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viernes, 7 de febrero de 2025

EL FARO PARA LA AVIACIÓN EN VENEZUELA 1929

En uno de los Morros de San Juan, a 1.060 metros de altura sobre el nivel del mar, la luz señalará el rumbo de los aviones que en la noche necesiten orientarse para salvar los macizos de Cordillera entre Los Llanos del Guárico y los Valles de Aragua.

El tesón cultural y progresista del Benemérito General Juan Vicente Gómez, y la manera cómo se ejecutan sus iniciativas laboriosas en el Despacho de Obras Públicas.

El Ministerio de Obras Públicas trabaja activamente en la erección del Faro de San Juan de los Morros, obra que habrá de ser de gran utilidad para la aviación en Venezuela, pues en ella tendrá una guía precisa de primera magnitud para facilitar la navegación nocturna con fijación exacta de altura y rumbo hacia el Aeródromo de Maracay.

El lugar del emplazamiento es precisamente el pico más elevado de los llamados Morros de San Juan, a 1.060 metros de altura sobre el nivel del mar, y a 630 sobre el de la población de San Juan de los Morros, que a su vez está a 430 metros sobre el nivel marino.

Sitio hasta hace poco inaccesible por lo escarpado del terreno y por presentarse para su ascensión el grave inconveniente de la profundas grietas en las rocas que constituyen los macizos de los morros, fue ahora cuando el Ministerio de Obras Públicas pudo emprender la tarea de la instalación del Faro en la citada cima, valiéndose para ello de un grupo de obreros tiroleses contratados expresamente para el arriesgado trabajo, y quienes bajo la dirección técnica del ingeniero señor Carlos Blaschitz se ocupan ya en la construcción de las bases para la torre.

En las fotografías que aparecen en esta página, podrá comprobarse las dificultades que hubo que vencer y los peligros arrostrados para llegar a la eminencia y procederse a hacer la vía de ascensión acondicionada para subir los materiales, piezas metálicas y demás elementos requeridos por la obra. Para el caso hubo que tender escaleras, construir andamiajes convenientemente asegurados a las rocas y con pasamanos de apoyo.

Quedó así desde luego extinguido el mito antiguo de la imposibilidad de alcanzar el pico de referencia, al que muy pocos, si no nadie, habían logrado llegar.

Gracias a todos esos esfuerzos preliminares, coronados por fin con éxito, es que se está trabajando actualmente en la cumbre con relativas comodidades, pues se hizo además una instalación para subir el agua de consumo para la obra y los obreros y se ha instalado una tienda debajo de la cual se verá en uno de los grabados el depósito metálico para el líquido, que es impelido desde abajo por medio de tres bombas escalonadas en la línea de tubos de conducción paralela a la vía de ascenso.

La cumbre del Morro es el punto dominante en el abra que comunica los Valles de Aragua con los llanos guariqueños. El pico en donde se alzará la torre se divisa a simple vista en los días claros desde el corazón del Guárico y también desde los valles aragüeños. De modo, pues, que el faro allí instalado junto con otro que se erigirá en el cerro El Calvario, en Maracay, marcará con sus señales durante la noche la ruta segura a los aviadores para orientar su rumbo sin peligro por sobre los macizos de cordillera que se elevan interceptando las planicies de Aragua y Carabobo y las pampas.

De esa manera, Venezuela, que ha contribuido al desarrollo de la aviación suramericana con la creación y funcionamiento de una Escuela que ha dado ya pilotos de primera clase, entrará dentro de poco con otra grande y útil obra, exponente de sus esfuerzos en ese sentido, la cual traducirá prácticamente el tesón cultural y progresista del Benemérito General Juan Vicente Gómez, y la manera cómo se ejecutan sus iniciativas laboriosas en el Despacho de Obras Públicas.

(Publicado en el Periódico "El Nuevo Diario", el 24 de marzo de 1929).


sábado, 16 de julio de 2022

EL GENERAL GÓMEZ CONTRA LA ESPECULACIÓN 1932

A la izquierda: El Dr. Samuel E. Niño, Presidente del Estado Aragua. A la derecha: El Benemérito General Juan Vicente Gómez, Presidente de la República de Venezuela.

Como el tema nunca pierde actualidad y ahora tiene más que nunca, transcribimos un telegrama enviado, el 26 de de abril de 1932, por el Benemérito General Juan Vicente Gómez, Presidente de la República de Venezuela, al doctor Samuel E. Niño, Presidente del Estado Aragua.

El texto es el siguiente:

Maracay, 26 de abril de 1932.

Dr. Samuel E. Niño.

Presidente del Estado Aragua.

Maracay.

Como yo sé que los artículos de primera necesidad que son precisamente los que sirven de sustento a las clases pobres, se encuentran en gran abundancia por las magníficas cosechas del año pasado, y que los depósitos graneros de los agricultores están llenos, juzgo que no es equitativo ni lícito, el que los precios continúen altos en detrimento de los proletarios. Del mismo modo la harina de trigo, el arroz y otros productos que vienen del exterior han bajado allá y no hay razón para que continúen altos aquí. En esta misma fecha, hace cuatro años, me dirigí a usted por conducto del Ministerio de Relaciones Interiores, en idéntico sentido; hoy quiero repetirle que es necesario que usted dicte y lleve a cabo en su jurisdicción las más enérgicas medidas para evitar que los acaparadores sostengan el alza artificial de los frutos, e impedirles, por todos los medios a su alcance, la despiadada especulación a que se dedican.

Lo saluda su amigo,

Juan Vicente Gómez. 

¿Y la respuesta del doctor Samuel E. Niño? Léanla: 

Maracay, 27 de abril de 1932.

Señor General Juan Vicente Gómez.

Presidente de la República de Venezuela.

Maracay. 

Impresiones de muy elevada índole patriótica ha despertado en mí la lectura del importante telegrama de usted del 26 del presente, y acatando las superiores instrucciones avaloradas por su experiencia y su amor a la patria que con él se digna transmitirme, me complace decirle que el gobierno de Aragua que presido, desde este propio instante procede a desplegar por mediación de las autoridades civiles y municipales una perentoria, activa y eficaz campaña tendente a evitar los abusos del acaparamiento y del alza indebida e injustificada en los precios de los artículos y frutos de primera necesidad para el consumo diario.

Como usted sabe Aragua es el granero del centro y con la solícita y paternal medida que usted me indica, alcanzarán indudablemente mayor bienestar las clases pobres. Al rogar a usted acoger las efusivas congratulaciones que por tan grato motivo le envío, ofrézcole que aquí permanecerá vigilante la acción gubernativa para impedir las ilícitas especulaciones al que alude el trascendental despacho telegráfico que me honro en dejar contestado.

Respetuosamente lo saluda.

Su amigo y subalterno,

Samuel E. Niño. 

