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sábado, 15 de enero de 2022

MEDIDAS PREVENTIVAS CONTRA LA VIRUELA 1929


Oficina Central de Sanidad Nacional. Venezuela.

Un interesante estudio publicado por la Redacción de National Geographic, sobre la Viruela, nos explica su origen y forma de contagio, siendo considerada como una de las enfermedades más devastadoras que jamás hayan existido en la historia de la humanidad. Alteró dramáticamente el curso de la historia, incluso contribuyendo al declive de civilizaciones enteras. Se declaró erradicada a nivel mundial en 1979, después de un programa de vacunación que está considerado como una de las victorias más importantes de la medicina moderna.

En Venezuela, durante el Gobierno del Benemérito General Juan Vicente Gómez, Presidente de la República, se tomaron importantes medidas preventivas para el efectivo combate de la terrible enfermedad como la que presentamos a continuación:  

PUBLICACIONES DE LA DIRECCIÓN DE SANIDAD NACIONAL

MEDIDAS PREVENTIVAS CONTRA LA VIRUELA

La Dirección de Sanidad Nacional continuará activamente la lucha contra el flagelo, correspondiendo así a la sagrada misión de velar por la salud pública, e inspirada siempre en las normas trazadas por el creador y sostenedor de la Sanidad Nacional en Venezuela, Benemérito General Juan Vicente Gómez.

La Ley de Vacuna declara obligatoria en la República la vacunación antivariólica y como se han presentado en esta ciudad casos aislados de Viruela, muy pocos, por fortuna, la Dirección de Sanidad Nacional ha ordenado que, tanto en Caracas como en las poblaciones del interior se intensifique activamente la vacunación, considerando esta medida profiláctica como la más eficaz en la lucha contra la terrible enfermedad, que como se sabe, es una de las más contagiosas y graves.

Con el fin de generalizar la inmunización, la Dirección de Sanidad, apoyada en la Ley y Reglamento respectivos, dispuso que un numeroso personal, debidamente preparado, se dedicara activamente a practicar la vacunación, no sólo en Caracas sino en casi todas las poblaciones y muy especialmente en los puertos, impidiendo el tránsito de toda persona que no estuviera vacunada. Además de este personal, todos los facultativos del país cooperan eficazmente en esta obra de profilaxia, y el público ha contribuido igualmente, acudiendo a los centros de vacunación.

Los resultados obtenidos no pueden ser más satisfactorios: actualmente no existe epidemia de Viruela. En Caracas, con más de 130.000 habitantes, apenas se han presentado casos aislados, que de acuerdo con la Ley, fueron recluidos en el acto. Para esta reclusión existe un Hospital de Aislamiento, situado en los aledaños de la ciudad, dotado con todo lo necesario y a cuyo frente hay un personal técnico competente. La enfermedad no ha revestido carácter de gravedad, de tal modo que no ha habido una sola defunción y los pocos casos existentes están ya en periodo de convalecencia.

La labor realizada ha sido, pues, intensa y beneficiosa. Intensa porque se ha llevado a todo el territorio de la República y el Gobierno Nacional no ha omitido esfuerzos ni gastos en realizarla. A las Medicaturas de Sanidad se les ha enviado, de enero a hoy, más de 500.000 dosis de linfa vacinal, otro tanto a los Presidentes de los Estados y autoridades locales, cuya colaboración merece especial elogio por lo Federal, el número de personas vacunadas por la Oficina de Sanidad Nacional y por el personal sanitario de oportuna y decidida. En el Distrito La Guaira y parroquias foráneas, alcanza a 60.000: a esta cifra hay que agregar las numerosas vacunaciones practicadas por los señores Médicos Cirujanos en su clientela, y por diversas instituciones benéficas, dato que no se ha obtenido todavía, porque no han sido devueltos todos los talonarios de que les ha provisto la Sanidad Nacional.

La linfa vacinal se prepara en el Laboratorio de Bacteriología y Parasitología de la Oficina Central; se extrae de terneras escogidas, sometidas previamente a un riguroso examen y la elaboración y envasamiento de la vacuna se hacen según la técnica prescrita por la ciencia, teniéndose siempre una existencia considerable en depósito.

Por todo lo dicho, se desprende que no hay temor de que se arraigue la Viruela ni se presenten epidemias; la vacunación practicada en la forma expuesta, es la medida profiláctica que da mayores resultados. En todas partes del mundo se presenta esta enfermedad y las medidas de reclusión de los enfermos y la vacunación general de la población, la limitan de tal modo que no constituye peligro para la comunidad.

Según nuestra Ley de Vacuna no tienen valor los certificados de vacunación que remonten a más de siete años, pero cuando las autoridades sanitarias creyeren oportuna y necesaria la vacunación para prevenir una epidemia de viruela, como sucede hoy, es obligatoria la revacunación para todo individuo que no justificare haber sido inoculado en un periodo anterior de sólo tres años (Artículo 10 de la Ley de Vacuna).

La vacunación aún no ha terminado; la Dirección de Sanidad Nacional continuará activamente la lucha contra el flagelo, correspondiendo así a la sagrada misión de velar por la salud pública, e inspirada siempre en las normas trazadas por el creador y sostenedor de la Sanidad Nacional en Venezuela, Benemérito General Juan Vicente Gómez, quien, en su noble afán de hacer efectivo todo progreso en el país, no omite esfuerzo por grande que éste sea.

Caracas, 30 de marzo de 1929.

El Director de Sanidad Nacional. 

(Publicado en el Periódico "El Nuevo Diario", el 31 de marzo de 1929).

LA VIRUELA

(Por: Redacción National Geographic) 

La Viruela figura entre las enfermedades más devastadoras que jamás hayan existido en la historia de la humanidad. Alteró dramáticamente el curso de la historia, incluso contribuyendo al declive de civilizaciones enteras.  Se declaró erradicada a nivel mundial en 1979, después de un programa de vacunación que está considerado como una de las victorias más importantes de la medicina moderna. 

La Viruela es una enfermedad aguda y contagiosa causada por el virus "Variola". Recibe su nombre del término en Latín que significa “moteado”, haciendo referencia a los bultos y pústulas que aparecen en el rostro y cuerpo de los afectados. Históricamente el virus ha matado al 30% de las personas que lo han contraído. Los que han sobrevivido a menudo quedaban ciegos, estériles, y con profundas cicatrices, o marcas de Viruela, en la piel. 

Se transfería por contacto directo con los infectados o a través de fluidos corporales, también a través de objetos contaminados como las camas, y la enfermedad tenía dos variantes. La Viruela mayor, que era la más común y la más severa y letal. Y la Viruela menor, que causaba una enfermedad menos agresiva, que era mortal en menos del 1% de los casos. Las otras formas, menos habituales, eran: la hemorrágica y la maligna. Ambas causaban irremisiblemente la muerte. 

