jueves, 24 de junio de 2021

RELIEVES DEL MONUMENTO DE CARABOBO 1921

 

El Benemérito General en Jefe Juan Vicente Gómez, presidiendo los actos conmemorativos del Centenario de la Batalla de Carabobo y la inauguración del Arco de Triunfo, el 24 de junio de 1921.

No podía faltar para la conmemoración del primer Centenario de la Batalla de Carabobo, la gloria de un Monumento que se erigiera imponente en la pampa inmortal.

Y el Benemérito General Juan Vicente Gómez, Comandante en Jefe del Ejército Nacional y Presidente Electo de la República, pensó que fuera un hecho, para el clásico día en que la llanura de la epopeya presenciará el más férvido de los homenajes patrióticos, ese testimonio elocuente en su serenidad artística y en sus majestuosas proporciones, de la gratitud de todo un pueblo a los héroes emancipadores y del culto por los sucesos culminantes de la magna Historia.

Al efecto, el señor Doctor Victorino Márquez Bustillos, Presidente Provisional de la República, interpretando fielmente la idea del Jefe de la Rehabilitación Nacional, Benemérito General Juan Vicente Gómez, decretó que se levantará el Monumento de Carabobo para su inauguración en la ocasión de la grande efemérides.

En corto espacio de tiempo y gracias a una de esas extraordinarias labores que son empresas propias de esta actualidad, el Arco Monumental surge en la extensión, hecho a ser saludado por todos los entusiasmos en este radiante día de la Patria.

Forman el magnífico Monumento dos columnas de veinte y ocho metros de elevación, unidas por un Arco que está sostenido por cuatro cariátides de cinco metros de altura.

En la parte superior ostenta el Arco dos tarjetones con las efigies del Libertador y de Páez.

En la parte inferior de las columnas se fijan cuatro relieves representando a "Bolívar en Carabobo", "Páez en Carabobo", "La Paz" y "El Trabajo".

Relieve del Monumento: "Bolívar en Carabobo". (Foto: Talavera Soro).

Relieve del Monumento: "Páez en Carabobo". (Foto: Talavera Soro).

Relieve del Monumento: "La Paz". (Foto: Talavera Soro).

Relieve del Monumento: "El Trabajo". (Foto: Talavera Soro).

Coronan el Monumento las estatuas de "La Paz" y "La Victoria" y un Busto de la República.

El proyecto del Monumento es obra de los ingenieros doctores Alejandro Chataing y Ricardo Razetti y los trabajos de construcción los han dirigido los ingenieros doctores Razetti y Manuel Vicente Hernández.

Tanto las cariátides como los tarjetones y relieves y todos los demás trabajos de ornamentación, que constituyen doscientas piezas de gran tamaño, son obra del escultor Lorenzo González, Director de la Escuela de Artes Plásticas.

El Busto de la República es obra del escultor Pedro Basalo.

Ilustamos esta página con los gráficos del grandioso Arco Triunfal que en la sabana de los épicos prodigios, muestra el homenaje simbólico que la Rehabilitación Nacional rinde en nombre de la Nación agradecida a sus libertadores.

(Publicado en el Periódico "El Nuevo Diario", el 24 de junio de 1921).


miércoles, 16 de junio de 2021

LAS MISIONES EN POBLACIONES INDÍGENAS DE VENEZUELA

 

Arzobispo Fernando Cento, Nuncio Apostólico. Misión de Araguaimujo. Iglesia en construcción. Residencia de los Padres. Residencia de las Hermanas Misioneras. (Revista "Élite", 6 de mayo de 1933).

"Cumplo el deber de recordar nuevamente a los Legisladores de la República la necesidad perentoria de establecer Misiones que, combinadas con la acción política y administrativa, fomenten en los indígenas de nuestras fronteras el amor a la Nacionalidad venezolana y en consecuencia, el progreso y la consolidación territorial y ciudadana de aquellas regiones bajo la bandera tricolor".

JUAN VICENTE GÓMEZ.

Caracas, 19 de abril de 1910.

Mensaje del Presidente de la República al Congreso Nacional.


CARTA DE LA NUNCIATURA APOSTÓLICA EN VENEZUELA

 

Caracas, 22 de enero de 1934.

General Juan Vicente Gómez.