(Telegramas publicados en el Diario "El Universal", el 26 de noviembre de 1995, en la columna "Miraflores a la Vista" de Jesús Lossada Rondón).


viernes, 25 de marzo de 2022

PRENSA DE PUERTO RICO HABLA SOBRE VENEZUELA Y EL GENERAL GÓMEZ 1932

 

El Benemérito General Juan Vicente Gómez, Presidente de la República de Venezuela.

Interview que le fue hecha a nuestro Director por el viril Semanario "J’Accuse" de San Juan de Puerto Rico.

Interesante Entrevista – La Situación de Venezuela.

Lo que nos dice Gastón de Lis.

"El General Gómez es sencillamente ésto, a mi parecer, un cerebro demasiado equilibrado, un corazón gigantesco, abierto a toda obra de bien, y una envergadura a tono con ese cerebro y ese corazón". 

Aprovechando la corta estadía del conocido periodista puertorriqueño, Sr. Gastón de Lis, en esta ciudad, quien hace años reside en Venezuela, y es un decidido admirador de aquella gloriosa tierra, donde dirige una importante Revista ilustrada "Maracay Gráfico", tratamos de recoger sus impresiones, para llevarlas a nuestro semanario, y darlas a conocer a nuestros numerosos lectores.

Gastón de Lis es y ha sido en todos los momentos uno de nuestros más viriles periodistas, cuya pluma amena y galante ha autorizado bellas crónicas en todos nuestros diarios y Revistas, habiendo conquistado siempre en nuestra juventud intelectual un puesto de distinción. Hace años partió para Venezuela, país que defendió siempre, y sobre todo a su Gobierno progresista y ordenado, ya que él ha sido siempre un decidido amigo del Benemérito Gral. Juan Vicente Gómez, actual Presidente Constitucional de aquella gloriosa República hermana, a quien se debe el pujante desarrollo que ha sabido conquistar Venezuela en los últimos 24 años, donde el Ilustre Benefactor dirige tan sabiamente los destinos de la Patria de Bolívar. Gastón de Lis ha hecho fuertes campañas por Venezuela, haciéndole justicia a la obra cumbre del General Gómez, defendiéndole virilmente de todos sus enemigos gratuitos con su pluma cortante y sincera. Pero sus principales campañas fueron en Colombia, Santo Domingo y Puerto Rico, y en el periódico "Las Novedades" que se editaba en New York.

Después de un ligero cambio de impresiones con el viejo amigo y compañero, nosotros que como él somos amigos decididos de la obra grande del General Gómez, le destapamos a quema ropa la primera pregunta. 

¿Cómo está el General?

Perfectamente, con el corazón en la mano para repartir el bien a todas horas, y dispuesto a perdonar y a proteger a todos sus enemigos políticos, que más que, de él, son enemigos de su misma patria. El General Gómez es un hombre sencillamente extraordinario, cuyo cerebro y cuyo corazón están al servicio de la patria y de la humanidad. Su obra es la más grande realizada en toda la América, ya que su Gobierno no tiene otra norma que Orden, Paz y Trabajo. 

¿Cuál es la situación económica de Venezuela?

Indudablemente Venezuela ha sufrido algo en esta profunda crisis económica mundial, pero en relación al resto de los otros países del mundo, Venezuela tiene actualmente una brillante situación económica. Un país que gracias al equilibrio de su Gobierno y a la administración del General Gómez, ha podido, cuando todos los países empeñan su crédito, el salvarlo, no teniendo una sola deuda exterior, ya que gracias a un decreto especial del General Gómez el día del Centenario de la muerte de Bolívar, se saldó de un plumazo la vieja deuda externa que pesaba sobre Venezuela, desde los remotos tiempos de su emancipación.

Venezuela no tiene una sola deuda externa, y sus entradas sabiamente administradas dan para cubrir todo su presupuesto, quedando siempre un sobrante que se emplea en obras de progreso, en carreteras, en Instrucción Pública, en fomento, en darle trabajo a todo el mundo, para que haya pan y felicidad en todos los hogares. 

Dígame algo más del General Gómez.

De este gran hombre se puede decir tanto, y todo lo que se diga es siempre pálido al compararlo con la realidad. Para medir el valor intrínseco de este patriota, se necesita antes haber vivido algunos años a su lado, para poder apreciar en toda su magnitud su obra y recibir los reflejos de toda la grandeza de su alma. El General Gómez es sencillamente ésto, a mi parecer, un cerebro demasiado equilibrado, un corazón gigantesco, abierto a toda obra de bien, y una envergadura a tono con ese cerebro y ese corazón. 

¿Cuál es la característica principal del carácter venezolano?

La bondad, nos contesta sin vacilar el señor Gastón de Lis. El venezolano, prosigue nuestro viejo compañero, es leal y es bueno, es un enamorado de sus tradiciones y de su tierra, y en todo es siempre un hombre y un caballero. 

¿Y que tal del Caracas social y deportivo?

Caracas es sencillamente una ciudad encantadora, cuya cultura y hospitalidad es tradicional. Una bella ciudad, divertida y alegre, donde sus más bellas flores son sus mujeres. Y sobre deportes les diré que Caracas está hoy a la altura de cualquier capital del mundo, allí los deportes se desarrollan de una manera asombrosa. Actualmente, se celebra un campeonato de Baseball, en el que toman parte distintos clubs, formados por estrellas cubanas, puertorriqueñas, dominicanas y americanas. El entusiasmo es colosal. Se juega mucho Football, Volley-ball, Basketball, Tennis y toda clase de deportes. 

¿Es verdad que la última temporada hípica tuvo algunas dificultades?

En absoluto, la temporada hípica estuvo de lo más brillante, se cerró con un soberbio programa a beneficio de la Cruz Roja Venezolana. Desde luego en todo siempre hay descontentos, y éstos por lo general son los fracasados en sus propósitos no sanos. Del esplendor de esta temporada pueden hablar los jockies puertorriqueños que corrieron en aquel hipódromo, que todos regresaron contentos, y dispuestos a volver para octubre 12 que se abre de nuevo la temporada hípica. Por informe de algunos amigos jockies, en la próxima reunión del Jockey Club se propondrá como socios de honor a los gentiles caballeros y distinguidos deportistas Juan Vicente Gómez, hijo, y Florencio Gómez, de quienes recibieron todos los jockies puertorriqueños toda clase de gentilezas y cortesías.

Gastón de Lis nos sigue hablando con entusiasmo y con sinceridad de los jóvenes Juan Vicente y Florencio Gómez Núñez, quienes en todos sus actos son un brillante reflejo de la educación ejemplar que les imprimió su cariñoso padre, el Benemérito General Juan Vicente Gómez, padre también de esta Venezuela nueva, progresista y grande. 

