En 1930, durante el Gobierno del Benemérito General
Juan Vicente Gómez, gran entusiasta e impulsor de la cultura y las artes en el
país, el empresario don Adolfo Bracale, presentó dos temporadas de ópera en
Caracas. En la primera, realizada en el mes de abril, contrató al tenor de fama
mundial Miguel Fleta, y a un notable conjunto de cantantes de fama
internacional, entre ellos: Zara Joy, magnífica soprano húngara; Georgina
Stark, soprano ligera; Leila Garden, talentosa soprano de calidad; Dimitri
Onofrey, gran tenor ruso; Alfredo Ciampi, estupendo Barítono; Luigi Dimitri,
otro Barítono de calidad, los bajos Rolando Treveri y Abele Carnevali; el
notable maestro Giuseppe Anglada, de justo renombre en el mundo musical, y un
buen conjunto de segundas partes.

Anuncio publicado en el Periódico "El Nuevo
Diario" que presenta al eminente tenor Miguel Fleta, considerado el más grande cantante del mundo, en la inmortal ópera "Rigoletto" del Maestro Verdi, en el Teatro Municipal de
Caracas, Venezuela, el 30 de marzo de 1930.
La noticia de la actuación en Venezuela del mejor
tenor del mundo para la época, despertó el mayor interés de los aficionados y
público en general, como lo reseñó la revista "Élite", el 15 de marzo
de 1930:
"Quizás uno de los máximos esfuerzos llevados a
cabo por nuestros empresarios artísticos sea éste de la venida a Venezuela del
célebre tenor español Miguel Fleta. En el vértice de sus poderosas facultades,
admirado por los públicos cosmopolitas. Fleta traerá a nuestro escenario del
Teatro Municipal de Caracas, el torrente magnífico de su voz para
refocilamiento de los caraqueños, tan melómanos y teatraleros siempre. Esfuerzo
digno de encomio, tanto más si se tiene en cuenta que el fulgurante divo,
actuará en combinación con un elenco integrado por valiosas figuras del mundo
del "Bel Canto", ya aceptadas en los intransigentes círculos
musicales europeos. El repertorio selecto correrá a cargo del maestro Giuseppe
Anglada, del Teatro Real de Madrid, elemento destacado en la hora musical de la España
actual. El tenor Fleta cantará cuatro óperas de las seis que componen el abono,
y las dos restantes serán vocalizadas por el tenor ruso Dimitri Onofrey, quien
viene precedido de gran renombre. Damos nuestra enhorabuena a la afición
caraqueña, así como también a la Empresa Otazo y Ca., a cuyo empeño se deberá
la actuación de il comendatore Bracale entre nosotros".

Principales figuras del elenco: El tenor español Miguel Fleta
(arriba) y el tenor ruso Dimitri Onofrey (abajo). En otra, las sopranos Leila Garden, Georgina Stark y
Zara Jay.
LA PRÓXIMA TEMPORADA DE ÓPERA EN EL MUNICIPAL
Es un hecho la llegada a Caracas, el 25 de marzo de
1930, de la Compañía de Ópera Bracale, en cuyo elenco aparece como máxima
figura el famoso tenor español Miguel Fleta, gloria del arte lírico contemporáneo. El
abono abierto para esta temporada por la Empresa Otazo ha sido cubierto en gran
parte, correspondiendo así el buen público caraqueño el esfuerzo que significa
la venida de la troupe.
Fleta cantará cuatro óperas de las seis que forman
parte del abono, siendo las dos restantes cantadas por el tenor ruso Dimitri
Onofrey, de quien se tienen las mejores referencias. La plana mayor de la
Compañía la forman cantantes de celebridad procedentes de los teatros
Metropolitan de Nueva York y Ópera de Chicago, bajo la dirección del maestro Giuseppe Anglada, del Teatro Real de
Madrid.
Por modo que la temporada se avecina, podemos sin
discusión calificarla como el mayor acontecimiento artístico del presente año
en esta capital.
Nuestra enhorabuena a los aficionados caraqueños y a
la Empresa Otazo y Ca., a cuyas gestiones se debe la venida de la Compañía
Bracale.
