lunes, 1 de julio de 2019

EL MAESTRO PADILLA DEDICÓ MARCHA "MARACAY" AL GENERAL JUAN VICENTE GÓMEZ


El gran maestro español José Padilla de fama mundial.

En Venezuela, me trataron muy bien y regresé a Europa… Llevo para la próxima revista del Casino una marcha, "Maracay", que dedico al General Juan Vicente Gómez, el Presidente de Venezuela. Creo que será otro "Valencia".


Así se expresó el gran maestro compositor y pianista español José Padilla sobre Venezuela, al terminar su gira por América, en parte de una amena e interesante entrevista realizada por Braulio Solsona para la Revista "Mundo Gráfico" de España en 1930 que reproducimos a continuación.

Como se recordará, el 18 de mayo de 1929, se presentó en el Teatro Municipal de Caracas (Venezuela) el espectáculo del célebre maestro José Padilla, autor de la música de "La Violetera", "El Relicario", "Princesita", "Valencia" y muchas otras canciones inmortales. El maestro Padilla fue recibido con mucho cariño y admiración por el público venezolano. Quedó tan impresionado y agradecido del éxito conquistado en esta generosa tierra, que tuvo la gentileza de componer una marcha titulada "Maracay" que dedicó al Benemérito General Juan Vicente Gómez. Esa marcha, como señaló en su entrevista, sería interpretada en el Casino de París (Francia). 


EL AUTOR DE "VALENCIA" HA VUELTO DE AMÉRICA

"Los Corales" en el Pueblo Español. Azulejos sevillanos. Carteles de toros. Una reja florida. Unos barriles de dorada manzanilla. La cabeza de un toro que pasó a la historia porque lo mató Rafael "El Gallo" y porque su muerte le fue brindada a Titta Ruffo. Cante jondo en conserva—fandanguillos en gramófono—. Aceitunas aliñadas. Pescado frito. Danza de cañeros.

Y de un lado para otro, con el mantón ceñido al busto y flores en el pelo, Candelaria Medina, morena y malagueña, para dar, con su gracia, con su belleza, sabor y ambiente a aquel rincón de Andalucía.

Me alegro de verle—nos dice—, porque ahí dentro, en el patio, hay un paisano mío y amigo de usted.

Aún no ha acabado de decirlo, y en la puerta se recorta la silueta del maestro Padilla, que se deshace en los aspavientos de la efusividad meridional. El internacionalismo de su vida actual no ha quitado a Pepe Padilla ni el tipo de gitano ni el acento andaluz. Unos cuantos kilos y unas cuantas canas más es todo lo que observamos de nuevo en él. Por lo demás, signe siendo el mismo luchador, inquieto y optimista, que hace unos años conocimos en los escenarios barceloneses de zarzuela. El mismo; pero triunfador en París—y en el mundo—por obra y gracia de unas cuantas canciones famosas.

Padilla acaba de regresar de América. Vivía tranquilo y feliz en París. Tenía una fortuna. Le solicitaban las Empresas y los cantores y los artistas. Tenía lo que hubiera sido para cualquier otro la suprema aspiración. Pero Padilla es un temperamento inquieto, un incorregible trotamundos, y dejó París para tentar a la Fortuna en América. Un día reúne á veinte músicos y forma bajo su dirección una orquesta. Repertorio: Albéniz, Granados, música moderna de jazz y sus canciones. ¡Y a tierras americanas! Embarca en el Lafayette y llega a Cuba. Éxito. Pasa a Guatemala, al Salvador, a Costa Rica, a Panamá. Más éxito.

Se traslada a Colombia y gusta también mucho... Pero...En Colombia le ocurre un incidente desagradable, en el que se había de poner a prueba su temperamento de luchador.

Al contratar a sus músicos—15 franceses, 2 belgas, 2 españoles y 1 italiano—se estipula que en caso de producirse alguna diferencia se acepta como única jurisdicción la del consulado francés en el lugar donde la divergencia ocurra.

Surge la diferencia en Barranquilla con un músico belga. Y éste, en lugar de recurrir, según por escrito se había comprometido, al cónsul francés, busca los servicios de un abogado colombiano para entablar demanda ante los Tribunales del país.

Padilla, alegando la firma del contrato, cree que el asunto debe resolverse en el consulado francés.

Y cuando trata de salir del país, el abogado del músico, doctor Uribe Holguín, "le pone un arraigo" y Padilla queda detenido.

Pero, ¿fue usted á la cárcel?

Estuve mes y medio detenido en la Jefatura de la Policía Departamental contra toda justicia y toda razón, me pasé mes y medio preso.

Por haber querido eludir el "arraigo"—y eso que me había asesorado del ministro de España, Sr. Aristegui, que consideraba la razón de mi parte—y haber pretendido salir de Colombia, fui preso, y detenido estuve mes y medio.

¿Y qué solución se dio al asunto?

La que menos esperábamos. El ministro de España me aconsejó que nombrara abogado al letrado español García González, y éste, al estudiar el asunto, descubrió que adolecía de vicio de nulidad. El "arraigo" había sido firmado, en calidad de testigo, por un hijo del abogado Uribe Holguín, y mi abogado pudo demostrar que carecía de fuerza legal.

Saldría usted inmediatamente de Colombia, ¿verdad, Padilla?

Para no volver más. De allí pasé a Venezuela, donde me trataron muy bien, y regresé a Europa.

¿Qué proyectos tiene ahora?

Volver á América. Pero a los Estados Unidos. Voy en calidad de turista andaluz. Y de paso estudiaré lo del cine parlante, que creo va a revolucionar el espectáculo. Concretamente no sé si haré algo ni si hay algo que hacer...

Entonces, ¿abandona París?

¡De ninguna manera! Llevo para la próxima revista del Casino una marcha, "Maracay", que dedico al General Juan Vicente Gómez, el Presidente de Venezuela. Creo que será otro "Valencia"...Y en Enero he de estrenar una opereta en Marigny, ya que he perdido el tumo en los Bufos y en el Chatelet por estar en América.

¿Y en España?

Me quedo con las ganas. ¿No ve usted que los libretistas no se acuerdan de mí?...

Reportaje concluido. Despedida. Otro chatito. Esta ronda por mí. Ahora pago yo otra. Etc., etc...

Cuando quiera verme, ya lo sabe. Aquí me encontrará. A pesar de que soy internacional—dice Padilla sonriendo—, me tira mi tierra, y me encuentro mejor que en ningún sitio aquí, en este rincón andaluz del Pueblo Español.

BRAULIO SOLSONA

(Entrevista publicada en la Revista "Mundo Gráfico" de España, en 1930).




El gran maestro, pianista y compositor musical José Padilla Sánchez, nació en Almería (España), el 28 de mayo de 1889 y falleció en Madrid (España), el 25 de octubre de 1960.

Su padre se lo llevó de ayudante a su sastrería, pero al joven Padilla no le gustaba este trabajo y, afortunadamente, apareció pronto un personaje decisivo para él que modificó el curso de su vida: Eugenio Lloret, director de la banda de música de Infantería de Marina, quien, adivinando sus aptitudes, le propuso estudiar música con él.

En Almería actuó en el Casino y, ya por entonces, siendo tan pequeño, empezó a componer. Él mismo dirigió una obrita suya al frente de una pequeña orquesta, quedando claro que su vocación definitiva era la música.

