Dr. Gustavo Henrique Machado Hernández, destacado médico pediatra, doctor
en ciencias médicas infantiles y médico cirujano. Jefe de Servicios del Hospital
Vargas en Caracas y en el Hospital de Niños de la Cruz Roja Venezolana en 1930.
El señor Presidente de los Estados Unidos de Venezuela, Benemérito
General Juan Vicente Gómez, ha resuelto que se establezca un nuevo Dispensario
dependiente del servicio de Puericultura de la Oficina de Sanidad Nacional, en
las Parroquias San José, La Pastora, Catedral y La Candelaria, con el personal
que fuere necesario para su perfecto y eficaz funcionamiento.
El establecimiento del nombrado Dispensario, viene a favorecer a los
niños de los barrios pobres de dichas parroquias a quienes se les hace difícil
asistir a la Oficina Central situada en Palo Grande.
Las consultas gratis para los niños están a cargo del ilustrado
profesional doctor Gustavo Henrique Machado.
(Publicado en la Revista "Billiken", el 12 de
septiembre de 1931).
El eminente médico venezolano Dr. Francisco Antonio Rísquez, ha sido
nombrado por disposición del señor Presidente de los Estados Unidos de
Venezuela, Benemérito General Juan Vicente Gómez, mediante Resolución del
Ministerio de Salubridad y de Agricultura y Cría, Médico Jefe del Dispensario
Antituberculoso.
El doctor Rísquez es uno de los altos valores científicos de nuestro
País. Entusiasta e incansable trabajador, ha dedicado su vida con exaltada y
perseverante vocación al bien social, en cuya labor ha conquistado brillantes
éxitos y satisfacciones. Al frente ahora del Dispensario Antituberculoso,
continuará el Dr. Rísquez laborando con amor y patriotismo en beneficio de la
comunidad, luchando contra el flagelo doloroso que es una de las dolencias más
terribles que amenazan a la sociedad.
"Billiken" felicita al probo hombre de ciencias por su nombramiento
y le desea una actuación fecunda en benéficos resultados al frente del
Dispensario.
(Publicado en la Revista "Billiken", el 12 de
septiembre de 1931).
El Doctor José Gregorio Hernández Cisneros, nació en
Isnotú, Estado Trujillo, (Venezuela), el 26 de octubre de 1864 y falleció
trágicamente en Caracas (Venezuela), el 29 de junio de 1919.
Fue un eminente médico, científico, profesor y
filántropo de profunda vocación religiosa, cristiano católico y franciscano
seglar ejemplar, reconocido por su solidaridad con los más necesitados y
recordado por su caridad, generosidad, rectitud y servicio a los pobres. Su
vida fue un testimonio evidente de santidad, tanto, que muchos latinoamericanos
lo consideran Santo, a pesar de que aún no ha sido canonizado por la Iglesia
Católica. Murió de forma trágica, al golpearse la cabeza con el borde de la
acera a consecuencia del impacto con un automóvil, en la esquina de Amadores,
La Pastora, Caracas, Venezuela. Sus restos reposan en la Iglesia parroquial de
La Candelaria ubicada en el centro de la ciudad de Caracas, después de estar
por mucho tiempo en el Cementerio General del Sur.
Su Santidad el Papa Juan Pablo II, declaró
solemnemente sus virtudes heroicas, por lo cual se le otorgó el título de
Venerable en 1986, antepenúltimo escalón en el camino de la santidad.
El 25 de septiembre de 2013, Su Santidad el Papa
Francisco manifestó interés por la causa del Doctor José Gregorio Hernández,
siendo al fin beatificado, en medio de la terrible pandemia del coronavirus, el
30 de abril de 2021.