Respetado General:

Perennemente ligado quedará el nombre de Ud. a la restaurada Catedral Caraqueña, que Venezolanos y Extranjeros admiran con unánime aplauso, ansiando verla definitivamente completada.

Pero más brillo aún recibirá, el nombre del General Juan Vicente Gómez, por haber contribuido tan eficazmente para que se levantara otra Catedral, no de piedras inanimadas, sino de almas vivas: la de las Misiones.

Ya desde años, funciona satisfactoriamente la del Caroní, encomendada a los Capuchinos, y desde unos meses la del Alto Orinoco, confiada a los Salesianos de Don Bosco.

Permítome llamar sobre esta última la benévola atención de Ud.: Grande es la extensión de su territorio, y, como es natural, muchas y muy apremiantes sus necesidades, tratándose de una Misión en sus comienzos, mientras que muy escasas o mejor dicho, absolutamente desproporcionadas son sus disposiciones económicas.

Ojalá, pues, cuanto antes se la equiparara, en lo tocante al subsidio gubernativo, a la del Caroní: Sobre tal pie de igualdad las ha considerado la Santa Sede, fijándoles una ayuda ordinaria anual, a más de una extraordinaria que en el año 1933 destinó a la del Alto Orinoco, a título de fundación.

Y ahora paso a tratarle de un asunto parecido: quiero, esto es, señalar a la consideración de Ud. la obra benemérita que ha realizado con respecto a la evangelización de indígenas, el celoso y progresista Obispo de San Cristóbal, Monseñor Sanmiguel.

A fuerza de sacrificios personales y de tesonera buena voluntad, él ha organizado para ellos, desde el año 1931, una Misión diocesana en el Distrito Páez, sin que, por esto, molestara hasta aquí, ni a la Santa Sede, ni al Gobierno.

En mi último viaje a Roma, hice presente rasgo tan laudable a la Sagrada Congregación de Propaganda Fide, abogando porque, como testimonio de aprecio, se le diera algún auxilio: fue atendida mi petición y he podido ya enviar a aquel digno Obispo diez mil liras.

Pero él me escribe, diciendo que sus recursos fallan y teme no poder más sostener la Misión.

Lástima sería si se acabara con obra tan civilizadora: quiero, pues, hacer cuanto esté en mi alcance, para evitarlo. Por tal fin rogaré al Padre Santo que, si bien no se trata todavía de Misión oficial y canónicamente erigida, podrá bien serlo, más adelante, merced a un acuerdo entre los dos Poderes, se digne confirmarle anualmente el referido auxilio.

Una súplica semejante, General, dirijo a Ud., para que se sirva disponer que también a esa Misión se le dispense algún socorro.

¿Se puede concebir dinero mejor empleado del que se invierte para transformar a esos seres en honrados ciudadanos y buenos cristianos?

Conozco su fe, General Gómez, he experimentado su generosidad, y no añado más.

Implorando sobre Ud. raudales de gracias, me le suscribo,

Afectísimo amigo,

Arzobispo Fernando Cento.

Nuncio Apostólico.

(Publicado en el Boletín del Archivo Histórico de Miraflores, Secretaría de la Presidencia, Número 68, Caracas Enero-Junio 1971, Páginas 288 y 289).


VELADA EN FAVOR DE LAS MISIONES DEL CARONÍ

Las mujeres indígenas venezolanas en sus labores manuales. (Revista "Élite", 6 de mayo de 1933).

Nuestras Misiones del Caroní van despertando entusiasmo consolador en la católica Caracas y el interés que por aquellas se desarrolla, abre caminos a la esperanza de días cada vez más halagϋeños.

El Director R. P. Serafín de Oricaín, pronunció palabras de clausura de la velada en las que vibraba el alma del misionero, del hombre de Dios, lleno del espíritu franciscano, de ese espíritu de humildad y sacrificio que hace se deje todo por la gloria de Dios y el bien de las almas. La concurrencia, selecta y numerosa, aplaudió la maravillosa interpretación de una obra cultural. Durante los entreactos se hizo colecta a favor de la Misión del Caroní.

