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sábado, 21 de enero de 2023

CONGRATULACIONES AL GENERAL GÓMEZ POR MENSAJE PRESIDENCIAL 1926

Benemérito General Juan Vicente Gómez, Supremo Magistrado de Venezuela.

EL MENSAJE PRESIDENCIAL

El 26 de abril de 1926, ante las Cámaras Legislativas reunidas en el Congreso y en presencia de una brillante concurrencia del Cuerpo Diplomático, Altas Corporaciones oficiales, Ilustrísimo Prelado y Dignatarios de la Iglesia, Jefe de la Guarnición de Caracas y Oficiales francos de servicio y selecto grupo de damas y caballeros, presentó el Mensaje anual de sus actos de Gobierno y de administración como Presidente de los Estados Unidos de Venezuela, el Benemérito General Juan Vicente Gómez, quien estuvo acompañado por el Vicepresidente de la República, General José Vicente Gómez, los señores Ministros del Despacho Federal y el Secretario General de la Presidencia, señor doctor Francisco Baptista Galindo.

El sobrio lenguaje del General Presidente da mayor relieve a la importancia de la actuación expuesta en el notable Documento, que es un historial de honra y de gloria para el grande hombre de Estado, que con la cordura de su ponderado cerebro y la energía de su voluntad inquebrantable, ha venido reconstruyendo material y moralmente, económica y políticamente una Patria. Eliminados en el Interior los impuestos que gravaban excesivamente las industrias y el comercio; empeñado seriamente el Gobierno en mejorar la condición material y moral de los presidiarios, a cuyo efecto ha refundido en una General de Penitenciarías, dotándola de Capellán, Maestro de Instrucción Primaria y talleres de carpintería y alpargatería; en pié de estrecha cordialidad nuestras relaciones con los países; reducida la Deuda Pública a noventa y dos y medio millones y la Nación con un fondo de reserva de ochenta y dos y medio de millones en oro; mantenido el Ejército en una base excelente de organización, instrucción y disciplina; en pleno desarrollo la explotación minera, el comercio la agricultura y la cría; cruzado el territorio nacional de vías carreteras; llevado la luz de la instrucción hasta el último caserío, la grande alma de patriota del Benemérito Presidente debe haber sentido las más cumplidas satisfacciones, al poder presentar en concreto y plena de benéficos frutos la obra de sus insignes esfuerzos.

"Billiken" renueva el homenaje de su admiración y sus respetuosas congratulaciones al Supremo Magistrado de Venezuela.

(Publicado en la Revista "Billiken", el 1° de mayo de 1926).

Director Propietario: Lucas Manzano.


jueves, 13 de octubre de 2022

CÁMARA DEL SENADO CONFIERE MEDALLA FRANCISCO DE MIRANDA AL GENERAL GÓMEZ 1934

Un ejemplar debidamente caligrafiado del presente Acuerdo de la Cámara del Senado, firmado el 17 de julio de 1934, junto con la Medalla de Honor "Francisco de Miranda", recibió el Benemérito General Juan Vicente Gómez, Supremo Magistrado de la República, por el General Eleazar López Contreras, Ministro de Guerra y Marina, el 23 de diciembre de 1934.

LA CÁMARA DEL SENADO

DE LOS

ESTADOS UNIDOS DE VENEZUELA, 

CONSIDERANDO:

Que el ciudadano General Eleazar López Contreras en su carácter de Oficial General en Servicio Activo, se ha dirigido a esta Cámara, a los fines del Artículo 9° de la reciente Ley sobre la Medalla de Honor "Francisco de Miranda", en solicitud de que se proceda a la verificación de los años de Servicio Militar Activo del Benemérito General Juan Vicente Gómez, Presidente de los Estados Unidos de Venezuela;

CONSIDERANDO:

Que, en virtud de tal excitación, la Cámara ha verificado la brillante Hoja de Servicios del Benemérito General Juan Vicente Gómez, quien después de sus admirables campañas rematadas gloriosamente en los bastiones de Ciudad Bolívar, donde afianzó definitivamente la paz de la República, ha consagrado largos años a procurar la máxima eficiencia de nuestra Institución armada;

CONSIDERANDO:

Que tales servicios constan, así mismo, en la conciencia nacional, que juzga al Benemérito General Juan Vicente Gómez, como el símbolo de la Paz y el más celoso guardián de la tranquilidad social,

ACUERDA:

Artículo 1° De conformidad con el Artículo 8° de la Ley sobre la Medalla de Honor "Francisco de Miranda", y cumplidos los requisitos establecidos en el Artículo 9° de la misma, se confiere al 

BENEMÉRITO GENERAL JUAN VICENTE GÓMEZ,

PRESIDENTE DE LOS ESTADOS UNIDOS DE VENEZUELA,

LA MEDALLA DE HONOR "FRANCISCO DE MIRANDA", 

EN LA PRIMERA CLASE,

Por haber cumplido treinta años consecutivos en Servicio Militar Activo.

Artículo 2° Un ejemplar debidamente caligrafiado del presente Acuerdo, junto con la Medalla de Honor "Francisco de Miranda", será entregado al Benemérito General Juan Vicente Gómez, SUPREMO MAGISTRADO DE LA REPÚBLICA, por el órgano del Ministerio de Guerra y Marina.

Dado en el Palacio Federal Legislativo, en Caracas, a los diez y siete días del mes de julio de 1934. Año 125° de la Independencia y 76° de la Federación.

El Presidente,

F. Álvarez Feo.

El Secretario,

D. Roig Febles.

 

lunes, 11 de abril de 2022

DISCURSO DEL GENERAL ELEAZAR LÓPEZ CONTRERAS EN 1933

La Rehabilitación Patria, conquistada por el Benemérito General Juan Vicente Gómez, ha revivido la unidad nacional, y si grande es su obra política y administrativa, llevando el nombre de Venezuela a vibrar en la conciencia universal y dándole su libertad económica, desarrollando la agricultura, el comercio, la cría, las vías de comunicación, con obras de saneamiento y de ornato, inmensa es su labor cultural, cívica y patriótica. Ningún gobierno ha dado mayor protección a la Instrucción Pública, al libro en particular y al desarrollo de las ciencias y letras en general. Ninguno ha glorificado de manera más amplia la vida de nuestros Próceres. Eleazar López Contreras.

DISCURSO PRONUNCIADO POR EL

SEÑOR GENERAL ELEAZAR LÓPEZ CONTRERAS,

MINISTRO DE GUERRA Y MARINA,

EL 17 DE DICIEMBRE DE 1933,

CON MOTIVO DE LA GRADUACIÓN DE LOS ALUMNOS DE LA

ESCUELA MILITAR Y NAVAL DE VENEZUELA. 

Benemérito General Presidente:

En tiempos ya remotos de la Palestina, las Sinagogas eran escuelas o centros de enseñanza de la filosofía de los antepasados y del modo de practicar la virtud.

Así este Instituto, como otros similares en la República, constituye la mejor escuela de enseñanza cívica y patriótica, donde se adquiere el verdadero concepto de la Patria y se cultiva, como una virtud, el sentimiento de veneración y de respeto a los Héroes de nuestra emancipación política.

