jueves, 27 de febrero de 2020

LA INSTRUCCIÓN PÚBLICA MUNICIPAL EN 1917


A la izquierda: La señorita Amanda Cruz, de la Escuela Municipal Superior "Salias", quien obtuvo el Premio de Honor, consistente en una Medalla de Oro, ofrecida por el Gobierno del Distrito Federal. En el centro: El señor Gobernador del Distrito Federal, General Juan C. Gómez. A la derecha: Medalla de Oro otorgada a la señorita Amanda Cruz por el Gobierno del Distrito Federal.

Brillantemente coronó las postrimerías del año en la administración del Distrito Federal, su digno Gobernador, señor General Juan C. Gómez, con los éxitos alcanzados por el hermoso grupo de institutos escolares que constituyen el Departamento de Instrucción Pública Municipal en esta región de la República.
Ya sabíamos que era sostenido e intenso el afán con que el popular y progresista magistrado metropolitano se esforzaba en ampliar esta rama administrativa e intensificar sus resultados, pero hasta ahora no nos habíamos dado cuenta bastante amplia y clara de cuanto es de intensa la obra, de vigoroso y rico el fruto de la cosecha recogida.
Nuestros repórteres no han perdido detalle alguno relacionado con las escuelas municipales en los últimos días del año, que son, precisamente, los días de prueba para los estudiantes, conforme a los últimos reglamentos escolares, en el plan general de la Instrucción Pública adoptado por el Gobierno Nacional del Benemérito General Juan Vicente Gómez; y es así como podemos transmitir hoy a nuestros lectores los más precisos informes.
Ningún esfuerzo más meritorio en el seno de los gobiernos que el que tienda a disipar las sombras del analfabetismo en el cuerpo social, llevando a él conocimientos e ideas que no sólo depuren, perfeccionen y asesoren su mentalidad, sino que mejoren sus acciones, le señalen nuevas sendas a la marcha de sus aspiraciones y amplíen sus horizontes espirituales, lo que indudablemente robustece y dilata las fuerzas morales en el corazón de los pueblos; y eso es verdadera obra de rehabilitación nacional.
Así lo ha comprendido, justamente, se deja ver, nuestro benemérito Gobernador metropolitano, y bien merece su obra, porque es obra de bien, los aplausos más calurosos, nunca más merecidos y nunca mejor tributados; así es como se sirven los intereses públicos y así es como se labora por el mejoramiento espiritual de un pueblo.
Dijimos al comenzar que ya sabíamos cuales eran los afanes de cultivo con que el señor Gobernador, General Juan C. Gómez, atendía a esta rama de la administración pública, porque no se trata de la obra de un instante ni del entusiasmo producido en el ánimo por las palabras de un decreto deslumbrador: se trata de una labor dilatada, de vigorosos esfuerzos y de fuerte raigambre. Primero fue la reorganización de los institutos existentes, adaptándolos al plan general de la instrucción popular, poniéndolos en manos expertas, bajo el profesorado de profesionales de clara vocación y visible entusiasmo en ese ministerio, de voluntad contraída con cariño, con pasión, a sus deberes; luego fue la ampliación de las inscripciones de cada escuela, teniendo en cuenta que las colectividades, mientras más numerosas son, con más influencia obran sobre sus componentes, y por consiguiente las agrupaciones de niños ejercen en cada uno de ellos una influencia educativa tanto más intensa y eficaz cuanto más hábil, experta, sostenida y consciente sea su dirección; en seguida fue el aumento del número de Escuelas Elementales, que hoy alcanza a 52 en los dos Departamentos del Distrito Federal; seguidamente la creación de Escuelas Superiores, que hoy son 12, y a poco la creación del Subdirectorado en éstas, pues era tal la inscripción de alumnos, que se hizo necesario dar a las Directoras esa eficaz ayuda, con lo que no solamente mejoró el servicio, sino que aumentó de tal modo la inscripción, que jamás ha tenido la Instrucción Pública Municipal una semejante, habiéndose logrado, debido a la inmejorable calidad del servicio, un promedio de asistencia casi igual al número de inscripción, dato por sí sólo bastante revelador, confirmatorio de lo que venimos diciendo.
El resultado de todo este sostenido trabajo organizador fue tal y tan satisfactorio ante el criterio del magistrado del Distrito Federal y tan a la medida de sus aspiraciones y propósitos, que en seguida ordenó el merecido premio para la chiquillería escolar, premio que pusiese en el ánimo de los niños el concepto del merecimiento por el cumplimiento del deber y la idea del triunfo como recompensa al esfuerzo bien inspirado y bien dirigido, que al mismo tiempo llevase al corazón de los maestros, como justa compensación de sus afanes, el reconocimiento del valor moral de su obra, y que avivase el estímulo en todos, para mejores frutos.
Pero aún así creyó desproporcionado el brillo del premio conferido con la magnitud de su entusiasmo, el noble magistrado, y para hacerlo más trascendental en el alma de los niños y más brillante en los anales de la Instrucción Pública Municipal, creó las Medallas de Honor, y mandó a moldear 13: nueve para las Escuelas Superiores y cuatro para cuatro de las Escuelas Elementales (2 de varones y 2 de niñas) que más hubieran sobresalido en sus labores escolares, y estas medallas fueron distribuidas en actos solemnes que habrán de ser de muy grato y acentuado recuerdo en el alma de los niños que así educa el Gobierno del Distrito Federal.
Las alumnas y alumnos favorecidos en estos bellos torneos fueron los siguientes:
Escuelas Superiores: Las niñas Amanda Cruz, María Vicenta Mayora, Modesta García, Olimpia Martus, Dora Rodríguez, Carmen Aveledo y Alcira González, de las Escuelas “Salias”, “Madariaga”, Cagigal”, “Páez”, “Sucre”, “Roscio”, y “Zea”, respectivamente, las cuales son regentadas, en el mismo orden,  por la señorita Socorro González Orta, Lola Cabruja, María Inocencia Rodríguez, María Luisa Betancourt, la señora Matilde G. de Ponce y señoritas Herminia Escalante y Elina Marins.
Escuelas Elementales: Las niñas Bernarda Bolaño, de la Escuela Nº 3, regentada por la señorita Carmen Felicia Colón; y Ana Mercedes Olmeta, de la Nº 14, regentada por la señora Julia Matute de Illas; y los alumnos José Antonio Santana, de la Nº 31, regentada por la señorita Carmen Echeverría, y Efraín Gómez, de la Nº 53, regentada por el doctor Juan Pablo Echezuría.
Complementó este premio un bello diploma litografiado, en el cual se expresan las virtudes escolares galardonadas con la honrosa distinción: nos es grato reproducir éste en nuestras columnas, junto con la fotografía de la condecoración.
Diploma de Honor otorgado a la señorita Amanda Cruz por el Gobierno del Distrito Federal.

Del mismo modo nos complace expresar, en honor de los alumnos premiados, que cuando fue necesario sortear la medalla se dio el Diploma a los no favorecidos, con el objeto de significar así que eran acreedores a ponerla también sobre su pecho.
Reciba nuestro dignísimo señor Gobernador, los más calurosos parabienes por su eminente obra cultural, y junto con él recíbanlo también los que en su meritísima labor supieron interpretarlo y fielmente secundarlo.
(Publicado en el Periódico “El Nuevo Diario”, el 4 de enero de 1917).

martes, 25 de febrero de 2020

LAS AGUAS TERMALES DE SAN JUAN DE LOS MORROS EN 1926

El eminente Doctor Louis G. Blanc, hidrólogo de Francia, visitó Venezuela, invitado por el Gobierno del Presidente de la República, General Juan Vicente Gómez, para realizar estudios sobre las propiedades medicinales de las aguas termales de San Juan de los Morros en 1926.


El notable trabajo del Doctor Blanc sobre nuestras aguas termales de San Juan de los Morros, se debe, según sus propias palabras: "A la fecunda iniciativa del señor General Juan Vicente Gómez, a quien son por consiguiente deudores de gratitud, médicos y enfermos".
  
