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miércoles, 24 de julio de 2019

ANIVERSARIO DEL NATALICIO DEL GENERAL JUAN VICENTE GÓMEZ



(Por: Rafael Dupouy Gómez)

Artículo publicado el 20 de julio de 2007, en la revista "Zeta", sección "La Historia", N° 1619. (Caracas, Venezuela).


El 24 de julio de 2007, se cumplen 224 años del natalicio de nuestro Libertador Simón Bolívar. Esa misma fecha, coincide también con el natalicio de su más consecuente y ferviente admirador, el Benemérito General Juan Vicente Gómez, quien estará celebrando 150 años de haber venido al mundo.

El siguiente especial histórico para Zeta, se centra en la figura del General Gómez y su gran devoción bolivariana.  

El Benemérito General Juan Vicente Gómez, nació el 24 de julio de 1857, en el sitio denominado “El Salado”, dentro de la finca “La Mulera”, propiedad familiar, jurisdicción de San Antonio del Táchira. Hijo de Pedro Cornelio Gómez y Hermenegilda Chacón Alarcón. Siendo el mayor de trece hermanos, se formó en las labores del campo, destacándose como un próspero agricultor y ganadero. Financió la “Revolución Liberal Restauradora”. Posteriormente, en los campos de batalla, durante nuestras luchas intestinas, libró 29 acciones de guerra, saliendo invicto, convirtiéndose en un destacado militar y hombre de acción de gran prestigio nacional. Cumplió la misión de pacificar a Venezuela para librarla de la anarquía que la azotaba, porque en su mente seguramente estaba presente la sentencia del Padre de la Patria que decía: “La peor tiranía es la anarquía”.  

Al igual que el Libertador Simón Bolívar, el General Juan Vicente Gómez, nació un 24 de julio y falleció un 17 de diciembre.


Las sobrinas del Libertador Simón Bolívar, Benigna y Antonia Esteller Camacho Clemente y Bolívar, expresaron su cariño y admiración al General Juan Vicente Gómez, en carta dirigida el 25 de julio de 1923, donde le decían:

“Elevamos a Dios desde el fondo de nuestros corazones, una plegaria cristiana, llena de fervor, para que libre vuestra preciosa vida de las asechanzas de la perfidia y de la maldad y la conserve largos años para bien de esta Patria querida, creada por nuestro deudo el Libertador y glorificada por usted”.

Profética plegaria de las sobrinas del Libertador Simón Bolívar. Recordemos que el Gral. Gómez, murió tranquilamente en su cama, el 17 de diciembre de 1935. Su funeral fue cesáreo, multitudinario, rindiéndosele los máximos honores militares como Jefe de Estado.

Las expresiones cariñosas y sinceras de las sobrinas del Padre de la Patria son una auténtica lección, sobre todo, para los que han tratado de descalificar al Benemérito, calumniándolo injustamente y para aquellos dirigentes políticos que, con su delirante demagogia y falso nacionalismo, han mancillado la heroica y sagrada memoria de nuestro Libertador.

El ciudadano de los Países Bajos, Dr. J. H. Van Peursen, en su libro “Bolívar”, publicado el 19 de diciembre de 1933, sintetizó una gran verdad:

“Si grande, genial, ha sido la obra administrativa del Presidente Gómez, humanizadora ha sido la que ha realizado en el dominio de la paz interna y de la concordia internacional. Ferviente admirador del Libertador, la súplica postrera de Bolívar: “Unión, unión, o la anarquía os devorará”, tenía que encontrar eco generoso en su corazón de patriota”.

El famoso escritor y poeta español Francisco Villaespesa, divulgador de la estética modernista y el drama en verso de temas históricos, obsequió la siguiente dedicatoria al Gral. Gómez:

Dedicatoria al Gral. Juan Vicente Gómez
Rehabilitador de Venezuela

Permitid, que os ofrende este libro; homenaje
que de mi vieja España a Venezuela traje,
como materno abrazo de mi tierra a esta tierra.
como ninguna heroica, generosa y feraz,
a la que dió Bolívar las glorias de la Guerra,
y vos, Señor, le disteis las glorias de la Paz!