(Publicado
en la Revista "Élite", el 15 de marzo de 1930).
FINALIZA LA
TEMPORADA DE ÓPERA EN EL MUNICIPAL
Con la función de esta noche, en que se representará "Tosca",
finaliza el abono de la temporada realizada en el Teatro Municipal de Caracas,
por la Compañía Bracale, teniendo como eje central de ella, la personalidad
artística del famoso tenor español Miguel Fleta, cuyas actuaciones han sido en
verdad notables en la puesta en escena de "Rigoletto", "Manon"
siendo aplaudidísimo y en "Carmen" que llegó a lo inenarrable,
provocando en el admirado auditorio tal entusiasmo, que al final del cuarto
acto, durante largo minutos le tributó una ovación como muy pocas veces hayamos
oído en Caracas.
El resto del elenco de la Compañía, aunque no se
compara con la eminencia artística de Fleta, se ha desempeñado en forma
magistral siendo acompañado por la orquesta bajo la dirección del maestro
Anglada, dejando satisfecho al buen público capitalino.
Mañana será la despedida de Venezuela de la Compañía,
en función vespertina, sin que hasta ahora sepamos con qué obra. Les deseamos
el mayor de los éxitos en la continuación de su "tournée".
(Publicado
en la Revista "Élite", el 12 de abril de 1930).
De notable, memorable y grandiosa, podemos considerar
la temporada realizada por la Compañía de Ópera Bracale en el Teatro Municipal,
por la excelente acogida que le brindó el público de Caracas, Venezuela.
BIOGRAFÍA DEL TENOR MIGUEL FLETA
El magnífico tenor español Miguel Fleta.
Miguel Burró Fleta, nació en Albalate de Cinca
(Huesca), el 1 de diciembre de 1897, en el seno de una familia muy humilde,
siendo el último de los catorce hijos del matrimonio de don Vicente Burró Gayán
y doña María Fleta Esparraguerri, de los cuales sobrevivieron ocho. Las
penurias económicas le obligaron a trabajar desde los ocho años, primero como
pastor, después al servicio de un terrateniente para ayudarle en las tareas
agrícolas y, más tarde, como peón en las obras del canal de Cataluña y Aragón,
situación que le impidió la escolarización. Fleta poseía una natural
predisposición para el canto heredada, al parecer, de su abuelo y su padre,
siendo éste último capaz de tocar varios instrumentos sin haber recibido lección
alguna, y quien le animó a realizar los estudios musicales.
Ha habido pocos ejemplos como el de Miguel Fleta,
quien en apenas cinco años pasó de ser pastor y labrador, a convertirse en una
de las más grandes figuras de los escenarios operísticos, reclamado en los
principales teatros líricos de todo el mundo como extraordinario tenor.
En 1908 se inició en el aprendizaje del solfeo con
Lázaro Uriol y en 1917, apoyado por el cantante de jotas Miguel Asso, concursó
en el Certamen de la Jota. A pesar de no ser premiado, Fleta no se desanimó y
en noviembre se trasladó a vivir con su hermano Vicente a Barcelona, ciudad en
la que éste trabajaba como guardia urbano y donde Miguel tuvo la posibilidad de
estudiar canto. Se presentó a las pruebas de admisión del Conservatorio y, pese
a que en un principio el maestro Lamote de Grignon no permitió su ingreso, tras
la insistencia de la profesora belga Louise Pierre Claro —conocida como Luisa
Pierrick—, quien quedó impresionada con la voz del cantante, fue admitido en el
centro. Luisa Pierrick fue su única maestra, y no sólo le instruyó de forma
intensiva en el solfeo y el canto, sino que se convirtió en su mentora, su
compañera, sería para Fleta una suerte de Pygmalion fundamental para la carrera
del cantante; también le enseñó idiomas y le proporcionó la cultura humanística
necesaria para desenvolverse en el nuevo y desconocido ambiente —tan distinto
al de sus humildes orígenes—, y se convirtió en la madre de sus dos primeros
hijos. En 1919 dio por finalizados sus estudios —formación que, para algunos
biógrafos, fue insuficiente y la causa de sus problemas técnicos y rítmicos— e
inició una meteórica carrera profesional, cuyo punto de partida fue el estreno
de Francesca da Rimini de Riccardo Zandonai en diciembre de 1919, con el propio
autor en el podio en el Teatro Giuseppe Verdi de Trieste, donde cantó también Manon
y Aída.
