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sábado, 15 de agosto de 2020

CASA NATAL DEL LIBERTADOR RESCATADA PARA LA NACIÓN POR EL GENERAL JUAN VICENTE GÓMEZ



El General Juan Vicente Gómez, Jefe de la Orden del Libertador, al izar la bandera en la casa donde nació Bolívar.

Se dice que en 1827, El Libertador Simón Bolívar pisó por última vez su antigua casa caraqueña. Guzmán Blanco compró el inmueble en 1876 y hasta 1912 su uso fue únicamente para fines comerciales. En el último año mencionado, el Presidente de la República, Benemérito General Juan Vicente Gómez, adquirió para la Nación la casa a instancias de una Comisión Ciudadana formada para su rescate, de acuerdo a un Decreto del 19 de marzo de 1910 que insta para que sea transformada en Museo Boliviano.

Los trabajos de intervención de la Casa Natal de Simón Bolívar se iniciaron en 1916 y se inauguró, el 5 de julio de 1921. El objetivo de esta intervención fue convertirla en un monumento a Bolívar por lo que sus espacios y acabados se adecuaron con materiales de lujo y abundante ornamentación.

Los trabajos fueron delegados al ingeniero e historiador Vicente Lecuna, con asesoría de los arquitectos Alejandro Chataing y Antonio Malaussena, el historiador Manuel Landaeta Rosales y el anticuario Christian Witzke. 

LA CASA DEL LIBERTADOR

El Presidente de la República, General Juan Vicente Gómez, acompañado del séquito oficial, al ir a tomar posesión de la Casa del Libertador, 28 de octubre de 1912.

El día 28 de octubre de 1912, se efectuó la entrega solemne de la casa donde nació Bolívar al señor General Juan Vicente Gómez, Presidente de la República, en su carácter de Jefe de Consejo de la Orden del Busto del Libertador. Fue una fiesta patriótica que revistió caracteres de honda simpatía y cuyos pormenores conocerán nuestros lectores por haber sido minuciosamente narrados en la prensa cotidiana de Caracas. Especialmente la disposición gubernativa superior que asociaba a este acto las escuelas primarias caraqueñas, no podía ser más oportuna y conveniente. Los niños de las escuelas formados en hileras desde el Capitolio hasta el propio solar nativo del Creador de la nacionalidad, eran vivo y claro símbolo de la unión permanente y profunda que existe entre las generaciones futuras y las pasadas, símbolo que parecía como si promulgara para los adultos de hoy un alto consejo de humildad y de patriotismo: como si nos dijera que sólo somos algo contingente y efímero, algo como puente provisional que los destinos superiores echan entre la gloria de los días que pasaron y los días venideros que debemos desear, y sobre todo tratar de hacer, con todas las fuerzas de corazón y espíritu igualmente gloriosos.

Inculcar en el tierno corazón de los párvulos que ahora apenas principian a hojear los libros que cuentan hazañas pretéritas, respeto y amor veneración por quienes realizaron aquellas proezas; poner al alcance de sus inteligencias embrionarias lo que es la Patria ofreciéndoles a la vista como palpable condensación de ella, la Casa de la Patria, la casa en que vio la luz del día el hombre que supo crearla a costa de rudas fatigas y de sacrificios y amarguras sin cuento, es, a la verdad, moldear en la dócil arcilla infantil al venezolano de mañana, capaz de comprender su deber de patriota y de cumplirlo con entereza de ánimo. Por eso fue afortunado el pensamiento de asociar especialmente este homenaje, rendido a la memoria del Héroe epónimo, la falange escolar caraqueña. La Escuela concentrada "Simón Bolívar", entonó el Himno Nacional al comienzo de la fiesta en el recinto del edificio; y el señor César Zumeta, a quien doblemente competía este papel, como Ministro de Relaciones Interiores, Canciller de la Orden del Libertador, y como Presidente de la Junta Patriótica de Caracas, hizo en breves y elocuentes palabras formal entrega del glorioso inmueble al señor Presidente de la República, General Juan Vicente Gómez.

Oficialmente se ha ordenado luego que se procedan a ejecutar los trabajos precisos para volver en lo posible esta casa al estado en que se encontraba para 1783, año del nacimiento de Simón Bolívar. Sábese por cuántas transformaciones ha pasado la mansión, que fue medio derruida por el terremoto de 1812, y a la cual posteriormente se le vinieron haciendo las reformas que requerían los sucesivos usos a que se la iba destinando, de tal manera que en su actual estado apenas ofrece parecimiento remoto con lo que era para los días coloniales. Sin embargo, se poseen datos seguros acerca de algunas de sus particularidades y de su disposición interna; y no cabe duda de que los encargados de efectuar la reconstrucción histórica, inquirirán cuantos datos puedan haberse sobre el particular, a fin de que en la Casa de la Patria podamos venerar el auténtico recinto en que vino al mundo el Padre y Libertador de Venezuela.

En nuestra pasada edición hicimos un sucinto resumen historial de cómo nació la idea de adquirir para la Nación, por suscripción pública, esta casa, y al través de cuántas y cuáles vecisitudes había pasado, antes de poder realizarse. Cúmplenos ahora consignar que buena parte del honor de este triunfo corresponde al señor César Zumeta, actual Ministro de Relaciones Interiores, el cual en su carácter de Presidente de la Junta Patriótica de Caracas, gestionó con laudable ahínco, que obtuvo el inmediato premio del buen éxito, la suscripción entre varios particulares y empresas industriales de la suma necesaria para cubrir el total del costo del inmueble.

(Publicado en la Revista "El Cojo Ilustrado". Año 1912 ).

ANTECEDENTES

Desde los días del gobierno del General Cipriano Castro, a comienzos del siglo, en el sentir colectivo y en varios Congresos empezó a agitarse la idea de adquirir por suscripción popular, la casa donde nació el Libertador, a objeto de constituirla en bien nacional.

Con la mira de alentar aquel noble anhelo y darle practicabilidad, en 1908 formóse en Caracas una Junta, encargada de recolectar dineros para cubrir el costo de la casa.

La Junta, integrada por Manuel Díaz Rodríguez, Santiago Key Ayala, Esteban Gil Borges, Vicente Lecuna, Pedro Emilio Coll, César Zumeta y otras personas distinguidas de la ciudad, desempeñó con afortunado éxito el honroso cometido; mas no fue sino en octubre de 1912 cuando se formalizó la consabida compra a los herederos de Guzmán Blanco. El traspaso oficial del inmueble a la Nación efectuóse el 28 del propio mes, en la persona del Presidente de la República, Benemérito General Juan Vicente Gómez, en su carácter de jefe del Consejo de la Orden del Busto del Libertador.

En el Mensaje Presidencial correspondiente al 19 de abril de 1910, con motivo del Centenario de la Proclamación de la Independencia de Venezuela, el Benemérito General Juan Vicente Gómez, Presidente Constitucional de Venezuela expresó:

"Me complazco en anunciaros que el Ejército y la Armada, respondiendo a una patriótica iniciativa particular, contribuyeron de la manera más espontánea y en la forma modesta que estaba indicada, a la suscripción abierta para la compra de la Casa donde nació el Libertador; y séame permitido además, ciudadanos Legisladores, congratularme con vosotros porque no se ha hecho, ni por el Ejército, ni por la Armada, un solo disparo en la República por causas de guerra.

Como lo veréis en el Decreto dictado para la conmemoración del Centenario, será ejecutada la Refacción y conservación de la casa en donde nació el Libertador".

JUAN VICENTE GÓMEZ.
Caracas, 19 de abril de 1910.

La Casa Natal del Libertador Simón Bolívar, desde tiempos del Presidente Antonio Guzmán Blanco, fue destinada para distintas actividades del comercio, así como depósito de relojes y joyería. El Presidente Juan Vicente Gómez, la rescató y restauró para la Nación, dignificando su gloriosa e histórica significación para los venezolanos. 