En la tarde del martes de la actual semana el Dr. Louis G. Blanc ha dado, en la Universidad Central de Venezuela, una muy interesante conferencia sobre hidrología en general, y propiedades características de las aguas de San Juan de los Morros que desde tanto tiempo atrás gozan de merecida fama por sus cualidades curativas.

El Doctor Blanc, notable persona en el mundo científico francés, fue antiguo Interno de los Hospitales de París, médico consultor en Aix-les-Bains, miembro de la Sociedad Francesa de Hidrología y de otras notables asociaciones científicas extranjeras.

Sus estudios son ya muy numerosos y justamente apreciados por el mundo de la medicina, en el que ha adquirido grandes triunfos y lauros.

El Doctor Blanc, huésped hoy de Caracas, ha estudiado las aguas de San Juan de los Morros, con su gran sapiencia, la que ha puesto de manifiesto, en la conferencia leída en la Universidad Central de Venezuela ante un numeroso grupo de profesionales y distinguida concurrencia de damas y caballeros que le oyeron disertar sobre hidrología.

Hizo la presentación del Doctor Blanc ante su auditorio, el Doctor Domingo Luciani en justicieras palabras en que enalteció la obra del maestro.

El notable trabajo del Doctor Blanc sobre nuestras aguas termales de San Juan de los Morros, se debe, según sus propias palabras: "A la fecunda iniciativa del señor General Juan Vicente Gómez, a quien son por consiguiente deudores de gratitud, médicos y enfermos".

En efecto, gracias a esa iniciativa del Benemérito Jefe de la Nación, el Doctor Blanc ha venido a nuestra Patria para hacer profundas investigaciones en el ramo de Hidrología, cuyo estudio acaba el Doctor de inaugurar en esta conferencia leída en la Universidad Central de Venezuela.

Felicitamos al notable hidrólogo y le deseamos éxitos en sus labores profesionales.

(Revista "Billiken", el 23 de enero de 1926).

miércoles, 19 de febrero de 2020

EL MONUMENTO A JOSÉ FÉLIX RIBAS

Monumento conmemorativo del Ilustre Prócer de la Independencia, General José Félix Ribas, en la Puerta de Caracas.

El señor General Rafael María Velasco Bustamante, Gobernador del Distrito Federal, ha dictado la siguiente meritísima resolución, siguiendo instrucciones del Supremo Mandatario Benemérito General Juan Vicente Gómez:

Por cuanto el monumento conmemorativo de la exposición de la cabeza del Ilustre Prócer de la Independencia, General José Félix Ribas, en la Puerta de Caracas, además de no hallarse en sitio conveniente, se encuentra en mal estado; y por cuanto la Municipalidad del Distrito Federal ha adquirido en aquel lugar la casa N° 140-1, en el patio de la cual, según la tradición, existió el árbol donde fue colgada la cabeza del héroe.

Por disposición del General Juan Vicente Gómez, Presidente de los Estados Unidos de Venezuela, procédase a la demolición de la mencionada casa y eríjase, en el propio lugar que indica la tradición, un nuevo monumento de mármol conmemorativo de aquel hecho histórico, y ejecútense a su alrededor, las obras de ornato y embellecimiento debidas, de acuerdo con los planos formulados por el ingeniero doctor Roberto García.

La anterior Resolución ha sido acogida con francos aplausos, pues testimonia el culto que merece el Gobierno Distrital a la gloria perenne del mártir de la Emancipación, de aquella recia y noble figura que aureola de grandeza inmortal el escenario de la guerra de independencia.

(Revista “Billiken”, el 24 de diciembre de 1932).

sábado, 1 de febrero de 2020

EL GENERAL GÓMEZ REFORMÓ COMPLETAMENTE EL PANTEÓN NACIONAL EN 1930

La gran obra de reforma del Panteón Nacional de Venezuela, emprendida por iniciativa del Benemérito General Juan Vicente Gómez en 1930.

En el lugar que ocupaba la antigua Iglesia de la Santísima Trinidad, convertida por Guzmán Blanco en Panteón Nacional para honrar los restos de los Próceres de la Independencia y de los hombres ilustres de la Patria, el Gobierno del Benemérito General Juan Vicente Gómez ha construido un suntuoso edificio en conmemoración del Primer Centenario de la muerte de Simón Bolívar en 1930, en donde descansan los sagrados restos del Libertador depositados en sólida y artística urna de bronce sobre un lujoso basamento de mármol.

Los más importantes trabajos efectuados en el Panteón Nacional de Caracas, Venezuela, fueron los que tuvieron ejecución durante el Gobierno del Benemérito General Juan Vicente Gómez, primero en 1910 cuando la República se preparaba para conmemorar el Centenario de la Independencia, y luego en 1930, en vísperas de cumplirse cien años de la muerte del Libertador. Como se evidencia, al General Gómez correspondió la misión de conmemorar las más importantes efemérides de la República.

A la izquierda: La antigua Iglesia de la Santísima Trinidad que Guzmán Blanco decretó como Panteón Nacional. A la derecha: El nuevo aspecto del Panteón Nacional, reformado totalmente durante el Gobierno del General Juan Vicente Gómez para conmemorar el Centenario del fallecimiento del Libertador Simón Bolívar, el 17 de diciembre de 1930.  

Desde el año 1910, el Benemérito General Juan Vicente Gómez, Presidente de la República de Venezuela, emprendió con verdadero entusiasmo e interés la tarea del cuidado, mantenimiento y reforma del Panteón Nacional, mediante el Decreto que dictó, el 19 de marzo de ese mismo año. El artículo 2° de este Decreto disponía textualmente:

"Se reconstruirá en forma digna de su alto objeto el Panteón Nacional".

He aquí en qué consistió esta reconstrucción según el informe presentado por el ingeniero Alejandro Chataing al Ministerio de Obras Públicas:

"Después de ejecutar la reparación completa de todas las armaduras y cubiertas de los techos, he procedido a las modificaciones de la fachada, tratando de imprimirle mayor carácter a su arquitectura, armonizando sus diferentes secciones, y a pintarla con un tono apropiado al destino de la obra y a su situación con respecto a los edificios vecinos.

También he procedido a ejecutar las armazones de madera para la decoración interior de todo el edificio, así como a la preparación del pavimento y escalones interiores que serán de mármol del país.

El plan adoptado para la decoración es el siguiente:

Para la Capilla donde esté la tumba del Libertador, un artesonado rico, con una gran escocia alrededor y un friso que reducirá la altura desproporcionada del local.

Los muros de este recinto llevarán una decoración pintada. Para el plafond de la nave central se adoptará el más moderno sistema de estucos, que consiste en una placa de metal desplegado sobre la cual se aplica el mortero, formado por una capa de yeso y fibra de madera que recibirá un enlucido fino de yeso; todo el conjunto apoyado en sólida armazón de madera. Sobre la superficie horizontal así formada, se aplicará la ornamentación de relieve correspondiente a los panneoux en que se dividirá el plafond.

Las naves laterales llevarán un artesonado de madera, enriquecido con ornamentos de yeso. El pavimento de las naves será compuesto de losas de mármol blanco y gris, con guarniciones de mármol negro, y algunas losas de mármol de brecha que se distribuirán convenientemente para evitar la monotonía de la coloración.

Al ejecutarse el pavimento así de manera uniforme, acudirá el inconveniente de no poder conservar la situación precisa de cada tumba, diseminadas como están, sin orden, por el suelo, sin romper esa uniformidad que exige la elegancia de dicho pavimento, ya que tampoco es posible trasladar a lugar determinado los restos o cadáveres allí depositados.

Para salvar tal inconveniente se ha decidido dejar las losas en su precisa situación actual bajándolas solamente por debajo del nivel del pavimento que se va a colocar y grabando en la losa del nuevo pavimento que corresponda próximamente al centro de dicha posición, la inscripción respectiva.

El interior del edificio será pintado convenientemente y su decoración será tocada con oro y en los tonos que impriman mayor riqueza".