Francisco Villaespesa
(Caracas, mayo 17 de 1920)

Durante el gobierno del Gral. Gómez, se inició el proceso de modernización del Estado y la profesionalización del Ejército; a la vez que se gestaron una serie de transformaciones de carácter económico, social, político y cultural. Con el país pacificado, la Hacienda Nacional saneada, el Ejército institucionalizado, el país completamente comunicado por un sistema de vialidad que unió a todas las regiones de Venezuela que permanecían aisladas, el desarrollo de nuestra Industria Petrolera, la gran construcción de Obras Públicas que se ejecutaron durante su mandato y otros logros que sería muy extenso enumerar, pudieron sus sucesores gobernar holgadamente en paz, recibiendo un país completamente organizado y con una gran prosperidad económica. Al Gral. Gómez le tocó la tarea más difícil, crear de la nada, construir de lo inexistente, y lo logró con bastante éxito.

Sobre la importancia histórica del Gral. Juan Vicente Gómez, señalaba nuestro más eminente escritor, historiador e intelectual, el Dr. Arturo Uslar Pietri, lo siguiente:

“El papel de Juan Vicente Gómez en la historia de Venezuela, es de una magnitud extraordinaria. La creación de un Estado Nacional en Venezuela, la integración de una unidad nacional en Venezuela, fue un viejo propósito difícilmente alcanzable en la anarquía que caracterizó al país después de la Independencia.

El que completa ese programa realmente es Juan Vicente Gómez, que logra cosas increíbles: logra acabar con la Guerra Civil que duró 100 años, logra acabar con el caudillismo, crea un Estado Nacional, crea una Hacienda Nacional y crea un Ejército Nacional, sobre esas bases se podía construir una Venezuela democrática y moderna”.


HONRANDO A NUESTRO LIBERTADOR

El General Juan Vicente Gómez en el Panteón Nacional, el 6 de agosto de 1924, día de la celebración del Centenario de la Batalla de Junín, en compañía de su hijo el General José Vicente Gómez, el Dr. Francisco Baptista Galindo, el Dr. Pedro Itriago Chacín, Florencio Gómez Núñez, hijo del Presidente de la República de Venezuela y el Dr. Melchor Centeno Graü. El Nuevo Diario. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

Hechos concretos y efectivos muestran la obra bolivariana del Presidente Gómez. Constante preocupación fue en su vida, erigir innumerables monumentos, con el afán de eternizar en el recuerdo de sus conciudadanos, la obra genial del glorioso hijo de Caracas. Como gobernante le tocó conmemorar, y lo hizo con dignidad y fervor patriótico, los Centenarios de las grandes efemérides independentistas. Su culto a las tradiciones, a los valores y a los héroes de la Patria quedaron plasmados, por citar algunos ejemplos significativos en: La creación del Museo Bolivariano (1911), para conservar y mostrar valiosos documentos y reliquias históricas del Padre de la Patria. El Monumento a Carabobo o la India de El Paraíso (1911). La recuperación total de la Casa Natal del Libertador (1912), que fue salvada del completo abandono en que se encontraba, gracias al interés que demostró el General Gómez en rescatarla para la nación, reformándola en su totalidad y encargando su decoración al pintor venezolano Tito Salas. Se donaron, preservaron y adquirieron objetos pertenecientes al Libertador y su familia. Para la época significó una gran medida patriótica, reconocida no solamente por los venezolanos, sino por altas personalidades del mundo. El Benemérito General Gómez ordenó la adquisición y conservación del Ingenio Bolívar en San Mateo, Edo. Aragua (1924). Resguardó y protegió al histórico Samán de Güere (1925), que cobijó con su sombra al Libertador y sus tropas, construyendo una gran plazoleta cercada por una reja hecha con 42 fusiles viejos de la época y colocando tres cañones para perpetuar su memoria. En el arco de la entrada se podía leer su lema: “Unión, Paz y Trabajo”. Erigió el Monumento de La Puerta (1926), cerca del río Guárico, entre Villa de Cura y San Juan de los Morros, para recordar a los héroes que cayeron en defensa de la Patria, sacrificando sus vidas por la Independencia. Ese sitio que fue adverso para los Patriotas en los años 1814 y 1818, en cambio, cubrió de gloria al Gral. Gómez el 22 y 30 de diciembre de 1901, al derrotar a los Generales de la “Revolución Libertadora”, Luciano Mendoza y Antonio Fernández, abriendo la campaña pacificadora que culminó con la batalla de Ciudad Bolívar, el 21 de julio de 1903.