(Entrevista publicada en la revista "Maracay Gráfico", N° 51, el 30 de julio de 1932).


martes, 15 de marzo de 2022

SERGIO MEDINA, DESTACADO POETA VENEZOLANO

 

Sergio Medina, el gran poeta aragüeño, de La Victoria, gloria de la literatura venezolana.

Con la muerte de este notable poeta pierde Venezuela uno de los típicos representativos de su parnaso.

Sergio Medina, iniciado en las Letras en los primeros años del presente siglo, por la sugerencia de sus poemas, forjados dentro de las normas clásicas del verso castellano, logró cantar con toda justeza los paisajes, las costumbres y bellezas de la región aragüeña de donde era nativo.

En "El Cojo Ilustrado" y en todas las demás revistas y periódicos nacionales, las producciones de Sergio Medina tuvieron puesto de preferencia, ya que en ellas se juntaban alto lirismo, originalidad, belleza y un infinito amor a nuestra tierra.

En 1913, publicó en la misma empresa editora de "El Cojo Ilustrado" su primer libro "Poemas de Sol y Soledad", que fue recibido con beneplácito, no sólo en Venezuela sino en España y en la América Latina.

En 1928, apareció en la Editorial Élite "Cigarras del Trópico", otra colección de admirables poemas, que dieron aún mayor renombre a su conspicua personalidad.

La tenaz enfermedad que desde hace algún tiempo minara lentamente su organismo y que lo llevó a la tumba, rompió sus ilusiones y no le dejó concluir otra obra que preparaba, intitulada "La Posada de la Estrella".

Sergio Medina ha muerto en la mitad del camino de su vida, cristianamente, y en los días en que las cigarras anuncian en los campos de su Aragua querida las primeras lluvias y la llegada de la Primavera, a la que tan admirablemente supo cantar.

Su sepelio, efectuado ayer en La Victoria, fue una imponente demostración del alto aprecio en que se le tenía y del pesar que en aquella ciudad y en toda la República ha causado su eterna partida hacia lo ignoto.

"Élite" hace suyo este duelo de la Poesía venezolana y acompaña en su dolor a la señora madre, hijos y demás deudos de Sergio Medina.

(Publicado en la Revista "Élite", el 8 de abril de 1933). 

 

"JUNTA PRO HOMENAJE SERGIO MEDINA"

El insigne poeta Sergio Medina, gran amigo y leal servidor del Benemérito General Juan Vicente Gómez, Presidente de la República de Venezuela.  

Por unanimidad de votos de la antedicha Junta, fue designado su Presidente Honorario, el Benemérito General Juan Vicente Gómez, Presidente de la República y noble propulsor de las letras nacionales. 

Con el noble propósito de rendir un homenaje a la memoria del poeta Sergio Medina, restado hace poco al grupo de la intelectualidad venezolana, se ha constituido una Junta Directiva en la ciudad de La Victoria, en la siguiente forma:

Presidente, Carlos R. Aponte; Primer Vicepresidente Trino Celis Ríos; Segundo Vicepresidente, Manuel Betancourt; Secretario, R. Yanes González; Subsecretario, Ángel Raúl Villasana; Tesorero, Cnel. Gregorio Vegas y Subtesorero, Ángel Meyer.

Por unanimidad de votos de la antedicha Junta fue designado su Presidente Honorario el Benemérito General Juan Vicente Gómez, Presidente de la República y noble propulsor de las letras nacionales.

Miembros honorarios: Dr. Rafael Requena, Dr. Samuel E. Niño, Cnel. Gonzalo Gómez, Teniente Cnel. Ignacio Andrade, Juan Vicente Gómez hijo, Florencio Gómez Núñez, Cnel. Benjamín Olivieri, Rafael Ángel Arráiz, Dr. Ramón Ignacio Méndez Llamozas, Cnel. Rafael V. Arvelo, Gral. Vincencio Pérez Soto, Dr. Juan Francisco Castillo, Dr. Julio de Armas, Dr. Antonio Alamo, Dr. Santiago Siso Ruiz. Dr. Fulgencio C. Carías, Dr. Carlos Siso, Dr. J. A. Vicentelli, Dr. J. A. Tagliaferro, Dr. P. E. Gutiérrez Alfaro, Dr. Luis Ramos Sucre, Dr. Nicolás Cárdenas Farías, Dr. L. Codecido, Dr. Pedro José del Corral, Dr. Franz Conde Jahn, Dr. Julio Consalvi; y Vocales: Pedro Brea, Carlos Bejarano García, Francisco de Paula Páez, Sanabria Méndez, Pbro. Marco H. Ferreira, Dr. Hilario Cabrera Díaz, Pbro. Dr. Gregorio Adam, Andrés Pacheco Miranda, J. M. Álvarez Jaramillo, A. S. Espinoza, Carlos Blank, Miguel Ángel Álvarez, Lucio M. Peralta, Aníbal Paradisi, Luis Alvarado, Alfredo Pacheco Miranda, Ángel S. Yoris, José Liserio Salas, Prof. Hermes Romero V. (Romis), Rafael C. Figuera, Héctor Álvarez Delgado, Miguel Villasana, Luis Ojeda Méndez, Luis Tovar Jiménez, Manasés Edo. Capriles, Daniel Villasmil, J. B. Arrechedera, Augusto Padrón, Humberto Blanck, Manuel Ochoa, José Miguel Ferrer, Alberto E. Michelena, Leoncio Martínez (LEO), Pedro Sotillo, J. A. Cova, Ángel Corao, Ramón David León, Manuel F. Rodríguez, M. Mirabal Ponce, Srta. Graciela Martínez Espino, Rafael Jiménez, Francisco Ramón Martínez, Fernando Bosch Landa, Luis Isidoro Rodríguez, P. R. Busnego Martínez, J. I. Iturzaeta, Cmdte. Edmundo J. González, Jesús A. Tenreiro, José Manuel Faverola, Fernando García Jiménez, Aguedo Felipe Vásquez, José Helímenas Barrios, Hugo Olivares, Candelario Matos y Guillermo Oviedo.

La Junta “Pro Homenaje Sergio Medina", puede contar con todo el concurso moral y material de "ÉLITE" en su justiciero objetivo.

(Publicado en la Revista "Élite", el 13 de mayo de 1933).


viernes, 4 de febrero de 2022

DISCURSO DE SERGIO MEDINA EN LA CASA DE BOLĺVAR DE SAN MATEO 1925


Sergio Medina, el gran escritor, poeta y orador, nacido en La Victoria, Estado Aragua. Uno de los máximos representantes de los más altos valores poéticos de Venezuela.