Si en aquellos tiempos de la antigüedad los fieles se congregaban para bendecir al protector y pedir una gracia para su pueblo, sea de oportunidad esta fiesta del soldado, para que nuestro pensamiento vuele a la mansión gloriosa de los Próceres, y ante el monumento donde reposan las sagradas cenizas del Padre de la Patria, hijo de la gloria, espíritu de la libertad, pidámosle reverentemente que siga iluminando el espíritu patriótico del Benemérito General Juan Vicente Gómez en el desarrollo de su magna obra de Rehabilitación Nacional.

Os pido un momento de meditación hoy, centésimo tercero aniversario de aquel día en que el Libertador entregó a la madre tierra su envoltura física, surgiendo su figura de redentor de pueblos más esplendorosa, si cabe, en las horas del martirio que en sus días de triunfos y de glorias. Recordemos que en su última proclama de despedida a los pueblos libertados por su espada, Unión, Unión, les dice, o la anarquía los devorará.

Los pueblos olvidan sus consejos y sus pronósticos. Venezuela cae en el desorden más absoluto y en manos de la más grande anarquía. La República queda destrozada por sucesivas guerras civiles. Ese sagrado símbolo que flameó en más de cuatrocientas acciones de la Magna Epopeya, por dura crueldad del destino pasó a manos de una facción política y lo vimos cruzar destrozado y sin colores por entre florestas y breñales al brazo de los que huían de los disparos fraticidas.

Mas, cuando más duro es el batallar de las facciones, surge de la montaña un núcleo de hombres de renovación y de ese núcleo se destacó el hombre que por medio de las armas se impone y vence a la anarquía en los propios campos de batalla para ser luego llamado por el pueblo a gobernar sus destinos e imponer el resurgimiento de la Nación.

Paz y Trabajo es el lema de la Causa que representa; Paz y Unión es la divisa de su Gobierno, que opone enérgicamente a los caudillos que tratan de encauzarlo a aceptar la jefatura de un partido.

La Rehabilitación Patria, conquistada por el Benemérito General Juan Vicente Gómez, ha revivido la unidad nacional, y si grande es su obra política y administrativa, llevando el nombre de Venezuela a vibrar en la conciencia universal y dándole su libertad económica, desarrollando la agricultura, el comercio, la cría, las vías de comunicación, con obras de saneamiento y de ornato, inmensa es su labor cultural, cívica y patriótica.

Ningún gobierno ha dado mayor protección a la Instrucción Pública, al libro en particular y al desarrollo de las ciencias y letras en general. Ninguno ha glorificado de manera más amplia la vida de nuestros Próceres: así lo pregonan los edificios, monumentos, bustos erigidos dentro y fuera de la República, y en el seno mismo del Ejército la apropiada denominación de nuestros cuerpos de tropa, constituye una permanente lección de patriotismo y así vemos en los mismos nombres de los cuerpos aquí presentes, como por feliz disposición del Benemérito General Gómez, se perpetúa en la mente del soldado el recuerdo de los que a esfuerzos portentosos hicieron efectivos nuestros anhelos de independencia y libertad: el regimiento de caballería ostenta orgulloso el nombre de “Plaza” que en su afán lícito de ganar gloria, pone una nota de duelo en el día feliz de Carabobo, y sus escuadrones integrantes los de “José Laurencio Silva”, “Juan José Rondón” y “Lucas Carvajal”, émulos en la palestra del honor y del deber; el regimiento de artillería, el de “Ayacucho”, gloria de América, confirmación auténtica del genio político de Bolívar y de la capacidad estratégica de Sucre; los batallones de infantería, el de “Pichincha”, como para unirnos hoy en el recuerdo, como ayer en la acción con una de nuestras hermanas del Sur; el de “Cedeño”, bravo de los bravos de Colombia, muerto en Carabobo; el de “Lara”, el veterano que en Corpahuaico salvó el parque, escribiendo con esa heroica acción el prólogo de Ayacucho.

Toda la consagración del Gobierno de la Rehabilitación ha sido, pues, para la Patria y sus Próceres Beneméritos.

Como resultante de esa obra patriótica, rinde hoy este importante instituto docente su vigésima segunda jornada de eficiente labor cultural y patriótica dentro de la sagrada misión que le incumbe y del amplio desarrollo alcanzado por la Institución Armada durante el periodo de la Rehabilitación Nacional.

Inmensa satisfacción embarga el fuerte espíritu del Primer Magistrado de la República y, con él, el de cada uno de los elementos militares y civiles que vemos pasar lista de presente a ese grupo selecto de jóvenes que acaban de prestar juramento de fidelidad ante el sagrado emblema nacional y llenos de amor por nuestra madre Patria, de veneración a los Próceres, de cálido entusiasmo por la noble carrera de las armas y de la lealtad al Gobierno y a las Instituciones, en breve serán incorporados a los cuerpos de tropa y, unidos a los antiguos oficiales, mantendrán en alto el honor del Ejército y su Bandera, dispuestos con elevado espíritu de abnegación y de sacrificio a “vivir con honra y morir con gloria”.

Toca al Benemérito General Gómez, hace 25 años, empuñar ese lábaro santo con decisión patriótica y entregarlo a los cuerpos armados de la República para que lo custodien, lo honren y lo defiendan, y es desde ese entonces que la Bandera de la Patria adquiere su antiguo prestigio: el pueblo aprende de nuevo a respetarla porque ve en ella sintetizada la gloria nacional y le evidencia su entusiasmo con fervor patriótico porque ya no es el símbolo de una facción, sino la representación auténtica de Venezuela regenerada.

Y es por eso el alto significado que tiene hoy el juramento a la Bandera que acabáis a presenciar. Aquí está el viejo veterano que arrancó esa sagrada insignia a los partidos políticos y la devolvió al Ejército como símbolo de la unidad nacional. De hoy en adelante, oídlo bien, Oficiales del porvenir, esa Bandera no puede ser arrancada de vuestras manos: Sois su custodia, y si queréis ser consecuentes a los principios que os enseña la Rehabilitación Nacional y su ilustre Jefe, defendedla con energía y así demostraréis al hombre que ha hecho grande a Venezuela, que no fueron vanos sus esfuerzos porque ellos perpetúan en las generaciones por venir nuestra vieja y venerada tradición gloriosa.

General Eleazar López Contreras.

Ministro de Guerra y Marina.

ALUMNOS DESTACADOS

Recibieron Diploma de fin de cursos ese día, los alumnos: Marcos Pérez Jiménez, Miguel Ramírez, José R. Vegas, Marcos Chacón, José A. González, Raúl Sierralta, José A. Mora, Pedro J. Quevedo, Bernardo Lara, Marcos Rangel, José L. Dávila, César A. Rojas, Roberto Casanova, Amador Hernández, Héctor D’Lima, Luis Sánchez, Miguel de la Rosa, Carlos Maldonado, José A. Sardi, Pedro Álvarez, Julio A. Vale, Pablo Bonilla, Pedro R. Figallo, Álvaro Álvarez Piña, Manuel S. Becerra, Ángel Ramírez, Carlos Pulido, Saúl Guerrero y José Luis Betancourt.

