesor, además, en los pueblos de Cataño, Bayamón, Aguadilla, poblado de Florida y en la Academia de San Agustín en Río Piedras.

Obtenido el Diploma de Técnico Agropecuario del Instituto Politécnico de Sevilla en España, organizó y fue primer director de Cooperativas de Crédito Agrícola en el Distrito de Aguadilla, en el año 1919.

Emigró a la República Dominicana en 1923, donde fundó la Academia Antillana de San Pedro de Macorís, fundando más tarde, entre los años 1926 a 1929, el Instituto Politécnico de Santo Domingo. Ocupó además la posición de Director de la Escuela Nacional de Agricultura de la República Dominicana, en 1930. Más tarde, Director de Enseñanza Vocacional de Agricultura en aquella República. Dirigió también los Jardines de la Escuela Normal Superior de Santo Domingo. Fue Vicepresidente de "Acción Católica Dominicana".

De regreso en Puerto Rico, ocupó la plaza de Director de Discusiones Públicas de la División Educativa de la P. R. E. R. A., entre el 1934-1935. Fue miembro de la Facultad de Workers Education en la Universidad de Puerto Rico. Se distinguió como gran conferencista en temas relacionados con la educación y la agricultura.

De acuerdo a la publicación editada y dirigida por el señor Conrado Asenjo, como Diccionario Biográfico de Record Personal, llamada "Quién es Quién en Puerto Rico," (1936-1937) el nombre de Arturo Grant Pardo apareció junto al de otras personalidades de gran distinción y categoría nacional, tales como Robert H. Gore, ex gobernador de Puerto Rico, figura de gran prominencia en los Estados Unidos; el Doctor Ernest Gruening, Publicista y Director de la División de Territorios y Posesiones Insulares, del Departamento de lo Interior de los Estados Unidos; Doctor Agustín Osvaldo Goyco, Médico Cirujano ponceño, de gran relieve en la profesión; Richard W. Gray, Meteorologista, Director del Negociado del Tiempo en San Juan, Puerto Rico, y otros.

Al momento de su muerte en Santurce, Puerto Rico, el día 10 de marzo de 1941, desempeñaba el cargo de Director de la Revista de Agricultura, publicada por el Departamento de Agricultura de Puerto Rico, posición a la que había sido asignado en el año 1936.

Grant Pardo fue persona de gran talento, por lo que recibió el aprecio a su labor en todos los lugares en que fueron requeridos sus servicios.

Sus restos descansan en su pueblo natal.


lunes, 25 de mayo de 2015

UN CAUDILLO DEMÓCRATA MANDA A VENEZUELA 1928


El Benemérito General Juan Vicente Gómez, Presidente de la República de Venezuela, recibiendo las manifestaciones de cariño de su pueblo.

El Presidente Gómez, Jefe Benévolo, Factor de Prosperidad y de Paz. Fue por obligación al Poder. Por espacio de veinte años a la cabeza de la Nación. Es fino en su trato y pronto en la acción.

Con ese título y subtítulos y en la edición de "The New York Times" correspondiente al domingo 26 de febrero de 1928, publica su primer artículo sobre Venezuela el señor William Morris Gilbert, brillante periodista norteamericano, quien, como tal, fue hace poco huésped distinguido nuestro, con motivo de la visita del glorioso Coronel Charles A. Lindbergh a nuestro país. 

Nos complace traducir y publicar este hermoso artículo de Gilbert sobre la personalidad del General Gómez. El Redactor del TIMES destaca una vez más, con pluma justiciera, la figura singular del Caudillo de la Paz, como uno de los más extraordinarios  hombres de Estado que ha producido Suramérica. 

(Por: William Morris Gilbert)

Publicado en "The New York Times".

Caracas, Venezuela. La historia de Venezuela durante los últimos veinte años es la historia del General Juan Vicente Gómez, su gobernante durante ese tiempo. Con él empieza la era de prosperidad y de paz, base del actual desarrollo del país. El sello de su fuerza y de su habilidad política se extiende desde el Delta del Orinoco hasta sus Andes nativos. Bajo el régimen suyo, acaso hoy más fuerte que el de ninguna otra nación del Hemisferio Occidental, Venezuela ha llegado a ser comercial y moralmente un poder independiente en el mundo. 

Contando ya 70 años de edad, este hombre previsivo y vigoroso vive como un próspero agricultor en su limpia ciudadela de Maracay, situada quinientas millas al oeste de la capital. Vigila en persona sus fundos, cuida su famoso ganado y, como recreación, lleva a sus huéspedes a su excelente jardín zoológico, orgulloso de poseer el único oso polar en esa línea del trópico. Mañana y tarde, el General Gómez congrega a sus amigos bajo los bellos árboles de su hacienda "Las Delicias", y todo árbol venezolano es sagrado, por edicto de este gran amante de la naturaleza. En "Las Delicias" se respira una atmósfera pastoral amable y sugestiva al espíritu; pero sería engañarse infantilmente si no apreciáramos la fuerza de hierro que es su origen y secreto. 