En la crónica de estos sucesos ha pasado en silencio el nombre del doctor José Abdón Vivas, jurista, escritor y político tachirense, uno, por cierto, de los animadores de la referida iniciativa de rescatar la casa. Así lo muestra él mismo en algunas de sus cartas conservadas en el Archivo Histórico de Miraflores, entre las cuales destacamos la siguiente dirigida al Presidente Gómez, ante quien recomendaba el patriótico proyecto:

Caracas, Villa Luisa: 29 de mayo de 1911.
Señor General Juan Vicente Gómez &., &., &.
Miraflores.

Estimado General Gómez:

El asunto patriótico que le anuncié tratar es el siguiente: es bochornoso para el patriotismo que la casa donde nació Bolívar, el hombre más grande de la América, sea un establecimiento de comercio.

La compra de ese edificio unirá el nombre de Ud. para siempre, al de ese visionario sublime, nuevo Cristo que redimió con el genio y la vida, a cinco repúblicas. Esa gloria no se la podrán arrebatar a Ud. ni las vicisitudes de la política, ni los odios insanos, ni la ingratitud: ella descansará sobre un hecho consumado del dominio público y será indestructible. Más aún: hay un hombre que, con su inteligencia y previsión, supo conquistarse en Venezuela una fama merecida; a él le deben los hijos del pueblo el nivel a que los ha colocado su ilustración con más de un envanecido aristócrata: ese hombre es Guzmán. Y sin embargo, el ilustre caraqueño celebró el Centenario del Libertador y dejó pasar una ocasión gloriosa, arrancando al cálculo frío del mercader el recinto que debiera convidar al recogimiento y a la devoción. 

¡Qué gloria para Ud. y qué satisfacción para los andinos, que un humilde zapador del trabajo, allá en nuestros riscos tachirenses, hiciera lo que se le fue por alto a aquel eminente ciudadano! Hay hombres a quienes el destino señala cumbres luminosas y reivindicaciones, más que justicieras, de alta resonancia. Las cumbres las ha escalado ya Ud. Ojalá la más ruidosa de las reivindicaciones una en crisol del inmortalidad, su nombre al de aquel hombre extraordinario. Si no le fuere posible, quede a mi, por lo menos, la satisfacción de haberlo deseado.

Esta idea me la sugirió el borrador de un decreto del Congreso en el cual se disponía la venta de unos bienes de Castro, y se destinaba su producto para obras públicas. ¡Qué bofetada para las concupiscencias de esa alma tenebrosa!

Ud. sabrá que se hizo una recolección de miles de pesos para tal objeto. De esa suma debe rendir cuenta alguien, y lo que falta será muy poco. Lo demás lo podría dar el Gobierno o lo podría donar Ud. Lo principal es el efecto.

Me he extendido demasiado: perdone el abuso en favor del sentimiento que lo inspira.

Su amigo afmo.,

J. Abdón Vivas.


El costo de las reparaciones de la Casa Natal del Libertador que comprendía el decorado interior, la recolección de muebles y objetos antiguos auténticos, los bellos detalles de la talla de las maderas, etc., ascendió a una suma mucho mayor. Los fuertes gastos causados por estos trabajos fueron hechos en su totalidad por el gobierno del Benemérito General Juan Vicente Gómez, Presidente de Venezuela, quien siempre tuvo gran interés en llevar a cabo su reconstrucción.

RESTITUCIÓN DE LA CASA NATAL DEL LIBERTADOR



Estados Unidos de Venezuela. –Ministerio de Obras Públicas. –Dirección de Edificios y Ornato de Poblaciones. –Caracas: 24 de julio de 1913. -104º y 55º.

Resuelto:

Por disposición del General Juan Vicente Gómez, Presidente de los Estados Unidos de Venezuela, y en cumplimiento de lo prescrito por el artículo 6º del Decreto Ejecutivo de 19 de marzo de 1910, que ordena la restitución, con la fidelidad posible, de la Casa donde nació Simón Bolívar, en esta ciudad de Caracas, a la forma que tenía en 1783, procédase a la ejecución de los trabajos consiguientes de conformidad con los estudios que al efecto tiene hechos este Ministerio.

Los expresados trabajos correrán bajo la administración directa de este Despacho, y los pagos se harán de conformidad con sus necesidades; reservándose la dirección e inspección de la parte artística de la obra a una Junta compuesta de los ciudadanos Doctor José Gil Fortoul, Felipe Francia, Juan Vicente Madriz y general Manuel Landaeta Rosales.

Comuníquese y publíquese.

Por el Ejecutivo Federal,

D. A. Coronil.

EL PÓRTICO DE LA CASA NATAL DEL LIBERTADOR


Pórtico de la Casa Natal del Libertador Simón Bolívar.

Desde ayer luce en la testera de la Casa Natal del Libertador una magnífica sobrepuerta, un bloque de mármol de canteras venezolanas, convertido por magia de cinceles y buriles en una obra de arte. Es este uno de los atributos con que, en una obra de reconstrucción exacta y laboriosa, la gratitud nacional, en un tiempo un tanto olvidadiza, exorna el viejo caserón en que vino al mundo el genio de América.
La sobrepuerta es de gusto sobrio, señorial. Limítase a presentar en el centro el escudo de los Bolívar, rematado por casco y cimera y de sus contornos se desprenden a un lado y al otro, ornamentos de heráldica en los que la dura piedra, por gracia al arte, se transforma en sutil encajería, con curvas suaves y relieves armoniosos, entre los cuales surgen ramas de laurel. El escudo así orlado es el que resume las diversas casas nobiliarias que, por estronque, llegaron a producir el maravilloso ejemplar de raza que fue el caudillo de la Libertad suramericana.
Debajo de este atributo, y colocada con antelación sobre el dintel, se ve la vieja piedra de molino, blasón original de la familia, al cual el escultor agregó un símbolo preciso: de las grietas de la vieja piedra emerge una rama de laurel, que es el vástago ilustre surgido en el añejo solarón, el Genio poderoso medrando en la aridez.
Esta magnífica sobrepuerta fue tallada bajo la dirección del hábil e inteligente escultor don Ángel Cabré y Magriña, quien ha recibido por su meritoria labor artística, múltiples parabienes a los cuales unimos los nuestros. 
(Publicado en el Periódico “El Nuevo Diario”, el 12 de enero de 1918).

EN LA CASA DEL LIBERTADOR


En la tarde de ayer, se reunió en la Casa del Libertador, que ha sido reconstruida, como se sabe, por noble iniciativa del General Juan Vicente Gómez, un reducido pero selecto grupo de damas y de caballeros recibidos y obsequiados de la manera más galante por el señor doctor Vicente Lecuna, bajo cuya experta dirección se realiza la obra, y por su distinguida señora esposa, con el objeto de ver los trabajos de reconstrucción de la Casa, que están al concluirse, y de admirar los soberbios cuadros del pintor Tito Salas, que se encuentran en los salones de la histórica mansión.

Entre los concurrentes se encontraban el poeta español Francisco Villaespesa y su señora, quienes, a excitación de los circunstantes, recitaron algunas de las más bellas composiciones del poeta.

Fue aquella una fiesta sencilla, pero llena de emociones, de arte y de belleza, y en todos los concurrentes hubo un sentimiento de veneración para el Padre de la Patria y de gratitud para el General Juan Vicente Gómez que tan noblemente ha sabido salvar de la incuria esa mansión veneranda para todos los pueblos libres de la tierra.

(Publicado en el Periódico "El Nuevo Diario", el 24 de abril de 1920).


