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viernes, 18 de noviembre de 2022

FALLECE EL GRAN POETA VENEZOLANO ANDRÉS MATA 1931

Don Andrés Mata, amigo y leal servidor del General Juan Vicente Gómez, a quien calificó como el Gran Hombre que engrandeció a la Patria dándole paz firme, bienestar fecundo y gloria digna.

Desempeñaba el cargo de Consejero de la Legación de Venezuela ante el Vaticano en el Gobierno del Benemérito General Juan Vicente Gómez.

El día 18 de noviembre de 1931, falleció en París el ilustre poeta venezolano Andrés Mata, Individuo de Número de esta Institución. En Venezuela y en todos los pueblos de habla hispana, la noticia ha causado honda y vivísima impresión, pues desaparece con el autor de "Pentélicas", "Idilio Trágico y Arias Sentimentales", uno de los más puros y altos cultivadores de la poesía lírica del Continente. Fue además el señor Mata periodista notable, fundador del diario "El Universal" de Caracas; hombre público de destacada significación y amante apasionado de la gloria del Libertador, a quien cantó en rotundas estrofas. 

Cuando murió desempeñaba el cargo de Consejero de la Legación de Venezuela ante el Vaticano en el Gobierno del Benemérito General Juan Vicente Gómez. 

Al tener noticia de su muerte, en la sesión ordinaria de la Academia Nacional de la Historia del 19 de noviembre de 1931, nuestro compañero el señor don Luis Correa propuso, tras breve y sentido elogio de la obra poética del extinto, que se enlutara por ocho días el Sillón Letra G, que ocupó entre nosotros, se diera el pésame a la familia y se levantara la sesión en señal de duelo. Así se aprobó por unanimidad. 

Reproducimos a continuación las palabras del señor Correa: 

Señor Director: 

"Ha muerto Andrés Mata; ya de él no nos queda sino su obra poética, breve y armoniosa. Lo demás, lo que perteneció a la carne frágil y perecedera, ha entrado con el gran misterio en los dominios de la nada. Pero sus versos; lo de él; lo íntimo; lo que hizo de su espíritu un vaso de elección, llevarán para siempre su nombre en alas de la sensibilidad y del recuerdo. 

En la historia de la poesía venezolana, Andrés Mata es desde ayer una antorcha cuya luz no se apagará. Poeta como son los verdaderos poetas, por instinto, por obra de lo subconsciente; poeta de la poesía pura, de la que elabora fuera de los dominios de la razón; de la que se exprime con el rumor natural de los ríos cascadas, Andrés Mata llegó a su hora para expresar en estancias musicales un momento del alma venezolana. Surgido del romanticismo; epígono de una escuela que terminó por ahogarse entre palabras, sin que se oyera el ritmo cordial del pueblo, Mata trae a nuestra poesía, Junto con la emoción que pasa, un concepto permanente de la claridad, del número invariable, salido de la eterna fuente del clasicismo, que es orden y armonía. No perteneció a los grandes orquestadores del lirismo; no tuvo la sabiduría de Andrés Bello, toda pauta disciplinaria, ni el torrente emotivo de Pérez Bonalde, ni la gracia perfecta que se asoma como una ninfa desnuda en algunos sonetos de Gutiérrez Coll; pero su obra, de más pequeas dimensiones, fue trabajada con amor de artista, burilada con el ansia de perfección que muchas veces lo llevó por el camino del acierto. La antología guardará celosamente alguna de esas joyas, con la dulce y piadosa devoción con que la mujer amada esconde en su libro de horas la flor que se marchitó sobre su seno".

Luis Correa. 

(Publicado en el Boletín de la Academia Nacional de la Historia, N° 56. Octubre - Diciembre de 1931. Caracas, Venezuela).


lunes, 1 de agosto de 2022

CENTENARIO DE LA MUERTE DEL GRAN MARISCAL DE AYACUCHO 1930

El Gran Mariscal de Ayacucho Antonio José de Sucre.

El Gobierno Nacional del Benemérito General Juan Vicente Gómez, prestó a este proyecto su apoyo material y moral y bajo estos auspicios, se efectuó la sesión especial, el día 4 de junio de 1930, en el Teatro Nacional de Caracas. 

Habida consideración de que el 4 de junio de 1930 se cumplía el primer centenario de la muerte del Gran Mariscal de Ayacucho Antonio José de Sucre, la Academia Nacional de la Historia, acordó conmemorar dicha fecha con una sesión extraordinaria, que debía efectuarse en el Teatro Nacional de Caracas, conforme con el programa especial que elaboró al fin indicado. Desde luego quedó resuelto, como parte esencial de aquél, que se editara un número especial del Boletín, órgano de la Academia que disfruta de un crédito y una reputación extensos y firmes, dentro como fuera del país, en el cual debía insertarse como obra de preferencia la "Vida de Sucre", escrita por el Libertador, algunas cartas inéditas del Gran Mariscal, pertenecientes al archivo particular del académico doctor Vicente Lecuna, quien las puso a disposición de la Academia con el objeto mencionado, y trabajos adecuados de los señores académicos. 

El Gobierno Nacional del Benemérito General Juan Vicente Gómez, prestó a este proyecto su apoyo material y moral y bajo estos auspicios, se efectuó la sesión especial, el día 4 de junio de 1930, a las 5 p.m., en el Teatro Nacional de Caracas, en presencia de un numeroso público, en el que se hallaban representados los diversos gremios sociales, literarios, científicos, artísticos y obreros de la ciudad; así como también los representantes del Cuerpo Diplomático, Poderes Legislativo, Ejecutivo y Judicial, Concejo Municipal, Corporaciones, Universidad y la prensa, previamente invitados para el acto. En éste se dio lectura a la mencionada Biografía del Gran Mariscal, escrita por el Libertador, de la cual se hizo una edición artística de lujo, que fue distribuida inmediatamente a la concurrencia; fueron también leídas las cartas de despedida del Gran Mariscal para el Libertador, la contestación de éste y la carta de pésame del Libertador para la Marquesa de Solanda, viuda del Mariscal; se recitaron dos composiciones poéticas adecuadas y cerró el acto, con patrióticas y elocuentes palabras recibidas entre nutridos aplausos, el académico Monseñor Navarro.

(Publicado en el Boletín de la Academia Nacional de la Historia, N° 54. Abril - Junio de 1931. Caracas, Venezuela).


martes, 15 de marzo de 2022

SERGIO MEDINA, DESTACADO POETA VENEZOLANO

 

Sergio Medina, el gran poeta aragüeño, de La Victoria, gloria de la literatura venezolana.