LAS PRIMERAS VÍCTIMAS 

Se cree que la Viruela se originó en la India o en Egipto hace 3.000 años. Las pruebas más tempranas de la enfermedad datan del Faraón Egipcio Ramsés V, quien murió en 1157 a.C. Sus restos momificados muestran marcas de Viruela en su piel. 

La enfermedad se extendió luego hacia las rutas del comercio en Asia, África y Europa, llegando finalmente a las Américas en el siglo XVI. Los indígenas no tenían ninguna inmunidad natural. Y se estima que un 90 por ciento de las muertes indígenas durante la colonización Europea fue a causa de enfermedades y no por la conquista militar. 

La Viruela contribuyó al declive del Imperio Azteca, en lo que ahora es México, después de la llegada del virus con los conquistadores Españoles en el 1519. Más de tres millones de Aztecas sucumbieron a la enfermedad. Gravemente debilitados, los Aztecas fueron vencidos fácilmente. La Viruela también causó la muerte de un Emperador Inca y eliminó gran parte de la población Inca del Oeste de Sudamérica. 

En Europa, se estima que la Viruela acabó con 60 millones de personas sólo en el siglo XVIII. Y en el siglo XX, con unas 300 millones de personas en todo el mundo. 

LA VICTORIA DE LA VACUNA 

La batalla humana contra la Viruela comenzó hace 2.000 años. En Asia, una técnica conocida como "viruelización" se basaba en infectar deliberadamente a la persona, introduciendo con aire a presión, costras de Viruela, por la nariz. Los que recibían este tratamiento, contraían un tipo más benévolo de Viruela y desarrollaban una inmunidad de por vida. 

En 1796, se realizó un descubrimiento clave, gracias a un experimento del doctor Inglés Eduard Jenner, que mostró que la inoculación de una variedad similar de la Viruela, que está presente en las vacas, podría protegernos contra la enfermedad. El descubrimiento de Jenner fue clave para el posterior programa de vacunación, especialmente crucial ya que no hay ningún tratamiento efectivo para la Viruela. 

En 1967, entre 10 y 15 millones de personas contrajeron la Viruela, y la Organización Mundial de la Salud lanzó una campaña mundial de erradicación basada en la vacunación. Gradualmente la enfermedad se fue concentrando sólo en el Cuerno de África, y el último caso conocido ocurrió en Somalia en 1977.

Pese a que la Viruela se ha convertido en protagonista tan sólo en los libros de historia, hay una pequeña posibilidad de que vuelva a amenazarnos como arma biológica. 

https://www.nationalgeographic.es/ciencia/viruela

 

lunes, 14 de septiembre de 2020

CARACAS BAJO LA EPIDEMIA DE 1918


Junta de Socorros del Distrito Federal. Sentados de izquierda a derecha: Jesús María Herrera Mendoza, Dr. Vicente Lecuna, Monseñor Felipe Rincón González, Santiago Vegas, Henrique Pérez Dupuy. Parados, de izquierda a derecha: Dr. Luis Razetti, Pbro. Dr. Rafael Lovera, Dr. Francisco A. Rísquez y Rafael Ángel Arráiz. Nota de la Dirección: En el momento de hacer tomar este grupo, estaba ausente el señor Dr. Rafael Requena, razón por la cual no aparece en él. Foto: Luis F. Toro. Revista "Actualidades", 8 de diciembre de 1918.

El Benemérito General Juan Vicente Gómez, dictó todas las medidas necesarias para combatir el mal de la pandemia de 1918 en Venezuela, nombrando una Junta de Socorros compuesta por miembros honorables de esta sociedad.


Caracas despierta como de una mala pesadilla; recobra el ánimo; vuelve a sus empresas habituales con su alegría tradicional, y para estar en armonía con su espíritu, para ser ella misma, enciende entre la noche de sus recuerdos una luz de esperanza. Sonríe y espera. Qué leyenda más bella para el escudo de una ciudad, que es como una mujer.

Y sin embargo, cuán inciertas han sido las horas pasadas. La peste ha conmovido la ciudad hasta en sus cimientos, y la espantosa viajera, inseparable de la muerte, ha mostrado como en algunos cuentos fantásticos la faz cadavérica y los ojos amarillos, en los que se acumulaba un humor viscoso. Desde los últimos días de octubre en que hizo su aparición, viniendo del norte, la influenza española, un escalofrío intenso dobló nuestros nervios como a hierros mohosos, en un presentimiento de angustias infinitas. La violencia de la epidemia fue intensa desde su aparición, y la vendimia roja comenzó tumultuosa, acelerada, guiñolesca, hasta alcanzar un ápice mortuorio sin precedentes en los comienzos del mes de noviembre.

Pasada la primera impresión de estupor, Caracas se armó para la lucha como una airada walkyria. Cruzarse de brazos hubiera sido mengua, y nuestra ciudad, la ciudad que dio a la sagrada lid tanto caudillo, no tenía para salir airosa de su cometido sino volver los ojos al pasado, encenderse de amores por la caridad como antes lo hiciera por un ideal de justicia, ser la Caracas de los Libertadores.

El 28 de octubre de 1918, el Benemérito General Juan Vicente Gómez, dictó sendos decretos destinando la cantidad de Bs. 500.000 para combatir la epidemia, y nombrando para la doble campaña, sanitaria y de socorros, una Junta formada por el Ilustrísimo Arzobispo de Caracas y Venezuela, que la preside, y de los señores doctores Luis Razetti, Francisco Antonio Rísquez, Rafael Requena, y Vicente Lecuna, Henrique Pérez Dupuy, J. M. Herrera Mendoza y Santiago Vegas. El señor Rafael Ángel Arráiz fue nombrado Secretario. La responsabilidad de la empresa aquilató a ellos el deseo de corresponder a la confianza que se les dispensaba, y su reconocida caballerosidad y sus anhelos por el bien procomunal fueron como lo anunciaron de los éxitos obtenidos. La sociedad de Caracas ha contraído para con ellos una deuda impagable de gratitud, y así nos complacemos en reconocerlo.

La circunstancia de haberle sido encomendada la dirección sanitaria de la campaña al doctor Luis Razetti, encendió en la población la primera llamarada de optimismo. La energía del sabio profesor, su bondad comunicativa, sus trabajos sobre temas de higiene pública, sus treinta años de honrada labor profesional, eran prenda segura de un activo y científico enrumbamiento de las tareas sanitarias de la Junta.

El Doctor Luis Razetti, Director Técnico de la Junta de Socorros del Distrito Federal. Año 1918.

Las juntas parroquiales, nombradas por la Central, y la Dirección de Sanidad Nacional, cumplieron dentro del radio de sus atribuciones.