El Gral. Gómez también ordenó construir el Arco del glorioso Campo de Carabobo (1921) y posteriormente, el Monumento del Campo de Carabobo (1930), conocido como el “Altar de la Patria”, con piedras traídas de La Puerta en desagravio por las tres derrotas del Ejército Libertador ocurridas en ese sitio y para perpetuar la memoria de nuestros héroes de la Independencia.

El General Juan Vicente Gómez, presente en el Campo de Carabobo, el 24 de junio de 1921, inaugurando el Arco como homenaje a los héroes de la Independencia, en el Centenario de la Batalla de Carabobo. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

Decretó la realización de la Reforma General del Panteón Nacional (1930), conforme al proyecto del arquitecto Manuel Mujica Millán, con motivo de cumplirse el Centenario de la muerte del Libertador. La reconstrucción del Panteón Nacional consistió en el cambio radical de la fachada a un diseño neocolonial o neobarroco, agregando en el frente la tercera torre central de 48 metros de altura y reemplazando las laterales por otras, construidas todas de concreto armado. Fue también ampliada y hecha más monumental la escalinata de acceso. El antiguo sarcófago de madera que contenía los restos del Libertador fue sustituido por uno de bronce, diseñado por el escultor español Chicharro Gamo y colocado sobre un basamento de mármol. La parte superior de las naves y los tímpanos de los arcos fueron cubiertos por pinturas de temas alegóricos e históricos realizados por el pintor venezolano Tito Salas, atendiendo el expreso deseo del General Juan Vicente Gómez. El pintor Tito Salas, reconoció en una entrevista publicada en la revista “Élite”, el 6 de octubre de 1934, lo siguiente: 

“Vine llamado por el General Juan Vicente Gómez para pintar la Casa Natal del Libertador y si como esto no fuera suficiente para mi eterno agradecimiento hacia él, ahora me honra con la decoración del Panteón Nacional, dándome así dos ocasiones que raros hombres han tenido la suerte de encontrar”.

El Presidente Gómez, se preocupó afanosamente por rescatar y adquirir para la Nación las cartas, documentos y archivo personal del Padre de la Patria y demás Próceres de nuestra independencia. Ordenó erigir estatuas del Libertador por todo el territorio nacional y en el exterior: New York (1921), París (1925), Madrid (1925), Panamá (1926), Puebla de Bolívar - cerca de Vizcaya (1927), Santiago de Chile (1928) y Roma (1934), entre otras, fueron un claro ejemplo para dignificar la memoria del más Grande Hombre de América. Fueron bautizados con el nombre del Libertador, Puentes, Escuelas, Cuarteles, Avenidas y Plazas, destacando la monumental Plaza Bolívar de Maracay (1930), la más grande de Suramérica. El Gral. Gómez, mantuvo intactas las tradiciones épicas e hizo reverdecer el culto a los héroes patrios.


El General Juan Vicente Gómez, inaugura solemnemente la Plaza Bolívar de Maracay en 1930. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

CANCELACION DE LA DEUDA

Mención muy especial merece la cancelación tanto de la deuda externa como de la interna. La deuda nacional representaba en 1909 la suma de 210.307.281,68 bolívares y estaba discriminada de este modo: deuda externa y protocolos de Washington 147.866.134,38 bolívares y deuda interna 62.441.147,30 bolívares; estas obligaciones se fueron amortizando paulatinamente desde el año 1909. En 1930, el General Juan Vicente Gómez decidió la cancelación total de la deuda externa, como homenaje al Libertador en el Centenario de su muerte. A comienzos del año 1935, la deuda interna única existente, alcanzaba a la cantidad de bolívares 17.625.705,52 bolívares. El Gobierno tenía en Caja 107.445.263,17 bolívares superávit del presupuesto de la nación. Al igual que en 1930, el General Gómez, Presidente de la República, solicitó del Congreso dar los pasos conducentes para cancelarla, como efectivamente se hizo.