Con la muerte de este notable poeta pierde Venezuela uno de los típicos representativos de su parnaso.

Sergio Medina, iniciado en las Letras en los primeros años del presente siglo, por la sugerencia de sus poemas, forjados dentro de las normas clásicas del verso castellano, logró cantar con toda justeza los paisajes, las costumbres y bellezas de la región aragüeña de donde era nativo.

En "El Cojo Ilustrado" y en todas las demás revistas y periódicos nacionales, las producciones de Sergio Medina tuvieron puesto de preferencia, ya que en ellas se juntaban alto lirismo, originalidad, belleza y un infinito amor a nuestra tierra.

En 1913, publicó en la misma empresa editora de "El Cojo Ilustrado" su primer libro "Poemas de Sol y Soledad", que fue recibido con beneplácito, no sólo en Venezuela sino en España y en la América Latina.

En 1928, apareció en la Editorial Élite "Cigarras del Trópico", otra colección de admirables poemas, que dieron aún mayor renombre a su conspicua personalidad.

La tenaz enfermedad que desde hace algún tiempo minara lentamente su organismo y que lo llevó a la tumba, rompió sus ilusiones y no le dejó concluir otra obra que preparaba, intitulada "La Posada de la Estrella".

Sergio Medina ha muerto en la mitad del camino de su vida, cristianamente, y en los días en que las cigarras anuncian en los campos de su Aragua querida las primeras lluvias y la llegada de la Primavera, a la que tan admirablemente supo cantar.

Su sepelio, efectuado ayer en La Victoria, fue una imponente demostración del alto aprecio en que se le tenía y del pesar que en aquella ciudad y en toda la República ha causado su eterna partida hacia lo ignoto.

"Élite" hace suyo este duelo de la Poesía venezolana y acompaña en su dolor a la señora madre, hijos y demás deudos de Sergio Medina.

(Publicado en la Revista "Élite", el 8 de abril de 1933). 

 

"JUNTA PRO HOMENAJE SERGIO MEDINA"

El insigne poeta Sergio Medina, gran amigo y leal servidor del Benemérito General Juan Vicente Gómez, Presidente de la República de Venezuela.  

Por unanimidad de votos de la antedicha Junta, fue designado su Presidente Honorario, el Benemérito General Juan Vicente Gómez, Presidente de la República y noble propulsor de las letras nacionales. 

Con el noble propósito de rendir un homenaje a la memoria del poeta Sergio Medina, restado hace poco al grupo de la intelectualidad venezolana, se ha constituido una Junta Directiva en la ciudad de La Victoria, en la siguiente forma:

Presidente, Carlos R. Aponte; Primer Vicepresidente Trino Celis Ríos; Segundo Vicepresidente, Manuel Betancourt; Secretario, R. Yanes González; Subsecretario, Ángel Raúl Villasana; Tesorero, Cnel. Gregorio Vegas y Subtesorero, Ángel Meyer.

Por unanimidad de votos de la antedicha Junta fue designado su Presidente Honorario el Benemérito General Juan Vicente Gómez, Presidente de la República y noble propulsor de las letras nacionales.

Miembros honorarios: Dr. Rafael Requena, Dr. Samuel E. Niño, Cnel. Gonzalo Gómez, Teniente Cnel. Ignacio Andrade, Juan Vicente Gómez hijo, Florencio Gómez Núñez, Cnel. Benjamín Olivieri, Rafael Ángel Arráiz, Dr. Ramón Ignacio Méndez Llamozas, Cnel. Rafael V. Arvelo, Gral. Vincencio Pérez Soto, Dr. Juan Francisco Castillo, Dr. Julio de Armas, Dr. Antonio Alamo, Dr. Santiago Siso Ruiz. Dr. Fulgencio C. Carías, Dr. Carlos Siso, Dr. J. A. Vicentelli, Dr. J. A. Tagliaferro, Dr. P. E. Gutiérrez Alfaro, Dr. Luis Ramos Sucre, Dr. Nicolás Cárdenas Farías, Dr. L. Codecido, Dr. Pedro José del Corral, Dr. Franz Conde Jahn, Dr. Julio Consalvi; y Vocales: Pedro Brea, Carlos Bejarano García, Francisco de Paula Páez, Sanabria Méndez, Pbro. Marco H. Ferreira, Dr. Hilario Cabrera Díaz, Pbro. Dr. Gregorio Adam, Andrés Pacheco Miranda, J. M. Álvarez Jaramillo, A. S. Espinoza, Carlos Blank, Miguel Ángel Álvarez, Lucio M. Peralta, Aníbal Paradisi, Luis Alvarado, Alfredo Pacheco Miranda, Ángel S. Yoris, José Liserio Salas, Prof. Hermes Romero V. (Romis), Rafael C. Figuera, Héctor Álvarez Delgado, Miguel Villasana, Luis Ojeda Méndez, Luis Tovar Jiménez, Manasés Edo. Capriles, Daniel Villasmil, J. B. Arrechedera, Augusto Padrón, Humberto Blanck, Manuel Ochoa, José Miguel Ferrer, Alberto E. Michelena, Leoncio Martínez (LEO), Pedro Sotillo, J. A. Cova, Ángel Corao, Ramón David León, Manuel F. Rodríguez, M. Mirabal Ponce, Srta. Graciela Martínez Espino, Rafael Jiménez, Francisco Ramón Martínez, Fernando Bosch Landa, Luis Isidoro Rodríguez, P. R. Busnego Martínez, J. I. Iturzaeta, Cmdte. Edmundo J. González, Jesús A. Tenreiro, José Manuel Faverola, Fernando García Jiménez, Aguedo Felipe Vásquez, José Helímenas Barrios, Hugo Olivares, Candelario Matos y Guillermo Oviedo.

La Junta “Pro Homenaje Sergio Medina", puede contar con todo el concurso moral y material de "ÉLITE" en su justiciero objetivo.

(Publicado en la Revista "Élite", el 13 de mayo de 1933).


miércoles, 8 de diciembre de 2021

FALLECIMIENTO DEL GENERAL JOSÉ RAFAEL LUQUE 1931

 

General José Rafael Luque, Presidente del Estado Miranda.

En la tarde de ayer, 19 de marzo de 1931, falleció en esta capital, víctima de penosa e incurable dolencia, el señor General José Rafael Luque, meritorio servidor público y honorable padre de familia.