Pero donde Caracas ha mostrado una de las fases más hermosas de su vida, ha sido en el espíritu de solidaridad social que agrupó desde el comienzo de la epidemia a todas las buenas voluntades, sin diferencia de clases, cada quien consciente de que su caridad para con el vecino contribuía a su propio bienestar. Ha sido un espectáculo insólito, digno de meditación y de loanza, por el que nuestra ciudad ha mostrado que laten en su entraña, hoy como ayer, mañana como siempre, las virtudes ingénitas que le dieron alas a sus hijos en la magna cruzada de esparcir por la América del Sur las semillas de la libertad, levantando altares a la República en la más noble emulación de nuestros fastos. Ese espíritu de solidaridad social que ha cuajado en tanta acción bizarra, espontánea y sincera, ha tenido un exponente magnífico en la actitud asumida por la institución La Gota de Leche de Caracas, que agregando a sus designios por la salvación de la infancia el de la salvación de todos, ha hecho una labor magnífica que para siempre resplandecerá en los anales de la caridad pública venezolana. Ella fue de las primeras en ofrecer a los necesitados medicinas, médicos, abrigos y alimentos.

Es de justicia al hablar de las suscripciones en metálico de La Gota de Leche, tributar un aplauso a las colonias extranjeras que gozan de nuestra amplia hospitalidad y de nuestras simpatías ingenuas, y que, todas, sin diferencias de ninguna especie, haciendo causa común con nosotros en la desgracia, se apresuraron a arbitrar fondos entre sus connacionales para contribuir al alivio de la población necesitada. 

Caracas no olvidará jamás esta efusiva generosidad como no olvidará tampoco las que vinieron de lejos como una aura refrescante, y entre ellas las que integra la paternal solicitud de Su Santidad Benedicto XV, quien haciendo un alto en la abrumante labor que pesaba sobre sus hombros en los días en que la tragedia de la guerra europea culminaba en sangre y ruinas, acordó de la hija pobre y le envió premurosamente una dádiva oportuna.

El comercio, en su acción colectiva, formó dignamente en las filas de la caridad individual, y no solamente fueron sus contribuciones en dinero, sino la de víveres, medicinas y abrigos, así como las que atañen a ciertos servicios personales prestados por miembros de ese honorable gremio, las que obligan al reconocimiento de los beneficiados.

A la izquierda: Doctor R. Gómez Peraza, distinguido médico de La Guaira, quien con notable consagración asistió a 4.827 atacados de gripe. Páginas brillantes tiene la vida de este abnegado galeno. De carácter festivo, caballeroso, Gómez Peraza se ha hecho de un nombre respetado y la Ciencia tiene en él cifrada una esperanza. A la derecha: Doctor César J. Amaral, médico del Departamento Vargas, que a pesar de haber sido uno de los afectados de la epidemia, prestó oportunos servicios a los enfermos. Año 1918.

Una de las características de nuestra raza, y acaso la más admirable, radica en la facilidad con que todo se improvisa a la hora en que la necesidad se hace apremiante. Esta facultad ha encontrado motivos de gallardo lucimiento en las circunstancias fatales por las que acabamos de pasar. Como los hospitales creados no dieran abasto, se improvisaron muchos otros que funcionaron bajo el mismo pie de higiene y comodidad que los antiguos y que aún rinden en el crepúsculo de la epidemia servicios inapreciables, de acuerdo con los dictados de la experiencia. Entre estos hospitales queremos señalar el que funciona en el Templo masónico de esta ciudad, ofrecido con generoso ardimiento, en obediencia a uno de los cánones de la institución, por los masones de la capital. Y no por vano alarde nos detenemos en este hecho, sino para hacer resaltar como timbre de honor para la libertad de conciencia en Venezuela, el hecho singular de que fue el Arzobispo de Caracas, como Presidente de la Junta de Socorros, quien inauguró el nuevo instituto benéfico e instaló en él a las hermanas de San José de Tarbes, impulsado por un sentimiento de auténtica moral cristiana, cuya saludable renovación apunta en nuestra sociedad como en los pueblos depurados por el dolor y confundidos en un solo ideal en los campos de batalla del mundo.

La situación de las cocinas populares, igualmente de origen cristiano como toda emanación de la piedad puesta al servicio de las clases humildes, tuvo también su hora de fortuna en medio de las necesidades creadas por la violenta racha de la epidemia. La iniciativa correspondió al caballero norteamericano señor A. V. McKay, quien fundó la primera en La Pastora, y que en vista del éxito obtenido fue comisionado por la Junta Central de Socorros para establecer otras en las barriadas más populosas de la ciudad. La señora Camila de De La Ville, secundada por un grupo de señoritas, fundó igualmente una cocina que funciona en la esquina de La Ceiba, y La Gota de Leche, con la contribución de varios compatriotas, abrió dos, una en la Plaza de Candelaria y otra en la esquina de San Francisquito, regida ésta última por los caballeros franceses señores Granier y Franceschi. Todas dieron apreciables rendimientos y cumplieron con el objeto de su creación.

El Doctor José Antonio Tagliaferro, a pesar de haber sido, por razones de su cargo, uno de los primeros atacados de la epidemia y de haber estado muchos días gravemente enfermo, desde su lecho dictó todas las medidas higiénicas necesarias para combatir la pandemia y dirigir la campaña en Venezuela, en cuya ardua labor fue secundado con entusiasmo por todo el personal de la Sanidad Nacional del Gobierno del Benemérito General Juan Vicente Gómez. Revista "Actualidades", 8 de diciembre de 1918.

El símbolo universal de la caridad, la cruz roja en mitad de la bandera blanca, como un ángel de alas abiertas sobre la desolación de la humanidad, también ha estado presente entre nosotros. En su nombre, las secciones inglesa y norteamericana vinieron con oportunos auxilios; y los estudiantes emprendieron una labor gigantesca que han extendido a la República y que les ha conciliado todos los sufragios. Es una conducta digna de la juventud venezolana y de su proverbial generosidad, que afirma con natural elocuencia lo que serán para la patria los hombres del futuro. También ha sido digna de su juventud y de sus honestos y honrados antecedentes la idea concebida y realizada por los empleados de comercio de Caracas. Por iniciativa partida de la casa de Santana y Compañía Sucesores ellos se agruparon con entusiasmo y arbitraron fondos que una comisión de señoras ha distribuido equitativamente entre las familias pobres, a quienes la vergüenza de la mendicidad o el orgullo de un abolengo ilustre mantuvieron fiera y resignadamente en sus viejas casonas, sin implorar el pan de la caridad pública.

Las compañías de transporte y muy señaladamente la de Navegación Fluvial y Costanera, que se ofreció al igual de la D Roja para transportar gratuitamente a los estudiantes en su útil misión por la República, han merecido bien de la ciudad.

Y aquí un paréntesis, que queremos sea de luz resplandeciente como la del sol en nuestras mañanas de agosto, para que enmarque y haga resaltar la acción de un hombre humilde. Nos referimos a Pedro A. Pérez, a quien la Junta confió la tarea de enterrar a los muertos. Esta frase sencilla, que tiene un sabor religioso y es sagrada en todos los países, ha sido interpretada con justeza por Pedro A. Pérez, y es de admirar cómo el interino funcionario cumplió para con la sociedad y el pueblo de Caracas una labor tan ardua y delicada. La Junta de Socorros que le asignó el piadoso cometido, sabrá gratificarlo dignamente. Caracas no olvidará inscribir su nombre en la lista de los hombres útiles y buenos.