PALABRAS DE SERGIO MEDINA EL DĺA DE LA PAZ

Señor Presidente del Estado; Señor Secretario General de Gobierno; Señoras y Señores: 

Ni aun así, prestándole a mi numen un reflejo del fuego sagrado que despide la inmortalidad de esta colina; ni aun deslumbrado por la triple y radiante aureola de tradición, de sacrificio y de victoria que rodea la santidad de esta Casa; ni aun, repito, alzado como he sido por obra y gracia de la benevolencia del Gobierno de Aragua, hasta esta cumbre de gloria y de martirio, Tabor y Calvario de la Gesta Magna, alcanzo a comprender cómo puedo atreverme a levantar la voz, siquiera sea para orar en este gran día religioso de la Paz, como en un Santuario, en el heroico solar de los Bolívares. 

Tal símbolo es perfecto. Yo siento divagar, apegada a la herrumbe secular de la casona agraria, toda vestida de marcialidad y de luz, como en el pugnaz alborear de la Epopeya ante el dorad y tranquilo espigar de los vecinos campos, o la siega flamígera de las lanzas de Boves, la sombra augusta del Padre de la Patria. Lo siento llegar, transfigurada de amor y de fe, con aquel amor suyo inapagable y aquella fe de taumaturgo, porque sabe que si la última y doliente voluntad de Santa Marta se dispersó, como inútil semilla, arrebatada durante una centuria por el ala trágica de las tormentas intestinas, la simiente de oro halló al fin gesto de sembrador y óptimo surco en la mano hidalga y el corazón bizarro del General Juan Vicente Gómez. Como en la evangélica dulzura de Pedro, el místico ensueño del rubio pastor de Galilea se hace piedra angular de la Iglesia de Cristo, de igual modo el pensamiento y la obra del creador de la Gran Colombia, se hace fundamento de paz en el formidable expugnador de Ciudad Bolívar, y edificación de patria real y espiritual en el repúblico del 19 de diciembre, General Juan Vicente Gómez. 

Más aún. Parece ser aquí, frente al épico asombro de las ruinas de San Mateo y la prodigiosa esmeralda del valle que fulge engastada en el corazón de la campiña aragüeña, donde mejor pudieran asimilarse, complementándolas y prologándolas en una egregia exaltación de epinicio, las dos grandes figuras históricas que atraviesan con paso firme, labrando y floreciendo paralelamente, el plano inquietante de la Nacionalidad. 

Porque ambos, el creador y el fecundador tuvieron siempre delante de sí, paradigmas de fortaleza y elevación, la ponderosa y serena expresión de las montañas: el Ávila, que opone al mar su pecho de granito y la pensativa diuturnidad de sus neblinas; y los Andes, sobre cuyo recio espinazo continental, de un salto y a horcajadas, como sobre el potro del escudo, echó a caminar hacia el prodigio, dando cintarazos de victoria, entre aletazos de cóndores y familiaridad de estrellas, el Genio Redentor de América. 

Y porque es aquí, precisamente, donde el romántico agitador de 1810, prendido aún a su corazón el fresco ramo de violetas de la viudez, o mal curado de los ardientes besos de Fanny de Villars, de retorno de los tumultuosos debates de la "Sociedad Patriótica", o bien requerido por los quehaceres del Mayorazgo, solía nutrirse de su medular Rousseau, mientras la oscura servidumbre hormiguea entre los verdegayes del cultivo y la eglógica mansedumbre de los bueyes rotura de la heredad. ¡Con qué nerviosos pasos por estas galerías, oyendo el ancestral grito vasco, ejercitaba sus gerifaltes de antaño, en ideológicas cetrerías, el futuro Libertador! 

Llamado a incorporársele en el dominio de la Historia, desde la cronológica conjunción del natalicio, hasta aparecer dentro de un paisaje semejante, bien que más allá, en la geórgica estribación de la Cordillera, participando de las ideas del filósofo ginebrino en la sencilla y fuerte didáctica de la Naturaleza, disciplinó igualmente sus energías de conductor de un pueblo, quien sintiendo robusto el brazo para la espada y la noble aptitud cívica para sobrellevar el mando de la Magistratura, habría de realizar más tarde según el concepto feliz de Carlos Borges, los maravillosos trabajos de Hércules de la Rehabilitación Nacional.

Sergio Medina.

(Publicado en el Periódico "El Nuevo Diario", el 25 de julio de 1925).


viernes, 7 de enero de 2022

EL DĺA DE LA PAZ EN EL ESTADO ARAGUA 1925

 

El Benemérito General Juan Vicente Gómez, Presidente de la República de Venezuela, ante la estatua del héroe Antonio Ricaurte, acompañado por su distinguida comitiva, visitando el "Museo Bolívar" en San Mateo en 1925. 

El General Juan Vicente Gómez coloca personalmente la primera piedra del Monumento decretado por el Gobierno del Estado en el histórico sitio de La Puerta. Patrióticos discursos del doctor Damas Blanco y del Teniente Lavado Isava. El Caudillo de la Paz, acompañado de su distinguida comitiva, visita el "Museo Bolívar" en San Mateo, que es otro de los grandes homenajes que el General Gómez ha consagrado al culto de los Héroes y a las glorias de la Patria. Elocuente oración del escritor y poeta Sergio Medina.

Maracay, 21 de julio de 1925. Grandiosa solemnidad han revestido todos los actos celebrados hoy por el Gobierno y pueblo de Aragua en conmemoración del Día de la Paz, aniversario de la famosa victoria de Ciudad Bolívar, alcanzada por el Benemérito General Juan Vicente Gómez en pro de esta era fecunda de progreso y de prosperidad nacional.

Después del Te Deum, cantado en la Santa Iglesia Parroquial de esta ciudad, en acción de gracias por los beneficios recibidos, al amparo de este régimen de orden y de positivo engrandecimiento que el infatigable patriotismo del General Gómez ha fundado y mantenido gloriosamente. El Teniente Coronel Ignacio Andrade, Presidente del Estado, en compañía de su Secretario Privado, de distinguidas personalidades políticas y de la Milicia, del Ejecutivo Regional y de la Magistratura Judicial y de numerosas y distinguidas familias de la sociedad de Maracay, se dirigió al histórico sitio de La Puerta en donde a las diez de la mañana recepcionó al Benemérito General Presidente Constitucional de la República, actualmente de residencia en el balneario de San Juan de los Morros, quien luego colocó la primera piedra del soberbio Arco conmemorativo que el Gobierno de Aragua erigirá en el célebre paraje.

Después fue leído el Decreto dictado al respecto por el Magistrado aragüeño, e hicieron uso de palabra, exponiendo brillantes y adecuados conceptos, el doctor Diego Damas Blanco y el Teniente Guillermo Lavado Isava. La comitiva del señor Presidente del Estado, así como las respetables familias y los honrados y laboriosos ciudadanos que de todos los pueblos de tránsito, asistieron a presentar sus parabienes al Ilustre Jefe del País, fueron amablemente agasajados por el noble Caudillo y su leal Teniente el General José Vicente Gómez, siendo obsequiados al mediar el día con un almuerzo en el propio sitio inmortalizado por tres bizarras y sangrientas jornadas de la Patria.