La muerte lo sorprende gobernando el Estado Miranda, donde su interés y actividad de hombre de gobierno, se manifestaron en reformas y progresos palpables y beneficiosos.

Otros cargos públicos de importancia desempeñó el General Luque y supo granjearse en ellos el afecto y el aprecio de sus conciudadanos. La Patria pierde con su muerte un modelo de funcionario público y la Causa Rehabilitadora un soldado pundonoroso adicto al Jefe, Benemérito General Juan Vicente Gómez, Caudillo y Conductor de ella.

"El Nuevo Diario" se asocia al duelo del Ejército Federal y presenta su más sentido pésame a  la honorable familia del finado.

(Publicado en el Periódico "El Nuevo Diario", el 20 de marzo de 1931).

"La palabra cariñosa, robusta y alentadora del General Gómez alivió al postrado, le comunicó energías, lo hizo incorporarse, hablar alegre, sonreír con satisfacción… y fue la última sonrisa de su vida". 

Ha caído al sepulcro este hombre meritorio que logró escalar brillante altura, sin jamás esquivar dificultades ni demostrar flaqueza. De abolengo luchador por la libertad, le rindió culto fervoroso a las glorias de Bolívar.

En las faenas de la industria comercial fue donde el General Luque empezó la brega de la vida; después, con entusiasmo, pasó al campo de las labores agrícolas, donde daba gusto verlo por entre bucarales cuidando sus cafetos para que florecieran con hermosura, y se cuajaran los jazmines en buenos racimos que llegaran al rojo de la madurez.

Con meritoria compañera fundó un hogar honorable y cultamente una familia virtuosa. Tanto los sagrados deberes de esposo como los de padre los cumplió a cabalidad; y en los primeros albores de la Rehabilitación Nacional, sin abandonar el trabajo, se afilió a esta Causa con decisión estable. Tal firmeza de carácter, junto con su probidad auténtica, amor profundo al progreso, generosidad, culto por la amistad, nobleza de alma y serenidad en el peligro, constituyeron las sobresalientes características que lo hicieron acreedor a una gran estimación general.

De manera digna fue Comandante de Armas del antiguo Estado Zamora, Presidente Provisional y Constitucional de Cojedes, Vicepresidente de la Cámara de Diputados habiendo ido al Congreso de la República por la misma Entidad Federal, donde se le recuerda con afecto por sus buenas Administraciones; Primero y Segundo Vicepresidente de Aragua y Primer Vicepresidente de Guárico. En acto solemne los pueblos de Cojedes le confirieron una artística medalla; asimismo estaba condecorado con la Orden del Libertador en el Grado de Gran Oficial; y ocupando por tercera vez la magistratura de Miranda, donde acrecentó sus actividades públicas, realizó labor brillante de progreso e hizo florecer Los Teques en homenaje al Primer Centenario de la Muerte de Bolívar, lo esperó el postrer aliento con sus angustias y dolores.

Minado por una enfermedad rebelde, mostró valentía de siempre tratando de sobreponerse a las fuerzas del destino que lo empujaba impasible a la fosa oscura del no ser. Contra el terrible mal nada pudieron los empeños de la ciencia junto con mil solícitos cuidados; y ya en postración dolorosa tuvo intensa alegría de ver junto a su lecho de enfermo, al Jefe, a su único Jefe, al que quiso de manera entrañable. ¡Qué poder tan avasallador poseen los hombres superiores e inspirados en el bien! La palabra cariñosa, robusta y alentadora del General Gómez alivió al postrado, le comunicó energías, lo hizo incorporarse, hablar alegre, sonreír con satisfacción… y fue la última sonrisa de su vida.

La Patria está de duelo…

Como el mar, el espíritu del recio luchador tuvo oleaje, horizontes claros, días tempestuosos y últimamente una bella lejanía…

La tumba del General Luque es una desgracia y ha sido cubierta por un montón de flores; flores ofrendadas afectuosamente por el Gobierno de la República y el Jefe del Ejército; flores enviadas con respeto por los Poderes Públicos del Estado Miranda, flores regadas con lágrimas de matrona inconsolable, de hijos afligidos, de matrona e hijos que acaban de ver encerrar en una caja negra, yerto pálido y sin vida, al que la acompañó con amor, al que los bendecía todos los días…flores de muchos dolientes…

Manuel Villasana

Los Teques, 20 de marzo de 1931.

(Publicado en el Periódico "El Nuevo Diario", el 21 de marzo de 1931). 

NOTA DE INTERÉS: El General José Rafael Luque, era el abuelo por parte de madre del doctor Francisco Herrera Luque, reconocido médico-psiquiatra, novelista, ensayista y diplomático venezolano.


jueves, 17 de diciembre de 2020

A LA MEMORIA DEL GENERAL GÓMEZ

(Por: Rafael Ángel Arráiz)

Publicado en el diario “El Universal”, el 22 de Diciembre de 1938.

Impresionante multitud del pueblo presente durante el entierro del Benemérito General Juan Vicente Gómez, Presidente de la República de Venezuela.

Caracas, 17 de diciembre de 1938. Hace hoy tres años que murió el General Gómez en su residencia campestre de Maracay.

Yo le ví morir. Estuve a su lado durante las horas de su altiva agonía; oí sus últimas palabras; contemplé las expresiones postreras de su rostro moribundo, que delataban la persistente tortura de crueles dolores, mientras contemplaba también intacta en la mesa de noche la ampolleta de sedol que se negó a poner; ví cuando al despedirse de la vida abrió los ojos para besar el Cristo de marfil que manos filiales habían colocado sobre sus labios; y, ya cadáver, besé su frente cayendo sobre ella las lágrimas de mi pena, y estreché entre las mías aquella mano varonil que durante veinte y siete años mantuvo en alto y con gloria y sin que sufriera nunca ni la afrenta de una amenaza, ni la vacilación de una incertidumbre, ni la perspectiva de un peligro, ni el sonrojo de una debilidad, la Bandera que cobijó la sombra augusta del Libertador.