EXTRACTOS DE LOS MENSAJES PRESIDENCIALES DE 1921 Y 1922

"Entre las demás obras públicas últimamente concluidas, o en vía de ejecución, por cuenta de este Departamento del Ejecutivo, cúmpleme mencionar la Casa Natal del Libertador, cuya magnífica restauración ha sido terminada en el último año".

V. MÁRQUEZ BUSTILLOS.
Caracas, 29 de abril de 1921.

"Asimismo, y por iniciativa del Jefe de la Rehabilitación, Benemérito General Juan Vicente Gómez quien abriga un verdadero culto por las glorias de la Patria, como parte integrante de las festividades del precitado Centenario. Este ha sido momento propicio para demostrar el espíritu de progreso que en todos los ramos del servicio público anima al Gobierno de la Rehabilitación, como se ha puesto una vez más en evidencia con la inauguración de la Casa Natal del Libertador, santuario el más preciado de los recuerdos del patriotismo venezolano.

En la Casa Natal del Libertador han sido instalados los objetos y colecciones históricas adscritos al Museo Boliviano, y este Instituto ha recibido valiosos autógrafos enviados por el Benemérito General Juan Vicente Gómez".

 V. MÁRQUEZ BUSTILLOS.
Caracas, 29 de abril de 1922.

CARTA DEL PINTOR TITO SALAS AL GENERAL JUAN VICENTE GÓMEZ, PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA DE VENEZUELA EN 1922. 

Caracas, 13 de Julio de 1922

Señor General
JUAN VICENTE GÓMEZ
Presidente Constitucional de la República.
&.&.&.
Presente.

Respetado General y amigo:

Manifestar a usted mi agradecimiento por su protección y amabilidad hacia mí ha sido mi constante deseo. 

Yá he terminado la decoración general del Salón de recibo de la Casa del Libertador y tengo muy adelantados los demás cuadros.

Con el mayor respeto me suscribo.

Su seguro servidor y amigo,

Tito Salas.


Casa Natal del Libertador Simón Bolívar, Caracas, Venezuela.

Ahora que la Corte de las Españas se dispone a inaugurar la estatua al Libertador de pueblos, Simón Bolívar, juzgamos de interés dar a conocer, por la maravillosa pluma del capitán C. A. Willoughby, la casa donde vivió en Caracas, declarada monumento nacional por el Benemérito General Juan Vicente Gómez, Presidente de la República de Venezuela, a lo que ha contribuido con esplendidez regia para que no padeciera la fidelidad histórica y artística de la época colonial.

La casa de Bolívar es en la actualidad una mansión del Arte, avalorada por los cuadros descriptivos que ha pintado con gran acierto, dándoles la fuerza y vigor de la escuela realista, un venezolano ilustre dentro del arte, Tito Salas, de quien el capitán C. A. Willoughby hace un juicio crítico imparcial:

“El 9 de diciembre de 1924, tuvo lugar una imponente reunión de estadistas militares y ciudadanos de las grandes Repúblicas de Sudamérica para celebrar el centenario de la batalla de Ayacucho, la victoria decisiva de una larga lucha por la Independencia.

En aquel día, las heroicas figuras de la época, Miranda, San Martín, Sucre y el gran Bolívar, estuvieron presentes de manera conspicua en la memoria de los hombres. Y a medida que los tiempos pasan, estas magníficas figuras van aumentando en grandeza. En una época y en un mundo de progreso material y de perfeccionamiento técnico, estos mártires de ideales adquieren significación especial. Su altruismo y constantes sacrificios en aras de purísimos ideales morales los han colocado en sus pedestales de inmortalidad, mientras que el valor moral de su ejemplo, los móviles de sus magníficos esfuerzos y triunfos han obtenido universal reconocimiento.

Una generación agradecida se ha combinado para perpetuar su memoria en mármoles y en bronces. Gobiernos inteligentes han cumplido con el noble deber creando museos o conservando edificios y reliquias relacionadas con la vida de aquellos grandes hombres. Los norteamericanos tienen su Mount Vernon, las Repúblicas del Sur ven con verdadera reverencia la antigua mansión colonial de Venezuela, el solar ancestral de Simón Bolívar.

La mágica influencia de la gloria de Bolívar prestaría importancia a cualquier lugar en que hubiese vivido y actuado; pero esta casa es más que una reliquia histórica: se ha convertido en la encarnación del espíritu de la antigua colonia hispana.

El plan original sólo trata de restaurar la cuna de Bolívar, con la reconstrucción histórica y un Museo en que reposarán las reliquias personales del héroe, una casa que fuese tesoro de piadosos recuerdos.

El resultado final actual ha ido, sin embargo, más allá; ha traspasado las modestas y originales intenciones de un Gobierno espléndido, la paciente rebusca de los historiadores y el genio de un hábil artista se han combinado para crear una admirable obra de arte cuyo mérito se divide igual entre el valor de la asociación histórica y la gran belleza estética.

Caracas, la cuna de Bolívar, posee una mezcla de lo moderno y del noble encanto del periodo colonial. El estrépito de sus tranvías eléctricos rompe el silencio de sus verdes y dormidos parques; grandes casas de estilo colonial, de grandes puertas de caoba recargadas de gruesos clavos de cobre. Los arabescos de sus rejas de hierro a través de los cuales se une el verde y el oro de los jardines de sus patios interiores, que parecen adormecerse en la inacción del calor estival.

Las elegantes columnas de las viejas iglesias, la suave y fresca penumbra de la catedral, atravesada por los irisados rayos del sol que se filtran por los ventanales de cristales y se reflejan en el brillante brocado rojo del solio cardenalicio. El murmurio de los cánticos sacerdotales, el arrullo de los abanicos semejantes a otras tantas mariposas, el lindo perfil de las criollas sobre los tenues encajes de sus mantillas. Todavía perdura y llena el aire el romántico ambiente de las: colonias españolas, como un leve perfume. Y éste, como eco de un delicioso pasado, se ha. logrado fijar para siempre en los muros de la casa de Simón Bolívar.

La casa está situada en la calle Sur, 1, de San Jacinto a Traposos, número 22, en la misma parroquia de Catedral.

Su plano, sus adornos y su arreglo interior son típicos de las lujosas mansiones coloniales de la segunda mitad del siglo XVII.

Las hojas de las ventanas, de caoba, elegantemente talladas; vigas y viguetas de las miles finas maderas, encerradas o pulidas; muebles de pesada caoba con deliciosas incrustaciones, lechos de cuatro pilares lujosamente tallados, un elegante comedor, son recuerdos elocuentes de aquel clásico periodo.

Las antiguas maderas fueron cuidadosamente reparadas y limpiadas, y remendadas donde fue necesario. Todos los muebles son verdaderamente auténticos, si no de la propiedad de la familia de los Bolívar, con seguridad de la época.

La casa tiene espaciosos corredores, un bello patio en que se ve la gran pila de piedra en que Bolívar fue bautizado, y el viejo corral, y, tal vez el más atractivo, el pequeño jardín de verde y oro que se alcanza a ver a través de un perfecto arco de puro estilo español.

Casa Natal del Libertador Simón Bolívar en Caracas, Venezuela. El corredor de entrada.

Los Bolívar eran ricos hacendados de la aristocracia de su patria. El abuelo de Bolívar fue el teniente general D. Juan de Bolívar y Villegas; su madre, Doña María de la Concepción Palacios y Blanco, la mejor sangre del país y de muy distinguido linaje.

La familia Bolívar tenía el gusto de la buena vida y los medios para proporcionársela. Construían bien su casa, notablemente sólida. Todavía hoy llama, la atención por sus comodidades, en solidez y amplitud. Debe hacerse justicia a su arquitecto por haber sobrevivido al terremoto del 21 de octubre de 1766, al del 26 de marzo de 1812, de tan trágicas consecuencias para Bolívar y Venezuela, y el más reciente del 29 de octubre de 1900.