El General Juan Vicente Gómez, Presidente de la República, ofrenda una corona al Padre de la Patria en el Panteón Nacional con motivo del Centenario de la Batalla de Junín (Perú), el 6 de agosto de 1924. Acompañan al Supremo Magistrado, el General José Vicente Gómez, el Dr. Francisco Baptista Galindo, el Dr. Pedro Itriago Chacín, el Dr. Melchor Centeno Graϋ y Florencio Gómez Núñez. Foto del Diario "El Universal". 

A finales del año 1929, por iniciativa y expreso deseo del Benemérito General Juan Vicente Gómez, se ordenó conmemorar por todo lo alto el Centenario de la muerte del Libertador Simón Bolívar, correspondiendo al Dr. Juan Bautista Pérez, Encargado de la Presidencia, su cumplimiento.

El Decreto del 3 de octubre de 1929, decía lo siguiente:

"Considerando que el actual edificio del Panteón Nacional, donde reposan los restos del Libertador, no reúne las condiciones de suntuosidad y belleza que corresponden a la gloriosa epopeya del Padre de la Patria y a la actual prosperidad de la República, se dispuso ejecutar las modificaciones y reparaciones necesarias para que el mencionado edificio reuniese las condiciones deseadas".

Proyecto de fachada para el Panteón Nacional, conmemorativa del Centenario de la muerte del Libertador Simón Bolívar en 1930.

Tales fueron en realidad las más importantes modificaciones hechas al Panteón Nacional, pues incluyeron un cambio completo de su fachada y reformas de notorio valor en la disposición interior. Como bien lo expresa el informe publicado en la Memoria del Ministerio de Obras Públicas del año 1930:

"El antiguo Templo fue objeto de una verdadera reconstrucción, pues apenas si se aprovecharon los muros y el piso de mármol del interior. En estas importantes obras intervinieron los ingenieros venezolanos Hernán Ayala, Edgard Pardo Stolk, Guillermo Salas y el arquitecto español Manuel Mujica Millán. Los trabajos de la fachada principal consistieron en un cuerpo saliente integrado por una torre central y por dos pórticos que dan acceso al edificio por las naves laterales. Las torrecillas anteriores, demolidas hasta dos tercios de su altura, se reconstruyeron en armonía con el nuevo conjunto al cual se imprimió una marcada tendencia al Renacimiento español.

El pórtico constituye el elemento de unión de la torre central y de las dos laterales. Esta torre central, que está constituida por cuatro cuerpos, la base, el fuste, los áticos y la cúpula, alcanza una altura de 43 metros desde el nivel de la calle hasta el perillén que remata el lucernario de la cúpula.

Aspecto de la fachada del Panteón Nacional durante su construcción en el Gobierno del General Juan Vicente Gómez.

Aspecto de la fachada del Panteón Nacional completamente lista para su inauguración en el Gobierno del General Juan Vicente Gómez. Año 1930.

La citada Memoria del Ministerio de Obras Públicas da una idea más precisa de las reformas de 1930, así:

"La base que forma parte del pórtico constituye el acceso a la nave central y de ella arranca el fuste que es el segundo cuerpo de la torre. El fuste remata aproximadamente a la altura de 24 metros y está ornamentado con cuatro ventanales de forma alargada que contribuyen a comunicar a este cuerpo la más bella apariencia. La sección de este fuste es aproximadamente cuadrada y remata en el ático de la torre donde se efectúa la transición de la forma cuadrangular del fuste a la forma circular de la cúpula. El ático está compuesto de dos secciones la primera está ricamente ornamentada en el orden que corresponde al estilo general, con cuatro ventanales y volutas moldeadas de molduras y limitadas por pilastras y cornisas. La segunda sección del ático tiene una planta poligonal ya muy próxima a la circunferencia y está provista de numerosas ventanas y también ornamentada en la misma forma de la primera sección.

La torre central es visitable en todos los siete pisos de su altura. Las dos torrecillas laterales tienen sección y altura mucho menores que la torre principal, y están situadas en un plano posterior, con el objeto de que aquella se destaque y constituya el motivo principal de la fachada.

A la izquierda: Vista interior del Panteón Nacional. A la derecha: Plano que representa la Planta del Edificio.

Las antiguas fachadas laterales del Panteón Nacional correspondían a las primitivas de la Iglesia de la Santísima Trinidad que desde su construcción habían tenido pocas o ningunas modificaciones y por consiguiente su estilo no era cónsono con el que en la actualidad se le daba a la fachada principal. Las obras comenzaron por aumentar la menguada altura de los muros de ambas fachadas, de manera de proporcionarlas con la actual elevación de la fachada principal.

Con el fin de romper la monotonía de la vieja construcción, se procedió a dividir la larga extensión de los muros en paneles limitados por pilastras de escaso relieve, y que sin llegar a la línea de tierra rematan a cierta altura en consolas de sustentación propias del estilo.

Ambas fachadas fueron provistas de preciosos ventanales abiertos precisamente en los ejes de las capillas de las naves interiores y que dotados de ricos vitrales, a la vez que proporcionan al interior del edificio una iluminación suave y difusa, sirven de bellos motivos ornamentales.

En ambas fachadas y en la parte que demarca el crucero del antiguo templo, se construyeron ventanales de mayores proporciones y ornamentados aún con más riqueza, y cuyos vitrales ostentan, uno el escudo de la familia Bolívar, y el otro el viejo escudo colonial de Santiago de León de Caracas.

En la fachada occidental se construyó además una preciosa y amplia portada del más puro estilo barroco, que sugiere al instante el recuerdo de los rancios portalones de las señoriales mansiones coloniales. Este portón da acceso al jardín interior del edificio.

Para remate de la parte inferior de los muros y como elemento de enlace entre éstos y el enlosado de mármol del piso, se colocó una franja de mármol veronés a todo lo largo de los muros laterales.

En el fondo de la nave mayor, ábside del antiguo templo, se encuentra la Capilla que alberga los restos del Libertador. El famoso monumento de Tenerani se encontraba al fondo de la Capilla, a una distancia de cerca de tres metros del muro, y en este espacio estaba colocada la urna de plomo que conservaba los venerados despojos, contenida en rico pero carcomido sarcófago de madera de tiempos de Guzmán Blanco.

NUEVO SARCÓFAGO DE BRONCE ALBERGA RESTOS DEL LIBERTADOR

La soberbia urna de bronce donde reposan los restos del Libertador Simón Bolívar en el Panteón Nacional, obra del gran escultor español Chícharo Gamo, ordenada su realización por el Benemérito General Juan Vicente Gómez para conmemorar el Centenario del fallecimiento del Padre de la Patria, el 17 de diciembre de 1930. 

Por disposición del Benemérito General Juan Vicente Gómez, con motivo del Centenario de la muerte del Libertador, el 17 de diciembre en 1930, se sustituyó el antiguo sarcófago de madera de la época de Guzmán Blanco por uno más suntuoso y digno al Padre de la Patria realizado en bronce por el escultor español Chícharo Gamo, debiendo colocarse éste sobre alto basamento de mármol, y al frente del monumento de Tenerani, siendo necesario ejecutar en la capilla importantes modificaciones. Correspondió al Dr. Juan Bautista Pérez, Encargado de la Presidencia, aprobar los trabajos al respecto.

"En primer lugar, se procedió a trasladar el monumento de Tenerani al fondo de la Capilla, de manera que quedase adosado al muro, con lo cual además de aumentarse el espacio disponible, se le dio la colocación que propiamente le corresponde, por su forma y disposición.

La altura del nuevo sarcófago montado sobre su basamento de mármol hubiera cubierto parte importante del mármol de Tenerani. Para obviar este inconveniente se presentaban dos soluciones o bien levantar a mayor altura aquel artístico monumento, o bien bajar el piso. La primera solución fue desde luego desechada pues la mayor altura traía una evidente desproporción del monumento con la Capilla y con su propio basamento. En cambio, al bajar el piso se conservaban las proporciones del monumento que aseguraban su visibilidad desde cualquier punto del edificio, y quedaba suprimida la segunda galería de la capilla aumentando en varios metros el espacio hábil de ella, por la incorporación de la superficie antes ocupada por la mencionada galería y por el descanso que le separaba de las primeras gradas. De manera que actualmente el sarcófago de bronce se encuentra colocado en el centro de la Capilla sin estorbar la vista del monumento y en su contorno quedan amplios espacios para la colocación de los altos funcionarios nacionales en las ceremonias patrióticas que periódicamente tienen lugar en tal sitio.

