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miércoles, 27 de mayo de 2020

CAMPAÑA SANITARIA INICIADA POR EL PRESIDENTE JUAN VICENTE GÓMEZ EN 1924


La salida de las Comisiones Sanitarias a cuyo cargo ha puesto el Gobierno Nacional la campaña de saneamiento de Los Llanos, dispuesta por el Presidente Constitucional de la República, Benemérito General Juan Vicente Gómez, en su patriótico Decreto del 19 de Diciembre pasado.

Campaña sanitaria decretada el 19 de Diciembre de 1923 por el General Juan Vicente Gómez para la extirpación del paludismo en los llanos venezolanos.

El personal médico organizado para la campaña sanitaria se divide en tres grupos: Comisión Oriental, compuesta del Doctor Agustín Aza Gil y el practicante Víctor Aza; Comisión Central, compuesta del Doctor Pastor Oropeza y el practicante G. Ovalles; y Comisión Occidental, compuesta del Doctor Rafael Medina Jiménez y el practicante R. Blanco Gásperi; el señor Víctor Manuel Pérez tiene el cargo de Inspector Especial de las Comisiones.

En la inmensa zona que comprende la acción de las Comisiones, las cuales hacen el viaje en carros especiales, facilitan eficazmente su trabajo las amplias carreteras que cruzan esa importante región de la República, abiertas por el Gobierno del General Gómez. 

La prensa de la mañana de hoy trae en sus columnas la importante comunicación telegráfica que el Benemérito General Juan Vicente Gómez, Presidente Constitucional de la República, y a cuyas altas dotes de Magistrado debe el país su actual engrandecimiento, ha dirigido a los Presidentes de Estados y Gobernadores seccionales, recomendándoles una intensa eficacia a fin de que sea un hecho tangible en el más breve plazo, el resultado de la campaña sanitaria decretada el 19 de Diciembre pasado para la extirpación del paludismo en los llanos.

No puede ser más halagadora para el patriotismo esa noble actitud del Jefe de la Rehabilitación, en quien los pueblos que ayer confiaron la suerte de sus destinos, ven hoy al estadista integérrimo velando por la salud de la patria para conservar lo que él ha engrandecido con su sano criterio de patriota.

El saneamiento de los llanos, que durante un prolongado número de años fue un problema que contribuyó a aniquilar en considerable porcentaje los grandes centros pecuarios, comienza a ser ya una hermosa realidad, a la vez que constituye un nuevo documento claro y preciso, que el General Gómez podrá presentar a las generaciones venideras con legítimo orgullo.

Léase el documento a que nos referimos:

Caracas: 15 de febrero de 1924.
Señor Teniente-Coronel Ignacio Andrade, h.
Maracay.

Me es grato comunicar a Usted que en cumplimiento de las disposiciones del Decreto del 19 de Diciembre próximo pasado sobre saneamiento de las regiones infestadas por el paludismo, la anquilostomiasis, y la derranguera, acaban de salir de esta Ciudad las diversas comisiones sanitarias, provistas de todo lo necesario para llevar a cabo esa obra magna, que en no lejano tiempo tornará saludables las importantes zonas de los llanos, de las costas y de las márgenes de nuestros ríos; y es mi propósito al anunciárselo recomendarle que dicte todas las órdenes a las autoridades subalternas para que presten el más decidido y entusiasta apoyo a las referidas comisiones y las secunden eficazmente en la ardua labor que les ha sido encomendada.

No escapará a su ilustrado criterio que con el concurso de Usted, de todos los Jefes Civiles del Estado, del clero y de la sociedad, que exijo de modo perentorio, se facilitará grandemente la campaña sanitaria emprendida y de cuyo feliz éxito depende el mayor vigor de nuestra raza, el notable aumento de la población y más abundancia y prosperidad en el país en un cercano porvenir.

Cordialmente lo saluda,

Su amigo,

Juan Vicente Gómez

Igual para el General J. A. Baldó, Valencia; Doctor José Felipe Arcay, San Carlos; General P. Lizarraga, San Felipe; General Gregorio Cedeño, Guanare; General Isilio Febres Cordero, Barinas; General Manuel Sarmiento, Calabozo; Doctor Hernán Febres Cordero, San Fernando; General Silverio González, Barcelona; General Pedro Ducharne, Maturín.

(Revista “Billiken”, 1924).

sábado, 28 de marzo de 2020

LA PERSONALIDAD DEL GENERAL JUAN VICENTE GÓMEZ


El Benemérito General Juan Vicente Gómez, Presidente de la República de Venezuela, en el Palacio de Miraflores, Caracas, 1934.

(De la Revista "Ibérica", New York, Diciembre 1933).

Pocos ejemplos de virilidad fuerte presenta la historia, comparables al del General Juan Vicente Gómez. Es uno de esos hombres nacidos para ejercer influencia sobre los demás, y dar con su capacidad intrínseca imposible de describir o de localizar, organización a las actividades de un pueblo. Su personalidad más que nada es indudablemente la encarnación de un carácter, dotado de todas las cualidades, aparentes u ocultas, que determinan el poder de un hombre sobre otros.

El General Gómez nació en San Antonio del Táchira el 24 de julio de 1857. Miembro de una familia de agricultores y ganaderos, desde niño se acostumbró al trabajo y se hizo experto en esas labores. Su perseverancia, su consagración constante a la tarea, y su incansable energía, le permitieron aumentar sus propiedades, fundos heredados de sus padres.

En las luchas políticas en otro tiempo frecuentes en Venezuela, tocó al General Gómez tomar parte a favor de la causa de sus convicciones; su don de mando le hizo prontamente sobresalir, y cuando se llevó a cabo el movimiento revolucionario que encabezó el General Cipriano Castro en 1899, al General Gómez le cupo desempeñar un papel activo e importante en él, que le destacó más aún entre sus copartidarios; de modo que más tarde llegó a ocupar el alto cargo de Vicepresidente de la República.

De 1901 a 1903, el General Gómez, como Jefe del Ejército, combatió personalmente contra un numeroso grupo de caudillos que pretendían debelar el Gobierno constituido, tuvo múltiples ocasiones de dar pruebas de su valor y su talento como estratega militar, y acabó derrotando a todos los enemigos del gobierno, estableciendo la paz en Venezuela sobre bases inconmovibles. De entonces a esta época lleva ya la nación treinta años de paz genuina.

En 1908 se encargó el General Gómez de la Presidencia de la República. El 19 de este mes se cumplen, pues 25 años, durante los cuales ha dirigido sabiamente los destinos de Venezuela, como lo prueba el enorme progreso que ella ha alcanzado en ese cuarto de siglo.

Sería muy largo analizar todas las fases de la vida venezolana a donde el General Gómez ha llevado su portentosa actividad; pero en la obra general se destacan algunos rasgos más sobresalientes que se pueden enumerar:

La modernización del Ejército Nacional, convertido en un fuerte y disciplinado organismo capaz de mantener el orden, ha sido sin duda el acto de mayor trascendencia, que garantiza la paz del país. La construcción de vías de comunicación, principalmente una extensa red de carreteras que vinculan unas a otras las diferentes secciones, ha servido, al propio tiempo que como medida de alta estrategia militar, para desarrollar la agricultura, la industria y el comercio en general. El fomento de otras obras públicas, dedicando parte considerable del Presupuesto para impulsarlas, ha proporcionado abundante trabajo a los obreros. El General Gómez es amigo sincero de los hombres de trabajo; para ayudar a las masas de trabajadores hizo que se creara el Banco Obrero, que hace préstamos a los artesanos para la compra de habitaciones, a largos plazos y a un tipo de interés muy moderado; para los ganadores y agricultores, hizo que se organizara el Banco Agrícola y Pecuario, importantísimo instituto de crédito que hace también cuantiosas y frecuentes operaciones a largos plazos y a bajo interés. Ha protegido la agricultura y la cría de ganados, industrias básicas para Venezuela, eliminando los impuestos que pesaban sobre las exportaciones. Ha decretado la construcción del puerto de Turiamo, obra gigantesca que traerá grandes beneficios al comercio del país.

El programa de Gobierno del General Gómez, bajo el lema de "Unión, Paz y Trabajo", ha establecido el crédito de la República sobre sólidos fundamentos. El resultado lógico de esto ha sido la llegada a Venezuela del capital extranjero, que ha desarrollado una industria tan importante como la del petróleo, y la inversión sin timidez del capital venezolano en muchas industrias, que han contado con el apoyo y la garantía de un Gobierno estable.

El General Gómez canceló por completo la deuda externa de Venezuela, viniendo así a poner al país en una situación excepcionalmente ventajosa, en los precisos momentos en que casi todas las naciones del mundo se ven agobiadas bajo el peso de cuantiosísimas deudas que no pueden cumplir. La deuda de Venezuela se había venido acumulando desde los tiempos de la Independencia, hasta cuando el General Gómez dio un ejemplo práctico de cómo se puede introducir orden en las finanzas de un Estado. La situación del Fisco venezolano es hoy tan sólida, que fácilmente podría el Presidente, si quisiese, cancelar también del todo la deuda interna, medida que no ha juzgado conveniente adoptar todavía.

Durante el tiempo de Gobierno del General Gómez, Venezuela ha mantenido relaciones cordiales con todas las naciones; y a tiempo que propende por la buena armonía de su país con los demás, en el interior estimula la instrucción pública y prepara debidamente a los venezolanos para que sean buenos ciudadanos.

De 1908 a 1933 la rentas públicas, a la par que el presupuesto de la nación, se han triplicado; y el comercio exterior es como ocho veces más grande de lo que era cuando el General Gómez se hizo cargo del Gobierno. El superávit en la Tesorería, el 15 de abril de 1933, ascendía a la suma de Bs. 68.385.677,97.

Con pruebas elocuentes ha demostrado el General Juan Vicente Gómez ser un estadista y hombre de Gobierno; pero a esos calificativos, lo mismo que el también merecido de sobresaliente militar, él prefiere otro, que considera le corresponde antes que todo: el de hombre de trabajo.

(Publicado en el Periódico "El Nuevo Diario", el 2 de marzo de 1934).

viernes, 3 de enero de 2020

CUALIDADES MILITARES DEL GENERAL JUAN VICENTE GÓMEZ


(Escrito por: Eleazar López Contreras).
General de Brigada.

(Este trabajo se publicó en Maracay, el 5 de julio de 1917. Extraído del libro: “Revista del Ejército, Marina y Aeronáutica”. Número Extraordinario. Año III. Tomo V. N° 32. Caracas. 1933).

El Benemérito General Juan Vicente Gómez, Presidente de la República de Venezuela y Comandante en Jefe del Ejército, pasando revista en compañía del General Eleazar López Contreras, Ministro de Guerra y Marina, durante la Parada Militar de 1934 en Maracay, Estado Aragua. 