La casa es auténtica. En un polvoriento volumen del siglo XVII la mano temblorosa de un anciano sacerdote, el doctor Luis José Vargas, asentó la partida de la fiel comunión de sus fieles: Folio 9 A. D. 1759 “San Jacinto a Traposos, casa de D. Juan Vicente Bolívar, etc.”

Sigue luego la lista de los habitantes de la casa, los sirvientes, los esclavos, y, en detalle, las partidas de bautismo y comunión de cada persona. D. Juan Vicente Bolívar es el padre del gran Simón Bolívar.

La idea de adquirir esta casa para convertirla en un santuario nacional, ha venido madurando desde el año 1876, en que el Presidente Guzmán Blanco compró la propiedad “tan sólo como custodio, pues he coleccionado millares de otras valiosas reliquias antes de obtener este verdadero tesoro, que ha ofrendado al Museo Nacional" (Carta a los periodistas. Caracas, febrero de 1889).

Las revoluciones de los turbulentos años subsiguientes hicieron abandonar todo proyecto de carácter civil. Sin embargo, al advenimiento del gobierno del Benemérito General Juan Vicente Gómez, en 1908, la casa de Bolívar volvió a ser el objeto de un movimiento patriótico encabezado por la “Sociedad Patriótica", la cual, iniciando una suscripción popular, pudo, en definitiva, adquirir la casa. Aunque la suma requerida era de consideración (114.000 bolívares) el costo de las reparaciones, el decorado interior, la recolección de muebles y objetos antiguos auténticos, los bellos detalles de la talla de las maderas, etc., ascendió a una suma mucho mayor. Los fuertes gastos causados por estos trabajos fueron hechos en su totalidad por el gobierno del Benemérito General Juan Vicente Gómez, Presidente de Venezuela, quien siempre tuvo gran interés en llevar a cabo la reconstrucción.

En medio de dificultades políticas, que debieron exigir toda su atención, el General Gómez encontró, sin embargo, tiempo para fomentar este proyecto puramente estético. El actual estado de belleza artística de la casa de Bolívar se debe, principalmente, a su iniciativa, pues el hábil artista Tito Salas, que actualmente esta ejecutando una serie de espléndidas decoraciones murales, completó su educación artística en “Beaux Arts”, París (Francia) gracias a la generosa ayuda del Presidente Juan Vicente Gómez.


La reconstrucción en su parte estética se basó en cuidadosos estudios históricos y en la esmerada inspección de numerosas casas antiguas del mismo periodo, para obtener la seguridad de ciertos detalles de construcción y diseño. Esta labor fue ejecutada por una comisión compuesta de los hermanos Malaussena y el arquitecto Alejandro Chataing.

La adquisición de la casa fue un gesto patriótico de gran mérito, pero tan solo un gesto. La antigua mansión era solamente un caserón y la obra de reconstrucción debía volverla a la vida y darle un alma.

El problema de la reconstrucción no se limitaba a la simple fidelidad histórica, sino que exigía una armonía estética, y el decorado interior demuestra ampliamente la fidelidad con que se ha resuelto el problema en ambos factores. La siguiente cita de Depons (T. III, pág. 73) nos presenta mayor testimonio, pues su descripción del interior de una casa colonial rica, pudo haber sido trazada aquí, y su sala de 1750 es la sala tal como se ve hoy, resucitada de una época de más colorido que la nuestra:

“Allí se veían lujosos espejos. Pesadas cortinas de damasco purpúreo cubrían las ventanas y las puertas; sillas y sofás de caoba, con asientos de cuero o telas bordadas en oro o con dibujos en relieve; camas de cuatro columnas, con incrustaciones de oro y de talla y cubiertas con cortinas de seda, y fundas de almohadas bordadas a la mano. Generalmente había, sin embargo, una solo cama dispuesta en esta forma lujosa: el lecho nupcial.

Mesas de patas doradas, gabinetes de tallas y ricas alfombras orientales adornaban la sala principal, en la que se lucía lo mejor del mobiliario. El sofá se encuentra, generalmente, a un extremo del amplio salón, con pesadas poltronas a ambos lados, de frente a una alcoba en la cual se tiene la cama de parada. Una curiosa costumbre era la de dejar abiertas las puertas de esta alcoba en los días de grandes festividades".

La actual fachada se ha hecho de mármol. La entrada es auténtica: una gran puerta de caoba, adornada de clavones de cobre, se abre tan sólo por entero en ciertas; ocasiones, mientras que para las necesidades diarias sirve un postigo cortado en ella.

Lo primero que se ve al entrar es el patio principal, a cuyo derredor están agrupadas las principales habitaciones. Este patio está pavimentado de piedras. En su centro se encuentra la gran fuente bautismal de granito, ya mencionada, en que fue bautizado Bolívar. Los detalles de las ventanas de rejas de hierro, con hojas de cedro tallado, son notables. Las columnas de mármol gris son coloniales.

Casa Natal del Libertador Simón Bolívar en Caracas, Venezuela. La sala.

A la derecha se encuentra “la galería principal”, una habitación angosta y larga, que estuvo dividida en pequeños cuartos y que es hoy el Museo Boliviano. Aquí se exhiben, en vitrinas, reliquias de Bolívar: su casaca de montar y otras prendas de uso personal. También se ven allí una hermosa antigua, cómoda con incrustaciones de oro, viejas sillas coloniales con asientos de cuero y cuatro notables cuadros, por Tito Salas: "El encuentro de Bolívar y Páez", "La expedición naval a Margarita", "La trágica huida de Caracas en 1814" y "La batalla de Araure".

Y a la izquierda está la sala principal y la alcoba en que se halla la cama de Bolívar. Este departamento era generalmente el más lujoso de todas las habitaciones coloniales; allí se encuentran las preciosas cortinas de brocado y los mejores muebles, tal como lo describe Depons. Los detalles del cielo raso son muy interesantes, incluso las vigas, ricamente talladas, de cedro y caoba; las bases, talladas y doradas, de los candelabros, del cristal en forma de soles; las hojas de las ventanas son ricas en graciosos y variados calados; allí están el conocido sofá y hermosos ejemplares de poltronas coloniales. Lo más importante de esta vivienda son los cuadros murales, por Tito Salas, de los que hablaré más adelante.

Hay en esta ala una serie de cuartos pequeños conteniendo interesantes muebles de la época, cuadros al óleo en bellos marcos y lámparas de pared con delgadas briceras y lágrimas de cristal. Los muros tienen sus zócalos decorados con los coloridos dibujos de aquella época.

El comedor es interesante. La mesa, muy hermosa, de pesada caoba, con patas talladas en forma de garras de león. A la derecha del comedor está el Archivo Boliviano, compuesto de documentos auténticos empastados en cuero de color habano claro. Uno de los más bellos detalles de la casa es un jardín interior, al que se llega por un patio empedrado y que tiene una pequeña fuente.

Desde el fresco y sombrío corredor se ve el sol brillar y trazar todos los detalles de la delicada arcada sobre la plácida verdura del jardincillo.

La antigua linterna labrada a mano, vibra tenuemente en la brisa y la fuente murmura incesante; un lugar de verdadero encanto. Parece que se oye el crujido de los trajes de seda, el golpe de los tacones Luis XV y el suave reír de las mujeres de otros días.

En la concepción de la casa de Bolívar en sí, como una unidad artística, existe otro elemento de igual importancia que el arquitectónico y el histórico, es decir, las pinturas murales del distinguido artista venezolano Tito Salas.