Con el objeto de enriquecer la Capilla y armonizar su ornamentación con la suntuosidad del nuevo sarcófago, su basamento y la famosa estatua del Libertador, se revistieron las paredes con zócalos de mármol italiano hasta la altura de la base del monumento. Además, el antiguo y desigual pavimento de mármol fue sustituido por otro más regular y artístico.

El patio que se encuentra al fondo del edificio fue también ornamentado en el mismo estilo barroco, y en su centro se construyó una fuente donde se reflejan los cipreses plantados en sus bordes".

Gran inauguración del nuevo Panteón Nacional en 1930. Arriba, a la izquierda: Aspecto del Panteón llenándose de público. Arriba, a la derecha: Llegada del automóvil del General Gómez y su comitiva para el acto. Abajo, a la izquierda: Impresionante multitud del pueblo recibe cariñosamente al Presidente Gómez a su arribo, nótese su automóvil rodeado de gente que le aclama. Abajo, a la derecha: El Benemérito General Juan Vicente Gómez, saluda al pueblo caraqueño y se dirige al interior del Panteón Nacional.   

Gran inauguración del nuevo Panteón Nacional con motivo del Centenario de la muerte del Libertador en 1930. Arriba: El Benemérito General Juan Vicente Gómez, saludando al pueblo, se dirige al interior del Panteón Nacional. Abajo: Una impresionante multitud de personas aclama al Presidente Gómez durante su llegada al recinto sagrado donde se celebrará el acto en Caracas (Venezuela).   

Al fondo, escoltado por una guardia de honor, se aprecia el sarcófago de bronce del Padre de la Patria, en el Panteón Nacional, el día 17 de diciembre de 1930, fecha en que se cumplió el primer Centenario su muerte. 

LAS PLAZAS ADYACENTES

El Parque Miranda de Caracas, visto desde el Panteón Nacional. Al norte de este bello Parque se alza el Panteón Nacional. Año 1930.

También el viejo parque adyacente al Panteón Nacional, fue objeto en 1929 de importantes reparaciones con el fin de destacar su belleza natural y de modernizar las vías que lo cruzan por disposición del Benemérito General Juan Vicente Gómez. De ello trata igualmente la Memoria del Ministerio de Obras Públicas correspondiente al año de 1930.

El parque de la primitiva Iglesia de la Santísima Trinidad, flanquea el edificio del actual Panteón por el Este y el Sur, y en nuestros días esta dividido en cinco plazas cubiertas por una lozana vegetación en la que existen espléndidas ceibas, verdes acacias que en la primavera se visten de rojo, palmeras y otras plantas del trópico de exhuberantes ramajes y colorido. He aquí como describe la distribución de estas plazas la mencionada Memoria de Obras Públicas:

"Las dos pequeñas del Oeste (estas dos pequeñas plazas se sitúan al Oeste en esta reseña, en relación con las otras tres situadas al Este. Relacionadas con el Panteón están realmente al Sur pues al Oeste de dicho edificio lo que existe es la Avenida Norte) frente al edificio, están partidas por la calle Este 9 prolongadas hasta su encuentro con la Avenida Norte. Están adornadas con dos filas longitudinales de cipreses y palmas circuidas de aceras y los centros son cuadros de grama. Al Norte de estas plazas se encuentra otra calle Este-Oeste que las separa del edificio y que remata al Norte de la gradería de piedra artificial que da acceso al Panteón por la puerta central. Cuatro magníficos candelabros funerarios ornamentan la entrada.

La Plaza del Este queda en tres partes dividida por las calles Este-Oeste. De estas tres plazas del Este, la central esta realzada con la estatua del Generalísimo Francisco de Miranda montada sobre nuevo pedestal, proyectado por el mismo Mujica". 

LAS DECORACIONES PICTÓRICAS DEL PANTEÓN NACIONAL


Las notables pinturas de Tito Salas, uno de los más destacados pintores venezolanos de los últimos tiempos, nacido en Caracas en 1890, sigue la huella de sus ilustres predecesores Cristóbal Rojas y Arturo Michelena. Salas se marcha a París, donde hace sus estudios dentro de las normas del clasicismo. Caldeada, sin embargo, por un espíritu ardiente, su pintura se distingue por su vigoroso sentido expresionista y por su inconfundible pasión del color.

Estas virtudes que distinguen a Tito Salas en la gran eclosión pictórica hispanoamericana, se ponen de manifiesto en sus obras, principalmente en sus grandes conjuntos históricos entre los que descuellan las decoraciones de la Casa Natal del Libertador y las del Panteón Nacional, en Caracas.

Las decoraciones del Panteón Nacional las inicia Salas en 1930 y comprenden un gran conjunto de episodios históricos y de interpretaciones simbólicas a los que, exceptuados aquellos que se refieren a la Conquista, sirve de numen la figura del Libertador.

Obras del maestro Tito Salas. A la izquierda: "Bolívar y Humboldt". El Libertador en París, durante el mes de septiembre de 1804, conoce al Baron Alejandro de Humboldt, a otros conspicuos hombres de ciencia y a políticos eminentes de Francia con los que establece amistad. A la derecha: "¡Unión, unión!". El Libertador frente al mar, confidente de los grandes hombres en los días de adversidad, piensa en el porvenir de los pueblos de Colombia a los que recomienda la unión, como única fórmula de salvación, en su última Proclama dictada en Santa Marta pocos días antes de su muerte. Esta Proclama esta considerada como su testamento político.

Obras del maestro Tito Salas. A la izquierda: Bolívar jura ante su Maestro Don Simón Rodríguez, en el Monte Sacro de Roma, no dar descanso a su brazo ni reposo a su mente hasta no ver libre a su Patria. A la derecha: Alegoría de la libertad de los esclavos.

He aquí, enumerados conforme a su ubicación, estos grandes murales.

A partir de la entrada al recinto, en dirección al Monumento del Héroe:

1°.- El Tiempo graba el nombre de Bolívar para la Posteridad.

2°: Apoteosis del Libertador después de su muerte.

3°.- Fundación de la ciudad de Caracas, cuna del Padre de la Patria.

ARCO DE LA DERECHA:

Entrada triunfal de Bolívar a Caracas después de la Batalla de Carabobo que en 1821 selló la Independencia de Venezuela.

ARCO DE LA IZQUIERDA:

Traslado de los restos del Libertador de La Guaira a Caracas (1842).

Arco de la Nave Central (Crucem): La Santísima Trinidad advocación religiosa de la familia Bolívar y Primera Comunión del futuro Libertador.

En los otros arcos del Crucero: Escudo nobiliario de la familia Bolívar. Escudo de Caracas y Escudo de Venezuela. 

NAVE LATERAL DERECHA:

1°.- La Noche de Casacoima. En su propósito de dominar totalmente el Orinoco, el Libertador establece su Cuartel General en San Félix. El 4 de julio de 1817 es sorprendido por fuerzas enemigas y logra salvar su vida arrojándose a la laguna de Casacoima.

2°.- Bolívar en el Chimborazo. La ascensión del Héroe a esa montaña le inspiro luego la conocida página titulada "Mi Delirio sobre el Chimborazo".

3°.- Alegoría de la libertad de los esclavos.

4°.- Bolívar jura ante su Maestro Don Simón Rodríguez, en el Monte Sacro de Roma, no dar descanso a su brazo ni reposo a su mente hasta no ver libre a su Patria de la dominación española (15 de agosto de 1805).

NAVE LATERAL IZQUIERDA:

1°.- "¡Unión, unión!" El Libertador frente al mar, confidente de los grandes hombres en los días de adversidad, piensa en el porvenir de los pueblos de Colombia a los que recomienda la unión, como única fórmula de salvación, en su última Proclama dictada en Santa Marta pocos días antes de su muerte. Esta Proclama está considerada como su testamento político.