Aquellos que con espíritu sereno y con fe inquebrantable, fortalecida con los más puros sentimientos patrióticos, hemos venido siguiendo el glorioso derrotero del Benemérito General Juan Vicente Gómez; los que tuvimos la fortuna de ver su manera de actuar en el teatro de la guerra y fuimos arrastrados en el propio campo táctico a ejecutar sus órdenes, precisas y enérgicas, emanadas del alto criterio del Jefe que sabe mandar y que sabe también ir, pensamos, con el juicio que nos da la experiencia, que para juzgar sus concepciones, sus movimientos estratégicos y tácticos, no es lo bastante haber tenido la honra de servir bajo sus órdenes, sino poseer la suficiente capacidad militar.

Existe un crecido número de oficiales, en el cual yo me encuentro, que no tiene otra escuela de guerra que la seguida por el General Gómez; que recibe únicamente la influencia moral del Jefe; que piensa y siente con él, pero que no puede sino en la práctica, exteriorizar todo aquello que el Jefe les ha formado en su cerebro y en su corazón.

El estudio de sus campañas, para darlo a conocer en todo su valer militar, es labor de nuestros militares científicos, los verdaderos profesionales. No obstante la opinión que tiene formada sobre las cualidades militares del Ilustre Jefe, en la esperanza de que él acogerá indulgentemente los errores de apreciación; y que aceptará este trabajo, como la demostración más elevada del profundo respeto y gran admiración que guarda por sus glorias guerreras el más humilde de sus oficiales.

Eleazar López Contreras

JUICIO

“Un hombre fuerte de cuerpo, y de alma grande” como le han definido, tiene también el don de saber apreciar las cosas y las circunstancias, de escoger las ocasiones felices, de buscar y crear medios y salvar cuantos obstáculos se opongan para llegar a un fin. Su voluntad se impone en todo momento para estimular a los pusilánimes, o para sofrenar a los temerarios.

Llamado a preparar un plan de operaciones, ante todo, ha pedido libertad de acción. Acumula tropas, forma unidades, selecciona sus comandos y dota a aquéllas de toda clase de elementos materiales y de servicios auxiliares.

Como tiene por sistema “reflexionar despacio para ejecutar a prisa”, estudia detenidamente los inconvenientes que puedan oponerse al desarrollo de las operaciones, ya sean obstáculos activos como las tropas enemigas, ya sean pasivos, como montañas, ríos, pantanos, estaciones, etc., etc., para elegir los medios más adecuados de vencerlos. Si la región en que va a actuar no le es suficientemente conocida, solicita informaciones detalladas de aquellas personas que le inspiren confianza, y llama en su auxilio la experiencia y conocimientos de aquellos que han sido escogidos para ser sus colaboradores.

En la organización de su ejército, en sus concepciones, y en el desarrollo de las operaciones, no olvida ni aún los menores detalles. Su espíritu observador le hace notar las más pequeñas faltas, las menores deficiencias en el servicio, todo lo cual corrige sin la menor dilación.

Sus marchas, aunque rápidas, siempre son ordenadas. Puede pedir mucho al soldado, porque también sabe cuidarlo y alimentarlo convenientemente.

Estaciona sus tropas con todas las precauciones necesarias. Lejos del enemigo, les proporciona toda clase de comodidades; pero cuando hay probabilidad de encuentro, pospone todas esas comodidades para darle cabida en absoluto a la seguridad de su ejército.

El servicio de aprovisionamiento lo organiza con especialísimo cuidado. Utiliza convenientemente todos los medios de transporte, vías marítimas y fluviales, ferrocarriles, etc., etc., para hacer llegar al teatro de operaciones víveres, vestuarios, armas y municiones. También son acumulados en los lugares de etapa, ganado, víveres, forrajes, es decir, todos los recursos que pueda dar la región ocupada.

Podemos decir con toda propiedad, que así como sus tropas no se han visto obligadas a suspender una marcha ni a emprender una retirada por falta de elementos de subsistencia, en ninguna ocasión ha quedado sin decisión un combate, ni se ha suspendido la persecución del adversario por falta de municiones.

Como la experiencia ha demostrado que un ejército que permanezca en una región insalubre, sufre tanto como en una batalla, escoge con marcado interés las rutas de marcha y los lugares de etapa. Como medida auxiliar y muy importante, para evitar y curar las enfermedades en el ejército y atender a los heridos en el combate, lleva siempre un buen personal sanitario.

El orden de sus movimientos, lejos y a proximidad del enemigo; la inteligente elección del estacionamiento de sus tropas y el empeño constante de proveer de cuanto es necesario para la seguridad y sostenimiento de su ejército, han sido la verdadera causa del éxito de sus campañas. Su juicio le ha llevado a conducir bien la guerra, y “una guerra bien conducida es una guerra metódica”.

Napoleón dice en sus principios: “la fortuna es hembra: si la desdeñáis hoy, no esperéis volverla a encontrar mañana”. Pero yo me atrevo a agregar: la fortuna para un General consiste en los errores cometidos por el adversario.

Los Generales que se han enfrentado al General Gómez, disculpan sus fracasos haciendo resaltar la fortuna de este Jefe. Aquellos tendrán que reconocer, que a las operaciones del General Gómez, ajustadas a los principios del arte de la guerra, ellos sólo oponían medidas desacertadas, errores que con marcada inteligencia y buen juicio supo aprovechar siempre para derrotarlos.

INTELIGENCIA

El Presidente de la República, General en Jefe Juan Vicente Gómez, Pacificador de Venezuela y creador del moderno Ejército Nacional.

Su manera de discernir las cosas, de apreciar las circunstancias, de definir las situaciones, de escoger los hombres y saber utilizar los elementos materiales siempre en tiempo oportuno, están probando de un modo efectivo, que su inteligencia está en relación con su fuerza física y con su fuerza psíquica, o sea con el espíritu que lo anima.

Pertenece a la Escuela Innatista. Ha nacido con espíritu guerrero, valiente, enérgico y abnegado; estas y otras tantas cualidades militares que posee, suficientemente desarrolladas en una larga práctica en el seno mismo de la guerra, le distingue como el General de la República que tiene mayores y más sobresalientes dotes de mando.

CARÁCTER

En los momentos de peligro, en que la responsabilidad crece a medida que la autoridad de mando es mayor, es de todo punto indispensable tener carácter para resolver.

La inteligencia y el estudio hacen que el hombre pueda idear, concebir, pero el carácter hace materializar la idea, es decir, dictar órdenes y velar por su ejecución.

Cuando mucho se ve, aparecen a nuestra mente conjuntamente cualidades y defectos, bienes y males, ventajas inconvenientes; se exalta el entusiasmo para caer en seguida; se pierde tiempo, y si no hay una fuerza que le estimule a tomar un partido, la resolución dará sus desastrosos efectos. Esa fuerza, que da resolución, y que no debe faltar a todo buen General, es el carácter.

El General Gómez, por estar dotado de una gran iniciativa y de una intensa resolución, que no ha podido ser quebrantada ni en los momentos más críticos del combate, tiene el verdadero culto de la responsabilidad.

Si pidió libertad de acción para organizar un ejército y para escoger el plan de operaciones que más conviniese al fin que se proponía alcanzar, más exigente aún le encontramos en el desarrollo de los movimientos estratégicos, y, en la ejecución de las operaciones tácticas.

Cuando el General Cipriano Castro pretende que el General Gómez fuerce la línea férrea que une a Tucacas con Barquisimeto, ocupada por importantes fuerzas revolucionarias, se opone resueltamente a un plan tan descabellado e hijo de la falta de conocimientos del terreno. El General Gómez expone, que para seguir por la línea habría que someterse a sacrificar muchas vidas, perder tiempo y cuantiosos elementos, porque los obstáculos naturales que se encuentran en esta región, podrían hacerse insuperables si eran utilizados, como era de esperarse, por el enemigo, para hacer una defensa activa y enérgica. Sigue resueltamente el itinerario de marcha que más conviene para la conservación de sus tropas; naturalmente, llega con ellas, más fuertes quizás, en potencia moral y material, frente a la capital del Estado Lara.

El General Castro en otra ocasión opina por el asedio de Ciudad Bolívar, pero el General Gómez, apreciador de la moral de sus tropas, conocedor de la verdadera situación de las fuerzas enemigas y confiado en su propia capacidad militar, decide el ataque a fondo sobre la plaza, la cual toma entre el espanto de los adversarios, el entusiasmo de su Ejército, el reconocimiento de Castro y la admiración de todos. Este es un hecho insólito, que basta para acreditar el carácter, energía y gran resolución que él posee sin límites, porque Ciudad Bolívar es la ciudad que por su situación topográfica es la más formidable que tiene el País.

ENERGÍA

“La primera cualidad de un General es poseer un entendimiento frío, que reciba impresiones exactas de los objetivos; que no se acalore jamás, ni se deje deslumbrar o desalentar por las noticias buenas o malas”.

Esa cualidad la tiene tan desarrollada el General Gómez, que en las situaciones más difíciles en que lo han colocado las circunstancias, como cuando se desarrollaba ese drama terrible, en que los proyectiles segaban a su lado la vida de sus hombres; cuando el tronar del cañón, el estridente crepitar de las ametralladoras, las regaderas del diablo, y el fuego de la fusilería formaban un ruido intenso y abrumador, anunciador de catástrofe, su semblante estaba sereno, sus músculos tranquilos; en ninguna forma daba a conocer esa espantosa lucha que sostenía su espíritu y la materia ante la muerte.

En el combate de El Guapo, acababa de ser destrozada parte de las tropas que se encontraban combatiendo con el ala derecha del enemigo, y había caído sin vida uno de los oficiales, más valientes y queridos del General Gómez, cuando dispone que el “Batallón Caracas” se establezca sólidamente en San Fernando para contrarrestar la maniobra que pudiese ejecutar el enemigo sobre la retaguardia del Ejército.

Una formidable carga que estaba dando el enemigo por el río, y con dirección al lugar donde estaba el Comando y el parque, había empezado hacía 20 minutos, y el General Gómez, a la cabeza del batallón de su nombre, había entrado a contraatacar y a restablecer el orden en toda la línea.

Es admirable la actitud del General Gómez, que salva con su presencia de ánimo tan difícil situación, y que, no obstante el peligro que corre su vida y su nombre militar, reflexiona libremente, como en momentos normales, y decide llamar al “Batallón Caracas” a su lado, porque ve con claridad que allí se encuentra la decisión de la batalla. Una vez más ha probado que su manera de defenderse es atacando.

Un General vulgar se hubiera olvidado que aun podía contar con tropas de reserva, y dado el caso de que lo hubiese recordado, es muy probable que decidiese trasladarse él a donde se encontraban aquellas tropas, que precisamente estaban en su línea de retirada.

 Su misma energía le hace ser muy justiciero para impartir disposiciones, para hacer entrar a las unidades sin distinción, al combate, de manera que todas rinden jornadas peligrosas.

Durante el combate designa a su pariente, a su más querido amigo, a cualquiera, para desempeñar la misión más arriesgada. Todos, absolutamente todos, van a la línea de fuego, y tienen que exponerse como él mismo expone su vida cuando para la decisión es necesaria su presencia en el lugar de mayor peligro.

VALOR

El General en Jefe Juan Vicente Gómez, al frente de la parada militar del año 1916 en el Hipódromo Nacional de El Paraíso, Caracas.