El decreto del Gobierno del 19 de marzo de 1910, declaraba brevemente lo que en este sentido se requería: “Artículo 6° Adquirida por la nación, por suscripción popular, la casa de Simón Bolívar, se restaurará con la mayor fidelidad, tal como existía en el año de 1783. Se instalará el Museo Boliviano en la venerable mansión, cuyos muros se dedicaran a frescos descriptivos de incidentes de la vida del Padre de la Patria.”

Esta lacónica ordenanza administrativa dio lugar a una serie de brillantes cuadros.

Casa Natal del Libertador Simón Bolívar en Caracas, Venezuela. El patio de los granados.

Tito Salas es joven, lo que implica entusiasmo por su arte y una gran frescura en su dibujo. Algunos le han criticado su caprichosa habilidad. Esto es absurdo. Salas no pinta a horas fijas. Sus detalles de inspiración no tienen la regularidad de un motor de gasolina. Sin embargo, el número de sus cuadros y las dimensiones heroicas de sus telas, demuestran su constante labor. Para llenar un espacio de 13 por 24 pies se requiere trabajar.

Salas es esencialmente colorista. El ardiente sol tropical, el claro azul del mar Caribe, brillan en sus obras. Tal vez sea esto natural en un hijo de Venezuela.

Por lo general, el colorista suele descuidar algo el dibujo. En la aplicación de las masas de colores, en busca del efecto, de la impresión, sufre a veces el dibujo.

Esto no se puede aplicar a Salas; su sentido, de gran colorido, ya unido a una gran precisión anatómica y a gran exactitud del dibujo, lo que es una rara combinación. Tiene unos bellos estudios de desnudos, una fácil maestría de las líneas en casi todos sus cuadros murales, en que las figuras son mayores que el natural y, por lo tanto, son de difíciles proporciones.

Tengo presente el "Desembarco de Colón" y, muy especialmente, la alegoría "Las Casas". Los robustos cuerpos de salvajes arrojados contra los españoles armados de cascos y corazas de acero, que es composición de extraordinario movimiento y acción.

Salas ataca una tela de 22 por 13 pies sin dibujo preliminar, sin estudio de detalle y sin cuadricular.

Generalmente hace un rapidísimo diseño en su tela, empleando modelos para cada figura de la composición. Esto es peligroso por varias razones: porque una ejecución en detalle puede producir una obra errática y desorganizada. La obra terminada de Salas es, sin embargo, excepcionalmente armónica y comporta el motivo o la idea principal con la mayor disciplina.

En mi opinión, esto se debe a lo que yo llamo "calidad intelectual" de la obra. Sus composiciones no solo tienen forma y color, sino que poseen elementos puramente espirituales. En la simple copia de una acción histórica, como, por ejemplo, "La emigración de Caracas en 1814", parece que todo lo que se podría sacar de ella sería el recuerdo del hecho con exactitud histórica; una turba de refugiados, lo recogido en rápida fuga, la desordenada columna de soldados y civiles. Esto sería mera forma: la sombra del suceso, los simples hechos materiales.

Esta huida fue, sin embargo, algo más; fue el fin trágico de las esperanzas de una nación, la ruina total, la catástrofe final de todo un pueblo.

Salas comprendió la idea fugaz; su colorido en forma sutilísima, responde a la idea: tonos oscuros, sombríos, grises opacos, la sombra del crepúsculo; aquí y allá una linterna que arroja su luz incierta sobre una fisonomía atribulada; en la distancia, el mar, a través de los árboles, con fantástica luz verdosa, como mirada de espíritus malignos.

No son los detalles de una precipitada huida: las postradas figuras de los exhaustos, el doloroso rastro de objetos domésticos en inseguros carros, el triste acompañamiento de la pavorosa fuga, lo que produce la impresión esencial de desastre, sino la siniestra condición del tono sombrío de los colores, la sutil influencia sobre el ánimo ejercido por ello, y, en fin, la interpretación psicológica del asunto.

Esto es lo que yo titulo "calidad intelectual" en un cuadro. Es la obra que casi llega a la alegoría; que representa el hecho material y, a la vez, expresa los elementos espirituales.

"La emigración" está en la galería principal, en el Museo Boliviano con otros tres cuadros: "La Batalla de Araure", "El encuentro de Bolívar y Páez" y el abordaje de un buque en "La expedición naval a Margarita", todos ellos incidentes de interés histórico.

"La batalla de Araure" es tal vez el mejor de los tres. Un atrevido estudio de caballos encabritados en el acto de una carga de caballería, pintada con verbo gálico.

"El combate naval" es una bella composición de agrupación altamente dramática y de rico colorido.

Como ejemplo de unidad artística, de perfecta armonía de detalles arquitectónicos, con mérito decorativo, la decoración mural de la sala principal es, indudablemente, la más importante contribución de Tito Salas a la casa de Bolívar.

Casa Natal del Libertador Simón Bolívar en Caracas, Venezuela. El patio principal.

La sala principal es un espacioso rectángulo, interrumpido por tres ventanas, la entrada y la puerta de la alcoba. Esta disposición produce una división en tres principales espacios murales y cinco panelas angostas: "El desembarco de Colón", "La Conquista y el Padre Las Casas" y "La apoteosis de Bolívar".

Las panelas que unen a estas tres escenas principales son: "El bautismo de un indio", el arrogante retrato de D. Diego de Losada, fundador de Caracas; una escena de la vida social de "Caracas antes de la revolución", la tormentosa "Asamblea del 19 de abril de 1810", la primera acción de la rebelión, y "Sucre y grupo de generales" que marchaban a la "Apoteosis".

El problema de esta sala era esencialmente decorativo: la utilización de limitados espacios murales para pinturas decorativas. Mientras que la galería principal es un Museo, un salón para la exhibición de ciertos objetos, el salón principal ha adquirido la intimidad de una vivienda. La calidad intelectual de su obra, la rara mezcla de las pinturas entre sí, con la idea filosófica que ya ha hecho observar, vuelve otra vez a entrar en acción.

Salas ha amplificado la concepción de la obra imperecedera de Bolívar uniéndola a la historia de las conquistas españolas, tratándola como la finalización de una evolución histórica y dando así una extraordinaria dignidad a su último cuadro, "La apoteosis de Bolívar", que parece algo así como el majestuoso final de una composición musical.

La misma idea central se repite en el friso decorativo que, sobre un fondo de mosaico de oro, va, a lo largo del cielo raso, formando, con hábil y plausible tejido, importantes hechos históricos, desde el desembarco de los conquistadores, su lucha con los indios, hasta la entrada triunfal de Bolívar en Caracas en 1827.

El colorido de estos grandes cuadros es notable; el color oscuro satinado de los soberbios torsos de los indios, el garbo pintoresco de los soldados españoles, el brillante sol sobre el verde esmeralda del Caribe, un cielo estrellado de azul cobrizo. Aun con las ventanas cerradas, estos colores lucen en la penumbra con una extraña luz.

En "El desembarco de Colón" se ve al gran descubridor en el acto del desembarco; las carabelas españolas meciéndose en un profundo mar azul; un cielo que palpita en el calor estival; brillantes manchas de color en toda la composición.

Colón, la figura principal, es un arrogante joven soldado y típicamente español, que acaricia un joven indio que es en sí un magnífico estudio anatómico.

Aquí aparece otra vez la curiosa mezcla de realismo y sutil sugestión espiritual: un gesto de protección del marcial español para con la tímida inocencia del indio es una alusión a las jóvenes colonias, bajo la égida de una civilización más antigua y más seria.

El otro cuadro es puramente alegórico: un incidente de la conquista, una lucha sin piedad entre españoles e indios, una escena de pasión, y, frente a este cuadro de muerte y destrucción, la figura, llena de calma y dignidad, de Las Casas, el beatífico sacerdote que solo, en una época de hierro, predicaba el Evangelio de la caridad y de la paciencia, e incesantemente se interponía entre la raza desvalida y la codicia de los primeros colonizadores. Es más que una narración histórica, es la esencia de todo un periodo, el espíritu de un siglo.