2.- Bolívar y Humboldt. El Libertador en París, durante el mes de septiembre de 1804, conoce al Baron Alejandro de Humboldt, a otros conspicuos hombres de ciencia y a políticos eminentes de Francia con los que establece amistad.

3°.- El 26 de octubre de 1825, el Libertador asciende al famoso cerro de Potosí, en Bolivia.

4°.- Inspiración del Istmo de Panamá, el cual, según el Libertador, si el mundo hubiese de elegir su Capital, sería el lugar señalado para tan augusto destino.

Obras del maestro Tito Salas: A la izquierda: El 26 de octubre de 1825, el Libertador asciende al famoso cerro de Potosí, en Bolivia. a la derecha: Apoteosis del Libertador después de su muerte.


Vista exterior e interior del Panteón Nacional de Caracas (Venezuela), reformado totalmente por disposición del Benemérito General Juan Vicente Gómez en 1930 como homenaje al Padre de la Patria.

viernes, 3 de enero de 2020

CUALIDADES MILITARES DEL GENERAL JUAN VICENTE GÓMEZ


(Escrito por: Eleazar López Contreras).
General de Brigada.

(Este trabajo se publicó en Maracay, el 5 de julio de 1917. Extraído del libro: “Revista del Ejército, Marina y Aeronáutica”. Número Extraordinario. Año III. Tomo V. N° 32. Caracas. 1933).

El Benemérito General Juan Vicente Gómez, Presidente de la República de Venezuela y Comandante en Jefe del Ejército, pasando revista en compañía del General Eleazar López Contreras, Ministro de Guerra y Marina, durante la Parada Militar de 1934 en Maracay, Estado Aragua. 

Aquellos que con espíritu sereno y con fe inquebrantable, fortalecida con los más puros sentimientos patrióticos, hemos venido siguiendo el glorioso derrotero del Benemérito General Juan Vicente Gómez; los que tuvimos la fortuna de ver su manera de actuar en el teatro de la guerra y fuimos arrastrados en el propio campo táctico a ejecutar sus órdenes, precisas y enérgicas, emanadas del alto criterio del Jefe que sabe mandar y que sabe también ir, pensamos, con el juicio que nos da la experiencia, que para juzgar sus concepciones, sus movimientos estratégicos y tácticos, no es lo bastante haber tenido la honra de servir bajo sus órdenes, sino poseer la suficiente capacidad militar.

Existe un crecido número de oficiales, en el cual yo me encuentro, que no tiene otra escuela de guerra que la seguida por el General Gómez; que recibe únicamente la influencia moral del Jefe; que piensa y siente con él, pero que no puede sino en la práctica, exteriorizar todo aquello que el Jefe les ha formado en su cerebro y en su corazón.

El estudio de sus campañas, para darlo a conocer en todo su valer militar, es labor de nuestros militares científicos, los verdaderos profesionales. No obstante la opinión que tiene formada sobre las cualidades militares del Ilustre Jefe, en la esperanza de que él acogerá indulgentemente los errores de apreciación; y que aceptará este trabajo, como la demostración más elevada del profundo respeto y gran admiración que guarda por sus glorias guerreras el más humilde de sus oficiales.

Eleazar López Contreras

JUICIO

“Un hombre fuerte de cuerpo, y de alma grande” como le han definido, tiene también el don de saber apreciar las cosas y las circunstancias, de escoger las ocasiones felices, de buscar y crear medios y salvar cuantos obstáculos se opongan para llegar a un fin. Su voluntad se impone en todo momento para estimular a los pusilánimes, o para sofrenar a los temerarios.

Llamado a preparar un plan de operaciones, ante todo, ha pedido libertad de acción. Acumula tropas, forma unidades, selecciona sus comandos y dota a aquéllas de toda clase de elementos materiales y de servicios auxiliares.

Como tiene por sistema “reflexionar despacio para ejecutar a prisa”, estudia detenidamente los inconvenientes que puedan oponerse al desarrollo de las operaciones, ya sean obstáculos activos como las tropas enemigas, ya sean pasivos, como montañas, ríos, pantanos, estaciones, etc., etc., para elegir los medios más adecuados de vencerlos. Si la región en que va a actuar no le es suficientemente conocida, solicita informaciones detalladas de aquellas personas que le inspiren confianza, y llama en su auxilio la experiencia y conocimientos de aquellos que han sido escogidos para ser sus colaboradores.

En la organización de su ejército, en sus concepciones, y en el desarrollo de las operaciones, no olvida ni aún los menores detalles. Su espíritu observador le hace notar las más pequeñas faltas, las menores deficiencias en el servicio, todo lo cual corrige sin la menor dilación.

Sus marchas, aunque rápidas, siempre son ordenadas. Puede pedir mucho al soldado, porque también sabe cuidarlo y alimentarlo convenientemente.

Estaciona sus tropas con todas las precauciones necesarias. Lejos del enemigo, les proporciona toda clase de comodidades; pero cuando hay probabilidad de encuentro, pospone todas esas comodidades para darle cabida en absoluto a la seguridad de su ejército.

El servicio de aprovisionamiento lo organiza con especialísimo cuidado. Utiliza convenientemente todos los medios de transporte, vías marítimas y fluviales, ferrocarriles, etc., etc., para hacer llegar al teatro de operaciones víveres, vestuarios, armas y municiones. También son acumulados en los lugares de etapa, ganado, víveres, forrajes, es decir, todos los recursos que pueda dar la región ocupada.

Podemos decir con toda propiedad, que así como sus tropas no se han visto obligadas a suspender una marcha ni a emprender una retirada por falta de elementos de subsistencia, en ninguna ocasión ha quedado sin decisión un combate, ni se ha suspendido la persecución del adversario por falta de municiones.

Como la experiencia ha demostrado que un ejército que permanezca en una región insalubre, sufre tanto como en una batalla, escoge con marcado interés las rutas de marcha y los lugares de etapa. Como medida auxiliar y muy importante, para evitar y curar las enfermedades en el ejército y atender a los heridos en el combate, lleva siempre un buen personal sanitario.

El orden de sus movimientos, lejos y a proximidad del enemigo; la inteligente elección del estacionamiento de sus tropas y el empeño constante de proveer de cuanto es necesario para la seguridad y sostenimiento de su ejército, han sido la verdadera causa del éxito de sus campañas. Su juicio le ha llevado a conducir bien la guerra, y “una guerra bien conducida es una guerra metódica”.

Napoleón dice en sus principios: “la fortuna es hembra: si la desdeñáis hoy, no esperéis volverla a encontrar mañana”. Pero yo me atrevo a agregar: la fortuna para un General consiste en los errores cometidos por el adversario.

Los Generales que se han enfrentado al General Gómez, disculpan sus fracasos haciendo resaltar la fortuna de este Jefe. Aquellos tendrán que reconocer, que a las operaciones del General Gómez, ajustadas a los principios del arte de la guerra, ellos sólo oponían medidas desacertadas, errores que con marcada inteligencia y buen juicio supo aprovechar siempre para derrotarlos.

INTELIGENCIA

El Presidente de la República, General en Jefe Juan Vicente Gómez, Pacificador de Venezuela y creador del moderno Ejército Nacional.

Su manera de discernir las cosas, de apreciar las circunstancias, de definir las situaciones, de escoger los hombres y saber utilizar los elementos materiales siempre en tiempo oportuno, están probando de un modo efectivo, que su inteligencia está en relación con su fuerza física y con su fuerza psíquica, o sea con el espíritu que lo anima.

Pertenece a la Escuela Innatista. Ha nacido con espíritu guerrero, valiente, enérgico y abnegado; estas y otras tantas cualidades militares que posee, suficientemente desarrolladas en una larga práctica en el seno mismo de la guerra, le distingue como el General de la República que tiene mayores y más sobresalientes dotes de mando.

CARÁCTER

En los momentos de peligro, en que la responsabilidad crece a medida que la autoridad de mando es mayor, es de todo punto indispensable tener carácter para resolver.