Lleno de solicitud conmovida, presté mi concurso en los preparativos del entierro, que fue cesáreo; y ayudé a enjaezar para la ceremonia en la oficina de sus hijos, que me son tan queridos, aquel su predilecto caballo de fuego como su nombre: Fogonazo, en donde varias veces le vimos erguido pasando revista al Ejército en parada, unas en las llanuras maracayeras, otras en el Campo de Carabobo frente al soberbio Monumento que su devoción bolivariana levantó a la gloria de nuestro Gran Padre y Señor. Metí mi hombro bajo el féretro empenechado con la Bandera Nacional; y contemplé aquella manifestación silenciosa que lo condujo hasta el sepulcro, comparable tan solo en solemnidad a aquella otra manifestación estruendosa que pocos años antes le había tributado el pueblo de Caracas, cuando al juramentar su última Presidencia le condujo desde el Capitolio hasta Miraflores llevándolo casi a cuestas solitario en su carro descubierto de doce cilindros.

Testigo fuí de los acontecimientos de aquellos días. Testigo de las actitudes de sus hombres; de las lágrimas que cayeron sobre su yerto cuerpo; de los gritos escapados de pechos varoniles; de los húmedos ósculos que se estamparon sobre su frente; testigo de todo aquel dolor silencioso, respetuoso, solemne, que rodeó su sarcófago ante el cual se inclinaron espadas y charreteras, frentes y corazones. Y cuando le dejamos allí, al abrigo de las florestas risueñas de Aragua que él amó tanto o más que a sus nativas montañas andinas, legó a la nación el tesoro de ese brillante Ejército que constituye el orgullo primordial de la República, el sostén y seguridad de la patria, la perdurabilidad de las instituciones, del hogar, de la familia, de las tradiciones venezolanas, de la majestad de la Bandera que ampara el reposo de nuestros Héroes.

Ahora después de tres años al volver a la Patria, he recorrido todos aquellos sitios y las cosas grandes que dejó a su paso y que eternizan su memoria; así como las cosas humildes como su vida que le eran familiares, desde el retiro campesino que le prestó refugio hasta el lecho angosto y de hierro sin cortinajes donde rindió sin una queja su vida. Allí, en medio de las campiñas aragüeñas, fue donde con sus propias manos colgó de los cintos varoniles las espadas que hoy son el sustentáculo de la paz, y desde allí mantuvo siempre, como una advertencia, montada su guardia de leones en las patrias fronteras para asegurar la integridad nacional.

Y es también ahora, a los tres años de su muerte, que me toca a mí, a un hombre civil que le sirvió lealmente, responsablemente, y con un absoluto desinterés, dejar sobre su tumba estas frases de consecuencia a su memoria, en medio de la tempestad de ultrajes desatada contra ella y que es hija del contubernio abominable del despecho impotente de la demagogia destructora.

Largos años estuve al servicio del Gobierno que presidió el General Gómez en cargos de confianza y teniendo a veces en mis manos la autoridad ejecutiva. Jamás recibí de él la más pequeña insinuación que me obligara a saltar por sobre los límites de la equidad y de la corrección; antes por el contrario, y yo no tengo reparo en declararlo así, cuando me fue indispensable tal vez extralimitar la acción en defensa de los intereses públicos puestos bajo mi responsabilidad, tuve siempre necesidad, para no desmerecer en su confianza, de aclarar mis actitudes y de justificar mi conducta. Nunca le oímos sino recomendar a sus servidores el buen comportamiento; y no fueron pocos los amigos de su cariño, y hasta familiares muy queridos, a quienes relegó para siempre de su lado como consecuencia de injustificados procedimientos. Le serví en la más alta representación diplomática y estuve como Delegado del país en Conferencias Internacionales donde se ventilaron graves cuestiones que interesaban a la República. Y al recordar este honor, lo hago para afirmar que siempre junto a su memorándum de instrucciones, venía de parte de él este mensaje encendido como una antorcha de fiel nacionalismo: “Somos amigos de todos, pero más que amigos de Venezuela; y a la hora de defender los intereses de Venezuela, no somos amigos de nadie”.

Durante los largos años también viví a su lado sin dejar de verle y de oírle un solo día, durante varias veces. En esa permanencia a su lado tuve oportunidad de acumular un precioso material que anda por ahí casi organizado, con el cual espero contribuir en su hora al conocimiento de hechos y sucesos de nuestra historia política, acaso sensacionales. En esos trabajos figuran sus hombres y la colaboración que le prestaron; los proyectos que acarició y que en su mayor parte fracasaron por el estatismo y la inercia de algunos; sus anhelos por engrandecer el trabajo y la vida del campesino y sus necesidades, que siempre puso por encima de las del obrero; y hasta sus visiones atrevidas de renovación política hijas de su mirada de águila. Hasta hay en ese material cosas regocijadas que pertenecen al género chico, que de todo tuvo a su lado: desde el hombre de acción siempre listo para el sacrificio por la patria, hasta el tipo pintoresco que vivió arrimado a la sombra de su luz, y el consumado actor que supo representar su farsa y que nunca prestaron ni una idea, ni un esfuerzo, ni una iniciativa, a la obra del bien público. En medio de todos fue el único que siempre estuvo en su puesto sin desorbitarse un solo instante. En la hora risueña, como en las horas de tragedia, se encogía de hombros y con elegante desdén escuchaba la algarabía estruendosa de los farsantes. Tenía la conciencia de su destino; y siendo como era un hombre de extrema humildad, de una modestia insuperable que no alteraron nunca los halagos de la vanidad, para representar a la patria, a la Magistratura que ejercía, al poder público confiado a su pericia, invistió su figura de una majestad respetuosa, de una incontrastable autoridad, de un atributo de mando que no le abandonó ni cuando estaba tendido en su urna funeraria. Como Jefe de Estado, en toda su vida y en cualquier instante de ella, guardó la postura altiva de quien está oyendo el Himno Nacional o agitando en sus manos la Bandera de la Patria. Por eso nadie antes que él dió nunca el primer paso. En medio de los pro-hombres que le visitaban a menudo para rendirle pleitesía: Mariscales de Francia; Caudillos victoriosos que mandaron legiones en la Guerra Mundial; Jefes de Estado; Ases de la Aviación; políticos notables; Literatos de fama; hombres de ciencia; diplomáticos; mitrados; millonarios; grandes poetas; todo lo que es en fin orgullo y prez del mundo moderno que pasó por su lado, sintió enseguida el desconcierto de su personalidad extraordinaria ante la cual ninguna apareció nunca más alta. Hasta cuando llegó a su poder como una ofrenda la espada veterana de Tannenberg, la supo empuñar con su mano fuerte de venezolano auténtico.