Se presentan momentos en el combate en que el hombre más valiente flaquea. Sus fuerzas morales y sus fuerzas físicas van perdiendo en potencia en las alternativas de una lucha violenta y terrible. El hombre llama entonces para protegerse el auxilio de sus camaradas, y muy especialmente el apoyo moral del Oficial. Mas, si las fuerzas morales y materiales del ofíciales también se encuentran a punto de sucumbir, sólo el símbolo de la Patria, el sagrado Himno Nacional, el ejemplo del Jefe que lo manda, podrá llevarlo a hacer nuevos sacrificios.

El General Gómez nunca ha faltado en aquellos lugares donde se hace indispensable que oigan su voz y que sigan su ejemplo.

Él tiene la conciencia del valor. Siempre se le ha encontrado en su puesto. Si en alguna ocasión se vio precisado a ponerse a la cabeza de una unidad pequeña, fue en bien del todo y para evitar un mal mayor; no obstante, él no ha olvidado ni un solo momento la responsabilidad que tiene en el conjunto.

ACTIVIDAD

Grande es su actividad para ejecutar los movimientos estratégicos y las operaciones tácticas. Cuando dicta órdenes, sólo da en cada uno de los casos particulares el tiempo para que sean cumplidas. Podrían, como dijo Napoleón, “acusarle de rapidez, pero nunca de lentitud”.

Empieza la campaña de Barlovento, con el arribo de la escuadra de Carenero, conduciendo a bordo al General Gómez, y su Estado Mayor, y el grueso del Ejército que combatió en El Guapo.

Sobre el puente de uno de los vapores de guerra se encontraba el General Gómez observando el desembarque de las tropas que tenían por misión ir a posesionarse del puente de la vía férrea Carenero-Colorado y que atraviesa el río Paparo en su desembocadura al mar.

El suscrito, con la candidez de los primeros  se dirige a uno de sus compañeros, haciéndole notar que ya había llegado un número crecido de tropas, y que aún no se pensaba en el desembarque de bestias. El General interrumpe su conversación con el General Ferrer, de quien yo era ayudante, y me dice: “Qué cuento de bestias; para ganar tiempo, hasta los jefes deben ir a pie”.

El General había visto con su acostumbrada penetración, la imperiosa necesidad de ocupar, a toda costa, el paso de ese caudaloso río, que no sólo constituía un fuerte punto de apoyo táctico, sino que daba las facilidades para llevar en embarcaciones, aguas arriba, las municiones de que estaba careciendo Rolando, y que podían ser recibidas por éste en puntos de la orilla muy inmediatos.

Al ser ocupado el puente indicado, las tropas que lo defendieron huyeron sin descanso, hasta ir a caer vergonzosamente en Palmira.

Desde el propio momento que el General Gómez llegó a Carenero, empezó a quitar potencia moral y material al enemigo, al que por fin destruyó totalmente en las sólidas posiciones de El Guapo, donde se creía invencible, después de un a larga serie de operaciones rápidas y enérgicas a las cuales puso el sello de toda su inteligencia y de toda su voluntad.

Para el ataque del puente de Paparo hubo necesidad de asignar Artillería a la Infantería. La Artillería fue situada a poco más de 100 metros de la margen izquierda del río, y tal medida es un hecho demasiado atrevido y único hasta aquella fecha.

Creo muy oportuno dejar oír la autorizada palabra del Capitán Munnekrede, del Estado Mayor holandés, que dice a tal respecto:

“En un combate en la actual guerra europea, una Batería de Campaña alemana atravesó al galope la aldea incendiada Zandvoorde y tomó posición a 150 metros a vanguardia de la línea de tiradores, abriendo fuego sobre el enemigo en retirada”.

“La experiencia reciente demuestra que no se puede desistir de hacer acompañar a la Infantería de alguna formación de Artillería en las últimas fases de un ataque, a pesar de las pérdidas que esta última arma tiene que sufrir”.

ESPÍRITU DE JUSTICIA

El General Juan Vicente Gómez, Comandante en Jefe del Ejército Nacional. Revista Militar en el Campo de Carabobo con motivo de su Centenario, el 24 de junio de 1921. 

Nacido y formado lejos de aquellos centros donde el hombre se hace egoísta; educado en un medio esencialmente laborioso y ordenado, sus principios de honradez y de trabajo no han podido ser destruidos ni por las pasiones de aquellos que fingiendo virtudes llegaron en alguna época a conquistar su confianza. Su espíritu ha estado siempre templado contra las insinuaciones de los discípulos de Maquiavelo, eternos, y vergonzosos y traficantes en la política de nuestra Patria.

Así como es verdad que escogió para que le acompañasen en la guerra a sus amigos más abnegados, también es cierto que al llegar al Poder no ha desperdiciado la oportunidad de protegerlos, llamándolos a colaborar en su Gobierno en puestos de mayor consideración.

Él ha sido siempre el primero en realzar las cualidades militares de sus subalternos. Al hombre valiente, al hombre de carácter, a aquél que supo interpretar fielmente sus órdenes, le dio lo que le correspondía en los triunfos, y, como su memoria es prodigiosa, suele recordar con gran entusiasmo insignificantes detalles de sus campañas y expresarse con tal motivo de sus antiguos subalternos y amigos, en los más elevados conceptos.

ABNEGACIÓN

El Benemérito General Juan Vicente Gómez, Presidente de la República de Venezuela, encabezando la parada militar de 1934 en Maracay. A su lado, el General Eleazar López Contreras, Ministro de Guerra y Marina.

Aunque acostumbrado a mandar ejércitos y obtener triunfos sobre los militares más viejos y veteranos de la República, no ha sufrido sin embargo el mareo de la gloria.

Guarda a sus subalternos la mayor consideración; los quiere y los protege siempre con cariño paternal.

Su energía no se manifiesta en actos despóticos, insultantes y deprimentes para el oficial. Se hace obedecer con la gran corriente de insinuación de su palabra, sencilla, cariñosa e ingenua, y por el respeto y admiración que despiertan sus procedimientos.

Como detesta “la disciplina martillo”, espera que sus órdenes sean cumplidas como un deber del militar. No le amenaza sino que le estimula.

En una ocasión dice a un subalterno: “Mando a usted en esa comisión, porque usted hace bien las cosas y no tiene miedo”. Esta frase dicha en medio de su Estado Mayor, es el más grande estímulo que puede existir para la dignidad de un hombre.

Conociendo que la fuerza que da el terror no puede ser útil ni constante, porque termina en el momento más preciso y más indispensable, él se impone por el cariño, que es fuerza que crece en toda situación difícil, y con lo que ha logrado que sus oficiales vayan a todas partes con verdadero espíritu de sacrificio.

Su espada, signo de autoridad y de mando, jamás ha sido manchada con la sangre del vencido, ni le ha servido en ninguna circunstancia de instrumento de terror para hacerse respetar, ni para hacerse obedecer.

No ha usado de castigos infamantes contra los menos valientes. Sus abnegados procedimientos le bastan para levantar la moral de su tropa y conducirla a la victoria.

CONSIDERACIONES GENERALES

Espíritu de ofensiva. Concentración de fuerzas. Economía de fuerzas.

El espíritu de ofensiva prevalece en la ejecución de sus planes de campaña. Todas sus medidas son dictadas para llevar, el mayor número de tropas al teatro de operaciones del enemigo, cortarle sus comunicaciones, privándole de esta manera que reciba recursos que puedan llegarle de su base.

Así lo vemos reconcentrar las unidades de su ejército y marchar resueltamente hacia el enemigo, en sus campañas de Barlovento, Barquisimeto, Coro y Ciudad Bolívar, y establecer la Escuadra en recorrer activamente todo el litoral marítimo por donde el adversario pudiese recibir recursos en víveres, vestuarios, armas y municiones.

El espíritu de ofensiva también guía sus decisiones en el campo táctico. Aconseja y aplaude la mejor manera de aprovechar los accidentes del lugar para ocultar en lo posible, la marcha de aproximación de las unidades, utilización de toda clase de sitios abrigados artificiales y de los innumerables puntos de apoyo naturales que nos brinda ampliamente la naturaleza de nuestras regiones; pero los acepta para preparar el avance, tomar aliento y reponer las fuerzas morales, perdidas.

Es enemigo irreconciliable de las defensas pasivas. Si durante el combate se apercibe que algún Comandante de tropas, se detiene más del tiempo indispensable, se informa detenidamente de las causas que lo han obligado a buscar abrigo, vence las dificultades y lo hace seguir adelante con mayor energía.

Él tiene como suyo aquel principio que dice: “Hacer la guerra equivale a atacar”. Por tal motivo es de notar que aun en las ocasiones en que ha tenido que combatir con fuerzas menores a un enemigo mayor en número, él ha sabido buscar el equilibrio, levantando la moral de sus tropas, adelantándose a los movimientos del enemigo y batiéndolo donde ha convenido al curso de las operaciones.

Muy ricas en enseñanzas están todas sus campañas; mas sólo me detengo a considerar parte de la llevada a cabo en Occidente.

La llegada del General Gómez a Tucacas fue una verdadera sorpresa estratégica para el Jefe de la Revolución. Contaba que el General Gómez tuviese bastante con la persecución de Rolando, para que pudiese abrir tan rápidamente la campaña de Occidente.

Terminado el desembarque del ejército en Tucacas, el General Gómez hace avanzar algunas tropas sobre Palma Sola, las cuales llegaron más luego hasta Yumare, donde tomaron contacto con las fuerzas enemigas. Aunque estas tropas combatieron fuertemente, no fue el propósito del General que entrasen a fondo, sino que fijasen al enemigo. El combate en Yumare ha hecho creer a muchos que el General Gómez conservó hasta última hora el propósito de seguir a toda costa por la línea; pero si en realidad vemos algún retardo del ejército en Palma Sola, es porque la falta de medios de transporte le obliga a llevar muy lentamente el cuantioso parque hasta San Felipe.

Antes de seguir adelante, será conveniente hablar algo sobre esos inconvenientes, obstáculos naturales del terreno, y que pueden llegar a ser insuperables si las tropas enemigas se aprovechan inteligentemente de ellos para hacer una defensa activa.

La vía férrea atraviesa una extensa región cubierta de espesa vegetación. A una y otra orilla se van sucediendo terrenos elevados y generalmente cortados en su base; donde los terrenos son bajos, están casi siempre anegados y cubiertos de pantanos, y por consiguiente muy difíciles de cruzar. A medida que se avanza hacia Barquisimeto, o sea de San José en adelante, ya no es posible obtener veredas siquiera para evitar un pasaje obligado.

Todas las ventajas están de parte del defensor, porque muy pocas fuerzas pueden defender el frente tan reducido siempre. Pudiera decirse que la mayor parte de la línea es un prolongado desfiladero.

El atacante no puede desplegar todas sus tropas, porque el terreno se lo impide, y nada hace con tener superioridad de fuerzas cuando no puede hacer uso de esa ventaja. Si se emplea un número mayor de tropas que el necesario para cubrir ese frente, la densidad de las líneas de tiradores que se sucedan, impedirá que actúen con libertad. En tal caso se producirán amontonamientos, y como de hecho, a mayor blanco mayor número de proyectiles que recibe, y por consiguiente mayor número de bajas.