El muro oriental del salón está interrumpido, como hemos dicho, por tres grandes ventanas. Salas ha utilizado las estrechas panelas, entre estas ventanas, para desarrollar el tema histórico y unir el muro meridional y su "Apoteosis" con la historia de la conquista. El espacio al lado de "Las Casas" nos presenta al arrogante D. Diego de Losada, fundador de Caracas, hermosa figura de la raza de los guerreros que llevaron el estandarte de Aragón y de Castilla desde el Río Grande hasta las riberas del Plata.

La otra panela es una encantadora visión de la fastuosa vida que se desarrolló en las colonias, en donde los ricos hacendados gobernaban verdaderos principados y llevaban la vida de grandes señores.

La última panela, algo comprimida, nos enseña a Sucre y a otros jefes revolucionarios en aparente consejo de guerra.

La tercera panela es un precursor de la Independencia: una escena del memorable 19 de abril de 1810, en que la asamblea popular dictó la ley al todopoderoso capitán general.

La terrible lucha de la guerra de la Independencia está demasiado bien grabada en la memoria de las repúblicas bolivianas para que requieran un trabajo pictórico especial. Aunque tocando ligeramente aquella lucha en el cuadro "Sucre y los generales", Tito Salas da su nota final en su majestuosa "Apoteosis de Bolívar", poderosa concepción decorativa.

("Venezuela Gráfica", Tomo I, escrito por M. J. Gornés Mac-Pherson, Año 1929).

sábado, 1 de febrero de 2020

EL GENERAL GÓMEZ REFORMÓ COMPLETAMENTE EL PANTEÓN NACIONAL EN 1930

La gran obra de reforma del Panteón Nacional de Venezuela, emprendida por iniciativa del Benemérito General Juan Vicente Gómez en 1930.

En el lugar que ocupaba la antigua Iglesia de la Santísima Trinidad, convertida por Guzmán Blanco en Panteón Nacional para honrar los restos de los Próceres de la Independencia y de los hombres ilustres de la Patria, el Gobierno del Benemérito General Juan Vicente Gómez ha construido un suntuoso edificio en conmemoración del Primer Centenario de la muerte de Simón Bolívar en 1930, en donde descansan los sagrados restos del Libertador depositados en sólida y artística urna de bronce sobre un lujoso basamento de mármol.

Los más importantes trabajos efectuados en el Panteón Nacional de Caracas, Venezuela, fueron los que tuvieron ejecución durante el Gobierno del Benemérito General Juan Vicente Gómez, primero en 1910 cuando la República se preparaba para conmemorar el Centenario de la Independencia, y luego en 1930, en vísperas de cumplirse cien años de la muerte del Libertador. Como se evidencia, al General Gómez correspondió la misión de conmemorar las más importantes efemérides de la República.

A la izquierda: La antigua Iglesia de la Santísima Trinidad que Guzmán Blanco decretó como Panteón Nacional. A la derecha: El nuevo aspecto del Panteón Nacional, reformado totalmente durante el Gobierno del General Juan Vicente Gómez para conmemorar el Centenario del fallecimiento del Libertador Simón Bolívar, el 17 de diciembre de 1930.  

Desde el año 1910, el Benemérito General Juan Vicente Gómez, Presidente de la República de Venezuela, emprendió con verdadero entusiasmo e interés la tarea del cuidado, mantenimiento y reforma del Panteón Nacional, mediante el Decreto que dictó, el 19 de marzo de ese mismo año. El artículo 2° de este Decreto disponía textualmente:

"Se reconstruirá en forma digna de su alto objeto el Panteón Nacional".

He aquí en qué consistió esta reconstrucción según el informe presentado por el ingeniero Alejandro Chataing al Ministerio de Obras Públicas:

"Después de ejecutar la reparación completa de todas las armaduras y cubiertas de los techos, he procedido a las modificaciones de la fachada, tratando de imprimirle mayor carácter a su arquitectura, armonizando sus diferentes secciones, y a pintarla con un tono apropiado al destino de la obra y a su situación con respecto a los edificios vecinos.

También he procedido a ejecutar las armazones de madera para la decoración interior de todo el edificio, así como a la preparación del pavimento y escalones interiores que serán de mármol del país.

El plan adoptado para la decoración es el siguiente:

Para la Capilla donde esté la tumba del Libertador, un artesonado rico, con una gran escocia alrededor y un friso que reducirá la altura desproporcionada del local.

Los muros de este recinto llevarán una decoración pintada. Para el plafond de la nave central se adoptará el más moderno sistema de estucos, que consiste en una placa de metal desplegado sobre la cual se aplica el mortero, formado por una capa de yeso y fibra de madera que recibirá un enlucido fino de yeso; todo el conjunto apoyado en sólida armazón de madera. Sobre la superficie horizontal así formada, se aplicará la ornamentación de relieve correspondiente a los panneoux en que se dividirá el plafond.

Las naves laterales llevarán un artesonado de madera, enriquecido con ornamentos de yeso. El pavimento de las naves será compuesto de losas de mármol blanco y gris, con guarniciones de mármol negro, y algunas losas de mármol de brecha que se distribuirán convenientemente para evitar la monotonía de la coloración.

Al ejecutarse el pavimento así de manera uniforme, acudirá el inconveniente de no poder conservar la situación precisa de cada tumba, diseminadas como están, sin orden, por el suelo, sin romper esa uniformidad que exige la elegancia de dicho pavimento, ya que tampoco es posible trasladar a lugar determinado los restos o cadáveres allí depositados.

Para salvar tal inconveniente se ha decidido dejar las losas en su precisa situación actual bajándolas solamente por debajo del nivel del pavimento que se va a colocar y grabando en la losa del nuevo pavimento que corresponda próximamente al centro de dicha posición, la inscripción respectiva.

El interior del edificio será pintado convenientemente y su decoración será tocada con oro y en los tonos que impriman mayor riqueza".

El General Juan Vicente Gómez, Presidente de la República, ofrenda una corona al Padre de la Patria en el Panteón Nacional con motivo del Centenario de la Batalla de Junín (Perú), el 6 de agosto de 1924. Acompañan al Supremo Magistrado, el General José Vicente Gómez, el Dr. Francisco Baptista Galindo, el Dr. Pedro Itriago Chacín, el Dr. Melchor Centeno Graϋ y Florencio Gómez Núñez. Foto del Diario "El Universal". 

A finales del año 1929, por iniciativa y expreso deseo del Benemérito General Juan Vicente Gómez, se ordenó conmemorar por todo lo alto el Centenario de la muerte del Libertador Simón Bolívar, correspondiendo al Dr. Juan Bautista Pérez, Encargado de la Presidencia, su cumplimiento.

El Decreto del 3 de octubre de 1929, decía lo siguiente:

"Considerando que el actual edificio del Panteón Nacional, donde reposan los restos del Libertador, no reúne las condiciones de suntuosidad y belleza que corresponden a la gloriosa epopeya del Padre de la Patria y a la actual prosperidad de la República, se dispuso ejecutar las modificaciones y reparaciones necesarias para que el mencionado edificio reuniese las condiciones deseadas".

Proyecto de fachada para el Panteón Nacional, conmemorativa del Centenario de la muerte del Libertador Simón Bolívar en 1930.