Su primer desplazamiento a Madrid tiene lugar con 15 años, cuando su profesor de música, Lloret, recomienda el viaje a sus padres. Comienza sus estudios en el madrileño Real Conservatorio Superior de Música y pronto destaca su trabajo bajo la influencia de los grandes profesores que tuvo la suerte de conocer.

Visita los lugares de moda de esta época y se hace amigo de las personas que frecuentan estos lugares: militares, toreros, músicos, artistas. En 1906 lo contratan como director del Teatro Barbieri y presenta su primera obra de teatro: Socorro o la hija de Chispa, que se estrenó en Almería. De este mismo año es la zarzuela en un acto "¡Mala hembra!", con letra de D. Ventura de la Vega, estrenada en el Barbieri y en la que Padilla utiliza un tema popular de Andalucía: "El Garrotín". Dirigirá igualmente el teatro Martín, pero su gran ilusión es estrenar en el prestigioso Apolo, tan de moda por aquellos días, consiguiéndolo el 28 de noviembre de 1910 con su obra "Pajaritos y flores".

Realizó varios viajes sucesivos a Barcelona, donde llegó a tener residencia permanente durante largas temporadas. Descubre la ciudad gracias a su amigo Amadeo Vives, compositor; asiste a reuniones de ambientes teatrales, conoce al poeta Muntaner, al músico Pahissa, a grandes personajes como Ramón Casas, Pablo Picasso y otros, que luego se convertirían en admiradores suyos.

Los letristas Oliveros y Castellví le pidieron una música con ambiente taurino y Padilla compone "El Relicario" (1915), cuyo origen está en la afición que sentía Padilla por los toros, pues de pequeño acompañaba a su padre a las corridas. La estrenó la cupletista Mari Focela, pero quien la hizo famosa fue Raquel Meller, esposa del periodista Gómez Carrillo desde 1919.


La interpretación fue apoteósica. Esta obra constituyó un acontecimiento y traspasó las fronteras: se cuenta que el triunfo electoral de Eisenhower en 1952 estuvo acompañado por las notas alegres y sentimentales de "El Relicario". La canción entusiasmó tanto que se escuchó en todos los actos públicos de esa campaña. En París se vendieron 110.000 ejemplares del pasodoble y, según afirma D. Martínez Olmedilla, Padilla se compró un "château" en Francia.


A requerimiento de su amigo y letrista, Eduardo Montesinos, compuso "La Violetera" (1915), inspirándose en las floristas del Paralelo de Barcelona. La primera cupletista que cantó por esta canción fue Consuelo Portela (La Chelito); después lo hizo Conchita Ulía, "con traje goyesco, mantilla de madroños y los consabidos palillos"; la interpretación de Raquel Meller, en el Olympia de París, en 1919, obtendría un extraordinario éxito. La vedette Sara Montiel, en la película que lleva el mismo nombre, mimó la canción, ataviada con sus botas, falda de volantes y un cestillo de violetas. Charles Chaplin utilizó esta canción en su película "Luces de la Ciudad", en tiempos de cine mudo; más tarde, cuando llegó el sonido, la volvió a utilizar sin autorización, de modo que Chaplin, por sentencia judicial, se vio obligado a incluir el nombre de Padilla en los créditos de la película.

En 1934 compone la zarzuela "La bella burlada" basándose en los recuerdos de su estancia en la ciudad de Granada y la estrena en el Teatro Nuevo de Barcelona, actuando Padilla como director de la orquesta. Al día siguiente, la prensa felicita a los creadores.

Viajó por distintos lugares de Europa y América, que le ayudaron en su creación musical, ya que se relacionó con artistas de distintos ámbitos: escritores, músicos, pintores, artistas que forman parte de la Historia Universal del siglo XX.

Ciudadano del mundo, sus canciones son adoptadas por distintos pueblos, se universaliza. Buenos Aires, donde realizó numerosos viajes, también ejerció una fuerte influencia en su obra. Primero, como director de orquesta en la compañía de Úrsula López y alternando este trabajo con sus composiciones. La inspiración en Buenos Aires le sirvió para componer unos tangos: "Porteñita", "Vidalita", "Vieja herida", "Tango al corazón" y "El taita del arrabal", entre otros; este último, con letra de Manuel Romero, alcanzó tal éxito que es considerado como una tradición; lo han cantado distintos artistas, entre ellos, el gran Carlos Gardel.

En la ciudad porteña estrena la zarzuela "La corte del amor", en el Teatro de la Comedia (1916), con el tenor Tito Schipa. Allí conoció a los empresarios Emilio Losada, Fernando Rey y a los artistas de una compañía que venía contratada por estos empresarios, el matrimonio Ibáñez Menta con su hijo Narcisín (7 años). Dedicada al pequeño, compuso la obra "El príncipe Cañamón".

Sigue relacionándose con grandes personajes del mundo artístico: Miguel Ligero y Carlos Gardel, quien interpretaría varias canciones de Padilla. De su etapa americana también podemos destacar "Las burladoras", en la que, en un pequeño papel, actuó una jovencita que más tarde se convertiría en una gran vedette: Celia Gámez.

Por recomendación de Losada, Padilla viaja a París, ciudad donde más tiempo vivió, más éxitos cosechó, más dinero ganó, más homenajes se le rindieron y más atención le prestaron, quizás, el país preferido de Padilla y donde se consolidaría su fama de artista genial.

En París, Padilla se emociona y queda maravillado ante esta ciudad de las luces, por el ambiente bohemio que entonces allí se respiraba. Su música se escuchaba en los mejores locales parisinos, entre ellos, el Folies Bergère, el Moulin Rouge y el Casino de París. Padilla goza escuchando su música en estos lugares y sigue relacionándose con los artistas más importantes del momento: G. Gerswin, Picasso, Ortíz de Zárate. Ingresó como miembro de la Sociedad de Autores de París (SACEM). También era socio de la SGAE (Sociedad General de Autores y Editores).

El grandioso pianista y compositor José Padilla. 

Otra de las grandes canciones de Padilla fue "Ça c’est París", estrenada en 1926 en el Moulin Rouge por "La Mistinguette", alcanzando tal éxito que hasta se ofreció a Padilla la nacionalidad francesa, llegando a decirse que esta canción se ha convertido en emblema de París. En su anecdotario como canción puede citarse el que fuera tarareada por la mítica Greta Garbo en "Ninotchka", cuando recuerda en Moscú los placeres perdidos de la Ciudad Luz. Padilla vive a lo grande y tiene chófer, mayordomo y toda clase de servicio.

En Francia, los artistas más destacados son atraídos por su obra capaz de alcanzar las más sutiles formas de expresión del alma humana: Maurice Chevalier, Josephine Baker, la célebre intérprete y activista Yvonne George, Jane Marnac, Dranem, Gabaroche, Anna Fougez... Y especialmente Mistinguett, referente fundamental de la atracción popular y de intelectuales, Sacha Guitry, Richepin, Jean Cocteau a quienes frecuenta el propio Padilla, de hecho, al comenzar en París vive con el hijo del célebre académico, Tjarko Richepin, la fotógrafo Krull, la austriaca d’Ora, Paul Poiret, José Zamora, Rotschild, Foujita... La prensa dice que es "El compositor español, tan francés, tan parisino". José Padilla recibe los elogios de Maurice Ravel, Messaguer, Milhaud... Mistinguett califica a José Padilla como "Su favorito"Maurice Chevalier escribe que "nadie ha glorificado musicalmente París como José Padilla".