El 9 de noviembre de 1918, el Benemérito General Juan Vicente Gómez, decretó una nueva suma de Bs. 300.000 para dar digno remate a la campaña emprendida en una especie, dijo un diario de la mañana, de "unión sagrada", en la que cada quien se mantuvo firme en su puesto; las autoridades y el pueblo, en cumplimiento de ese deber de cordialidad mutua, que debe existir entre gobernantes y gobernados.

Doctor M. Heredia Alas, médico que asistió a 3.800 enfermos de gripe en Macuto, Caraballeda, Naiguatá, Los Teques y San Pedro. Año 1918.

El gremio médico de Caracas, de suyo tan profundamente abnegado, ha agregado una página radiosa al libro de sus merecimientos eminentes. Desde el tugurio infecto hasta la casa adornada de columnatas, a la manera de los palacios italianos, se le ha visto con la sonrisa que da la satisfacción de haber cumplido con su deber. Hay en todo médico un algo de apostólico que de carácter inconfundible a su misión. Ellos han tenido en el gremio de farmaceutas un aliado entusiasta y eficaz.

Son tan múltiples y de índole tan varia los casos en que la caridad individual se ha exhibido en las dolorosas circunstancias por que hemos pasado, que puntualizarlas sería tarea difícil, si no imposible, y ante cuya evidencia nos rendimos tomando para la ciudad en conjunto el elogio altísimo. Al pronunciar el nombre de Caracas el voto de un extranjero agradecido, formulado ante un dolor semejante, se nos viene a los picos de la pluma: "¡Que para presidir sus destinos se alíen todo lo grande y todo lo dulce!".

Los Ministros de Inglaterra e Italia, de Francia, de España y de los Estados Unidos prohijaron toda idea altruista de sus colonias en el torneo de caridad emprendido, y fueron secundados por las señoras de McGoodwin, Fabre y Dawson Beaumont. Esta última, en un bello gesto, realizó una activa labor personal en el depósito de medicinas de la Universidad Central, en compañía de un grupo de damas de su país. Por iniciativa del señor Fabre, Ministro de Francia, la Compagnie Générale Trasatlantique envió para la Junta de Socorros una valiosa caja de medicinas.

Antes de cerrar estos apuntes, séannos permitidas dos notas que exterioricen nuestros sentimientos íntimos ante el horror de los días desaparecidos. Es la primera una frase de despedida cordial, ingenua, para los que en plena juventud, cuando la ilusión los rozaba con sus anchas alas sonoras, partieron hacia el reino de las eternas sombras. ¡Qué la paz sea con ellos y las ilusiones que llevaron consigo se les conviertan en flores siempre frescas para sus sepulcros!

La otra nota es de epinicio, de exaltación triunfal ante el paso de la mujer venezolana. El alma femenina se ha renovado constantemente, como un jardín en primavera, ante las crudas mordeduras del dolor; se ha mostrado en sus múltiples fases, brillante, inagotable, y si ayer fue digna del verso por su hermosura y gentileza, hoy es digna de todas las palmas por su generosidad y desprendimiento. Porque generosidad y desprendimiento son las virtudes que han impulsado a esas caravanas de mujeres que el pueblo ha visto pasar con un respeto profundo. Han estado en todas partes; a la cabeza del lecho del moribundo en los hospitales; repartiendo de casa en casa auxilios y consuelos; yendo sin demostrar fatiga hasta los más apartados rincones de la ciudad; endulzando con una sonrisa angélica la agonía del desesperado; bordando trajes para los niños; tejiendo abrigos para los ancianos. La mujer venezolana, la caraqueña de ojos expresivos y de andar cancionero, ha revivido el mito de la buena hilandera. Imposible sería ofrecer los nombres de todas las que han sido movidas por los impulsos de su corazón. Una medalla de oro ha sido ofrecida por la Junta de Catedral a la señora Trina Berrizbeitia de Beauperthuy, en homenaje de gratitud y perenne recordación. Cúmplase el verso del poeta y sean para la suave todas las suavidades.

(Revista “Actualidades”, 8 de diciembre de 1918).

martes, 17 de marzo de 2020

LA GRIPE ESPAÑOLA DEL AÑO 1918 EN VENEZUELA


La terrible pandemia mundial de la Gripe Española de 1918.

La Gripe Española mató entre 1918 y 1920 a más de 40 millones de personas en todo el mundo. Se desconoce la cifra exacta de la pandemia que es considerada la más devastadora de la historia y que no entendió de fronteras ni de clases sociales.

Aunque algunos investigadores afirman que empezó en Francia en 1916 o en China en 1917, muchos estudios sitúan los primeros casos en la base militar de Fort Riley, en Kansas City (U.S.A.) el 4 de marzo de 1918, aunque ya en el otoño de 1917 se había producido una primera oleada en al menos 14 campamentos militares.

Un investigador asegura que la enfermedad apareció en el Condado de Haskell, Kansas City (U.S.A.) en abril de 1918. Y, en algún momento del verano de ese mismo año, este virus sufrió una mutación o grupo de mutaciones que lo transformó en un agente infeccioso letal; el primer caso confirmado de la mutación se dio el 22 de agosto de 1918 en Brest, el puerto francés por el que entraba la mitad de las tropas estadounidenses Aliadas en la Primera Guerra Mundial.

Tras registrarse los primeros casos en Europa la gripe pasó a España. Un país neutral en la I Guerra Mundial que no censuró la publicación de los informes sobre la enfermedad y sus consecuencias a diferencia de los otros países centrados en el conflicto bélico.

Ser el único país que se hizo eco del problema provocó que la epidemia se conociese como la Gripe Española. Y a pesar de no ser el epicentro, España fue uno de los más afectados con 8 millones de personas infectadas y 300.000 personas fallecidas.

Esta pandemia se dispersó por todo el mundo como consecuencia de la movilización global de soldados con motivo de la Primera Guerra Mundial que se desarrolló entre 1914 y 1918. La población mundial fue afectada en un rango del 5 al 20%.

La censura de la prensa y la falta de recursos evitaron investigar el foco letal del virus. Ahora sabemos que fue causado por un brote de influenza virus A, del subtipo H1N1, en una época donde la ciencia médica estaba limitada para atacar tanto infecciones virales (como la gripe) como a infecciones bacterianas (como la neumonía). A diferencia de otros virus que afectan básicamente a niños y ancianos, muchas de sus víctimas fueron jóvenes y adultos saludables entre 20 y 40 años, una franja de edad que probablemente no estuvo expuesta al virus durante su niñez y no contaba con inmunidad natural.