El Taller de las Misiones está montado con varias máquinas de coser y con todo lo necesario para los bordados. En él se cortan los trajes, que se distribuyen entre diversas familias para coserlos; y allí mismo se han bordado los ornamentos que figuraban en la exposición:

2 bandas para la bendición con el Santísimo, 6 casullas con sus accesorios, 50 purificadores, 50 lavabos, 36 corporales, 8 palias, 7 hijuelas, 6 velos de Copón, 3 velos de Sagrario, 6 albas, 6 roquetes, 7 amitos, 6 manteles, 2 paños de mano bordados para la sacristía, 6 cíngulos, 6 fiadores, 170 vestidos para las niñas, 111 túnicos, 29 interiores, 159 fluxes para niños, 5 colchas.

Parte religiosa de la Exposición hecha en la Residencia de Las Mercedes en esta capital. (Revista "Élite", 6 de mayo de 1933).

Debemos una felicitación muy sincera para el Centro Misional, por sus actividades durante el año, y muy especialmente al infatigable Padre Serafín y a los Padres Capuchinos que con tanto celo trabajan por las Misiones en nuestras apartadas tierras del Caroní, amparados por el Gobierno del General Juan Vicente Gómez. Todo sea para la mayor gloria de Dios y bien de las almas.

(Diario "La Religión", 28 de marzo de 1933).


martes, 15 de junio de 2021

AGRADECIMIENTO POR IMPORTANTES OBRAS PÚBLICAS EN CARORA

 


Carora, 8 de septiembre de 1913.

Señor General Juan Vicente Gómez, etc., etc., etc.

Respetado General:

Porque sabemos que es del agrado de usted, ya que su corazón de Magistrado vibra siempre por las manifestaciones del progreso, venimos a manifestarle que a pesar de la perturbación de la paz nacional, continúan aquí con creciente actividad las obras públicas; el trabajo de embellecimiento de nuestra plaza, casi al rematarse, sirve ya a nuestra sociedad; se cortan postes para el establecimiento definitivo de la red telefónica del Distrito, y encargados a Europa los artefactos para la conclusión del Acueducto, ardemos en deseos de inaugurar esa obra con que nos favoreciera la generosidad de usted.

Dicho lo que antecede, resalta la actividad, corrección y pulcritud de nuestro dignísimo Jefe Civil, General Juan de J. Blanco, iniciador y alentador de todas esas obras de progreso y para cuya conducta son pocos los aplausos sinceros y continuos de la ciudadanía.

Oportuna es la ocasión, señor General, para testificarle nuestra adhesión inquebrantable, de la que podemos darle pruebas en cualquiera oportunidad.

Somos de usted, atentos seguros servidores,

Rafael Herrera Oropeza, Pablo Riera, Cecilio Zubillaga P., Alejandro Riera y Compañía, Alberto J. Yépez, Ramón Gutiérrez, A. Montañez Sucesores, José M. Zubillaga P., Isidro A. Elies, Miguel Ángel Meléndez, Jaime Riera M., Hermanos Arispe, Julio Mármol Herrera, Miguel A. Montes de Oca, Arístides Silva, Flavio Herrera O., Marcial Montes de Oca, Diego Herrera, A. Riera, Jacobo J. Curiel, Francisco R. Meléndez, José A. Gutiérrez, hijo, Mariano J. Dorantes, Pedro R. Espinoza, Herrera y González, Víctor M. Silva, Rafael Zubillaga, Roberto Riera, Jesús M. Suárez, Marcelino A. Yépez, Pablo González, José Luis Andrade, Emilio Aldazoro, Antonio Lameda, Ignacio Zubillaga, Tirso Álvarez Silva.

(Publicado en el Periódico "El Nuevo Diario", el 10 de septiembre de 1913).


sábado, 12 de junio de 2021

CASAS ECONÓMICAS E HIGIÉNICAS PARA CARACAS EN 1913

 

No sólo la población pudiente necesita ser favorecida en lo que atañe a sus necesidades de lujo; sino que especialmente los habitantes pobres de la urbe, deben con preferencia ser atendidos en su natural deseo de tener casas baratas, higiénicas y hasta hermosas, dotadas de todo el confort moderno, como bien desea el General Juan Vicente Gómez que se cumpla en el contrato.

