viernes, 6 de noviembre de 2020

VENEZUELA, PAÍS SIN DEUDAS 1935

(Extracto de la entrevista realizada al distinguido Doctor José Santiago Rodríguez publicada en el diario “La Mañana” de Montevideo, Uruguay, el sábado 9 de marzo de 1935).

El Benemérito General Juan Vicente Gómez, Presidente de la República de Venezuela, conversando con sus Ministros: Dr. Efraín González, General Eleazar López Contreras, Dr. Pedro Itriago Chacín y Dr. Pedro Rafael Tinoco. 

Importantes conceptos sobre Venezuela y su Gobierno. Una nación sin deudas.

En la mañana de ayer llegó procedente de Buenos Aires, el Doctor José Santiago Rodríguez, eminente jurisconsulto e historiador venezolano, catedrático de Derecho Romano de la Universidad de Venezuela y Presidente de la Academia Nacional de Historia de Caracas.

Poco después de desembarcar del vapor de la carrera, el Doctor Rodríguez, en compañía del Encargado de Negocios de Venezuela en nuestro país, Doctor J. R. Montilla, deparó a nuestra casa la amable y honrosa deferencia de su visita.

Con ese motivo, nos fue dable departir durante algunos momentos con el ilustre huésped y con su distinguido acompañante, obteniendo las interesantes referencias que aparecen concretamente a continuación:


UN VIAJE DE CIRCUNVALACIÓN EN TORNO DE AMÉRICA

Acabo de realizar –nos dijo el Doctor Rodríguez–, uno de los viajes más interesantes de mi vida y que con mayor vehemencia deseé siempre llevar a cabo.

Imaginen ustedes –prosiguió– que honrado con la invitación del gobierno de Lima para asistir a los grandes festejos conmemorativos del Cuarto Centenario de la ciudad de los Virreyes, en carácter de huésped de honor, salí de mi país, recorrí el norte de Colombia, me dirigí al Pacífico por el Canal de Panamá y siguiendo hacia el sur la costa oceánica, llegué a Callao y de ahí hasta Lima. Terminados los grandes actos de la referencia, que han dejado en mi memoria recuerdo imborrable, reemprendí viaje de nuevo hacia el Sur, visitando Chile y trasponiendo después la cordillera, llegué hasta Buenos Aires y desde esa capital a Montevideo. Desde aquí seguiré hacia Brasil, retornando luego a Caracas por vía marítima, cerrando así este bello y encantador periplo.


VENEZUELA, PAÍS SIN DEUDAS

Doctor José Santiago Rodríguez.

Se refiere después el Doctor José Santiago Rodríguez a su propio país:

La situación de Venezuela es, dentro de las circunstancias actuales, afortunadamente halagüeña. En todo caso, hay la posibilidad de afirmar que mi país ha sentido en menor proporción que los demás los efectos de la intensa crisis que en los presentes momentos angustia al mundo.

¿A qué es dable atribuir esa circunstancia?

A su actual Gobierno presidido por el General Juan Vicente Gómez y a su organización económica. Hay que tener en cuenta que Venezuela es uno de los pocos países del mundo que no tiene deudas. Por el contrario, su erario presenta en la actualidad un superávit de cien millones de bolívares. Esa es la consecuencia de la política que se siguió a raíz del verdadero bloqueo económico de que se hizo objeto a mi país en razón, precisamente, del crecido número de deudas que llegó a tener. Fue en mérito del duro aleccionamiento recibido por ese motivo que se instauró la organización actual de fundamentos económicos tan saneados y sólidos.

(El Nuevo Diario, 23 de marzo de 1935).

 

SEMBLANZA DEL DOCTOR JOSÉ SANTIAGO RODRÍGUEZ. 

El Doctor José Santiago Rodríguez, nació en Caracas, Venezuela, el 14 de febrero de 1877 y falleció en Caracas, el 10 de mayo de 1945. Fue hijo del doctor Miguel María Rodríguez y de la señora Teresa Rodríguez de Rodríguez.

Abogado, diplomático e historiador. Cursó estudios primarios y secundarios en su ciudad natal. Se recibió de bachiller en Filosofía, el 12 de junio de 1896, en la Universidad Central de Venezuela. Graduado de Doctor en Derecho en la Universidad Central de Venezuela (1900).

Individuo de Número de la Academia Nacional de la Historia, electo el 11 de marzo de 1908. Director de dicha Academia (1934-1935), utilizó el archivo personal de su abuelo, el político y varias veces Ministro del mismo nombre José Santiago Rodríguez (1795-1874), como material de documentación para escribir y publicar en 1933, una Contribución al Estudio de la Guerra Federal en Venezuela, considerado por el público como "el libro más interesante del Doctor Rodríguez".

A partir de 1909, durante la presidencia del Benemérito General Juan Vicente Gómez, le correspondió acompañar al doctor Carlos F. Grisanti, quien había sido nombrado Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de los Estados Unidos de Venezuela en el Reino de los Países Bajos, como Secretario de la Legación Venezolana. Para esa fecha, Rodríguez ocupaba el cargo de vocal principal de la Corte de Casación por la Séptima Agrupación, compuesta por los estados Bermúdez y Bolívar.