Nunca le oí en los años que pasé a su lado pronunciar una palabra malsonante; ni nunca le ví humillar a nadie; ni hablar mal de nadie; ni tolerar que en su presencia se hablase mal de nadie; así fuese de sus más enconados enemigos, a quienes siempre consideró hombres resueltos. La disciplina de su vida fue perfecta, y se la infundió a todos: a sus hijos y a sus servidores, a jueces y soldados, a civiles y militares. Fue el primer gobernante que llevó a los más altos cargos de la milicia y de la magistratura a los hijos del pueblo que habían sabido iluminar su vida por el trabajo, por la eficacia, por la competencia y las virtudes. Hijo del pueblo como era, de genuina extracción popular, nacido en la montaña y desde niño en lucha perenne con la existencia hasta llegar a la cumbre donde llegó y poder “entrar a caballo en la historia”, su vida constituye la más alta expresión del triunfo del personal esfuerzo, el ejemplo más elocuente de hasta donde es capaz de llegar el hijo del pueblo venezolano cuando lo alientan y fortalecen las virtudes de la fe, de la constancia y del honor. No en balde, ni por obra de las casualidades, se manda veinte y siete años en un país como Venezuela, ni se gobierna con la autoridad con que supo hacerlo el General Juan Vicente Gómez, sin poseer un magnífico tesoro de extraordinarias dotes. Quienes tratan de empequeñecer su personalidad de venezolano, lo que hacen es reducirse ellos mismos al oscuro rincón de su propia insignificancia.

Esta pequeña página de recuerdo se la debía yo al General Gómez por un imperativo de gratitud, que es para mí la suprema moral humana. Fuera de la estimación con que me honró, del apoyo que le prestó como un lazarillo ideal a los primeros pasos de mi juventud, agrego para cerrar estas líneas, un desahogo de mis personales sentimientos que justifica la inquebrantable fidelidad de mi recuerdo. Y es el siguiente:

Estaba yo postrado en la Clínica de los Mayo esperando ser sometido a una operación considerada mortal. Advertido de este peligro por la voz de la sabiduría y de la ciencia para que tomase las providencias del caso desesperado, seguro de morir, puse entonces bajo el amparo de la piedad del General Gómez el único tesoro que he tenido en mi vida y que son mi noble compañera y mis hijos. La respuesta no tardó horas. “Opérese tranquilo, que en caso desgraciado yo velaré por su familia”.

Entonces, ante aquel despacho que me venía de la patria lejana envuelta en el vago perfume de la esperanza, me tendí tranquilo en la mesa de operaciones de la célebre Clínica que es un orgullo de la humanidad. Había desaparecido la preocupación torturante de mis pensamientos ante aquellas frases finales del cablegrama, cuyo valor yo conocía.

En efecto, no había realidad comparable a una promesa del General Gómez; ni nada más seguro que su palabra; ni nada más firme que su diestra tendida; ni nada más leal que sus brazos abiertos.

RAFAEL ÁNGEL ARRÁIZ

  El Arzobispo de Caracas, Monseñor Rincón González, acompaña el cortejo fúnebre con los restos del Presidente de la República de Venezuela, Benemérito General Juan Vicente Gómez, por las calles de Maracay junto con la multitud del pueblo.

El féretro del Presidente de la República de Venezuela, Benemérito General Juan Vicente Gómez, siendo conducido a hombros por las calles de Maracay. Sobrevuelan cuadrillas de la Aviación Militar Venezolana en homenaje a su Fundador ante la gran concurrencia del pueblo venezolano. Varias carrozas portan coronas fúnebres como expresión de admiración, cariño y recuerdo.

El Presidente de la República de Venezuela, Benemérito General Juan Vicente Gómez, recibiendo los máximos honores militares en el Panteón de la ciudad de Maracay en donde reposan sus restos.

Pueden ver los siguientes videos históricos:

Juan Vicente Gómez: Tiempo y figura.

Juan Vicente Gómez, recordado por su pueblo.

Juan Vicente Gómez: Semblanza histórica.

El Panteón del General Juan Vicente Gómez.

sábado, 1 de febrero de 2020

EL GENERAL GÓMEZ REFORMÓ COMPLETAMENTE EL PANTEÓN NACIONAL EN 1930

La gran obra de reforma del Panteón Nacional de Venezuela, emprendida por iniciativa del Benemérito General Juan Vicente Gómez en 1930.

En el lugar que ocupaba la antigua Iglesia de la Santísima Trinidad, convertida por Guzmán Blanco en Panteón Nacional para honrar los restos de los Próceres de la Independencia y de los hombres ilustres de la Patria, el Gobierno del Benemérito General Juan Vicente Gómez ha construido un suntuoso edificio en conmemoración del Primer Centenario de la muerte de Simón Bolívar en 1930, en donde descansan los sagrados restos del Libertador depositados en sólida y artística urna de bronce sobre un lujoso basamento de mármol.

Los más importantes trabajos efectuados en el Panteón Nacional de Caracas, Venezuela, fueron los que tuvieron ejecución durante el Gobierno del Benemérito General Juan Vicente Gómez, primero en 1910 cuando la República se preparaba para conmemorar el Centenario de la Independencia, y luego en 1930, en vísperas de cumplirse cien años de la muerte del Libertador. Como se evidencia, al General Gómez correspondió la misión de conmemorar las más importantes efemérides de la República.

A la izquierda: La antigua Iglesia de la Santísima Trinidad que Guzmán Blanco decretó como Panteón Nacional. A la derecha: El nuevo aspecto del Panteón Nacional, reformado totalmente durante el Gobierno del General Juan Vicente Gómez para conmemorar el Centenario del fallecimiento del Libertador Simón Bolívar, el 17 de diciembre de 1930.  

Desde el año 1910, el Benemérito General Juan Vicente Gómez, Presidente de la República de Venezuela, emprendió con verdadero entusiasmo e interés la tarea del cuidado, mantenimiento y reforma del Panteón Nacional, mediante el Decreto que dictó, el 19 de marzo de ese mismo año. El artículo 2° de este Decreto disponía textualmente:

"Se reconstruirá en forma digna de su alto objeto el Panteón Nacional".

He aquí en qué consistió esta reconstrucción según el informe presentado por el ingeniero Alejandro Chataing al Ministerio de Obras Públicas:

"Después de ejecutar la reparación completa de todas las armaduras y cubiertas de los techos, he procedido a las modificaciones de la fachada, tratando de imprimirle mayor carácter a su arquitectura, armonizando sus diferentes secciones, y a pintarla con un tono apropiado al destino de la obra y a su situación con respecto a los edificios vecinos.