El premio del Presidente de la República para el alumno de mayor aprovechamiento fue obtenido por Marcos Pérez Jiménez; el premio de la Dirección de la Escuela para el alumno de mejor conducta, por Carlos Maldonado y el premio de la misma Dirección para el mejor tirador del Curso Militar y del Curso Naval, por Bernardo Lara.

(Revista del Ejército, Marina y Aeronáutica, órgano del Ministerio de Guerra y Marina, Número Extraordinario. Año III. Tomo V. N° 32. Caracas, Venezuela. Páginas: 835-845. 1933).

 

viernes, 12 de marzo de 2021

LA ESCUELA MILITAR DE VENEZUELA 1924

 

Un aspecto de la mesa durante el obsequio a los cadetes en la Escuela Militar de Caracas, Venezuela. Año 1924. (Foto: Manrique).

El miércoles 17 de la semana que termina tuvo efecto en la Escuela Militar un simpático acto, consistente en que el Coronel Elías Sayago, culto e idóneo Director de aquel Instituto donde se aleccionan nuestros militares en la noble carrera de las armas, llevada hoy en nuestra Patria a grande esplendor, despedían tanto él como los demás profesores del plantel, a los jóvenes alumnos que tras luengas vigilias y provechosas enseñanzas han terminado felizmente los cursos de la materia.

La despedida a los cadetes, nuevos conscriptos de la Patria, consistió en un animado y fraterno almuerzo en que el Coronel Sayago, en nombre del Jefe nato del Instituto, Benemérito General Juan Vicente Gómez, ofreció a los alumnos que salen ya de allí con una hidalga profesión ennoblecida con el consciente estudio, y ávidos de dar al Ejército Nacional el brillo que requieren las armas de la República a la legítima y gloriosa herencia militar que nos viene desde Carabobo y Ayacucho.


El grupo de cadetes que terminó sus estudios rodeando el busto del Padre de la Patria, Simón Bolívar en la Escuela Militar de Caracas, Venezuela. Cuartel de La Planicie. Año 1924. (Foto: Manrique).

El excelente obsequio, que se vio prestigiado por los demás profesores y personalidades militares, fue dedicado, en nombre del Coronel Sayago, por el señor Ramón Vicente Astorga, en muy expresivos términos en que puso de manifiesto los deberes sacrosantos que impone la Patria a los que bien la sirven en la profesión, benigna hoy, de las armas, ya que en la actualidad no hacen sino velar por la paz inalterable que nos cobija.

"No olvidéis, dijo el orador, que sois vosotros los que debéis recoger los laureles que la posteridad ofrendará al Creador de esta obra, General Juan Vicente Gómez, y a su más entusiasta y eximio colaborador, General José Vicente Gómez".

En nombre de sus integrantes aceptó el obsequio agradeciéndolo en sinceras frases al Alférez Mayor Simón Arenas Revenga, expresándose luego en parecidos términos de cordialidad el Coronel Celestino Hernández y el Capitán Moncada López.

Felicitaciones a los jóvenes cadetes por el feliz coronamiento de sus estudios.

(Publicado en la Revista "Billiken", el 20 de diciembre de 1924).


domingo, 22 de noviembre de 2020

EL JEFE Y EL EJÉRCITO: UN BUSTO DEL GENERAL GÓMEZ, 1918


El General en Jefe Juan Vicente Gómez, creador del Ejército Nacional de Venezuela en una parada militar.

"Este busto, obra de Pedro Basalo, es uno de los homenajes rendidos por el arte patrio al Ilustre Jefe de la Causa, Benemérito General Juan Vicente Gómez, como una expresión del sentimiento unánime de Venezuela hacia el eminente estadista y guerrero, cuya labor insigne es fecunda en beneficios para la República".

Subteniente J. M. Key


Capitán Isaías Medina Angarita. 

"La ofrenda, escogida con tacto por quien conoce su cariño hacia el Jefe, Benemérito General Juan Vicente Gómez, sus sentimientos de lealtad y partidarismo, no puede ser más apropiada, porque ella demuestra cómo de íntimamente ligados estamos con el Ejército".

Capitán Isaías Medina Angarita

El General en Jefe Juan Vicente Gómez, acompañado por un grupo de Oficiales del Ejército Nacional de Venezuela.

"Es natural, pues, que al General Gómez lo queramos sus soldados, y que por él, llegado el caso, ratifiquemos nuestra lealtad allá donde la muerte pone un signo de honor a los caídos".

Coronel F. Celestino Hernández

La oficialidad de la primera Brigada hizo el día de Año Nuevo un valioso presente al señor General Isaías Nieto, Comandante de aquella unidad: un artístico busto del Benemérito General Juan Vicente Gómez, Comandante en Jefe del Ejército.

Este acto, celebrado en uno de los cuarteles donde mejor se observan los adelantos que debe el soldado venezolano a la patriótica iniciativa del Jefe de la Rehabilitación Nacional, expresa en su austera sencillez el respetuoso afecto y la firme adhesión del Ejército hacia el autor de la gran reforma militar que ha sido explanada en páginas vibrantes de entusiasmo por el señor Doctor Victorino Márquez Bustillos, en el libro que ofrendó al Jefe con ocasión de la novena efemérides de la Causa.

El Capitán Isaías Medina Angarita ofreció el presente con las siguientes palabras:

"Ciudadano General Comandante de la Primera Brigada:

La benévola amistad del excelente compañero Marciales, noble iniciador de este acto, ha querido, mi General, que sea yo quien deje en sus manos el testimonio del respetuoso y sincero cariño que Jefes y Oficiales de la Brigada le profesamos.

Ninguna exigencia amistosa más fácil de cumplir que ésta, porque sencilla, ingenua y francamente he de hablar al expresar los sentimientos de quienes franca, ingenua y sencillamente lo quieren y porque para hacerlo, no he de buscar recursos de retórica, lejos de mi alcance: ni mucho menos frases escogidas, sino aquellas que con la sencillez del cariño saben expresar las bondades del sentimiento.

La ofrenda, escogida con tacto por quien conoce su cariño hacia el Jefe, Benemérito General Juan Vicente Gómez, sus sentimientos de lealtad y partidarismo, no puede ser más apropiada, porque ella demuestra cómo de íntimamente ligados estamos con el Ejército, cómo está afianzado en nosotros el respeto que se impone cariñosamente y que trae como lógica consecuencia la disciplina por convicción, inconmovible como todo acto basado en lo razonable; además expone claramente como son nuestros espíritus, campos fecundos en gratitud, consagrada respetuosamente al hombre que con juicio sano y mano fuerte, reconstituyó el Ejército como un homenaje a la pléyade gloriosa, que en los tiempos libertarios, demostró que había fibra de militares en nosotros, dejando como jalones imperecederos, gayas flores de triunfo, desde éstos nuestros risueños valles hasta aquellas lejanas playas que decora níveamente el Plata con el encaje de sus espumas.