SU MANIFESTACIÓN DE AGRADECIMIENTO AL
GENERAL GÓMEZ
"Con el alma presa de la más viva
emoción, me dirijo hoy a la distinguida sociedad de Caracas para
manifestarle la profunda gratitud que siento por las demostraciones de simpatía
y afecto que de ella he recibido, tanto a mi ida a La Cartuja, como a mi
vuelta a esta Ciudad. En particular quiero publicar mi agradecimiento para con
el Sr. General Juan Vicente Gómez, Presidente de la República, por las
benévolas frases de bienvenida que se sirvió dirigirme; para con el Ilustrísimo
Sr. Arzobispo de Caracas y Venezuela, por su afectuosa dignación en recibirme
en el Seminario Metropolitano; para con el Sr. Presbítero Dr. Nicolás Navarro,
Rector de ese Instituto, por la exquisita bondad con que ha querido tomarse el
trabajo de iniciarme en los arcanos del ministerio sacerdotal; y para con la
ilustrada prensa de la Capital y del resto de la República por los
honrosos conceptos que ha tenido para conmigo.
En atención a las reglas canónicas que
prohíben el ejercicio de la medicina a los que abrazan el estado eclesiástico,
debo apartarme en absoluto de dicha profesión, para obedecer en todo a las
prescripciones de la Santa Madre Iglesia, y doy las gracias de todo
corazón a aquellas personas que quisieron honrarme con su confianza al elegirme
para su médico en los tiempos pasados".
Doctor José Gregorio Hernández
Caracas, 27 de abril de 1909.
(DIARIO “LA RELIGIÓN”, 27 DE ABRIL DE
1909. EXTRAÍDO DEL LIBRO "EL SIERVO DE DIOS DR. JOSÉ GREGORIO
HERNÁNDEZ". ESCRITO POR R. P. EDUARDO DE GEMA. CAPUCHINO. 1950).
GENERAL GÓMEZ DOTA DE EQUIPOS AL LABORATORIO
DE LA UNIVERSIDAD
Caracas,
23 de febrero de 1911.
Ciudadano doctor Alejo Zuloaga.
Rector de la Universidad Central de
Venezuela.
En contestación a su nota número 292 tengo la honra de
manifestarle que el estado del Laboratorio de Histología, Bacteriología y
Fisiología Experimental de mi cargo en esta Universidad, después de la dotación
que se sirvió hacerle el ciudadano General Juan Vicente Gómez, Presidente de la
República, es de lo más satisfactorio y en él se practica la enseñanza. De tal
manera que los cursantes adquieren el conocimiento de las ciencias al propio
tiempo que salen prácticos en la técnica propia de cada una de ellas.
Dios
y Federación.
José
Gregorio Hernández
CARTA DEL DR. JOSÉ GREGORIO HERNÁNDEZ AL
GENERAL GÓMEZ
Caracas, 19 de septiembre de 1912.
Señor General, Juan Vicente Gómez,
Presidente de la República.
Mi respetado General:
Me tomo la libertad de molestar hoy su
atención para proponerle la creación de un Instituto de Bacteriología y
Parasitología.
Esta es una obra que abrirá una era de
progreso en los estudios médicos entre nosotros; que permitirá hacer el estudio
completo de nuestras enfermedades tropicales, y que, por consiguiente, será
también de grandísima utilidad para el conocimiento de la República.
En todas las capitales sudamericanas hay
este instituto: solamente Caracas carece de él; mas, por ser esta obra indispensable
en todo país civilizado tarde o temprano habrá que fundarlo aquí también, y de
ninguna manera debemos permitir que otro Gobierno posterior le quite a usted,
señor General, la purísima gloria de haber sido el fundador del primer
Instituto Bacteriológico y Parasitológico de nuestro país.
Con sentimientos de alta consideración y
respeto me suscribo, señor General.
De U. Atento S.S. y amigo,
José Gregorio Hernández
Instituto
Anatómico, el cual se inauguró oficialmente el 25 de junio de 1911 por el
General Juan Vicente Gómez, Presidente de la República de Venezuela.