PALABRAS DEL TENIENTE GUILLERMO LAVADO ISAVA

EN LA PUERTA (EDO. GUÁRICO) EL 21 DE JULIO DE 1925

Benemérito General Juan Vicente Gómez, etc., etc., etc.

Si más allá de la tumba les fuese dado a los hombres contemplar el pasado, cuál no sería el orgullo de nuestros ilustres patricios ante la consagración de su esfuerzo, hecho verbo y carne por obra y gracia de la pulquérrima inteligencia de un hombre, digno de otras edades, que siguiendo la orientación que le demarca su espíritu de patriota, no ha hecho otra cosa sino inspirarse en aquellas prácticas republicanas y formar un solo haz de todos los propósitos de reconstrucción nacional que bullían en la mente de los libertadores, para ofrecerles a la Patria convertidos en la más encantadora de las realidades.

La Soberanía, esa Deidad maravillosa por la cual han luchado los pueblos a través de las edades, muestra hoy su clámide fulgurante en la vigió de nuestra bandera, que como dije en cierta ocasión, simboliza con su tinte amarillo: el oro de nuestras cosechas y de nuestras minas, con el azul: la limpidez de nuestro cielo, y con el rojo: la púrpura de nuestras venas, que en más de una ocasión se ha derramado a borbotones por el honor, por la Patria o por la dama.

La Paz esa Hada bondadosa por la cual suspiraba el nuestro ya casi en agonía, tuvo su proclamación absoluta en Ciudad Bolívar, el 21 de julio de 1903 y desde entonces los pesados bueyes movieron el arado, fructificó la simiente, se avivó la lumbre en el hogar, hubo pan para todos y un himno prepotente y sonoro se alzó de ámbito en ámbito, atravesó llanuras, tramontó montañas y fue la voz de un pueblo entero que tributó ese homenaje al Fundador de la Paz.

El Trabajo, ese Titán que levanta naciones e independiza al hombre, tiene abierta hoy una ancha vía para su desenvolvimiento. El mismo brazo fuerte que pacificó los pueblos es el mismo que nos está enseñando a trabajar. Por eso vemos siempre al General Juan Vicente Gómez, ya en la dehesa seleccionando sus crías, ya ante el surco abierto contemplando el primer brote, ya entre el ruido ensordecedor de las fábricas, con la infatigable voluntad de un héroe; pero del héroe del trabajo, que ha entregado la espada a merced de la herrumbre, convencido de que es hoy arma inservible para las conquistas del trabajo, que es la obra del porvenir.

La Unión, esa es la síntesis complementaria de la perfectibilidad de la Empresa. Por eso acaba de llamar a todos los venezolanos de allende la frontera, les ha abierto los brazos y con el corazón en la mano les ha dicho que vengan a prestarle su colaboración, que lo acompañen hacia el porvenir como buenos hermanos que sólo deben pensar en que existe una madre, que es la Patria y que es deber de buenos mantener esa madre al amparo de las más altas dignidades.

Soberanía! Paz! Trabajo! Unión!, que es amor, forman el único credo del Caudillo, la única aspiración de su vida, porque sabe que al abrigo de esas gloriosas deidades es que se fundamentan las naciones y se hace labor de Patria.

La Patria! Nunca como ahora se ha mantenido en alto su renombre. La historia de sus grandes hechos y la gloria de sus ilustres varones han encontrado en el alma del Conductor de Venezuela el fervoroso culto, que sólo saben sentir los predestinados por Dios para magnas empresas.

Así ha tenido la suerte de celebrar entre nosotros las fechas más culminantes de nuestra epopeya, y por eso le vemos hoy aquí, sobrecogido en un religioso sentimiento patrio, tributando un homenaje más a nuestros inmortales, sobre el propio campo donde la sangre formó arroyos ante el empuje férreo de los lanceros a Boves el 15 de junio de 1814, y en donde Morillo cuatro años después, logró arrancar del seno mismo de la contienda el título de Marqués de La Puerta.

Pero si fue nefasto y trágico para el Libertador este glorioso sitio de La Puerta, si tantas penalidades acarreó a los patriotas, no lo fue así para el Caudillo de Diciembre, vencedor aquí mismo de los generales Luciano Mendoza y Antonio Fernández, sonados y audaces combatientes de nuestras ya olvidadas revueltas intestinas.

Quién habría de pensar al correr de los tiempos uno de los ilustres vencedores en La Puerta viniera a gratificar a los vencidos de ayer. Hechos son estos que sólo ocurren en la vida de un hombre que como la del General Gómez ha sido creada para cumplir altos designios.

Por eso digo al empezar, en la íntima convicción de que un vuelo de águilas saluda la verdadera patria que soñaron nuestros libertadores, que si más allá de la tumba les fuese dable a los hombres contemplar el pasado, Bolívar estaría hoy de fiesta en el seno de los Inmortales.

Teniente Guillermo Lavado Isava.

Una gran congregación del pueblo de Aragua, durante la celebración del Día de la Paz, el 21 de julio de 1925. (Foto: Guerra Toro).

A la caída de la tarde, la patriótica romería encaminó a otro santuario de la Gesta Magna: la Casa de Bolívar en San Mateo. Una interminable fila de automóviles conteniendo la selecta concurrencia, ganó recientemente el pueblecito en que demora el famoso ingenio, arrimado al pie de la colina memorable, donde se alzan la estatua de Ricaurte y la antigua mansión señorial de los Bolívares. La Banda Gómez ejecutó el Himno de Aragua y en medio de religioso recogimiento que el sagrado recinto impone, se produjo en una resonante oración, en homenaje a la significación del gran día a los merecimientos del prodigioso hombre de Estado que rige nuestros destinos y a la heroica remembranza del sitio, el aplaudido poeta Sergio Medina.

Esta noche lucirá una espléndida iluminación eléctrica la plaza Girardot, ejecutará la Banda Gómez una retreta especial y se quemarán fuegos pirotécnicos, habrán funciones cinematográficas y un sarao en el Club Maracay.

De esta manera, el Gobierno y la sociedad y los industriosos hijos del pueblo, mancomunados en un vivo sentimiento de gratitud, han festejado y continuarán haciéndolo hasta el 24, natalicio del Libertador y del Rehabilitador de la Patria, este día consagrado ya a honrar por siempre la fructuosa Paz de Venezuela. 

(Publicado en el Periódico "El Nuevo Diario", el 23 de julio de 1925).


miércoles, 1 de diciembre de 2021

JUAN VICENTE GÓMEZ ERA EL ÚNICO HOMBRE ORGANIZADO DE SU ÉPOCA

 


Dice el periodista e historiador Luis Cordero Velásquez, quien prepara otro libro sobre el hombre de "La Mulera".