Es prueba evidente además este acto, de cómo saben apreciar los subalternos la actuación de los jefes y aunque muy sencilla la manifestación, mi General, usted debe sentirse satisfecho al ver en todos los semblantes la sinceridad con que procedemos en este momento, puesto que vemos en usted el consejero afectuoso, el director justo y sereno de nuestros actos militares, demostrando así de una manera palpable, que siempre debe constituir el Superior un apoyo para el subalterno y nunca una amenaza.

Reciba pues, General, a nombre de los Jefes y Oficiales de la Brigada de su mando, esta ofrenda de cariño".

Luego habló el Coronel F. Celestino Hernández:

"Ciudadano General Comandante de la Primera Brigada.

Este acto, sencillo en su forma, lo magnifican con destellos luminosos, la lealtad de vuestros subalternos, que en fraternal conjunto quisieron perpetuar en el recuerdo la ofrenda votiva del cariño.

Y fue así que al designar la ofrenda, no pudo ser mejor. La noble figura del Jefe, Benemérito General Juan Vicente Gómez, se destaca en el Busto con el relieve magistral de su meritoria austeridad, ariete formidable, que golpeando sobre los escombros de los viejos sistemas rutinarios, dio paso al brote fecundo del progreso, que desde entonces en todos los ramos de las humanas actividades, llevan como bandera de triunfos el prestigio de su nombre.

En brillantes páginas de Historia, han descrito plumas doctas, la talla moral del Caudillo de Diciembre y su actuación de Magistrado; a ello debe el País mucho bien, mejor dicho, su resurgimiento, y el que hoy se acate ante propios y extraños el nombre hermoso de la Patria de Bolívar el Grande.

Una de sus grandes creaciones fue el Ejército, ese hijo suyo a quien con afanoso empeño imprimió el carácter que tiene hoy como guardián de los fueros nacionales.

Es natural, pues, que al General Gómez lo queramos sus soldados, y que por él, llegado el caso, ratifiquemos nuestra lealtad allá donde la muerte pone un signo de honor a los caídos.

Sencillo y elocuente, este acto sintetiza el espíritu de fraternidad en el Ejército, que al expandirse en sentimientos produce un chispazo de luz que se irisa en colores de banderas triunfales".

El Subteniente J. M. Key contestó a nombre del Comandante de la Primera Brigada, para expresar el orgullo y predilección con que el General Isaías Nieto acogía la valiosa ofrenda de la gallarda oficialidad de su Brigada, y sus palabras fueron éstas:

"Señores:

Francamente, nunca había deseado sonoridad y gallardía para mi verbo como ahora, cuando, por designación de mi General Isaías Nieto, me cumple el honor de ofreceros sus gracias más cordiales por el busto de nuestro querido Jefe que le traéis de regalo en esta ocasión.

Mi General se siente pleno de orgullo íntimo al sentir tan cerca de su corazón el cariño de los vuestros, espontáneos e ingenuos, y no puede sino aplaudir la elección de famoso presente, pues en la serenidad de sus líneas vigorosas canta un símbolo de la Patria, de esa Patria nuestra que florece en el oro de las sementeras cuajadas de espigas, en las diafanidades de nuestro cielo azul, y en el ala roja de heroísmo que prende nuestro sol tórrido en el alma del Ejército venezolano: todo ello, resumido como un alto exponente de emoción en la gloria de nuestra Bandera, libre y fuerte, respetuosa y respetada, que canta al amor de sus siete estrellas el himno de la Cumbre, de la Paz y de la Civilización.

De hoy más, mi General sabrá apreciar vuestra disciplina y vuestro cariño, oficiales de su Brigada, y brinda por el egregio Jefe nuestro, cuya hombría de bien ha revivido en el concierto de las Naciones el decoro de esta Patria: Venezuela.

Este busto, obra de Pedro Basalo, es uno de los homenajes rendidos por el arte patrio al Ilustre Jefe de la Causa, Benemérito General Juan Vicente Gómez, como una expresión del sentimiento unánime de Venezuela hacia el eminente estadista y guerrero, cuya labor insigne es fecunda en beneficios para la República".

(Publicado en el Periódico “El Nuevo Diario”. Año 1918).

viernes, 3 de enero de 2020

CUALIDADES MILITARES DEL GENERAL JUAN VICENTE GÓMEZ


(Escrito por: Eleazar López Contreras).
General de Brigada.

(Este trabajo se publicó en Maracay, el 5 de julio de 1917. Extraído del libro: “Revista del Ejército, Marina y Aeronáutica”. Número Extraordinario. Año III. Tomo V. N° 32. Caracas. 1933).

El Benemérito General Juan Vicente Gómez, Presidente de la República de Venezuela y Comandante en Jefe del Ejército, pasando revista en compañía del General Eleazar López Contreras, Ministro de Guerra y Marina, durante la Parada Militar de 1934 en Maracay, Estado Aragua. 

Aquellos que con espíritu sereno y con fe inquebrantable, fortalecida con los más puros sentimientos patrióticos, hemos venido siguiendo el glorioso derrotero del Benemérito General Juan Vicente Gómez; los que tuvimos la fortuna de ver su manera de actuar en el teatro de la guerra y fuimos arrastrados en el propio campo táctico a ejecutar sus órdenes, precisas y enérgicas, emanadas del alto criterio del Jefe que sabe mandar y que sabe también ir, pensamos, con el juicio que nos da la experiencia, que para juzgar sus concepciones, sus movimientos estratégicos y tácticos, no es lo bastante haber tenido la honra de servir bajo sus órdenes, sino poseer la suficiente capacidad militar.

Existe un crecido número de oficiales, en el cual yo me encuentro, que no tiene otra escuela de guerra que la seguida por el General Gómez; que recibe únicamente la influencia moral del Jefe; que piensa y siente con él, pero que no puede sino en la práctica, exteriorizar todo aquello que el Jefe les ha formado en su cerebro y en su corazón.

El estudio de sus campañas, para darlo a conocer en todo su valer militar, es labor de nuestros militares científicos, los verdaderos profesionales. No obstante la opinión que tiene formada sobre las cualidades militares del Ilustre Jefe, en la esperanza de que él acogerá indulgentemente los errores de apreciación; y que aceptará este trabajo, como la demostración más elevada del profundo respeto y gran admiración que guarda por sus glorias guerreras el más humilde de sus oficiales.

Eleazar López Contreras

JUICIO

“Un hombre fuerte de cuerpo, y de alma grande” como le han definido, tiene también el don de saber apreciar las cosas y las circunstancias, de escoger las ocasiones felices, de buscar y crear medios y salvar cuantos obstáculos se opongan para llegar a un fin. Su voluntad se impone en todo momento para estimular a los pusilánimes, o para sofrenar a los temerarios.

Llamado a preparar un plan de operaciones, ante todo, ha pedido libertad de acción. Acumula tropas, forma unidades, selecciona sus comandos y dota a aquéllas de toda clase de elementos materiales y de servicios auxiliares.