El 19 de diciembre de 1910 se creó, por Decreto del
Presidente de la República, General Juan Vicente Gómez, el edificio donde
funcionaría el Instituto Anatómico, el cual se inauguró oficialmente el 25 de
junio de 1911. El sitio seleccionado para la creación de su sede inicial estaba
ubicado en las cercanías del Hospital Vargas, en la esquina de San Lorenzo,
Parroquia San José, actual sede de la Escuela de Medicina José María Vargas.
Para la medicina venezolana, este acontecimiento representó un logro
extraordinario, ya que por fin los estudios anatómicos contarían con una sede
propia construida con todas las condiciones higiénicas e instrumentos, adecuados y necesarios, para el manejo de cadáveres y para la investigación y la
enseñanza científica.
La lección Inaugural en el Instituto Anatómico, se
realizó el 16 de septiembre de 1912 y allí, el maestro Doctor Luis Razetti, además de dar
las gracias a todos los involucrados con la fundación del Anatómico, realizó un
recorrido histórico en su discurso que abarcaba desde la creación de la Cátedra
Prima de Medicina y la fundación de los estudios anatómicos por el Doctor José
María Vargas, hasta reconocer la labor de eminentes figuras médicas que habían
sido parte de la Ilustre Universidad de Caracas.
JOSÉ GREGORIO HERNÁNDEZ CURA A DON "JUANCHO" GÓMEZ
Don Juan Crisóstomo "Juancho" Gómez.
En cierta ocasión, estando el Dr. José
Gregorio Hernández ausente de Caracas, enfermó de gravedad el General
"Juancho" Gómez, hermano del Presidente, Gobernador de Caracas y
Vicepresidente de la Nación. Todos los médicos más afamados fueron desfilando
por su habitación, sin acertar con su enfermedad. El General
"Juancho" Gómez se moría. Su hermano, el Presidente de la República
Juan Vicente Gómez, fue a visitarlo y con su acostumbrada calma, definió:
-Se muere "Juancho", ¿por qué el
Dr. Hernández no lo ha visto?
-El Dr. Hernández está fuera, mi General.
-Pues que lo busquen.
El General Presidente Gómez, mandó inmediatamente al General don
Antonio Pimentel que lo fuera a buscar donde estuviera, que su hermano se
estaba acabando. Llegó precisamente Pimentel cuando el Dr. Hernández estaba en
su consulta de los pobres, al mediodía.
-Doctor, el General lo necesita.
-Lo siento, pero ahora no puedo, le
contestó consultando su reloj. A las tres menos cuarto termino. No puedo dejar
mi consulta de pobres.
El General Pimentel recorrió la vista por
la sala de espera, llena de viejecitas rugosas y pobres enfermos. Era algo
pintoresco como para contárselo al General.
-Es que es urgente, Doctor. -Pues ¿Qué
pasa?
-"Juancho" Gómez, que se está
muriendo...
-Ah, eso ya es otra cosa. No
fue necesario más. Había que salvar una vida. Lo mismo que si se estuviera
muriendo el pobre más menesteroso de la ciudad, el Dr. Hernández tomó su hongo
de la percha, y al salir pidió con humildad excusas a las personas que estaban
esperando, pues iba a ver un momento a un enfermo grave. Todos lo sabían. A la
fuerza, por la urgencia, lo introdujo el General en su automóvil y a los pocos
minutos ante la maravilla de todos, estaba de vuelta a su consulta de pobres.
Había visto al General, lo reconoció y le,
recetó algo tan sencillo que todos quedaron maravillados. Pero efectivamente el
General "Juancho" Gómez salía de su gravedad, y a los pocos
días estaba bueno y salvo. Todos dijeron que había sido una resurrección.
Y él contestaba al General Gómez:
-Sólo Dios resucita, mi General.