En sesión del 21 de julio de 1913, la Municipalidad de Caracas aprobó en tercera y última discusión un contrato celebrado por el Gobernador del Distrito Federal, cuyo tenor es como sigue:

"Artículo 1°. Los concesionarios se comprometen:

A fabricar casas higiénicas, de moderna construcción de cemento armado, techos de tejas, cemento o tela impermeable e incombustible, pero nunca de zinc, con sus pisos de cemento, baño, excusado de agua, cocina y con una altura no menor de tres metros veinte centímetros, en los solares que adquieran por compra.

Además de las casas de que habla el presente artículo, los concesionarios podrán con el mismo fin y condiciones, reedificar y modificar casas que adquieran dentro del poblado o en sus inmediaciones.

A vender estas casas con preferencia a inquilinos de las clases industriales y obreras por medio de contratos en que conste el cobro del interés del diez por ciento a lo sumo sobre el valor de la venta de la casa y también el diez por ciento de amortización hasta efectuar el pago del precio estipulado, verificado lo cual se le dará el respectivo título de propiedad al comprador.

Es entendido que en cada contrato se consignará la cláusula penal de reivindicación de la casa vendida por los concesionarios, cuando el inquilino haya caído en mora en el pago de tres meses de los intereses al diez por ciento y el diez por ciento de amortizaciones citados. Las sumas satisfechas por el inquilino se considerarán entonces como pagadas por alquileres. También debe consignarse el deber de los concesionarios de hacer las reparaciones mayores de la casa durante el contrato, manteniendo siempre ésta en condiciones higiénicas. Para este último efecto, los inquilinos podrán apelar a la Junta de Sanidad.

A presentar el Concejo Municipal por el órgano del Gobernador del Distrito Federal los tipos o modelos y planos de estas casas económicas e higiénicas.

A dar comienzo a la obra de edificación a más tardar dentro de dos años, a contar de la fecha en que quede perfeccionado el presente contrato.

Artículo 2°. El Gobernador del Distrito Federal se obliga: 

A solicitar del Gobierno Nacional el reintegro de los derechos aduaneros correspondientes a la introducción de tirantes, tées, doble-tées, techos, clavos, cerraduras, bisagras, aldabas, telas metálicas, ventanas de hierro cabillas, tapicería, tubería, llaves de acueducto, cocinas, excusados, zinc, y cobre que se compruebe estar empleados en las construcciones a que se refiere este contrato.

Los concesionarios en su oportunidad, presentarán al Gobernador del Distrito Federal para los efectos del cumplimiento de este artículo, una nota especificada de todos los materiales empleados.

A exonerar estas casas de todo impuesto creado o que se creare, a excepción del derecho de agua, por el espacio de diez años, que es la duración del presente contrato, contado desde el día en que se dé comienzo a la fabricación de dichas casas.

A permitir a los concesionarios, herederos o causahabientes, el traspaso de este contrato, total o parcialmente, a cualquiera persona o Compañía Nacional o Extranjera previo su consentimiento y la aprobación del Concejo Municipal; pero en ningún caso será traspasado a Gobierno Extranjero ni dará motivo a reclamaciones internacionales.

Las dudas o controversias que puedan suscitarse en la ejecución de este contrato, y no puedan arreglarse amigablemente, serán resueltas por los tribunales de la República".

Tenemos informes de que, en la semana venidera, se constituirá la Compañía que se propone poner por obra el contrato a que nos referimos, bajo la dirección de abonadas firmas de esta capital.

El proyecto formulado en las estipulaciones del contrato, viene a secundar con eficaz oportunidad los felices esfuerzos realizados por el Gobierno del Presidente General Juan Vicente Gómez, en el sentido de convertir a Caracas en una ciudad bella, cómoda y sana. No sólo la población pudiente necesita ser favorecida en lo que atañe a sus necesidades de lujo; sino que especialmente los habitantes pobres de la urbe, deben con preferencia ser atendidos en su natural deseo de tener casas baratas, higiénicas y hasta hermosas, dotadas de todo el confort moderno, con la ventaja de poder convertirse en propietarios, en breve lapso, con sólo destinar mensualmente algunos ahorros para el pago de módicas cuotas.

Además, las acciones de la Compañía se emitirán, en tales condiciones, que quedarán al alcance de toda clase de suscriptores con lo cual se propagará entre las clases obreras el hábito utilísimo del ahorro y el espíritu de especulación honesta.

Merecen parabienes y aplausos el señor Gobernador y la Municipalidad de Caracas, por esta nueva iniciativa de administración civilizadora.