Fiebre elevada, dolor de oídos, cansancio corporal, diarreas y vómitos ocasionales eran los síntomas propios de esta enfermedad. La mayoría de las personas que fallecieron durante la pandemia sucumbieron a una neumonía bacteriana secundaria, ya que no había antibióticos disponibles.

Sin embargo, un grupo murió rápidamente después de la aparición de los primeros síntomas, a menudo con hemorragia pulmonar aguda masiva o con edema pulmonar, y con frecuencia en menos de cinco días. El mayor número de fallecidos ocurrió entre los meses de octubre y noviembre de 1918.

En los cientos de autopsias realizadas en el año 1918 los hallazgos patológicos primarios se limitaban al árbol respiratorio por lo que los resultados se centraban en la insuficiencia respiratoria, sin evidenciar la circulación de un virus.

Al no haber protocolos sanitarios que seguir, los pacientes se agolpaban en espacios reducidos y sin ventilación y los cuerpos en las morgues y los cementerios. Por aquel entonces se haría popular la máscara de tela y gasa con las que la población se sentía más tranquila, aunque fueran del todo inútiles.

En el verano de 1920 el virus desapareció tal y como había llegado.

La Gripe Española es considerada la pandemia más devastadora de la historia humana, ya que en tan solo un año mató a un número estimado entre 40 y 100 millones de personas.

ALĺ GÓMEZ VÍCTIMA DE LA PANDEMIA EN VENEZUELA

Coronel Alí Gómez Bello.

En Venezuela el primer registro de la Gripe Española se presentó el 16 de octubre de 1918 en el puerto de La Guaira, cuando se contabilizaron más de 40 soldados venezolanos infectados con este virus. Al día siguiente, el Gobierno Nacional había totalizado más de 500 casos tan sólo en el Estado Vargas. La gripe rápidamente llegó a Caracas, tal vez viajando por el ferrocarril Caracas-La Guaira. Los primeros casos se manifestaron en la parroquia La Candelaria y luego se extendieron a lo largo de la ciudad. Los síntomas eran tos, fiebre y mucha dificultad respiratoria, la cual terminaba en neumonía necrotizante y (en muchos casos) la muerte.

El 21 de octubre de 1918, los presidentes de los Estados Carabobo, Falcón, Cojedes y Bolívar, informaron de nuevos casos de la gripe en cada una de sus jurisdicciones. Finalmente, la epidemia de gripe llegó a los Estados Zulia, Táchira, Mérida y Trujillo. En la ciudad de Caracas, la cifra de muertos y de contagiados por la gripe incrementaba a la par de su expansión en el territorio nacional, tan solo ese año fueron trasladados 1.665 cuerpos al Cementerio General del Sur. Este escenario se repetía en la mayoría de los Estados.

Como medida de control, el Gobierno del General Juan Vicente Gómez, instaló una Junta de Socorros Central en Caracas que debía contar con una representación en cada parroquia y cada Estado de Venezuela, con la finalidad articular las medidas sanitarias para erradicar esta epidemia de gripe. Esta Junta estuvo precedida por el Dr. Luis Razetti, quien a su vez era el secretario perpetuo de la Academia Nacional de Medicina.


Junta de Socorros del Distrito Federal, Venezuela. Sentados de izquierda a derecha: Jesús María Herrera Mendoza, Dr. Vicente Lecuna, Monseñor Felipe Rincón González, Santiago Vegas, Enrique Pérez Dupuy. Parados, de izquierda a derecha: Dr. Luis Razetti, Pbro. Dr. Rafael Lovera, Dr. Francisco A. Rísquez y Rafael Ángel Arráiz. Nota de la Dirección: En el momento de hacer tomar este grupo, estaba ausente el señor Dr. Rafael Requena, razón por la cual no aparece en él. Foto: Luis F. Toro. Revista “Actualidades”, el 8 de diciembre de 1918.

En Caracas, se establecieron hospitales en casas de familias o en lugares públicos. Se prohibieron las concentraciones públicas como fiestas y reuniones, incluso los niños dejaron de ir a la escuela y no se oficiaron misas en las iglesias, Caracas estaba en cuarentena.

Las opiniones médicas en cuanto al diagnóstico y tratamiento se dividieron: Mientras unos recetaban medicinas ampliamente conocidas en su época, otros recomendaban el aceite de tártago, complementándolo con jarabe de ipecacuana y las infusiones de tilo con cebada diluida en agua. El desconcierto, la diversidad de criterios y el apego a lo cotidiano en la utilización de un remedio casero para la cura de la gripe, fueron los efectos de una emergencia que tomó a todos por sorpresa y causó más de 15.000 fallecidos en Venezuela en los tres meses que duró la pandemia.

Familiares cercanos al Presidente Electo de la República de Venezuela, Benemérito General Juan Vicente Gómez, fueron víctimas de la terrible pandemia, entre ellos, su hijo Alí Gómez Bello, quien falleció, el 7 de noviembre de 1918 y su hermano Pedro César Gómez Chacón, quien murió al día siguiente, el 8 de noviembre de 1918. Sus restos reposan en el Panteón familiar en la ciudad de Maracay, Estado Aragua.

El Coronel Alí Gómez Bello falleció víctima de la gripe española, el 7 de noviembre de 1918. Era hijo del General Juan Vicente Gómez y Dionisia Bello. A su memoria se construyó el Panteón de Maracay. El busto en mármol es obra del escultor italiano Pietro Ceccarelli, realizado en Florencia, Italia.

Pedro César Gómez Chacón, falleció víctima de la gripe española, el 8 de noviembre de 1918. Era hermano del General Juan Vicente Gómez.

NECROLOGÍA DE JUAN VICENTE GÓMEZ A SU HIJO ALÍ


El Benemérito General Juan Vicente Gómez y su amado hijo Alí.

7 de noviembre de 1918.

Allí se ve en esa tumba reciente mi hijo Alí que ha descendido a ella, era la promesa de un gran hombre, un carácter y un temple de romano, sus caminos fueron rectos, sus aspiraciones grandes, no conoció el miedo, era mí persona con la misma grandeza de alma y su temple de héroe, en quien su Padre expresaba un cimbre para su nombre y una gloria para la patria.

Tuvo por su padre una veneración extrema recia en él, su orgullo, su gloria, su idealidad y lo amaba con dilección infinita.

Cuál será el dolor que ha atravesado mi pecho abierto siempre a los afectos íntimos; con el único hijo que he dormido, por él pensé no venir a la guerra del 23 de mayo. Era el único que entraba a mi cuarto a todas horas. Cuando entramos donde había peligro iba adelante, cuando tenía que montar alguna bestia la montaba él primero, cuando andamos caminando me llevaba recostado a él para que yo no me cansara, era mi chofer y un gran tirador.

Juan Vicente Gómez

Curiosa fotografía del Benemérito General Juan Vicente Gómez luciendo barba, debido al cuidado y protección de la pandemia de la Gripe Española de 1918. 