Pero Venezuela, no fue en todo tiempo una granja modelo. Hasta diciembre de 1908, cuando él advino a la Presidencia, es sabido que setenta y cinco revoluciones habían asolado el país, vale decir, desde que Bolívar, el caraqueño inmortal, lo independizó de España. Venezuela se hallaba en completa bancarrota y en guerra con Holanda. Las flotas de tres países europeos bloquearon sus puertos para el cobro de deudas contractuales durante la Presidencia del General Cipriano Castro. 

UN GUERRERO ACTIVO Y TENAZ 

Así las cosas, Venezuela sufría en tanto la más cabal anemia económica. Cinco años antes había soportado la más sangrienta de sus guerras civiles: encabezada por el General Manuel Antonio Matos, entonces fue cuando Gómez asumió su estatura de Caudillo. Como Jefe de las fuerzas del Gobierno sostuvo la campaña por tres años. El previsivo montañés, que más tarde debía revelar sus méritos de estadista y diplomático en la paz, probó ser un consumado guerrero. Como tal, se supone su mayor cualidad, su pronta rapidez de acción. Una semana avanzaba su escasa tropa contra los rebeldes en Carúpano, en la parte oriental de Venezuela; y a poco los rebeldes lo hallaban, inconcebiblemente rápido, en Coro, en Occidente. Cómo estaba allí tan presto; sólo Gómez lo sabía; y no iba a decirlo. 

Ya en Caracas triunfante, luego de derrotar a Matos, el tenaz hacendado de los Andes fue recibido con extraordinaria aclamación. Castro mismo le ofreció un baile suntuoso; y mientras el sociable Presidente se entregaba a las delicias de un vals, el soldado vencedor se paseaba solitario por el patio, hasta que al fin encontró cerca, en un cuarto vacío, una hamaca: se metió en ella y se quedó dormido. Al General Gómez siempre lo han amoscado un poco las ceremonias. 

El Presidente Castro, según siguen diciendo las crónicas, con su país a un paso de los interventores internacionales, se vio enfermo de suma gravedad. Se declaró que ningún médico en Venezuela podía curarlo; y partió para Berlín seguido de su comitiva.

Hubo entonces un levantamiento popular, súbito, sojuzgado por Gómez, el Vicepresidente, a quien Caracas demandaba asumir la Presidencia. Rehusó. La demanda fue renovada. A su paso, el pueblo daba al traste con las efigies de Castro dondequiera las topaba. Las revueltas y motines hicieron poner a la ciudad bajo la ley marcial por varios días. Así, un complot que se supuso emanado de Castro, atentó contra la vida de Gómez. Hecho esto público, la voluntad del pueblo estuvo de su parte. Gómez asumió el poder.

SUSPENSIÓN DEL BLOQUEO NAVAL

La amenaza extranjera se desvaneció. Las flotas extranjeras no habían de volver sino en misiones de paz. Al punto, el Presidente de Venezuela reanudó las relaciones diplomáticas con los poderes europeos. El nuevo Ejecutivo declaró el propósito de Venezuela de pagar su deuda extranjera; y puso manos a la obra. Su triunfo fue completo. Al presente, Venezuela tiene en las arcas nacionales una suma de oro más que suficiente para cancelar por completo la deuda pública, si así lo quisiera; y las potencias interesadas se complacen en tener en sus libros el nombre de un deudor tan cumplido. El remanente de la deuda ha venido a ser un negocio productivo para los tenedores de Bonos.

Las reformas de Gómez comenzaron al instante. Dio al capital y a las empresas extranjeras la libertad necesaria; abolió los impuestos excesivos; en fin, su divisa nacional fue "Paz y Trabajo", y la hizo efectiva.

A Gómez se le atacó durante largos años. Venezuela no se gobernó nunca con guante de seda; y si al Gobierno de Gómez se tildó de "fuerte", fue porque siguió en el curso de los años el rumbo impreso por un estadista de la talla de Bolívar, quien, a más de ser el más grande de los libertadores de América, fue su mayor vidente. Bolívar declaró que los pueblos libertados por él no estarían preparados para las formas liberales de gobierno democrático, sino después de cien años de su independencia política. Su fallo ha sido vindicado hoy, no sólo en Suramérica, sino en países como Italia, España y otros menos lejanos. Este gobierno ha sido definido por uno de los más brillantes intelectuales y publicistas contemporáneos de Suramérica, el señor don Laureano Vallenilla Lanz, en su interesante libro "Cesarismo Democrático".

Tal principio ha demostrado su eficacia durante veinte años. Venezuela, bajo su actual gobernante, ocupa en el mundo un puesto jamás soñado. El General Gómez ha hecho el balance del libro mayor de la Nación. Ha desenvuelto las industrias, las obras de utilidad pública, la Instrucción Pública; ha construido miles de kilómetros de magníficas carreteras y fomentado en grande escala la res nativa, a fin de que los Llanos sean con el tiempo una de las mejores regiones productoras de carne en todo el mundo.