(Publicado en el Periódico "El Nuevo Diario", el 24 de julio de 1913).


viernes, 11 de junio de 2021

INFORME DEL DIRECTOR DE SANIDAD DE VENEZUELA EN 1922

 

Doctor Plácido Daniel Rodríguez Rivero, Director de Sanidad Nacional en el Gobierno del Benemérito General Juan Vicente Gómez, Presidente de la República de Venezuela.

Tenemos a la vista el Informe correspondiente al año 1922 que el señor Director de Sanidad Nacional presenta al Ejecutivo Federal por órgano del Ministerio de Relaciones Interiores.

Abunda el mencionado documento en datos que dicen la eficacia con que el señor Doctor Plácido Daniel Rodríguez Rivero, ha secundado en el desempeño del alto cargo de Director de Sanidad Nacional, los nobles ideales del señor General Juan Vicente Gómez, Presidente Constitucional de la República, quien en su empeño de mejorar la institución sanitaria de la que es fundador y entusiasta propulsor en Venezuela, creó por Decreto de fecha, 10 de julio de 1922, y a fin de llenar imperiosas necesidades del servicio, los cargos de Inspector General de Sanidad, Abogado Consultor, Primero y Segundo Ingenieros, Inspector General de Leproserías Nacionales y Médico de Sanidad de Trujillo.

Bajo la dirección del Doctor Rodríguez Rivero, se ha procedido a la reorganización de las Oficinas de Sanidad y se han realizado obras de vital importancia como la refacción y el mejoramiento del Hospital de Aislamiento, la construcción de un pozo en la Estación de Servicio de Aseo Urbano y Domiciliario y la construcción de un colector, de cloacas y desagϋes.

Incansable ha sido la labor de la Oficina de Sanidad Nacional en sus campañas de vacunación, que ha generalizado de un extremo a otro del país, evitando así la propagación de enfermedades que diezmaban a la población. También ha atendido con esmero a las necesidades más urgentes de la Medicina e Higiene Veterinaria, como lo reclama nuestro país, donde la cría constituye una de sus principales fuentes de riqueza. Sus Laboratorios de Química y de Bacteriología y Parasitología, eficientes tanto en su personal como en la dotación de instrumentos, constituyen un alto exponente de nuestro adelanto sanitario. El servicio de Aseo Urbano y Domiciliario, cuya necesidad y eficacia reclaman la mayor atención, se ha ejecutado con la regularidad más completa y ha dado los resultados que de ella se derivan para bien de la salubridad pública.

En la forma más cumplida felicitamos al señor Doctor Plácido Daniel Rodríguez Rivero, por el brillante Informe que en su carácter de Director de Sanidad Nacional, ha presentado al Ejecutivo Federal, y por la manera eficaz e inteligente con que ha secundado los ideales patrióticos del General Juan Vicente Gómez e interpretado las normas progresistas de la Rehabilitación Nacional.

(Publicado en el Periódico "El Nuevo Diario", el 3 de mayo de 1923.)


jueves, 10 de junio de 2021

MONSEÑOR JÁUREGUI FUE HONRADO POR EL GENERAL GÓMEZ

 

Por Decreto del Benemérito General Juan Vicente Gómez, Presidente de la República de Venezuela y publicado en la Gaceta Oficial Nro. 10.716, el 9 de junio de 1909, se aprobó la exhumación y traslado a Venezuela de los restos del eminente Monseñor Jesús Manuel Jáuregui Moreno.

Monseñor Jesús Manuel Jáuregui Moreno, nació en Niquitao, Estado Trujillo, Venezuela, el 28 de septiembre de 1848 y falleció en Roma, Italia, el 6 de mayo de 1905. Mejor conocido como Monseñor Jáuregui, fue un sacerdote católico venezolano que realizó una gran labor como destacado educador, científico, escritor, filósofo y político, cuya obra la desarrolló la mayor parte de su vida en la ciudad de La Grita, Estado Táchira, donde ejerció como vicario y fundó varias instituciones religiosas, sociales y educativas, entre las cuales destaca el Colegio Sagrado Corazón de Jesús, el cual regentó durante quince años y donde diseñó e implementó un modelo de enseñanza basándose en las orientaciones del Papa León XIII y el pensamiento salesiano, producto de su contacto directo con Don Juan Bosco. 