El Gral. Juan Vicente Gómez, el 22 de mayo de 1930, con motivo de la cancelación total de la deuda venezolana, expresó: “La obra de Bolívar estará así completa, puesto que la Patria que él soñó libre, próspera y feliz, se alzará ante el mundo en el pleno goce no sólo de su soberanía política, sino también de su independencia económica por la redención de sus compromisos que asegura la integridad de su crédito. Con orgullo lo anuncio a mis compatriotas, y debo considerar este paso como la cumbre de mis afanes por la grandeza de mi Patria, de cuyos años entrañables he recibido las lecciones de energía y perseverancia con que me ha tocado en suerte realizar los anhelos del Libertador”.

El Gral. Eleazar López Contreras en una sentida dedicatoria al Benemérito, publicada en su libro “El Callao Histórico”, el 14 de enero de 1926, expresó: “En justicia puede decirse que Usted, en su meritoria existencia, ha logrado hacerse digno de aquella frase feliz que nuestro Padre y Libertador consignó en carta dirigida al Gran Mariscal de Ayacucho: “La Gloria consiste en ser grande y en ser útil”.

Esta manifestación, que brota de mi pecho al calor de los beneficios que Usted ha prestado al país, y particularmente por los que ha recibido la Institución Armada, a la que me honro en pertenecer, la estampo con entero orgullo en la oportunidad en que muy respetuosamente le ofrezco el presente trabajo histórico-militar, que ha sido inspirado en el elevado patriotismo de Usted y en su ferviente admiración por los Libertadores de América”.

También reconoció el Gral. López Contreras la obra ejemplar del Gral. Juan Vicente Gómez en su discurso pronunciado el 23 de diciembre de 1934, al entregarle la Medalla de Honor “Francisco de Miranda”, diciendo: “Podéis estar orgulloso de vuestra obra patriótica, por virtud del pode­roso estímulo que habéis impreso al soldado venezolano, éste se siente hoy digno descendiente de aquellos sus ilustres antepasados, que bajo el man­do de Bolívar fueron los campeones más heroicos de la Libertad del Con­tinente”.

El entonces Teniente Coronel Isaías Medina Angarita, pronunció en el discurso conmemorativo del XXV Aniversario de la Escuela Militar y Naval, el 7 de julio de 1935, las siguientes palabras al General Gómez:

“Su gran amor por la Patria y su amplia visión de estadista le hicieron ver que sólo al amparo de la paz tendrían el desarrollo deseado, las diferentes actividades de la vida nacional. Cuando las generaciones llamadas a juzgar imparcialmente su singular labor administrativa, su gran obra de estadista, dictaminen con justicia, decidirán que es la reorganización del Ejérci­to su obra máxima, porque las demás solo son su corolario”.

Al Gral. Juan Vicente Gómez, se le recordará siempre como el Pacificador y Unificador de un país desarticulado por las guerras civiles y como el Emancipador Económico de un país en quiebra. A su muerte dejó un país pacificado, organizado y solvente. Fue un gran hombre y sus obras perduran en el tiempo. En Venezuela es reconocido, indiscutiblemente, como el PADRE DE LA VENEZUELA MODERNA.

Rafael Dupouy Gómez

Artículo escrito por Rafael Dupouy Gómez, publicado el 20 de julio de 2007, en la revista "Zeta", N° 1619. (Caracas, Venezuela).

sábado, 22 de junio de 2019

CATALEJO DE SIMÓN BOLĺVAR DONADO POR EL GENERAL GÓMEZ AL MUSEO BOLIVARIANO EN 1919

Catalejo perteneciente al Libertador Simón Bolívar, que fue obsequiado al Benemérito General Juan Vicente Gómez, Presidente de la República, y que donó al Museo Bolivariano de Caracas, Venezuela, el 24 de julio de 1919. (Foto: Guerra Toro).

"El Culto del Libertador. Una Reliquia de los tiempos heroicos. El anteojo de larga vista de Bolívar. Nuevo valioso donativo del General Juan Vicente Gómez al Museo Bolivariano".