La artista Mercedes Serós quería una música con sabor a Valencia y pide a Padilla una de sus composiciones. El compositor piensa enseguida en el pasodoble de la revista "La bien amada", en la parte que canta el coro de los marineros o pescadores. Y Mercedes Serós cantó por primera vez en París esta melodía (1925). De esta forma nació la famosa Valencia, un pasodoble lleno de alegría y elegancia, con un sentimiento muy español y letra de José A. Prada. En las primeras semanas se llegan a recaudar 25 millones de francos. Pero quien verdaderamente hizo famosa esta canción fue la famosa cupletista Mistinguette, que la cantó en el Moulin Rouge logrando uno de los mayores triunfos internacionales alcanzados en su carrera artística. Después ha sido cantada por infinidad de artistas: Carlos Gardel, Alfredo Kraus, Plácido Domingo, Hipólito Lázaro, etc. En Valencia se le rindieron distintos homenajes: un busto y una calle con su nombre.

Regresa a Madrid y estalla la Guerra, pero Padilla sigue trabajando y compone "Sinfonía portuguesa", como homenaje a su mujer, Lydia. En estos años realizó viajes a distintos lugares europeos: en Estambul conoce al filósofo, escritor y político León Trostky; visita Noruega, siempre acompañado por su mujer; y llega a Italia, donde conoce a otra personalidad de la música y al que admiraba: Puccini, bastante mayor que él. Aquí compuso la música para el cuento infantil de Pinocho.

La producción del compositor almeriense abarca distintos géneros: ballets, obras para piano solo, una obra para orquesta y coro, obras de acompañamiento, de carácter religioso, dos para música de cámara, dos óperas y diez operetas, varias zarzuelas, películas con música suya, obras para bandas sonoras, espectáculos, varias canciones... En la SGAE (Sociedad General de Autores y Editores) figuran 265 obras. Destacan en Padilla su asombrosa capacidad de improvisación, que sólo se encuentra en los músicos innatos.

Es una personalidad peculiar: viaja por el mundo acompañado de su piano y sus dos perros. Destaca su elegancia en el vestir, cosa nada extraña en el hijo de un sastre. Era muy exigente consigo mismo. Las mujeres de su entorno tuvieron gran importancia en su vida afectiva: la actriz Gloria Torrea; Rosa Oruechevarría, a la que conoció en Buenos Aires en 1916 y con la que se casó en 1917, aunque se separó de ella al año siguiente; la artista Adrianne Boissard, con la que vivió varios años; la cantante italiana Gabriela Bezanzoni, que estrenó en México "La gitana", una de las dos óperas de Padilla; Lydia Ferreira, cantante portuguesa conocida como "La Lusitana", con la que contrae matrimonio, el 8 de diciembre de 1934 y convive hasta su muerte.

En sus pocos viajes a Almería dejó siempre claro el cariño y el recuerdo que en todo momento había conservado a su tierra. En 1935, por acuerdo del Ayuntamiento, se le nombra hijo predilecto de Almería y compone un "Himno a Almería".

En 1942 viene a esta ciudad con su mujer y trae el prometido himno con letra del poeta y escritor almeriense José Mª Álvarez de Sotomayor. En 1946 Padilla llega unos días antes del estreno, ensaya, concede una entrevista en Radio Almería a Juan Cuadrado, prueba voces de grupos en la antigua Escuela de Artes (hoy Instituto Celia Viñas) y, por fin, el 29 de agosto, en la misma plaza de toros, dirigió su famosa obra "Valencia" y su "Himno a Almería", al frente de tres bandas de música: las municipales de Córdoba y Almería y la de la 1ª Legión de Tropas de Aviación, con la intervención de los coros almerienses. El día 31, en el despacho oficial del alcalde y con asistencia del Gobernador Civil y jefe provincial del Movimiento, se le entrega un artístico pergamino en el que consta el acuerdo municipal de nombrarle "Hijo Predilecto de Almería".

En 1944 compuso una obra dedicada a la memoria de sus padres, con un autógrafo dedicado al autor las tres letras, el poeta Bernardo Martín del Rey. Las tres canciones ("La ciudad novia", "Sueño oriental" y "Zambra Urcitana") son como un pequeño jardín en un bello desfile de melodías evocadoras de la dulce y delicada "Ciudad Novia", que es su tierra. Más tarde compuso el "Himno-Plegaria a la Virgen del Mar", con letra de Manuel del Águila, estrenado en Almería el 8 de abril de 1951.

El 25 de octubre de 1960, a las once de la mañana, se extingue la vida de José Padilla Sánchez de un ataque al corazón. Había vivido intensamente, su permanencia se recordará siempre a través de sus canciones: "Lírico creador de sueños", como lo llamó el periodista Luis González de Linares.

Su obra musical fue declarada por la UNESCO, el 22 de junio de 1989, de interés internacional.

El Auditorio Maestro Padilla, es un espacio escénico ubicado en la ciudad de Almería (España). Su nombre está dedicado en honor al músico almeriense José Padilla Sánchez. El auditorio fue construido por el arquitecto José Seguí y fue inaugurado, el 6 de mayo de 1992, por la Reina Sofía.

(Información biográfica tomada de Brotons Bernal, Mª. Carmen).

viernes, 28 de junio de 2019

MONUMENTO DEL ARMISTICIO BOLÍVAR Y MORILLO, ERIGIDO POR ORDEN DEL GENERAL GÓMEZ EN 1911


Monumento del Armisticio, erigido por orden del Presidente de la República, General Juan Vicente Gómez en 1911, que representa la importante fecha del 27 de noviembre de 1820, en el pueblo de Santa Ana (Edo. Trujillo), cuando se realizó la histórica entrevista entre Simón Bolívar y el Jefe realista Pablo Morillo, para ratificar con un abrazo los Tratados que acababan de firmar.

El Monumento del Armisticio, ubicado en Santa Ana, Estado Trujillo, llamado también "Monumento al abrazo de Bolívar y Morillo", realizado en bronce, fue encomendado al escultor venezolano Lorenzo González por el Gobierno del Benemérito General Juan Vicente Gómez, Presidente de la República de Venezuela, en el año 1911.

La magnífica obra en bronce del escultor venezolano Lorenzo González, realizada en 1911, que representa el abrazo de Simón Bolívar y Pablo Morillo.

La Guerra a Muerte decretada por Bolívar y secundada por Bermúdez, Piar, Arismendi, Campo-Elías y muchos otros patriotas, con torrentes de sangre pusieron dique al derramamiento de sangre humana, porque los peninsulares sobrecogidos de horror al ver que estaban combatidos con iguales armas apelaron al Armisticio. Páez y Sucre perdonando y protegiendo a los vencidos hicieron inscribir sus nombres en los anales de la gloriosa España.