Monseñor Jáuregui venía padeciendo de cálculos urinarios y el día sábado, 6 de mayo de 1905, a las tres de la mañana, fue intervenido de urgencia quirúrgicamente, falleciendo lamentablemente durante la operación. Tenía 56 años de edad. Sus restos fueron sepultados en el Colegio Pío Latinoamericano en Roma, Italia.

El 22 de marzo de 1909, durante la Presidencia del Benemérito General Juan Vicente Gómez Chacón, el Concejo Municipal del Distrito Jáuregui, situado en La Grita del Estado Táchira, acordó solicitar el traslado de sus restos desde Roma. Se nombró una comisión conformada por los Doctores Leopoldo Baptista, Emilio Constantino Guerrero y Pedro María Parra, para realizar las gestiones pertinentes ante el Congreso Nacional.

Por Decreto del Benemérito General Juan Vicente Gómez, Presidente de la República de Venezuela y publicado en la Gaceta Oficial Nro. 10.716, el 9 de junio de 1909, se aprobó la exhumación y traslado a Venezuela de los restos del Presbítero Doctor Jesús Manuel Jáuregui Moreno. Sus despojos mortales fueron embarcados en Roma por Román Cárdenas, uno de sus discípulos, con destino al Puerto de Génova y de allí a Venezuela, en una caja de 2,30 mts x 0,85 mts, siendo recibidos en La Guaira para proseguir por Caracas, Maracaibo, La Ceiba, Motatán, Valera, Timotes, Chachopo, Apartaderos, San Rafael, hasta llegar a Mucuchíes, donde fueron sepultados el 13 de abril de 1910, junto a los de sus padres. 

Posteriormente, fue trasladado al Panteón Nacional, en Caracas, Venezuela.

EL MONUMENTO AL PADRE JÁUREGUI, AÑO 1913

El Gobierno Nacional, presidido por el Benemérito General Juan Vicente Gómez, ha destinado una suma de bolívares para la subvención del monumento que la Municipalidad de La Grita se propone erigir en aquella población, a la memoria del ilustre Monseñor Jesús Manuel Jáuregui Moreno.

Fresca está aún en el recuerdo de los venezolanos la memoria de aquel eminente levita, cuyas virtudes y merecimientos, exaltados por cuantos le conocieron, durante su vida, cobran al través de la distancia mayores y más claros relieves.

Fue Monseñor Jáuregui el educador de toda una juventud que ha prestado, posteriormente, grandísimos servicios a la Patria. En su colegio de La Grita, que en sus mejores tiempos pudo servir de modelo a los planteles de educación análogos de nuestro país, se iniciaron en el cultivo y en el amor de las ciencias y de las letras muchos jóvenes que hoy, ya en la edad madura, ocupan puesto de preeminencia y han adquirido justiciera nombradía por sus luces, por su erudición y por sus talentos.

Monseñor Jáuregui poseía no sólo el instinto y entusiasmo del educador de vocación, sencillo en sus hábitos, convincente y claro en sus discursos, armado del don profundo de la simpatía, sino que también se distinguió por otras varias preciosas y culminantes virtudes. A los conocimientos de un sabio juntaba la intachable pureza de costumbres que caracterizaba a los doctores místicos en los mejores tiempos de la Iglesia Romana; y además, una de las faces de su nobilísimo espíritu destellaba con el brillo incontrastable y pulcro que revela la integridad del diamante: era un dechado de patriotas, recto, viril, encaminado con fijeza y sin alteraciones hacia el bien de todos y el decoro de la comunidad. Su espíritu, como la brújula señalando el norte, se dirigía siempre al deber y la verdad.

Después de haber consagrado honorablemente toda su vida al ejercicio de funciones de bondad, de belleza y de justicia, como si el destino hubiera querido galardonarlo con la suprema corona del martirio, sufrió por la justicia persecuciones injustas; y fue a perecer lejos de la tierra natal, sin que bastaran a borrar ni amenguar la pesadumbre acerba de su nostalgia, los honores que el Pontífice Romano le confirió, ni el ejercicio, que no abandonó nunca, de sus funciones de educacionista.