Tales fueron en realidad las más importantes modificaciones hechas al Panteón Nacional, pues incluyeron un cambio completo de su fachada y reformas de notorio valor en la disposición interior. Como bien lo expresa el informe publicado en la Memoria del Ministerio de Obras Públicas del año 1930:

"El antiguo Templo fue objeto de una verdadera reconstrucción, pues apenas si se aprovecharon los muros y el piso de mármol del interior. En estas importantes obras intervinieron los ingenieros venezolanos Hernán Ayala, Edgard Pardo Stolk, Guillermo Salas y el arquitecto español Manuel Mujica Millán. Los trabajos de la fachada principal consistieron en un cuerpo saliente integrado por una torre central y por dos pórticos que dan acceso al edificio por las naves laterales. Las torrecillas anteriores, demolidas hasta dos tercios de su altura, se reconstruyeron en armonía con el nuevo conjunto al cual se imprimió una marcada tendencia al Renacimiento español.

El pórtico constituye el elemento de unión de la torre central y de las dos laterales. Esta torre central, que está constituida por cuatro cuerpos, la base, el fuste, los áticos y la cúpula, alcanza una altura de 43 metros desde el nivel de la calle hasta el perillén que remata el lucernario de la cúpula.

Aspecto de la fachada del Panteón Nacional durante su construcción en el Gobierno del General Juan Vicente Gómez.

Aspecto de la fachada del Panteón Nacional completamente lista para su inauguración en el Gobierno del General Juan Vicente Gómez. Año 1930.

La citada Memoria del Ministerio de Obras Públicas da una idea más precisa de las reformas de 1930, así:

"La base que forma parte del pórtico constituye el acceso a la nave central y de ella arranca el fuste que es el segundo cuerpo de la torre. El fuste remata aproximadamente a la altura de 24 metros y está ornamentado con cuatro ventanales de forma alargada que contribuyen a comunicar a este cuerpo la más bella apariencia. La sección de este fuste es aproximadamente cuadrada y remata en el ático de la torre donde se efectúa la transición de la forma cuadrangular del fuste a la forma circular de la cúpula. El ático está compuesto de dos secciones la primera está ricamente ornamentada en el orden que corresponde al estilo general, con cuatro ventanales y volutas moldeadas de molduras y limitadas por pilastras y cornisas. La segunda sección del ático tiene una planta poligonal ya muy próxima a la circunferencia y está provista de numerosas ventanas y también ornamentada en la misma forma de la primera sección.

La torre central es visitable en todos los siete pisos de su altura. Las dos torrecillas laterales tienen sección y altura mucho menores que la torre principal, y están situadas en un plano posterior, con el objeto de que aquella se destaque y constituya el motivo principal de la fachada.

A la izquierda: Vista interior del Panteón Nacional. A la derecha: Plano que representa la Planta del Edificio.

Las antiguas fachadas laterales del Panteón Nacional correspondían a las primitivas de la Iglesia de la Santísima Trinidad que desde su construcción habían tenido pocas o ningunas modificaciones y por consiguiente su estilo no era cónsono con el que en la actualidad se le daba a la fachada principal. Las obras comenzaron por aumentar la menguada altura de los muros de ambas fachadas, de manera de proporcionarlas con la actual elevación de la fachada principal.

Con el fin de romper la monotonía de la vieja construcción, se procedió a dividir la larga extensión de los muros en paneles limitados por pilastras de escaso relieve, y que sin llegar a la línea de tierra rematan a cierta altura en consolas de sustentación propias del estilo.

Ambas fachadas fueron provistas de preciosos ventanales abiertos precisamente en los ejes de las capillas de las naves interiores y que dotados de ricos vitrales, a la vez que proporcionan al interior del edificio una iluminación suave y difusa, sirven de bellos motivos ornamentales.

En ambas fachadas y en la parte que demarca el crucero del antiguo templo, se construyeron ventanales de mayores proporciones y ornamentados aún con más riqueza, y cuyos vitrales ostentan, uno el escudo de la familia Bolívar, y el otro el viejo escudo colonial de Santiago de León de Caracas.

En la fachada occidental se construyó además una preciosa y amplia portada del más puro estilo barroco, que sugiere al instante el recuerdo de los rancios portalones de las señoriales mansiones coloniales. Este portón da acceso al jardín interior del edificio.

Para remate de la parte inferior de los muros y como elemento de enlace entre éstos y el enlosado de mármol del piso, se colocó una franja de mármol veronés a todo lo largo de los muros laterales.

En el fondo de la nave mayor, ábside del antiguo templo, se encuentra la Capilla que alberga los restos del Libertador. El famoso monumento de Tenerani se encontraba al fondo de la Capilla, a una distancia de cerca de tres metros del muro, y en este espacio estaba colocada la urna de plomo que conservaba los venerados despojos, contenida en rico pero carcomido sarcófago de madera de tiempos de Guzmán Blanco.

NUEVO SARCÓFAGO DE BRONCE ALBERGA RESTOS DEL LIBERTADOR

La soberbia urna de bronce donde reposan los restos del Libertador Simón Bolívar en el Panteón Nacional, obra del gran escultor español Chícharo Gamo, ordenada su realización por el Benemérito General Juan Vicente Gómez para conmemorar el Centenario del fallecimiento del Padre de la Patria, el 17 de diciembre de 1930. 

Por disposición del Benemérito General Juan Vicente Gómez, con motivo del Centenario de la muerte del Libertador, el 17 de diciembre en 1930, se sustituyó el antiguo sarcófago de madera de la época de Guzmán Blanco por uno más suntuoso y digno al Padre de la Patria realizado en bronce por el escultor español Chícharo Gamo, debiendo colocarse éste sobre alto basamento de mármol, y al frente del monumento de Tenerani, siendo necesario ejecutar en la capilla importantes modificaciones. Correspondió al Dr. Juan Bautista Pérez, Encargado de la Presidencia, aprobar los trabajos al respecto.

"En primer lugar, se procedió a trasladar el monumento de Tenerani al fondo de la Capilla, de manera que quedase adosado al muro, con lo cual además de aumentarse el espacio disponible, se le dio la colocación que propiamente le corresponde, por su forma y disposición.

La altura del nuevo sarcófago montado sobre su basamento de mármol hubiera cubierto parte importante del mármol de Tenerani. Para obviar este inconveniente se presentaban dos soluciones o bien levantar a mayor altura aquel artístico monumento, o bien bajar el piso. La primera solución fue desde luego desechada pues la mayor altura traía una evidente desproporción del monumento con la Capilla y con su propio basamento. En cambio, al bajar el piso se conservaban las proporciones del monumento que aseguraban su visibilidad desde cualquier punto del edificio, y quedaba suprimida la segunda galería de la capilla aumentando en varios metros el espacio hábil de ella, por la incorporación de la superficie antes ocupada por la mencionada galería y por el descanso que le separaba de las primeras gradas. De manera que actualmente el sarcófago de bronce se encuentra colocado en el centro de la Capilla sin estorbar la vista del monumento y en su contorno quedan amplios espacios para la colocación de los altos funcionarios nacionales en las ceremonias patrióticas que periódicamente tienen lugar en tal sitio.

Con el objeto de enriquecer la Capilla y armonizar su ornamentación con la suntuosidad del nuevo sarcófago, su basamento y la famosa estatua del Libertador, se revistieron las paredes con zócalos de mármol italiano hasta la altura de la base del monumento. Además, el antiguo y desigual pavimento de mármol fue sustituido por otro más regular y artístico.

El patio que se encuentra al fondo del edificio fue también ornamentado en el mismo estilo barroco, y en su centro se construyó una fuente donde se reflejan los cipreses plantados en sus bordes".

Gran inauguración del nuevo Panteón Nacional en 1930. Arriba, a la izquierda: Aspecto del Panteón llenándose de público. Arriba, a la derecha: Llegada del automóvil del General Gómez y su comitiva para el acto. Abajo, a la izquierda: Impresionante multitud del pueblo recibe cariñosamente al Presidente Gómez a su arribo, nótese su automóvil rodeado de gente que le aclama. Abajo, a la derecha: El Benemérito General Juan Vicente Gómez, saluda al pueblo caraqueño y se dirige al interior del Panteón Nacional.   