Con una preciosa reliquia histórica acaba de aumentarse la riqueza del Museo Bolivariano: un catalejo, anteojo de larga vista, que perteneció al Padre de la Patria, valiosa donación del General Juan Vicente Gómez, quien dio al fino presente que constituía la amistosa ofrenda que el día de su natalicio le hizo el doctor Elías Rodríguez, un destino en armonía con su entusiasta veneración por el Libertador, y que fuese además una delicada demostración del cordial aprecio con que valuaba la inestimable calidad histórica de la prenda.

Honramos esta plana con los documentos y la información gráfica relacionada con este nuevo valioso donativo del General Gómez.

Caracas, 24 de julio de 1919.
Señor doctor R. González Rincones.
etc; etc; etc.

Estimado amigo:

El señor doctor Elías Rodríguez, con finos y sinceros propósitos que sé agradecerle, me ha enviado en calidad de ofrenda amistosa en el presente día de mi natalicio, un anteojo de larga vista que perteneció al Padre de la Patria, nuestro Libertador Simón Bolívar, y que yo resuelvo remitir a usted en calidad de preciosa reliquia histórica, con destino al Museo Bolivariano.

Admirador entusiasta de la gloria excelsa de Bolívar y agradecido como el que más a su obra sacrosanta de redención y libertad, creo que ningún venezolano, por eminente que sea, pueda usar y conservar un objeto como éste que perteneció a la Quinta del Libertador, sin incurrir en una verdadera profanación patriótica.

Bien está en el Museo Bolivariano ese anteojo, recuerdo de la histórica Quinta donde el Libertador, después de Carabobo, concibió y dio desarrollo a su plan para independizar el Perú.

Cordialmente lo saluda, su amigo,

Juan Vicente Gómez

Caracas: 30 de julio de 1919.
Señor General Juan Vicente Gómez.
etc; etc; etc.
Maracay.

Respetado General y amigo:

He tenido el honor de recibir su importante carta de 24 de los corrientes, con la cual se ha servido enviarme para ser colocado en el Museo Bolivariano, un anteojo de larga vista que perteneció a la Quinta Bolívar y que le fue regalado a usted por el doctor Elías Rodríguez. Este precioso objeto está en mi poder y haré entrega de él al ciudadano Director de los Museos Nacionales a fin de que le dé cuanto antes el destino que se ha dignado señalarle.

Siempre ha dado usted las más elocuentes manifestaciones de su gran aprecio por todas las reliquias que perpetúan la memoria del Grande Hombre y que constituyen un tesoro sagrado para la patria, y constantemente ha venido dando pruebas de su generosidad al enviar al instituto mencionado cuantos objetos históricos han llegado a su poder.

El pueblo venezolano sabrá agradecerle estos actos con que usted pone de manifiesto su veneración por la memoria de nuestro Libertador, y que llevan en sí, además de su alto mérito intrínseco, un magnífico ejemplo que se impone como una patriótica enseñanza a todos aquellos que poseen documentos u objetos históricos que no pueden ser dignamente conservados sino en poder de la Nación.

Preséntole mis congratulaciones por esta plausible determinación y soy su adicto amigo,

R. González Rincones.

(Publicado en "El Nuevo Diario", el 5 de agosto de 1919).


Fotografía actual del Catalejo perteneciente al Libertador Simón Bolívar, que fue obsequiado al Benemérito General Juan Vicente Gómez, Presidente de la República, y que donó al Museo Bolivariano de Caracas, Venezuela, el 24 de julio de 1919.

jueves, 6 de junio de 2019

INAUGURACIÓN DE LA ESTATUA DEL LIBERTADOR SIMÓN BOLĺVAR EN PARĺS (1933)


Este monumento dedicado a la memoria del Libertador Simón Bolívar, obra del escultor francés Emmanuel Frémiet (1824-1910), fue instalado originalmente en 1933, en la Plaza de la Porte Champerret, siendo posteriormente trasladado y colocado en Cours de la Reine al final del puente Alexande III en París (en el 8° distrito).