Circunstancia sin precedentes, ha mantenido la paz por más de veinte años. El país está desarmado y son seguras sus rutas para el viajero. De la mayor significación es el hecho de que Venezuela no tiene hoy presos políticos. Gómez abrió la conocida "La Rotunda" de Caracas, no hace mucho y puso en libertad a todos los detenidos.

El General parece poseer el instinto infalible de hacer en todo tiempo lo que se debe hacer. De esto dan fe todos sus actos. Una de las mejores pruebas de su previsión son las leyes de petróleo. Hace menos de diez años que la gran producción petrolera hizo de Maracaibo un emporio. Venezuela vino a ser de la noche a la mañana uno de los principales centros productores de aceite. Su riqueza se ha duplicado desde entonces. El año pasado su producción superó a la de México y a la de Rusia. El único país cuya producción rebasaba la de Venezuela era los Estados Unidos y posiblemente Persia; y el aumento, quiera que no, declinó.

En suma, los recursos petroleros de Venezuela son enormes. Se necesitaban leyes petroleras y un nuevo campo se abría a la legislación venezolana.

Se dice que esta ley petrolera es la mejor en su género, un modelo para ser adoptado por cualquier país.

El General Gómez, sentado entre sus amigos, en "Las Delicias", es único. Los años lo han dulcificado. Su sonrisa es cariñosa, sus maneras benignas. Difícil es comprender que este hombre apacible, de simple uniforme, de sombrero de panamá y guantes de hilo marrón, es un guerrero y la fuerza dinámica propulsora de su país. Sólo de cuando en cuando el hierro de su temperamento resplandece. Tiene el aire de alguien que ya hizo su obra y se halla satisfecho. Los observadores desprevenidos estarán de su parte. El Caudillo Democrático ha triunfado; y su pueblo es su deudor.

William Morris Gilbert.

(Publicado en el Periódico "El Nuevo Diario", el 25 de marzo de 1928).

BIOGRAFÍA DEL DISTINGUIDO PERIODISTA

William Morris Gilbert, destacado periodista del prestigioso periódico "The New York Times", quien visitó Venezuela en 1928.

El 7 de abril de 1920, William Morris Gilbert Jr. logró salvar de la muerte a 2.000 niños huérfanos armenios.

William Morris Gilbert Jr. nació en Filadelfia, Estados Unidos, en 1894 y creció en Yonkers (New York), donde su padre fue rector de la Iglesia Episcopal de St. Paul. En Union College fue poeta de clase en 1917. Se unió a la Armada cuando Estados Unidos entró en la Primera Guerra Mundial, pero fue comisionado demasiado tarde para ver acción.

En marzo y abril de 1920, el territorio de Cilicia se convirtió en un campo de batalla para los encuentros franco-turcos. A principios de abril de 1920, las tropas turcas entraron en la aldea de Garuniye en la provincia de Adana, donde han estado operando organizaciones de ayuda estadounidenses y alemanas. Los turcos arruinaron e incendiaron todo el pueblo, incluido el orfanato estadounidense que en ese momento albergaba a unos 2.000 huérfanos armenios.

El 7 de abril de 1920, William Morris Gilbert Jr. logró salvar de la muerte a esos 2.000 huérfanos armenios. El 9 de abril de 1920, la revista "News" de Nueva York publicó un artículo titulado "El hombre de Yonkers salva a 2.000 niños cuando los turcos queman el orfanato". El autor del artículo también señaló que los huérfanos probablemente serían trasladados a Chipre ya que Adana estaba muy perturbada.

El acto heroico de William Morris Gilbert Jr. también fue mencionado por el periódico "The New Near East Relief".

Se unió al equipo de escritura de "The New York Times" en 1925. En 1928 cubrió la fase venezolana de la gira latinoamericana del coronel Charles A. Lindbergh después de la hazaña histórica de su vuelo de Nueva York a París, y estuvo en México tras el asesinato del Presidente electo Álvaro Obregón.

Mientras tanto, Gilbert había estado escribiendo ficción y había ahorrado lo suficiente para mudarse a París en 1929, poco antes de la caída de la bolsa.

Pudo ponerse al día como corresponsal asistente de "The Philadelphia Public Ledger" y "New York Evening Post", y de 1933 a 1937 como corresponsal en París de un sindicato Scripps-Howard, Newspaper Enter Prize Association.

Al regresar a Nueva York en 1937, se convirtió en un hombre de escritura en "The World Telegram" y en jefe de su unidad "Newspaper Guild".

En la Segunda Guerra Mundial sirvió en la Oficina de Información de Guerra en Washington, Londres, Nápoles e, inevitablemente, París.

En 1946, el Sr. Gilbert se reincorporó a "The New York Times" en el departamento dominical, contribuyendo con reseñas de libros y temas de páginas editoriales, además de agregar su propio toque a artículos de viajes.

William Morris Gilbert, murió el día 13 de julio de 1971 en el Hospital St. Vincent, Bridgeport, Connecticut, después de una larga enfermedad. Tenía 77 años y vivía en 181 East 93d Street.