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sábado, 4 de diciembre de 2021

PINTOR Y ESCULTOR BELISARIO RANGEL BECADO POR EL GENERAL GÓMEZ

El joven pintor y escultor venezolano, natural de Táriba, Belisario Rangel, recibió la protección del Presidente de la República de Venezuela, Benemérito General Juan Vicente Gómez, siempre consecuente en apoyar a nuestros artistas.

Reproducimos con placer el retrato de este joven artista y compatriota, cuyas excelentes aptitudes para la escultura, han sido coronadas ya, en el breve lapso de un año de estudios, con un primer éxito alentador y justiciero en los exámenes de mayo de la Escuela Superior de Bellas Artes de Barcelona de España según cartas y certificados que tenemos a la vista.

Belisario Rangel regaló a nuestra Legación en Madrid un retrato al óleo de Bolívar, y une a sus dotes de artista sus sentimientos de patriota, haciéndose por ello doblemente acreedor a la protección del Gobierno del Benemérito General Juan Vicente Gómez, como pensionado venezolano en Europa.

(Publicado en el Periódico "El Nuevo Diario", el 31 de julio de 1913). 

SEMBLANZA DEL ARTISTA BELISARIO RANGEL

Nació en Táriba, Estado Táchira, Venezuela, el 27 de julio de 1889 y falleció en la misma población, el 5 de noviembre de 1965. A las 4 a.m. fue la hora de su nacimiento y a las 2 a.m. la de su fallecimiento.

Hijo de Margarita Rangel, fue bautizado con el nombre de José Belisario, el 4 de agosto de 1889, actuando en la ceremonia el Pbro. Dr. Ezequiel Arellano, titular de la Parroquia de Nuestra Señora de la Consolación, siendo sus padrinos Pedro Lorenzo Ortiz y Carmen Labrador.

En el año de 1910, fue becado por el Benemérito General Juan Vicente Gómez para estudiar en la Academia de Bellas Artes de Caracas donde tuvo como profesores a los pintores Cruz Álvarez García y Antonio Herrera Toro.

En 1912, viajó a Europa, pensionado por el Gobierno del Benemérito General Juan Vicente Gómez. Estudió en la Escuela Superior de Bellas Artes de Barcelona (España). El Salón Artístico de Escultura lo destacó como aprovechado alumno y allí fue compañero de Armando Reverón y Rafael Monasterios. Viajó a París donde cultivó amistad con el laureado pintor venezolano Tito Salas, quien admirando sus condiciones, le sugirió continuar allí sus estudios.

Por la problemática de la Primera Guerra Mundial, regresó a Barcelona de España, desde donde retornó a Caracas, realizando un busto del Libertador. Una de sus esculturas que le conquistó gran fama fue mencionada "La Taza Rota".

A tiempo de morir se ocupaba en una Escultura del Mariscal de Ayacucho, para el Club Sucre de Táriba, pero deplorablemente no se tienen noticias del destino de estas obras.

Murió en el Hospital San Antonio de Táriba, el 5 de noviembre de 1965, conforme a certificación expedida por el médico Dr. César D. González R. y previamente fue auxiliado con la penitencia, la Comunión y la Extremaunción administrados por el Párroco de entonces Monseñor Alejandro Figueroa Medina. Don Belisario fue el último de sus hermanos nombrados Elvia, Domingo y Enriqueta.

En el hogar López Oliver de su terruño, el Dr. Alberto López Cárdenas informó que desde 1924, existen nueve frescos de Belisario Rangel, en el área del comedor de su residencia. En esta obra del artista Rangel, se observa el dominio de la pintura realista con gran oficio plástico, técnica de materiales y sobre todo un gran virtuosismo dentro del análisis de la forma y del detalle.

Este gran escultor taribense fue un pintor sobresaliente que se formó en Escuelas Europeas, expresó una gran técnica e idealismo y su obra nos deja testimonio de su existencia, de su genio y de su calidad humana.


sábado, 6 de febrero de 2021

CARTA DEL ARTISTA FRANCISCO NARVÁEZ AL GENERAL JUAN VICENTE GÓMEZ, 1928.


El Benemérito General Juan Vicente Gómez, Presidente de la República, fue siempre protector del Arte en Venezuela, como bien expresó el gran pintor y escultor margariteño Francisco Narváez en su correspondencia de fecha, 19 de mayo de 1928.


Caracas: 19 de Mayo de 1928.

Señor General

Juan Vicente Gómez

&.&.&.

Maracay.-

Muy respetado General:

Saludo a Ud. muy atentamente.

Tengo especial placer en regalarle una escultura “La Criolla” pertenecientes a los trabajos que en el mes pasado exhibí en el Club Venezuela y cuya Exposición ya clausuró.

Como Ud. mi respetado General, ha sido siempre protector del Arte en Venezuela, y no tengo a nadie con que contar para un viaje de perfeccionamiento que pienso hacer a Europa, yo le agradecería altamente que Ud. me ayudara con lo que Ud. crea conveniente para poder satisfacer mis aspiraciones.

En espera de ser favorecido con una grata contestación me suscribo, atentamente,

Su apreciador y amigo,

Francisco Narváez.

Dirección: Abanico a Socorro Nº 29-5.

La inmediata aprobación del Presidente de la República, Benemérito General Juan Vicente Gómez, no se hizo esperar ordenando: "Ir Europa perfeccionar pintura", como aparece escrito en la parte superior derecha, de su puño y letra, en la misma carta enviada por el artista.