Se podría pensar, que la densidad de la línea de tiradores del defensor tendrá que ser proporcional a la del atacante; mas, aunque así pudiese ser, mientras que aquel está oculto y abrigado, éste está obligado a presentarse y a avanzar a descubierto, lo cual le hará sufrir mayores bajas.

En los días que pasa en Palma Sola, no deja de seguir contrariando los propósitos del General Castro. A un telegrama que éste pone al General Pedro Linares que dice: “Reconcentre usted fuerzas e inmediatamente póngase en marcha a incorporarse al General Gómez”; el General Gómez envía entonces al mismo General Linares, quien está en San Felipe, la orden de que “permaneciese con sus fuerzas en la plaza de San Felipe, persiguiendo las guerrillas enemigas, y tratando de comunicarse con el Doctor González Pacheco”.

El 9 de mayo llega el General Gómez a San Felipe, y enseguida da órdenes al General Pedro Linares para que con sus fuerzas salga por la vía Cerro Cocorote sobre Pueblo Nuevo. Esa misión encerraba una maniobra estratégica que debía producir tres resultados: 1. Cortar las fuerzas revolucionarias que se encontraban entre Yumare y El Hacha. 2. Proteger el flanco derecho del ejército en su marcha hacia Urachiche. 3. Desorientar al enemigo sobre los verdaderos designios del General Gómez.

Lo primero no tuvo efecto, porque cuando las primeras tropas del General Linares llegaron a El Hacha, el General Manuel Antonio Matos salió en fuga para el Estado Falcón, por vías desiertas y montañosas, el General Peñalosa abandonó sus tropas y huyó hacia Barquisimeto, dejando dicho a aquéllas que buscasen como les fuese posible la misma vía.

Véase cuál fue la importancia de esta maniobra, que sin disparar un solo tiro, causó la separación del Jefe de la Revolución y su Jefe de Estado Mayor, teniendo que agregar a esto el número de tropas que se dispersaron en la montaña.

Lo segundo quedó de hecho también cumplido con lo anterior. Ya no quedaban tropas que pudiesen molestar la marcha del ejército hasta Barquisimeto.

La misma operación que sorprendió en grado sumo a los Jefes Revolucionarios y origen de su vergonzosa fuga, les daba convencimiento de que el General Gómez seguía marcha por la línea. Así se cumplió el tercer punto de la misión.

Con notable habilidad el General Gómez fue ocultando sus intenciones, y aún le creían reconcentrándose en Pueblo Nuevo, cuando se les presentó amenazante en los alrededores de Barquisimeto después de seguir el itinerario de marcha más adecuado a las circunstancias, y al fin que se proponía obtener, y que sus tropas tuviesen las mejores comodidades, más seguridad y las menores pérdidas posibles.

El principio de concentración de fuerzas fue cumplido en esta campaña. Oportunamente llama al Doctor González Pacheco para que con la unidad de su mando se una al ejército. Esta unión se efectuó un día antes de la batalla, y así el General Gómez pudo contar con el mayor número de fuerzas posibles con que dio el importante triunfo en Barquisimeto.

Durante las marchas hacia el enemigo, no permitió que se hiciesen rodeos inútiles; ni retardos que no fuesen por causa muy justificada. Se interesa sobremanera del tiempo y del espacio, y trata de ponerlos siempre a su favor.

El enlace entre las unidades destacadas y el cuerpo principal lo hace sostener a todo trance. El telegrama que de Palma Sola puso al General Linares, indicándole que procurase comunicarse con el Doctor González Pacheco así lo comprueba.

Su acción en el combate se hace sentir desde el principio hasta la decisión final. Va empeñando las unidades de un modo metódico y juicioso. No acumula tropas excesivas en un sector para que falten en otro. Los refuerzos van llegando a todas partes según las circunstancias.

Para estar más seguro del desarrollo de los sucesos, y ya que no le es posible verlo todo; manda oficiales de su Estado Mayor a todos los puntos de la línea de fuego, para que le confirmen las informaciones que recibe de los comandantes de tropas, o aquellas que se hayan escapado a su vista. Esta medida es del todo conveniente, pues sirve para contrarrestar el falso criterio que puedan tener los comandantes de unidades sobre la situación. Así también pone al Jefe a cubierto de las peticiones de refuerzos que algunos oficiales exageran por confusión o por el prurito de ponerse a cubierto de amenazas imaginarias.

Para reforzar un punto es fácil que el Jefe tome elementos de su reserva; pero si el Jefe carece de ellas porque han sido dispersadas y el combate toma mal giro en alguno de los sectores, entonces se encontrarán las serias dificultades de sacar de un punto para llevar a otro, y esto aún en el caso de que el tiempo sea favorable.

Existen Generales que por carecer de suficiente energía, desde el comienzo de la acción dejan escapar de su mano las tropas y elementos de reserva. Otros en cambio se hacen tan económicos, que dejan aniquilar tranquilamente una unidad pequeña en un encuentro desigual con una superior, y lo que da razón para pensar, que éste trata de cuidar más de su persona que del buen resultado del combate.

El General Gómez ha desechado estos dos extremos. En El Guapo empeña hasta el último soldado de reserva y él mismo se lanza a la primera línea de fuego. En cambio en Barquisimeto, rechaza las peticiones de refuerzos que le hacen insistentemente varios Comandantes de Unidades, por tener plena conciencia de que ya no les eran de necesidad imperiosa. A todos dice: “No tenemos necesidad de cansar otras tropas; con las que hay combatiendo, bastan y sobran”. “Mañana entraremos a Barquisimeto”. Esto sucedía el 22 de mayo, y el 23 ocupó el General Gómez la ciudad.

FINAL

El Ministro de Guerra y Marina, General Eleazar López Contreras condecora con la Medalla de Honor "Francisco de Miranda" en su Primera Clase al Presidente de la República de Venezuela, Benemérito General Juan Vicente Gómez en 1934, por haber cumplido 30 años consecutivos en Servicio Militar Activo.

Algunos años después de sus campañas, el General Gómez quiere completar sus glorias militares, y entonces empieza la reorganización del Ejército.

Tiene el convencimiento de que el arte de la guerra está también, sometido a la eterna ley de la evolución, y que si los elementos materiales progresan, los que pretenden manejarlos tienen que ponerse en capacidad de hacerlo.

Así vemos que a la vez que dota ese Ejército de esos elementos, crea a la vez una Escuela Militar, para formar oficiales; escoge algunos para que vayan al exterior a recoger enseñanzas, y pone en manos de sus viejos oficiales Reglamentos de toda especie para que estudien y se pongan en capacidad de apreciar bueno y lo malo que se hizo en nuestras guerras.

El General Gómez ha terminado el período de nuestras guerras internas, y por lo tanto el estudio de la guerra en la guerra misma; pero hombre previsivo siempre, nos presenta los medios para que estudiemos la guerra, es decir, nos pongamos en las condiciones de ir a ella, siguiendo métodos y sistemas adoptados por las principales Naciones del Orbe, en sus largos períodos de paz.

Estudiemos para que puedan quedar cumplidos los propósitos de nuestro Comandante en Jefe al emprender la reorganización del Ejército, y esperemos confiados en nuestro porvenir y en el progreso de la Patria, que reposa en su brazo fuerte y en su alma noble y grande.

ELEAZAR LÓPEZ CONTRERAS.
General de Brigada.

(Este trabajo se publicó en Maracay, el 5 de julio de 1917. Extraído del libro: “Revista del Ejército, Marina y Aeronáutica”. Número Extraordinario. Año III. Tomo V. N° 32. Caracas. 1933).

domingo, 15 de diciembre de 2019

GENERAL JUAN VICENTE GÓMEZ, CREADOR DEL EJÉRCITO NACIONAL DE VENEZUELA

El Benemérito General Juan Vicente Gómez, Presidente de la República de Venezuela, encabezando la parada militar de 1934 en Maracay.

El Benemérito General Juan Vicente Gómez, constituyó el moderno Ejército Venezolano, implantó paz y orden en un pueblo esencialmente levantisco, saneó las finanzas nacionales cancelando las deudas exteriores, dio gran desarrollo a la instrucción pública, unió los pueblos de Venezuela con amplias carreteras y otras vías de comunicación y, por encima de todo, acabó con los caudillos, plaga perniciosa que, constantemente, ensangrentó el suelo glorioso de la Patria para satisfacer ambiciones personales.

REVISTA DEL EJÉRCITO, MARINA Y AERONÁUTICA

Órgano del Ministerio de Guerra y Marina

Número Extraordinario
Año III. Tomo V. N° 32.
Caracas 1933.

La REVISTA DEL EJÉRCITO, MARINA y AERONÁUTICA se une a los homenajes que las diversas actividades nacionales han rendido al Benemérito General Juan Vicente Gómez, con ocasión del aniversario de su labor gubernativa y al efecto ha querido que este número extraordinario sea en lo posible una síntesis gráfica de los actos que nuestra Institución celebró en tan feliz oportunidad y que su contenido exponga la personalidad llena de fuerza y energía creadora del Ilustre Gobernante, uno de cuyos anhelos más fervientes ha sido la Organización del Ejército y de la Armada.

Seguros del presente, llenos de fe en el porvenir, cada uno de los elementos constitutivos de esta gran familia nacional, tenemos por el General Gómez ese respeto basado en el cariño, esa subordinación consciente al Jefe que todo lo prevé, sentimientos que en el momento preciso se traducirán en la acción uniforme y enérgica, capaz de sostener la efectividad de los principios que él nos ha enseñado y que constituyen la base del bienestar nacional.

Al rendir, pues, este homenaje, que en forma respetuosa presentamos a nuestro Ilustre Jefe, estamos seguros de interpretar el sentimiento de cuantos tenemos el honor de estar aI servicio de las Armas Nacionales.

EL GENERAL JUAN VICENTE GÓMEZ Y NUESTRAS INSTITUCIONES ARMADAS

El General en Jefe Juan Vicente Gómez, al frente de la parada militar del año 1916 en el Hipódromo Nacional de El Paraíso, Caracas.

Militar de indiscutible relieve, de méritos auténticos demostrados en los propios campos de batalla, comandando ejércitos expedicionarios, el Benemérito General Juan Vicente Gómez ha tenido en todo momento una atención preferente por las Instituciones Armadas de la República.

Penetrado de la influencia efectiva que debe ejercer siempre un jefe sobre sus subordinados, a los pocos días de asumir el poder se dirige, por órgano del, Ministro de Guerra y Marina, a los comandos de unidades para recomendarles mejoras en la vida material del soldado y constante observancia de una conducta ejemplar de parte de todos los oficiales como medio eficaz para conseguir el mejoramiento moral del soldado.

CULTO A LOS HÉROES

El General Juan Vicente Gómez, Comandante en Jefe del Ejército Nacional. Revista Militar en el Campo de Carabobo con motivo de su Centenario, el 24 de junio de 1921. 