Bolívar siempre noble y generoso, posponiendo su gloria a la gloria de la patria cuando acepta el Armisticio propuesto por Morillo debiendo encontrarse con él en el pueblo de Santa Ana (Edo. Trujillo) para firmar el Tratado de Regularización de la Guerra, fue sin escolta, apenas con diez oficiales. Cuando el primer General de España se presentó seguido de su Estado Mayor y de un escuadrón de húsares. Al saber por O’Leary cual era el séquito del Libertador, dijo: "él ha demostrado ser más generoso que yo", y despidió a sus húsares.

Toda proposición de Armisticio es una solicitación de misericordia por el que se considera en vísperas de ser vencido.


Pablo Morillo que se consideraba vencedor de Napoleón en España y era calificado como el primer General de la Península, se presentó ante el Libertador de gran uniforme, con el pecho cubierto de condecoraciones y éste con un viejo levitón azul.

Morillo propuso la erección de un monumento en el pueblo para recordar a las generaciones venideras que los rencores personales y los odios nacionales deben olvidarse ante la lealtad y la sinceridad, se separaron con un abrazo para no volver a verse jamás. Ese tratado fue la consecuencia del Decreto de Guerra a Muerte.

Bolívar firmando el Armisticio con Morillo sintió en su poder el pendón de la victoria con que después de Carabobo y Ayacucho iba a engalanar el cielo de la América y a hacer colocar su nombre rodeado del de Páez y el de Sucre y de los de los defensores de la América, en el templo de la Gloria.

El 25 de noviembre de 1820, conforme a lo convenido, se firma en Trujillo el Tratado de Armisticio y el 26 de noviembre de 1820, el Tratado de Regularización de la Guerra entre España y Colombia, representadas ambas naciones por Pablo Morillo y Simón Bolívar, respectivamente. Según el propio Libertador, este Tratado "es digno del alma de Sucre", por el cual desde ahora en adelante "se hará la guerra entre España y Colombia como la hacen los pueblos civilizados".

Aunque el Armisticio se rompió antes de vencerse el plazo, sirvió para refrescar la tropa, entrenarla, vestirla y darle nuevos bríos para la lucha que continuó y desembocó en la batalla de Carabobo. Otro hecho positivo de este Tratado fue la finalización de la Guerra a Muerte, aunque en la práctica ya Bolívar la había dejado de hacer.

El 1º de Diciembre de 1820 renuncia a la Capitanía General de Venezuela el General Pablo Morillo, quien había venido con órdenes de pacificar las colonias y dejó el mando en manos del General Miguel de la Torre y regresó a España.

El Tratado de Armisticio tenía por objeto suspender las hostilidades para facilitar las conversaciones entre los dos bandos, con miras a concertar la paz definitiva. Este Tratado se firmó por seis meses y obligaba a ambos ejércitos a permanecer en las posiciones que ocupaban en el momento de su firma.

El Tratado de Regularización de la Guerra significó el compromiso de ambos bandos de hacer la guerra respetando las normas más elementales del derecho de gentes, que habían sido violadas de parte y parte durante los años de la guerra. Desde 1810, la guerra fue una contienda en que no se respetaba la vida de los prisioneros, ni siquiera la de los heridos en el campo de batalla. Tal manera de hacer la guerra fue terriblemente perjudicial a nuestro país, por el carácter de contienda civil que tuvo y por la inclinación de grandes sectores del pueblo a apoyar a los realistas. La firma de este Tratado vino, pues, a significar la terminación de la guerra a muerte, proclamada por El Libertador desde 1813.

TRATADO DE REGULARIZACIÓN DE LA GUERRA (FRAGMENTOS)

Art. 1º. La guerra entre Colombia y España se hará como la hacen los pueblos civilizados....

Art. 2º. Todo militar o dependiente de un ejército tomado en el campo de batalla, aún antes de decidirse ésta, se conservará y guardará como prisionero de guerra, y será tratado y respetado conforme a su grado, hasta lograr su canje.

Art. 4º. Los militares o dependientes de un ejército, que se aprehendan heridos o enfermos en los hospitales y fuera de ellos, no serán prisioneros de guerra, y tendrán libertad para restituirse a las banderas a que pertenecen luego que se hayan restablecido.

El Armisticio firmado en Trujillo quedó interrumpido antes del plazo señalado y la guerra se reanudó a partir del 28 de abril de 1821. La causa de esta interrupción fue el pronunciamiento de la ciudad de Maracaibo, en donde una asamblea popular reunida el 28 de enero, declaró la ciudad y su territorio constituidos en "República Democrática", unida a Colombia. Inmediatamente después de este pronunciamiento, las tropas patriotas entraron en Maracaibo y ocuparon la plaza. Estos hechos fueron interpretados por los realistas como una violación del Armisticio, basándose en que Maracaibo estaba dentro de los límites del territorio que les correspondía según el tratado. Sin embargo, el pronunciamiento de Maracaibo era un acontecimiento de gran importancia que venía a reforzar las posiciones políticas y militares de los independientes. Esta ciudad y su provincia habían permanecido fieles al gobierno Español y el cambio de actitud que ahora asumía no podía quedar sin el debido respaldo del gobierno patriota. En tal sentido, El Libertador mantuvo la ocupación de la ciudad e invitó al jefe español a conversaciones para llegar a un acuerdo favorable del incidente. Este arreglo no fue posible, y ambos bandos convinieron reanudar las hostilidades a partir del 28 de abril de 1821.




jueves, 27 de junio de 2019

MONUMENTO DE FRANCISCO DE MIRANDA EN VALMY (FRANCIA) 1930


Reproducción de la obra del escultor venezolano Lorenzo González y el plano de la región donde fue emplazado el monumento en Valmy (Francia), durante el Gobierno del Benemérito General Juan Vicente Gómez en 1930.

Cada día cobra mayor relieve ante el mundo la figura de Don Francisco de Miranda, el Precursor, como lo está corroborando el magnífico homenaje que en Valmy (Francia) acaba de rendírsele por la iniciativa del Gobierno del Benemérito General Juan Vicente Gómez y las colonias francesa y sirio-libanesa de Venezuela, las cuales ofrecieron al Gobierno francés la estatua del esclarecido caraqueño, debida al cincel del escultor venezolano Lorenzo González. Bello gesto éste que no podía dejar de tener repercusión en la República gala, ya que por su historia paseó con altivez y con honra su arrogante figura el Generalísimo, en los días difíciles y sangrientos de su Revolución.

Pocos personajes más dignos de la oblación ferviente y reconocida que este venezolano de individualidad compleja y rica en culturas y en sueños grandiosos. Hombre de fascinadora presencia y hablar encendido que cautivara a los hombres más eminentes de la época. Don Francisco de Miranda encarna al hombre visionario y magnánimo que no vacila en llegar hasta el sacrificio en la realización de su ideal. Durante largos años trabajó el Comité, presidido por el señor A. Cadré, encargado de la realización del actual homenaje, secundado eficazmente por la Legación de Francia en Caracas, hasta dar cima a su intento, de modo en verdad espléndido. 

(Publicado en la Revista "Élite", el 31 de mayo de 1930).

  
El gran escultor venezolano Lorenzo González (1877-1948), modeló y fundió una estatua pedestre del Generalísimo Francisco de Miranda en 1930 para conmemorar la Batalla de Valmy (Francia), también conocida como Cañoneo de Valmy, el cual se llevó a cabo el 20 de septiembre de 1792, durante las Guerras Revolucionarias Francesas, al norte de Francia. Francisco de Miranda jugó un rol de importancia en la batalla, por lo que en 1930 se le encarga esta pieza a Lorenzo González. La estatua, donada por el Gobierno del Benemérito General Juan Vicente Gómez y las colonias francesa y sirio-libanesa de Venezuela, se encuentra frente a la del General Kellerman en el Campo de Valmy.