Como tiene por sistema “reflexionar despacio para ejecutar a prisa”, estudia detenidamente los inconvenientes que puedan oponerse al desarrollo de las operaciones, ya sean obstáculos activos como las tropas enemigas, ya sean pasivos, como montañas, ríos, pantanos, estaciones, etc., etc., para elegir los medios más adecuados de vencerlos. Si la región en que va a actuar no le es suficientemente conocida, solicita informaciones detalladas de aquellas personas que le inspiren confianza, y llama en su auxilio la experiencia y conocimientos de aquellos que han sido escogidos para ser sus colaboradores.

En la organización de su ejército, en sus concepciones, y en el desarrollo de las operaciones, no olvida ni aún los menores detalles. Su espíritu observador le hace notar las más pequeñas faltas, las menores deficiencias en el servicio, todo lo cual corrige sin la menor dilación.

Sus marchas, aunque rápidas, siempre son ordenadas. Puede pedir mucho al soldado, porque también sabe cuidarlo y alimentarlo convenientemente.

Estaciona sus tropas con todas las precauciones necesarias. Lejos del enemigo, les proporciona toda clase de comodidades; pero cuando hay probabilidad de encuentro, pospone todas esas comodidades para darle cabida en absoluto a la seguridad de su ejército.

El servicio de aprovisionamiento lo organiza con especialísimo cuidado. Utiliza convenientemente todos los medios de transporte, vías marítimas y fluviales, ferrocarriles, etc., etc., para hacer llegar al teatro de operaciones víveres, vestuarios, armas y municiones. También son acumulados en los lugares de etapa, ganado, víveres, forrajes, es decir, todos los recursos que pueda dar la región ocupada.

Podemos decir con toda propiedad, que así como sus tropas no se han visto obligadas a suspender una marcha ni a emprender una retirada por falta de elementos de subsistencia, en ninguna ocasión ha quedado sin decisión un combate, ni se ha suspendido la persecución del adversario por falta de municiones.

Como la experiencia ha demostrado que un ejército que permanezca en una región insalubre, sufre tanto como en una batalla, escoge con marcado interés las rutas de marcha y los lugares de etapa. Como medida auxiliar y muy importante, para evitar y curar las enfermedades en el ejército y atender a los heridos en el combate, lleva siempre un buen personal sanitario.

El orden de sus movimientos, lejos y a proximidad del enemigo; la inteligente elección del estacionamiento de sus tropas y el empeño constante de proveer de cuanto es necesario para la seguridad y sostenimiento de su ejército, han sido la verdadera causa del éxito de sus campañas. Su juicio le ha llevado a conducir bien la guerra, y “una guerra bien conducida es una guerra metódica”.

Napoleón dice en sus principios: “la fortuna es hembra: si la desdeñáis hoy, no esperéis volverla a encontrar mañana”. Pero yo me atrevo a agregar: la fortuna para un General consiste en los errores cometidos por el adversario.

Los Generales que se han enfrentado al General Gómez, disculpan sus fracasos haciendo resaltar la fortuna de este Jefe. Aquellos tendrán que reconocer, que a las operaciones del General Gómez, ajustadas a los principios del arte de la guerra, ellos sólo oponían medidas desacertadas, errores que con marcada inteligencia y buen juicio supo aprovechar siempre para derrotarlos.

INTELIGENCIA

El Presidente de la República, General en Jefe Juan Vicente Gómez, Pacificador de Venezuela y creador del moderno Ejército Nacional.

Su manera de discernir las cosas, de apreciar las circunstancias, de definir las situaciones, de escoger los hombres y saber utilizar los elementos materiales siempre en tiempo oportuno, están probando de un modo efectivo, que su inteligencia está en relación con su fuerza física y con su fuerza psíquica, o sea con el espíritu que lo anima.

Pertenece a la Escuela Innatista. Ha nacido con espíritu guerrero, valiente, enérgico y abnegado; estas y otras tantas cualidades militares que posee, suficientemente desarrolladas en una larga práctica en el seno mismo de la guerra, le distingue como el General de la República que tiene mayores y más sobresalientes dotes de mando.

CARÁCTER

En los momentos de peligro, en que la responsabilidad crece a medida que la autoridad de mando es mayor, es de todo punto indispensable tener carácter para resolver.

La inteligencia y el estudio hacen que el hombre pueda idear, concebir, pero el carácter hace materializar la idea, es decir, dictar órdenes y velar por su ejecución.

Cuando mucho se ve, aparecen a nuestra mente conjuntamente cualidades y defectos, bienes y males, ventajas inconvenientes; se exalta el entusiasmo para caer en seguida; se pierde tiempo, y si no hay una fuerza que le estimule a tomar un partido, la resolución dará sus desastrosos efectos. Esa fuerza, que da resolución, y que no debe faltar a todo buen General, es el carácter.

El General Gómez, por estar dotado de una gran iniciativa y de una intensa resolución, que no ha podido ser quebrantada ni en los momentos más críticos del combate, tiene el verdadero culto de la responsabilidad.

Si pidió libertad de acción para organizar un ejército y para escoger el plan de operaciones que más conviniese al fin que se proponía alcanzar, más exigente aún le encontramos en el desarrollo de los movimientos estratégicos, y, en la ejecución de las operaciones tácticas.

Cuando el General Cipriano Castro pretende que el General Gómez fuerce la línea férrea que une a Tucacas con Barquisimeto, ocupada por importantes fuerzas revolucionarias, se opone resueltamente a un plan tan descabellado e hijo de la falta de conocimientos del terreno. El General Gómez expone, que para seguir por la línea habría que someterse a sacrificar muchas vidas, perder tiempo y cuantiosos elementos, porque los obstáculos naturales que se encuentran en esta región, podrían hacerse insuperables si eran utilizados, como era de esperarse, por el enemigo, para hacer una defensa activa y enérgica. Sigue resueltamente el itinerario de marcha que más conviene para la conservación de sus tropas; naturalmente, llega con ellas, más fuertes quizás, en potencia moral y material, frente a la capital del Estado Lara.

El General Castro en otra ocasión opina por el asedio de Ciudad Bolívar, pero el General Gómez, apreciador de la moral de sus tropas, conocedor de la verdadera situación de las fuerzas enemigas y confiado en su propia capacidad militar, decide el ataque a fondo sobre la plaza, la cual toma entre el espanto de los adversarios, el entusiasmo de su Ejército, el reconocimiento de Castro y la admiración de todos. Este es un hecho insólito, que basta para acreditar el carácter, energía y gran resolución que él posee sin límites, porque Ciudad Bolívar es la ciudad que por su situación topográfica es la más formidable que tiene el País.

ENERGÍA

“La primera cualidad de un General es poseer un entendimiento frío, que reciba impresiones exactas de los objetivos; que no se acalore jamás, ni se deje deslumbrar o desalentar por las noticias buenas o malas”.