Tras la temporada de Trieste, Fleta viajó, en abril de
1920, a
la Volksoper de Viena con la compañía de Mattia Battistini —la misma con la que
había cantado Francesca da Rimini, Manon y Aída en la ciudad
italiana— para representar nuevamente Aída y Mefistofele, que
fueron muy bien acogidas por el público vienés. Pero el éxito rotundo de Fleta,
y el verdadero principio de su brillante carrera, tuvo lugar con la siguiente
representación, Tosca, ópera que llegó a cantar hasta en doscientas
sesenta ocasiones durante su trayectoria.
La compañía se vio obligada a cambiar la programación
y ampliar hasta veinticuatro las funciones de la ópera. El triunfo de Fleta era
ya absoluto, hasta el punto de que el propio Puccini, avisado por un
entusiasmado Franz Lehár —compositor austríaco que había escuchado al
cantante—, se desplazó a Viena para oír al joven tenor que tanto revuelo estaba
causando, y quedó vivamente impresionado por el talento del artista aragonés.
Los contratos fueron, desde entonces, numerosos y Fleta era reclamado
nuevamente por Riccardo Zandonai para el estreno mundial de su ópera Giuletta
e Romeo, que tuvo lugar el 14 de febrero de 1922 en el Teatro Costanzi de
Roma. El éxito apoteósico de su interpretación le proporcionó aún más
contratos, incluido el debut en el Teatro Real de Madrid, el 7 de marzo de
1922, como Don José en Carmen de Bizet, triunfo sin precedentes que hizo
de éste uno de los personajes predilectos de Fleta y del público.
Paralelamente, el cantante inició en Milán su carrera
discográfica, llegando a registrar más de cien caras de discos de gramófono de
setenta y ocho revoluciones por minuto, creando así un patrimonio sonoro de capital
importancia en la historia de la fonografía; a ese logro se unió su
presentación en el Teatro Colón de Buenos Aires en mayo del mismo año, y
después actuaciones en Uruguay, Brasil, Cuba y México, donde llegó a cobrar
50.000 pesos de oro. El año 1923 fue también decisivo en la carrera del ya
consagrado Miguel Fleta: en marzo grabó discos en Londres, en junio realizó su
segunda gira por América y en octubre debutó en el Metropolitan de Nueva York
con el papel de Mario Cavaradossi de Tosca, junto a la soprano Maria
Jeritza y el barítono Antonio Scotti, éxito clamoroso en la trayectoria del
cantante, quien actuó en el citado coliseo hasta 1925 con obras como Rigoletto,
Aída, Carmen, Pagliacci o L’amico Fritz. El 13 de febrero de 1924 se
presentó en la Scala de Milán con Rigoletto de Verdi, a las órdenes de
Toscanini.
Fue cuando se produjo el famoso altercado entre
cantante y director, que dio cuenta de la personalidad del aragonés. Toscanini
había manifestado su desacuerdo a Fleta con respecto a las libertades que el
tenor se había tomado en su lectura de "La donna è mobile";
Fleta, amenazando con marcharse del teatro a media función, hizo acudir al
director a su camerino para expresarle:
“Maestro, yo tengo que cantar La donna è mobile como
yo la canto. Así quiero que me aplaudan o me silben. Al fin y al cabo, yo doy
la cara al público y usted la espalda. Es la primera vez que canto en la Scala y si me protestan que sea
por mi culpa y no por la de Usted".
Toscanini cedió de mala gana a los deseos de Fleta,
pero al cantar el citado fragmento bajó del podio y fue Antonino Votto quien
dirigió la escena. Ante el rotundo éxito de la versión de Fleta y la
insistencia del público para que realizase un bis, Toscanini volvió al podio
rindiéndose a los deseos del cantante.