De la estatua concebida por Lorenzo González y erigida en Valmy (Francia), se han realizado varias copias que se levantan en diversas ciudades: Filadelfia, Sao Paulo, París, San Petersburgo, La Habana y  en Venezuela (dos en Caracas y una en La Vela de Coro).

La escultura representa al Generalísimo Francisco de Miranda durante el Cañoneo de Valmy, quien combatió como Mariscal de Campo al servicio de la Revolución Francesa bajo las órdenes de Charles François Dumouriez. Miranda aparece dando un paso hacia adelante y desenfundando la espada.


lunes, 24 de junio de 2019

EL ARCO Y MONUMENTO DE CARABOBO, SOBERBIO HOMENAJE DEL PRESIDENTE GÓMEZ A LOS HÉROES DE NUESTRA INDEPENDENCIA


El Benemérito General Juan Vicente Gómez, presente en el Campo de Carabobo, el 24 de junio de 1921, inaugurando el imponente Arco como homenaje a los héroes de la independencia de Venezuela en el Centenario de la Batalla de Carabobo.

El Benemérito General Juan Vicente Gómez, Presidente de la República de Venezuela, ordenó la construcción del hermoso Arco de Triunfo ubicado en el glorioso Campo de Carabobo en 1921 y, posteriormente, el magnífico e imponente Monumento en 1930, conocido como el “Altar de la Patria”.


EL ARCO DE CARABOBO INAUGURADO EN 1921

Para las festividades del Centenario de la Batalla de Carabobo en el año 1921, el General Juan Vicente Gómez decretó el día 23 de marzo la construcción de un "Arco de Triunfo", cuyo proyecto fue realizado por el arquitecto Alejandro Chataing y el ingeniero Ricardo Razetti, compartiendo este último la dirección de los trabajos con el ingeniero Manuel Vicente Hernández durante los tres meses que duró la construcción. El Arco de Triunfo fue inaugurado el 24 de junio de 1921.


El Arco de Carabobo durante su histórica construcción ordenada por el Benemérito General Juan Vicente Gómez, Presidente de la República de Venezuela, en 1921.

DECRETO DE SU  HISTÓRICA CONSTRUCCIÓN:

En el presente año habrá de celebrarse el centenario de la gloriosa Batalla de Carabobo, espléndida victoria de nuestro Libertador Simón Bolívar, que aseguró la existencia de la República, por tal motivo, el Benemérito General Juan Vicente Gómez, Presidente de la República y Comandante en Jefe del Ejército Nacional, animado siempre del más puro patriotismo y del noble propósito de exaltar la gloria de los héroes de nuestra Independencia, ha excitado al Ejecutivo Federal a que ordene la erección de un Arco de Triunfo en el propio sitio donde se libró aquella jornada memorable.

DECRETA:

Artículo 1°. Eríjase un Monumento en el Campo de Carabobo, que perpetúe el recuerdo imperecedero del magno hecho de armas allí realizado el 24 de junio de 1821, y que sea digno de los vencedores en aquel campo inmortal.

Artículo 2°. Se adoptarán para dicho Monumento las inscripciones indicadas por el Congreso de Cúcuta, en su Decreto de 23 de julio de 1821 sobre honores a los triunfadores de la batalla de Carabobo, a saber:

Primera Inscripción. Día 24 de junio de 1821. Simón Bolívar, vencedor, aseguró la existencia de la República de Colombia; haciéndose mención después, de las personas que formaron el Estado Mayor General del Ejército patriota en aquella batalla.

Segunda Inscripción.  El nombre del General en Jefe de la Primera División del Ejército vencedor y los nombres de los regimientos y batallones de que ella se componía, con los de sus respectivos Comandantes.

Tercera Inscripción.  El nombre del General en Jefe de la Segunda División del Ejército vencedor y los nombres de los regimientos y batallones de que ella se componía, con los de sus respectivos Comandantes; estampándose además las siguientes palabras: El General Manuel Cedeño, honor de los bravos de Colombia, murió venciendo en Carabobo. Ninguno más valiente que él. Ninguno más obediente al Gobierno.

Cuarta Inscripción. El nombre del General en Jefe de la Tercera División del Ejército vencedor y los nombres de los regimientos y batallones de que ella se componía, con los nombres de los regimientos y batallones de que ella se componía, con los de sus respectivos Comandantes, adicionándose esta inscripción con las siguientes palabras: El intrépido joven General Ambrosio Plaza, animado de un heroísmo eminente, se precipitó sobre un batallón enemigo. Colombia llora su muerte.

Artículo 3°. Por el Ministerio de Obras Públicas se formará el proyecto de la obra con su respectivo presupuesto, y su ejecución se hará con cargo al Capítulo IV del Presupuesto de Gastos de dicho Departamento.

Artículo 4°. El presente Decreto será refrendado por los Ministros del Despacho Ejecutivo.

Dado, firmado, sellado con el Sello del Ejecutivo Federal y refrendado por los Ministros de Relaciones Interiores, de Relaciones Exteriores, de Hacienda, de Guerra y Marina, de Fomento, de Obras Públicas y de Instrucción Pública, en el Palacio Federal, en Caracas, a los veinte y tres días del mes de marzo de mil novecientos veintiuno. –Año 111° de la Independencia y 63° de la Federación.


DESCRIPCIÓN DEL ARCO DE CARABOBO

El Arco muestra alrededor de doscientas piezas ornamentales, conformadas por altos relieves, medallones, talantes y cariátides, que fueron modelados por el escultor Lorenzo González y el escultor Pedro María Basalo. Como obras complementarias al Monumento, se construyeron: una avenida con una longitud de 1.200 metros por 8 metros de ancho, que pasa bajo el Arco con cunetas, desagües y alcantarillados; y una plaza de 8.000 metros cuadrados de superficie, que rodea al Monumento.

Conforman el Arco dos columnas de forma piramidal, cada una de las cuales rematan en una esfera de 2,20 metros de diámetro, sobre la que se apoya una figura de 3,50 metros de altura simbolizando La Paz (columna norte) y La Victoria (columna sur).

En la parte inferior de las columnas, se hallan cuatro relieves en la cara oriental y occidental, enmarcados en el mismo mortero y coronados por un medallón. En la columna sur, los altos relieves representan a Bolívar y a Páez en escenas de la Batalla de Carabobo, y el medallón lleva la fecha de 1821.

Estas columnas van unidas a un arco de 10 metros de altura que simboliza el Ejército. En la parte superior del Arco, aparecen dos medallones en alto relieve; en la cara oriental, el busto del General José Antonio Páez. Coronando estos medallones, se ubicó un busto de 3 metros de altura en la parte central del arco que representa la República.

EL MONUMENTO DE CARABOBO INAUGURADO EN 1930


Inauguración del Monumento a la Batalla de Carabobo, aparece el Benemérito General Juan Vicente Gómez, rodeado del elemento oficial y distinguidas personalidades, el 19 de diciembre de 1930.