La inteligencia y el estudio hacen que el hombre pueda idear, concebir, pero el carácter hace materializar la idea, es decir, dictar órdenes y velar por su ejecución.

Cuando mucho se ve, aparecen a nuestra mente conjuntamente cualidades y defectos, bienes y males, ventajas inconvenientes; se exalta el entusiasmo para caer en seguida; se pierde tiempo, y si no hay una fuerza que le estimule a tomar un partido, la resolución dará sus desastrosos efectos. Esa fuerza, que da resolución, y que no debe faltar a todo buen General, es el carácter.

El General Gómez, por estar dotado de una gran iniciativa y de una intensa resolución, que no ha podido ser quebrantada ni en los momentos más críticos del combate, tiene el verdadero culto de la responsabilidad.

Si pidió libertad de acción para organizar un ejército y para escoger el plan de operaciones que más conviniese al fin que se proponía alcanzar, más exigente aún le encontramos en el desarrollo de los movimientos estratégicos, y, en la ejecución de las operaciones tácticas.

Cuando el General Cipriano Castro pretende que el General Gómez fuerce la línea férrea que une a Tucacas con Barquisimeto, ocupada por importantes fuerzas revolucionarias, se opone resueltamente a un plan tan descabellado e hijo de la falta de conocimientos del terreno. El General Gómez expone, que para seguir por la línea habría que someterse a sacrificar muchas vidas, perder tiempo y cuantiosos elementos, porque los obstáculos naturales que se encuentran en esta región, podrían hacerse insuperables si eran utilizados, como era de esperarse, por el enemigo, para hacer una defensa activa y enérgica. Sigue resueltamente el itinerario de marcha que más conviene para la conservación de sus tropas; naturalmente, llega con ellas, más fuertes quizás, en potencia moral y material, frente a la capital del Estado Lara.

El General Castro en otra ocasión opina por el asedio de Ciudad Bolívar, pero el General Gómez, apreciador de la moral de sus tropas, conocedor de la verdadera situación de las fuerzas enemigas y confiado en su propia capacidad militar, decide el ataque a fondo sobre la plaza, la cual toma entre el espanto de los adversarios, el entusiasmo de su Ejército, el reconocimiento de Castro y la admiración de todos. Este es un hecho insólito, que basta para acreditar el carácter, energía y gran resolución que él posee sin límites, porque Ciudad Bolívar es la ciudad que por su situación topográfica es la más formidable que tiene el País.

ENERGÍA

“La primera cualidad de un General es poseer un entendimiento frío, que reciba impresiones exactas de los objetivos; que no se acalore jamás, ni se deje deslumbrar o desalentar por las noticias buenas o malas”.

Esa cualidad la tiene tan desarrollada el General Gómez, que en las situaciones más difíciles en que lo han colocado las circunstancias, como cuando se desarrollaba ese drama terrible, en que los proyectiles segaban a su lado la vida de sus hombres; cuando el tronar del cañón, el estridente crepitar de las ametralladoras, las regaderas del diablo, y el fuego de la fusilería formaban un ruido intenso y abrumador, anunciador de catástrofe, su semblante estaba sereno, sus músculos tranquilos; en ninguna forma daba a conocer esa espantosa lucha que sostenía su espíritu y la materia ante la muerte.

En el combate de El Guapo, acababa de ser destrozada parte de las tropas que se encontraban combatiendo con el ala derecha del enemigo, y había caído sin vida uno de los oficiales, más valientes y queridos del General Gómez, cuando dispone que el “Batallón Caracas” se establezca sólidamente en San Fernando para contrarrestar la maniobra que pudiese ejecutar el enemigo sobre la retaguardia del Ejército.

Una formidable carga que estaba dando el enemigo por el río, y con dirección al lugar donde estaba el Comando y el parque, había empezado hacía 20 minutos, y el General Gómez, a la cabeza del batallón de su nombre, había entrado a contraatacar y a restablecer el orden en toda la línea.

Es admirable la actitud del General Gómez, que salva con su presencia de ánimo tan difícil situación, y que, no obstante el peligro que corre su vida y su nombre militar, reflexiona libremente, como en momentos normales, y decide llamar al “Batallón Caracas” a su lado, porque ve con claridad que allí se encuentra la decisión de la batalla. Una vez más ha probado que su manera de defenderse es atacando.

Un General vulgar se hubiera olvidado que aun podía contar con tropas de reserva, y dado el caso de que lo hubiese recordado, es muy probable que decidiese trasladarse él a donde se encontraban aquellas tropas, que precisamente estaban en su línea de retirada.

 Su misma energía le hace ser muy justiciero para impartir disposiciones, para hacer entrar a las unidades sin distinción, al combate, de manera que todas rinden jornadas peligrosas.

Durante el combate designa a su pariente, a su más querido amigo, a cualquiera, para desempeñar la misión más arriesgada. Todos, absolutamente todos, van a la línea de fuego, y tienen que exponerse como él mismo expone su vida cuando para la decisión es necesaria su presencia en el lugar de mayor peligro.

VALOR

El General en Jefe Juan Vicente Gómez, al frente de la parada militar del año 1916 en el Hipódromo Nacional de El Paraíso, Caracas.

Se presentan momentos en el combate en que el hombre más valiente flaquea. Sus fuerzas morales y sus fuerzas físicas van perdiendo en potencia en las alternativas de una lucha violenta y terrible. El hombre llama entonces para protegerse el auxilio de sus camaradas, y muy especialmente el apoyo moral del Oficial. Mas, si las fuerzas morales y materiales del ofíciales también se encuentran a punto de sucumbir, sólo el símbolo de la Patria, el sagrado Himno Nacional, el ejemplo del Jefe que lo manda, podrá llevarlo a hacer nuevos sacrificios.

El General Gómez nunca ha faltado en aquellos lugares donde se hace indispensable que oigan su voz y que sigan su ejemplo.

Él tiene la conciencia del valor. Siempre se le ha encontrado en su puesto. Si en alguna ocasión se vio precisado a ponerse a la cabeza de una unidad pequeña, fue en bien del todo y para evitar un mal mayor; no obstante, él no ha olvidado ni un solo momento la responsabilidad que tiene en el conjunto.

ACTIVIDAD

Grande es su actividad para ejecutar los movimientos estratégicos y las operaciones tácticas. Cuando dicta órdenes, sólo da en cada uno de los casos particulares el tiempo para que sean cumplidas. Podrían, como dijo Napoleón, “acusarle de rapidez, pero nunca de lentitud”.

Empieza la campaña de Barlovento, con el arribo de la escuadra de Carenero, conduciendo a bordo al General Gómez, y su Estado Mayor, y el grueso del Ejército que combatió en El Guapo.

Sobre el puente de uno de los vapores de guerra se encontraba el General Gómez observando el desembarque de las tropas que tenían por misión ir a posesionarse del puente de la vía férrea Carenero-Colorado y que atraviesa el río Paparo en su desembocadura al mar.

El suscrito, con la candidez de los primeros  se dirige a uno de sus compañeros, haciéndole notar que ya había llegado un número crecido de tropas, y que aún no se pensaba en el desembarque de bestias. El General interrumpe su conversación con el General Ferrer, de quien yo era ayudante, y me dice: “Qué cuento de bestias; para ganar tiempo, hasta los jefes deben ir a pie”.

El General había visto con su acostumbrada penetración, la imperiosa necesidad de ocupar, a toda costa, el paso de ese caudaloso río, que no sólo constituía un fuerte punto de apoyo táctico, sino que daba las facilidades para llevar en embarcaciones, aguas arriba, las municiones de que estaba careciendo Rolando, y que podían ser recibidas por éste en puntos de la orilla muy inmediatos.

Al ser ocupado el puente indicado, las tropas que lo defendieron huyeron sin descanso, hasta ir a caer vergonzosamente en Palmira.