En marzo del mismo año, Fleta cantó su tercera
temporada en el Teatro Real de Madrid; la fama y los éxitos le proporcionaron
emolumentos astronómicos y pudo comprar Villa Fleta por la elevadísima cifra,
en aquellos tiempos, de 110.000 pesetas. La tercera gira por América causó un
revuelo inusual para la época —hasta dio su nombre a camisas y helados—, y en
febrero de 1925, tras la vuelta del continente americano, inició una gira por
España que incluyó actuaciones como la del 5 de abril en el Teatro Real de
Madrid con Rodolfo de la Bohème, postrera ópera representada en el
coliseo de la capital.
Por las mismas
fechas se produjo su debut en el Gran Teatro del Liceo de Barcelona, aplazado
en varias ocasiones por razones relacionadas con la vida privada del artista;
el acontecimiento alcanzó tal dimensión que algunos cines y teatros de la
ciudad interrumpieron sus funciones para conectar con el coliseo operístico en
el momento de la romanza "La fleur que tu m’avais jetée", y
transmitirla telefónicamente.
Durante la Feria del Pilar de Zaragoza, el 18 octubre
de 1925, coincidieron en la plaza de toros dos grandes aragoneses: El magnífico torero Nicanor
Villalta y el famoso tenor Miguel Fleta. El matador de Cretas, estaba siendo el
triunfador indiscutible del ciclo pilarista, porque en las tres corridas en las
que había intervenido cortó nueve orejas, cuatro rabos y una pata. Ese día se
lidiaron toros de Francisco Villar. Nicanor Villalta, le brindó su último toro
al gran tenor con estas palabras: "Le brindo la faena y muerte de este
toro, y también le diré que quisiera ser tenor con su voz para exponer menos la
vida".
Su faena fue fenomenal en conjunto, despachó a su
enemigo de una soberbia estocada hasta la bola y le concedieron una pata.
Cuentan que el célebre tenor Miguel Fleta bajó al ruedo desde su barrera para
felicitar a Villalta, estrechándole un fuerte abrazo ante la aclamación del
público asistente. Fleta, después de la corrida, muy gentilmente le envió a
Villalta en un sobre unas entradas de regalo para que lo fuera a ver en el
teatro donde se presentaba esa noche.
El 26 de enero de 1926, coincidiendo con el día del
bautizo de su hijo Alfonso —que será apadrinado por Alfonso XIII—, Miguel Fleta
cantó Tosca en la Costa Azul, obteniendo más de 100.000 francos
destinados a los mutilados de la Guerra Mundial. Pero uno de los mayores hitos
en la carrera de Fleta fue, sin duda, su participación en el estreno de Turandot,
de Puccini, en la Scala de Milán, acontecido el 25 de abril de 1926. En esa ocasión,
el maestro Arturo Toscanini dirigía la orquesta y, dejando a un lado las
personales desavenencias, buscó expresamente a Fleta para asumir el papel de Calaf,
junto a Rosa Raisa y Maria Zamboni. La obra constituyó un nuevo éxito en la
vida artística del músico aragonés.
Para esas fechas, la relación entre el tenor y Luisa
Pierrick estaba ya deteriorada y, tras la ruptura matrimonial, Fleta conoció a
Carmen Mirat, con quien se casó en mayo de 1927, año en el que recibió la
autorización para cambiar el orden inicial de sus apellidos, pasándose a
conocer como Miguel Fleta Burró. Tras la cuarta gira por América —aprovechando
el viaje de novios—, Fleta regresó a Barcelona para participar en la nueva
temporada del Liceo.
En 1929, Fleta ganó más de un millón de pesetas. Incluyó
giras por Europa y numerosos contratos en Japón, México, Guatemala y China.
El 25 de marzo de 1930, el tenor Miguel Fleta, debutó en el
Teatro Municipal de Caracas, Venezuela, durante el Gobierno del Benemérito
General Juan Vicente Gómez, contratado por la gran Compañía de Ópera Bracale.
Aunque siguió abordando las composiciones operísticas,
Fleta acabó dedicando su arte al género de la zarzuela, destacando en especial
la gira que realizó por España en 1935 con la Compañía de Zarzuela de Federico
Moreno Torroba, con títulos como Doña Francisquita, Luisa Fernanda
o Marina.