El 16 de septiembre de 1909, el Presidente de la República, Benemérito General Juan Vicente Gómez, le confirió la condecoración del Busto del Libertador en la 2ª. Clase de la Orden al Doctor Carlos F. Grisanti, y en la 3ª. al Doctor José Santiago Rodríguez.

En 1910 ya es abogado de fama en Caracas y junto con su otrora discípulo, el Doctor Cristóbal L. Mendoza, también académico fundador de la Academia de Ciencias Políticas y Sociales, funda el bufete de abogados Rodríguez & Mendoza, una de las primeras y más prestigiosas firmas de abogados del país.

Como complemento de su formación jurídico-universitaria, Rodríguez hizo estudios de Historia Universal y de Gramática Francesa en el Colegio Aveledo, a la par de estudios de Lengua Inglesa en el Colegio Villalobos, todos en Caracas. Fue también el único cursante de la cátedra de Antropología en la Universidad Central de Venezuela, la cual fue dictada por el eminente Doctor Rafael Villavicencio.

Durante el Gobierno del Benemérito General Juan Vicente Gómez, fue fundador, junto con otros treinta académicos, de la Academia de Ciencias Políticas y Sociales, mediante Resolución Ejecutiva, el 19 de diciembre de 1916, ocupando el Sillón No. 11. Para la fecha, el Doctor Rodríguez venía precedido por una muy merecida fama como abogado, magistrado y profesor de Derecho en la Universidad Central de Venezuela. Desempeñó la cátedra de Derecho Romano en la Escuela de Ciencias Políticas de Caracas y publicó en 1928, unos Elementos de Derecho Romano. Se ocupó igualmente de las asignaturas de Derecho Civil, Economía Política y Derecho Internacional Privado, tareas que desempeñó en la Escuela de Ciencias Políticas, de la cual fue además su Director.

En materia de Derecho Internacional Privado produjo artículos difundidos en las revistas jurídicas caraqueñas. También publicó artículos y alegatos en otras materias, como Derecho Civil, Derecho Procesal, Derecho Petrolero, Derecho Penal y Derecho Mercantil.

Al Doctor Rodríguez como diplomático le fueron encomendadas misiones de altísima importancia en Estados Unidos de América, Gran Bretaña, España y Portugal. Fue además miembro de la Corte Permanente de Arbitraje de La Haya, delegado de Venezuela ante la Comisión Mediadora para conocer de la Controversia de Fronteras entre Honduras y Nicaragua y ante la Conferencia de Cancilleres de La Habana, entre otros.

Llegó a ocupar el cargo de Segundo Vicepresidente del Colegio de Abogados del Distrito Federal y de Director de la Academia Nacional de la Historia, a la que prestó importantes servicios, habiéndose incorporado a esa Academia, el 14 de julio de 1918, durante la presidencia del Benemérito General Juan Vicente Gómez.

Recibió significativos reconocimientos tales como Socio Honorario del Colegio de Abogados de Costa Rica, miembro correspondiente de la Academia Colombiana de Jurisprudencia, así como también de las Academias de la Historia del Ecuador, Santo Domingo y Colombia, del Instituto Histórico del Perú y del Histórico y Geográfico del Uruguay. Fue también miembro de diversas comisiones revisoras de códigos nacionales.

Su retrato honra una de las paredes de la sede de la Academia Nacional de la Historia y preside la sesión que se realiza en este salón de sesiones.

El fallecimiento del Doctor Rodríguez en Caracas, el 10 de mayo de 1945, fue reseñado por la prensa en primera página, y lamentado como "pérdida irreparable para la ciencia en nuestro país y en el Continente y también para nuestra sociedad, de la cual era el Doctor Rodríguez uno de los miembros más distinguidos".

Con ocasión de su fallecimiento la Academia de Ciencias Políticas y Sociales dictó un acuerdo en el cual afirmó que su vida constituye "un preclaro ejemplo de virtudes ciudadanas" y lo propio hizo la Academia Nacional de la Historia que lo llamó "ciudadano por todos respectos honorable y distinguido".

Su velatorio se llevó a cabo en la Casa Amarilla y al mismo invitaron, además de sus familiares, los doctores Cristóbal L. Mendoza y Carlos R. Travieso, el Ejecutivo Federal, el Encargado del Ministerio de Relaciones Exteriores, el Consejo de la Facultad de Derecho de la Universidad Central de Venezuela, el Colegio de Abogados del Distrito Federal, la Academia de Ciencias Políticas y Sociales, la Academia Nacional de la Historia, y una inmensa lista de amigos, encabezada por el propio Presidente de la República General Isaías Mediana Angarita y el Ex-Presidente General Eleazar López Contreras.