También he procedido a ejecutar las armazones de madera para la decoración interior de todo el edificio, así como a la preparación del pavimento y escalones interiores que serán de mármol del país.

El plan adoptado para la decoración es el siguiente:

Para la Capilla donde esté la tumba del Libertador, un artesonado rico, con una gran escocia alrededor y un friso que reducirá la altura desproporcionada del local.

Los muros de este recinto llevarán una decoración pintada. Para el plafond de la nave central se adoptará el más moderno sistema de estucos, que consiste en una placa de metal desplegado sobre la cual se aplica el mortero, formado por una capa de yeso y fibra de madera que recibirá un enlucido fino de yeso; todo el conjunto apoyado en sólida armazón de madera. Sobre la superficie horizontal así formada, se aplicará la ornamentación de relieve correspondiente a los panneoux en que se dividirá el plafond.

Las naves laterales llevarán un artesonado de madera, enriquecido con ornamentos de yeso. El pavimento de las naves será compuesto de losas de mármol blanco y gris, con guarniciones de mármol negro, y algunas losas de mármol de brecha que se distribuirán convenientemente para evitar la monotonía de la coloración.

Al ejecutarse el pavimento así de manera uniforme, acudirá el inconveniente de no poder conservar la situación precisa de cada tumba, diseminadas como están, sin orden, por el suelo, sin romper esa uniformidad que exige la elegancia de dicho pavimento, ya que tampoco es posible trasladar a lugar determinado los restos o cadáveres allí depositados.

Para salvar tal inconveniente se ha decidido dejar las losas en su precisa situación actual bajándolas solamente por debajo del nivel del pavimento que se va a colocar y grabando en la losa del nuevo pavimento que corresponda próximamente al centro de dicha posición, la inscripción respectiva.

El interior del edificio será pintado convenientemente y su decoración será tocada con oro y en los tonos que impriman mayor riqueza".

El General Juan Vicente Gómez, Presidente de la República, ofrenda una corona al Padre de la Patria en el Panteón Nacional con motivo del Centenario de la Batalla de Junín (Perú), el 6 de agosto de 1924. Acompañan al Supremo Magistrado, el General José Vicente Gómez, el Dr. Francisco Baptista Galindo, el Dr. Pedro Itriago Chacín, el Dr. Melchor Centeno Graϋ y Florencio Gómez Núñez. Foto del Diario "El Universal". 

A finales del año 1929, por iniciativa y expreso deseo del Benemérito General Juan Vicente Gómez, se ordenó conmemorar por todo lo alto el Centenario de la muerte del Libertador Simón Bolívar, correspondiendo al Dr. Juan Bautista Pérez, Encargado de la Presidencia, su cumplimiento.

El Decreto del 3 de octubre de 1929, decía lo siguiente:

"Considerando que el actual edificio del Panteón Nacional, donde reposan los restos del Libertador, no reúne las condiciones de suntuosidad y belleza que corresponden a la gloriosa epopeya del Padre de la Patria y a la actual prosperidad de la República, se dispuso ejecutar las modificaciones y reparaciones necesarias para que el mencionado edificio reuniese las condiciones deseadas".

Proyecto de fachada para el Panteón Nacional, conmemorativa del Centenario de la muerte del Libertador Simón Bolívar en 1930.

Tales fueron en realidad las más importantes modificaciones hechas al Panteón Nacional, pues incluyeron un cambio completo de su fachada y reformas de notorio valor en la disposición interior. Como bien lo expresa el informe publicado en la Memoria del Ministerio de Obras Públicas del año 1930:

"El antiguo Templo fue objeto de una verdadera reconstrucción, pues apenas si se aprovecharon los muros y el piso de mármol del interior. En estas importantes obras intervinieron los ingenieros venezolanos Hernán Ayala, Edgard Pardo Stolk, Guillermo Salas y el arquitecto español Manuel Mujica Millán. Los trabajos de la fachada principal consistieron en un cuerpo saliente integrado por una torre central y por dos pórticos que dan acceso al edificio por las naves laterales. Las torrecillas anteriores, demolidas hasta dos tercios de su altura, se reconstruyeron en armonía con el nuevo conjunto al cual se imprimió una marcada tendencia al Renacimiento español.

El pórtico constituye el elemento de unión de la torre central y de las dos laterales. Esta torre central, que está constituida por cuatro cuerpos, la base, el fuste, los áticos y la cúpula, alcanza una altura de 43 metros desde el nivel de la calle hasta el perillén que remata el lucernario de la cúpula.

Aspecto de la fachada del Panteón Nacional durante su construcción en el Gobierno del General Juan Vicente Gómez.

Aspecto de la fachada del Panteón Nacional completamente lista para su inauguración en el Gobierno del General Juan Vicente Gómez. Año 1930.

La citada Memoria del Ministerio de Obras Públicas da una idea más precisa de las reformas de 1930, así:

"La base que forma parte del pórtico constituye el acceso a la nave central y de ella arranca el fuste que es el segundo cuerpo de la torre. El fuste remata aproximadamente a la altura de 24 metros y está ornamentado con cuatro ventanales de forma alargada que contribuyen a comunicar a este cuerpo la más bella apariencia. La sección de este fuste es aproximadamente cuadrada y remata en el ático de la torre donde se efectúa la transición de la forma cuadrangular del fuste a la forma circular de la cúpula. El ático está compuesto de dos secciones la primera está ricamente ornamentada en el orden que corresponde al estilo general, con cuatro ventanales y volutas moldeadas de molduras y limitadas por pilastras y cornisas. La segunda sección del ático tiene una planta poligonal ya muy próxima a la circunferencia y está provista de numerosas ventanas y también ornamentada en la misma forma de la primera sección.

La torre central es visitable en todos los siete pisos de su altura. Las dos torrecillas laterales tienen sección y altura mucho menores que la torre principal, y están situadas en un plano posterior, con el objeto de que aquella se destaque y constituya el motivo principal de la fachada.

A la izquierda: Vista interior del Panteón Nacional. A la derecha: Plano que representa la Planta del Edificio.

Las antiguas fachadas laterales del Panteón Nacional correspondían a las primitivas de la Iglesia de la Santísima Trinidad que desde su construcción habían tenido pocas o ningunas modificaciones y por consiguiente su estilo no era cónsono con el que en la actualidad se le daba a la fachada principal. Las obras comenzaron por aumentar la menguada altura de los muros de ambas fachadas, de manera de proporcionarlas con la actual elevación de la fachada principal.