EXTRACTO DEL MENSAJE DEL DR. VICTORINO MÁRQUEZ BUSTILLOS, PRESIDENTE PROVISIONAL DE VENEZUELA, AÑO 1919


Cruz Roja Venezolana. Centro de Estudiantes. Foto: Luis F. Toro. Revista “Actualidades”, el 8 de diciembre de 1918.

El Doctor Victorino Márquez Bustillos, Presidente Provisional de Venezuela, en su Mensaje al país, el 30 de abril de 1919, señaló en parte de su discurso, las acciones que fueron tomadas con urgencia y celeridad para erradicar definitivamente la pandemia que azotó al mundo.

A continuación, reproducimos un extracto de su Mensaje en donde  destaca las importantes medidas que se tomaron para combatir la Gripe Española padecida en 1918 por los venezolanos:

Motivo de duelo nacional fue la muerte del Coronel Alí Gómez, hijo del Benemérito Presidente Electo de la República y Jefe de la Causa, General Juan Vicente Gómez. La epidemia de influenza que invadió a Venezuela hace poco y a la que me referiré en los párrafos siguientes, ocasionó la muerte de aquel bizarro joven que no obstante sus pocos años se había elevado por propios méritos a un alto rango en la milicia y obtenido el nombramiento de Vicepresidente del Estado Aragua. El Coronel Gómez contrajo la enfermedad porque, fiel cumplidor de las Ordenanzas militares y animado de un característico desprecio al peligro, estuvo aliado de sus tropas que padecían el mal auxiliándolas personalmente. El 7 de noviembre dejó de existir aquel noble y valiente guerrero heredero de las virtudes heroicas de su progenitor. El Ejército venezolano perdió en él a uno de sus más brillantes jefes de Cuerpo. Desde su Comandante Supremo -que lo quería con el afecto del padre justamente orgulloso de tal hijo y del superior bien penetrado de las cualidades de tal subalterno- hasta los soldados, en las filas produjo una conmoción dolorosísima a la muerte del Coronel Alí Gómez, porque nuestros veteranos le profesaban cariño entrañable. Y no sólo el Ejército ha deplorado tan inmensa desgracia. Si los elementos militares de la Causa de Diciembre veían en el Jefe del Regimiento “Sucre” una legítima esperanza, también los elementos civiles de ésta sabíamos que en el Vice-presidente de Aragua habían muchas promesas halagüeñas para lo porvenir. La Rehabilitación Nacional nunca se cansará de lamentar aquella muerte.


Luis López, chauffeur de la agencia funeraria “La Equitativa”, cuya misión de conductor de cadáveres al cementerio, en la semana trágica fue abrumadora. Foto: Luis F. Toro. Revista “Actualidades”, el 8 de diciembre de 1918.

A mediados de octubre del año pasado comenzó a azotamos el terrible flagelo de la peste conocida generalmente con el nombre de influenza y que con carácter de pandemia ha recorrido el mundo. Para dominar esta gran calamidad no se han omitido esfuerzos, y atento el Ejecutivo Federal a los siempre oportunos y atinados consejos del Jefe de la Causa y Presidente Electo de la República, General Juan Vicente Gómez, dictó todas las medidas necesarias para combatir el mal. Previamente se nombró una Junta de Socorros compuesta de miembros honorables de esta sociedad, presididos por el Ilmo. y Rvdmo. Arzobispo de Caracas y Venezuela y se puso a su disposición la suma de Bs. 800.000 para invertirlos en la eficaz campaña sanitaria que se emprendió con tan plausible fin. Los resultados de esta lucha contra la cruel enfermedad no se dejaron esperar y fue extirpada en Caracas como lo ha venido siendo en todas las demás partes del país. Sólo unas semanas duraron en esta Capital los estragos de la horrible epidemia, porque todos sus habitantes, sin distinción de clases, secundaron la acción del Gobierno y atendieron a la palabra del Jefe de la Rehabilitación para alistarse entre las filas de los defensores de la salud pública. Como en Caracas, en los otros lugares de Venezuela ha sido breve la duración del flagelo, pero son muchas sus víctimas y grande el número de familias que visten luto por causa de aquella calamidad.

Con respecto al saneamiento de nuestro territorio, que constituye el tercer capítulo de las Obras Públicas, a que arriba me he referido, es asunto que ha venido preocupando al Gobierno en grado sumo y acerca del cual ha elaborado recientemente el Ministerio del ramo un vasto plan, que envuelve el propósito de llevar nuestro servicio de sanidad a la altura que ha alcanzado esta importante materia en el mundo civilizado.


Carro-Ambulancia de la Policía. Foto: Luis F. Toro. Revista “Actualidades”, el 8 de diciembre de 1918.

Para iniciar la ejecución de este programa ha dictado el Ejecutivo Federal cuatro Decretos concernientes, respectivamente, a la construcción de Estaciones de Cuarentena en las cercanías de La Guaira y Puerto Cabello, a la fundación de un Hospital de Aislamiento en los alrededores de la ciudad de Caracas, al establecimiento de una Oficina de desinfección dependiente de la de Sanidad Nacional, y a la instalación de un Horno Crematorio para efectuar la incineración de los desperdicios provenientes del aseo urbano en la Capital de la República; asuntos todos, como se ve, de vital importancia desde el punto de vista de la salud pública.

El primero de estos Decretos, que dispone la construcción de Estaciones de Cuarentena en dos de nuestros principales puertos, viene a satisfacer una necesidad pública reclamada ya imperiosamente por las prácticas sanitarias que rigen hoy el comercio de las naciones; y los otros, referentes al completo saneamiento de la ciudad de Caracas, envuelven el propósito altamente progresista de llevar a esta ciudad a la altura demarcada por el progreso moderno en este interesantísimo ramo, como conviene a la importancia de la Capital de Venezuela y aun al mismo crédito del país.

Y finalmente, como punto culminante de este programa, en cuya realización se interesa primero que ninguno el General Gómez, es del caso mencionar aquí el magno proyecto de las cloacas de Caracas, que el Ministerio de Obras Públicas ha venido estudiando y preparando en todos sus pormenores, para su próxima ejecución; obra de Ingeniería sanitaria de grande aliento, que por su magnitud había sido irrealizable hasta la fecha, y que constituye en el presente caso un magnífico complemento de las obras hidráulicas realizadas recientemente en la ciudad, para aumentar y sanear las aguas destinadas a su abastecimiento. Tal ha sido, descrita a grandes rasgos, la ingente labor del Gobierno en el importante ramo de las Obras Públicas durante el último año; en cuya relación se han omitido, naturalmente, multitud de obras de valor secundario, así como también los pormenores y detalles de los proyectos y de los trabajos realizados, los que se encontrarán, debidamente especificados, en la Memoria respectiva.

VICTORINO MÁRQUEZ BUSTILLOS.

Miraflores, 30 de abril de 1919.

Coronel Alí Gómez Bello.