Se debe este Monumento, que es sin duda alguna el más grandioso de cuantos se han levantado a la gloria del Libertador Simón Bolívar, a la noble iniciativa del Benemérito General Juan Vicente Gómez, y conforme al Decreto del 1 de noviembre de 1929, se ha erigido en el propio campo donde se libró la grande y decisiva batalla de Carabobo. Como trabajo preliminar de este colosal Monumento se hizo una bifurcación de la carretera Valencia-Tocuyito-Tinaquillo en tal forma que los dos ramales circunscriben toda el área de aquél. La Carretera Valencia-Campo de Carabobo (Edo. Carabobo), fue inaugurada el 18 de diciembre de 1930 y la histórica inauguración del Monumento del Campo de Carabobo, el 19 de diciembre de 1930.  


Vista parcial del Monumento a la Batalla de Carabobo, soberbio homenaje del Benemérito General Juan Vicente Gómez a la consagración de la gloria del Libertador Simón Bolívar, inaugurado el 19 de diciembre de 1930.

Consta el Monumento de una parte central principal y de dos alegorías laterales. La parte central principal descansa sobre un pedestal de base rectangular y tiene dos alas laterales que también son de base rectangular. En la parte superior del pedestal del centro, sobre un pedestal especial, descansa la estatua ecuestre del Libertador y sobre dos pedestales laterales más bajos, a derecha e izquierda, van colocadas quince estatuas, que forman, con la figura central, una sola composición alegórica.

La rocalla de la parte central fue traída de los morrillos de “La Puerta”, a fin de que se realizase la feliz y patriótica sugestión del General Gómez, de que aquellos arcos que fueron testigos de los reveses del Héroe constituyan ahora inconmovible Monumento de su glorificación. La estatua ecuestre del Libertador es de cuatro veces el tamaño natural y representa a Bolívar en actitud de dirigir el combate. A ambos lados del corcel del Libertador las figuras del Genio y de la Gloria, aparecen en actitud de guiar los pasos del inmortal guerrero. Las estatuas ecuestres de Páez, Cedeño, Plaza y Urdaneta escoltan al Libertador y van colocadas dos a cada lado.

Adosada a la cara anterior del pedestal central está la alegoría del Altar de la Patria, que consiste en un Monumento en forma de pirámide escalonada de siete peldaños con una estrella en relieve, grabada en bronce, cada una, y que simbolizan las siete provincias que constituían la Capitanía General de Venezuela en donde se ubica un grupo escultórico alegórico a los héroes que participaron en la batalla de Carabobo.

A continuación de la parte superior de esta escalinata existe una lápida de piedra en declive, con adornos de bronce, que lleva la siguiente inscripción:

XVII DE DICIEMBRE DE MCCMXXX
“LA PATRIA AGRADECIDA CONSAGRA ESTE MONUMENTO, ALTAR DE PEREMNE VENERACIÓN, A LA MEMORIA DE BOLÍVAR Y DE LOS ÍNCLlTOS GUERREROS QUE VENCIERON EN CARABOBO POR SU INDEPENDENCIA Y POR, SU GLORIA”.

A continuación de esta lápida, en su parte superior, existe una base semicircular con dos gradas en declive y sobre ella descansa una alegoría de tres figuras de bronce, representativas de la raza española, la indígena americana, y la iberoamericana surgida de ambas. La figura alegórica de la nueva raza está colocada en el centro, estrechando en sus brazos a las otras dos figuras, y de ellas pende una guirnalda que termina en el primer escalón de la base, en un escudo de Venezuela construido con mosaico veneciano.

La parte central principal consta, además, de dos alas laterales, constituidas por dos pedestales de base rectangular y que se insertan en los extremos del pedestal central, uniéndose a él en dos planos inclinados. Sobre estos planos están representados en altos relieves de bronce, dos relojes de sol que simulan la hora del comienzo de la batalla y la hora de la victoria, el primero a la derecha y el segundo a la izquierda de la figura central de Bolívar.

Estos cuerpos laterales están cubiertos por ambas caras de altos relieves de bronce rematados en grupos esculturales destacados encima de los pedestales, avanzando hacia el frente del Monumento. Estos altos relieves y estatuas aún no han sido colocados en su sitio.

En la cara anterior de la base del pedestal principal, de ambos lados del grupo central, están dos lápidas conmemorativas de piedra. La de la derecha del Libertador lleva la siguiente inscripción:

“LA VICTORIA DE CARABOBO ALCANZADA EL 24 DE JUNIO DE 1821 POR EL LIBERTADOR SIMÓN BOLÍVAR, CORONÓ LA GLORIOSA EMPRESA INICIADA EL 19 DE ABRIL DE 1810”.

La lápida a la izquierda del Libertador lleva la siguiente inscripción:

“EL EJECUTIVO FEDERAL DE VENEZUELA, Al ERIGIR ESTE MONUMENTO SE HA INSPIRADO EN LA NOBLE INICIATIVA DEL BENEMÉRITO GENERAL JUAN VICENTE GÓMEZ, QUIEN CONCIBIÓ LA IDEA DE ESTE HOMENAJE”.

El grandioso Monumento es obra del notable escultor español Antonio Rodríguez del Villar. Las dos alegorías separadas descansan en pedestales rectangulares, colocados a izquierda y derecha del Monumento central. Ambas alegorías llevan una estatua central de bronce, y a su lado dos leones también de bronce y en la cara anterior del pedestal, a derecha e izquierda, los escudos de Venezuela y España en mosaico veneciano. Cada alegoría está rematada por un cóndor de bronce con las alas desplegadas. La figura lateral que queda a la derecha de Bolívar representa a Venezuela y la otra a España.

A ambos lados de cada una y como símbolo de fortaleza, dos leones en actitud vigilante descansan sobre los escudos, en mosaico veneciano, de Venezuela y España. En la cumbre de ambas pirámides, dos cóndores en bronce con las alas desplegadas simbolizan la igualdad entre las dos naciones.


Vista de una de las alegorías laterales del Monumento.

Manteniendo la axialidad del conjunto, al cual rodea un gran parque, se construye en ese mismo momento la Avenida de los Héroes, bordeada por un grupo de dieciséis bustos de bronce colocados sobre las bases de granito, obras de Antonio Rodríguez del Villar, que representan, en el lado izquierdo a: José Antonio Páez, Ambrosio Plaza, José Francisco Bermúdez, Santiago Mariño, Thomas Ildeston Farriar, José Cornelio Muñoz, Miguel Antonio Vásquez y Manuel Manrique. Del lado derecho están ubicados: Manuel Cedeño, Rafael Urdaneta, Pedro Briceño Méndez, Bartolomé Salom, Antonio Rangel, Juan José Rondón, Diego Ibarra y Pedro Camejo, el "Negro Primero".

EXTRACTO DEL DISCURSO PRONUNCIADO EN EL CAMPO DE CARABOBO POR EL DOCTOR RAFAEL REQUENA, EL DÍA DE SU SOLEMNE INAUGURACIÓN.

Señores:

A fuerza de patriota y de civilizador el General Juan Vicente Gómez concibió con notable acierto el soberbio Monumento que contemplamos. Aquí mismo lo oímos, hace poco, describiendo, al ilustre escultor español Rodríguez del Villar, cómo debía ejecutarse esta grandiosa obra, que con tanta fidelidad y competencia ha llevado a cabo el artista.

