viernes, 16 de octubre de 2020

EL PRESIDENTE JUAN VICENTE GÓMEZ

 (Por: José Gil Fortoul)

El Benemérito General Juan Vicente Gómez, Presidente de la República de Venezuela y el Dr. José Gil Fortoul, ilustre escritor, historiador, abogado, político y miembro del positivismo venezolano.

El Presidente Gómez ha contraído con la Patria la obligación de no volverla a dejar caer ni en la vieja lucha estéril, ni en las peligrosas aventuras de ideólogos impacientes, ni en la ambición de personalismos egoístas.

México, 19 de diciembre de 1933.

Los jóvenes directores de “Vida Nueva” quieren que yo escriba algunas Notas que acompañen el retrato del General Juan Vicente Gómez. Nada más fácilmente agradable para mí, que por deber oficial unas veces, y siempre por la no menos grata obligación de una amistad sincera, he podido apreciar de cerca sus cualidades personales y su método administrativo.

Es ejemplo el General Gómez de lo que puede el buen sentido, la voluntad decidida y el patriotismo práctico. Elevado a la primera magistratura en difíciles circunstancias de todos conocidas, comprendió en seguida que su Administración había necesariamente de caracterizarse por formas, ideas y propósitos diferentes de cuanto desautorizó a su antecesor; lo mismo en la política interna que en las relaciones internacionales. Al exclusivismo autoritario y a la imprudencia aventurada, sustituyó un sistema nuevo en el que se armonizaron la conciliación generosa y la vigilante discreción. Y con tan feliz éxito, que inmediatamente allanó el camino para llevar a la práctica el método administrativo que se ha encarnado en esta fórmula definitiva: Patria, Unión, Paz y Trabajo.

El Benemérito General Juan Vicente Gómez, Presidente de la República de Venezuela, conversando con el Doctor José Gil Fortoul en el Hipódromo. (Foto: J. A. Avilán). Año 1932. El Nuevo Diario.

Desde los orígenes de la República, para utopía se había considerado el propósito de unir, siquiera temporalmente, a los tradicionales partidos políticos, en el intento de conservar la paz y de atender exclusivamente al desarrollo intenso, en que fracasaron sucesivamente Páez y Monagas, Tovar y Falcón, Guzmán Blanco y Rojas Paúl, Andueza y Crespo. Porque eran sobre todo, aparte méritos y circunstancias de otro orden, corifeos de agrupaciones particularistas, y viéronse por consiguiente obligados a continuar en el poder la lucha sin tregua que exigían los particulares intereses de sus correligionarios. Gómez vino, en cambio, con cerebro y manos libres de estos lazos partidarios, confiado en su carácter tenaz y tranquilo, resuelto y prudente.

No ciertamente que pretendiese el imposible de acabar para siempre con las dos tendencias que forman el fondo mismo de la vida política, a saber: la tendencia a acelerar el progreso, partido liberal y la tendencia a retardarlo, partido conservador. Concibió y realizó un propósito más alto, por su perfecta consonancia con las necesidades de la actualidad y de un inmediato porvenir. Lo mismo a los liberales que a los conservadores les dijo:

"No abdiquéis de vuestra historia, de vuestros principios, de vuestro ideal; pero abrid un paréntesis en la contienda encarnizada, apagad odios, buscad los puntos en que coincidan por ahora vuestros programas, y en esta era de paz, bajo la bandera tricolor, trabajemos todos en la obra fecunda de transformación nacional".

El resultado se está viendo: ninguna amenaza de disturbio interior, relaciones internacionales de cordial y recíproca deferencia, puerta franca al capital extranjero, empresas venezolanas que nacen vigorosas, comercio floreciente, rentas en próspera progresión, confianza unánime.

Mas como en la vida de un pueblo joven, que apenas va saliendo ahora de su exuberante infancia, no puede hacerse todo de una sola vez, el General Gómez ha sabido, con diligente prudencia, encauzar a lo más urgente su acción administrativa. El ejército se disciplina y perfecciona, porque es él garantía del orden y guardián de la integridad de la Patria. Se abren y multiplican vías de comunicación, se gasta en ellas a manos llenas, porque el trabajador aislado vegeta y no prospera, porque el producto de la tierra y de la industria no es riqueza sino a condición de llegar pronto y barato al alcance del consumidor, porque el camino numeroso y fácil representa realmente la arteria por donde circula la vida y la riqueza de todo un pueblo.

Se moderniza la Instrucción Pública, haciéndola objetiva, y eficiente, problemas que tantos pasados Gobiernos habían desdeñado, para que la actual generación se encamine ya por nuevo rumbo a empresas civilizadoras. Finalmente, se establece por primera vez una grande institución federal que comprende la agricultura, la cría y la veterinaria; verdadera creación que va a ser el factor más poderoso del progreso práctico, de la prosperidad de todos. Otros habían soñado con esta Escuela, y se contentaron con acariciarla en sueños. Otros habían previsto sus beneficios, y se quedaron en la previsión. Gómez la realiza. El triunfo es suyo. Mejor que en el pedestal de una estatua, su nombre perdurará sobre la entrada de esta Escuela.

El Presidente Gómez ha contraído con la Patria la obligación de no volverla a dejar caer ni en la vieja lucha estéril, ni en las peligrosas aventuras de ideólogos impacientes, ni en la ambición de personalismos egoístas. El método administrativo que ha implantado con este noble fin, está probado. La idea que lo anima se ha anclado en la conciencia venezolana. Sus beneficios los palpa la República. El deber nuestro, el deber de todos, es mantener el mismo método, y afianzarlo, colaborando en su desarrollo con buena voluntad. No abandonemos esta bandera. El presente y el porvenir así lo exigen.

José Gil Fortoul.

(Publicado en el Periódico “El Nuevo Diario”, el 2 de enero de 1934).