El General Gómez llamó a Pimentel y
le mandó a pagarle los honorarios extraordinarios de la enfermedad de
"Juancho", los que él pidiera, pero el Dr. Hernández le dijo:
-Mis visitas las cobro solamente a cinco
bolívares, mi General.
-¿Cómo?
-Sí. Tres visitas, quince bolívares.
Pimentel no se podía explicar la conducta
de aquel hombre que sabía que estaba en sus manos el dinero que quisiera.
Y quiso darle más.
El General Pimentel sacó un billete de
veinte bolívares y se lo alargó al Doctor. Él, tranquilamente le devolvió
cinco bolívares y se despidió de él afectuosamente, lo mismo que si despidiera
a uno de sus pobres de la consulta.
Comentando este incidente, decía después
Pimentel:
-Siempre he querido mucho al Dr.
Hernández, pero es la única vez que me ha dado rabia contra él.
TESTIMONIO DE FLORENCIO GÓMEZ NÚÑEZ,
PACIENTE DEL VENERABLE
Florencio Gómez Núñez, hijo del General
Juan Vicente Gómez.
"El Dr. José Gregorio Hernández fue
médico de papá, el General Juan Vicente Gómez, de mamá, Dolores Amelia Núñez de
Cáceres y de todos nosotros, sus hijos. Por cierto, a mí me dio uno de los
últimos casos de fiebre amarilla, llamada "vómito negro" de las
peores que hubo aquí en Venezuela, en el año 1910. Tenía dos años de edad y
José Gregorio me trató y me curó la fiebre amarilla.
El Dr. Hernández siempre tuvo relaciones
muy cordiales con papá. Conversaba mucho con él y le consultaba el tratamiento
a seguir, no tanto de sus enfermedades, porque papá para aquella época no
enfermaba mucho, pero sí de las enfermedades de todos nosotros, sus hijos. Papá
estimaba muchísimo al Dr. Hernández.
Después vino el trágico accidente del Dr.
José Gregorio Hernández que era un hombre muy bondadoso y servicial con todo el
mundo y la gente lo quería mucho. Yo me recuerdo perfectamente que ese
accidente fue en el año 1919, en La Pastora. El Dr. Hernández, acudió a una
farmacia para comprar un remedio que necesitaba un enfermo que no tenía dinero
y en el momento de cruzar la calle a la otra acera, no se fijó que venía un
automóvil y éste lo atropelló fuertemente. En el momento de caer al suelo, el
Dr. Hernández, fatalmente, se golpeó la parte posterior de la cabeza contra la
acera y murió en el acto. Fue una desgracia para todos los venezolanos que
tanto le queríamos. Aquello fue una tragedia aquí en Venezuela, ya que el Dr.
Hernández era verdaderamente apreciado y admirado. Era un Santo.
En mi época, al Dr. José Gregorio
Hernández, la gente lo veía como un médico excepcional. Siempre ayudaba a las
personas que no tenían recursos para comprar las medicinas, la gente pobre del
pueblo. El Dr. Hernández iba a la farmacia, él mismo, compraba las medicinas y
se las regalaba al enfermo, y a la gente pudiente, le cobraba 5 o 10 bolívares
la visita. Era un hombre lleno de atenciones con todo el mundo y llevaba una
vida religiosa de Santo que posterior a su muerte ha generado una veneración y
adoración. Todavía estamos esperando su beatificación por parte del
Papa.
Mamá tenía una foto original del Dr. José
Gregorio Hernández, enmarcada, colgada en la pared de su cuarto. Yo todavía la
conservo, hecha por un artesano andino de apellido Salas. Ella apreciaba
muchísimo al Dr. Hernández, a tal punto, que estando en Maracay cuando se
enteró de su muerte, se dirigió inmediatamente a Caracas para estar presente
antes de su entierro, ya que en esa época las mujeres acudían al funeral, pero
no asistían al entierro del difunto. Los hombres eran los que sí
participaban".
