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viernes, 19 de marzo de 2021

LA GRAN CRUZ DE LA ORDEN "EL SOL DEL PERÚ" AL GENERAL JUAN VICENTE GÓMEZ 1923

 

El Benemérito General Juan Vicente Gómez, Presidente de la República de Venezuela, recibió la prestigiosa condecoración de la Gran Cruz de la Orden de "El Sol del Perú" en 1923.

Ayer recibió el señor General Juan Vicente Gómez, Presidente Constitucional de la República de Venezuela, en audiencia especial, al Señor don Nicolás Veloz Goiticoa, Ministro de Venezuela en el Perú y Bolivia, quien puso en manos del Señor General Gómez la Carta Autógrafa del Excelentísimo Señor don Augusto B. Leguía, Presidente de la República Peruana y las insignias de la Gran Cruz de la Orden de "El Sol del Perú", que recibió Veloz Goiticoa, siendo encargado en Lima de entregar al Señor Presidente de Venezuela en nombre de la República Peruana.

El texto de la atenta carta autógrafa es el siguiente:

"Augusto B. Leguía, Presidente de la República Peruana, a Su Excelencia el Señor General Juan Vicente Gómez, Presidente de los Estados Unidos de Venezuela, Grande y Buen Amigo: Con el deseo de ofrecer a Vuestra Excelencia el testimonio de mi sincero aprecio, he resuelto otorgarle la Gran Cruz de la Orden de "El Sol del Perú", cuyas insignias me es grato hacer llegar a manos de Vuestra Excelencia.

Confío en que Vuestra Excelencia querrá aceptar esta demostración de la simpatía del Perú, que contribuirá a afianzar los antiguos vínculos que existen entre nuestros respectivos países.

De Vuestra Excelencia, Leal y Buen Amigo, (firmado).

Augusto B. Leguía.

El Ministro de Relaciones Exteriores (firmado).

A. Salomón. 

Escrita en el Palacio de Gobierno, en Lima, el primer día del mes de julio de novecientos veintitrés".

La Orden de "El Sol del Perú", fue fundada a raíz de la proclamación de la Independencia de dicho país en agosto de 1821.

Con ella se premió a los próceres de la Emancipación y entre ellos figuraron los principales actores de la campaña de 1820 y 1821.

El Libertador fue condecorado también con la Gran Cruz de la Orden de "El Sol del Perú".

En 1824 quedó la Orden en receso y fue restablecida por decreto supremo de 14 de abril de 1921, habiendo sido propuesto dicho restablecimiento al Congreso Peruano, el 9 de diciembre de 1920.

Fuera de la Gran Cruz, reservada hoy a los Jefes de Estado, está dividida la Orden en cuatro clases, a saber: Gran Cruz, Gran Oficial, Comendador y Oficial.

El Presidente de la República Peruana es el Gran Maestre y Canciller de la Orden, el Canciller Peruano.

El Consejo de la Orden está presidido por el Gran Maestre e integrado por el Canciller, el Miembro del Consejo de Estado que esté encargado de los asuntos internacionales, el General más antiguo y el Contra Almirante más antiguo.

En condiciones ordinarias, la admisión a la Orden sólo podrá hacerse el 28 de julio, Aniversario del Perú.

Las insignias de la Orden no han podido ser entregadas a los pocos condecorados y los únicos que las han recibido son el Señor Presidente del Brasil, con motivo del Centenario de la Independencia de ese país y el Señor Presidente de Venezuela, teniendo esta última entrega la particularidad de ser la de las propias insignias otorgadas al Excelentísimo Señor Presidente Leguía, quien, en señal de cortesía y consideración especiales, encomendó al Plenipotenciario Veloz Goiticoa, al irse a despedir en uso de licencia temporal, entregarlas personalmente en Caracas al Señor General Juan Vicente Gómez.

(Publicado en el Periódico "El Nuevo Diario", el  19 de agosto de 1923). 

(Publicado en la Revista "Billiken", el 25 de agosto de 1923).


miércoles, 25 de noviembre de 2020

VENEZUELA, SĺMBOLO DE ECONOMĺA Y DE PROGRESO, 1933

(“Suplemento Patriótico”, Lima, Perú. Año 1933). 