El monumento a la gloria de Simón Bolívar es la cuarta réplica de la edición original de una estatua ecuestre de bronce, realizada en 1900 y ofrecida por las Repúblicas de América Latina a la Ciudad de París en 1930, siendo inaugurada, el 17 de diciembre de 1933.

La inscripción en el pedestal menciona los países bolivarianos: Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia y Panamá, quienes donaron el monumento como un regalo a la ciudad de París con ocasión del Centenario de la muerte del Libertador. Por parte de Venezuela, correspondió al Gobierno del Benemérito General Juan Vicente Gómez, Presidente de la República, el aporte económico para su creación.


Artículo publicado en "La Revue Diplomatique" de Francia, el 31 de diciembre de 1933, destacando la fotografía del General Juan Vicente Gómez, Presidente de la República de Venezuela que, el 19 de diciembre, celebró el 25 aniversario de su llegada al poder. (Foto: Studio G. L. Manuel Fréres).

La ceremonia organizada con motivo de la inauguración de la estatua de Simón Bolívar. 

 El Jubileo del Presidente Gómez

Llegado al poder en 1908, el General Gómez tenía un lema, una frase simple que resumía todo un programa político, un ideal: "Paz y Trabajo". Superando todas las vicisitudes, luchando contra demagogos, instrumentos conscientes de la discordia y la guerra civil, nuestro Presidente, dice el Sr. Vallenilla Lanz, después del trabajo incansable de veinticinco años, tiene hoy la patriótica satisfacción como señal para ofrecer a los ojos del mundo un país pacificado, cubierto por bellas carreteras que unen entre ellas las ciudades construidas o reconstruidas, en un territorio de más de un millón de kilómetros cuadrados y cuyo crecimiento económico es un ejemplo de orden y previsión administrativa. 

Venezuela es quizás el único país del mundo en donde no hay deudas externas y donde los nacionales solo pagan pequeños impuestos indirectos. Todo esto es el resultado del trabajo de un hombre valiente, confiado en sí mismo y en las fuerzas internas del país.

Después de un cuarto de siglo, el General Gómez disfruta de un mayor prestigio que cuando fue elevado a la Magistratura suprema. Madurado por una larga práctica del poder, es el patriarca amado y respetado de todo un pueblo y uno de los más grandes políticos de nuestra América. 

La historia, la justicia imparcial de los hombres de estado, se encargará de juzgar al hombre y la obra, quienes siempre vigilan el presente y preparan el futuro del país. 

Convencido de que en las palabras de Emile Faguet: "La Patria es sólo la historia de la Patria", el General Gómez no se detiene durante el ejercicio de su mandato para elevar en Venezuela y el extranjero, monumentos destinados a dar a conocer a los pueblos las glorias de estos héroes venezolanos que como Bolívar, Miranda y Sucre, han trazado con sus hazañas las páginas más brillantes de la historia iberoamericana.

La inauguración de la estatua de Simón Bolívar tuvo lugar, el 17 de diciembre de 1933, en la Plaza Champerret, a las 10 a.m.

Las coronas se colocaron al pie de la estatua, que fue ejecutada por la casa de Leblanc-Barbedienne, por los representantes de las Repúblicas Bolivarianas y por el Presidente del Consejo Municipal de la Ciudad de París. 

Debido al rigor del clima, la ceremonia y los discursos que publicamos in extenso se pronunciaron en los salones del Ayuntamiento en presencia de todos los representantes de América Latina.

Un hermoso busto del héroe rodeado por las banderas de las repúblicas bolivarianas se había colocado frente al tribuno, y una música militar interpretó los himnos nacionales de las repúblicas. Un almuerzo finalizó esta brillante ceremonia a la que acudieron muchos invitados. 

DISCURSO DEL DR. LAUREANO VALLENILLA LANZ
MINISTRO DE VENEZUELA EN PARĺS, EL 17 DE DICIEMBRE DE 1933.

Dr. Laureano Vallenilla Lanz, Ministro de Venezuela en París.
(Foto: G. L. Manuel Fréres).


Ciudad de París (Francia), el 17 de diciembre de 1933. 