¿Por qué Gómez? es la pregunta para el periodista e historiador Luis Cordero Velásquez, quien prepara el libro "Gómez y una ciudad" y recientemente ha editado "La ciudad vegetal".

En cada una de sus obras surge la figura de Juan Vicente Gómez, como si al apenas tomar la máquina de escribir se apareciera el hombre de "La Mulera" y poniéndose cómodo al frente le dijera:

"Ajá, Luis, en ese capítulo me metes a mí".

Luis Cordero Velásquez, responde directamente:

"Tuve un tío mayor que papá, el cual era gran amigo de Gómez, allá en Maracay. Ese tío contaba en conversaciones de sobremesa las cosas que hacía y decía Juan Vicente Gómez…luego, cuando sentí posteriormente el deseo de buscar datos sobre la historia de Maracay, me salía Gómez por todas partes, en todos los materiales, y me dije: éste es un personaje muy importante"…

Sentí deseos de examinar a Gómez de una manera imparcial, porque siempre fue visto o por amigos o por enemigos. He tratado de situarme en el país al cual llega Gómez como Jefe de Estado en 1908".

Pero tiene que haber un atractivo especial en el personaje, para interesarse de esa manera…

"Sí, dentro de una Venezuela desangrada por cien años de guerra y privaciones, el único hombre organizado era Juan Vicente Gómez. En sus años mozos vio como su padre, Pedro Cornelio Gómez, comenzaba a estructurar lo que más tarde se conoce como el clan de "La Mulera". Esa hacienda estaba situada en los límites con Colombia y ellos hacían operaciones mercantiles. Esa estructura organizativa la traslada Gómez al poder y por eso permaneció tanto tiempo mandando…

Ninguno de los otros caudillos tenía condiciones para poner visos organizativos a un país que era una vaina sin pies ni cabeza".

Ideológicamente, ¿cómo definiría a Gómez?

"Como un hombre práctico, enemigo de la guerra, y de quienes consideraba sus enemigos. Era un hombre con ganas de conservar buenas relaciones con los países y se entendía rápidamente, dentro del contexto de los negocios con los representantes de las empresas foráneas. La concepción ideológica que había en Venezuela era la liberal, que se acercaba al positivismo. Pero Gómez esencialmente era un hombre práctico". 

¿Era un hombre práctico cuando se instaló en Maracay, en vez de gobernar en Caracas?

"Por supuesto. En esa época el brazo derecho de quien gobernara el país, no eran ni el Ministro de la Defensa ni cualquier otro, sino el presidente del Estado Aragua, porque toda Venezuela tenía que pasar por esa región para llegar a Caracas y si Aragua se alzaba podía tumbar a cualquiera… Aragua era la llave del país".

Luis Cordero Velásquez me contó algunas anécdotas de Gómez, que había oído cuando niño en las sobremesas de su casa paterna, contadas por aquel tío que era gomecista. Cuando se fue, parecía solitario, pero a sus espaldas, en el pasillo, alguien como que carraspeó y dijo: Ajá.

(Publicado en el Diario "El Nacional", el 27 de diciembre de 1980).

 

jueves, 1 de julio de 2021

MARACAY, EJEMPLO DE MODERNIDAD Y DESARROLLO 1931

 

Las magníficas obras construidas en Maracay, se deben al Benemérito General Juan Vicente Gómez, Presidente de la República de Venezuela, gran benefactor de la ciudad en su progreso y desarrollo.

Caracas, febrero de 1931. En medio de los anchos y encantadores valles de Aragua, Maracay se perfila con caracteres propios. Cerca del lago que pone su nota de belleza en esos parajes, bajo su cielo siempre luminoso, exhibiendo sus arboledas opulentas y típicas, dotada de un clima excelente y favorecida, en fin, con los más preciosos dones de la Naturaleza, Maracay parece estar predestinada a un futuro envidiable.

En Benemérito general Juan Vicente Gómez, Rehabilitador de Venezuela, cuyo culto por las bellezas naturales es bien conocido de propios y extraños, le ha profesado su cariño benéfico a los valles de Aragua, fomentando en ellos, con la energía proverbial de su carácter, estas dos fuentes inagotables de bienestar y de riqueza: la Agricultura y la Cría.

De ahí el rápido florecimiento de Maracay. El arado surcó la tierra, las reses poblaron las llanuras, y ya hoy las fábricas se yerguen victoriosas en la ciudad, y ninguna región de Venezuela es tan industrial y progresista como ésta.

Todo progreso prepara progresos.

Maracay es un exponente extraordinario de la enorme obra civilizadora realizada en el país, durante los últimos veintidós años, por la Rehabilitación Nacional. Así como Venezuela era una nación sin importancia ante el extranjero, nación pobre, cargada de compromisos que ya parecían incancelables, mal administrada y en perpetuos estremecimientos revolucionarios, y hoy se destaca, en el concierto de las naciones civilizadas del orbe, como nación rica, sin deudas, bien organizada, gozando de una paz inconmovible, base del trabajo enaltecedor, del mismo modo la ciudad de Maracay, de triste y desierta que se hallaba, a pesar de sus naturales privilegios, se encuentra hoy densa en población y fuerte en progreso, contándose entre las tres primeras y más hermosas capitales del país.

La labor engrandecedora emprendida por el Benemérito General Gómez, no descuidó ninguno de los medios necesarios al desarrollo de sus programas básicos. Esa red de carreteras, admiración de nacionales y extranjeros, no es obra del capricho, sino que obedece a un plan fundamental, concebido en obsequio de nuestra Venezuela modernizada y en ruta a un porvenir cada vez más dichoso. De un extremo al otro del país, se corre en automóvil como al través de una ciudad de fino pavimento. Cuántos beneficios para todos, de esta gran facilidad y rapidez increíble! Maracay está unida a Caracas por una vía ancha y limpia que, a moderada velocidad, atraviesa un automóvil en tres horas. Se echa pie a tierra, no como después de un viaje, sino como al terminar un paseo.

Paseo encantador, por cierto!

Hermosos paisajes, perspectivas que invitan a seguirlas, arboledas umbrosas, llanuras inmensas, cumbres en perennes verdor primaveral, claridades infinitas, se le van ofreciendo, como generosos regalos de la Naturaleza, a la atención subyugada del transeúnte. Pronto penetra éste en Maracay, la Ciudad Jardín le muestra su perfección arquitectónica y su riqueza monumental. La Plaza Bolívar, que es la de mayor amplitud y más elegante corte simétrico consagrada en el mundo al Héroe Máximo de la Independencia Americana, cautiva poderosamente la atención del que llega. En el centro de la Plaza, donde hacen cruz despejadas y bellas avenidas, se eleva el bronce marcial y heroico del Libertador. Allá el Hotel Jardín, obra maestra de arquitectura; aquí los Cuarteles de Infantería y Caballería, modelos en su género, formando todo un conjunto de armónica plasticidad imponente. El Gran Mariscal de Ayacucho y el Héroe de Las Queseras, se levantan inmortalizados en bronces arrogantes. El culto que por los Héroes inauguró el Benemérito General Juan Vicente Gómez en nuestra Patria, tiene también en Maracay sus templos!