La idea es feliz y la ejecución maravillosa: Los Monumentos laterales muestran que, después de la lucha habida entre Venezuela y España, simbolizadas en cóndores y leones, respectivamente, éstos han quedado custodiando los emblemas de ambas naciones, mientras aquéllos, posados en las cúspides, recogen, con las alas abiertas, para llevarlo a mayores alturas, el homenaje que los dos pueblos rinden a la gloria del Libertador, honor excelso de la raza.

Las figuras que personifican estas naciones sostienen sobre el pecho lámparas votivas donde arde perpetuamente la llama de la gratitud por los paladines que evidenciaron en la lucha grandes virtudes heredadas. Sobre un macizo de piedras milenarias, bañadas con sangre de héroes en las jornadas de “La Puerta”, y que el General Gómez hizo trasladar a este sitio, descansa el sólido pedestal de granito del Monumento central, que comienza con siete escalones, sellado cada uno con una estrella, representando las siete provincias de que se componía Venezuela.


El Benemérito General Juan Vicente Gómez, señalando las piedras traídas de “La Puerta” (Edo. Guárico) que hizo trasladar en desagravio por las tres derrotas del Ejército Libertador ocurridas en ese sitio y para perpetuar la memoria de nuestros héroes de la Independencia en el Monumento de Carabobo.

A derecha e izquierda del pedestal, sendos bajos-relieves marcan: uno, con espadas, las once de la mañana, momento en que comenzó la lucha: y otro, con ramas de laurel, las doce del día, hora en que se decidió la batalla con el triunfo de nuestra armas. En el centro, en grupo alegórico, se ostenta vigorosa la nueva raza formada por la unión espiritual de los dos pueblos. A los lados de ese grupo, en plano superior, hay cuatro estatuas ecuestres, y seguirán otras de igual talla, con una representación completa de los Jefes y las armas que se distinguieron en la lucha. 

Coronando el Monumento, como llevado por el empuje ciclópeo de bravos combatientes, sobre los hombros de la Fama, aparece, en arrogante corcel, asistido por el Genio y la Victoria, la figura culminante: Bolívar, señalando con el índice, a la veneración de todos los tiempos, el sacrosanto lugar donde quedó asegurada nuestra Independencia, y con ella la de toda la América Española.

¡Qué Monumento tan suntuoso y qué base tan gloriosa! El alma de esas piedras de “La Puerta” lloró, sufrida, los desastres de las huestes patriotas en aquel sitio; pero, en justa compensación, tuvo el alborozo de ver los primeros destellos de la paz en la espada vencedora del General Gómez. Hoy contempla confundidas derrotas y victorias en este Monumento que perpetúa la gloria inmortal de Carabobo y simboliza el triunfo definitivo de nuestra Independencia.

De todas las enseñanzas que dejó Bolívar a la posteridad ninguna más conmovedora que la de haberse erguido en las derrotas con el espíritu intacto y el corazón entero. Aquel hombre extraordinario sabía, coronar sus noches con radiantes auroras. Con los desastres de “La Puerta” sintió multiplicadas aquellas energías que hicieron decir al Conde de Cartagena que era más temible en la derrota que en el triunfo. Esa virtud de no doblegarse en la adversidad y de perseverar en la lucha es la que ha querido inmortalizar el General Gómez al colocar las piedras que contemplaron los fracasos de Bolívar como base de los bronces que proclaman hoy su gloria.

¡Salve, Monumento glorioso!, que evocas los días leyendarios de la Magna Gesta y serás constancia eterna de cómo se elevan los pueblos dirigidos por el sano patriotismo. Con el arco que te sirve de pórtico y con tu soberbia construcción ha realizado el General Juan Vicente Gómez de manera espléndida el decreto del Congreso de Cúcuta que ordenó levantar una columna ática para recordar a la posteridad la gloria de Carabobo. Debía tocar también el pago de esa deuda moral a este hijo de Venezuela, el gran glorificador de Bolívar predestinado para la continuación de su obra, para la conmemoración de las grandes efemérides de la patria y para las justicieras reparaciones de su historia.

Asistimos también en este día a la inhumación de los restos del Soldado Desconocido de la Independencia, hallados en el campo de Ayacucho y mandados a depositar en esta tierra de Carabobo por la providente justicia del General Juan Vicente Gómez. Ningún sitio más a propósito que este campo inmortal para guardar los despojos de ese héroe anónimo, que, fascinado por Bolívar, hizo con el gran guerrero la campaña sin igual en los fastos de Marte y contribuyó con su sangre al triunfo de la Libertad.



Conducción de los restos del Soldado Desconocido al Arco de Carabobo. 19 de Diciembre de 1930.

Soldado heroico, ya puedes descansar tranquilo en el seno de esta tierra, satisfecho de la suerte de tus hermanos, los hijos del noble pueblo venezolano. Educados ellos en la escuela del civismo, durante cuatro lustros de paz proficua, y con plena conciencia de sus derechos a la vida civilizada, no son ya, como antaño, fácil presa de los ambiciosos para el motín y la guerra; no empuñan el fusil fratricida del faccioso, sino las herramientas del trabajo o las armas del ejército que garantizan la vida ciudadana y mantiene el decoro nacional. ¡Soldado glorioso, descansa en paz!...

Hace diez años que en este mismo campo, con el carácter de Presidente del Congreso, me cupo la honra de llevar la palabra del Soberano Cuerpo para declarar “urbi et orbe” que el General Juan Vicente Gómez era el hombre necesario para regir nuestros destinos en el presente y en el porvenir. Los sucesos ocurridos en ese lapso han probado que no se equivocaron los Representantes del pueblo: la esperanza de un porvenir risueño se ha convertido en la brillante realidad del presente que contemplamos con legítimo orgullo.

Cuando casi todas las naciones del orbe luchan por resolver serios problemas políticos, económicos o raciales; se desangran los pueblos en las luchas armadas o se asfixian en los tentáculos del pulpo de los empréstitos, y la ola roja del bolchevismo, se agita en los mares o invade toda la tierra, dislocándolo todo, en un crudo ataque de demencia; destruyéndolo todo, con furia de ciclón, Venezuela, pregonémoslo con júbilo, presenta el edificante ejemplo de un país orientado definitivamente por los senderos del orden.

Con progreso creciente y en pleno goce de su autonomía política y social; trofeos, esos, que sintetizan las grandes conquistas alcanzadas en su vida cívica y que colocan hoy sobre la tumba de su Libertador como el más digno homenaje a su venerada memoria.

¡Gracias, General Gómez! Gracias, a nombre de todos los pueblos de Venezuela. Porque, ¿quién puede negar su gratitud al fervoroso patriota que ha tenido la gloria de preparar esta hermosa ofrenda a los manes de Bolívar?

Nadie ha podido olvidar el desastroso estado en que se hallaba el país cuando entrasteis a presidir su Gobierno: sangrante y desmoralizado por las revoluciones, en bancarrota su hacienda, bloqueado por deudas, relajados todos los resortes de la administración y rotas sus relaciones con casi todos los pueblos de la tierra. ¡Aquello era el caos! Y de él hicisteis surgir la Venezuela moderna, organizada y próspera, con asiento en la Sociedad de las Naciones, donde alcanza el honor de la consagración universal de su Héroe Máximo, el vidente precursor de la Institución más noble que haya concebido la inteligencia humana.