Representante del Presidente de la República de Francia,

Subsecretario de Estado de Asuntos Extranjeros,

Señor Presidente del Consejo Municipal,

Señoras, Señores, 

Las repúblicas americanas, nacidas en libertad por el genio de Bolívar, realizan hoy la promesa hecha hace tres años a la Municipalidad de París, por sus representantes diplomáticos al ofrecer a su ilustre ciudad este monumento cincelado por el genio francés, y que evoca para nosotros al padre de nuestra independencia, para ustedes un hijo espiritual de su patria, y para todos los hombres, un héroe del universo.

Con este homenaje, el General Juan Vicente Gómez, nuestro gran estadista, Presidente de la República de Venezuela y Rehabilitador de su país, quien tiene el honor de esta iniciativa, quiso dar prueba una vez de más de su admiración por Francia y su amor por las glorias de Venezuela, que también son glorias continentales.

Tanto por su amistad con América, solo por los recuerdos de Bolívar en París, y sobre todo por este ideal humano que el Libertador persiguió y ese es el de la Francia, su lugar, señores, estaba aquí. Por favor, aceptar la gratitud de las repúblicas bolivarianas para asignar esta ubicación a la estatua que hemos desvelado hoy.

Estos barrios, abiertos a una nueva actividad, están llenos de futuro. Ya una densa multitud camina a través de ellos o los visita. Los niños juegan en estas amplias avenidas. Les preguntarán, señoras, quién es el glorioso General que dibuja su figura en este rincón muy francés y parisino.

Dígales, le ruego, que es un hombre que vivió y amó París, que se mostró entusiasmado con todo lo que, en ese momento, fascinó el corazón de Francia y regresó a su país natal para lograrlo, a costa de una epopeya digna de las comparaciones más altas, la libertad de un mundo.

Desde París y Francia, Bolívar ha ganado muchos elementos de su genio en su misión histórica. Su infancia fue sacudida por la poesía de Jean-Jacques, criada por primera vez por lo que había generales y humanos en la filosofía de los enciclopedistas. Luego, puesto a prueba las duras realidades, sus teorías humanitarias han cambiado de acuerdo con las necesidades imperiosas de una naciente nación a la libertad. Pero todavía es hacia la mente francesa que gira entonces, Montesquieu, hacia este análisis profundo de las instituciones en su relación con la naturaleza humana y sus debilidades.

Finalmente, habiendo alcanzado la cumbre de la vida y el poder, Bolívar concibió, para la federación de los pueblos que gobernaba, un régimen tutelar y protector, que defiende a la sociedad contra las nubes de los teóricos, los excesos de la demagogia, las mentiras de quienes dicen al pueblo: "Tu libertad no tiene límites", en una palabra, un régimen que restaura los derechos de la realidad.

Las lecciones de la experiencia y las leyes de la vida, al tiempo que salvaguardan las preciosas conquistas que la voz de Francia había tomado por asalto al mundo: independencia de las naciones, libertades democráticas, respeto de las conciencias, igualdad ante la ley.

Pero de esta manera, damas y caballeros, Bolívar precedió a Auguste Comte y anunció a Hippolyte Taine. Después de recibir tanto de Francia, le advirtió a su vez.

Entonces, ¿no reconoces, en esta evolución de su genio, el curso correcto de tu siglo francés, tus entusiasmos, tus experiencias, tus conclusiones? Y en cuanto al siglo XIX, dominado de principio a fin por la democracia, este principio nuevo y todopoderoso ha proporcionado a Bolívar una unidad ardiente de su existencia.

Porque él siempre resistió las tentaciones que le prodigaban anular legalmente las conquistas de la revolución. Le dijeron: "Usted está instruido por el evento. Ir al final de la lección. Tomar la corona. Fundar una dinastía". Bolívar se negó. Y él respondió: "Colombia no es Francia y Yo no soy Napoleón. No quiero imitar a César ni a Iturbide. El título de Libertador es superior a todos aquellos a quienes el orgullo humano ha otorgado". Hasta el final, Bolívar resistió las tentaciones de un trono. Justificó la suposición de Benjamín Constant sobre él: "Si Bolívar muere sin ceñirse una corona, él será el hombre más grande de la historia".