Gran inauguración del nuevo Panteón Nacional con motivo del Centenario de la muerte del Libertador en 1930. Arriba: El Benemérito General Juan Vicente Gómez, saludando al pueblo, se dirige al interior del Panteón Nacional. Abajo: Una impresionante multitud de personas aclama al Presidente Gómez durante su llegada al recinto sagrado donde se celebrará el acto en Caracas (Venezuela).   

Al fondo, escoltado por una guardia de honor, se aprecia el sarcófago de bronce del Padre de la Patria, en el Panteón Nacional, el día 17 de diciembre de 1930, fecha en que se cumplió el primer Centenario su muerte. 

LAS PLAZAS ADYACENTES

El Parque Miranda de Caracas, visto desde el Panteón Nacional. Al norte de este bello Parque se alza el Panteón Nacional. Año 1930.

También el viejo parque adyacente al Panteón Nacional, fue objeto en 1929 de importantes reparaciones con el fin de destacar su belleza natural y de modernizar las vías que lo cruzan por disposición del Benemérito General Juan Vicente Gómez. De ello trata igualmente la Memoria del Ministerio de Obras Públicas correspondiente al año de 1930.

El parque de la primitiva Iglesia de la Santísima Trinidad, flanquea el edificio del actual Panteón por el Este y el Sur, y en nuestros días esta dividido en cinco plazas cubiertas por una lozana vegetación en la que existen espléndidas ceibas, verdes acacias que en la primavera se visten de rojo, palmeras y otras plantas del trópico de exhuberantes ramajes y colorido. He aquí como describe la distribución de estas plazas la mencionada Memoria de Obras Públicas:

"Las dos pequeñas del Oeste (estas dos pequeñas plazas se sitúan al Oeste en esta reseña, en relación con las otras tres situadas al Este. Relacionadas con el Panteón están realmente al Sur pues al Oeste de dicho edificio lo que existe es la Avenida Norte) frente al edificio, están partidas por la calle Este 9 prolongadas hasta su encuentro con la Avenida Norte. Están adornadas con dos filas longitudinales de cipreses y palmas circuidas de aceras y los centros son cuadros de grama. Al Norte de estas plazas se encuentra otra calle Este-Oeste que las separa del edificio y que remata al Norte de la gradería de piedra artificial que da acceso al Panteón por la puerta central. Cuatro magníficos candelabros funerarios ornamentan la entrada.

La Plaza del Este queda en tres partes dividida por las calles Este-Oeste. De estas tres plazas del Este, la central esta realzada con la estatua del Generalísimo Francisco de Miranda montada sobre nuevo pedestal, proyectado por el mismo Mujica". 

LAS DECORACIONES PICTÓRICAS DEL PANTEÓN NACIONAL


Las notables pinturas de Tito Salas, uno de los más destacados pintores venezolanos de los últimos tiempos, nacido en Caracas en 1890, sigue la huella de sus ilustres predecesores Cristóbal Rojas y Arturo Michelena. Salas se marcha a París, donde hace sus estudios dentro de las normas del clasicismo. Caldeada, sin embargo, por un espíritu ardiente, su pintura se distingue por su vigoroso sentido expresionista y por su inconfundible pasión del color.

Estas virtudes que distinguen a Tito Salas en la gran eclosión pictórica hispanoamericana, se ponen de manifiesto en sus obras, principalmente en sus grandes conjuntos históricos entre los que descuellan las decoraciones de la Casa Natal del Libertador y las del Panteón Nacional, en Caracas.

Las decoraciones del Panteón Nacional las inicia Salas en 1930 y comprenden un gran conjunto de episodios históricos y de interpretaciones simbólicas a los que, exceptuados aquellos que se refieren a la Conquista, sirve de numen la figura del Libertador.

Obras del maestro Tito Salas. A la izquierda: "Bolívar y Humboldt". El Libertador en París, durante el mes de septiembre de 1804, conoce al Baron Alejandro de Humboldt, a otros conspicuos hombres de ciencia y a políticos eminentes de Francia con los que establece amistad. A la derecha: "¡Unión, unión!". El Libertador frente al mar, confidente de los grandes hombres en los días de adversidad, piensa en el porvenir de los pueblos de Colombia a los que recomienda la unión, como única fórmula de salvación, en su última Proclama dictada en Santa Marta pocos días antes de su muerte. Esta Proclama esta considerada como su testamento político.

Obras del maestro Tito Salas. A la izquierda: Bolívar jura ante su Maestro Don Simón Rodríguez, en el Monte Sacro de Roma, no dar descanso a su brazo ni reposo a su mente hasta no ver libre a su Patria. A la derecha: Alegoría de la libertad de los esclavos.

He aquí, enumerados conforme a su ubicación, estos grandes murales.

A partir de la entrada al recinto, en dirección al Monumento del Héroe:

1°.- El Tiempo graba el nombre de Bolívar para la Posteridad.

2°: Apoteosis del Libertador después de su muerte.

3°.- Fundación de la ciudad de Caracas, cuna del Padre de la Patria.

ARCO DE LA DERECHA:

Entrada triunfal de Bolívar a Caracas después de la Batalla de Carabobo que en 1821 selló la Independencia de Venezuela.

ARCO DE LA IZQUIERDA:

Traslado de los restos del Libertador de La Guaira a Caracas (1842).

Arco de la Nave Central (Crucem): La Santísima Trinidad advocación religiosa de la familia Bolívar y Primera Comunión del futuro Libertador.

En los otros arcos del Crucero: Escudo nobiliario de la familia Bolívar. Escudo de Caracas y Escudo de Venezuela. 

NAVE LATERAL DERECHA:

1°.- La Noche de Casacoima. En su propósito de dominar totalmente el Orinoco, el Libertador establece su Cuartel General en San Félix. El 4 de julio de 1817 es sorprendido por fuerzas enemigas y logra salvar su vida arrojándose a la laguna de Casacoima.

2°.- Bolívar en el Chimborazo. La ascensión del Héroe a esa montaña le inspiro luego la conocida página titulada "Mi Delirio sobre el Chimborazo".

3°.- Alegoría de la libertad de los esclavos.

4°.- Bolívar jura ante su Maestro Don Simón Rodríguez, en el Monte Sacro de Roma, no dar descanso a su brazo ni reposo a su mente hasta no ver libre a su Patria de la dominación española (15 de agosto de 1805).

NAVE LATERAL IZQUIERDA:

1°.- "¡Unión, unión!" El Libertador frente al mar, confidente de los grandes hombres en los días de adversidad, piensa en el porvenir de los pueblos de Colombia a los que recomienda la unión, como única fórmula de salvación, en su última Proclama dictada en Santa Marta pocos días antes de su muerte. Esta Proclama está considerada como su testamento político.

2.- Bolívar y Humboldt. El Libertador en París, durante el mes de septiembre de 1804, conoce al Baron Alejandro de Humboldt, a otros conspicuos hombres de ciencia y a políticos eminentes de Francia con los que establece amistad.

3°.- El 26 de octubre de 1825, el Libertador asciende al famoso cerro de Potosí, en Bolivia.

4°.- Inspiración del Istmo de Panamá, el cual, según el Libertador, si el mundo hubiese de elegir su Capital, sería el lugar señalado para tan augusto destino.

Obras del maestro Tito Salas: A la izquierda: El 26 de octubre de 1825, el Libertador asciende al famoso cerro de Potosí, en Bolivia. a la derecha: Apoteosis del Libertador después de su muerte.


Vista exterior e interior del Panteón Nacional de Caracas (Venezuela), reformado totalmente por disposición del Benemérito General Juan Vicente Gómez en 1930 como homenaje al Padre de la Patria.