Con el fin de romper la monotonía de la vieja construcción, se procedió a dividir la larga extensión de los muros en paneles limitados por pilastras de escaso relieve, y que sin llegar a la línea de tierra rematan a cierta altura en consolas de sustentación propias del estilo.

Ambas fachadas fueron provistas de preciosos ventanales abiertos precisamente en los ejes de las capillas de las naves interiores y que dotados de ricos vitrales, a la vez que proporcionan al interior del edificio una iluminación suave y difusa, sirven de bellos motivos ornamentales.

En ambas fachadas y en la parte que demarca el crucero del antiguo templo, se construyeron ventanales de mayores proporciones y ornamentados aún con más riqueza, y cuyos vitrales ostentan, uno el escudo de la familia Bolívar, y el otro el viejo escudo colonial de Santiago de León de Caracas.

En la fachada occidental se construyó además una preciosa y amplia portada del más puro estilo barroco, que sugiere al instante el recuerdo de los rancios portalones de las señoriales mansiones coloniales. Este portón da acceso al jardín interior del edificio.

Para remate de la parte inferior de los muros y como elemento de enlace entre éstos y el enlosado de mármol del piso, se colocó una franja de mármol veronés a todo lo largo de los muros laterales.

En el fondo de la nave mayor, ábside del antiguo templo, se encuentra la Capilla que alberga los restos del Libertador. El famoso monumento de Tenerani se encontraba al fondo de la Capilla, a una distancia de cerca de tres metros del muro, y en este espacio estaba colocada la urna de plomo que conservaba los venerados despojos, contenida en rico pero carcomido sarcófago de madera de tiempos de Guzmán Blanco.

NUEVO SARCÓFAGO DE BRONCE ALBERGA RESTOS DEL LIBERTADOR

La soberbia urna de bronce donde reposan los restos del Libertador Simón Bolívar en el Panteón Nacional, obra del gran escultor español Chícharo Gamo, ordenada su realización por el Benemérito General Juan Vicente Gómez para conmemorar el Centenario del fallecimiento del Padre de la Patria, el 17 de diciembre de 1930. 

Por disposición del Benemérito General Juan Vicente Gómez, con motivo del Centenario de la muerte del Libertador, el 17 de diciembre en 1930, se sustituyó el antiguo sarcófago de madera de la época de Guzmán Blanco por uno más suntuoso y digno al Padre de la Patria realizado en bronce por el escultor español Chícharo Gamo, debiendo colocarse éste sobre alto basamento de mármol, y al frente del monumento de Tenerani, siendo necesario ejecutar en la capilla importantes modificaciones. Correspondió al Dr. Juan Bautista Pérez, Encargado de la Presidencia, aprobar los trabajos al respecto.

"En primer lugar, se procedió a trasladar el monumento de Tenerani al fondo de la Capilla, de manera que quedase adosado al muro, con lo cual además de aumentarse el espacio disponible, se le dio la colocación que propiamente le corresponde, por su forma y disposición.

La altura del nuevo sarcófago montado sobre su basamento de mármol hubiera cubierto parte importante del mármol de Tenerani. Para obviar este inconveniente se presentaban dos soluciones o bien levantar a mayor altura aquel artístico monumento, o bien bajar el piso. La primera solución fue desde luego desechada pues la mayor altura traía una evidente desproporción del monumento con la Capilla y con su propio basamento. En cambio, al bajar el piso se conservaban las proporciones del monumento que aseguraban su visibilidad desde cualquier punto del edificio, y quedaba suprimida la segunda galería de la capilla aumentando en varios metros el espacio hábil de ella, por la incorporación de la superficie antes ocupada por la mencionada galería y por el descanso que le separaba de las primeras gradas. De manera que actualmente el sarcófago de bronce se encuentra colocado en el centro de la Capilla sin estorbar la vista del monumento y en su contorno quedan amplios espacios para la colocación de los altos funcionarios nacionales en las ceremonias patrióticas que periódicamente tienen lugar en tal sitio.

Con el objeto de enriquecer la Capilla y armonizar su ornamentación con la suntuosidad del nuevo sarcófago, su basamento y la famosa estatua del Libertador, se revistieron las paredes con zócalos de mármol italiano hasta la altura de la base del monumento. Además, el antiguo y desigual pavimento de mármol fue sustituido por otro más regular y artístico.

El patio que se encuentra al fondo del edificio fue también ornamentado en el mismo estilo barroco, y en su centro se construyó una fuente donde se reflejan los cipreses plantados en sus bordes".

Gran inauguración del nuevo Panteón Nacional en 1930. Arriba, a la izquierda: Aspecto del Panteón llenándose de público. Arriba, a la derecha: Llegada del automóvil del General Gómez y su comitiva para el acto. Abajo, a la izquierda: Impresionante multitud del pueblo recibe cariñosamente al Presidente Gómez a su arribo, nótese su automóvil rodeado de gente que le aclama. Abajo, a la derecha: El Benemérito General Juan Vicente Gómez, saluda al pueblo caraqueño y se dirige al interior del Panteón Nacional.   

Gran inauguración del nuevo Panteón Nacional con motivo del Centenario de la muerte del Libertador en 1930. Arriba: El Benemérito General Juan Vicente Gómez, saludando al pueblo, se dirige al interior del Panteón Nacional. Abajo: Una impresionante multitud de personas aclama al Presidente Gómez durante su llegada al recinto sagrado donde se celebrará el acto en Caracas (Venezuela).   

Al fondo, escoltado por una guardia de honor, se aprecia el sarcófago de bronce del Padre de la Patria, en el Panteón Nacional, el día 17 de diciembre de 1930, fecha en que se cumplió el primer Centenario su muerte. 

LAS PLAZAS ADYACENTES

El Parque Miranda de Caracas, visto desde el Panteón Nacional. Al norte de este bello Parque se alza el Panteón Nacional. Año 1930.

También el viejo parque adyacente al Panteón Nacional, fue objeto en 1929 de importantes reparaciones con el fin de destacar su belleza natural y de modernizar las vías que lo cruzan por disposición del Benemérito General Juan Vicente Gómez. De ello trata igualmente la Memoria del Ministerio de Obras Públicas correspondiente al año de 1930.