El Gobierno Nacional del General Gómez, rinde un homenaje merecido a la memoria de Monseñor Jáuregui, asociándose a la erección del monumento que perpetuará su memoria en La Grita y que costearán la Municipalidad de aquella población y muchos de los discípulos y admiradores del ilustre prelado.

(Publicado en el Periódico "El Nuevo Diario", el 17 de julio de 1913.)


El 1 de agosto de 1914, bajo la Presidencia del Benemérito General Juan Vicente Gómez, se inauguró en La Grita, Estado Táchira, el monumento en bronce florentino de Monseñor Jesús Manuel Jáuregui Moreno.

Una estatua de bronce de calidad artística excepcional, se corresponde con la representación pedestre de Monseñor Jesús Manuel Jáuregui Moreno, en su condición de prelado y educador. Está revestido con las insignias de Protonotario Apostólico Ad Instar Participatium, título que lo honraba como miembro del séquito papal de la antigua Capilla Pontificia (en la actualidad Familia Pontificia), por designación de Pío X en 1904. Las figuras de dos párvulos, con ropajes infantiles de la época, rodean la representación de Monseñor Jáuregui.

Se logró, gracias al aporte económico del Benemérito General Juan Vicente Gómez, la realización del monumento que fue inaugurado, el 14 de septiembre de 1914. La hermosa estatua ha permanecido en su emplazamiento original y puede ser observada en la plaza "Jáuregui" de la ciudad de La Grita. Se desconoce su autor, si bien en la peana de la estatua se puede leer en letras buriladas "J. Roversi y C° Sucs".


CIVILIZADORES DEL TÁCHIRA, MONSEÑOR JÁUREGUI

(Por: José Abel Montilla) 

Una noticia venida del Estado Táchira nos ha complacido altamente, porque nos cuenta la realización de una obra de justicia encaminada a afirmar en el porvenir, librándola de la voracidad del olvido, la memoria de un hombre ilustre cuyo esfuerzo se levanta en el pasado inmediato de los pueblos andinos como una montaña espiritual, al modo de un suplemento lírico de las de su naturaleza, que tienen bravuras de león en el rugido de los páramos y candores de virgen en las nieves eternas.

Esa noticia que viene de lejanías queridas, con un suave aliento del solar nativo, nos informa que hace unos días solamente se levantó en tierras de La Grita un monumento a Monseñor Jesús Manuel Jáuregui Moreno.

Este suceso concreta el término fortunoso de una gran aspiración que se agitaba en esas regiones de tiempos atrás y que era la de revivir en el hieratismo de la estatuaria el perfil venerable de ese hombre que paso por entre los hombres con el carácter de inconfundible, porque realizaba el tipo de un héroe en el concepto de Carlyle.

De algunos años para acá, desde que por disposición del General Juan Vicente Gómez vinieron sus despojos a reposar en el seno de la Patria, tomó calor el movimiento en favor de su nombre, porque la medida gubernativa, tuvo por efecto iluminar el panorama de su obra y así muchos hicieron alto en sus afanes para ponerse a considerar, éstos lo que le debían de perfeccionamiento; aquéllos cuanto en beneficio de la comunidad intentó y los más distantes en lo que hubiera podido hacer.

Y esa asociación de voluntades, a la sombra de un recuerdo, ha realizado la apoteosis esperada, que después de escribir una página de civilización y de altruismo en la historia del pueblo tachirense, va más lejos a cumplimentar a cuantos vivan la vida del espíritu, refiriéndoles un triunfo del mérito, un éxito de la justicia, en el cual es parte ejecutiva la gratitud pública, que ahora a través de los años y de los acontecimientos, glorifica la personalidad de un luchador sincero e idealista que recorrió los caminos de la vida armado caballero de la virtud, no faltándole en esos momentos, para definir su existencia superior, un fino desdén de aristócrata para las cabriolas de la envidia y para los golpes de la adversidad.

La figura de Monseñor Jáuregui compone el símbolo del idealista patrio, perdido o burlado en nuestras sociedades informes, alumbradas a medias por las ideas madres de la humanidad y donde los apostolados nobles y los grandes anhelos perecen la mayoría de las veces, en el desierto de una gran indiferencia como los peregrinos del relato bíblico y en ese caso, las medidas de reconocimiento y de recompensa que entraña glorificación reciente, tienden a la conservación de principios de moralidad en el espíritu público, desarrollando el sentimiento del sacrificio, la abnegación, el desprendimiento, al afirmar una noción de la solidaridad humana, la idea de una supervivencia sustancial, llevada a efecto merced a un proceso de conciencia que viene a formar una gratitud colectiva.