SU PARTICIPACIÓN EN EL CINE
Miguel Fleta probó suerte también en el mundo del
cine, llegando a participar en la filmación de tres películas, dos de las
cuales tienen carácter documental.
Son películas que responden más bien a motivos de
popularidad, y que Fleta aprovechó más como medio propagandístico que por su
valor artístico. La primera se filmó el 8 de junio de 1925, bajo realización
del barcelonés Antonio de Padua Tramullas, con motivo de la inauguración del Teatro
Olimpia y con el título "Miguel Fleta en los jardines del chalet de los
señores Pie-Sopena", acontecimiento al que se había dado previamente la pertinente
publicidad en los periódicos.
La segunda cinta —realizada por Hernández Girbán y
García Conde— fue filmada el 20 de abril de 1927 y, con el título "Boda
de Miguel Fleta", incluía imágenes del enlace entre el cantante y
Carmen Mirat, su segunda esposa. "Miguelón" es el último film
de Fleta, rodado en 1933 por el director Adolfo Aznar, y con música de Pablo
Luna compuesta para la ocasión y el lucimiento del cantante.
Sufrió afecciones como una laringitis aguda, o el
progresivo deterioro de la mucosa que envuelve las cuerdas vocales —situación
que le provocó un miedo extremo a perder la voz—, y un ritmo de vida que exigía
demasiados gastos, circunstancias que le llevaron, además, a adquirir una
inseguridad enfermiza y a rescindir compromisos, como los contratos con el
Metropolitan de Nueva York. Sumido en las preocupaciones y los desengaños, y
siendo evidente el deterioro vocal, cantó en cafés, plazas de toros y otros
locales inadecuados; su trayectoria ya no fue la misma, y el 28 de mayo de
1938, tras una enfermedad renal, falleció por coma urémico en su casa de La
Coruña.
La discografía de Fleta quedó registrada en discos de
setenta y ocho y treinta y tres revoluciones por minuto, algunos de ellos están
disponibles también en formato compacto. Aunque la mayoría de la producción del
cantante se centró en el repertorio operístico, Fleta realizó, asimismo,
importantes versiones de zarzuelas —como Marina y Doña Francisquita—,
jotas, algunas canciones de Brahms, nanas, e himnos como La Marsellesa,
el Himno de Riego, el Himno de la Exposición de Sevilla o el Cara
al Sol.
Miguel Fleta, fue una de las más grandes celebridades
de su época. Su voz, de particular y hermoso timbre, poseía una inusual
flexibilidad que le permitía afrontar con facilidad todas las zonas de su
extensión, con un registro grave que casi alcanzaba la cota baritonal. Fleta
poseyó un instrumento que le permitía deslumbrar al público con recursos
técnicos inusuales, como los extensos fiati —apreciables en su versión de "E
lucevan le stelle" de la pucciniana Tosca— o, por encima de
cualquier ejercicio de virtuosismo, asombrar con una innata expresión de
matizaciones infinitas y conmovedora línea canora. En un período de trece años,
Miguel Fleta dejó grabadas más de cien matrices, registros efectuados primero
con el sistema acústico (1922-1925) y después con el eléctrico (1927-1935).
Aunque son estos últimos los registros de mayor
calidad sonora, la época dorada de Fleta se inscribe en la del período acústico
no sólo por estar la voz en plenitud de facultades, sino por la cantidad de
matrices realizadas y conservadas. Por razones desconocidas no tuvo el cantante
ocasión de grabar una ópera completa, por lo que solamente se puede reconstruir
el arte del aragonés a partir de fragmentos, arias y canciones pertenecientes a
obras mayores. De algunas de las piezas existen varias versiones, ya que Fleta
aprovechó las ventajas tecnológicas del sistema eléctrico —sobre todo a partir
de 1929.
Miguel Fleta grabó un total de ciento once caras de
discos de gramófono de setenta y ocho revoluciones por minuto, colección
importantísima de gran valor histórico y musical.
En los anales de la historia de la música operística
en España y América Latina de las primeras décadas del siglo XX está registrada
la rivalidad de los grupos de seguidores de Miguel Fleta y de otro tenor
español muy famoso en la época, Hipólito Lázaro.