El Benemérito General Juan Vicente Gómez ha tenido un culto preferente por los héroes, nacionales y extranjeros. Cúpole en suerte presidir todas las fiestas centenarias de la epopeya emancipadora y en ellas demostró su gran espíritu de patriota y los nobles sentimientos que le han inspirado los hechos gloriosos de nuestros libertadores. Ha hecho erigir numerosas estatuas en Caracas, Maracay y en otras ciudades venezolanas y en los sitios más gloriosos de la Patria; ha reconstruido el Panteón Nacional donde se veneran las cenizas del Libertador y de los principales próceres de la Independencia, y, por último, adquirió para la Nación la casa donde nació Simón Bolívar y la ha transformado en primer santuario de nuestro patriotismo.


Parada Militar Centenario de la Batalla de Carabobo, el 24 de junio de 1921, presidida por el General en Jefe, Juan Vicente Gómez. Inauguración del Arco de Carabobo como homenaje a nuestros héroes patrios y la Independencia Nacional, erigido por mandato del General Gómez en 1921, en la llanura de Carabobo donde se libró la batalla emancipadora.

El General Juan Vicente Gómez, observa con orgullo la inauguración de la Plaza Bolívar de Maracay, Edo. Aragua, en 1930.

Panteón Nacional, ampliamente reconstruido en 1930 por orden del Benemerito General Juan Vicente Gómez con motivo del Centenario de la muerte del Libertador Simón Bolívar.

Casa Natal del Libertador Simón Bolívar en Caracas, adquirida para la Nación por mandato del Benemérito General Juan Vicente Gómez.

Venezuela ha celebrado como propias las efemérides gloriosas de nuestra América y, de manera especial, las referentes a las Repúblicas Bolivarianas. Por Resolución del 31 de agosto de 1927, se dispuso, “como una cordial demostración del Gobierno de Venezuela para con las Repúblicas hermanas”, que tropas de la guarnición de Caracas rindan honores, en los días conmemorativos de la Independencia de Bolivia, Colombia, Ecuador, Panamá y Perú, en los actos de izar y arriar la Bandera, en la Legación respectiva. Iguales honores se rinden a la Bandera Española, el 12 de octubre, Día de la Raza, como homenaje a la Madre Patria.

Estatua del Libertador Simón Bolívar que fue obsequiada por el Gobierno del General Juan Vicente Gómez a la ciudad de Nueva York, Estados Unidos de América, en 1921.

Por disposición del Benemérito General Juan Vicente Gómez, el Gobierno de Venezuela ofreció una estatua del Libertador a la ciudad de Nueva York, estatua que fue inaugurada el 19 de abril de 1921 en el Parque Central de la gran metrópoli de los Estados Unidos de Norte América. Por iniciativa del Benemérito Jefe, los Gobiernos de las Repúblicas Bolivarianas decretaron la erección de sendos monumentos al Libertador en París y Roma. La inauguración del monumento en París se efectuó el 17 de los corrientes, aniversario de la muerte del Padre de la Patria.

A la izquierda: Monumento Ecuestre del Libertador Simón Bolívar, erigido en la ciudad de París (Francia), inaugurado el 17 de diciembre de 1933, durante la Presidencia del General Juan Vicente Gómez. Escultor: Emmanuel Fremiet. A la derecha: Monumento Ecuestre del Libertador Simón Bolívar, erigido en la ciudad de Roma (Italia), inaugurado el 21 de abril de 1934, durante la Presidencia del General Juan Vicente Gómez. Escultor: Pietro Canónica.  

MINISTERIO DE GUERRA Y MARINA

Nuevo Edificio de la Inspectoría General del Ejército en Caracas, construido por el Gobierno del General Juan Vicente Gómez en 1919, situado en el ángulo noreste de la esquina de Miraflores. Obra del ingeniero Alejandro Chataing. Fue decretada su construcción, el 24 de febrero de 1917 e inaugurado, el 24 de julio de 1919. El costo total del edificio fue de 561.059,75 Bs.

En 1908, el Despacho constaba de dos Direcciones, la de Guerra y la de Marina, Estadística y Contabilidad. Desde el 31 de octubre de 1914, la segunda Dirección se denominó únicamente “de Marina” y a partir del 1° de julio de 1920, se creó la Dirección Administrativa.

Según la Ley de Ministerios del 21 de julio de 1933, vigente, al Departamento de Guerra y Marina corresponde la organización, gobierno, administración, instrucción y movilización del Ejército y de la Armada; el servicio militar obligatorio y los servicios de ingenieros, sanidad y veterinaria, intendencia, auditoría, capellanía, dique y astillero, pilotaje y faros; los institutos de instrucción militar y naval; las pensiones y montepíos militares; la elaboración de reglamentos militares y navales; las capitanías de puerto, y la iluminación y sondeo de las costas, puertos, ríos, barras y canales.

El Reglamento de la Ley de Ministerios del 31 de julio de 1933, en Ios artículos, 20, 21 y 22, indica las materias que, respectivamente, corresponden a las Direcciones de Guerra, Marina y Administrativa.

El presupuesto del Ministerio de Guerra y Marina ascendía en 1909 a Bs. 9.570.557,20 y en el año económico de 1933 a 1934 es de Bs. 30.451.788,25.

ESCUELAS MILITARES

Academia Militar en La Planicie de Cagigal, Caracas.

Venezuela había tenido colegios y academias militares, pero, durante la Administración del General Cipriano Castro, los oficiales del Ejército se formaban sólo con individuos de tropa que se destacaban en filas por su disciplina, conducta y aplicación. El Benemérito General Juan Vicente Gómez, con su amplio espíritu de progreso, juzga indispensable la creación de una escuela para formar oficiales preparados que sirvan de base para iniciar una reforma militar metódica y consciente en el Ejército Venezolano, como se desprende de la Memoria presentada por el Ministro de Guerra y Marina al Congreso Nacional en las sesiones de 1909.

En el Decreto del 19 de marzo de 1910 sobre la conmemoración del Primer Centenario de la Independencia Nacional, se crea la Academia Militar de la República y el 5 de julio del mismo año queda inaugurada en un magnífico edificio construido al efecto en la planicie Cagigal, una de las colinas que se extiende en la parte occidental de Caracas. El 28 de octubre se iniciaron las labores docentes de acuerdo con el Decreto Reglamentario de dicho instituto de 20 de junio de 1910, con un total de 41 alumnos de toda la República, que se repartieron, según la preparación respectiva, en dos secciones.

Ejercicios Militares en la Academia Militar de La Planicie en Caracas.

Los estudios se harían en tres años, así:

Primer Año: Código militar, castellano, francés, inglés, aritmética, historia patria, geografía de Venezuela y de América, telegrafía, prácticas de artillería y servicios de guarnición y de campaña.

Segundo Año: Artillería, táctica, topografía, logística, conocimiento de armas, francés, inglés, álgebra, geometría, física, química y mecánica de los explosivos, y telegrafía.

Tercer Año: Fortificación, táctica, estrategia, artillería, higiene militar, levantamiento y dibujo de planos topográficos, francés, inglés, mecánica y balística y trigonometría.

Acto en la sede de la Academia Militar en Caracas (Venezuela) con la presencia del General Juan Vicente Gómez, Presidente de la República, acompañado por sus hijos, el General José Vicente Gómez, Inspector General del Ejército y Florencio Gómez Núñez, don Antonio Pimentel, Ministros y otras distinguidas personalidades. Discurso pronunciado por el Dr. Enrique Urdaneta Maya.
  
La instalación de la Academia Militar por iniciativa del General Juan Vicente Gómez fue un acto de gran trascendencia y el verdadero punto inicial de la reorganización de nuestro Ejército. Este instituto, dotado de un idóneo cuerpo de oficiales y de un competente personal de profesores, ha funcionado desde entonces con toda regularidad, siendo objeto de una esmerada y constante atención de parte de la Superioridad.

Por Resolución del 21 de febrero de 1913, se le cambió el nombre de Academia Militar por el de Escuela Militar. El 1° de febrero de 1918, se decretó un nuevo Reglamento Orgánico y Plan de Estudios, aumentándose a cuatro los tres cursos anteriormente existentes. Este aumento tiende a que los cadetes obtengan mayor preparación civil; se crearon las cátedras de hipología, moral militar e historia natural. El 26 de marzo de 1924 se inició un curso de artillería para los alumnos de tercero y cuarto años.

El 19 de abril de 1928 fue clausurada la Escuela Militar y, para sustituirla, se creó en Caracas, por Resolución del 13 de diciembre del mismo año, la Escuela de Aspirantes a Oficiales. Desde el 6 de enero de 1931, se instaló en la ciudad de Maracay. El 7 de febrero siguiente, se unió a ella la Escuela Naval para constituir un solo instituto denominado Escuela Militar y Naval de Venezuela.

Los beneficios que ha reportado al Ejército Nacional nuestro primer instituto militar son incalculables. De sus aulas, han salido a filas 231 oficiales que, sin duda, constituyen hoy un grupo de profesionales cuya preparación pone muy en alto al Ejército Venezolano. En el presupuesto de 1909, la Academia Militar tenía asignada la cantidad de Bs. 48.760 y en el actual, la Escuela Militar y Naval dispone de Bs. 412.715.

Con el objeto de mejorar la preparación profesional de los oficiales procedentes de filas, se creó el 8 de noviembre de 1911 una Escuela de Aplicación, con las siguientes asignaturas: táctica, fortificación, balística, topografía, justicia militar, higiene, matemáticas y geografía e historia de Venezuela, y trabajos prácticos de infantería y de servicio en campaña. La Escuela funcionó en Caracas y hubo cuatro cursos sucesivos con un total de 193 oficiales que terminaron satisfactoriamente sus estudios.

A fin, de formar también un buen cuerpo de clases para colaborar más eficazmente con los oficiales en la instrucción militar de los cuerpos de tropa, fue creada en Caracas una Escuela de Clases el 4 de julio de 1912, escuela que se instaló en el cuartel de "El Mamey" y comenzó sus labores con 17 alumnos. Pronto se palparon los benéficos resultados de este nuevo e importante Instituto.

INSTRUCCIÓN MILITAR

Escuela Militar de La Planicie de Cagigal en Caracas. Los oficiales rodean el Busto de nuestro Padre de la Patria, el Libertador, Simón Bolívar.

Ya preparado un grupo de oficiales y clases en las escuelas creadas por el Benemérito General Juan Vicente Gómez, se procedió a difundir en el Ejército una verdadera instrucción militar. Para constituir la unidad de doctrina y unificar la instrucción, se creó, por Decreto del 26 de febrero de 1913, una Comisión Superior de Instrucción Militar encargada de la dirección de las enseñanzas respectivas en el Ejército y en las escuelas militares, y de la elaboración de reglamentos adecuados a nuestro medio, misión esta última que fue llenada a cabalidad dotando a nuestra institución de los reglamentos indispensables para la instrucción, organización y funcionamiento de los cuerpos de tropa. El 21 de julio de 1912, se inauguró en la sabana de Sarría, cerca de Caracas, un campo de tiro.