Es en este punto, caballeros, que les pido permiso para abandonar el paralelo entre el genio de Bolívar y las ideas francesas. Nuestro héroe no fue un imitador, un importador de doctrinas, como aquellos hombres semi alfabetizados que, habiendo aprendido más que una teoría extranjera, pretenden aplicarla, sin medida ni restricción, a su propio país. Bolívar trabajó, no en teorías, sino en el corazón de las realidades americanas. Conocía todas las condiciones históricas y etnográficas. Su objetivo era trasladar a estos pueblos de las disciplinas coloniales a las disciplinas nacionales, las órdenes impuestas a las órdenes aceptadas, la servidumbre al servicio. Pero fue en América, y en esa parte de América que ha heredado de la geografía y la historia, una originalidad tan completa. Él legisló para ella, en primer lugar, lo que no le restó valor a su política estadounidense, ni a sus pensamientos, ninguna de las preocupaciones de toda la humanidad.

De modo que lo que diferencia la política de Bolívar de la política francesa, lejos de eso, la acerca. Francia siempre ha sido el campeón del espíritu europeo, el faro de la inteligencia mundial. El Libertador, también, siempre concibió a Colombia en América y América en el mundo. Al punto que concibió una Liga de Naciones Americanas, al convocar al Congreso de Panamá, Bolívar avanzó la Liga de Naciones; previó la necesidad de que los pueblos se unan en paz y se garanticen el respeto mutuo de los derechos de todos en una vasta armonía universal.

Este camino lo han trazado, las repúblicas de América que quieren seguirlo paso a paso. Mientras San Martín, el gran General argentino lideraba a su lado, en el otro extremo del continente, el trabajo sagrado de la Independencia, Bolívar realizó, por una campaña la Emancipación grandiosa del norte. Uno como el otro tenía que superar obstáculos que parecían estar por encima de la medida de la energía humana. Y uno y otro han dominado todo, como capitanes de genio, como estadistas, pero las circunstancias particulares le dan a Bolívar la gloria de unir a todos los ejércitos de la Independencia bajo las alas de una victoria que daría a cien millones los honores de la libertad.

Se imaginan ustedes, damas y caballeros, ¿cómo fue esta lucha y cuántos de nosotros, quienes salimos de estas peleas libres, revivimos, en este momento de apoteosis que premia París al Libertador, las horas espantosas en las que luchó contra los hombres y contra la naturaleza, entre las emboscadas del bosque y en medio de fieros compañeros lo que iba a hacer el héroe épico?

Bueno, ¿saben qué le confió Bolívar, escondido en el corazón más salvaje de las regiones altas de nuestro país, en vísperas de una batalla decisiva, al General Mosquera? Él le dijo: "Si no recordara que París existe y si no tuviera la esperanza de regresar algún día, no podría querer sobrevivir la lucha de mañana".

El precio de este tributo hecho allí en la selva tropical, durante la vigilia de las armas, es necesario para que valga la pena. ¿Sensibilidad y tu orgullo justo? ¿Qué resplandor tiene, entonces, tu adorable y sublime ciudad para que su luz atraviese el océano y así penetre, a través de la noche opaca, en las profundidades del corazón del hombre? ¿Qué canción, entonces, había oído Bolívar bajo las galerías del Palacio Real, qué pena era pensar en el salón de la señora de Villars, y especialmente, con qué dulzura la envolvió en la memoria de las armonías parisienses, que, cuando han sido probadas, llenan el alma y, para la vida, los consuelos más dulces de la tierra?

En esta cita, dada en París desde las profundidades de América, el destino impidió al Libertador estar vivo. Tuvimos que llevarlo allí, después de su muerte, en esta forma eterna. Se mantiene el juramento, se cumple la promesa. Te traemos Bolívar en bronce, pero con su corazón sobreviviente, lleno de gratitud y amor.

Señores de la Municipalidad de París, manténganlo como uno de los suyos. Te damos la imagen de un soldado de la libertad.

Laureano Vallenilla Lanz

(Artículo publicado en "La Revue Diplomatique" de Francia, el 31 de diciembre de 1933).