Florencio Gómez Núñez
(Entrevista realizada en 1993 por sus nietos, los
Hnos. Dupouy
Gómez).
TELEGRAMAS DE DUELO DEL GENERAL JUAN
VICENTE GÓMEZ
Caracas: 30 de junio de 1919.
Señor General Juan Vicente Gómez,Comandante en Jefe del Ejército Nacional y
Presidente Electo de la República.
Maracay.
Ya está usted en cuenta de la dolorosa
desgracia. A usted, que siente con el pueblo de Venezuela tan profunda pena por
haber sido el doctor José Gregorio Hernández un ejemplo eximio de virtudes
ciudadanas, presento mi pésame cordial.
Su amigo,
R. González Rincones.
Ministro de Instrucción Pública.
De Maracay a Caracas, el 30 de junio de
1919. Las 5 hs. 30 ms. p.m.
Señor doctor R. González Rincones.Ministro de Instrucción Pública.
Recibido. He lamentado mucho la muerte del
eminente médico José Gregorio Hernández y aprecio su condolencia por esta
desgracia nacional.
Su amigo,
Juan Vicente Gómez.
(Publicado en el Periódico “El Nuevo
Diario”, el 2 de julio de 1919).
SU EMOTIVO FUNERAL Y ENTIERRO
Una
multitud acudió al funeral y entierro del Dr. José Gregorio Hernández en 1919.
Citar el nombre de cada uno de los oferentes, fuera de todo punto
imposible. Bástenos decir que todos los gremios sociales estaban representados
de manera tan gentil desde el Ejecutivo, el General Juan Vicente Gómez, etc.,
hasta el humilde artesano y el peón que arranca a las canteras su diario
sustento.
Todos los que recuerdan aquel día de luto
nacional, convienen en reconocer que no ha habido en toda Caracas ninguna manifestación
en la que tan espontáneamente se haya desbordado el público en entusiasmo,
fervor y lágrimas, como en el entierro del Dr. José Gregorio Hernández. El
Ejecutivo Federal por órgano del Ministerio de Instrucción Pública dispuso
duelo para las Facultades de Estudios Superiores en todo el país.
En la invitación del Gobierno para asistir
al funeral, se encuentran las firmas, entre otras destacadas, del General Juan
Vicente Gómez; del General Ignacio Andrade, del General Antonio Pimentel, etc.,
y en las invitaciones de la Universidad, las de todos sus compañeros de
profesión y de sus amigos, entre ellos Dominici y Razetti. Hubo también
invitaciones por parte de las Facultades de Estudios Superiores de Caracas, de
la Sociedad Médica, de la Academia Nacional de la Historia, de la Inspectoría
General de Hospitales de la Academia Nacional de Medicina, del Gremio
Médico de Caracas, de la Academia Venezolana correspondiente de la Real
Española, de la Academia de Ciencias Políticas, del Consejo Central de Estudiantes de
Venezuela, etc. Casi no hubo gremio o asociación de Caracas
que no se uniera al dolor nacional por la muerte del Dr. Hernández.
Muestra del cariño que se le profesaba, y de que la Nación se daba cuenta por
medio de sus órganos, de lo que perdía aquel desgraciado, 29 de junio de
1919. Pero en realidad nada se había perdido. Él será siempre una
gloria perenne para la Madre Patria, después de muerto, lo mismo que lo
fue en vida.
Mejor que nosotros podrá darnos una idea
de lo que fue aquel entierro el articulista de “El Universal”. Habla
así:
El desfile comenzó desde el propio momento
de ser colocada la urna en el catafalco, respetuoso e interminable.
Puede decirse que toda la ciudad dejó al pasar frente el féretro un
tributo de lágrimas de sentida emoción, de férvidos elogios.
Una hora antes de la fijada para el
entierro, la Plaza de la Ley y los alrededores del Capitolio bullían como
nunca, plenos de gente. Sería tarea ardua describir con exactitud lo que allí
pasaba.