El Benemérito General Juan Vicente Gómez, Presidente de la República de Venezuela, gran Pacificador y Emancipador Económico de su Patria.

Lima, 1º de enero de 1933. –Vencido ya el año de 1932, tan pródigo en inquietudes y en sorpresas políticas y económicas, queremos rendir sincero homenaje en nuestras páginas a Venezuela, tierra noble, el único país de Sur América que, destruyendo con obras perdurables falsas leyendas, ha sabido mantenerse al margen de toda contingencia azarosa por obra de un gobierno honrado y de un pueblo patriota.

“Suplemento Patriótico”, interpretando el sentir de la prensa nacional, hace efectivo este homenaje en la persona del Excmo. Sr. Don Andrés E. de La Rosa, Ministro de Venezuela, que ha sabido ser, en todo instante, más que un diplomático ceremonioso y grave, un amigo cordial y generoso del Perú.

Para los que siguen con pasión el curso de la evolución política de nuestros pueblos de América –evolución e involución en otros-, las dificultades de todos nuestros pueblos son de origen económico, como consecuencia del político. Difícilmente podrán desglosarse estas filiaciones, aunque no se explica que abundando la riqueza del suelo y del subsuelo americano, puedan tener motivaciones de esta índole.

América, efectivamente, es rica; nuestros países encierran caudales insospechables en sus entrañas; y no obstante, masas enormes de individuos viven una existencia misérrima. ¿Paradoja? Las causas, en estrechas trabazones con la economía, son políticas.

Hombres bien intencionados han buscado reiteradamente, con más premura que tino, la ayuda de la economía exterior, sin objetarse que importar dinero equivale a infiltrar ideas extrañas a la psicología de un pueblo. El fenómeno se constataría estableciendo un paralelo entre los empréstitos y el número de disturbios políticos acaecidos en Hispanoamérica.

Los graves problemas que ha tenido que abordar México, tienen este origen; igual ocurre con Cuba y Centroamérica; igual en Santo Domingo y Haití. Ninguna obra de profunda raigambre social ha podido realizarse porque el político, necesitado de un afincamiento rápido, ha buscado el apoyo exterior.

Cuando la revolución mexicana se dio cuenta de esto, empezó la verdadera revolución: la del pueblo que aspiraba a una posición social económica. Luchas cruentas han perfilado el tipo de vida social, basada en la Cooperativa y en otras instituciones de carácter exclusivamente económico.

Libre de todo contrapeso exterior –Venezuela pagó todas sus deudas externas e internas- el General Juan Vicente Gómez ha podido realizar esa labor de socialización nacional desde el poder, liberándolo de la agobiante usura internacional. Rico el tesoro, emprendió la obra revolucionaria de dotar al elemento trabajador de su país, de esos recursos que en otros sitios han tenido que conquistarse por medio de revueltas; con el establecimiento de Bancos –el “Obrero” y el “Agrícola Pecuario”- ha dado cima a su labor de pacificación, sellando el compromiso rehabilitador que adquirió con su espada en Ciudad Bolívar.

La permanencia del General Gómez en el Gobierno se justifica plenamente librando al país de deudas, origen de la paz actual y fundamento de la futura, dejando tras su paso instituciones de crédito que independicen al agricultor y al obrero. El General Gómez, con su dilatada labor gubernativa, puede ya mostrar al mundo la posibilidad de transformar un país turbulento en un área terrícola donde el individuo no piensa en otra cosa que en su bienestar personal y en el engrandecimiento de la Patria.

Venezuela es como quien dice la madre de la libertad y la independencia en los pueblos de nuestra América, hoy representada en este país por la persona de su ilustre Ministro Plenipotenciario y Enviado Extraordinario, el señor Don Andrés E. de la Rosa, cuya vida y acción se dedican sinceramente a enlazar pueblos y corazones de las multitudes Bolivarianas.

(Publicado en el periódico “El Nuevo Diario”, el 31 de enero de 1933).