El Coronel Alí Gómez Bello, hijo del General Juan Vicente Gómez y Dionisia Bello, nació el 27 de marzo de 1892 en la hacienda "La Mulera", ubicada en San Antonio del Táchira. Sus hermanos fueron Josefa, José Vicente, Flor de María, Graciela, Servilia y Gonzalo.

El Coronel Alí Gómez, fue vice-presidente del Edo. Aragua y comandante del Regimiento Sucre N 2, Miembro honorario del club de béisbol "Miranda B.B.C." (1918), deportista, coleador y tirador.

Cuando la gran figura del toreo Juan Belmonte vino a Caracas (Venezuela), el 5 de marzo de 1918, siendo contratado para torear cuatro corridas de toros en el Circo Metropolitano de Caracas, por el empresario venezolano Eloy Pérez, el "Pasmo de Triana" estuvo tres meses viviendo en Maracay en la casa de Alí Gómez, hijo del General Juan Vicente Gómez. En ese lugar comenzó la amistad del famoso revolucionario del toreo con el Presidente de la República. Tal sería la admiración y cariño de Belmonte por la figura del General Gómez, que hasta le dedicó un capítulo completo, relatando cómo lo conoció en el magnífico libro del escritor sevillano Manuel Chaves Nogales, "Juan Belmonte, Matador de Toros; su vida y hazañas", en el capítulo XIX, titulado: "Juan Belmonte en Venezuela. El cariño del General".

En parte de sus recuerdos, Belmonte quedó impresionado por una faena campera realizada por Alí Gómez, como habilidoso jinete, donde expresó lo siguiente:

"Al llegar a Venezuela desembarcamos en Puerto Cabello, donde nos esperaban dos automóviles enviados por uno de los hijos del Presidente de la República, General Gómez, para llevarnos directamente a una finca suya de Maracay, y evitarnos así el tener que dar la vuelta por La Guaira y Caracas.

En la finca del General Juan Vicente Gómez nos recibieron dos hijos suyos, fuertes mocetones, muy aficionados a los toros y a las faenas ganaderas, los cuales habían preparado una original bienvenida a los toreros españoles.

Cuando los automóviles en que íbamos llegaban a la finca, vimos a uno de los hijos del General, jinete en un soberbio caballo, correr por el campo acosando a un novillo; iban a carrera abierta la res y el caballo, cuando el jinete, haciendo una habilísima maniobra, cogió por la penca del rabo al novillo, y con una destreza y una fuerza sorprendentes lo volteó en el aire. Fue una bellísima escena campera, que nos deslumbró.

Juan Vicente Gómez, riquísimo hacendado, General y Presidente de la República de Venezuela, me tomó pronto un gran afecto. Amante del campo y de la ganadería, le gustaba verme bregando con las reses en su finca. Allí se pasaba los días contemplando cómo sus hijos y yo toreábamos y corríamos a caballo".

Como mencionamos anteriormente, el Coronel Alí Gómez, falleció en la ciudad de Maracay a la edad de 26 años, el 7 de noviembre de 1918, víctima de la Gripe Española.

El gran pintor venezolano, Tito Salas, realizó un hermoso cuadro de Alí Gómez, que actualmente se encuentra en la residencia caraqueña de La Casona.

EL PANTEÓN DE MARACAY

A la izquierda: Plano del Panteón del Coronel Alí Gómez, fachada principal, 1919. A la derecha: Plano del Panteón del Coronel Alí Gómez, planta, 1919. Arquitecto: Antonio Malaussena. Caracas, Colección MOB, Biblioteca Nacional.

La última de las obras del gran arquitecto Antonio Malaussena fue el Mausoleo de Alí Gómez en Maracay (1919) que, manteniendo el estilo «neobizantino» y «morisco», sería terminado después de su muerte. En conjunto, la obra de Malaussena evidencia un marcado eclecticismo, típico de finales del siglo XIX y de principios del siglo XX, junto con un notable dominio en el diseño de los espacios y una alta capacidad constructiva, particularmente en las estructuras de hierro, novedosas para la época. 

El Panteón fue diseñado en principio como homenaje a la memoria del Coronel Alí Gómez, hijo del General Juan Vicente Gómez, quien falleció el 7 de noviembre de 1918 víctima de la terrible epidemia de la gripe española. También reposan junto con los restos del Benemérito General Juan Vicente Gómez, su hermano Pedro César, su hijo, el General José Vicente Gómez Bello y otros familiares del extinto Pacificador y Emancipador Económico de Venezuela.

El destacado escultor venezolano Lorenzo González realizó la hermosa figura en bronce del Ángel (1920), ubicado en el frontis que se encuentra en la entrada principal del Panteón del General Juan Vicente Gómez y los dos bronces alegóricos en recuerdo de su amado hijo Alí Gómez, que  representan una escena de toros coleados y una Parada Militar. 

Bronce alegórico en recuerdo al Coronel Alí Gómez, que  representa una escena de toros coleados. Obra realizada por el escultor Lorenzo González.

Bronce alegórico en recuerdo al Coronel Alí Gómez, que  representa una parada militar ante su padre el General en Jefe Juan Vicente Gómez. Obra realizada por el escultor Lorenzo González.

Hospital Militar Alí Gómez. Ubicado en Maracay, Edo. Aragua, inaugurado en 1919.

Se publicó un libro con la compilación de todos los telegramas de condolencia recibidos durante su fallecimiento. Igualmente, siempre fue recordada su memoria con especial cariño y afecto en las fechas aniversarias de su triste desaparición. A continuación, reproducimos algunas de ellas:

Panteón de la familia Gómez en Maracay.


 ALÍ GÓMEZ

Menesterosos quedaron huérfanos de aquel afecto que no consintió nunca que en la mejilla del necesitado se secaran las lágrimas sin que su mano las enjuagara solícita.

Por las bizarrías de su naturaleza, por las excelencias de su alma, y el culto que profesaba al heroísmo y a la gloria, estaba su juventud llamada a florecer en predio de fama bienhechora para la patria y para sus semejantes.

En el cuarto aniversario de su muerte, la amistad ha renovado ante su tumba la justas deploraciones que ha causado su desaparición; lluvia de rosas y de lágrimas fervientes y sinceras han refrescado la tierra que encubre los despojos de su gallarda juventud, caída en hora infausta para la patria y el hogar; y su nombre ha tenido en los labios agradecidos de cuanto sintieran el calor de su afecto, bendiciones.

Hasta el honorable hogar de que fue orgullo y gala, hacemos llegar los sentimientos sinceros del dolor que siempre nos causará su dolorosa partida; especializándolos en su honorable progenitor el Señor General Juan Vicente Gómez.

(Publicado en la Revista "Billiken", el 11 de noviembre de 1922).