La instrucción continuó su marcha progresiva en todo el país debido especialmente a instructores de diferentes armas repartidos en las unidades de infantería, artillería y caballería y al gran espíritu de trabajo que reinaba en la Escuela Militar, en la Escuela de Aplicación y en la Escuela de Clases. Como la instrucción militar no era suficiente para abarcar todo el plan de perfeccionamiento elaborado, se estableció el sistema de conferencias en los cuerpos con el fin de dar también una educación cívica y patriótica a los soldados, basada de preferencia en el estudio de nuestra brillante historia militar. Poco después, la Inspectoría General del Ejército ordena que se dicten conferencias sobre temas militares, medida que redundó en gran provecho de nuestra institución, pues despertó en la oficialidad más contracción al estudio y noble emulación profesional. En esta obra de perfeccionamiento, colaboraron con eficacia oficiales enviados por disposición del Benemérito General Juan Vicente Gómez a perfeccionar sus estudios en escuelas militares extranjeras.

El progreso efectivo en la instrucción de las diferentes unidades del Ejército pudo palparse en las magníficas paradas militares efectuadas en el Hipódromo Nacional, en Caracas, los años 1914, 1915 y 1916; en el campo inmortal de Carabobo, con motivo del Centenario de esta gloriosa batalla; en Maracay, para inaugurar la estatua del Gran Mariscal de Ayacucho, etc., etc. En el Centenario de la muerte del Libertador, el 17 de diciembre de 1930, se reunieron en la llanura de Carabobo, en homenaje al Padre de la Patria, las brigadas de infantería números 2, 3, 5, 7 y 9, el regimiento de artillería “Ayacucho” N° 1 y el regimiento de caballería “Plaza” N° 1.

El 18 de agosto del 1921 comenzó en Caracas un curso de perfeccionamiento militar dirigido por el Comandante Paul Tremsal, jefe de la misión militar francesa de infantería. El curso se dividió en dos secciones: una superior constituida por 15 jefes y otra elemental, con 45 oficiales subalternos. Ambas terminaron, en febrero de 1922 y con los oficiales que demostraron mayor capacidad, se continuó un curso especial que finalizó en diciembre del mismo año. Paralelamente se hacía en Maracay un curso de artillería y ametralladoras a cargo del Capitán de artillería Emile Oury, del Ejército Francés. Estos cursos de infantería y de artillería dieron un nuevo contingente de oficiales suficientemente preparados en sus respectivas armas, quienes desde entonces han venido colaborando con eficacia en la magna obra emprendida por el Benemérito General Juan Vicente Gómez para modernizar al Ejército Venezolano.

En 1920 fue creada una escuela primaria en cada batallón, a cargo de un preceptor, para que los conscriptos que salieran de filas supieran leer y escribir. El 15 de noviembre de 1926 dispuso la Superioridad que en las brigadas de infantería y en los regimientos de artillería y de caballería se organizaran escuelas de clases para darles una preparación más efectiva debido al poco tiempo que permanecen en el Ejército, en acatamiento a la Ley de Servicio Militar y en vista de que el cuerpo de clases no está constituido entre nosotros por un personal permanente. Por Resolución del 18 de abril de 1928, fue clausurada la Inspectoría General del Ejército. A partir del 19 de julio de 1929, la junta militar que funcionaba como “Comisión Revisora de Reglamentos”, se reorganizó con el nombre de “Comisión de Reglamentos Militares y Navales”; funciona con toda regularidad bajo la dependencia inmediata del Despacho de Guerra y Marina y tiene a su cargo la publicación de la REVISTA DEL EJÉRCITO, MARINA y AERONÁUTICA.

El 24 de julio de 1932, se inauguró en la ciudad de Maracay un Museo Militar y un Centro Cultural para oficiales con su correspondiente biblioteca.

ORGANIZACIÓN MILITAR

Parada Militar de nuestro Ejército Nacional fundado profesionalmente por el Presidente de la República de Venezuela, General Juan Vicente Gómez en 1910.

Al iniciarse la Administración del Benemérito General Juan Vicente Gómez, el Ejército estaba dividido en batallones aislados. En Caracas existía un cuerpo de artillería y grupos de esta misma arma en La Guaira, Puerto Cabello, Maracaibo y Guayana. Para centralizar el mando de las diferentes unidades, se organizó el 11 de enero de 1910 la Inspectoría General del Ejército que, hasta esa fecha, había funcionado unida a la Inspectoría General de la Armada.

El 28 de enero de 1911, se creó transitoriamente el escuadrón “Húsares del Centenario” para servir de escolta, en las festividades con que se conmemoró el Primer Centenario de nuestra Independencia. Por Decreto del 1° de septiembre del mismo año, se reorganizó dicho escuadrón para quedar en el Ejército con carácter permanente.

Por Resolución del 19 de agosto de 1911, las tropas de infantería se dividieron en 23 batallones denominados: 13 de Abril, Urdaneta, Bolívar, Falcón, Santa Ana, Villapol, Bárbula, Bermúdez, Lara, Miranda, Páez, Carabobo, 5 de Julio, Zamora, Girardot, Ricaurte, Ribas, Piar, Gómez, Sucre, 19 de Diciembre, Arismendi y Centenario.

El 4 de agosto de 1913 se formó un Ejército Expedicionario constituido por tres brigadas combinadas. Cada brigada constaba de dos regimientos de infantería, un grupo de artillería y un escuadrón de caballería. Los regimientos de infantería fueron numerados del 1 al 6.

Con el objeto de simplificar la acción del mando, el 18 de agosto 1922 fueron eliminados los comandos de los regimientos de infantería existentes hasta la fecha, quedando las brigadas constituidas por cuatro batallones. En 1921, se organizó la brigada N° 5; el 2 de julio de 1929, las brigadas números 6, 7 y 9, y el 24 de diciembre del mismo año, la brigada N° 8.

De acuerdo con la Ley Orgánica del Ejército y de la Armada del 24 de julio de 1933, el Ejército Activo Nacional se compone de las armas de infantería, caballería, artillería y aviación, y de los servicios de ingenieros, sanidad y veterinaria, intendencia, auditoría y capellanía.

En la actualidad hay en servicio activo los batallones Páez, Bomboná, Bravos de Apure, Guaicaipuro, Mariño, Pedro León Torres, 7 de Noviembre, Piar, Pichincha, Boyacá, Cedeño, Lara, Sucre, 5 de Julio, Maracay, Cazadores del Británico, 23 de Abril, Rifles, Freites, Vargas, Miranda, Arismendi, Girardot, La Victoria, Gómez, Carabobo, Bárbula, Villapol, Ribas, Bermúdez, 24 de Julio, Anzoátegui, Bolívar, Urdaneta, Ricaurte, Junín y 13 de Mayo. Los 36 primeros batallones están encuadrados en nueve brigadas.


Diferentes unidades de transporte del Ejército Nacional, presentes en la parada militar de 1934 en Maracay. Se observan los vehículos de: Radio Militar, Ambulancias, Blindados y Artillería.

El arma de artillería cuenta con el regimiento “Ayacucho” N° 1 y con destacamentos de esta arma en La Guaira, Puerto Cabello, San Carlos, Guayana, San Cristóbal, Maracaibo, Barquisimeto, Cumaná, Carúpano, Ciudad Bolívar, Trujillo y La Asunción.

El regimiento de caballería “Plaza” N° 1 está dividido en tres escuadrones.

Para el Ejército Activo, el presupuesto en 1909 era de Bs. 6.198.537 y en el de 1933 a 1934, es de Bs. 17.627.155,25.

AVIACIÓN MILITAR

Avión Farman en el Hangar de la Escuela de Aviación Militar de Venezuela, con sede en la ciudad de Maracay. 

El 17 de abril de 1920 fue decretada la creación de la Escuela de Aviación Militar, y su inauguración se llevó a efecto el 19 de diciembre del mismo año conforme a lo dispuesto en el Reglamento Orgánico del instituto, publicado el 21 de junio. Funciona en la ciudad de Maracay y en ella se desarrollan cursos de pilotaje, observación y mecánica.

El primer curso de pilotaje se inició con doce alumnos bajo la dirección de un oficial francés. El 7 de enero de 1921 llegó una misión militar francesa, contratada por el Gobierno Nacional, la cual tomó a su cargo la dirección técnica del instituto. Esta misión permaneció entre nosotros dos años, quedando después como instructor, hasta hoy, el oficial francés Robert Guerin.

El 27 de mayo de 1921 obtuvieron el diploma de pilotos los tres primeros alumnos, y el 1° de octubre del mismo año se graduaron dos más. Desde su fundación, la Escuela ha dado 29 pilotos aviadores, numerosos mecánicos y un buen número de observadores. Junto con el personal directivo, colaboran actualmente pilotos, mecánicos y observadores venezolanos, procedentes del mismo instituto. La Escuela dispone de 18 pilotos. 

El General Juan Vicente Gómez, Presidente de la República, fundador de la Aviación Militar y Civil en Venezuela, observando con admiración y orgullo las maniobras aéreas en el Campo de Aviación de Maracay.

El Benemérito General Juan Vicente Gómez ha tenido siempre por la Escuela de Aviación gran preferencia, dotándola de todos los elementos necesarios para que cumpla a cabalidad la difícil y arriesgada misión de formar pilotos venezolanos. En los últimos años, hemos tenido que lamentar la pérdida de algunos aviadores, pérdidas qué, desgraciadamente, son inevitables en esta arma y ocurren en todos los países, aún entre los más audaces y expertos ases de la aviación.

El 29 de febrero de 1932 fue adscrita la Escuela Militar, de Radiotelegrafía a la Escuela de Aviación Militar. Desde su creación en 1918, han salido de ella numerosos y competentes radiotelegrafistas. Hay estaciones de radiotelegrafía en las principales plazas de la República y en los buques de la Armada, servidas todas por personal venezolano.

Además del aeródromo militar de Maracay y de la estación de hidroaviones situada en la laguna de Valencia, el país cuenta con campos de aterrizaje en Maracaibo, Barquisimeto, Ciudad Bolívar, Calabozo, San Fernando de Apure, Coro, Barinas, Maiquetía, Maturín, Acarigua, San Carlos, San Antonio del Táchira, Cumarebo, Chichiriviche, Borburata, Caripito, Tumeremo, Mapire, Caicara y El Chao.

El General Juan Vicente Gómez, Presidente de la República de Venezuela, esperando en los Hangares de la Escuela de Aviación en Maracay, la llegada del célebre piloto norteamericano Charles Lindbergh. Aparecen: El Coronel David López Hernríquez, don Antonio Pimentel, Gonzalo Gómez Bello, Juan Vicente Gómez Núñez, Florencio Gómez Núñez, los Generales Santos Matute, Antonio José Cárdenas, Francisco Colmenares Pacheco y los doctores Rubén González y Carlos Jiménez Rebolledo. Año 1928.

En el presupuesto de 1920 a 1921, época en que se fundó la Escuela de Aviación Militar, este instituto disponía de Bs. 287.915 para su personal y Bs. 200.000 destinados a compra de materiales de aviación. Hoy tiene al año Bs. 670.444 la Escuela, Bs. 1.200.000 para material de aviación y Bs. 85.320 la Escuela de Radiotelegrafía.