El Doctor Rodríguez estuvo casado con la honorable señora María Luisa Travieso, y fue sobrevivido por dos hijos, los doctores Manuel y José Santiago Rodríguez Travieso.


jueves, 22 de octubre de 2020

OBRAS PERDURABLES DEL GENERAL GÓMEZ: EL BANCO AGRÍCOLA Y PECUARIO Y EL BANCO OBRERO

(Por: Carlos Urdaneta Carrillo)

El Benemérito General Juan Vicente Gómez, fundó el Banco Agrícola y Pecuario y el Banco Obrero en 1928, dos instituciones fundamentales para el progreso y desarrollo del Venezuela.

Maracay, enero de 1934. Una de las características más resaltantes del Gobierno del General Juan Vicente Gómez, es que él ha velado incesantemente por la conservación y desarrollo de los intereses materiales y morales del hombre; y así, desde el principio de su Gobierno, en 1909, en su Mensaje, urge a los Legisladores porque tomen prontas y eficaces medidas para el licenciamiento de los veteranos, iniciativas que reitera en los años subsiguientes; en todo momento avizora y trata de reprimir en la esfera de su actividad la reprochable actividad de los acaparadores; estimula con la palabra y el ejemplo a los agricultores, fomenta la previsión social y da empleo a millares de obreros, desde los comienzos de su actuación, en las obras públicas que empieza a desarrollar; ha velado en todo momento porque las salvadoras leyes de trabajo que se dictaron en 1915, sean una realidad, desde el principio que limita la jornada a 8 horas, hasta el no menos justo de las indemnizaciones del obrero por accidentes en el trabajo.

Él no ha contemplado, cruzado de brazos, los problemas de seguridad e higiene de los talleres, ni el paro forzoso, porque cuando éste se empieza a sentir, decreta avenidas, calles, soberbios edificios y bellísimas plazas, y disemina en toda la República centenares de cuadrillas de trabajadores y los emplea en la construcción de puentes, en la apertura de caminos y en el ensanche, cuido, reparación y conservación de los existentes; ni se ha desentendido de los que plantea la necesidad de garantía en la circulación monetaria y fiduciaria. Las reservas de oro, que puede decirse, fueron la clave de la fenomenal prosperidad de los Estados Unidos, son aquí realidad que nadie puede desconocer, porque reposan en la irrebatible realidad de los números.

La creación de ambos Bancos: Agrícola-Pecuario, y Obrero, corresponde a tan levantados propósitos y son las huellas hechas carne del solícito interés del Gobierno del General Gómez por los hombres de trabajo.

Veamos ahora cuáles ideas fundamentan la tesis adoptada por el General Gómez al solicitar al Congreso la creación de estos dos Bancos.

Las teorías modernas, a la par que desechan, casi absolutamente el concepto del Estado-Providencia en el dominio político, por constituir inevitable amenaza a la libertad, aconsejan como una de las mejores soluciones a los ingentes problemas que han planteado las nuevas necesidades, la más constante y amplia intervención en el dominio económico. Proclamar el intervencionismo del Estado en materia económica, es, se ha dicho, sostener la causa de la justicia y del bienestar humano; y en efecto, la órbita de la producción y repartición de la riqueza, no puede abandonarse, sin evidente injusticia a la inexorabilidad de ciertas leyes económicas, ni es suficiente el solo concepto de la justicia, relativo, muy relativo por cierto, para corregir todas las anomalías, que, cuando lesionan a porción considerable de la sociedad, se llaman crímenes colectivos. Sustraer a ese salvador movimiento las industrias y negocios individuales, que en virtud de él, se convertirán, por medios más o menos recomendables, en empresas oficiales, es ir contra la corriente de las ideas, es tratar de volver a los infaustos tiempos, en que el bienestar de unos pocos se llamaba bienestar general.

Conceptos, propios de un patriota y estadista como el General Gómez, son los siguientes de su Mensaje al Congreso de 1928:

 "Os pido la creación de un Banco Agrícola y de un Banco Obrero, con capitales iniciales de Bs. 30.000.000, el primero, y de Bs. 6.000.000, el segundo, destinados principalmente a facilitar dinero, en calidad de préstamo, con largos plazos de amortización e intereses módicos, aquél a los agricultores y criadores para el fomento y desarrollo de sus industrias, y éste a los obreros y artesanos, a fin de que puedan hacerse dueños de viviendas propias. Verán así los hombres de trabajo de la República, que ésta cuida de su bienestar: los hacendados, porque con el Banco Agrícola, se realizará, en su favor, una Institución, por la que se venía clamando en Venezuela desde hace cerca de 100 años; y los elementos laboriosos, de las clases pobres, porque con la creación del Banco Obrero se adelantan los Poderes Públicos a satisfacer sus justas aspiraciones de mejoramiento. Respetuosamente os exijo que dictéis en vuestras actuales sesiones las leyes respectivas, de modo que ambos Bancos puedan comenzar a funcionar el primero de julio del presente año. Pienso que en las expresadas Leyes debe quedar bien claro que estos Institutos no emitirán billetes ni cédulas. Cuando sea menester, la Nación aumentará, con dinero del Erario Público, el capital inicial de cada uno".

Y el año siguiente, el General Gómez solicitaba el complemento de esta Obra en estos términos, reveladores del grande interés que le inspiraba la materia:

"La agricultura y la cría son las industrias de las cuales, propiamente, depende el bienestar general. Con la mira de fomentarlas os propuse, en mi Mensaje de 1928, la creación del Banco Agrícola y Pecuario. Acogisteis mi insinuación, y este importante Instituto está hoy en plena y fecunda actividad. Permitidme que ahora os pida que aumentéis su capital de Bs. 30.000.000, elevándolo a Bs. 50.000.000.

Especial protección ha dispensado mi Gobierno al elemento obrero. La Ley del Trabajo que dictasteis en vuestras sesiones de 1928 se ha venido cumpliendo estrictamente. El Banco Obrero, cuya creación dispusisteis a petición mía, en esas mismas sesiones, trabaja con éxito. Asimismo, os pido que aumentéis su capital elevándolo a Bs. 10.000.000, en vez de los Bs. 6.000.000, que actualmente tiene". (Mensaje del 19 de abril de 1929).

Iniciativas éstas que, por ser de quien eran, constituían desde luego, antes de tramitarse legalmente, un hecho cumplido. No era, propiamente el Gobierno, era él mismo quien las hacía. Por tanto, no dudamos sostener que se trataba entonces de una iniciativa personal del General Gómez, a favor de los hombres de trabajo, agricultores y obreros.

Grupo de casas construidas por el Banco Obrero en Maracay en el año 1933.

Tenía muchísima razón el General Gómez, cuando afirmaba que por la institución del Banco Agrícola se venía clamando hacía cerca de un siglo y creo que antes, en la Colonia, aunque existía la necesidad, no se formulaba la aspiración, por temor de que cayera en el vacío de la indiferencia oficial.

Pero, en el correr de los tiempos, aquí, en vez del Estado-Providencia, fue un hombre, amante como ninguno otro de su pueblo y del campo, que allá, cerca de la frontera, cultivó personalmente durante más de treinta años, dotado de una inteligencia bastante clara para concebir y de la energía suficiente para llevar a cabo prontamente lo que otros en un siglo no pudieron realizar, quien dotó al País de un Banco Agrícola ideal, con capital saneado y efectivo que ayuda y ayudará el desenvolvimiento de la Industria Madre, que dijera Adam Smith; Banco sin igual entre los de su índole de los otros países, porque está fundado con el capital propio de la nación, que acumulado sabiamente por el General Juan Vicente Gómez realiza hoy, entre otros, este útil y levantado propósito de engrandecimiento nacional. El Gobierno que entre sus elevadas ejecutorias cuenta el de no haber nunca solicitado empréstitos, ni conversiones cuando fue deudor y cancela después totalmente sus compromisos con el extranjero, crea un Banco Agrícola sin comprometer su porvenir, porque según la acertada indicación del General Gómez, el crédito del País queda a salvo al excluir de la esfera de las operaciones del Instituto la emisión de billetes y cédulas hipotecarias, con lo que se previno el inmenso mal que la institución de la Caja de Crédito de Chile ocasionó en aquel progresista país del Sur, con la hipoteca de casi toda su riqueza rural y urbana, por miles de millones de dólares a favor de los tenedores extranjeros de cédulas hipotecarias.

Con tan formidables bases como las que le ha dado su Patriota fundador marcha hoy el Banco, cumpliendo su benefactora acción en pro de una de las más positivas fuentes de riqueza nacional, refrenando con su bajo tipo de interés las innobles y desmedidas ambiciones del usurero, protegiendo de diversos modos al agricultor y fomentando con todo esto la gran producción agrícola nacional.

Para celebrar y admirar esta auténtica gloria del General Juan Vicente Gómez, que es y constituye el Banco Agrícola, son las presentes líneas, escritas hace algunos años, como expresión de admiración hacia el Fundador de la Paz y de la normalidad administrativa de la Nación, que se publican hoy, con ocasión de haberse cumplido el 19 de diciembre próximo pasado, el 25º aniversario de la Rehabilitación Nacional.

Carlos Urdaneta Carrillo.

(Publicado en el Periódico “El Nuevo Diario”, el 28 de enero de 1934).

viernes, 16 de octubre de 2020

EL PRESIDENTE JUAN VICENTE GÓMEZ

 (Por: José Gil Fortoul)

El Benemérito General Juan Vicente Gómez, Presidente de la República de Venezuela y el Dr. José Gil Fortoul, ilustre escritor, historiador, abogado, político y miembro del positivismo venezolano.

El Presidente Gómez ha contraído con la Patria la obligación de no volverla a dejar caer ni en la vieja lucha estéril, ni en las peligrosas aventuras de ideólogos impacientes, ni en la ambición de personalismos egoístas.

México, 19 de diciembre de 1933.

Los jóvenes directores de “Vida Nueva” quieren que yo escriba algunas Notas que acompañen el retrato del General Juan Vicente Gómez. Nada más fácilmente agradable para mí, que por deber oficial unas veces, y siempre por la no menos grata obligación de una amistad sincera, he podido apreciar de cerca sus cualidades personales y su método administrativo.

Es ejemplo el General Gómez de lo que puede el buen sentido, la voluntad decidida y el patriotismo práctico. Elevado a la primera magistratura en difíciles circunstancias de todos conocidas, comprendió en seguida que su Administración había necesariamente de caracterizarse por formas, ideas y propósitos diferentes de cuanto desautorizó a su antecesor; lo mismo en la política interna que en las relaciones internacionales. Al exclusivismo autoritario y a la imprudencia aventurada, sustituyó un sistema nuevo en el que se armonizaron la conciliación generosa y la vigilante discreción. Y con tan feliz éxito, que inmediatamente allanó el camino para llevar a la práctica el método administrativo que se ha encarnado en esta fórmula definitiva: Patria, Unión, Paz y Trabajo.

El Benemérito General Juan Vicente Gómez, Presidente de la República de Venezuela, conversando con el Doctor José Gil Fortoul en el Hipódromo. (Foto: J. A. Avilán). Año 1932. El Nuevo Diario.

Desde los orígenes de la República, para utopía se había considerado el propósito de unir, siquiera temporalmente, a los tradicionales partidos políticos, en el intento de conservar la paz y de atender exclusivamente al desarrollo intenso, en que fracasaron sucesivamente Páez y Monagas, Tovar y Falcón, Guzmán Blanco y Rojas Paúl, Andueza y Crespo. Porque eran sobre todo, aparte méritos y circunstancias de otro orden, corifeos de agrupaciones particularistas, y viéronse por consiguiente obligados a continuar en el poder la lucha sin tregua que exigían los particulares intereses de sus correligionarios. Gómez vino, en cambio, con cerebro y manos libres de estos lazos partidarios, confiado en su carácter tenaz y tranquilo, resuelto y prudente.

No ciertamente que pretendiese el imposible de acabar para siempre con las dos tendencias que forman el fondo mismo de la vida política, a saber: la tendencia a acelerar el progreso, partido liberal y la tendencia a retardarlo, partido conservador. Concibió y realizó un propósito más alto, por su perfecta consonancia con las necesidades de la actualidad y de un inmediato porvenir. Lo mismo a los liberales que a los conservadores les dijo:

"No abdiquéis de vuestra historia, de vuestros principios, de vuestro ideal; pero abrid un paréntesis en la contienda encarnizada, apagad odios, buscad los puntos en que coincidan por ahora vuestros programas, y en esta era de paz, bajo la bandera tricolor, trabajemos todos en la obra fecunda de transformación nacional".

El resultado se está viendo: ninguna amenaza de disturbio interior, relaciones internacionales de cordial y recíproca deferencia, puerta franca al capital extranjero, empresas venezolanas que nacen vigorosas, comercio floreciente, rentas en próspera progresión, confianza unánime.

Mas como en la vida de un pueblo joven, que apenas va saliendo ahora de su exuberante infancia, no puede hacerse todo de una sola vez, el General Gómez ha sabido, con diligente prudencia, encauzar a lo más urgente su acción administrativa. El ejército se disciplina y perfecciona, porque es él garantía del orden y guardián de la integridad de la Patria. Se abren y multiplican vías de comunicación, se gasta en ellas a manos llenas, porque el trabajador aislado vegeta y no prospera, porque el producto de la tierra y de la industria no es riqueza sino a condición de llegar pronto y barato al alcance del consumidor, porque el camino numeroso y fácil representa realmente la arteria por donde circula la vida y la riqueza de todo un pueblo.

Se moderniza la Instrucción Pública, haciéndola objetiva, y eficiente, problemas que tantos pasados Gobiernos habían desdeñado, para que la actual generación se encamine ya por nuevo rumbo a empresas civilizadoras. Finalmente, se establece por primera vez una grande institución federal que comprende la agricultura, la cría y la veterinaria; verdadera creación que va a ser el factor más poderoso del progreso práctico, de la prosperidad de todos. Otros habían soñado con esta Escuela, y se contentaron con acariciarla en sueños. Otros habían previsto sus beneficios, y se quedaron en la previsión. Gómez la realiza. El triunfo es suyo. Mejor que en el pedestal de una estatua, su nombre perdurará sobre la entrada de esta Escuela.

El Presidente Gómez ha contraído con la Patria la obligación de no volverla a dejar caer ni en la vieja lucha estéril, ni en las peligrosas aventuras de ideólogos impacientes, ni en la ambición de personalismos egoístas. El método administrativo que ha implantado con este noble fin, está probado. La idea que lo anima se ha anclado en la conciencia venezolana. Sus beneficios los palpa la República. El deber nuestro, el deber de todos, es mantener el mismo método, y afianzarlo, colaborando en su desarrollo con buena voluntad. No abandonemos esta bandera. El presente y el porvenir así lo exigen.

José Gil Fortoul.

(Publicado en el Periódico “El Nuevo Diario”, el 2 de enero de 1934).


NEUTRALIDAD ABSOLUTA DE VENEZUELA DURANTE LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL

 

El Benemérito General Juan Vicente Gómez, Presidente de la República de Venezuela y gran pacificador de su país, mantiene la absoluta neutralidad durante la Primera Guerra Mundial.  

Opiniones de la Prensa francesa. La neutralidad absoluta del país. Política de organización. La obra del Benemérito General Juan Vicente Gómez.

La revista francesa intitulada L’Information Universelle y dirigida en París por el eminente escritor Víctor Margueritte, publica en la sección correspondiente a la América Latina, una interesante nota que en parte insertamos con especial deferencia, por los justicieros conceptos que contiene acerca de la política eminentemente patriótica desarrollada en el país por el Benemérito General Juan Vicente Gómez, Jefe de la Rehabilitación Nacional. L’Information, después de decir que Venezuela: “ha demostrado no haber dejado nunca de observar la neutralidad más estricta desde el principio de las hostilidades”, agrega:

“La política de Venezuela se orienta únicamente hacia la organización interior económica y administrativa del país, que al fin, después de muy prolongados periodos de turbaciones y conflictos, conoce una época verdadera de paz y prosperidad.

El Congreso Nacional reeligió para un nuevo periodo al Presidente Gómez, a cuyo impulso todos los ramos de la actividad nacional dan pruebas de un desarrollo verdaderamente excepcional. El servicio de la Deuda Exterior está asegurado con regularidad; el Tesoro acusa un superávit constante; las cifras del comercio exterior han aumentado como en un 70%, comparadas con las de años anteriores; más de 150 millones de dólares acaban de ser invertidos en empresas industriales o agrícolas; los trabajos públicos de utilidad nacional son impulsados en vastísima escala; y, en fin, el cambio y el patrón de oro se mantienen en un estado de absoluta estabilidad, lo que constituye un signo muy característico de la prosperidad de un país”.

(Publicado en el Periódico “El Nuevo Diario”, el 5 de mayo de 1918).

CARTA DE CÉSAR ZUMETA DURANTE LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL

 

César Zumeta.

El General Gómez, Jefe de la evolución que está transformando el país, al verse frente a los problemas internos y exteriores creados por la guerra, encuentra que su deber es ser preeminentemente pro-venezolanos.

La presente carta fue dirigida al diario neoyorquino “The Evening Post”, por nuestro compatriota el ilustre escritor César Zumeta.

Al Director de “The Evening Post”.

Señor: Afirmaciones que, hechas por otras hojas, mueven apenas a sonreír, requieren precisa enmienda cuando el Evening Post las hace ante el público. Expone el corresponsal suyo de Buenos Aires: “Venezuela otro país muy lejos de estar bien dispuesto hacia los aliados”; y un viajero de regreso informa a sus lectores que: “se tiene al General Gómez por decididamente pro-alemán…y que el General Peñaloza, pro-aliado encabeza una revuelta”.

Estas noticias falsas crean recelos y malas voluntades que perjudican, por igual, intereses morales y materiales venezolanos y estadounidenses, en bien no más que de un grupo de conspiradores, profesionales sud-americanos y de junkers del Norte. Tan dañinos son los efectos de la propaganda, que en realidad, “ayudan y estimulan al enemigo”. Los que están al tanto de los hechos, saben que los venezolanos rendimos dos pleitesías, la política, debida a la patria, y la ideal tributada a la Francia revolucionaria y republicana. El nombre del venezolano General Francisco de Miranda, inscrito en el Arco de la Estrella, en París, y el nombre de Lafayette, hondamente grabado en la historia de los Estados Unidos, son perpetuo símbolo de los lazos que por siempre ligan la democracia del Nuevo a las del Antiguo Mundo.

Cuando, en la cuarta Conferencia Panamericana en Buenos Aires, propuso un Delegado argentino: “enviar un mensaje de salutación al Pueblo y Gobierno de Francia, hoy, 14 de julio”, la Delegación Venezolana, en medio de “grandes aplausos”, declaró que: “aun cuando no están reanudadas todavía las relaciones entre los Gobiernos venezolano y francés, Venezuela y sus gobernantes se hallan siempre dispuestos a rendir homenaje a los hombres y naciones que han librado batallas por la Libertad y el Derecho”. Los miembros de aquella Delegación no volvieron a Caracas en desgracia. Al contrario, el General Gómez, entonces Presidente, los llamó a ambos a formar parte de su Gabinete, y ambos le sirvieron en su feliz empeño de reanudar el trato con Francia (roto por el inefable General Cipriano Castro), reanudación que se realizó contra la porfiada oposición del mismísimo General Peñaloza y del mismísimo grupo de políticos, ahora sedicientes desinteresados partidarios de la Entente. Mudaron de ropa, pero no de móviles.

Del propio modo que la neutralidad de los Estados Unidos, desde agosto de 1914 hasta el último “agravio manifiesto”, en la primavera de 1917, no significaba antagonismo a la causa de los aliados, sino supremo celo por los más vitales intereses de esta Unión; así la neutralidad de Venezuela no significa sino que su Gobierno y el General Gómez, Jefe de la evolución que está transformando el país, al verse frente a los problemas internos y exteriores creados por la guerra, encuentran que su deber es ser preeminentemente pro-venezolanos.

Mucho más provechoso y sabio que oscurecer con fábulas la situación presente, sería el aclararla mediante acabado estudio de los problemas económicos sud-americanos, y el propósito sincero de enmendar los yerros en virtud de los cuales los fabricantes y banqueros estadounidenses, por negligencia, y los noticieros falsos, por exceso, han hecho más intrincados y difíciles aquellos problemas.

César Zumeta.

Nueva York: 6 de marzo, 1918.

(Publicada en el Periódico “El Nuevo Diario”, el 13 de junio de 1918).

miércoles, 14 de octubre de 2020

LA MISIÓN DE LOS NEUTRALES EN LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL


Primera Guerra Mundial (1914 - 1918).

Aquí en nuestra amada Patria, puede asegurarse, sin temor de que suene a lisonja, que uno de los más hermosos títulos que tiene el General Juan Vicente Gómez a la gratitud de sus conciudadanos y al respeto y estimación de los extranjeros, no cegados por malas pasiones, es el haber sabido mantener durante todas las fases del gigantesco conflicto una neutralidad estricta y decorosa.

Como en “El triunfo del Amir”, aquel bellísimo símil de nuestro insigne Manuel Díaz Rodríguez, así el alma de la enantes riente y feliz Europa, se nos aparece en la actualidad “como un paisaje áspero y sombrío, paisaje de rocas grises, crestas áridas y despeñaderos oscuros”.

Odiaos los unos a los otros, parece que fuera hoy el supremo y único Evangelio de las naciones en guerra…

Y si fuera de ese inmenso círculo dantesco, que es hoy la guerra europea, no aparecieran, como oasis en medio del desierto o estrellas en noche tempestuosa, España, Suiza, Holanda y los Países Escandinavos, ¿qué refugio encontrarían las pobres almas no torturadas por la locura del odio?

Gracias a esas naciones que han sabido conservar, celosamente, el precioso tesoro de su neutralidad, aún no ha sonado la hora fatídica en que el ángel exterminador escriba sobre el cárdeno cielo de la Europa, convulsa y desgarrada, el tremendo lasciate ogni speranza del formidable vate florentino.

Por dicha, acá en Sur América quedan todavía corazones generosos, espíritus ecuánimes que saben anteponer a sus simpatías y antipatías personales los altruistas sentimientos de amor y fraternidad humana, que nos mueven a dolernos de los pueblos en guerra, como si fueran hermanos nuestros, cuyas desdichas, ya que no podemos evitarlas, sí sabemos sentirlas como propias, y dispuestos nos hallamos a prestarles alivio en la medida de nuestras fuerzas.

Aquí en nuestra amada Patria, puede asegurarse, sin temor de que suene a lisonja, que uno de los más hermosos títulos que tiene el General Juan Vicente Gómez a la gratitud de sus conciudadanos y al respeto y estimación de los extranjeros, no cegados por malas pasiones, es el haber sabido mantener durante todas las fases del gigantesco conflicto una neutralidad estricta y decorosa, que nos permite abrir los brazos fraternalmente a todos los beligerantes, para brindarles el pan y el vino de nuestra hospitalidad y compartir con ellos los ricos dones de nuestras fértiles campiñas.

Enjugar las lágrimas de los millones de seres que gimen sin consuelo en esta hora ominosa; reparar, hasta donde sea posible, las enormes injusticias del destino y de los hombres; suavizar con la dulcedumbre de la bondad y del cariño, las asperezas y amarguras del odio, he aquí la misión providencial de los neutrales, a los cuales puede aplicarse con justicia el cántico que el Evangelista pone en boca de los ángeles, celebrando el advenimiento de Aquél, de quien el mundo en guerra parece haberse olvidado: “Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad!”.

Santiago Rodríguez R.

Senador por el Estado Táchira.

18 de junio de 1918.

(Publicado en “El Nuevo Diario”, el 20 de junio de 1918).

martes, 13 de octubre de 2020

LA NEUTRALIDAD DE VENEZUELA EN LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL

 

Primera Guerra Mundial (1914 - 1918).

La presente carta fue escrita y publicada en Panamá por el señor Rafael Ángel Arráiz, mientras ejercía el cargo de Cónsul de Venezuela en aquella República, con residencia en Colón. En ella se expone el verdadero concepto de la actitud del Benemérito General Juan Vicente Gómez, Presidente de la República de Venezuela y su Gobierno, en medio del conflicto armado durante la Primera Guerra Mundial. 


Colón, República de Panamá, 10 de diciembre de 1917.

Señor Director de “La Estrella de Panamá”.

Panamá.

Su ilustrado diario publicó en estos días un grave artículo sobre Venezuela, el cual tomó del periódico norteamericano The New York Herald.

El referido artículo, con el cual se ha pretendido sorprender a la opinión pública en asunto de tanta gravedad, ha sido inspirado, como lo dice el diario neoyorquino, por un venezolano; por uno de la media docena de malos patriotas que forman el circulito enemigo residente en Nueva York, y el cual está constituido por elementos ruidosamente fracasados en la vida pública de Venezuela. Sin excepción alguna, todos y cada uno de ellos fueron altos empleados de mi Gobierno, pero debido a la ineptitud de unos y a la probada deslealtad de todos, tuvo que alejarlos del Gobierno el General Gómez, primero por constituir un obstáculo para la política de unión que impera en mi país, y luego porque no se ocupaban sino de las bajas intrigas políticas en beneficio personal, desatendiendo escandalosamente la administración de los intereses públicos.

Ellos han informado al periódico americano que “Venezuela está sometida a la influencia germana y regida por agentes prusianos” y otras atroces calumnias, con las cuales, en busca de apoyo para sus locas ambiciones, atentan más bien que contra nosotros contra el seno sagrado de la inocente Patria.

En mi país, ni aún en una época desenfrenada y de caos absoluto como fuera el Gobierno de Castro, en ninguna época de su historia, ha privado jamás ninguna influencia de fuera: ni germana, ni inglesa, ni francesa, ni española, ni americana. Todo cuanto en los anales de mi Patria ha ocurrido, bueno o malo, desde la Independencia hasta nuestro progreso actual, es obra exclusiva nuestra y a nuestras propias virtudes o vicios se le debe. Allá tenemos descansando en su reposo augusto las cenizas del Libertador y ellas constituyen el sagrado Paladión de la Patria!

Lo que hay de cierto en la pretendida influencia germana de que hablan nuestros contrarios es que ellos, viéndose reducidos a la impotencia por el desprecio de la opinión pública y envidiosos de los triunfos que gana a diario el General Gómez en la Administración, llegan en su extravío hasta comprometer a la República pretendiendo malquistarle el cariño de sus tradicionales amigas Francia y los Estados Unidos, sin pensar que con esto pueden desgarrar la veste inmaculada de la Patria tranquila.

En una palabra: andan cambiando honor por pan, precisamente en esta hora grave en que todos los hombres de conciencia, en medio de la espantosa conflagración que ha destruido todas cuantas fueron rutas felices de la humana vida, sacrifican hasta las ambiciones más legítimas en los altares de la Patria y fortalecen la acción de sus gobiernos legales para defender como es debido el honor y la gloria de la bandera. Si esos malos patriotas vivieran en Alemania o Turquía dirían entonces que Venezuela estaba sometida a la influencia de los Aliados, a fin de buscar el apoyo de turcos o germanos para sus ambiciones de poder.

Mientras estos compatriotas descarriados están realizando semejante peligrosa propaganda, que apunta como una espada de fuego al propio corazón de la Patria, el Presidente Gómez, con la conciencia de su hombría de bien y seguro del cariño del pueblo, que es la verdadera fuerza de Gobierno, continúa imperturbable realizando su obra de progreso en Venezuela: inaugurando carreteras modernísimas que hoy cruzan el territorio nacional en millares de millas; inaugurando fábricas de papel, fábricas para las extracciones de taninos; inaugurando Centrales azucareros; inaugurando refinerías petroleras; inaugurando Compañías de Navegación; instando con la palabra y con el ejemplo el laboreo de la tierra, a fin de que nos bastemos a nosotros mismos, realizando en suma su obra personal que se reduce no sólo a encaminar los pueblos hacia delante, sino en dirigirlos hacia arriba.

El New York Herald ha sido sorprendido por una información calumniosa, y los quilates morales de quienes la dieron pueden apreciarse claramente al ver que ella atenta hasta con los sagrados intereses de su propia Patria.

En medio de su honrada neutralidad, Venezuela está llena de duelo por los horrores del incomparable conflicto; las válvulas de su caridad se han abierto para el socorro de las víctimas de la guerra en magníficos festivales sociales, como el que acaba de verificarse en Caracas a beneficio de la Cruz Roja Británica, y sus anhelos por la paz tocan los límites de férvidas instancias. Presenciamos conmovidos la hecatombe, yéndose las mejores simpatías de la nación hacia Francia y los Estados Unidos, por tradición, por sentimientos, por nuestro probado amor a la libertad, al heroísmo, al arte y al patriotismo sin mancillas.

Las presentes líneas llevan únicamente el propósito de volver por los fueros de la santa verdad, rectificando el artículo del New York Herald, y nunca para señalar la actitud sospechosa de los malos hijos de la Patria, quienes llevan en la conciencia el eco de su propia reprobación, Venezuela no se ocupa de ellos; y en cuanto al General Gómez, tanto se le dan los manejos de los contrarios como las hojas que a veces caen sobre él en las campiñas de Maracay desde lo alto de una rama seca!

Soy del señor Director, su servidor y amigo,

Rafael Ángel Arráiz

Cónsul General de Venezuela

(Publicado en “El Nuevo Diario”, el 19 de junio de 1918).