Incomparables paseos nos aguardan. El de la Laguna, sin igual en América, y el de Las Delicias, sin igual en el mundo. El Jardín Zoológico asombra y admira a los mismos que han visitado el de Amberes.

A las siete de la mañana, cuando ya los resplandores del sol aragüeño calientan los valles generosos, cruza el espacio, veloz y trepidante, un aeroplano de la Escuela de Aviación. Y es así como, sobre las bellezas naturales del paisaje, vemos deslizarse los progresos de la mecánica moderna.

Salimos de Maracay. Van con nosotros imborrables recuerdos, anhelos de volver, nostalgias recientes… La Plaza Bolívar, la estatua del Libertador, los bronces de Sucre y Páez… El automóvil avanza sin ruido. Una profunda emoción se apodera de nosotros y nos sacude un pensamiento que no puede callar… Algo echamos de menos en Maracay: una estatua… Una estatua merecida y alta, junto a los bronces de los Héroes: un bronce que la posteridad justiciera ha de erigir algún día, y en cuyo pedestal de mármol grabará sólo estas palabras elocuentes y eternas:

PAZ Y TRABAJO

Carlos L. Capriles.

(Publicado en el Periódico "El Nuevo Diario", el 21 de febrero de 1931).


jueves, 17 de diciembre de 2020

A LA MEMORIA DEL GENERAL GÓMEZ

(Por: Rafael Ángel Arráiz)

Publicado en el diario “El Universal”, el 22 de Diciembre de 1938.

Impresionante multitud del pueblo presente durante el entierro del Benemérito General Juan Vicente Gómez, Presidente de la República de Venezuela.

Caracas, 17 de diciembre de 1938. Hace hoy tres años que murió el General Gómez en su residencia campestre de Maracay.

Yo le ví morir. Estuve a su lado durante las horas de su altiva agonía; oí sus últimas palabras; contemplé las expresiones postreras de su rostro moribundo, que delataban la persistente tortura de crueles dolores, mientras contemplaba también intacta en la mesa de noche la ampolleta de sedol que se negó a poner; ví cuando al despedirse de la vida abrió los ojos para besar el Cristo de marfil que manos filiales habían colocado sobre sus labios; y, ya cadáver, besé su frente cayendo sobre ella las lágrimas de mi pena, y estreché entre las mías aquella mano varonil que durante veinte y siete años mantuvo en alto y con gloria y sin que sufriera nunca ni la afrenta de una amenaza, ni la vacilación de una incertidumbre, ni la perspectiva de un peligro, ni el sonrojo de una debilidad, la Bandera que cobijó la sombra augusta del Libertador.

Lleno de solicitud conmovida, presté mi concurso en los preparativos del entierro, que fue cesáreo; y ayudé a enjaezar para la ceremonia en la oficina de sus hijos, que me son tan queridos, aquel su predilecto caballo de fuego como su nombre: Fogonazo, en donde varias veces le vimos erguido pasando revista al Ejército en parada, unas en las llanuras maracayeras, otras en el Campo de Carabobo frente al soberbio Monumento que su devoción bolivariana levantó a la gloria de nuestro Gran Padre y Señor. Metí mi hombro bajo el féretro empenechado con la Bandera Nacional; y contemplé aquella manifestación silenciosa que lo condujo hasta el sepulcro, comparable tan solo en solemnidad a aquella otra manifestación estruendosa que pocos años antes le había tributado el pueblo de Caracas, cuando al juramentar su última Presidencia le condujo desde el Capitolio hasta Miraflores llevándolo casi a cuestas solitario en su carro descubierto de doce cilindros.

Testigo fuí de los acontecimientos de aquellos días. Testigo de las actitudes de sus hombres; de las lágrimas que cayeron sobre su yerto cuerpo; de los gritos escapados de pechos varoniles; de los húmedos ósculos que se estamparon sobre su frente; testigo de todo aquel dolor silencioso, respetuoso, solemne, que rodeó su sarcófago ante el cual se inclinaron espadas y charreteras, frentes y corazones. Y cuando le dejamos allí, al abrigo de las florestas risueñas de Aragua que él amó tanto o más que a sus nativas montañas andinas, legó a la nación el tesoro de ese brillante Ejército que constituye el orgullo primordial de la República, el sostén y seguridad de la patria, la perdurabilidad de las instituciones, del hogar, de la familia, de las tradiciones venezolanas, de la majestad de la Bandera que ampara el reposo de nuestros Héroes.

Ahora después de tres años al volver a la Patria, he recorrido todos aquellos sitios y las cosas grandes que dejó a su paso y que eternizan su memoria; así como las cosas humildes como su vida que le eran familiares, desde el retiro campesino que le prestó refugio hasta el lecho angosto y de hierro sin cortinajes donde rindió sin una queja su vida. Allí, en medio de las campiñas aragüeñas, fue donde con sus propias manos colgó de los cintos varoniles las espadas que hoy son el sustentáculo de la paz, y desde allí mantuvo siempre, como una advertencia, montada su guardia de leones en las patrias fronteras para asegurar la integridad nacional.

Y es también ahora, a los tres años de su muerte, que me toca a mí, a un hombre civil que le sirvió lealmente, responsablemente, y con un absoluto desinterés, dejar sobre su tumba estas frases de consecuencia a su memoria, en medio de la tempestad de ultrajes desatada contra ella y que es hija del contubernio abominable del despecho impotente de la demagogia destructora.

Largos años estuve al servicio del Gobierno que presidió el General Gómez en cargos de confianza y teniendo a veces en mis manos la autoridad ejecutiva. Jamás recibí de él la más pequeña insinuación que me obligara a saltar por sobre los límites de la equidad y de la corrección; antes por el contrario, y yo no tengo reparo en declararlo así, cuando me fue indispensable tal vez extralimitar la acción en defensa de los intereses públicos puestos bajo mi responsabilidad, tuve siempre necesidad, para no desmerecer en su confianza, de aclarar mis actitudes y de justificar mi conducta. Nunca le oímos sino recomendar a sus servidores el buen comportamiento; y no fueron pocos los amigos de su cariño, y hasta familiares muy queridos, a quienes relegó para siempre de su lado como consecuencia de injustificados procedimientos. Le serví en la más alta representación diplomática y estuve como Delegado del país en Conferencias Internacionales donde se ventilaron graves cuestiones que interesaban a la República. Y al recordar este honor, lo hago para afirmar que siempre junto a su memorándum de instrucciones, venía de parte de él este mensaje encendido como una antorcha de fiel nacionalismo: “Somos amigos de todos, pero más que amigos de Venezuela; y a la hora de defender los intereses de Venezuela, no somos amigos de nadie”.