SERVICIOS MILITARES

Hospital Militar de Caracas.

Ingeniería: Por Decreto del 14 de junio de 1909, se dispuso el levantamiento del Mapa Físico y Político de Venezuela, aprovechando para ello los trabajos realizados por la comisión encargada desde 1904 de levantar el plano militar de la República.

El 8 de septiembre de 1931 fue reorganizado el Servicio de Ingenieros del Ejército, dirigido por un coronel asimilado, que tiene a sus órdenes un cuerpo de ingenieros militares. Este Servicio sigue dedicado especialmente a trabajos cartográficos y se ocupa también de la dirección y construcción de obras de fortificación, campos de aterrizaje, reparación de edificios militares, etc., etc.

Sanidad Militar: Puede decirse que en 1908 no existía el Servicio de Sanidad Militar. El 15 de septiembre de 1909 quedó instalado en Caracas el Hospital Militar en el edificio denominado “Hospital Linares”, adquirido por disposición del Benemérito General Juan Vicente Gómez con tal objeto. Para su mejor funcionamiento se elaboró un Reglamento Orgánico.

En 1913, se dotó a cada regimiento de un médico, un practicante, un farmacéutico y de los enfermeros necesarios, dotación que también fue asignada a todos los batallones independientes y a las fortalezas de la República. El 25 de febrero de 1923, comenzó a prestar servicios en Maracay el Hospital “Alí Gómez”.

Hospital Militar "Alí Gómez" de Maracay, Edo. Aragua.

Hoy cuenta el Servicio de Sanidad y Veterinaria con un director, asimilado al grado de coronel, y con un numeroso personal de médicos, veterinarios, practicantes, farmacéuticos y enfermeros que cumplen a cabalidad con las funciones inherentes al cargo que desempeñan.

En 1909, el presupuesto del Hospital Militar ascendía a Bs. 58.471,20. El Servicio de Sanidad y Veterinaria cuenta hoy con Bs. 875.000 anuales.

Intendencia: Le corresponde proveer a los oficiales, tropa y marinería de todas las prendas de vestuario y equipo reglamentarios. En la actualidad, dispone de un experto personal, maquinarias modernas y amplios recursos, teniéndose gran cuidado en la selección de los materiales empleados. Durante la Administración del Benemérito General Juan Vicente Gómez, los uniformes con todas sus prendas accesorias se han repartido gratis al personal del Ejército y de la Armada.

El presupuesto para el vestuario y equipo del Ejército y de la Armada era en 1909 de Bs. 587.880. El actual asciende a Bs. 1.750.000.

Auditoría: A este Servicio corresponde todo lo relacionado con la justicia, tanto en el Ejército como en la Armada. El jefe del Servicio es el Auditor General del Ejército, quien al mismo tiempo es el consultor jurídico del Ministerio de Guerra y Marina y tiene a sus órdenes un personal de abogados que se denominan Auditores de Guerra o de Marina y sirven de asesores en los juicios militares.

Capellanía: Este Servicio tiene a su cargo todo lo relativo al culto en el Ejército y en la Armada. Al frente del Servicio, está el Capellán General del Ejército, auxiliado en su noble misión por numerosos Capellanes.

ARMADA NACIONAL

Cañonero "Miranda" de la Armada Nacional.

En 1908, estaba constituida por el torpedero Bolívar, el crucero Restaurador, los cañoneros Zamora, Zumbador, Miranda, Margarita y 5 de Julio, y el bergantín Antonio Díaz. El torpedero Bolívar y los cañoneros Margarita y 5 de Julio fueron hundidos en Puerto Cabello por su mal estado. El 29 de junio de 1909, se cambió el nombre al crucero Restaurador denominándosele General Salom. En este mismo año, se inició la reconstrucción del cañonero Miranda en el Dique y Astillero Nacional y fue puesto nuevamente en servicio el 1° de octubre de 1910.

En mayo de 1912, se compró al Gobierno de los Estados Unidos de Norte América el crucero Isla de Cuba y, por Resolución del 7 de septiembre siguiente, se le puso el nombre de Mariscal Sucre. A partir del 19 de diciembre de 1915, el cañonero Zumbador se llamó José Félix Ribas. En 1920, el cañonero Zamora sufrió una transformación completa en el Astillero y se arrendó a la Compañía de Navegación Fluvial y Costanera de Venezuela, pasando de nuevo al servicio activo de la Armada en noviembre del corriente año en calidad de transporte, totalmente reconstruido.

El 13 de agosto de 1923 se adquirió el vapor Maracay, destinado actualmente a buque hospital, después de sufrir una reparación general. El 1° de mayo de 1925 vuelve al servicio activo el cañonero “José Félix Ribas”, reconstruido en el Astillero Nacional. El 11 de mayo de 1928 se compró el vapor remolcador Maila para el servicio de la Barra y Tablazo de Maracaibo y se denominó 21 de Julio, remolcador que pasó a la Armada Activa a principios del presente año.

En 1929 y parte de 1930 es reparado en su totalidad el crucero General Salom y puesto al servicio el 5 de julio. El 29 de octubre de 1929 fue adquirido y armado convenientemente el cañonero Aragua. Con fecha 17 de marzo de 1931, el bergantín Antonio Díaz se reemplazó por el velero Naricual, destinado, como el anterior, a transportar de Guanta a Puerto Cabello el carbón necesario para el Dique y Astillero Nacional y los buques de la Armada. El bergantín Antonio Díaz fue hundido, por su mal estado, el 3 de marzo de 1932. A principios de este mismo año, pasó a la Armada la lancha aviso Táchira, adquirida en 1928 por el Ministerio de Hacienda para el servicio de aduanas. El 4 de julio de 1931, se compraron dos lanchas para el servicio de la Barra y Tablazo de Maracaibo que se denominaron General Urdaneta y Almirante Padilla.

La Armada Activa está constituida actualmente por los cruceros Mariscal Sucre y General Salom, cañoneros Miranda, José Félix Ribas, Orinoco y Aragua, transporte Zamora, remolcador 21 de Julio, lancha aviso Táchira, buque hospital Maracay y velero Naricual. El cañonero Orinoco ha sido adscrito a la Armada en el presente mes.

El presupuesto para los buques de la Armada era en 1909 de Bs. 988.301,50 y en el año económico de 1933 a 1934 llega a Bs. 2.269.311.

ESCUELAS NAVALES

Vapor "Guárico" de la Armada Nacional.

La Escuela Náutica fue creada, junto con la Academia Militar, en el Decreto del 19 de marzo de 1910 con motivo de las festividades para conmemorar el Primer Centenario de nuestra Independencia e inaugurada también el 5 de julio del mismo año. El 7 de febrero de 1911 se decretó la ida de la Escuela Náutica al puerto colombiano de Santa Marta para visitar el 19 de abril la Quinta de San Pedro Alejandrino, última morada que tuvo el Libertador, “como un homenaje de respeto, amor y admiración del Gobierno y pueblo de Venezuela”. El 13 de abril salió el crucero General Salom de La Guaira para Santa Marta y después de cumplir la honrosa misión que se les había encomendado, llegaron a La Guaira el 26 del mismo mes.

El 25 de mayo de 1912 se le cambió el nombre de Escuela Náutica por el de Escuela Naval y el 25 de julio del mismo año fue trasladada a Puerto Cabello. El 31 de agosto de 1921 se instala de nuevo en el edificio de la Escuela Militar, en Caracas, para ser reorganizada y dirigida por el capitán de navío Audoin, de la Armada Francesa, quien vino a Venezuela contratado como instructor. A principios de 1922, volvió a Puerto Cabello. Por Resolución del 7 de febrero de 1931, la Escuela Naval pasó a la ciudad de Maracay para constituir con la Escuela de Aspirantes a Oficiales un solo instituto que tomó el nombre de Escuela Militar y Naval de Venezuela. Desde su fundación, la Escuela Naval ha dado sesenta oficiales que, por su sólida preparación y amor al estudio, hacen honor a la Armada Venezolana. En su mayoría, los comandantes de nuestros buques han salido de ella.

El 28 de octubre de 1912 se formó una Escuela de Ingenieros de la Armada, que debía funcionar en Puerto Cabello a cargo del Director de la Escuela Naval. Para ser alumno, se requería el grado de guardiamarina o el de agrimensor, obtenido en alguna de las universidades nacionales. A los estudios, teóricos y prácticos, duraban dos años, saliendo graduados de este instituto un grupo de ingenieros que ingresaron a la Armada.

El mismo 28 de octubre de 1912 se creó una Escuela de Cabos de mar, Cabos cañoneros y timoneles, anexa también a la Escuela Naval. El curso duraba 18 meses y los alumnos se comprometían a servir cuatro años en los buques de la Armada, después de terminados los estudios.

Por Resolución del 3 de enero de 1916 se constituyó en el Astillero Nacional de Puerto Cabello una Escuela Práctica de Construcciones Navales con cursos que duraban tres años. Esta Escuela estuvo en 1917 en el crucero Mariscal Sucre y el año siguiente pasó de nuevo al Astillero.

En 1918 se formó en el crucero Mariscal Sucre una Escuela de Radiotelegrafía que comenzó sus labores con diez educandos. El 11 de febrero de 1920 pasaron los alumnos de esta escuela a la fundada en Caracas por el Ministerio de Fomento.

SERVICIOS NAVALES

Transporte "Zamora" reparado en el Dique Astillero de Puerto Cabello, Edo. Carabobo.

Los Servicios de la Armada Activa son: ingenieros, sanidad, intendencia, auditoría, capellanía, dique y astillero, pilotaje y faros. De los cinco primeros, tratamos en los Servicios del Ejército, restándonos dar algunas indicaciones de los últimos.

Dique y Astillero: En cumplimiento al Decreto del 28 de agosto de 1905, se procedió a la construcción del Astillero Nacional en Puerto Cabello. Con motivo de las festividades decretadas para conmemorar el Primer Centenario de la Independencia Nacional, se dispuso la construcción de un dique de acero y en consecuencia, el 16 de abril de 1910 se celebró un contrato para su construcción, la cual fue terminada a mediados de 1912. El 10 de agosto de 1910 se publicó un Reglamento Interno del Astillero, modificándolos por otro del 7 de septiembre de 1918. En 1927, el dique de acero fue totalmente reconstruido. A fines del año 1932, se dotó al Dique y Astillero Nacional de maquinarias por valor de Bs. 90.000.

El Servicio de Dique y Astillero cuenta con talleres de mecánica general y de precisión calderería, herrería, fundición, cobrería, carpintería de banco y de ribera; diques de acero y de madera; planta para la fabricación de gas acetileno con destino al servicio de faros y al mismo tiempo, sirve de depósito naval. La obra realizada en el Dique y Astillero Nacional es de trascendencia nacional: construcción y reconstrucción y limpieza de buques para la Armada y de vapores para nuestra marina mercante, reparaciones de vapores pertenecientes a las marinas mercantes extranjeras, trabajos de fundición para las dependencias del Despacho de Guerra y Marina y para otros Ministerios. La reconstrucción del crucero General Salom, por ejemplo, es una prueba evidente de la sólida competencia que poseen los directores de este importante Servicio de la Armada. Este año han sido reconstruidos el cañonero Orinoco y el transporte Zamora.