Esa cualidad la tiene tan desarrollada el General Gómez, que en las situaciones más difíciles en que lo han colocado las circunstancias, como cuando se desarrollaba ese drama terrible, en que los proyectiles segaban a su lado la vida de sus hombres; cuando el tronar del cañón, el estridente crepitar de las ametralladoras, las regaderas del diablo, y el fuego de la fusilería formaban un ruido intenso y abrumador, anunciador de catástrofe, su semblante estaba sereno, sus músculos tranquilos; en ninguna forma daba a conocer esa espantosa lucha que sostenía su espíritu y la materia ante la muerte.

En el combate de El Guapo, acababa de ser destrozada parte de las tropas que se encontraban combatiendo con el ala derecha del enemigo, y había caído sin vida uno de los oficiales, más valientes y queridos del General Gómez, cuando dispone que el “Batallón Caracas” se establezca sólidamente en San Fernando para contrarrestar la maniobra que pudiese ejecutar el enemigo sobre la retaguardia del Ejército.

Una formidable carga que estaba dando el enemigo por el río, y con dirección al lugar donde estaba el Comando y el parque, había empezado hacía 20 minutos, y el General Gómez, a la cabeza del batallón de su nombre, había entrado a contraatacar y a restablecer el orden en toda la línea.

Es admirable la actitud del General Gómez, que salva con su presencia de ánimo tan difícil situación, y que, no obstante el peligro que corre su vida y su nombre militar, reflexiona libremente, como en momentos normales, y decide llamar al “Batallón Caracas” a su lado, porque ve con claridad que allí se encuentra la decisión de la batalla. Una vez más ha probado que su manera de defenderse es atacando.

Un General vulgar se hubiera olvidado que aun podía contar con tropas de reserva, y dado el caso de que lo hubiese recordado, es muy probable que decidiese trasladarse él a donde se encontraban aquellas tropas, que precisamente estaban en su línea de retirada.

 Su misma energía le hace ser muy justiciero para impartir disposiciones, para hacer entrar a las unidades sin distinción, al combate, de manera que todas rinden jornadas peligrosas.

Durante el combate designa a su pariente, a su más querido amigo, a cualquiera, para desempeñar la misión más arriesgada. Todos, absolutamente todos, van a la línea de fuego, y tienen que exponerse como él mismo expone su vida cuando para la decisión es necesaria su presencia en el lugar de mayor peligro.

VALOR

El General en Jefe Juan Vicente Gómez, al frente de la parada militar del año 1916 en el Hipódromo Nacional de El Paraíso, Caracas.

Se presentan momentos en el combate en que el hombre más valiente flaquea. Sus fuerzas morales y sus fuerzas físicas van perdiendo en potencia en las alternativas de una lucha violenta y terrible. El hombre llama entonces para protegerse el auxilio de sus camaradas, y muy especialmente el apoyo moral del Oficial. Mas, si las fuerzas morales y materiales del ofíciales también se encuentran a punto de sucumbir, sólo el símbolo de la Patria, el sagrado Himno Nacional, el ejemplo del Jefe que lo manda, podrá llevarlo a hacer nuevos sacrificios.

El General Gómez nunca ha faltado en aquellos lugares donde se hace indispensable que oigan su voz y que sigan su ejemplo.

Él tiene la conciencia del valor. Siempre se le ha encontrado en su puesto. Si en alguna ocasión se vio precisado a ponerse a la cabeza de una unidad pequeña, fue en bien del todo y para evitar un mal mayor; no obstante, él no ha olvidado ni un solo momento la responsabilidad que tiene en el conjunto.

ACTIVIDAD

Grande es su actividad para ejecutar los movimientos estratégicos y las operaciones tácticas. Cuando dicta órdenes, sólo da en cada uno de los casos particulares el tiempo para que sean cumplidas. Podrían, como dijo Napoleón, “acusarle de rapidez, pero nunca de lentitud”.

Empieza la campaña de Barlovento, con el arribo de la escuadra de Carenero, conduciendo a bordo al General Gómez, y su Estado Mayor, y el grueso del Ejército que combatió en El Guapo.

Sobre el puente de uno de los vapores de guerra se encontraba el General Gómez observando el desembarque de las tropas que tenían por misión ir a posesionarse del puente de la vía férrea Carenero-Colorado y que atraviesa el río Paparo en su desembocadura al mar.

El suscrito, con la candidez de los primeros  se dirige a uno de sus compañeros, haciéndole notar que ya había llegado un número crecido de tropas, y que aún no se pensaba en el desembarque de bestias. El General interrumpe su conversación con el General Ferrer, de quien yo era ayudante, y me dice: “Qué cuento de bestias; para ganar tiempo, hasta los jefes deben ir a pie”.

El General había visto con su acostumbrada penetración, la imperiosa necesidad de ocupar, a toda costa, el paso de ese caudaloso río, que no sólo constituía un fuerte punto de apoyo táctico, sino que daba las facilidades para llevar en embarcaciones, aguas arriba, las municiones de que estaba careciendo Rolando, y que podían ser recibidas por éste en puntos de la orilla muy inmediatos.

Al ser ocupado el puente indicado, las tropas que lo defendieron huyeron sin descanso, hasta ir a caer vergonzosamente en Palmira.

Desde el propio momento que el General Gómez llegó a Carenero, empezó a quitar potencia moral y material al enemigo, al que por fin destruyó totalmente en las sólidas posiciones de El Guapo, donde se creía invencible, después de un a larga serie de operaciones rápidas y enérgicas a las cuales puso el sello de toda su inteligencia y de toda su voluntad.

Para el ataque del puente de Paparo hubo necesidad de asignar Artillería a la Infantería. La Artillería fue situada a poco más de 100 metros de la margen izquierda del río, y tal medida es un hecho demasiado atrevido y único hasta aquella fecha.

Creo muy oportuno dejar oír la autorizada palabra del Capitán Munnekrede, del Estado Mayor holandés, que dice a tal respecto:

“En un combate en la actual guerra europea, una Batería de Campaña alemana atravesó al galope la aldea incendiada Zandvoorde y tomó posición a 150 metros a vanguardia de la línea de tiradores, abriendo fuego sobre el enemigo en retirada”.

“La experiencia reciente demuestra que no se puede desistir de hacer acompañar a la Infantería de alguna formación de Artillería en las últimas fases de un ataque, a pesar de las pérdidas que esta última arma tiene que sufrir”.

ESPÍRITU DE JUSTICIA

El General Juan Vicente Gómez, Comandante en Jefe del Ejército Nacional. Revista Militar en el Campo de Carabobo con motivo de su Centenario, el 24 de junio de 1921. 

Nacido y formado lejos de aquellos centros donde el hombre se hace egoísta; educado en un medio esencialmente laborioso y ordenado, sus principios de honradez y de trabajo no han podido ser destruidos ni por las pasiones de aquellos que fingiendo virtudes llegaron en alguna época a conquistar su confianza. Su espíritu ha estado siempre templado contra las insinuaciones de los discípulos de Maquiavelo, eternos, y vergonzosos y traficantes en la política de nuestra Patria.

Así como es verdad que escogió para que le acompañasen en la guerra a sus amigos más abnegados, también es cierto que al llegar al Poder no ha desperdiciado la oportunidad de protegerlos, llamándolos a colaborar en su Gobierno en puestos de mayor consideración.