La figura de Bolívar, como la de todo creador, crece en la relación con la prosperidad de su obra; y Venezuela puede estar orgullosa de contribuir a ello mostrando los principales progresos que ha alcanzado: estabilizar el orden, sanear material y moralmente el país, fundar Bancos protectores de las industrias madres y del obrero, educar al pueblo, darle pan en todo género de trabajos públicos, organizar ejército y aviación, cruzar de carreteras modernas todo el territorio, erigir Monumentos dignos de la memoria de los héroes, y finalmente, pagar en su totalidad la enorme deuda que pesaba sobre sus finanzas presentándose al mundo como ejemplo único de perfecta solvencia en la vida actual de las naciones.

Nadie ha honrado mejor que vos la memoria de Bolívar, ciudadano General, porque habéis tenido por lema su elevado pensamiento: “La gloria está en ser bueno y en ser útil”. Está plenamente demostrado, con hechos que, después de los libertadores, sois el venezolano que más beneficios ha proporcionado a la Patria.

Podéis estar seguro en la estabilidad de vuestra obra, porque ella ha penetrado en el corazón del pueblo y captado su eterna gratitud. No habéis erigido estatuas para perpetuar vuestra memoria; pero la posteridad os verá sobre un pedestal muy alto: el de esas carreteras que se empinan hasta las cumbres de los Andes, disputando a los cóndores la altura, para pregonar a todos los vientos las conquistas de la Venezuela rehabilitada, conforme a los anhelos de nuestro Héroe Epónimo.

¡Padre Libertador! Ante este altar que la Patria regenerada consagra a tu memoria, hacemos tus buenos hijos la promesa de continuar fieles a tu gloria, laborando en el seno de la paz, única atmósfera propicia al bien, por la prosperidad y ventura de esta tierra que te adora. Un pueblo agradecido y un ejército de leales, guiados por la espada vencedora en “La Puerta” y “Ciudad Bolívar”, garantizan el cumplimiento de esta promesa.

Rafael Requena.

19 DE DICIEMBRE DE 1930.


El 18 de diciembre de 1930 diez mil soldados de Venezuela, al mando del Comandante en Jefe del Ejército Nacional, General Juan Vicente Gómez, rindieron grandiosos honores militares en el Campo de Carabobo ante el Monumento que acabamos de describir.

De la Memoria de Guerra y Marina, presentada al Congreso Nacional, tomamos el extracto de un interesante Informe, transmitido al Comandante en Jefe del Ejército Nacional, General Juan Vicente Gómez, por el General Eleazar López Contreras, Jefe de Estado Mayor General interino, sobre la cooperación del Ejército Nacional en la conmemoración del Centenario de la muerte del Padre de la Patria:

Ciudadano General Juan Vicente Gómez
Comandante en Jefe del Ejército.
Presente.

Honor y satisfacción me proporciona la oportunidad de dirigirme ante la Suprema Autoridad Militar de la República, que usted dignamente representa, para cumplir con el deber que me incumbe, en mi carácter de Jefe del Estado Mayor General Interino, de rendir un informe circunstancial de la cooperación que cupo en honra prestar a la Institución Armada en la conmemoración del Centenario de la muerte del Libertador, de conformidad con el Decreto Ejecutivo del 29 de noviembre próximo pasado.

Para la fecha en que fui distinguido por usted con el honorífico cargo de Jefe de Estado Mayor General, con carácter de interino, se encontraban en plena ejecución las órdenes e instrucciones que usted había tenido a bien impartir a los fines de la preparación del organismo armado para cumplir en la forma más amplia, la parte que debía corresponderle en dicha conmemoración.

Probada la eficacia del Ejército creado por usted, se han podido apreciar las grandes facilidades que prestan las carreteras para la movilización de las tropas y es a ese progreso alcanzado por sus esfuerzos de estadista que se debe el que la mayor parte de las Unidades Superiores, pudieran recorrer centenares de kilómetros desde sus acantonamientos, concentrarse en el Campo Histórico y volver a su punto de partida en el limitado espacio de cuarenta y ocho horas.

Entra en el cuadro de nuestra apreciación militar y patriótica el soberbio espectáculo de su presentación a la cabeza del Gran Ejército, ante el grandioso Monumento, que por iniciativa de usted ha consagrado el Gobierno de la República a los héroes de la Inmortal Jornada y a la máxima glorificación de nuestro Padre y Libertador.


Corresponde la magnitud de este Monumento a la grandiosidad de aquel Campo, creado por el Supremo Artífice, propicio a los mayores esfuerzos, sacrificios, negaciones y heroísmos. Una serie de hermosas colinas, separadas por montículos, arroyos y vertientes, representan la vida de los más esforzados combatientes de la jornada del 24 de junio de 1821. En el centro del mayor agrupamiento se destaca la consagrada a perpetuar la memoria de Bolívar, EL GRANDE ENTRE LOS GRANDES, que por una rara coincidencia lleva el nombre simbólico de La Centella, y efectivamente, Bolívar fue rayo de potencialidad incomparable por sus ideas, sentimientos, carácter, voluntad y acción. Vivió como entre llamas y lo era. Ama, y lo que dice es como florón de fuego. Como el sol llega a creerse, por lo que deshiela y fecunda y por lo que ilumina y abrasa.

Felices los que pudimos ir bajo el mando de usted en peregrinación patriótica a ese inmenso Santuario de la Libertad, tierra regada con la sangre generosa del pueblo venezolano, donde nos sentimos purificados siguiendo las huellas gloriosas que marcaron las vencedoras huestes bolivarianas y la que dejaron los indómitos soldados del Valencey en retirada, pero muy en alto el honor de su bandera y el prestigio de nuestra madre España.

Puede usted estar satisfecho, en el justo orgullo que mantiene de ser el Primer Bolivariano de América, de que el Ejército de 10.000 hombres que ha tenido la gloria de asistir al Campo de Carabobo bajo las inmediatas órdenes de usted, fiel a la República y a sus tradiciones históricas, fortaleció su espíritu de disciplina, de lealtad y de patriotismo, después de recorrer el itinerario de marcha, que siguieron las Huestes Libertadoras y vivaquear bajo esa comba celeste que se apoya en crestas de montaña que circundan el Santuario de la Libertad, a la vez que forman la Vía Sacra, por donde remontaron, en ascensión gloriosa e inmortal, guiados por Bolívar, los soldados de la Gran Colombia”.

Dios y Federación,

(Firmado). ELEAZAR LÓPEZ CONTRERAS.
General. J. E. M. G. interino.
  
Puede disfrutar un video sobre la historia de la construcción del Arco de Carabobo (1921) y el Monumento bautizado como "Altar de la Patria" (1930), para perpetuar la memoria de los héroes de la independencia por orden del Benemérito General Juan Vicente Gómez. Cinesa. Año 2001:




Puede disfrutar un video con imágenes originales históricas de la época filmadas por don Edgar Anzola del Gral. Juan Vicente Gómez, Presidente de la República de Venezuela, quien ordenó la construcción del Arco (1921) y el Monumento (1930) en el glorioso Campo de Carabobo: