sábado, 4 de diciembre de 2021

PINTOR Y ESCULTOR BELISARIO RANGEL BECADO POR EL GENERAL GÓMEZ

El joven pintor y escultor venezolano, natural de Táriba, Belisario Rangel, recibió la protección del Presidente de la República de Venezuela, Benemérito General Juan Vicente Gómez, siempre consecuente en apoyar a nuestros artistas.

Reproducimos con placer el retrato de este joven artista y compatriota, cuyas excelentes aptitudes para la escultura, han sido coronadas ya, en el breve lapso de un año de estudios, con un primer éxito alentador y justiciero en los exámenes de mayo de la Escuela Superior de Bellas Artes de Barcelona de España según cartas y certificados que tenemos a la vista.

Belisario Rangel regaló a nuestra Legación en Madrid un retrato al óleo de Bolívar, y une a sus dotes de artista sus sentimientos de patriota, haciéndose por ello doblemente acreedor a la protección del Gobierno del Benemérito General Juan Vicente Gómez, como pensionado venezolano en Europa.

(Publicado en el Periódico "El Nuevo Diario", el 31 de julio de 1913). 

SEMBLANZA DEL ARTISTA BELISARIO RANGEL

Nació en Táriba, Estado Táchira, Venezuela, el 27 de julio de 1889 y falleció en la misma población, el 5 de noviembre de 1965. A las 4 a.m. fue la hora de su nacimiento y a las 2 a.m. la de su fallecimiento.

Hijo de Margarita Rangel, fue bautizado con el nombre de José Belisario, el 4 de agosto de 1889, actuando en la ceremonia el Pbro. Dr. Ezequiel Arellano, titular de la Parroquia de Nuestra Señora de la Consolación, siendo sus padrinos Pedro Lorenzo Ortiz y Carmen Labrador.

En el año de 1910, fue becado por el Benemérito General Juan Vicente Gómez para estudiar en la Academia de Bellas Artes de Caracas donde tuvo como profesores a los pintores Cruz Álvarez García y Antonio Herrera Toro.

En 1912, viajó a Europa, pensionado por el Gobierno del Benemérito General Juan Vicente Gómez. Estudió en la Escuela Superior de Bellas Artes de Barcelona (España). El Salón Artístico de Escultura lo destacó como aprovechado alumno y allí fue compañero de Armando Reverón y Rafael Monasterios. Viajó a París donde cultivó amistad con el laureado pintor venezolano Tito Salas, quien admirando sus condiciones, le sugirió continuar allí sus estudios.

Por la problemática de la Primera Guerra Mundial, regresó a Barcelona de España, desde donde retornó a Caracas, realizando un busto del Libertador. Una de sus esculturas que le conquistó gran fama fue mencionada "La Taza Rota".

A tiempo de morir se ocupaba en una Escultura del Mariscal de Ayacucho, para el Club Sucre de Táriba, pero deplorablemente no se tienen noticias del destino de estas obras.

Murió en el Hospital San Antonio de Táriba, el 5 de noviembre de 1965, conforme a certificación expedida por el médico Dr. César D. González R. y previamente fue auxiliado con la penitencia, la Comunión y la Extremaunción administrados por el Párroco de entonces Monseñor Alejandro Figueroa Medina. Don Belisario fue el último de sus hermanos nombrados Elvia, Domingo y Enriqueta.

En el hogar López Oliver de su terruño, el Dr. Alberto López Cárdenas informó que desde 1924, existen nueve frescos de Belisario Rangel, en el área del comedor de su residencia. En esta obra del artista Rangel, se observa el dominio de la pintura realista con gran oficio plástico, técnica de materiales y sobre todo un gran virtuosismo dentro del análisis de la forma y del detalle.

Este gran escultor taribense fue un pintor sobresaliente que se formó en Escuelas Europeas, expresó una gran técnica e idealismo y su obra nos deja testimonio de su existencia, de su genio y de su calidad humana.


OBSEQUIO AL PRESIDENTE JUAN VICENTE GÓMEZ 1913

 

Estatua en Bronce del Libertador Simón Bolívar, obsequiada el 24 de julio de 1913 por los Ministros del Ejecutivo, el Secretario General de la Presidencia y el Gobernador del Distrito Federal al Benemérito General Juan Vicente Gómez, con motivo de su cumpleaños.

Los señores Ministros del Despacho, el Secretario General del Presidente y el Gobernador del Distrito Federal ofrecieron ayer al señor Presidente de la República, General Juan Vicente Gómez, un artístico bronce que representa al Padre de la Patria, acompañando el obsequio con la expresiva carta que a continuación copiamos:

Caracas, 24 de julio de 1913.

Señor General Juan Vicente Gómez, etc., etc., etc.

Miraflores.

Respetado y querido Jefe:

Ningún presente mejor podríamos hacerle en este día en que una significativa coincidencia asocia al regocijo íntimo de su hogar, el regocijo múltiple de la Patria, que ese bronce elocuentísimo en que mano maestra fundió la altiva, la sugestiva figura del visionario paladín de Casacoima.

Bien llega hasta usted ese emblema de fuerza y de gloria! Bien estará en poder de quien todo lo da a la Patria, la imagen excelsa de quien tanto ha enaltecido nuestro nombre en los Fastos imperecederos de la Historia.

Conserve, pues, el recuerdo, entre los más preciosos, porque en la actitud gallarda y triunfadora del Héroe, que es como un eterno paradigma glorioso, habrá de encontrar, en más de una ocasión, motivos de orgullo, cada vez que a semejanza suya conquiste para decoro y honra de la Patria nuevos blasones y laureles.

Sírvase aceptar, además, querido General, los fervientes votos que formulamos hoy por su personal ventura.

Sus afectísimos amigos,

César Zumeta.

José Ladislao Andara.

Román Cárdenas.

Victorino Márquez Bustillos.

Pedro Emilio Coll.

Domingo Antonio Coronil.

Felipe Guevara Rojas.

Ezequiel A. Vivas.

Pedro Manuel Guerra.

El General Juan Vicente Gómez respondió a los oferentes con la siguiente amable esquela:

Caracas: 24 de julio de 1913.

Señores doctores César Zumeta, José Ladislao Andara, Román Cárdenas, Victorino Márquez Bustillos, Pedro Emilio Coll, Domingo Antonio Coronil, Felipe Guevara Rojas, Ezequiel A. Vivas y General Pedro M. Guerra.

Ciudad.

Estimados amigos:

He recibido el precioso regalo que me hacen ustedes en el día de hoy con motivo de ser el de mi natalicio y la expresiva carta amistosa que lo acompaña.

Todo lo agradezco muy de veras por venir de ustedes mis nobles colaboradores en las faenas oficiales, arduas pero fructíferas en los destinos de la República, por cuyo feliz desenvolvimiento en el seno de la armonía, del progreso y de la paz, estoy en el ineludible deber de cuidar por encima de toda preocupación, dejando así cumplidos y satisfechos, hasta donde me sea posible, los anhelos paternales del Héroe que ha llenado en la Historia de glorias y de orgullo el nombre venezolano.

Soy de ustedes afectísimo amigo,

Juan Vicente Gómez.

Estas manifestaciones de cordialidad entre tan eminentes hombres públicos demuestran una vez más cómo se consolida cada vez con mayor fuerza, la cohesión que reina entre los elementos que integran el Ejecutivo, los cuales sólo tienen por norma de su conducta pública la fórmula feliz en que el General Juan Vicente Gómez compendió sus anhelos de gobernante probo y patriota.

Las personalidades que al presente representan al Ejecutivo son, por lo demás, factores de intrínseca valía, que han llegado a las altas curules que hoy ocupan, por sus propios merecimientos y por la voluntad del Jefe del País, que fue a buscar entre los hombres civiles las personas que debían compartir con él las difíciles tareas y serias responsabilidades del Gobierno; con lo cual quedó descartada de las altas esferas oficiales la política menuda de intrigas y enredos en que tanto solía despilfarrarse antaño.

El presente de los señores Ministros y las palabras con que ofrecen al Caudillo de Diciembre la estatua del Gran Héroe de América, en el día de ayer, interpretan a cabalidad los sentimientos de afecto personal y de solidaridad política que los liga al Jefe del País.

(Publicado en el Periódico "El Nuevo Diario", el 25 de julio de 1913). 


jueves, 2 de diciembre de 2021

RECEPCIÓN DE LOS MINISTROS DE ARGENTINA Y ALEMANIA EN MIRAFLORES

 

El Benemérito General Juan Vicente Gómez en compañía del Excelentísimo señor don Leopoldo Díaz, nuevo Ministro Plenipotenciario de la República Argentina. Año 1927. (Foto: Manrique y Ca.). 

La tarde del sábado, 31 de diciembre de 1927, el señor General Juan Vicente Gómez, Presidente de la República de Venezuela, recibió solemnemente en el Palacio de Miraflores, en sendas audiencias públicas, al Excelentísimo señor don Leopoldo Díaz, nuevo Ministro Plenipotenciario de la República Argentina, y al Excelentísimo señor Dr. Rudolph Steinbach, nombrado Ministro Plenipotenciario de la República de Alemania. 

El Benemérito General Juan Vicente Gómez en compañía del Excelentísimo señor Dr. Rudolph Steinbach, nuevo Ministro Plenipotenciario de la República de Alemania. Año 1927. (Foto: Manrique y Ca.).

Ambas recepciones diplomáticas revistieron toda la pompa protocolar de estilo. Entre el Presidente de Venezuela y los Ministros de Argentina y de Alemania, cambiáronse elocuentes y muy cordiales discursos.

(Publicado en la Revista "Élite", el 7 de enero de 1928).


miércoles, 1 de diciembre de 2021

JUAN VICENTE GÓMEZ ERA EL ÚNICO HOMBRE ORGANIZADO DE SU ÉPOCA

 


Dice el periodista e historiador Luis Cordero Velásquez, quien prepara otro libro sobre el hombre de "La Mulera".

¿Por qué Gómez? es la pregunta para el periodista e historiador Luis Cordero Velásquez, quien prepara el libro "Gómez y una ciudad" y recientemente ha editado "La ciudad vegetal".

En cada una de sus obras surge la figura de Juan Vicente Gómez, como si al apenas tomar la máquina de escribir se apareciera el hombre de "La Mulera" y poniéndose cómodo al frente le dijera:

"Ajá, Luis, en ese capítulo me metes a mí".

Luis Cordero Velásquez, responde directamente:

"Tuve un tío mayor que papá, el cual era gran amigo de Gómez, allá en Maracay. Ese tío contaba en conversaciones de sobremesa las cosas que hacía y decía Juan Vicente Gómez…luego, cuando sentí posteriormente el deseo de buscar datos sobre la historia de Maracay, me salía Gómez por todas partes, en todos los materiales, y me dije: éste es un personaje muy importante"…

Sentí deseos de examinar a Gómez de una manera imparcial, porque siempre fue visto o por amigos o por enemigos. He tratado de situarme en el país al cual llega Gómez como Jefe de Estado en 1908".

Pero tiene que haber un atractivo especial en el personaje, para interesarse de esa manera…

"Sí, dentro de una Venezuela desangrada por cien años de guerra y privaciones, el único hombre organizado era Juan Vicente Gómez. En sus años mozos vio como su padre, Pedro Cornelio Gómez, comenzaba a estructurar lo que más tarde se conoce como el clan de "La Mulera". Esa hacienda estaba situada en los límites con Colombia y ellos hacían operaciones mercantiles. Esa estructura organizativa la traslada Gómez al poder y por eso permaneció tanto tiempo mandando…

Ninguno de los otros caudillos tenía condiciones para poner visos organizativos a un país que era una vaina sin pies ni cabeza".

Ideológicamente, ¿cómo definiría a Gómez?

"Como un hombre práctico, enemigo de la guerra, y de quienes consideraba sus enemigos. Era un hombre con ganas de conservar buenas relaciones con los países y se entendía rápidamente, dentro del contexto de los negocios con los representantes de las empresas foráneas. La concepción ideológica que había en Venezuela era la liberal, que se acercaba al positivismo. Pero Gómez esencialmente era un hombre práctico". 

¿Era un hombre práctico cuando se instaló en Maracay, en vez de gobernar en Caracas?

"Por supuesto. En esa época el brazo derecho de quien gobernara el país, no eran ni el Ministro de la Defensa ni cualquier otro, sino el presidente del Estado Aragua, porque toda Venezuela tenía que pasar por esa región para llegar a Caracas y si Aragua se alzaba podía tumbar a cualquiera… Aragua era la llave del país".

Luis Cordero Velásquez me contó algunas anécdotas de Gómez, que había oído cuando niño en las sobremesas de su casa paterna, contadas por aquel tío que era gomecista. Cuando se fue, parecía solitario, pero a sus espaldas, en el pasillo, alguien como que carraspeó y dijo: Ajá.

(Publicado en el Diario "El Nacional", el 27 de diciembre de 1980).

 

viernes, 26 de noviembre de 2021

YO CONOCĺ Al GENERAL JUAN VICENTE GÓMEZ

(Por: P. L. Blanco Peñalver)

El Benemérito General Juan Vicente Gómez, Presidente de la República de Venezuela, responde cariñosamente al saludo de su pueblo, desde el balcón de su residencia en la ciudad de Maracay.

"Aquel hombre tan extraordinario como cordial y sencillo". 

Soy de aquellos que conocieron al General Juan Vicente Gómez y puedo no ser prolijo para decir con acento periodístico cuáles fueron las oportunidades en que lo conocí, saludé y traté personalmente entre los años de 1915 a 1931. Debo comenzar por decir que a poco de haber llegado a Los Teques, en la calle Miquelin, vi a un grupo de militares que descendían de varios automóviles frente a una gran casa de muchas ventanas de hierro. Era el General Gómez, que rodeado de edecanes y varios generales, entre éstos Félix Galavís, Antonio Pimentel y Colmenares Pacheco, venía a visitar a su hermano, don Juancho Gómez, que ejercía la Presidencia del Estado Miranda; y que dejando encargado al General y agricultor de apellido Luna, pasaba largas temporadas en Los Teques, entre el cariño de aquellas buenas gentes. Gómez lucía en plena juventud, bizarro, despierto, imponente, saludador, como manteniéndose en los hábitos tachirenses. 

Pocas semanas después asistí a una reunión en el Hipódromo de "El Paraíso". Allí estaba Gómez. Lo pude ver muy cerca mientras él observaba las carreras desde el Palco Presidencial, llevándose a los ojos unos anteojos largavista. Todos hablaban, menos él. A los pocos días, en el mismo ambiente, pude verlo a caballo comandando una revista militar, a la que asistía el Congreso en pleno, bajo los aplausos de lo más granado y valioso de la sociedad y el mundo caraqueño. Al otro día se presentó al Congreso y leyó un brevísimo mensaje escrito por propia mano que decía: 

"Bien sabéis que siempre he preferido la obra a la promesa. Ayer os presenté en una revista al moderno Ejército venezolano, garantía de la paz y del progreso de Venezuela, a los que estoy consagrado desde que me elegisteis para presidir la República".  

Pasan los años. Es 1921. Un cercano familiar mío que ya conocía a Gómez desde 1914, me presentó al edecán Coronel Abigail Olivares, quien me dio oportunidad de hacerme presente en Las Delicias, coincidiendo esto con la llegada a Maracay del General Isilio Febres Cordero, entonces presidente del Estado Zamora (hoy Barinas), de quien entré a fungir de Secretario Privado. Por tanto fui del séquito del Caudillo de Diciembre, como se le llamaba entre todos aquellos personajes. Gómez preguntó: "¿Quién es ese joven?". No faltó quien le contestara, no sé si el Coronel José María Márquez Iragorry o Julio Anselmo Santander: "Mi General, Ese joven acompaña a don Isilio". Contestó el Benemérito: "Anjá, no me ha saludado, pero no importa". Yo seguía todos sus pasos, oyéndolo, observándolo, apartándome del lugar por donde él podría pasar. Ni cerca ni lejos. Realmente nunca fui presentado a Gómez; sin embargo...

En Caracas, unas veces acompañando al querido don Isilio, otras veces por mi sola cuenta, me introducía entre los acompañantes. Así fue una vez hasta la variante de Blandín, cuyos trabajos él vigilaba diariamente; y en otra oportunidad al consultorio dental del Dr. Noel, entre las esquinas de Ibarras a Pelota. Mientras Gómez se hacía revisar la dentadura, nosotros, sus acompañantes nos dedicábamos a aprender a bailar con el profesor Mario Amelotti; allí nos relacionábamos con bellas y atractivas damas caraqueñas. Todo ello muy divertido e interesante. Varias fueron las veces que Gómez fue al consultorio del Dr. Noel. 

Ya más espigado, en 1924, vuelvo a estar en Maracay. Tengo amistad con los generales José Rafael Gabaldón, asiduo acompañante. Lino Díaz, el General Rafael María Velasco, el Dr. José Jesús Gabaldón y el siempre amigo edecán Abigail Olivares, eran las personas a quienes me acercaba, por serme gratos. 

El mismo que me acercó al bueno de Abigail, me acercó al Dr. Urdaneta Maya. ¿Qué mejores fiadores podía yo tener para ser del séquito del General Gómez? Conocí el momento en que don Luis Pérez, administrador de los bienes de Gómez, padre del actual Gobernador de Caracas, Enrique Pérez Olivares, le dijo en la plaza Girardot, acercándose al General Lino Díaz: "Esta mañana, en la cuenta, me ordenó el General Gómez que le dijera a Ud. que quería hablarle; que lo esperaba a las 8". Esa fue la oportunidad en que le dio aviso de que lo había recomendado a la legislatura de Anzoátegui para presidente del Estado. El nerviosismo del General Lino Díaz fue inocultable. Parece que le agregó: "Antes de irse, procure hablar con mi hijo José Vicente". Fue poco lo conversado. A Marcelino Torres García, le dijo: "Ordené una pensión para su hijo". Urdaneta Maya, saliendo de la "Cuenta", me llamó y me  dijo: "Le voy a dar una tarjeta de recomendación, a nombre del General Gómez, para que Lino Díaz lo utilice". Y me perdí de vista hasta 1929, en que me despedí del General Gómez en razón de ir en recorrida hasta el Táchira, conociendo la Gran Carretera Trasandina, con viático que me obsequió el Dr. Pedro Manuel Arcaya, Ministro del Interior. 

A mi regreso volví a saludar al General Gómez, distrayéndome en Maracay, donde era asiduo asistente al Teatro, oportunidad en que recibía el saludo de aquel hombre tan extraordinario como cordial y sencillo. 

Cuando él dormía, entre las 10 de la noche y las 5 de la mañana, no se podía pasar frente a la casa del Comando. Una silla atravesada en el medio de la calle frente a la Iglesia, era la señal de que por allí no se permitía pasar: Gómez dormía o descansaba. Ningún aparato acompañaba al silencio de la hora. 

Cuando vuelvo a Maracay, es el momento en que los Diputados Aurelio Beroes, Angulo Ariza y otro, han provocado la caída del Dr. Juan Bautista Pérez. Esto lo relata el Dr. Ramón J. Velásquez con admirable claridad. Se abren las ventanas de la casa donde vive Gómez. Llegan desde Caracas los más destacados miembros del Congreso Nacional. Los preside el General Rafael Cayama Martínez. Los más allegados se acercan a curiosear en torno a las tres ventanas. Nadie lo impide y soy uno entre tantos, con el oído atento a lo que allí ha de ocurrir en tan excepcional momento. Los congresantes se miran las caras. Cayama viste de gris, imponente y rasurado hace poco; el Dr. Rafael Garmendia Rodríguez, por estar vestido de riguroso negro y provisto de un sencillo impermeable, luce más pálido que nunca con rostro inexpresivo. Allí están Angulo Ariza, el ingeniero Aurelio Beroes, contertulio del General Gómez, cuando éste dirigía el Acueducto de Maracay, que trajo a la capital aragϋeña las aguas de El Castaño. Eso también lo vi. 

No es mucha la espera. El General Gómez solo parecía esperar a que se hiciese el silencio y los congresantes se ambientaran en aquella encortinada sala que presidía el gran retrato que del Coronel Alí Gómez había ejecutado el inspirado pincel del ya célebre pintor Tito Salas. 

Tenemos a nuestro hombre en traje militar gris, sin correajes, sin quepis, bien asentado el cabello, sin edecanes que lo cuiden ni se pongan a su espalda; ni siquiera Tarazona estaba por todo eso. A propósito de este sujeto, solo cuidaba a Gómez cuando éste estaba en Maracay, nunca se le vio en Caracas. Parecía ser alérgico a Miraflores. El grupo de edecanes y altos jefes militares guardaban compostura en todo el ancho corredor de la Casa Presidencial. Una voz sale del centro de una gran mesa que está en un ángulo muy visible. Desde allí habla el General Gómez, sin estar precedido de saludos ni cumplidos congresiles. Ellos, como atornillados. 

"Ya sé a lo que han venido... yo esperaba que me vinieran a exigir... yo encontré a Caracas como una casa en ruinas... Ya ven como la he puesto. Todavía recuerdo los caballitos flacos de los tranvías. Ya les diré lo que deben hacer si quieren complacerme..." 

"Sí, sí, sí", exclamaron todos los congresantes.

P. L. Blanco Peñalver

(Publicado en el Diario "El Universal", el 19 de mayo de 1980).

miércoles, 17 de noviembre de 2021

EL PRESIDENTE GÓMEZ HACE 25 AÑOS DIRIGE LOS DESTINOS DE VENEZUELA

1908 – 19 de Diciembre de 1933. –Un gran Mandatario popular y un estado excepcional en el Mundo de prosperidad pública. –Es de estricta justicia destacar la labor de este Ilustre Gobernante.

DE “LA PALANCA”, DIARIO INDEPENDIENTE DE LA TARDE. –EDICIÓN EXTRAORDINARIA EN HOMENAJE A VENEZUELA. –BUENOS AIRES, ARGENTINA, 20 DE DICIEMBRE DE 1933.

La República hermana de Venezuela, la patria gloriosa de Simón Bolívar, “el rayo de la guerra, el iris de la paz”, posiblemente el genio militar más completo de la historia moderna, ofrece un acontecimiento de excepcional relieve en los fastos americanos contemporáneos. Su actual mandatario constitucional, el ilustre General Don Juan Vicente Gómez, celebra, rodeado del respetuoso cariño de sus conciudadanos y de la admiración sincera de los pueblos de América, veinticinco años de dirección de la gestión pública ratificada en distintas etapas por el soberano órgano legal de la opinión de su país. Suceso tan trascendente y tan sin precedentes en los anales de la actuación de los gobernantes más afortunados del mundo por la honrosa reiteración dispensada, cobra un valor más extraordinario si se considera como factores para valorarlo debidamente, el estado de brillante prosperidad que el Presidente Gómez ha sabido corregir y mantener para su patria enfrente de la más temible depresión que se conozca en la historia humana.

La paz inalterable en que ha sabido mantener a la familia venezolana, unida como un solo hombre en torno a su héroe epónimo, el respeto que han debido guardar las naciones extranjeras a la soberanía de Venezuela, celosamente defendido por un guardián tan ilustre y lleno de bizarros prestigios consulares y por contraste la situación de otros países del continente que aún no han podido cimentar su estabilidad interna y regular el maduro desarrollo de su personalidad internacional.

Una tan bella situación de prosperidad económica, de paz conciliadora pero firme en el orden interno, de seguridad y de respeto para Venezuela en el orden internacional y de ejemplo elocuente y correctísimo para los demás pueblos continentales: tal es la obra sintética del General Gómez como fruto del ejercicio del poder en Venezuela sea ejerciéndolo directamente, sea que su enorme personalidad gratara en forma ostensible y singular sobre las manifestaciones sensibles de la opinión pública que le adjudicara una tan enorme suma de honrosas prerrogativas republicanas. Gestión eficaz para Venezuela a punto tal que no tiene parangón desde la obra heroica de la gesta libertadora de los padres de la nacionalidad hasta los mismos dinteles de la hora contemporánea.

El Presidente Gómez es un auténtico grande hombre en funciones solemnes de amalgamador de las mejores tradiciones de Venezuela para formar con ellas un ideario romántico de acción altruista, pacífica, bondadosa, fructífera, pero firme en sus líneas generales de gobierno respetable y respetado pero fuerte y de una íntegra conducta inalterable.

CUALIDADES PSICOLÓGICAS DEL PRESIDENTE GÓMEZ

La excepcional personalidad del Presidente Gómez que ha gravitado durante tanto tiempo sobre la vida pública de Venezuela y por repercusión sobre todos los países del continente, se ha prestado para que se difundieran hasta el detalle sus más acentuadas características psicológicas bajo el aspecto de su reflejo en la acción pública y en el ejercicio del gobierno.

De carácter sencillo y sin apego alguno a las exteriorizaciones extraordinarias en el boato del mando, el Presidente Gómez es sencillamente un patriarca en la acepción sudamericana que dan a este vocablo. Su temperamento es noble, conciliador, amigo de su pueblo en el sentido integral y por ende de sus clases laboriosas por excelencia.

No hay dolor que no le conmueva y que no trate de remediarlo en la órbita de su supremo celo por el bien público. Amigo decidido de las letras y de los intelectuales, Venezuela le debe el apoyo material necesario para su mentada supremacía literaria sobre la mayoría de los países del continente, pues él ha propiciado la protección en todas sus formas de las artes, de las ciencias y de las labores del espíritu.

Su perspicacia y su singular conocimiento de los hombres, su rápido genio para discriminar políticamente, su certera visión y poder intuitivo de penetración en las intenciones de los hombres así como su tacto para saber preservar en horas de preocupación pública de todos los escollos a la nave del Estado, le pintan como un temperamento verdaderamente extraordinario y como un milagroso conductor providencial que el destino, que el buen destino puso a disposición de la patria de Bolívar en un momento álgido de su historia contemporánea.

El Presidente Gómez está al corriente de los menores detalles de la cosa pública: no hay reclamo de su pueblo que no llegue a sus oídos ni preocupación efectivamente popular que no sepa atenderla, encauzarla, interpretarla, resolverla de acuerdo a las conveniencias colectivas y al interés de toda la Nación.

De este singular y maravilloso conductor de hombres y de pueblos cuéntanse anécdotas extraordinarias, algunas de las cuales lo pintan con todos los aspectos de un sorprendente adivinador de los hechos por venir debido a una genial intuición unida a una sagacidad sin comparación alguna, superior a la de los más famosos caudillos de la Historia.

EL PODER DE VENEZUELA

Venezuela ha llegado al apogeo de su prosperidad y de su riqueza bajo el impulso brillante de la gestión del Presidente Gómez que ha abierto todas las fuentes de producción de la República atrayendo los capitales extranjeros y ofreciéndoles las más amplias garantías de estabilidad y de protección.

Sus célebres pozos de petróleo han hecho de Venezuela un poder mundial efectivo que podría ser tal y mantenerse así exclusivamente por su sola existencia y el Presidente Gómez ha sido el que ha dirigido y favorecido su utilización en defensa del patrimonio nacional.

Asómbrense los argentinos: ¡Venezuela no tiene deuda externa alguna y su moneda es la más sana del mundo! Y esta envidiable situación sin parangón con ninguna otra nación en el transcurso de los siglos, se ha propiciado y mantenido por la administración del General Gómez como uno de sus más brillantes galardones. Un país que tiene tan honrosa situación material y tan sabios gobernantes merece un gran destino, pues ha sabido labrárselos al confirmar como guías a gobernantes y ciudadanos tan calificados para el rápido ejercicio del gobierno de los pueblos.

Ninguna cuestión internacional ensombrece el presente ni el porvenir de Venezuela. País sinceramente pacifista, sus dificultades se entregan al arbitraje cuando lleguen a existir, habiendo tenido la honra de presidir el Consejo de la Sociedad de las Naciones. Su prestigio continental revela el afecto y la admiración que su historia y su grandeza actual merecen a los países hermanos del continente.

La República Argentina admira y ama a su gran hermano del Norte y al Presidente General Gómez que tantos títulos tiene al cariño de su país y a la admiración continental, tiene en este país sinceros amigos de la justicia que saben discernirle el más alto título a que puede aspirar un hombre de gobierno: el de haber hecho por su pueblo el máximo de bien que es factible humanamente hacerle por el esfuerzo contraído de cinco lustros de sacrificios por la prosperidad de todos.

(Publicado en el periódico “El Nuevo Diario”, el 25 de febrero de 1934).

miércoles, 20 de octubre de 2021

TERESA DE LA PARRA HABLA DEL PROGRESO DE VENEZUELA EN 1928


La célebre escritora Teresa de la Parra.

Teresa de la Parra nos habla con unción de su Venezuela y con entusiasmo de su progreso: 

"El General Gómez, ha acabado con el caudillismo llamando a la colaboración de su Gobierno a los hombres más capaces y mejor preparados para la administración, y es, en suma, un verdadero grande hombre de Estado".

Hay magníficas carreteras, paz, seguridad individual, los colombianos atraviesan tranquilamente mi tierra para embarcarse en La Guaira. Soy amiga del Presidente Gómez, y su actuación presente me parece bien. Lo acusan de haber sido severo pero ello fue cuando el país se encontraba en estado de revolución permanente. Un poderoso hábito de progreso, de prosperidad, de riqueza impulsa hoy a Venezuela, colocándola en puesto de primera fila entre las repúblicas americanas. 

La red de magníficas carreteras construidas por el Presidente Gómez, y que comunican a todas sus ciudades importantes, abaratando en un cincuenta por ciento los fletes y transportes, ha probado con sus resultados la importancia de la obra. 

La deuda pública venezolana no llega a 100 millones de pesos; su moneda se conserva a la par con el Dollar; el Gobierno tiene en caja 125 millones de bolívares y sus obligaciones están al día. Se ha dado grande impulso a la Instrucción Pública; la Sanidad alcanza la más alta eficiencia. Las Relaciones Exteriores de Venezuela se mantienen bajo el rígido principio de igualdad entre las naciones. 

El Presidente Gómez tiene especial interés en mantener estrechos y fraternales lazos de unión sus relaciones con las repúblicas del nuevo mundo que hablan español. El General Gómez, ha acabado con el caudillismo llamando a la colaboración de su Gobierno a los hombres más capaces y mejor preparados para la administración, y es, en suma, un verdadero grande hombre de Estado, tal cual las necesidades de nuestra América lo imponen en ocasionen para realizar los más altos destinos de la raza.

La Carretera Central, moderna que une a Venezuela y Colombia, obra de la actividad constructiva del Presidente Gómez, tiene 1.212 kilómetros de largo, pasa por lugares de 15.000 pies de altura y atraviesa 10 estados venezolanos.

Ocupa mi país actualmente el segundo lugar en el mundo como país productor de petróleo y la Ley Petrolera pone a cubierto de toda emergencia la propiedad de la tierra y la riqueza del subsuelo. Esta se concede solo en explotación por determinados años.

Venezuela es un país nacionalista, celoso de su integridad y hasta hoy, en ninguna época de su historia, ha consentido interferencias extrañas en sus asuntos internos. Esa puerta no hay venezolano que la abra, ni venezolana que no lo guarde.

(Extracto de la entrevista a Teresa de la Parra en el “Diario de la Marina” por Armando Maribona, publicada el 1 de abril de 1928 en La Habana, Cuba. Reproducida en “El Nuevo Diario”, el 21 abril de 1928).