Él ha sido siempre el primero en realzar las cualidades militares de sus subalternos. Al hombre valiente, al hombre de carácter, a aquél que supo interpretar fielmente sus órdenes, le dio lo que le correspondía en los triunfos, y, como su memoria es prodigiosa, suele recordar con gran entusiasmo insignificantes detalles de sus campañas y expresarse con tal motivo de sus antiguos subalternos y amigos, en los más elevados conceptos.

ABNEGACIÓN

El Benemérito General Juan Vicente Gómez, Presidente de la República de Venezuela, encabezando la parada militar de 1934 en Maracay. A su lado, el General Eleazar López Contreras, Ministro de Guerra y Marina.

Aunque acostumbrado a mandar ejércitos y obtener triunfos sobre los militares más viejos y veteranos de la República, no ha sufrido sin embargo el mareo de la gloria.

Guarda a sus subalternos la mayor consideración; los quiere y los protege siempre con cariño paternal.

Su energía no se manifiesta en actos despóticos, insultantes y deprimentes para el oficial. Se hace obedecer con la gran corriente de insinuación de su palabra, sencilla, cariñosa e ingenua, y por el respeto y admiración que despiertan sus procedimientos.

Como detesta “la disciplina martillo”, espera que sus órdenes sean cumplidas como un deber del militar. No le amenaza sino que le estimula.

En una ocasión dice a un subalterno: “Mando a usted en esa comisión, porque usted hace bien las cosas y no tiene miedo”. Esta frase dicha en medio de su Estado Mayor, es el más grande estímulo que puede existir para la dignidad de un hombre.

Conociendo que la fuerza que da el terror no puede ser útil ni constante, porque termina en el momento más preciso y más indispensable, él se impone por el cariño, que es fuerza que crece en toda situación difícil, y con lo que ha logrado que sus oficiales vayan a todas partes con verdadero espíritu de sacrificio.

Su espada, signo de autoridad y de mando, jamás ha sido manchada con la sangre del vencido, ni le ha servido en ninguna circunstancia de instrumento de terror para hacerse respetar, ni para hacerse obedecer.

No ha usado de castigos infamantes contra los menos valientes. Sus abnegados procedimientos le bastan para levantar la moral de su tropa y conducirla a la victoria.

CONSIDERACIONES GENERALES

Espíritu de ofensiva. Concentración de fuerzas. Economía de fuerzas.

El espíritu de ofensiva prevalece en la ejecución de sus planes de campaña. Todas sus medidas son dictadas para llevar, el mayor número de tropas al teatro de operaciones del enemigo, cortarle sus comunicaciones, privándole de esta manera que reciba recursos que puedan llegarle de su base.

Así lo vemos reconcentrar las unidades de su ejército y marchar resueltamente hacia el enemigo, en sus campañas de Barlovento, Barquisimeto, Coro y Ciudad Bolívar, y establecer la Escuadra en recorrer activamente todo el litoral marítimo por donde el adversario pudiese recibir recursos en víveres, vestuarios, armas y municiones.

El espíritu de ofensiva también guía sus decisiones en el campo táctico. Aconseja y aplaude la mejor manera de aprovechar los accidentes del lugar para ocultar en lo posible, la marcha de aproximación de las unidades, utilización de toda clase de sitios abrigados artificiales y de los innumerables puntos de apoyo naturales que nos brinda ampliamente la naturaleza de nuestras regiones; pero los acepta para preparar el avance, tomar aliento y reponer las fuerzas morales, perdidas.

Es enemigo irreconciliable de las defensas pasivas. Si durante el combate se apercibe que algún Comandante de tropas, se detiene más del tiempo indispensable, se informa detenidamente de las causas que lo han obligado a buscar abrigo, vence las dificultades y lo hace seguir adelante con mayor energía.

Él tiene como suyo aquel principio que dice: “Hacer la guerra equivale a atacar”. Por tal motivo es de notar que aun en las ocasiones en que ha tenido que combatir con fuerzas menores a un enemigo mayor en número, él ha sabido buscar el equilibrio, levantando la moral de sus tropas, adelantándose a los movimientos del enemigo y batiéndolo donde ha convenido al curso de las operaciones.

Muy ricas en enseñanzas están todas sus campañas; mas sólo me detengo a considerar parte de la llevada a cabo en Occidente.

La llegada del General Gómez a Tucacas fue una verdadera sorpresa estratégica para el Jefe de la Revolución. Contaba que el General Gómez tuviese bastante con la persecución de Rolando, para que pudiese abrir tan rápidamente la campaña de Occidente.

Terminado el desembarque del ejército en Tucacas, el General Gómez hace avanzar algunas tropas sobre Palma Sola, las cuales llegaron más luego hasta Yumare, donde tomaron contacto con las fuerzas enemigas. Aunque estas tropas combatieron fuertemente, no fue el propósito del General que entrasen a fondo, sino que fijasen al enemigo. El combate en Yumare ha hecho creer a muchos que el General Gómez conservó hasta última hora el propósito de seguir a toda costa por la línea; pero si en realidad vemos algún retardo del ejército en Palma Sola, es porque la falta de medios de transporte le obliga a llevar muy lentamente el cuantioso parque hasta San Felipe.

Antes de seguir adelante, será conveniente hablar algo sobre esos inconvenientes, obstáculos naturales del terreno, y que pueden llegar a ser insuperables si las tropas enemigas se aprovechan inteligentemente de ellos para hacer una defensa activa.

La vía férrea atraviesa una extensa región cubierta de espesa vegetación. A una y otra orilla se van sucediendo terrenos elevados y generalmente cortados en su base; donde los terrenos son bajos, están casi siempre anegados y cubiertos de pantanos, y por consiguiente muy difíciles de cruzar. A medida que se avanza hacia Barquisimeto, o sea de San José en adelante, ya no es posible obtener veredas siquiera para evitar un pasaje obligado.

Todas las ventajas están de parte del defensor, porque muy pocas fuerzas pueden defender el frente tan reducido siempre. Pudiera decirse que la mayor parte de la línea es un prolongado desfiladero.

El atacante no puede desplegar todas sus tropas, porque el terreno se lo impide, y nada hace con tener superioridad de fuerzas cuando no puede hacer uso de esa ventaja. Si se emplea un número mayor de tropas que el necesario para cubrir ese frente, la densidad de las líneas de tiradores que se sucedan, impedirá que actúen con libertad. En tal caso se producirán amontonamientos, y como de hecho, a mayor blanco mayor número de proyectiles que recibe, y por consiguiente mayor número de bajas.

Se podría pensar, que la densidad de la línea de tiradores del defensor tendrá que ser proporcional a la del atacante; mas, aunque así pudiese ser, mientras que aquel está oculto y abrigado, éste está obligado a presentarse y a avanzar a descubierto, lo cual le hará sufrir mayores bajas.