Desde el propio momento que el General Gómez llegó a Carenero, empezó a quitar potencia moral y material al enemigo, al que por fin destruyó totalmente en las sólidas posiciones de El Guapo, donde se creía invencible, después de un a larga serie de operaciones rápidas y enérgicas a las cuales puso el sello de toda su inteligencia y de toda su voluntad.

Para el ataque del puente de Paparo hubo necesidad de asignar Artillería a la Infantería. La Artillería fue situada a poco más de 100 metros de la margen izquierda del río, y tal medida es un hecho demasiado atrevido y único hasta aquella fecha.

Creo muy oportuno dejar oír la autorizada palabra del Capitán Munnekrede, del Estado Mayor holandés, que dice a tal respecto:

“En un combate en la actual guerra europea, una Batería de Campaña alemana atravesó al galope la aldea incendiada Zandvoorde y tomó posición a 150 metros a vanguardia de la línea de tiradores, abriendo fuego sobre el enemigo en retirada”.

“La experiencia reciente demuestra que no se puede desistir de hacer acompañar a la Infantería de alguna formación de Artillería en las últimas fases de un ataque, a pesar de las pérdidas que esta última arma tiene que sufrir”.

ESPÍRITU DE JUSTICIA

El General Juan Vicente Gómez, Comandante en Jefe del Ejército Nacional. Revista Militar en el Campo de Carabobo con motivo de su Centenario, el 24 de junio de 1921. 

Nacido y formado lejos de aquellos centros donde el hombre se hace egoísta; educado en un medio esencialmente laborioso y ordenado, sus principios de honradez y de trabajo no han podido ser destruidos ni por las pasiones de aquellos que fingiendo virtudes llegaron en alguna época a conquistar su confianza. Su espíritu ha estado siempre templado contra las insinuaciones de los discípulos de Maquiavelo, eternos, y vergonzosos y traficantes en la política de nuestra Patria.

Así como es verdad que escogió para que le acompañasen en la guerra a sus amigos más abnegados, también es cierto que al llegar al Poder no ha desperdiciado la oportunidad de protegerlos, llamándolos a colaborar en su Gobierno en puestos de mayor consideración.

Él ha sido siempre el primero en realzar las cualidades militares de sus subalternos. Al hombre valiente, al hombre de carácter, a aquél que supo interpretar fielmente sus órdenes, le dio lo que le correspondía en los triunfos, y, como su memoria es prodigiosa, suele recordar con gran entusiasmo insignificantes detalles de sus campañas y expresarse con tal motivo de sus antiguos subalternos y amigos, en los más elevados conceptos.

ABNEGACIÓN

El Benemérito General Juan Vicente Gómez, Presidente de la República de Venezuela, encabezando la parada militar de 1934 en Maracay. A su lado, el General Eleazar López Contreras, Ministro de Guerra y Marina.

Aunque acostumbrado a mandar ejércitos y obtener triunfos sobre los militares más viejos y veteranos de la República, no ha sufrido sin embargo el mareo de la gloria.

Guarda a sus subalternos la mayor consideración; los quiere y los protege siempre con cariño paternal.

Su energía no se manifiesta en actos despóticos, insultantes y deprimentes para el oficial. Se hace obedecer con la gran corriente de insinuación de su palabra, sencilla, cariñosa e ingenua, y por el respeto y admiración que despiertan sus procedimientos.

Como detesta “la disciplina martillo”, espera que sus órdenes sean cumplidas como un deber del militar. No le amenaza sino que le estimula.

En una ocasión dice a un subalterno: “Mando a usted en esa comisión, porque usted hace bien las cosas y no tiene miedo”. Esta frase dicha en medio de su Estado Mayor, es el más grande estímulo que puede existir para la dignidad de un hombre.

Conociendo que la fuerza que da el terror no puede ser útil ni constante, porque termina en el momento más preciso y más indispensable, él se impone por el cariño, que es fuerza que crece en toda situación difícil, y con lo que ha logrado que sus oficiales vayan a todas partes con verdadero espíritu de sacrificio.

Su espada, signo de autoridad y de mando, jamás ha sido manchada con la sangre del vencido, ni le ha servido en ninguna circunstancia de instrumento de terror para hacerse respetar, ni para hacerse obedecer.

No ha usado de castigos infamantes contra los menos valientes. Sus abnegados procedimientos le bastan para levantar la moral de su tropa y conducirla a la victoria.

CONSIDERACIONES GENERALES

Espíritu de ofensiva. Concentración de fuerzas. Economía de fuerzas.

El espíritu de ofensiva prevalece en la ejecución de sus planes de campaña. Todas sus medidas son dictadas para llevar, el mayor número de tropas al teatro de operaciones del enemigo, cortarle sus comunicaciones, privándole de esta manera que reciba recursos que puedan llegarle de su base.

Así lo vemos reconcentrar las unidades de su ejército y marchar resueltamente hacia el enemigo, en sus campañas de Barlovento, Barquisimeto, Coro y Ciudad Bolívar, y establecer la Escuadra en recorrer activamente todo el litoral marítimo por donde el adversario pudiese recibir recursos en víveres, vestuarios, armas y municiones.

El espíritu de ofensiva también guía sus decisiones en el campo táctico. Aconseja y aplaude la mejor manera de aprovechar los accidentes del lugar para ocultar en lo posible, la marcha de aproximación de las unidades, utilización de toda clase de sitios abrigados artificiales y de los innumerables puntos de apoyo naturales que nos brinda ampliamente la naturaleza de nuestras regiones; pero los acepta para preparar el avance, tomar aliento y reponer las fuerzas morales, perdidas.

Es enemigo irreconciliable de las defensas pasivas. Si durante el combate se apercibe que algún Comandante de tropas, se detiene más del tiempo indispensable, se informa detenidamente de las causas que lo han obligado a buscar abrigo, vence las dificultades y lo hace seguir adelante con mayor energía.

Él tiene como suyo aquel principio que dice: “Hacer la guerra equivale a atacar”. Por tal motivo es de notar que aun en las ocasiones en que ha tenido que combatir con fuerzas menores a un enemigo mayor en número, él ha sabido buscar el equilibrio, levantando la moral de sus tropas, adelantándose a los movimientos del enemigo y batiéndolo donde ha convenido al curso de las operaciones.

Muy ricas en enseñanzas están todas sus campañas; mas sólo me detengo a considerar parte de la llevada a cabo en Occidente.

La llegada del General Gómez a Tucacas fue una verdadera sorpresa estratégica para el Jefe de la Revolución. Contaba que el General Gómez tuviese bastante con la persecución de Rolando, para que pudiese abrir tan rápidamente la campaña de Occidente.

Terminado el desembarque del ejército en Tucacas, el General Gómez hace avanzar algunas tropas sobre Palma Sola, las cuales llegaron más luego hasta Yumare, donde tomaron contacto con las fuerzas enemigas. Aunque estas tropas combatieron fuertemente, no fue el propósito del General que entrasen a fondo, sino que fijasen al enemigo. El combate en Yumare ha hecho creer a muchos que el General Gómez conservó hasta última hora el propósito de seguir a toda costa por la línea; pero si en realidad vemos algún retardo del ejército en Palma Sola, es porque la falta de medios de transporte le obliga a llevar muy lentamente el cuantioso parque hasta San Felipe.

Antes de seguir adelante, será conveniente hablar algo sobre esos inconvenientes, obstáculos naturales del terreno, y que pueden llegar a ser insuperables si las tropas enemigas se aprovechan inteligentemente de ellos para hacer una defensa activa.

La vía férrea atraviesa una extensa región cubierta de espesa vegetación. A una y otra orilla se van sucediendo terrenos elevados y generalmente cortados en su base; donde los terrenos son bajos, están casi siempre anegados y cubiertos de pantanos, y por consiguiente muy difíciles de cruzar. A medida que se avanza hacia Barquisimeto, o sea de San José en adelante, ya no es posible obtener veredas siquiera para evitar un pasaje obligado.

Todas las ventajas están de parte del defensor, porque muy pocas fuerzas pueden defender el frente tan reducido siempre. Pudiera decirse que la mayor parte de la línea es un prolongado desfiladero.