Crucero "Mariscal Sucre" de la Armada Nacional.

El presupuesto para el Dique y Astillero Nacional montaba en 1909 a la cantidad de Bs. 163.560 y hoy es de Bs. 647.528.

Pilotaje: Este Servicio tiene a su cargo todo lo relativo a la navegación de buques en la Barra y Tablazo de Maracaibo, en la Barra de Maturín, en el río Orinoco y dentro de los puertos marítimos de la República. Para la unificación de estos diferentes servicios, existe una Ley de Pilotaje, siendo la vigente del 1° de julio del corriente año. Por disposición del Benemérito General Juan Vicente Gómez, se han dictado, además, reglamentos especiales para el servicio de pilotaje de La Guaira, Puerto Cabello, Barra y Tablazo de Maracaibo, Barra de Maturín y río Orinoco.

Tarea importante ha sido la formación del cuerpo de prácticos para el servicio de pilotaje, funcionando constantemente escuelas especiales con tal objeto, dependientes del Ministerio de Guerra y Marina. La Escuela de Pilotaje de la Barra y Tablazo de Maracaibo sirve, al mismo tiempo, de curso práctico preparatorio a los cadetes de la Escuela Naval.

En 1909, el presupuesto para el Pilotaje era de Bs. 72.960 y actualmente es de Bs. 445.180.

Faros: A este Servicio, corresponde la iluminación de las costas venezolanas. La primera medida de importancia que se tomó sobre esta materia fue quitar a la administración privada algunos faros y pasarlos a depender del Despacho de Guerra y Marina, para lo cual se compraron, por Resolución del 4 de febrero de 1909, los faros de Punta Brava y de Los Roques que, junto con el de Punta Barima en la desembocadura del Orinoco, eran los únicos existentes en Venezuela al encargarse del poder el Benemérito General Juan Vicente Gómez, pues no se toman como tales, los de luz fija que había en los principales puertos de la República: La Guaira, Puerto Cabello, Carúpano, Cumaná, Guanta, Pampatar, Porlamar, Juan Griego, Higuerote, Carenero y La Vela.

Por ser factor decisivo al comercio venezolano, se ha tenido sumo interés en la iluminación de nuestras costas, dotándolas en los últimos años de numerosos faros automáticos, a saber: en 1928, Cabo Blanco en la costa occidental de La Guaira, Cabo San Román en la península de Paraguaná y la Isla de Zapara a la entrada de la Barra de Maracaibo; en 1929, Morro de Robledar, Cabo Negro y punta Mosquito en la Isla de Margarita, la isla de La Tortuga y el puerto de Cristóbal Colón; en 1930, la isla Chimana Grande en la costa del Estado Anzoátegui, Punta Palizada en la costa sur del lago de Maracaibo, Punta Araya en el Estado Sucre, Punta Maspa en la parte oriental del puerto de La Guaira, islote El Centinela, Cayo Borracho en la costa oriental del Estado Falcón y Punta Macolla en la Península de Paraguaná; en 1931, Morro de Chacopata en el Estado Sucre, Chimana Segunda e islotes de Píritu el Estado Anzoátegui, Punta Santiaguillo y Punta Adícora en el Estado Falcón, Isla de la Orchila e islotes de Las Aves. Para garantizar la eficacia de este Servicio, hay un inspector general de faros y tres inspectores para el oriente, centro y occidente de la República.

Para el Servicio de Faros, el presupuesto en 1909 llegaba a Bs. 21.964 y en el año económico 1933 a 1934 asciende a la cantidad de Bs. 130.438.

Atención especial ha merecido la iluminación de la Barra y Tablazo de Maracaibo debido al constante tráfico de vapores hacia las grandes zonas petroleras. Para este servicio, hay 4 faros y un gran número de boyas luminosas y de balizas, una planta eléctrica y un taller de mecánica y carpintería. El jefe del servicio tiene también la dirección de la Escuela de Pilotaje.

Con la inauguración de faros terrestres en Maracay, se ha iniciado el servicio de iluminación de los campos de aterrizaje de la República.

SERVICIO MILITAR

El Presidente de la República, General en Jefe Juan Vicente Gómez, Pacificador de Venezuela y creador del moderno Ejército Nacional.

El 1° de enero de 1921 empezó a regir la Ley de Formación y Reemplazo de las Fuerzas de Tierra y Mar. Esta importante Ley, que en todos los países civilizados constituye la base de la moderna organización militar, ha venido siendo objeto de especial cuidado por parte del Gobierno Nacional, pues es bajo la influencia de sus principios de justicia y de equidad que se forman soldados con la verdadera noción de Patria.

En cumplimiento de dicha Ley, tres mil conscriptos de los diferentes Estados y del Distrito Federal, con las condiciones requeridas para el servicio, ingresaron al Ejército como primer contingente para reemplazar parte de las tropas en servicio. Dicha Ley estuvo en vigor hasta el 24 de julio de 1933, que empezó a regir la Ley de Servicio Militar. Su estricto cumplimiento se debe, en gran parte, a la colaboración prestada por los jefes del Servicio de Conscripción, quienes, procedentes del Ejército, tienen la obligación de practicar periódicamente visitas de inspección ante las Juntas Subalternas de Servicio Militar que funcionan en las cabeceras de los Municipios de los Estados y Territorios y en las Parroquias del Distrito Federal, con el objeto de hacer dar la debida interpretación de las disposiciones legales sobre materia tan importante. En el presupuesto actual, se ha fijado la cantidad de Bs. 400.000 para el personal del servicio de conscripción y el licenciamiento de tropas.

EDIFICIOS MILITARES

Cuartel "Bolívar" de la ciudad de Maracay, Edo. Aragua, inaugurado en 1930 por el Gobierno del General Juan Vicente Gómez.

Ha sido preocupación constante del Benemérito General Juan Vicente Gómez la construcción de modernos edificios para oficinas militares y cuarteles. En Caracas, se destaca el Ministerio de Guerra y Marina; en Maracay, las dependencias de este mismo Despacho, los cuarteles Bolívar, Sucre y Páez y la Escuela de Aviación Militar; el cuartel de La Grita inaugurado el 19 de los corrientes; etc., etc. Las guarniciones de la República están instaladas en cómodos cuarteles, a los cuales se hacen anualmente las reparaciones y mejoras que sean necesarias o se reconstruyen como últimamente se ha hecho con los de Trujillo, Tovar y Paraguaipoa.


Cuartel de Caballería "Páez" de la ciudad de Maracay, Edo. Aragua, inaugurado en 1930 por el Gobierno del General Juan Vicente Gómez.


Estatua del Mariscal Antonio José de Sucre y cuartel en la ciudad de Maracay, Edo. Aragua, inaugurado en 1930 por el Gobierno del General Juan Vicente Gómez.

BOLETĺN MILITAR

El 15 de enero de 1910, se creó un Boletín Militar como órgano de publicidad del Ministerio de Guerra y Marina con el objeto de dar a conocer las Resoluciones emanadas de dicho Despacho y los estudios de índole profesional cuyo conocimiento fuese provechoso al personal del Ejército y de la Armada. Este boletín circuló algunos años. El 15 de julio de 1931 se restablece su publicación con el nombre de REVISTA DEL EJÉRCITO, MARINA y AERONÁUTICA, que aún conserva.

HOJAS DE SERVICIO

El 26 de julio de 1928, el Ministro de Guerra y Marina dirigió una circular a todos los comandantes de unidades y guarniciones de la República, comandantes de buques y dependencias militares y navales, dándoles instrucciones a fin de que todos los oficiales se proveyeran de los datos y elementos indispensables para sus respectivas Hojas de Servicio, a objeto de poder formar con éstas el escalafón de oficiales del Ejército, y de la Armada, ciñéndose estrictamente a los documentos pertinentes. En la misma oportunidad se envió a todos los oficiales un cuestionario sobre la materia para ser llenado con la mayor exactitud.

Debido a esta medida que tanto armoniza con los firmes propósitos de adelanto de nuestras instituciones armadas, el Ministerio de Guerra y Marina tiene a su disposición el mayor número posible de datos diversos referentes a cada oficial, datos que son constante y minuciosamente controlados por el jefe de servicio respectivo. Como consecuencia natural de esta medida de organización, se pudo expedir a los oficiales su correspondiente Despacho que, debidamente legalizado les acredita su graduación militar y los servicios prestados en el Ejército o en la Armada.

PENSIONES MILITARES


Parada Militar en el Hipódromo Nacional de El Paraíso, Caracas. Encabezada por el Presidente de la República y Comandante en Jefe del Ejército, General Juan Vicente Gómez, quien pasa revista, en 1916.

Atención principal ha tenido el Benemérito General Juan Vicente Gómez por los descendientes de los ilustres próceres de la Independencia Nacional. Prueba de ello es que, en el presupuesto del Ministerio de Guerra y Marina del año 1909, figuraba un Capítulo destinado a pensiones militares cuyo montante era de Bs. 273.788, Capítulo que asciende a la cantidad de Bs. 600.000 en el año económico de 1933-34.

BANDAS MILITARES

Banda Marcial de Caracas.

Por Resolución del 27 de marzo de 1911, se creó en Caracas una Escuela de Bandas, que tuvo poca duración, con el fin de formar músicos competentes para las bandas de los cuerpos de tropa y las bandas Marcial, Presidencial y Bolívar, que dependen del Ministerio de Guerra y Marina. Por disposición del Benemérito General Juan Vicente Gómez, se creó en Maracay, una Escuela de Bandas el 20 de julio de 1932, que funciona con toda regularidad.

Las brigadas de infantería, los regimientos de artillería y de caballería y los buques de la Armada tienen banda de música instrumental.

En 1909, el presupuesto para bandas era de Bs. 333.322 y en el de 1933 a 1934 llega a Bs. 756.000.

Esta ha sido, en líneas generales, la obra militar del Benemérito General Juan Vicente Gómez. En el mañana, cuando se analice imparcialmente su Administración, será forzoso reconocer que constituyó el moderno Ejército Venezolano, implantó paz y orden en un pueblo esencialmente levantisco, saneó las finanzas nacionales cancelando las deudas exteriores, dio gran desarrollo a la instrucción pública, unió los pueblos de Venezuela con amplias carreteras y otras vías de comunicación y, por encima de todo, acabó con los caudillos, plaga perniciosa que, constantemente, ensangrentó el suelo glorioso de la Patria para satisfacer ambiciones personales.


El Ministro de Guerra y Marina, General Eleazar López Contreras condecora con la Medalla de Honor "Francisco de Miranda" en su Primera Clase al Presidente de la República de Venezuela, Benemérito General Juan Vicente Gómez en 1934, por haber cumplido 30 años consecutivos en Servicio Militar Activo.

Extracto del discurso pronunciado por el Teniente coronel Isaías Medina Angarita, con motivo del XXV Aniversario de la Escuela Militar y Naval, el 7 de julio de 1935.