ALÍ GÓMEZ

Cuán bella y cuán triste la memoria de aquellos cuya vida fue derramando a manos llenas la generosa protección, cuyo trato fue sembrando el afecto arraigado y profundo, y cuya existencia no puede recordarse sin sentir admiración por la hidalguía de sus gestos, dignos de la tradición perdurable. Así la memoria de aquel ilustre ciudadano, paradigma de las virtudes caballerescas y del honor militar, que se llamó en vida el Coronel Alí Gómez, arrebatado por la muerte en la flor de la edad, el 7 de noviembre de 1918.

De él con justicia pudo decirse que murió joven porque era amado de los dioses. Gallardo y viril, de temperamento inquieto, vibrante, enamorado de la naturaleza, de la fuerte vida de los campos, de los deportes, supo de la emoción de domar un caballo cerril, de echarlo a volar tras el toro en fuga hasta alcanzarlo y derribarlo en el arriesgado ejercicio del "coleo": de atravesar un río a nado, por el placer de vencer la corriente impetuosa. Gentil caballero en los salones, y para la franca amistad corazón de oro que se daba ingenuamente sin reservas, todo generosidad y cordialidad, el Coronel Alí Gómez está vivo en la memoria de cuantos le conocieron; y por eso ahora, en el sexto aniversario de su sentida muerte, aún se llenan de pesadumbre los espíritus, como el día en que, en horas de general consternación, fue una nueva sombra en los espíritus la noticia infausta de la muerte del joven y brillante militar cuya carrera venía a cortar la Parca con golpe implacable.

Unánime ha sido en la República el homenaje tributado por la amistad al recuerdo del Coronel Gómez en este sexto aniversario de su fallecimiento; y en todo el país han sido dispuestos solemnes funerales a su memoria, revistiendo espléndida pompa y despertando un intenso y doloroso sentimiento en todas las almas, especialmente los que le han consagrado en Maracay el afecto de su amante progenitor y de sus demás deudos.

BILLIKEN, en estos momentos de tristísima remembranza por la desaparición en hora aciaga de su nunca olvidado buen amigo Alí, se une, de manera especial, a su padre el Benemérito General Juan Vicente Gómez, Presidente Constitucional de la República; a sus hermanos, el General José Vicente Gómez, Vicepresidente de la República e Inspector General del Ejército Nacional, y Coronel Gonzalo Gómez, y renueva su condolencia a todos los demás miembros de la honorable familia del extinto, con quienes BILLIKEN tiene empeñada su más franca y respetuosa amistad.

(Publicado en la Revista "Billiken", el 8 de noviembre de 1924).


ALÍ GÓMEZ

Hace hoy siete años que de súbito y desconcertantemente cayó la tiniebla definitiva sobre aquella primavera de vida e intensa luz de esperanza que se llamó el Coronel Alí Gómez. Corren frescas todavía las lágrimas de la familia, de la sociedad y de la Patria sobre la tumba que guarda las cenizas de quien supo honrar bizarramente al nombre y al hombre, bello y valiente ejemplar varonil fue él: fuerte, sano, robusto, inteligente, culto, generoso, risueño de vida, vibrante de promesas, señor, en todo momento y en cualesquiera circunstancias, de la amplitud del concepto de hombre: querido y respetado de los hombres, adorado por los humildes, bendecido por los menesterosos. Es insondable la herida causada por esa muerte en el amplio y amoroso corazón del ilustre padre amantísimo de su digno vástago, que la tormenta aciaga de la fatalidad suprimió un día de la visión halagϋeña de sus ilusiones y de su legítimo orgullo de progenitor y profesor de hombría. A él, el Benemérito General Juan Vicente Gómez, a la madre amantísima que llora eternamente la ausencia de su hijo, a sus hermanos señores General José Vicente Gómez y Coronel Gonzalo Gómez, y a toda la honorable familia de Alí, renovamos en este aniversario la expresión ingenua de nuestro dolor, al consignar este recuerdo doloroso a la memoria de nuestro por siempre desaparecido y dilecto amigo.

(Publicado en la Revista "Billiken", el 1 de noviembre de 1925).

ALÍ GÓMEZ

Un nuevo año caerá sobre la tumba del Coronel Alí Gómez el día 7 del actual: Empero ni su nombre ni su grata memoria rodarán a la cima del olvido pues en su breve y gallarda juventud malograda supo hacerse grato a cuantos a él se llegaron: a todos supo extender su mano de amigo, y la tuvo siempre presta a la dádiva que le pedía el menesteroso.

Sus días fueron tan cortos como brillantes, y por eso al extinguirse aquella vida primaveral, en medio de las calamitosas circunstancias del flagelo tremendo de 1918, la noticia de su muerte corrió causando el natural dolor que ya existía en muchos hogares venezolanos visitados por la Intrusa.

Por las felices circunstancias que le rodeaban fue una lástima y una verdadera pérdida para la Patria, a la que amaba, su desaparición del mundo donde su juventud gloriosa iba a adquirir alta prestancia.

El día 7 se renovará el dolor en el pecho de su padre el Benemérito General Juan Vicente Gómez, hermanos y demás familia, en quienes la memoria de Alí es imperecedera, y para con todos ellos cumplimos con el grave dolor de renovar nuestro pésame sentido.

(Publicado en la Revista "Billiken", el 6 de noviembre de 1926).

El señor Carlos Márquez Mármol, destacado hombre del deporte en Venezuela, cuyo seudónimo era "Oscar Metre", en la revista "Billiken", escribió unas sentidas palabras dedicadas al Coronel Alí Gómez:

DEPORTES

AÑORANZA.

No quiero pasar adelante, ya que de deportivismo hemos tratado, sin dedicar un recuerdo cariñoso en el 8° aniversario de su partida, a la memoria de uno de los más fervorosos cultores del deporte nacional, gallardo adalid, que pletórico de energías, sonrió a la vida con su frente coronada de rosas, y cuyo nombre bendecido, es como el eco de una música triste que arrulla nuestra melancolía Alí Gómez.

Me parece que ayer nomás lo veía correr, muchacho alegre y vigoroso sobre el verde musgo del recordado campo de San Bernardino, luciendo sus excelencias deportivas en medio de la charla amena y el abrazo fraternal de sus compañeros de triunfo; sin pensar ni remotamente en la dolorosa verdad de lo fugaz que es la vida; ¡Quién fuera formidable visionario para leer en el cielo de la juventud los dolores y las alegrías que nos reserva el porvenir! ¿Y para qué, si todo va a su fin?

Aquellos, como Alí, partiendo al más allá en la fresca mañana de la vida, y nosotros, viendo con nuestros propios ojos como nuestra juventud acelera su derrota bajo la guadaña exterminadora de los tiempos.

Después de este pequeño tributo de justiciero recuerdo al campeón y al amigo tempranamente desaparecido, debo confesar, que me ha quedado una tristeza tan profunda en el espíritu, que no sé de que seguir tratando, si de lágrimas o si de sonrisas. Mejor será optar por este último camino, ya que muchas veces el rostro ríe con el corazón adolorido.

OSCAR METRE

(Publicado en la Revista "Billiken", el 6 de noviembre de 1926).