En los días que pasa en Palma Sola, no deja de seguir contrariando los propósitos del General Castro. A un telegrama que éste pone al General Pedro Linares que dice: “Reconcentre usted fuerzas e inmediatamente póngase en marcha a incorporarse al General Gómez”; el General Gómez envía entonces al mismo General Linares, quien está en San Felipe, la orden de que “permaneciese con sus fuerzas en la plaza de San Felipe, persiguiendo las guerrillas enemigas, y tratando de comunicarse con el Doctor González Pacheco”.

El 9 de mayo llega el General Gómez a San Felipe, y enseguida da órdenes al General Pedro Linares para que con sus fuerzas salga por la vía Cerro Cocorote sobre Pueblo Nuevo. Esa misión encerraba una maniobra estratégica que debía producir tres resultados: 1. Cortar las fuerzas revolucionarias que se encontraban entre Yumare y El Hacha. 2. Proteger el flanco derecho del ejército en su marcha hacia Urachiche. 3. Desorientar al enemigo sobre los verdaderos designios del General Gómez.

Lo primero no tuvo efecto, porque cuando las primeras tropas del General Linares llegaron a El Hacha, el General Manuel Antonio Matos salió en fuga para el Estado Falcón, por vías desiertas y montañosas, el General Peñalosa abandonó sus tropas y huyó hacia Barquisimeto, dejando dicho a aquéllas que buscasen como les fuese posible la misma vía.

Véase cuál fue la importancia de esta maniobra, que sin disparar un solo tiro, causó la separación del Jefe de la Revolución y su Jefe de Estado Mayor, teniendo que agregar a esto el número de tropas que se dispersaron en la montaña.

Lo segundo quedó de hecho también cumplido con lo anterior. Ya no quedaban tropas que pudiesen molestar la marcha del ejército hasta Barquisimeto.

La misma operación que sorprendió en grado sumo a los Jefes Revolucionarios y origen de su vergonzosa fuga, les daba convencimiento de que el General Gómez seguía marcha por la línea. Así se cumplió el tercer punto de la misión.

Con notable habilidad el General Gómez fue ocultando sus intenciones, y aún le creían reconcentrándose en Pueblo Nuevo, cuando se les presentó amenazante en los alrededores de Barquisimeto después de seguir el itinerario de marcha más adecuado a las circunstancias, y al fin que se proponía obtener, y que sus tropas tuviesen las mejores comodidades, más seguridad y las menores pérdidas posibles.

El principio de concentración de fuerzas fue cumplido en esta campaña. Oportunamente llama al Doctor González Pacheco para que con la unidad de su mando se una al ejército. Esta unión se efectuó un día antes de la batalla, y así el General Gómez pudo contar con el mayor número de fuerzas posibles con que dio el importante triunfo en Barquisimeto.

Durante las marchas hacia el enemigo, no permitió que se hiciesen rodeos inútiles; ni retardos que no fuesen por causa muy justificada. Se interesa sobremanera del tiempo y del espacio, y trata de ponerlos siempre a su favor.

El enlace entre las unidades destacadas y el cuerpo principal lo hace sostener a todo trance. El telegrama que de Palma Sola puso al General Linares, indicándole que procurase comunicarse con el Doctor González Pacheco así lo comprueba.

Su acción en el combate se hace sentir desde el principio hasta la decisión final. Va empeñando las unidades de un modo metódico y juicioso. No acumula tropas excesivas en un sector para que falten en otro. Los refuerzos van llegando a todas partes según las circunstancias.

Para estar más seguro del desarrollo de los sucesos, y ya que no le es posible verlo todo; manda oficiales de su Estado Mayor a todos los puntos de la línea de fuego, para que le confirmen las informaciones que recibe de los comandantes de tropas, o aquellas que se hayan escapado a su vista. Esta medida es del todo conveniente, pues sirve para contrarrestar el falso criterio que puedan tener los comandantes de unidades sobre la situación. Así también pone al Jefe a cubierto de las peticiones de refuerzos que algunos oficiales exageran por confusión o por el prurito de ponerse a cubierto de amenazas imaginarias.

Para reforzar un punto es fácil que el Jefe tome elementos de su reserva; pero si el Jefe carece de ellas porque han sido dispersadas y el combate toma mal giro en alguno de los sectores, entonces se encontrarán las serias dificultades de sacar de un punto para llevar a otro, y esto aún en el caso de que el tiempo sea favorable.

Existen Generales que por carecer de suficiente energía, desde el comienzo de la acción dejan escapar de su mano las tropas y elementos de reserva. Otros en cambio se hacen tan económicos, que dejan aniquilar tranquilamente una unidad pequeña en un encuentro desigual con una superior, y lo que da razón para pensar, que éste trata de cuidar más de su persona que del buen resultado del combate.

El General Gómez ha desechado estos dos extremos. En El Guapo empeña hasta el último soldado de reserva y él mismo se lanza a la primera línea de fuego. En cambio en Barquisimeto, rechaza las peticiones de refuerzos que le hacen insistentemente varios Comandantes de Unidades, por tener plena conciencia de que ya no les eran de necesidad imperiosa. A todos dice: “No tenemos necesidad de cansar otras tropas; con las que hay combatiendo, bastan y sobran”. “Mañana entraremos a Barquisimeto”. Esto sucedía el 22 de mayo, y el 23 ocupó el General Gómez la ciudad.

FINAL

El Ministro de Guerra y Marina, General Eleazar López Contreras condecora con la Medalla de Honor "Francisco de Miranda" en su Primera Clase al Presidente de la República de Venezuela, Benemérito General Juan Vicente Gómez en 1934, por haber cumplido 30 años consecutivos en Servicio Militar Activo.

Algunos años después de sus campañas, el General Gómez quiere completar sus glorias militares, y entonces empieza la reorganización del Ejército.

Tiene el convencimiento de que el arte de la guerra está también, sometido a la eterna ley de la evolución, y que si los elementos materiales progresan, los que pretenden manejarlos tienen que ponerse en capacidad de hacerlo.

Así vemos que a la vez que dota ese Ejército de esos elementos, crea a la vez una Escuela Militar, para formar oficiales; escoge algunos para que vayan al exterior a recoger enseñanzas, y pone en manos de sus viejos oficiales Reglamentos de toda especie para que estudien y se pongan en capacidad de apreciar bueno y lo malo que se hizo en nuestras guerras.

El General Gómez ha terminado el período de nuestras guerras internas, y por lo tanto el estudio de la guerra en la guerra misma; pero hombre previsivo siempre, nos presenta los medios para que estudiemos la guerra, es decir, nos pongamos en las condiciones de ir a ella, siguiendo métodos y sistemas adoptados por las principales Naciones del Orbe, en sus largos períodos de paz.

Estudiemos para que puedan quedar cumplidos los propósitos de nuestro Comandante en Jefe al emprender la reorganización del Ejército, y esperemos confiados en nuestro porvenir y en el progreso de la Patria, que reposa en su brazo fuerte y en su alma noble y grande.

ELEAZAR LÓPEZ CONTRERAS.
General de Brigada.

(Este trabajo se publicó en Maracay, el 5 de julio de 1917. Extraído del libro: “Revista del Ejército, Marina y Aeronáutica”. Número Extraordinario. Año III. Tomo V. N° 32. Caracas. 1933).