Tendidas las escuelas de niñas desde la
Universidad hasta Las Monjas, en doble ala blanca, como sus ensueños, cada una
de ellas tenía en sus manos una corona de aquel río de flores que se desbordó
desde los Cármenes avileños para formar un remanso perfumado sobre la tumba del
humilde sabio. Este bello espectáculo en medio de aquel ambiente de dolor
inenarrable, servía de índice para dar con exactitud una idea del número de
coronas enviadas en silencioso homenaje. Y no es frase de retórica, sino verdad
tangible, que se agotaron las flores de los inagotables jardines de Caracas. En
más de 500 se calcula el número de coronas y en otro tanto las que no pudieron
ser ofrecidas por absoluta imposibilidad material.
Citar el nombre de cada uno de los
oferentes, fuera de todo punto imposible. Bástenos decir que todos los
gremios sociales estaban representados de manera tan gentil desde el Ejecutivo,
el General Juan Vicente Gómez, etc., hasta el humilde artesano y el peón que
arranca a las canteras su diario sustento.
A las cuatro, en medio del orden más
perfecto, cerca de diez mil personas esperaban la salida del féretro desde la
Universidad hasta la Santa Iglesia Metropolitana, que no tenía cabida para un
alma más en sus amplias naves penumbrosas.
Antes de comenzar la fúnebre ceremonia del
enterramiento, el Sr. Ministro de Instrucción Pública, Doctor González
Rincones, pronunció sentidas palabras. Luego hizo en síntesis elocuente un
elogio del Doctor Hernández el Presidente de la Academia de Medicina, Doctor
David Lobo.
Cumplió con estricta justicia y con
una asombrosa puntualidad sus estudios y las comisiones gubernamentales que le
fueron encomendadas, el alto empleo de Catedrático de la Universidad y Director
del Laboratorio de Fisiología. Con igual exactitud cumplía con sus obligaciones
en el Hospital Vargas y con sus deberes como médico en la asistencia a los
enfermos. Si alguna preferencia tuvo en su vida, fue precisamente por los
desheredados de la fortuna. Su hora de una a tres menos cuarto, dedicada a los
enfermos pobres, era siempre respetada sobre todos los compromisos. En aquellos
momentos nada le podía distraer de aquel acto de justicia, por el que daba
a los pobres lo que ellos justamente como hijos de Dios pedían: un poco de caridad
y un poco de cariño. Le parecía más justicia, porque en cada pobre enfermo veía
la imagen del Hijo de Dios llagado y pobre por nuestro amor. Solamente estas
horas eran interrumpidas en casos de urgencia, para auxiliar a un moribundo.
Nunca exigió más de sus honorarios fijos.
Ricos y acomodados pagaban lo mismo, aunque su enfermo fuera el Presidente de
la República. Fue médico de siete Presidentes de la República y de sus
familias, pero nunca se lucró, ni siquiera en influencias con esta
intimidad de los más altos dignatarios de la Patria. Fue médico del
General Joaquín Crespo, con cuya señora fue padrino de uno de los hijos
del Dr. Bruzual Serra, que era entonces el Ministro de más influencia en
el Gobierno. Fue también médico de Andueza Palacio, Ignacio Andrade,
Cipriano Castro, Juan Vicente Gómez, Victorino Márquez Bustillos, José Gil
Fortoul, todos ellos Presidentes sucesivos de la República, y
de todos sus Ministros más influyentes en el Gobierno.
Video de Don Florencio Gómez Núñez, hijo del General Juan Vicente Gómez,
Presidente de la República de Venezuela, recordando al Dr. José Gregorio Hernández,
quien fue médico de su familia y le curó la Fiebre Amarilla siendo un niño. Entrevista
realizada por los Hnos. Dupouy Gómez en 1993:
Video de una semblanza del Dr. José
Gregorio Hernández por Monseñor Fernando Castro: