sábado, 19 de diciembre de 2020

ANIVERSARIO DE LA REHABILITACIÓN NACIONAL (1908)

 

 General en Jefe Juan Vicente Gómez.

(19 de diciembre de 1908)

Hoy, 19 de diciembre, se cumple un nuevo Aniversario del oportuno cambio de rumbo que el General en Jefe Juan Vicente Gómez le dio al país entero que clamaba por la salida definitiva del Presidente Cipriano Castro del poder, quien había convertido a Venezuela en un auténtico caos debido a su política irresponsable, desafiante y desintegradora.

Compadres de comportamientos muy distintos

El General Cipriano Castro y el General Juan Vicente Gómez.

Señalaba el Dr. Arturo Uslar Pietri, en su programa televisivo "Cuéntame a Venezuela", que no podía haber dos personalidades que contrastaran más abierta y profundamente:

“Cipriano Castro era un hombre extrovertido, emocional, violento, apasionado, improvisador, que reaccionaba de una manera inesperada y bastante brusca. En cambio Juan Vicente Gómez, era un hombre callado, reservado, cauteloso, muy poco comunicativo, muy cauto en todas sus actitudes, que era muy difícil de penetrar para saber lo que pensaba. Gómez con su conducta empezó a ganar cierto prestigio creciente entre las personas que miraban con temor la conducta de los asuntos públicos en manos de un hombre tan imprevisible como era el Presidente Castro”.

Arturo Uslar Pietri

La conducta y el carácter del General Cipriano Castro cambió notablemente cuando abandonó a sus antiguos compañeros de armas que lo acompañaron en la “Revolución Liberal Restauradora” de 1899, para entregarse a los placeres que le ofrecían ciertos grupos de adulantes pertenecientes a la oligarquía valenciana, quienes finalmente lo corrompieron, haciéndole perder la cabeza.

El General Castro se volvió tremendamente irritable y agresivo, resultando incapaz de gobernar. Lamentablemente, se entregó a una vida licenciosa de francachelas que afectó, irremediablemente, la seriedad y el correcto desempeño de la Presidencia de la República en sus manos. Se dedicó a maltratar y humillar a sus subalternos, incluso a su compadre y Vice-Presidente el General Juan Vicente Gómez, quién soportó numerosos vejámenes de su parte.

La ruptura entre los compadres fue política y personal, pero no anímica ni afectiva. El General Gómez siempre respetó la figura del General Cipriano Castro como militar valeroso y decidido desde los años que combatieron juntos en la "Revolución Restauradora" y la "Revolución Libertadora", al extremo que nunca permitió durante su Gobierno, que en su presencia o públicamente, se le nombrara sin que se le reconociera el grado de General a su compadre.  

El General Gómez repitió muchas veces en la intimidad: “Si el General Castro que yo conocí en el Táchira y llegó a Caracas en 1899, hubiera seguido siendo el mismo, aquí estuviera mandando”.

El General Juan Vicente Gómez, a diferencia de su compadre, era un hombre de carácter serio, sencillo y respetuoso. De pocas palabras, jamás fue violento ni grosero en su comportamiento. No bebía licor, era completamente abstemio. Ajeno a las francachelas. Rechazaba a los adulantes. Prefería la acción que la palabra, porque detestaba la demagogia.

Se destacó en el trabajo del campo y en el comercio, siendo un exitoso administrador. Posteriormente, se convirtió en un excelente militar. Le obsesionaba el orden y la disciplina, pagar y no tener deudas con nadie. Era gran conocedor de la personalidad humana, de mente ágil y aguda. Se rodeó de los hombres más valiosos de la intelectualidad venezolana, los cuales, integraron su gabinete. Sabía evaluar cada situación y establecer un orden de prioridades. Amó intensamente el trabajo y la paz. “Fui a la guerra para conquistar la paz”, señalaba el General Gómez a fin de explicar su actuación militar.


General Eleazar López Contreras.

El General Eleazar López Contreras, en su libro “Proceso Político y Social 1928-1936”, publicado en 1955, señaló sobre la personalidad del General Juan Vicente Gómez, lo siguiente:

“Yo estoy seguro y tengo pruebas de ello que el General Gómez estaba generalmente inclinado a hacer el bien. Tenía un gran dominio sobre su voluntad y su carácter. Su educación natural la demostraba en todo momento y circunstancias. Yo no le oí jamás pronunciar palabras insolentes ni causar vejamen a persona alguna. Efectivamente, es importante dar constancia, que el General Gómez jamás llegó a fusilar a ninguna persona, directamente ni llegó a autorizar ejecutar a ninguno de sus subordinados en campaña”.

Eleazar López Contreras

Esa valiosa opinión representa otra gran diferencia entre el comportamiento del General Juan Vicente Gómez y su compadre el General Cipriano Castro, quien solía utilizar esos inclementes métodos como lo hizo cuando mandó a fusilar al General Antonio Paredes.

El éxito militar del General Gómez desata la envidia del General Cipriano Castro




A la izquierda: El General Cipriano Castro. A la derecha: El General Juan Vicente Gómez en una gran parada militar.

Una ruptura definitiva entre los compadres se preparaba. Se habían desatado los celos y la envidia del General Cipriano Castro contra el éxito militar y popular del General Juan Vicente Gómez.

Sucedió después de finalizada la “Revolución Libertadora” de 1903 que había reunido a todos los viejos caudillos de los partidos históricos que querían acabar definitivamente con el Gobierno del General Castro.

El General Manuel Antonio Matos, había organizado un Ejército de 14.000 hombres. El General Castro decidió enviar al General Gómez para darles el frente y en esa campaña, que fue larga y dura, se destacó el Benemérito convirtiéndose en un gran Jefe Militar, recorriendo toda la República peleando contra los antiguos Jefes, derrotándolos a todos, estableciendo la Paz con la derrota final que les infligió, el 21 de julio de 1903, en Ciudad Bolívar.


El General Cipriano Castro, el 6 de junio de 1903, unos días antes de la fecha histórica que puso fin a nuestras guerras civiles, escribió al General Juan Vicente Gómez, felicitándolo:

“Felicito al vencedor en todas partes, predestinado para ser el Pacificador de la República. Ninguno con más títulos que usted que ha sido el Salvador del Salvador. Me enorgullezco de ello porque la Providencia se ha encargado de corresponder a quien yo no podía hacerlo dignamente”.
Cipriano Castro

El Benemérito General Juan Vicente Gómez, enfrentó 29 acciones de guerra para dominar una Venezuela bárbara, anarquizada, repleta de caudillos que por razones banderizas se alzaban en armas llenando de sangre y luto los hogares venezolanos. 



El creciente prestigio bien ganado en los campos de batalla por el Benemérito, generó tanta envidia y celos en la conducta de su compadre el General Cipriano Castro, que éste comenzó un ataque feroz en contra del General Juan Vicente Gómez, tendiéndole trampas para tratar de desprestigiarlo y liquidarlo.

“La Aclamación”, “La Conjura” y el telegrama enviado por el General Castro desde Berlín que decía: “La culebra se mata por la cabeza”, para ordenar el asesinato del General Gómez, próspero hacendado, amigo, compadre y compañero que financió la “Revolución Liberal Restauradora”, fueron algunas pruebas evidentes de sus malas intenciones.

Comenzaron las presiones muy claras de todos los que querían que se le pusiera fin al Gobierno del General Castro, que se terminara aquella etapa de inseguridad, inestabilidad y provocación que lo había caracterizado y encontraron en el General Gómez, al hombre llamado a darle un giro a la política venezolana. Lo veían como una persona seria, segura, calmada y menos impulsiva.

Cipriano Castro traicionó el ideal nacional

 General Cipriano Castro.

La falsa y repetida versión de la mal llamada “traición” del General Juan Vicente Gómez a su compadre el General Cipriano Castro, demuestra la manera simple y ligera como algunos han pretendido distorsionar y manipular nuestra historia.

La división interna de las fuerzas castristas querían sacar al General Castro del poder por inepto. El General Gómez, como Vice-Presidente encargado, se les adelantó, abortando sus planes conspirativos con un golpe sin derramamiento de sangre que fue aclamado y tuvo el respaldo popular.

Venezuela vivía una situación de caos y anarquía, con nuestras relaciones exteriores quebrantadas. Los venezolanos querían vivir en paz y el General Castro traicionó ese ideal. El peor enemigo del General Cipriano Castro lo representó él mismo por su carácter colérico y actitud irresponsable en el manejo de la administración del Estado.

El futuro y progreso de Venezuela estaba por encima de cualquier compadrazgo y el Benemérito General Juan Vicente Gómez puso fin, oportunamente, el 19 de diciembre de 1908, al estado de caos y anarquía que amenazaba nuevamente al país.

Al respecto, escribió el historiador Jorge Olavarría en su libro “Gómez, un enigma histórico”, lo siguiente:

“Se dice que Gómez llegó al poder por el asalto de un traidor golpe de Estado e impuso su autoridad por la cancelación arbitraria y opresiva del ejercicio de las libertades civiles y por el miedo que ello infundía. Falso.

Gómez llegó al poder, el 19 de diciembre de 1908, con inobjetable legalidad formal, y abrumadora legitimidad sustantiva. En funciones de Vice-Presidente encargado de la Presidencia ejerció sus atribuciones legales y decidió cambiar una política que llevaba a una peligrosa confrontación externa. Gómez fue unánimemente aclamado en 1909, por todos aquellos a quienes había combatido y derrotado. Esa fue su fortaleza”.

Jorge Olavarría

La situación caótica del Gobierno del General Cipriano Castro

General Cipriano Castro.

La actitud irresponsable y guerrerista de la política exterior del General Cipriano Castro nos llevó al extremo de una posible agresión extranjera que tenía meses preparándose y que amenazaba desmembrar y convertir a Venezuela en un protectorado o una colonia, pero gracias a la oportuna acción del General Gómez, no sucedió. La seriedad de su política exterior donde prevalecía la paz, confraternidad y armonía entre las naciones logró evitarlo afortunadamente.

El acucioso historiador Jorge Olavarría en su libro “Gómez un enigma histórico”, calificó como una auténtica falacia decir que el golpe de Estado que llevó al General Juan Vicente Gómez al poder, el 19 de diciembre de 1908, fue fraguado y posible por el apoyo que le dieron los Estados Unidos, que atendieron su llamada y enviaron sus barcos de guerra para apoyar el derrocamiento del Gobierno de Cipriano Castro.

Olavarría en su libro explicó: “Cuando Castro se marchó a Europa en noviembre de 1908, Venezuela tenía sus relaciones diplomáticas rotas con Francia, Colombia, los Estados Unidos y Holanda. Barcos de guerra ingleses y alemanes se preparaban para atacar y bloquear nuestros puertos con la abierta aquiescencia de los Estados Unidos. La presencia de barcos de los Estados Unidos en La Guaira, al día siguiente que Gómez asumiera el mando, oportuna o inoportuna, necesaria o innecesaria según se la vea, le vino a la historiografía marxista como anillo al dedo para casar el hecho con su manera de interpretar y narrar la historia”.

Jorge Olavarría

Por tanto, representa una auténtica mentira decir que el “imperio” norteamericano instaló al General Gómez en la Presidencia de la República, cuando fueron los propios venezolanos los que lo hicieron posible, necesario y deseado, hastiados de vivir en la anarquía del pasado. La trasnochada historiografía marxista con su clásica demagogia y falso nacionalismo siempre ha tergiversado los hechos utilizando argumentos falsos y simplistas.



Lo cierto es que el General Juan Vicente Gómez no permitió jamás que Venezuela se convirtiera en colonia de ningún país, defendiendo nuestra soberanía con firmeza y sin caer en falso patrioterismo. La prueba más evidente la representó la absoluta neutralidad de Venezuela durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918). Señalaba al respecto nuestro más connotado intelectual, el Dr. Arturo Uslar Pietri, lo siguiente:

“Cuando ocurrió la Primera Guerra Mundial, los Estados Unidos tenían mucho interés en que los países latinoamericanos se alinearan con ellos y declararan la guerra a Alemania. Esto prácticamente lo hicieron todos, con muy raras excepciones o con ninguna, salvo la de Venezuela, pues a pesar de todas las presiones imaginables de los Estados Unidos, Juan Vicente Gómez mantuvo inalterablemente la neutralidad de aquel pequeño e indefenso país”.

Es inobjetable la actitud nacionalista, valiente, soberana e independiente que ejerció el General Juan Vicente Gómez en la toma de sus decisiones, donde siempre prevaleció el respeto, la armonía, la confraternidad y la paz entre las naciones.

Es importante recordar que el Benemérito General Juan Vicente Gómez se dio el lujo de cancelar la totalidad de la deuda externa e interna de Venezuela arrastrada desde la Independencia en 1930 como homenaje al Libertador Simón Bolívar, logrando nuestra emancipación económica.

Durante el Gobierno del General Cipriano Castro, la economía fiscal estaba amenazada en irremediable bancarrota, porque el despilfarro escandaloso había empobrecido el erario público al extremo que la Administración se hallaba incapacitada para dar cumplimiento a sus más perentorios compromisos por sus irrefrenables intemperancias.

Debido a su falta de mesura diplomática, las relaciones internacionales adquirieron nuevamente tono de perjudicial violencia. En medio de aquella atmósfera de incertidumbre y general descontento, sobrevino el recrudecimiento de la enfermedad del General Castro como consecuencia de sus excesos.

Ya hacia las postrimerías de 1908; los médicos le aconsejaron, para lograr mejor éxito, trasladarse a Alemania donde sería sometido a una operación por el afamado cirujano especialista Dr. Israel. Ante la emergencia, el General Cipriano Castro, dejó encargado del Gobierno al Vice-Presidente General Juan Vicente Gómez.

El General Cipriano Castro se embarcó por fin en La Guaira, el 24 de noviembre de 1908, pero cuando todavía no se había perdido de vista el vapor francés “Guadaloupe”, comenzaron las manifestaciones en la calle clamando por un cambio de rumbo en la política nacional. El pueblo gritaba con fervor mueras al General Castro y vivas al General Gómez. 

La acción salvadora del 19 de diciembre de 1908

Magnífica obra del General Juan Vicente Gómez, realizada por el gran pintor venezolano, Antonio Herrera Toro. 

Era público y notorio que existía un plan para asesinar al General Juan Vicente Gómez, Presidente Encargado de la República y el hecho obedecía a un telegrama cifrado que envió el General Cipriano Castro desde Berlín para el Cónsul de Venezuela en Trinidad con ese fin, concebido así: “La culebra se mata por la cabeza, prescindan de Gómez y demás, escarmienten a Caracas”.

El plan para asesinar al General Gómez era inminente, pero el Benemérito logró salvarse oportunamente, descubriéndolo y abortándolo sin derramamiento de sangre. Querían matarlo en la Casa Amarilla, pero el General Gómez, sin intimidarse, acudió a la cita de los complotados en compañía de los Generales Félix Galavís, Graciliano Jaimes y Leopoldo Baptista. Su primera acción fue dirigirse al cuartel de El Mamey en donde se hizo reconocer por la tropa y ordenó la detención del General Juan de Dios Angulo.

Posteriormente, el General Juan Vicente Gómez, valerosamente, se presentó personalmente en la Casa Amarilla, el 19 de diciembre de 1908 a las 8:30 a.m. Muy precipitadamente, empujó fuertemente la puerta hasta romperla en uno de los salones y como no encontró a nadie, subió hacia el alto ordenando a la policía y a varios oficiales, que no subieran y esperaran sus órdenes.

Al subir el General Gómez y develar el macabro plan contra su vida, encontró a todos los complotados reunidos y les gritó: “¡Dónde están los asesinos que quieren matarme!, aquí quien manda soy yo”.

Inmediatamente, el General Pedro María Cárdenas, Gobernador del Distrito Federal, intentó sacar su revólver para matar al General Gómez, pero se anticipó la rápida reacción de éste, propinándole un fuerte golpe en la cara, desarmándolo en el acto.

Se escucharon ruidos de golpes y posteriormente entraron algunos soldados a la carrera, eran del Cuartel de San Mauricio que se encontraban apoyando al General Gómez, quien les ordenó inmediatamente poner presos al General Pedro María Cárdenas (Gobernador del Distrito Federal), al Dr. Rafael López Baralt (Ministro de Relaciones Interiores), al Dr. Rafael Garbiras Guzmán (Secretario de la Presidencia), Julio H. Bermúdez y Maximiano Casanova (Jefe del Batallón Urdaneta).

El General Juan Vicente Gómez, con relación al hecho, declaró en certificación publicada en el Archivo Histórico de Miraflores, lo siguiente:

“Días antes de que llegase a mi pleno conocimiento que se fraguaba un premeditado plan contra mi vida, reuní algunos indicios de que el General Cipriano Castro venía cablegrafiando a esta ciudad a algunas personas que se decían amigos de su confianza y miembros del anterior Gabinete, los cuales cables venían por la Dirección General de Telégrafos Nacionales, en clave numérica.

Acatando la obligaciones inherentes al alto cargo que desempeño y en resguardo de mi persona, no vacilé en tomar el 19 en la mañana todas las medidas necesarias para la salvación de Venezuela y sobre todo de esta culta población, ya que era positivo que ella debía sufrir las consecuencias de tan insólito atentado.

A ese mismo plan, a esa cobardía cuya calificación la dejo al juicio discreto y sano de los juzgadores, me le enfrenté personalmente en los cuarteles y Casa de Gobierno, depuse a los que iban a atentar contra mi existencia y luego los reduje a prisión, único modo de salvar a mi Patria y de resguardar mi vida”.

Juan Vicente Gómez

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PROCLAMA DE

JUAN VICENTE GÓMEZ

ENCARGADO DE LA PRESIDENCIA DE LA REPÚBLICA

A LOS VENEZOLANOS:

¡Compatriotas! Ya sabéis que vine a desempeñar el Poder Ejecutivo Nacional, en virtud del título legal previsto que invisto, sin ser empujado por ninguna ambición personal. La Ley me llamó al puesto, y desde el primer momento me di a conciliar las aspiraciones populares con mis deberes públicos, procurando establecer un régimen de garantías en consonancia con nuestras instituciones. He querido y quiero para cada venezolano la efectividad de sus derechos, sin ser esta aspiración concesión o merced, sino únicamente la imposición de la ley.

Pero mis mejores intenciones y deseos han encontrado, desgraciadamente, un inexplicable obstáculo en algunos pocos ciudadanos que llamándose íntimos amigos del ciudadano General Cipriano Castro, no sólo se han atravesado en el camino de mis deberes legales, sino que han bajado al antro de la conjuración y fraguado contra mi vida el plan diabólico que hice abortar en la mañana de ayer, enfrentándome a los mismos conjurados y reduciéndolos a prisión.

Al proceder así, conciudadanos, no sólo he defendido mi vida, sino algo que vale más que mi existencia personal, porque he procurado salvar el decoro y el prestigio de la Magistratura que desempeño y aspiro a convertir en manantial de bienes para todos los venezolanos.

Después de los sucesos que acabo de narrar, he constituido un nuevo Gabinete, en el cual juzgo representada la opinión pública de Venezuela. Con tales colaboradores pretendo dar a mi Gobierno el carácter nacional que reviste, a ser efectivas las garantías constitucionales, practicar la libertad en el seno del orden, respetar la soberanía de los Estados, amparar las industrias contra odiosas confabulaciones, buscar una decorosa y pacífica solución para todas las contiendas internacionales, vivir vida de paz y de armonía y dejar que sólo la ley impere con su indiscutible soberanía.

¡Venezolanos! Tal son mis propósitos y los fines que aspiro a desarrollar al frente del Gobierno; y como creo que ésta es la más solemne imposición del patriotismo, pido y reclamo a todos los círculos políticos su apoyo moral y material para que el acierto sea completo y universales los beneficios.

El régimen legal que impera nos da derechos y nos impone deberes: ejerzamos aquéllos con la moderación que reclama la austera democracia, y cumplamos éstos con inquebrantable resolución. Tengamos presente que las violencias que inspiran las pasiones desbordadas son el contrasentido de la civilización y que la mejor fórmula de la República es la que se encierra entre la modestia y el ardiente patriotismo.

Juan Vicente Gómez
Caracas, 19 de diciembre de 1908. 

El 23 de enero de 1909, el Gral. Cipriano Castro le escribió una histórica carta al General Juan Vicente Gómez admitiendo y reconociendo su procedimiento y acción:

“Yo soy el primero en corresponder a esa política que usted desarrolla, en la esperanza de que usted, más afortunado que yo, haya logrado reunir bajo una sola bandera, bajo un solo ideal y bajo un solo propósito a todos los círculos políticos, y a todos los hombres, inclusive hasta aquellos que hasta ayer no más fueron nuestros enemigos, y que yo nunca pude atraer al seno de la confraternidad y unión de todos los venezolanos”.

Cipriano Castro


 Rómulo Gallegos apoyó la acción salvadora del General Gómez.

El escritor Rómulo Gallegos expresó su entusiasmo y apoyo al General Gómez por el oportuno cambio de la política irresponsable del General Castro en la revista “La Alborada”, el 31 de enero de 1909:

“Solemne hora, decisiva para los destinos de la patria es la que marca la actualidad. En el ambiente que ella ha creado parecen advertirse las señales que anuncian el advenimiento de aquel milagro político desde largo tiempo esperado como única solución eficaz del complejo problema de nuestra nacionalidad republicana”.

Rómulo Gallegos

El historiador Jorge Olavarría en su libro “Gómez un enigma histórico”, expresó la realidad del momento y el cambio generado por la mano propulsora del General Gómez:

“Cipriano Castro, a quien nadie, ¡absolutamente nadie! defendió cuando se vio impedido de regresar, fue acusado, juzgado y condenado, y formalmente suspendido del ejercicio de la Presidencia por sentencia de la Alta Corte Federal y de Casación. Desde el momento que Gómez asume el mando del país en diciembre de 1908, pone en práctica una política diametralmente opuesta en todos los órdenes a la de Castro. Gómez no complementó nada de lo que heredó de Castro: un país arruinado, degradado, postrado, paralizado a punto de ser invadido y de reiniciar otro ciclo de guerras”.

Jorge Olavarría

El General Cipriano Castro y su esposa Doña Zoila de Castro.

Doña Zoila de Castro, la abnegada esposa del General Cipriano Castro, sufrió bastante por sus constantes desengaños y malos tratos. Sin embargo, el General Gómez ayudó mucho a su comadre, manteniendo un contacto discreto con ella, mientras se encontraba en el exilio acompañando a su esposo.

El General Gómez, permanentemente le enviaba a doña Zoila de Castro, con la mayor discreción, una cantidad mensual para solventar sus necesidades y las del General Castro durante su exilio en Puerto Rico.

Reconciliación del Gobernador que intentó disparar contra el General Gómez, el 19 de diciembre de 1908

A la izquierda: el General Pedro María Cárdenas. A la derecha: el Benemérito General Juan Vicente Gómez, Presidente de la República de Venezuela.

Un hecho histórico muy poco conocido, ejemplo de nobles sentimientos, lo representó el sincero arrepentimiento y la reconciliación manifestada por el General Pedro María Cárdenas en un telegrama dirigido al General Juan Vicente Gómez, el 25 de julio de 1925, cuando se le permitió regresar del exilio, gracias a la amnistía ordenada por el Benemérito, el 24 de julio de 1925.

Como se recordará, el General Pedro María Cárdenas, siendo Gobernador del Distrito Federal, intentó disparar al General Gómez cuando éste irrumpió en la Casa Amarilla para abortar el complot orquestado en su contra por el gabinete castrista. Sin embargo, en un gesto de hombre de palabra y lealtad a toda prueba, el antiguo enemigo del General Gómez, quien pudo convertirse en su asesino aquella mañana del 19 de diciembre de 1908, fue nombrado, posteriormente, Presidente de los Estados Táchira, Lara y Sucre, siendo uno de los más fieles servidores del Gobierno del Benemérito General Juan Vicente Gómez hasta su muerte, el 17 de diciembre de 1935.

El General Gómez no era hombre que alimentaba rencores, porque en el fondo de su noble corazón conocía a los hombres y olvidaba fácilmente las viejas acciones de sus enemigos cuando cambiaban de actitud por el bien de la patria. Los históricos telegramas son los siguientes:  

De San Cristóbal a Maracay, el 25 de julio de 1925. – Las 11 hs. a.m.
Señor General Juan Vicente Gómez.

Después de 15 años de ausencia regreso a la Patria. La profunda emoción experimentada al pisar el suelo del Táchira borró por completo las angustias pasadas.

Soldado de la Restauración, siento orgullo de haber combatido triunfalmente a las órdenes del Gral. Castro y a las de usted; pero, hoy, desaparecido el primero, prestaré gustoso mis servicios en la era de la paz que usted preside.

Ardo en deseos de darle un abrazo de reconciliación, como a mi antiguo Jefe y compañero.

De usted su afectísimo amigo,

Pedro María Cárdenas.


De Maracay a San Cristóbal, el 27 de julio de 1925. – Las 4 hs. p.m.
Señor General Pedro María Cárdenas.

Recibido. El Telegrama de usted, que he leído con una verdadera complacencia, pone de relieve, a través del tiempo, la entereza de su carácter y la lealtad en sus compromisos políticos.

Yo acepto sus ofrecimientos de soldado y lleno de satisfacción lo incorporo en las filas de la Causa y puedo desde luego asegurarle, porque así me lo dice mi conciencia, que en mí encontrará usted al mismo antiguo Jefe y compañero.

Terminadas por designios providenciales las luchas del pasado, yo lo espero con los brazos abiertos para darnos el abrazo de reconciliación.

          Su amigo,

Juan Vicente Gómez

Dr. José Gil Fortoul.

A diferencia de su compadre, el Benemérito General Juan Vicente Gómez dejó un país pacificado, organizado y solvente como bien lo expuso el eminente Dr. José Gil Fortoul, señalando:

“El resultado se está viendo: ninguna amenaza de disturbio interior, Relaciones Internacionales de cordial y recíproca deferencia, puerta franca al capital extranjero, empresas venezolanas que nacen vigorosas, Comercio floreciente, rentas en próspera progresión, confianza unánime. El Presidente Gómez ha contraído con la Patria la obligación de no volverla a dejar caer ni en la vieja lucha estéril, ni en las peligrosas aventuras de ideólogos impacientes, ni en la ambición de personalismos egoístas. El método administrativo que ha implantado con este noble fin, está probado. Es ejemplo, el General Gómez, de lo que puede el buen sentido, la voluntad decidida y el patriotismo práctico”.

José Gil Fortoul

El Benemérito General Juan Vicente Gómez, el 19 de diciembre de 1908, transformó a Venezuela, rehabilitándola y sacándola de la bancarrota a la solvencia; convirtiendo las enemistades internacionales contraídas por su compadre el General Cipriano Castro en amistades cordiales; estableciendo la paz y la industria donde reinaban la revolución y la ociosidad.

Extirpó la criminalidad, metiendo en cintura a los vagos, ladrones y bandoleros, obligándolos a trabajar. Con un sistema de carreteras admirables, logró unir e integrar un esparcido grupo de comunidades en una unidad nacional cuya divisa era: “Unión, Paz y Trabajo”.

Existía una gran paz, seguridad personal y jurídica, donde los bienes de los ciudadanos eran respetados. Un sobrante nacional de muchos millones. Crédito, prosperidad nacional y libertad para emprender y gozar de los frutos del trabajo.

La oportuna y decidida acción del General Juan Vicente Gómez, aclamada unánimemente aquel 19 de diciembre de 1908, salvó a Venezuela de una inminente agresión extranjera y de repetir el terrible drama de la guerra civil hacia donde nos conducía, irremediablemente, la demencial política de su compadre, el General Cipriano Castro.

jueves, 17 de diciembre de 2020

A LA MEMORIA DEL GENERAL GÓMEZ

(Por: Rafael Ángel Arráiz)

Publicado en el diario “El Universal”, el 22 de Diciembre de 1938.

Impresionante multitud del pueblo presente durante el entierro del Benemérito General Juan Vicente Gómez, Presidente de la República de Venezuela.

Caracas, 17 de diciembre de 1938. Hace hoy tres años que murió el General Gómez en su residencia campestre de Maracay.

Yo le ví morir. Estuve a su lado durante las horas de su altiva agonía; oí sus últimas palabras; contemplé las expresiones postreras de su rostro moribundo, que delataban la persistente tortura de crueles dolores, mientras contemplaba también intacta en la mesa de noche la ampolleta de sedol que se negó a poner; ví cuando al despedirse de la vida abrió los ojos para besar el Cristo de marfil que manos filiales habían colocado sobre sus labios; y, ya cadáver, besé su frente cayendo sobre ella las lágrimas de mi pena, y estreché entre las mías aquella mano varonil que durante veinte y siete años mantuvo en alto y con gloria y sin que sufriera nunca ni la afrenta de una amenaza, ni la vacilación de una incertidumbre, ni la perspectiva de un peligro, ni el sonrojo de una debilidad, la Bandera que cobijó la sombra augusta del Libertador.

Lleno de solicitud conmovida, presté mi concurso en los preparativos del entierro, que fue cesáreo; y ayudé a enjaezar para la ceremonia en la oficina de sus hijos, que me son tan queridos, aquel su predilecto caballo de fuego como su nombre: Fogonazo, en donde varias veces le vimos erguido pasando revista al Ejército en parada, unas en las llanuras maracayeras, otras en el Campo de Carabobo frente al soberbio Monumento que su devoción bolivariana levantó a la gloria de nuestro Gran Padre y Señor. Metí mi hombro bajo el féretro empenechado con la Bandera Nacional; y contemplé aquella manifestación silenciosa que lo condujo hasta el sepulcro, comparable tan solo en solemnidad a aquella otra manifestación estruendosa que pocos años antes le había tributado el pueblo de Caracas, cuando al juramentar su última Presidencia le condujo desde el Capitolio hasta Miraflores llevándolo casi a cuestas solitario en su carro descubierto de doce cilindros.

Testigo fuí de los acontecimientos de aquellos días. Testigo de las actitudes de sus hombres; de las lágrimas que cayeron sobre su yerto cuerpo; de los gritos escapados de pechos varoniles; de los húmedos ósculos que se estamparon sobre su frente; testigo de todo aquel dolor silencioso, respetuoso, solemne, que rodeó su sarcófago ante el cual se inclinaron espadas y charreteras, frentes y corazones. Y cuando le dejamos allí, al abrigo de las florestas risueñas de Aragua que él amó tanto o más que a sus nativas montañas andinas, legó a la nación el tesoro de ese brillante Ejército que constituye el orgullo primordial de la República, el sostén y seguridad de la patria, la perdurabilidad de las instituciones, del hogar, de la familia, de las tradiciones venezolanas, de la majestad de la Bandera que ampara el reposo de nuestros Héroes.

Ahora después de tres años al volver a la Patria, he recorrido todos aquellos sitios y las cosas grandes que dejó a su paso y que eternizan su memoria; así como las cosas humildes como su vida que le eran familiares, desde el retiro campesino que le prestó refugio hasta el lecho angosto y de hierro sin cortinajes donde rindió sin una queja su vida. Allí, en medio de las campiñas aragüeñas, fue donde con sus propias manos colgó de los cintos varoniles las espadas que hoy son el sustentáculo de la paz, y desde allí mantuvo siempre, como una advertencia, montada su guardia de leones en las patrias fronteras para asegurar la integridad nacional.

Y es también ahora, a los tres años de su muerte, que me toca a mí, a un hombre civil que le sirvió lealmente, responsablemente, y con un absoluto desinterés, dejar sobre su tumba estas frases de consecuencia a su memoria, en medio de la tempestad de ultrajes desatada contra ella y que es hija del contubernio abominable del despecho impotente de la demagogia destructora.

Largos años estuve al servicio del Gobierno que presidió el General Gómez en cargos de confianza y teniendo a veces en mis manos la autoridad ejecutiva. Jamás recibí de él la más pequeña insinuación que me obligara a saltar por sobre los límites de la equidad y de la corrección; antes por el contrario, y yo no tengo reparo en declararlo así, cuando me fue indispensable tal vez extralimitar la acción en defensa de los intereses públicos puestos bajo mi responsabilidad, tuve siempre necesidad, para no desmerecer en su confianza, de aclarar mis actitudes y de justificar mi conducta. Nunca le oímos sino recomendar a sus servidores el buen comportamiento; y no fueron pocos los amigos de su cariño, y hasta familiares muy queridos, a quienes relegó para siempre de su lado como consecuencia de injustificados procedimientos. Le serví en la más alta representación diplomática y estuve como Delegado del país en Conferencias Internacionales donde se ventilaron graves cuestiones que interesaban a la República. Y al recordar este honor, lo hago para afirmar que siempre junto a su memorándum de instrucciones, venía de parte de él este mensaje encendido como una antorcha de fiel nacionalismo: “Somos amigos de todos, pero más que amigos de Venezuela; y a la hora de defender los intereses de Venezuela, no somos amigos de nadie”.

Durante los largos años también viví a su lado sin dejar de verle y de oírle un solo día, durante varias veces. En esa permanencia a su lado tuve oportunidad de acumular un precioso material que anda por ahí casi organizado, con el cual espero contribuir en su hora al conocimiento de hechos y sucesos de nuestra historia política, acaso sensacionales. En esos trabajos figuran sus hombres y la colaboración que le prestaron; los proyectos que acarició y que en su mayor parte fracasaron por el estatismo y la inercia de algunos; sus anhelos por engrandecer el trabajo y la vida del campesino y sus necesidades, que siempre puso por encima de las del obrero; y hasta sus visiones atrevidas de renovación política hijas de su mirada de águila. Hasta hay en ese material cosas regocijadas que pertenecen al género chico, que de todo tuvo a su lado: desde el hombre de acción siempre listo para el sacrificio por la patria, hasta el tipo pintoresco que vivió arrimado a la sombra de su luz, y el consumado actor que supo representar su farsa y que nunca prestaron ni una idea, ni un esfuerzo, ni una iniciativa, a la obra del bien público. En medio de todos fue el único que siempre estuvo en su puesto sin desorbitarse un solo instante. En la hora risueña, como en las horas de tragedia, se encogía de hombros y con elegante desdén escuchaba la algarabía estruendosa de los farsantes. Tenía la conciencia de su destino; y siendo como era un hombre de extrema humildad, de una modestia insuperable que no alteraron nunca los halagos de la vanidad, para representar a la patria, a la Magistratura que ejercía, al poder público confiado a su pericia, invistió su figura de una majestad respetuosa, de una incontrastable autoridad, de un atributo de mando que no le abandonó ni cuando estaba tendido en su urna funeraria. Como Jefe de Estado, en toda su vida y en cualquier instante de ella, guardó la postura altiva de quien está oyendo el Himno Nacional o agitando en sus manos la Bandera de la Patria. Por eso nadie antes que él dió nunca el primer paso. En medio de los pro-hombres que le visitaban a menudo para rendirle pleitesía: Mariscales de Francia; Caudillos victoriosos que mandaron legiones en la Guerra Mundial; Jefes de Estado; Ases de la Aviación; políticos notables; Literatos de fama; hombres de ciencia; diplomáticos; mitrados; millonarios; grandes poetas; todo lo que es en fin orgullo y prez del mundo moderno que pasó por su lado, sintió enseguida el desconcierto de su personalidad extraordinaria ante la cual ninguna apareció nunca más alta. Hasta cuando llegó a su poder como una ofrenda la espada veterana de Tannenberg, la supo empuñar con su mano fuerte de venezolano auténtico.

Nunca le oí en los años que pasé a su lado pronunciar una palabra malsonante; ni nunca le ví humillar a nadie; ni hablar mal de nadie; ni tolerar que en su presencia se hablase mal de nadie; así fuese de sus más enconados enemigos, a quienes siempre consideró hombres resueltos. La disciplina de su vida fue perfecta, y se la infundió a todos: a sus hijos y a sus servidores, a jueces y soldados, a civiles y militares. Fue el primer gobernante que llevó a los más altos cargos de la milicia y de la magistratura a los hijos del pueblo que habían sabido iluminar su vida por el trabajo, por la eficacia, por la competencia y las virtudes. Hijo del pueblo como era, de genuina extracción popular, nacido en la montaña y desde niño en lucha perenne con la existencia hasta llegar a la cumbre donde llegó y poder “entrar a caballo en la historia”, su vida constituye la más alta expresión del triunfo del personal esfuerzo, el ejemplo más elocuente de hasta donde es capaz de llegar el hijo del pueblo venezolano cuando lo alientan y fortalecen las virtudes de la fe, de la constancia y del honor. No en balde, ni por obra de las casualidades, se manda veinte y siete años en un país como Venezuela, ni se gobierna con la autoridad con que supo hacerlo el General Juan Vicente Gómez, sin poseer un magnífico tesoro de extraordinarias dotes. Quienes tratan de empequeñecer su personalidad de venezolano, lo que hacen es reducirse ellos mismos al oscuro rincón de su propia insignificancia.

Esta pequeña página de recuerdo se la debía yo al General Gómez por un imperativo de gratitud, que es para mí la suprema moral humana. Fuera de la estimación con que me honró, del apoyo que le prestó como un lazarillo ideal a los primeros pasos de mi juventud, agrego para cerrar estas líneas, un desahogo de mis personales sentimientos que justifica la inquebrantable fidelidad de mi recuerdo. Y es el siguiente:

Estaba yo postrado en la Clínica de los Mayo esperando ser sometido a una operación considerada mortal. Advertido de este peligro por la voz de la sabiduría y de la ciencia para que tomase las providencias del caso desesperado, seguro de morir, puse entonces bajo el amparo de la piedad del General Gómez el único tesoro que he tenido en mi vida y que son mi noble compañera y mis hijos. La respuesta no tardó horas. “Opérese tranquilo, que en caso desgraciado yo velaré por su familia”.

Entonces, ante aquel despacho que me venía de la patria lejana envuelta en el vago perfume de la esperanza, me tendí tranquilo en la mesa de operaciones de la célebre Clínica que es un orgullo de la humanidad. Había desaparecido la preocupación torturante de mis pensamientos ante aquellas frases finales del cablegrama, cuyo valor yo conocía.

En efecto, no había realidad comparable a una promesa del General Gómez; ni nada más seguro que su palabra; ni nada más firme que su diestra tendida; ni nada más leal que sus brazos abiertos.

RAFAEL ÁNGEL ARRÁIZ

  El Arzobispo de Caracas, Monseñor Rincón González, acompaña el cortejo fúnebre con los restos del Presidente de la República de Venezuela, Benemérito General Juan Vicente Gómez, por las calles de Maracay junto con la multitud del pueblo.

El féretro del Presidente de la República de Venezuela, Benemérito General Juan Vicente Gómez, siendo conducido a hombros por las calles de Maracay. Sobrevuelan cuadrillas de la Aviación Militar Venezolana en homenaje a su Fundador ante la gran concurrencia del pueblo venezolano. Varias carrozas portan coronas fúnebres como expresión de admiración, cariño y recuerdo.

El Presidente de la República de Venezuela, Benemérito General Juan Vicente Gómez, recibiendo los máximos honores militares en el Panteón de la ciudad de Maracay en donde reposan sus restos.

Pueden ver los siguientes videos históricos:

Juan Vicente Gómez: Tiempo y figura.

Juan Vicente Gómez, recordado por su pueblo.

Juan Vicente Gómez: Semblanza histórica.

El Panteón del General Juan Vicente Gómez.

viernes, 11 de diciembre de 2020

VENEZUELA Y SU ILUSTRE GOBERNANTE, EL GENERAL GÓMEZ, 1935

 

La excursión del Doctor Hendrik de Leeuw a las Costas del Caribe, provocó elogiosos conceptos del escritor viajero sobre Venezuela y su Ilustre Gobernante, el Benemérito General Juan Vicente Gómez.

Nueva York, marzo 13. – (E. N. D.) – A su regreso de un viaje de cuatro meses por diferentes ciudades del mar Caribe, el Doctor Hendrik de Leeuw dio una exhibición privada a varios representantes de la prensa local, de las películas cinematográficas que había impresionado en su excursión, en la que le acompañó la señora de Leeuw.

El distinguido viajero, que ha recorrido casi todo el mundo y es muy conocido entre los radioescuchas por sus conferencias, inauguró una serie de charlas sobre sus últimas excursiones, tomando como tema la República de Venezuela, su Gobierno, los adelantos que este país ha alcanzado en los últimos tiempos y muy especialmente lo muchísimo que debe Venezuela al genio y patriotismo de su actual Presidente, el Benemérito General Don Juan Vicente Gómez.

Explicó el Doctor Hendrik de Leeuw el contraste que se notaba al pisar tierras venezolanas con otras naciones y la tranquilidad, el orden y el concierto que reinan en aquel privilegiado país, gracias al esfuerzo de un hombre que ha dedicado su vida a conseguir la felicidad de su patria.

No sólo eran notables las vistas tomadas por su perfecta fotografía, sino por ser una muestra del "ojo clínico" de un viajero que sabe seleccionar la parte de la vida de un pueblo que tiene por fuerza que interesar a cualquier público.

 (Publicado en el Periódico "El Nuevo Diario", el 14 de marzo de 1935).


SEMBLANZA DEL DOCTOR HENDRIK DE LEEUW

Hendrik de Leeuw, fue autor de muchos libros de viajes. Nació en Amsterdam, Holanda, en 1891. Llegó a los Estados Unidos en 1912 y se naturalizó en 1923. Mientras tanto, había estado viajando en muchas direcciones, incluido el Lejano Oriente, como representante de Firestone Tire and Rubber Company.

"Crossroads of the Java Sea" fue su primer libro, publicado en 1931. Durante 1934 y 1935 el Doctor Hendrik de Leeuw, realizó un extenso viaje por las islas del Caribe. Al darse cuenta de que no podía hacer justicia a la gran cantidad de material en el alcance de un volumen, sabiamente decidió limitarse en este libro a su experiencia en solo unos pocos de los países visitados, reservando muchos de los grupos de las Islas de Barlovento y Sotavento para tratamiento posterior.

En rápida sucesión aparecieron otros libros de "Crossroads"  como "Crossroads of the Caribbean Sea" (1935) narrando sus viajes a Surinam, Venezuela, Curaçao, Haiti, Santo Domingo y otros lugares. "Crossroads of the Buccaneers" (1937) y "Crossroads of the Zuider Zee" (1938) en su Holanda natal y "Crossroads of the Mediterranean" (1954).

Para los lectores juveniles, escribió "Java Jungle Tales" y para un gusto más adulto, "Cities of Sin", ubicada en el Lejano Oriente, y su secuela, "Sinful Cities of the Western World". En 1939 publicó "Flower of Joy".

El Doctor Hendrik de Leeuw también dictó conferencias y transmitió sus conocimientos por el mundo. Cuando la Segunda Guerra Mundial golpeó las áreas del Lejano Oriente que había conocido, contribuyó con artículos para "The New York Herald Tribune" sobre estas tierras. Se unió a la sección de Holanda de la Oficina de Información de Guerra en 1942.

Sus libros posteriores incluyen: "History of Colonies", "American Morals"; "A Survey and a Report", "Woman, the Dominant Sex" (1957), "Conquest of the Air" (1959) y "From Flying Horse to Man in the Moon" (1963).

Murió el sábado, 23 de julio de 1977, en el Hospital de Nueva York. Tenía 86 años y vivía en la sección Bay Ridge de Brooklyn.

Le sobrevivieron su esposa, Bess Bogel, y un hermano, Siegfried de Leeuw.

(Nota publicada, el 25 de julio de 1977 en "The New York Times").


Algunos de los interesantes libros publicados y su firma autógrafa.

jueves, 10 de diciembre de 2020

CENTENARIO DE LA AVIACIÓN VENEZOLANA (1920 - 2020)


El Benemérito General Juan Vicente Gómez, Fundador de la Aviación Militar y Civil en Venezuela, acompañado por un grupo de pilotos, sus muchachos, como cariñosamente los llamaba, entre ellos, de izquierda a derecha: Luis Medina Jaime, Miguel Rodríguez, Antonio María Villegas, Vicente Landaeta Gil y Manuel Ríos.


Se cumple el Centenario del histórico Decreto ordenado por el Benemérito General Juan Vicente Gómez de la creación de la Escuela de Aviación Militar de Venezuela y su instalación en Maracay, el día 10 de diciembre de 1920, fecha que siempre representará para la historia, el día de nuestra Aviación.


UNA HISTORIA QUE CUMPLE 100 AÑOS

 

Portada del libro "Mis Apuntes sobre la Aviación Venezolana", escrito por don Florencio Gómez Núñez, gran impulsor de la Aviación en nuestro país y testigo de excepción, cuya imagen aparece a la derecha.

RESEÑA HISTÓRICA DEL NACIMIENTO DE LA AVIACIÓN VENEZOLANA

Extractos del libro: "Mis Apuntes sobre la Aviación Venezolana”, escrito por Don Florencio Gómez Núñez, publicado en noviembre de 1970:

Estamos en el año de 1920. A comienzo del mes de Febrero, desembarca a en el puerto de La Guaira, el piloto aviador Cosme Rennella, de nacionalidad Italiana, con un avión francés, de caza, el Hanriot HD-l. Contratado por el empresario venezolano Eloy Pérez, para realizar unas demostraciones aéreas en Caracas.

El gran piloto italiano Cosme Renella con sus intrépidas acrobacias aéreas impresionó al General Juan Vicente Gómez en 1920.

El 27 de Febrero de 1920 realiza, despegando en el Hipódromo de El Paraíso, su primer vuelo, el 28 sale para Maracay y aterriza en un campo preparado, en el hipódromo frente al hangar donde está hoy el Museo Aeronáutico. Y sale el día 29 para San Juan de los Morros, donde pasaba unos días el Gral. Juan Vicente Gómez, Presidente de Venezuela y Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas. Rennella tenía especial interés de que el Gral. Gómez viera las maniobras que realizaba con su avión, las que verdaderamente ejecutaba en forma precisa y emocionante, pues era muy buen piloto. Al Gral. Gómez le causó una gran impresión y manifestó de inmediato por dicha arma; un gran interés, es bueno aclarar, que Rennella tuvo que permanecer en San Juan de los Morros, varios días debido a las lluvias copiosas que cayeron y que anegaron la sabana donde estaba su avión esperando, porque no podía levantar el vuelo. Y por lo tanto fue huésped del Gral. Gómez durante varios días, muchas veces tuvo largas conversaciones sobre aviación y de la actuación de él en la Primera Guerra Mundial. Cosme Rennella hablaba español afortunadamente.

El día 9 de Marzo, alza vuelo hacia Caracas (33 minutos). Tal fue la impresión que el General Juan Vicente Gómez sintió por esa arma que desde ese mismo momento expresó:

El Benemérito General en Jefe Juan Vicente Gómez, Presidente de la República de Venezuela, observando con admiración las maniobras aéreas que tanto disfrutaba.  

Tan pronto regresa a Maracay, el día 15 de Marzo le ordena al Dr. Victorino Márquez Bustillos encargado de la Presidencia, que de inmediato prepare el Decreto creando la Escuela de Aviación Militar de Venezuela, el cual se dicta y ejecuta el día 17 de Abril de 1920.

Inmediatamente después, se hace el pedido de un lote de aviones CAUDRON G-3 a Francia, que era el avión de Escuela y de muchos otros países; en el mismo momento se comienzan los trabajos para hacer el campo de aviación y sus hangares, en el sitio que hoy está funcionando el Museo Aeronáutico. Dos meses después de aparecido el Decreto, la fabrica CAUDRON entrega en París el 14 de Junio los primeros aviones G-3, para ser embarcados para Venezuela, el 21 de Junio es promulgada la ley de Aviación y su reglamento.

Los aviones llegan a La Guaira el 23 de Septiembre y de allí son trasladados a Maracay en ferrocarril. Junto con los aviones vinieron, el piloto de la Casa Caudron Robert Petit y los mecánicos Ludovic Pouget y Louis Rollón.

El Capitán Robert Petit realiza su primer vuelo de prueba el 30 de Octubre y así sigue poniendo el material a punto. 

El día 10 de Diciembre de 1920, se instala la Escuela de Aviación Militar de Venezuela. 

ACTA DE INSTALACIÓN DE LA ESCUELA DE AVIACIÓN MILITAR DE VENEZUELA, 10 DE DICIEMBRE DE 1920

 

Acta de instalación de la Escuela de Aviación Militar de la Ciudad de Maracay del Distrito Girardot del Estado Aragua.

Hoy, diez de diciembre de mil novecientos veinte a las 7. a.m.  reunidos en el Campo de Aviación de la Ciudad de Maracay, los ciudadanos Coronel David López Henríquez y Capitán Alejandro Fernández Ortiz, Director y Ayudante del Instituto, respectivamente; el personal instructor ciudadanos Capitán Robert Petit, Ludovic Pouget y Louis Rollón y los alumnos pilotos del plantel, con el patriótico fin de dar cumplimiento a la notable disposición que en circular de fecha, 4 de diciembre de 1920 N° 792 dirigió a este Instituto el ciudadano General Inspector General del Ejército, General José Vicente Gómez, se procedió en consecuencia a la instalación de la Escuela Militar de Aviación en la Ciudad de Maracay, decretada en fecha, 17 de abril de 1920 por el ciudadano Presidente Provisional de la República, Dr. Victorino Márquez Bustillos, esforzado colaborador de la Causa Rehabilitadora, leal amigo y entusiasta admirador del Benemérito General Juan Vicente Gómez, y como un tributo de gratitud y cariñosa consecuencia Patria bajo cuya sabia orientación ha alentado el Ejército Nacional el más alto grado de adelanto, disciplina y cultura.

Incontinenti se levantó la presente Acta, se leyó a las personas que deben suscribirla y manifestando están conformes con su contenido firman:

El Coronel Director David López Henríquez, el Instructor Técnico Robert Petit, 1° Mecánico Ludovic Pouget, 2° Mecánico Louis Rollón y Capitán - Ayudante Alejandro Fernández Ortiz.

El 11 de Diciembre vuela Petit con el primer alumno venezolano Francisco Leonardi, dicho vuelo es realizado en presencia del Gral. Juan Vicente Gómez y su comitiva. El día 19 de Diciembre es la inauguración oficial de la Escuela que funcionaba en el hangar donde está el Museo Aeronáutico.

El General Juan Vicente Gómez, observa con satisfacción y orgullo los vuelos en el Campo de Aviación de Maracay

Entran los primeros alumnos del plantel: Juan Yepez, Antonio María Villegas, Francisco Leonardi, Ovidio Díaz Font, Julio Fortoul, Jesús María Paúl Vallenilla y los mecánicos: Amador Nieto, Alfredo García, Elías Sayago y Juan Lucero. Como Director de la Escuela fue designado el Coronel David López Henríquez, como ayudante el Capitán Alejandro Fernández Ortíz, médico el Dr. Octaviano Urdaneta Maya, practicante el Sub-Teniente (asimilado) Rafael Bellera Arocha y contador el Teniente José R. Bastardo García.

El 7 de Enero de 1921 llega la Misión Francesa que trae como Jefe al Capitán Jean Touissant Fieschi, Sub-Teniente Georges Alphonse Teppe, el Teniente de Navío Roberto Guerin y los mecánicos Sub-Teniente Fernando Cercean y Sub-Oficial Georges Leys, incorporándose aquí a la Misión el Capitán Roberto Petit.

En una casa situada en la Avenida Bolívar en el cruce con la calle 5 de Julio en su esquina Noroeste comienza a funcionar la sede de la Escuela, en cuyas aulas se imparte la instrucción teórica a los alumnos y pilotos.

En el primer curso del año 1921 ingresan como alumnos pilotos el Sub-Teniente Manuel Ríos, y los civiles Miguel Rodríguez, Vicente Landaeta y Prisco Heuer Lares, y como mecánicos José Segnini, Ernesto Salas, Eleazar Romero y Elías Vivas Moros.

Así pues, empieza la organización de ésta Escuela, que a través de los años con el esfuerzo y la abnegación de todos sus componentes, está hoy en un puesto de excelencia en el mundo de la aviación.

El primer vuelo solo de un venezolano en el cielo patrio, lo realizó el Sub-Teniente Manuel Ríos el 14 de Abril de 1921.

Sub-teniente Manuel Ríos, quien se convirtió en el primer piloto venezolano, alumno de esa Escuela, que surcó en solitario los cielos de la patria.

Telegrama del Ministerio de Guerra y Marina para el Gral. Juan Vicente Gómez, comunicando dicha hazaña:

TELEGRAMA

ESTADOS UNIDOS DE VENEZUELA.

MINISTERIO DE GUERRA Y MARINA.

DIRECCION DE GUERRA-TELEGRAMA N°1195,

CARACAS 15 DE ABRIL DE 1921.


Sr. General Juan Vicente Gómez etc.,etc. Maracay:

El Director de la Escuela de Aviación participa haber hecho ayer, su primer vuelo solo el Sub-Teniente Manuel Ríos, alumno de dicha escuela, iniciando así felizmente la carrera del Pilotaje Aéreo Nacional. Al comunicar a usted tan grata noticia, me es altamente satisfactorio presentarle mis respetuosas y cordiales felicitaciones por este triunfo logrado por usted en rama de tan trascendental importancia para el País y el Ejército.

Dios y Federación.

C. Jiménez Rebolledo.

Ministro de Guerra y Marina.

Luego vuelan ese mismo día Fortoul y Rodríguez, y más adelante le siguen los alumnos: Landaeta, Leonardi, Heuer Lares y Villegas.

 


MENSAJE DEL DR. VICTORINO MÁRQUEZ BUSTILLOS

"Hoy funciona ésta ya desde el 1 de enero del año en curso en que fue inaugurada oficialmente, integrada por un competente personal de instructores que se contrató con el Gobierno de la República Francesa, por muchas naves aéreas de combate y de enseñanza, todas de excelente calidad, por un número apreciable de alumnos que han efectuado ya vuelos de ensayo bajo la vigilancia de sus maestros y por todos los elementos materiales necesarios puestos a disposición de este Instituto, y los cuales están de acuerdo con la capacidad de su personal directivo y docente y con el espíritu de trabajo y de estudio que anima a los jóvenes que allí se instruyen. De todo cuanto os informo al respecto, tendréis comprobación inequívoca en los días del Centenario de la Batalla de Carabobo en que serán inaugurados el magnífico edificio donde funciona la Escuela actualmente y sus Departamentos anexos. El Ejército Nacional puede decirse que cuenta ya con el apoyo y colaboración de tan moderno e importante servicio.

No era, en consecuencia, una promesa vana la que formulé acerca de este grande adelanto alcanzado por nuestro organismo militar. El Decreto del 17 de abril de 1920 ha tenido cabal cumplimiento en menos de un año y no obstante que para realizarlo era lógico pensar que tardaría mucho mayor transcurso de tiempo. Mas, para el Benemérito General Juan Vicente Gómez, incansable hombre de acción que ha logrado rehabilitar a Venezuela en todos los órdenes de la actividad nacional, no existen horas de tregua cuando dedica la mente y pone la robusta diestra al servicio de una empresa que entre en sus nobles propósitos de mantener la paz pública".

Ciudadanos Senadores. Ciudadanos Diputados.

VICTORINO MÁRQUEZ BUSTILLOS.

Caracas, 29 de abril de 1921.

El Gobierno Nacional prepara para el día 24 de Junio de 1921 una Gran Parada Militar en el Campo de Carabobo, en celebración de los 100 años de nuestra Independencia. El Gral. Gómez tiene especial interés de que la Aviación participe en esa Parada, para que fuese ese el día de la incorporación de la Aviación a nuestras fuerzas armadas. Tal cometido lo realiza el Teniente Roberto Guerin, quedando establecido ese día la unión de nuestras fuerzas, de aire, mar y tierra.

La Escuela sigue en progreso, la Misión Francesa cumple su contrato de dos años y regresa a su país. Se multiplican los accidentes y se va destruyendo totalmente el material de vuelo, lo que aprovechan los no adictos a la aviación para desacreditarla, a tal punto, que llegó a tambalear la existencia de la Escuela.

"La Chiva", fue un gran esfuerzo de los mecánicos: Nieto, Segnini y Salas, que con mi apoyo, dentro de los despojos lograron armar un Caudron G-3, el cual se ofreció para volarlo Miguel Rodríguez, vuelo que se realiza a mediados del año 1924, que por mi exigencia lo vio volar el Gral. Juan Vicente Gómez desde el camino que va a Las Delicias. Papá de nuevo se entusiasmó mucho y de inmediato ordena darle vida a la Escuela se compra nuevo material en Francia, aviones Caudron G-3. Contratándose de nuevo al instructor Roberto Guerin y como mecánico a Marcel Poussin. La Escuela ya vitalizada comienza a funcionar normalmente en 1925, ingresando para nuevos cursos muchos pilotos y mecánicos.

En 1926, el Gobierno Nacional inicia la construcción de campos de aviación en Calabozo, San Fernando de Apure, Barinas, Barquisimeto, San Carlos, Coro, Maracaibo, Encontrados, San Antonio del Táchira, Barcelona y Ciudad Bolívar. En ese mismo año se adquieren en Francia los aviones CAUDRON C-60.

El Presidente de la República, Benemérito General Juan Vicente Gómez, presente en compañía de familiares y altas personalidades en los hangares del Campo de Aviación de la ciudad de Maracay.

En 1927, realiza el profesor Roberto Guerin en un CAUDRON G-3 vuelos inaugurales en los campos de Calabozo, San Fernando de Apure, Barinas, Acarigua, Barquisimeto y San Carlos de Cojedes; posteriormente esas mismas pistas son visitadas por una escuadrilla de aviones CAUDRON C-60, que salen de Maracay el día 30 de Abril de 1928.

Llegan los famosos pilotos franceses Costes y Le Brix aterrizando perfectamente en el campo de Maracay el día 17 de Enero de 1928 a las 4:30 de la tarde. El avión que los condujo a Maracay era un Breguet 19, identificado con los nombres de "Nungesser y Coli", dos mártires franceses de la aviación que desaparecieron tratando de cruzar el Atlántico Norte en viaje de París a New York, el 8 de mayo de 1927.

A la izquierda: El héroe de la Aviación mundial Charles Lindbergh en compañía del General Juan Vicente Gómez, Presidente de la República de Venezuela, durante una recepción en Maracay en 1928. A la derecha: El célebre avión del famoso piloto norteamericano en los hangares de Maracay. Aparecen posando con el "Spirit of St. Louis", de izquierda a derecha: el Coronel David López Henríquez, Juan Vicente Gómez (hijo), José Rosario Gómez, Florencio Gómez Núñez y Arturo Uslar Pietri.

El héroe de la aviación Charles Lindbergh también nos visita con su famoso avión "Spirit of St. Louis" el día 29 de Enero de 1928. Llegó retardado aduciendo que se embelesó con el maravilloso paisaje de los llanos venezolanos. La verdad es que si llega quince minutos más tarde hubiese tenido que aterrizar completamente a oscuras porque dicho campo no tenía ninguna iluminación, lo que planteaba serios problemas ya que la visibilidad de su avión era muy poca hacia afuera. La muchedumbre emocionada corrió hacia el campo para ver de cerca al héroe y conquistador del Atlántico Norte, una vez que descendió del aparato. El General Gómez personalmente tuvo que intervenir para alejar a la gente agolpada en torno al avión. El Gral. Gómez saluda cariñosamente a Lindbergh y regresa con él hasta los hangares.

El avión era el mismo "Spirit of St. Louis", en el cual había realizado el fantástico vuelo de New York a París, saliendo de Roosevelt Field N. Y., el 20 de mayo de 1927 y llegando a Le Bourget, París, 32 horas y media después, el 21 de mayo de 1927.

El gobierno nacional declara huésped de honor al coronel Lindbergh, es agasajado en varios actos y condecorado por el Gral. Juan Vicente Gómez con la Orden del Libertador.

A mediados del año 1928, adquiere Venezuela un grupo de aviones de bombardeo BREGUET 19, del mismo tipo que trajo Costes y Le Brix, y los aviones de Escuela MORANE-SAULNIER 147 y 230.

Avión Farman N° 1, en uno de los hangares de Maracay.

En 1929 se compran los aviones de transporte FARMAN 190. En estos aviones se inició el primer correo aéreo nacional entre las ciudades de Maracay, Coro, Maracaibo, Barquisimeto, Barinas, San Fernando de Apure, Calabozo y Ciudad Bolívar. Ese mismo año, se compra en Alemania el Hidroavión JUNKER W-34, equipado con el más moderno equipo fotográfico existente para la época, destinado para el estudio de nuestras fronteras, estableciéndose el Servicio de Cartografía Nacional.

En este mismo Hidroavión JUNKER se realizó el primer vuelo fuera de nuestras fronteras, realizado por el piloto Teniente de Navío Luis Medina Jaime, en vuelo a la ciudad de Santa Marta (Colombia) el día 17 de Diciembre de 1930, llevando la representación de Venezuela para los actos conmemorativos del centenario de la muerte de nuestro Padre de la Patria, el Libertador Simón Bolívar, en la Quinta San Pedro Alejandrino. Dicha misión estaba integrada por los doctores José Gil Fortoul y Guillermo Tell Villegas Pulido.

En el mes de Julio de 1929, se realizó el primer vuelo nocturno en Maracay, en un BREGUET 19, piloteado por el Capitán Gastón Lafannechere.

La primera misión de guerra de nuestra aviación militar fue realizada por tres aviones BREGUET 19, comandados por los pilotos: Gastón Lafannechere, Manuel Ríos y Vicente Landaeta, efectuado el día 12 de Agosto de 1929, a la ciudad de Cumaná, con motivo de la invasión del “Falke”. El 25 de septiembre de 1929, Venezuela es incluida en las rutas comerciales de la Pan American y nos visita Charles Lindbergh, por segunda vez, como su representante en un avión SIKORSKY S-38.

El 15 de Octubre de 1929, realiza una escuadrilla de tres aviones BREGUET 19, un vuelo sobre Los Andes dando la escuadrilla tres vueltas sobre el Pico Bolívar, a una altura aproximada de 6 mil metros, dicho vuelo tuvo un recorrido de 1.600 kilómetros sin escala, partiendo de Maracay en 9 horas y media: los pilotos fueron: Gastón Lafannechere, Manuel Ríos, Vicente Landaeta y Antonio María Villegas.

A mediados de 1930, se instala en los hangares de Maracay la Escuela de Radiotelegrafía.

Don Florencio Gómez Núñez, explica a su padre, el Benemérito General Juan Vicente Gómez, Presidente de la República de Venezuela, los pormenores sobre las nuevas adquisiciones de aviones.

Ese mismo año, se crea la primera unidad de combate denominada "GRUPO VENEZUELA" y se termina de construir la pista del campo de Boca del Río.

Para los actos del Centenario de la muerte del Libertador, nos visita el famoso piloto colombiano Benjamín Méndez en su avión Curtis de nombre “Ricaurte”, el 17 de diciembre de 1930.

En el año 1931, se adquieren los aviones CURTIS – HOSPRIT (norteamericanos).

A comienzos de 1933, la Compagnie Generale Aeropostale Francesa que venía operando en el país desde finales de 1929, trajo un avión de marca POTEZ, de 8 plazas piloteado por el piloto francés Curi, para estudiar las posibles rutas en Venezuela.

La Compagnie Generale Aeropostale Francesa, tras cuatro años operando en el país, sufrió un déficit difícil de encarar y solicitó ayuda del gobierno mediante un subsidio mensual de unos 30.000 bolívares para cubrir sus pérdidas. De lo contrario, la empresa se vería en la necesidad de abandonar el país. Ante este dilema, yo Florencio Gómez Núñez, afirmando la vieja idea concebida en favor de la incorporación a Venezuela de su propia empresa de aviación comercial, en lugar de socorrer a una firma extranjera, con todos los recaudos en la mano, hablé con mi padre el Gral. Juan Vicente Gómez para adquirirla, quien se mostró desde el primer momento entusiasmado y dijo: "Me parece muy buena esa idea tuya, siempre he creído que Venezuela debe tener su propia línea aérea para que una a todos los pueblos..."

Así en la primera ocasión le hice saber a Vachet, representante de la Compañía Aeropostale Francesa, que si ellos persistían en eliminar a Venezuela en sus operaciones, quizá podía ser yo un probable comprador de la empresa. La Gerencia en París aprobó días después la negociación y estableció entre las condiciones la de que no intervenga en la misma el gobierno venezolano, pues la compañía francesa estaba disgustada con el Ejecutivo por su negativa a darle la subvención solicitada. Al parecer, la aspiración de que el Estado venezolano tuviese en esta ocasión su línea propia se desvanecía; sin embargo me las ingenié para introducir una cláusula en la opción de compra obtenida de esa compañía con fecha, 25 de octubre de 1933 que habría indirectamente las puertas de la negociación pública. En efecto, el documento en su cláusula novena rezaba: "Esta opción podrá ser cedida o traspasada por el señor Florencio Gómez, en todo caso la Compañía Generale Aeropostale se obliga hacer el traspaso de su activo durante la opción, a la persona o compañía que el referido señor Gómez indique..."

De esta manera el gobierno venezolano adquirió indirectamente y mediante el traspaso que yo le hice, todas las pertenencias de la compañía desde las unidades de vuelo hasta las oficinas y derechos según inventario suscrito por Vachet y por mí.

Finalmente, el 1 de enero de 1934, se legalizó la negociación de comprar por parte del gobierno de Venezuela todos los haberes de la compañía Generale Aeropostale Francesa y de inmediato a esa entidad comercial se le dio el nombre de Línea Aeropostal Venezolana, naciendo así nuestra primera Línea Aérea Comercial.

Don Florencio Gómez Núñez, pionero y gran impulsor de la Aviación Venezolana, presente en el Panteón de su padre, el General Juan Vicente Gómez, en uno de los homenajes de la Fuerza Aérea Venezolana a su Fundador. Maracay, año 1993. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

En el año 1933 se compran los aviones de transporte LATECOERE 281 y los BREGUET 227.

En el año 1934, se envía la primera misión aérea a Francia, integrada por el Capitán Alcides Quintero, Tenientes Jesús Enrique Zafrané y Guillermo Pacaníns.

El 15 de julio de 1935, nos visita el famoso piloto español Juan Ignacio Pombo en su avión “Santander”. Ese mismo año, se adquieren tres aviones de caza DEWOITINE tres anfibios LIORE ET OLIVIER (LEO-H23-2). Este material fue recibido en Francia por la misión venezolana.

Los principales hechos históricos y acontecimientos más importantes de nuestra gloriosa aviación aquí narrados, forman parte de mi alma y corazón, porque fui un testigo de excepción en el nacimiento y desarrollo de nuestra aviación militar. Por mi decidido afecto por esta arma, mi padre, el General en Jefe Juan Vicente Gómez en 1928, le ordenó al Ministro de Guerra y Marina que todo lo que se relacionara con la aviación se me participara y consultara. Esta decisión de mi padre me llenó de una enorme satisfacción y orgullo, por la confianza depositada en mí, pues tenía la seguridad de que sería un fiel ejecutor de sus deseos en el progreso y engrandecimiento de nuestra aviación militar.

FLORENCIO GÓMEZ NÚÑEZ

Extractos del libro: "Mis Apuntes sobre la Aviación Venezolana".

(Noviembre de 1970, Caracas - Venezuela).

 

El Alto Mando de la Fuerza Aérea Venezolana, coloca una ofrenda floral ante la tumba de su Fundador, el Benemérito General Juan Vicente Gómez como sentido homenaje a su memoria.

Pueden disfrutar una serie de videos históricos sobre los inicios de la Aviación Venezolana, fundada el 10 de diciembre de 1920, por el Benemérito General Juan Vicente Gómez, Presidente de la República de Venezuela: 

Inicios de la Aviación Venezolana con Florencio Gómez Núñez:


La Aviación Venezolana Fundada por el General Juan Vicente Gómez 1920:


Historia de la Aviación Venezolana. (Parte 1):


Historia de la Aviación Venezolana. (Parte 2):


Historia de la Aviación Venezolana. (Parte 3):