"La escultura va por encomienda". (Escrito a mano por el pintor y escultor venezolano Francisco Narváez, en la parte inferior de la carta).


POR LOS ESTUDIOS DE NUESTROS PINTORES

FRANCISCO NARVÁEZ

El gran maestro venezolano Francisco Narváez en su taller artístico. Año 1932.

En los primeros meses de 1932, Francisco Narváez, que ya tenía dos años por los centros artísticos de Europa, volvió a Venezuela. Regresó por una necesidad espiritual que le imponía su preocupación de trabajar sobre los elementos americanos y particularmente venezolanos. Porque Narváez no fue a Europa a comprobar las lecturas que había hecho en América de lo europeo. Fue más bien sin lecturas y en los dos años de su permanencia vio las bellezas de Francia y España.

Pero con otro tiempo más en Europa presentía la desintegración de sus elementos vitales congénitos. Ya lo estaba pavorizando el futuro de no sentirse americano ni francés. Cuando, sin darse cuenta, se hubiera inhibido en el paisaje extranjero y su pincel se llenara de colores untuosos y languidecientes de los pinos, mientras el corazón y los bíceps fueran todavía salvajes y bravíos.

Expuso en los salones de arte europeo telas y esculturas de motivos venezolanos. Del propio París envió una exposición que se realizó en Caracas de asuntos también venezolanos. Era como para conservar vivas sus potencialidades americanas. En los museos y en los salones estaban todas aquellas maravillas del arte milenario. Testimonios del genio  clásico, que llegó a su más alta realización cuando se hurgó la propia entraña y sacó, viviente siempre, la esencia de las cosas.

Francisco Narváez ante una de sus obras pictóricas. Año 1932.

Llegó a Caracas y empezó a construirse un estudio. El mismo armó los ladrillos ligándolos con cemento. Allí en el traspatio de una casita obrera de Catia, 5 m. x 3 m. Un alto de dos metros le sirve de dormitorio. Con unas tablas de cajones se fabricó los muebles: un diván, dos poltronas, una mesa, una caja donde guarda los vestidos y que le sirve de soporte para sus esculturas. Y a la cabeza del diván, dos tablas tiradas a lo largo contienen algunos libros.

Era el refugio necesario para sus horas de trabajo. En las horas cansadas de doblarse a pegar ladrillos, se internaba entre la naturaleza y de allá traía un pedazo robado del paisaje de los alrededores. Pero ahora volvía con nuevos bríos a continuar pegando ladrillos. Hasta que al fin un día quedó encerrado entre aquellas paredes. Entonces sojuzgó la luz que debía entrar en su estudio por el techo y por las paredes, a través de unos vidrios y graduada por un juego de cortinas. Así tiene luz hasta las siete de la noche.

Y en este estudio, Francisco Narváez vive trabajando. Cuando no pinta, cincela el mármol en bajos y alto-relieves, o hace esculturas en madera.

Durante el mes de julio hizo una exposición en el "Ateneo de Caracas": algunos 70 trabajos. Vendió 900 bolívares. Pero fue la primera exposición de motivos venezolanos, vistos con los ojos de las nuevas tendencias, no para asombrar a los que no hayan viajado a Europa, ni por considerarnos todavía indios del descubrimiento y a quien cambian baratijas por pedazos de oro. Sino para aplicar el nuevo sentido de la vitalidad y de la humanidad a los elementos que entre nosotros permanecen desechados por lo extranjero, por las repeticiones de los motivos explotados en épocas anteriores. Tampoco representa esa pintura de Narváez desparpajo, ni pedantería. Por el contrario se le ha encontrado una gran dosis de ingenuidad. La impresión primera es de que ojos infantiles han visto aquellas cosas. Una tarde entraron a la exposición cinco niños, hembras y varones, con sus libros y bultos en las manos. Y empezaron a ver los cuadros con una contagiosa alegría, con la desenvoltura de la escuela y como si aquellos cuadros fueran de un compañero de clase. Y durante largo rato se detuvieron frente a "La Conquista", con los brazos echados sobre los hombros. Lo mismo hicieron ante "La Lectura". Después que los niños se fueron, Pablo Rojas nos dijo que Narváez debía hacer las pinturas murales de las escuelas venezolanas.

Narváez, el magnífico pintor y escultor, trabajando en su taller. Año 1932.

Yo gozo ante los cuadros de Narváez por lo que tienen de ingenuos, de alegres. Parece una pintura que le maquillara a uno las tristezas, me decía una tarde Marcos Castillo.

Pero a Narváez ya le están faltando telas, y hace tiempo que no trabaja en mármol. Ha borrado algunas composiciones para hacer nuevas obras. Ahora está trabajando más los asuntos, profundizando más el plano de las telas, buscando más tonos en las superficies y enriqueciendo sus cuadros de color. En los últimos retratos y paisajes se nota una evolución de su planimetrismo anterior hacia un mayor tratado y estudio del fondo por los tonos y el dibujo. Seguramente esto lo ha adquirido de los últimos retratos hechos y por ello Narváez debe trabajar largo tiempo con modelos y con la naturaleza.

Yo creo que así se enrumbaría definitivamente por la escultura, que es para nosotros su instrumento de expresión artística. 

Julián Padrón.

(Publicado en la Revista "Élite", el 27 de agosto de 1932).