El atacante no puede desplegar todas sus tropas, porque el terreno se lo impide, y nada hace con tener superioridad de fuerzas cuando no puede hacer uso de esa ventaja. Si se emplea un número mayor de tropas que el necesario para cubrir ese frente, la densidad de las líneas de tiradores que se sucedan, impedirá que actúen con libertad. En tal caso se producirán amontonamientos, y como de hecho, a mayor blanco mayor número de proyectiles que recibe, y por consiguiente mayor número de bajas.

Se podría pensar, que la densidad de la línea de tiradores del defensor tendrá que ser proporcional a la del atacante; mas, aunque así pudiese ser, mientras que aquel está oculto y abrigado, éste está obligado a presentarse y a avanzar a descubierto, lo cual le hará sufrir mayores bajas.

En los días que pasa en Palma Sola, no deja de seguir contrariando los propósitos del General Castro. A un telegrama que éste pone al General Pedro Linares que dice: “Reconcentre usted fuerzas e inmediatamente póngase en marcha a incorporarse al General Gómez”; el General Gómez envía entonces al mismo General Linares, quien está en San Felipe, la orden de que “permaneciese con sus fuerzas en la plaza de San Felipe, persiguiendo las guerrillas enemigas, y tratando de comunicarse con el Doctor González Pacheco”.

El 9 de mayo llega el General Gómez a San Felipe, y enseguida da órdenes al General Pedro Linares para que con sus fuerzas salga por la vía Cerro Cocorote sobre Pueblo Nuevo. Esa misión encerraba una maniobra estratégica que debía producir tres resultados: 1. Cortar las fuerzas revolucionarias que se encontraban entre Yumare y El Hacha. 2. Proteger el flanco derecho del ejército en su marcha hacia Urachiche. 3. Desorientar al enemigo sobre los verdaderos designios del General Gómez.

Lo primero no tuvo efecto, porque cuando las primeras tropas del General Linares llegaron a El Hacha, el General Manuel Antonio Matos salió en fuga para el Estado Falcón, por vías desiertas y montañosas, el General Peñalosa abandonó sus tropas y huyó hacia Barquisimeto, dejando dicho a aquéllas que buscasen como les fuese posible la misma vía.

Véase cuál fue la importancia de esta maniobra, que sin disparar un solo tiro, causó la separación del Jefe de la Revolución y su Jefe de Estado Mayor, teniendo que agregar a esto el número de tropas que se dispersaron en la montaña.

Lo segundo quedó de hecho también cumplido con lo anterior. Ya no quedaban tropas que pudiesen molestar la marcha del ejército hasta Barquisimeto.

La misma operación que sorprendió en grado sumo a los Jefes Revolucionarios y origen de su vergonzosa fuga, les daba convencimiento de que el General Gómez seguía marcha por la línea. Así se cumplió el tercer punto de la misión.

Con notable habilidad el General Gómez fue ocultando sus intenciones, y aún le creían reconcentrándose en Pueblo Nuevo, cuando se les presentó amenazante en los alrededores de Barquisimeto después de seguir el itinerario de marcha más adecuado a las circunstancias, y al fin que se proponía obtener, y que sus tropas tuviesen las mejores comodidades, más seguridad y las menores pérdidas posibles.

El principio de concentración de fuerzas fue cumplido en esta campaña. Oportunamente llama al Doctor González Pacheco para que con la unidad de su mando se una al ejército. Esta unión se efectuó un día antes de la batalla, y así el General Gómez pudo contar con el mayor número de fuerzas posibles con que dio el importante triunfo en Barquisimeto.

Durante las marchas hacia el enemigo, no permitió que se hiciesen rodeos inútiles; ni retardos que no fuesen por causa muy justificada. Se interesa sobremanera del tiempo y del espacio, y trata de ponerlos siempre a su favor.

El enlace entre las unidades destacadas y el cuerpo principal lo hace sostener a todo trance. El telegrama que de Palma Sola puso al General Linares, indicándole que procurase comunicarse con el Doctor González Pacheco así lo comprueba.

Su acción en el combate se hace sentir desde el principio hasta la decisión final. Va empeñando las unidades de un modo metódico y juicioso. No acumula tropas excesivas en un sector para que falten en otro. Los refuerzos van llegando a todas partes según las circunstancias.

Para estar más seguro del desarrollo de los sucesos, y ya que no le es posible verlo todo; manda oficiales de su Estado Mayor a todos los puntos de la línea de fuego, para que le confirmen las informaciones que recibe de los comandantes de tropas, o aquellas que se hayan escapado a su vista. Esta medida es del todo conveniente, pues sirve para contrarrestar el falso criterio que puedan tener los comandantes de unidades sobre la situación. Así también pone al Jefe a cubierto de las peticiones de refuerzos que algunos oficiales exageran por confusión o por el prurito de ponerse a cubierto de amenazas imaginarias.

Para reforzar un punto es fácil que el Jefe tome elementos de su reserva; pero si el Jefe carece de ellas porque han sido dispersadas y el combate toma mal giro en alguno de los sectores, entonces se encontrarán las serias dificultades de sacar de un punto para llevar a otro, y esto aún en el caso de que el tiempo sea favorable.

Existen Generales que por carecer de suficiente energía, desde el comienzo de la acción dejan escapar de su mano las tropas y elementos de reserva. Otros en cambio se hacen tan económicos, que dejan aniquilar tranquilamente una unidad pequeña en un encuentro desigual con una superior, y lo que da razón para pensar, que éste trata de cuidar más de su persona que del buen resultado del combate.

El General Gómez ha desechado estos dos extremos. En El Guapo empeña hasta el último soldado de reserva y él mismo se lanza a la primera línea de fuego. En cambio en Barquisimeto, rechaza las peticiones de refuerzos que le hacen insistentemente varios Comandantes de Unidades, por tener plena conciencia de que ya no les eran de necesidad imperiosa. A todos dice: “No tenemos necesidad de cansar otras tropas; con las que hay combatiendo, bastan y sobran”. “Mañana entraremos a Barquisimeto”. Esto sucedía el 22 de mayo, y el 23 ocupó el General Gómez la ciudad.

FINAL

El Ministro de Guerra y Marina, General Eleazar López Contreras condecora con la Medalla de Honor "Francisco de Miranda" en su Primera Clase al Presidente de la República de Venezuela, Benemérito General Juan Vicente Gómez en 1934, por haber cumplido 30 años consecutivos en Servicio Militar Activo.

Algunos años después de sus campañas, el General Gómez quiere completar sus glorias militares, y entonces empieza la reorganización del Ejército.

Tiene el convencimiento de que el arte de la guerra está también, sometido a la eterna ley de la evolución, y que si los elementos materiales progresan, los que pretenden manejarlos tienen que ponerse en capacidad de hacerlo.

Así vemos que a la vez que dota ese Ejército de esos elementos, crea a la vez una Escuela Militar, para formar oficiales; escoge algunos para que vayan al exterior a recoger enseñanzas, y pone en manos de sus viejos oficiales Reglamentos de toda especie para que estudien y se pongan en capacidad de apreciar bueno y lo malo que se hizo en nuestras guerras.

El General Gómez ha terminado el período de nuestras guerras internas, y por lo tanto el estudio de la guerra en la guerra misma; pero hombre previsivo siempre, nos presenta los medios para que estudiemos la guerra, es decir, nos pongamos en las condiciones de ir a ella, siguiendo métodos y sistemas adoptados por las principales Naciones del Orbe, en sus largos períodos de paz.

Estudiemos para que puedan quedar cumplidos los propósitos de nuestro Comandante en Jefe al emprender la reorganización del Ejército, y esperemos confiados en nuestro porvenir y en el progreso de la Patria, que reposa en su brazo fuerte y en su alma noble y grande.

ELEAZAR LÓPEZ CONTRERAS.
General de Brigada.

(Este trabajo se publicó en Maracay, el 5 de julio de 1917. Extraído del libro: “Revista del Ejército, Marina y Aeronáutica”. Número Extraordinario. Año III. Tomo V. N° 32. Caracas. 1933).