El parque de la primitiva Iglesia de la Santísima Trinidad, flanquea el edificio del actual Panteón por el Este y el Sur, y en nuestros días esta dividido en cinco plazas cubiertas por una lozana vegetación en la que existen espléndidas ceibas, verdes acacias que en la primavera se visten de rojo, palmeras y otras plantas del trópico de exhuberantes ramajes y colorido. He aquí como describe la distribución de estas plazas la mencionada Memoria de Obras Públicas:

"Las dos pequeñas del Oeste (estas dos pequeñas plazas se sitúan al Oeste en esta reseña, en relación con las otras tres situadas al Este. Relacionadas con el Panteón están realmente al Sur pues al Oeste de dicho edificio lo que existe es la Avenida Norte) frente al edificio, están partidas por la calle Este 9 prolongadas hasta su encuentro con la Avenida Norte. Están adornadas con dos filas longitudinales de cipreses y palmas circuidas de aceras y los centros son cuadros de grama. Al Norte de estas plazas se encuentra otra calle Este-Oeste que las separa del edificio y que remata al Norte de la gradería de piedra artificial que da acceso al Panteón por la puerta central. Cuatro magníficos candelabros funerarios ornamentan la entrada.

La Plaza del Este queda en tres partes dividida por las calles Este-Oeste. De estas tres plazas del Este, la central esta realzada con la estatua del Generalísimo Francisco de Miranda montada sobre nuevo pedestal, proyectado por el mismo Mujica". 

LAS DECORACIONES PICTÓRICAS DEL PANTEÓN NACIONAL


Las notables pinturas de Tito Salas, uno de los más destacados pintores venezolanos de los últimos tiempos, nacido en Caracas en 1890, sigue la huella de sus ilustres predecesores Cristóbal Rojas y Arturo Michelena. Salas se marcha a París, donde hace sus estudios dentro de las normas del clasicismo. Caldeada, sin embargo, por un espíritu ardiente, su pintura se distingue por su vigoroso sentido expresionista y por su inconfundible pasión del color.

Estas virtudes que distinguen a Tito Salas en la gran eclosión pictórica hispanoamericana, se ponen de manifiesto en sus obras, principalmente en sus grandes conjuntos históricos entre los que descuellan las decoraciones de la Casa Natal del Libertador y las del Panteón Nacional, en Caracas.

Las decoraciones del Panteón Nacional las inicia Salas en 1930 y comprenden un gran conjunto de episodios históricos y de interpretaciones simbólicas a los que, exceptuados aquellos que se refieren a la Conquista, sirve de numen la figura del Libertador.

Obras del maestro Tito Salas. A la izquierda: "Bolívar y Humboldt". El Libertador en París, durante el mes de septiembre de 1804, conoce al Baron Alejandro de Humboldt, a otros conspicuos hombres de ciencia y a políticos eminentes de Francia con los que establece amistad. A la derecha: "¡Unión, unión!". El Libertador frente al mar, confidente de los grandes hombres en los días de adversidad, piensa en el porvenir de los pueblos de Colombia a los que recomienda la unión, como única fórmula de salvación, en su última Proclama dictada en Santa Marta pocos días antes de su muerte. Esta Proclama esta considerada como su testamento político.

Obras del maestro Tito Salas. A la izquierda: Bolívar jura ante su Maestro Don Simón Rodríguez, en el Monte Sacro de Roma, no dar descanso a su brazo ni reposo a su mente hasta no ver libre a su Patria. A la derecha: Alegoría de la libertad de los esclavos.

He aquí, enumerados conforme a su ubicación, estos grandes murales.

A partir de la entrada al recinto, en dirección al Monumento del Héroe:

1°.- El Tiempo graba el nombre de Bolívar para la Posteridad.

2°: Apoteosis del Libertador después de su muerte.

3°.- Fundación de la ciudad de Caracas, cuna del Padre de la Patria.

ARCO DE LA DERECHA:

Entrada triunfal de Bolívar a Caracas después de la Batalla de Carabobo que en 1821 selló la Independencia de Venezuela.

ARCO DE LA IZQUIERDA:

Traslado de los restos del Libertador de La Guaira a Caracas (1842).

Arco de la Nave Central (Crucem): La Santísima Trinidad advocación religiosa de la familia Bolívar y Primera Comunión del futuro Libertador.

En los otros arcos del Crucero: Escudo nobiliario de la familia Bolívar. Escudo de Caracas y Escudo de Venezuela. 

NAVE LATERAL DERECHA:

1°.- La Noche de Casacoima. En su propósito de dominar totalmente el Orinoco, el Libertador establece su Cuartel General en San Félix. El 4 de julio de 1817 es sorprendido por fuerzas enemigas y logra salvar su vida arrojándose a la laguna de Casacoima.

2°.- Bolívar en el Chimborazo. La ascensión del Héroe a esa montaña le inspiro luego la conocida página titulada "Mi Delirio sobre el Chimborazo".

3°.- Alegoría de la libertad de los esclavos.

4°.- Bolívar jura ante su Maestro Don Simón Rodríguez, en el Monte Sacro de Roma, no dar descanso a su brazo ni reposo a su mente hasta no ver libre a su Patria de la dominación española (15 de agosto de 1805).

NAVE LATERAL IZQUIERDA:

1°.- "¡Unión, unión!" El Libertador frente al mar, confidente de los grandes hombres en los días de adversidad, piensa en el porvenir de los pueblos de Colombia a los que recomienda la unión, como única fórmula de salvación, en su última Proclama dictada en Santa Marta pocos días antes de su muerte. Esta Proclama está considerada como su testamento político.

2.- Bolívar y Humboldt. El Libertador en París, durante el mes de septiembre de 1804, conoce al Baron Alejandro de Humboldt, a otros conspicuos hombres de ciencia y a políticos eminentes de Francia con los que establece amistad.

3°.- El 26 de octubre de 1825, el Libertador asciende al famoso cerro de Potosí, en Bolivia.

4°.- Inspiración del Istmo de Panamá, el cual, según el Libertador, si el mundo hubiese de elegir su Capital, sería el lugar señalado para tan augusto destino.

Obras del maestro Tito Salas: A la izquierda: El 26 de octubre de 1825, el Libertador asciende al famoso cerro de Potosí, en Bolivia. a la derecha: Apoteosis del Libertador después de su muerte.


Vista exterior e interior del Panteón Nacional de Caracas (Venezuela), reformado totalmente por disposición del Benemérito General Juan Vicente Gómez en 1930 como homenaje al Padre de la Patria.