Durante los largos años también viví a su lado sin dejar de verle y de oírle un solo día, durante varias veces. En esa permanencia a su lado tuve oportunidad de acumular un precioso material que anda por ahí casi organizado, con el cual espero contribuir en su hora al conocimiento de hechos y sucesos de nuestra historia política, acaso sensacionales. En esos trabajos figuran sus hombres y la colaboración que le prestaron; los proyectos que acarició y que en su mayor parte fracasaron por el estatismo y la inercia de algunos; sus anhelos por engrandecer el trabajo y la vida del campesino y sus necesidades, que siempre puso por encima de las del obrero; y hasta sus visiones atrevidas de renovación política hijas de su mirada de águila. Hasta hay en ese material cosas regocijadas que pertenecen al género chico, que de todo tuvo a su lado: desde el hombre de acción siempre listo para el sacrificio por la patria, hasta el tipo pintoresco que vivió arrimado a la sombra de su luz, y el consumado actor que supo representar su farsa y que nunca prestaron ni una idea, ni un esfuerzo, ni una iniciativa, a la obra del bien público. En medio de todos fue el único que siempre estuvo en su puesto sin desorbitarse un solo instante. En la hora risueña, como en las horas de tragedia, se encogía de hombros y con elegante desdén escuchaba la algarabía estruendosa de los farsantes. Tenía la conciencia de su destino; y siendo como era un hombre de extrema humildad, de una modestia insuperable que no alteraron nunca los halagos de la vanidad, para representar a la patria, a la Magistratura que ejercía, al poder público confiado a su pericia, invistió su figura de una majestad respetuosa, de una incontrastable autoridad, de un atributo de mando que no le abandonó ni cuando estaba tendido en su urna funeraria. Como Jefe de Estado, en toda su vida y en cualquier instante de ella, guardó la postura altiva de quien está oyendo el Himno Nacional o agitando en sus manos la Bandera de la Patria. Por eso nadie antes que él dió nunca el primer paso. En medio de los pro-hombres que le visitaban a menudo para rendirle pleitesía: Mariscales de Francia; Caudillos victoriosos que mandaron legiones en la Guerra Mundial; Jefes de Estado; Ases de la Aviación; políticos notables; Literatos de fama; hombres de ciencia; diplomáticos; mitrados; millonarios; grandes poetas; todo lo que es en fin orgullo y prez del mundo moderno que pasó por su lado, sintió enseguida el desconcierto de su personalidad extraordinaria ante la cual ninguna apareció nunca más alta. Hasta cuando llegó a su poder como una ofrenda la espada veterana de Tannenberg, la supo empuñar con su mano fuerte de venezolano auténtico.

Nunca le oí en los años que pasé a su lado pronunciar una palabra malsonante; ni nunca le ví humillar a nadie; ni hablar mal de nadie; ni tolerar que en su presencia se hablase mal de nadie; así fuese de sus más enconados enemigos, a quienes siempre consideró hombres resueltos. La disciplina de su vida fue perfecta, y se la infundió a todos: a sus hijos y a sus servidores, a jueces y soldados, a civiles y militares. Fue el primer gobernante que llevó a los más altos cargos de la milicia y de la magistratura a los hijos del pueblo que habían sabido iluminar su vida por el trabajo, por la eficacia, por la competencia y las virtudes. Hijo del pueblo como era, de genuina extracción popular, nacido en la montaña y desde niño en lucha perenne con la existencia hasta llegar a la cumbre donde llegó y poder “entrar a caballo en la historia”, su vida constituye la más alta expresión del triunfo del personal esfuerzo, el ejemplo más elocuente de hasta donde es capaz de llegar el hijo del pueblo venezolano cuando lo alientan y fortalecen las virtudes de la fe, de la constancia y del honor. No en balde, ni por obra de las casualidades, se manda veinte y siete años en un país como Venezuela, ni se gobierna con la autoridad con que supo hacerlo el General Juan Vicente Gómez, sin poseer un magnífico tesoro de extraordinarias dotes. Quienes tratan de empequeñecer su personalidad de venezolano, lo que hacen es reducirse ellos mismos al oscuro rincón de su propia insignificancia.

Esta pequeña página de recuerdo se la debía yo al General Gómez por un imperativo de gratitud, que es para mí la suprema moral humana. Fuera de la estimación con que me honró, del apoyo que le prestó como un lazarillo ideal a los primeros pasos de mi juventud, agrego para cerrar estas líneas, un desahogo de mis personales sentimientos que justifica la inquebrantable fidelidad de mi recuerdo. Y es el siguiente:

Estaba yo postrado en la Clínica de los Mayo esperando ser sometido a una operación considerada mortal. Advertido de este peligro por la voz de la sabiduría y de la ciencia para que tomase las providencias del caso desesperado, seguro de morir, puse entonces bajo el amparo de la piedad del General Gómez el único tesoro que he tenido en mi vida y que son mi noble compañera y mis hijos. La respuesta no tardó horas. “Opérese tranquilo, que en caso desgraciado yo velaré por su familia”.

Entonces, ante aquel despacho que me venía de la patria lejana envuelta en el vago perfume de la esperanza, me tendí tranquilo en la mesa de operaciones de la célebre Clínica que es un orgullo de la humanidad. Había desaparecido la preocupación torturante de mis pensamientos ante aquellas frases finales del cablegrama, cuyo valor yo conocía.

En efecto, no había realidad comparable a una promesa del General Gómez; ni nada más seguro que su palabra; ni nada más firme que su diestra tendida; ni nada más leal que sus brazos abiertos.

RAFAEL ÁNGEL ARRÁIZ

  El Arzobispo de Caracas, Monseñor Rincón González, acompaña el cortejo fúnebre con los restos del Presidente de la República de Venezuela, Benemérito General Juan Vicente Gómez, por las calles de Maracay junto con la multitud del pueblo.

El féretro del Presidente de la República de Venezuela, Benemérito General Juan Vicente Gómez, siendo conducido a hombros por las calles de Maracay. Sobrevuelan cuadrillas de la Aviación Militar Venezolana en homenaje a su Fundador ante la gran concurrencia del pueblo venezolano. Varias carrozas portan coronas fúnebres como expresión de admiración, cariño y recuerdo.

El Presidente de la República de Venezuela, Benemérito General Juan Vicente Gómez, recibiendo los máximos honores militares en el Panteón de la ciudad de Maracay en donde reposan sus restos.

Pueden ver los siguientes videos históricos:

Juan Vicente Gómez: Tiempo y figura.

Juan Vicente Gómez, recordado por su pueblo.

Juan Vicente Gómez: Semblanza histórica.

El Panteón del General Juan Vicente Gómez.