Nos permitiremos señalar los méritos de este sacerdote eminente, así como también los servicios que prestara a sus semejantes, en la convicción de que todas las vidas nobles y desinteresadas, por silenciosas que sean, desempeñan un papel de efectiva utilidad, contribuyendo en última línea a que ese concepto de la vida, completamente personal, íntimo, que cada quien elabora en su interior, a lo largo de sus años y a golpe de pruebas y convencimientos, no sea duro en todas sus partes, porque esas individualidades abnegadas, dispersas por el mundo suavizan los asaltos del infinito e incurable dolor humano y otras ocasiones, cuando van confundidas con la desfilada turbulenta de los profesionales de la barbarie, del egoísmo y de la injuria, se le oye decir, parodiando a Jesús; nosotros no venimos a corromper las almas, sino a perfeccionarlas….

Miembro de una familia honorable poseedora de bienes materiales para llevar una vida independiente y decorosa y de esa heredad del corazón que la forman las virtudes cristianas y las orientaciones hacia el bien, se rindió a una invencible vocación al seguir la carrera religiosa, llegando a graduarse de Doctor en Teología, cuando empezaba su juventud.

A poco tiempo de haberse ordenado pasó a desempeñar los curatos de Milla y Mucuchíes, donde empezó a señalarse su temperamento de civilizador en tareas de diversa índole, pues estando allí fundó dos pueblos, construyó dos templos, y doliéndose del apartamiento de esas regiones, hizo abrir a través de la montaña y sobre el Lago de Maracaibo, un famoso camino de diez y siete leguas de extensión.

Más tarde fue destinado para el Táchira, donde vivió muchos años dejando de su permanencia un recuerdo inquebrantable. Su obra está representada en esos pueblos por alientos a la cultura social, desarrollo del espíritu religioso, creación de centros de instrucción y de institutos de caridad y en testimonio de lo expuesto están templos, hospitales, orfelinatos, la Sociedad de las Siervas de la Sacra Familia, periódicos, colegios, señalándose entre éstos el afamado Instituto del "Sagrado Corazón de Jesús", que funcionó en La Grita durante tres lustros y donde cultivaron sus inteligencias varias generaciones de hombres y que después han figurado con brillo en las Ciencias, las Letras y la política del País.

Fachada del Colegio Parroquial "Sagrado Corazón de Jesús", fundado por Monseñor Jáuregui en 1884 y que se encuentra ubicado en La Grita, Estado Táchira, Venezuela. 

Monseñor Jáuregui, prestó servicios a la República en calidad de Diputado al Congreso Nacional y a las Legislaturas regionales y una vez entregado a sus faenas apacibles de cura de La Grita, lo sorprendió una solicitud del pueblo del Zulia que lo quería para obispo de su Diócesis.

En una ocasión su figura evangélica se levantó sobre nuestros errores, lanzando un amaos los unos a los otros, pero dadas las circunstancias, su palabra se perdió en el vacío, trayéndole en cambio perjuicios sin fin.

Pobre y apesarado se marchó a tierras extrañas donde gentes conscientes lo acogieron con los  brazos abiertos. En México fue nombrado Rector del Seminario Principal y más tarde Provisor y Vicario General de la Diócesis de Mixtecas y por ese tiempo tuvo la fortuna que la Sociedad de Obispos mexicanos a Tierra Santa lo designara para Predicador General.

De regreso del Asia Menor se estableció en París, fundando en dicha metrópoli Congregación para atraer y convertir sacerdotes extraviados, después pasó a Roma donde S. S. León XIII lo hizo Protonotario Apostólico y varias Corporaciones científicas lo tomaron como miembro.

Las treguas que su vivir agitado le concediera, las hizo fecunda y útiles, dedicándolas a la producción literaria y como frutos de la cual quedan un Tratado de Geometría, el Manual del Seminarista que adoptó como texto obligatorio el Arzobispado de Santo Domingo, la Biografía de Monseñor Zerpa, una variada labor diseminada por periódicos, revistas, y también algunas monografías y estudios especiales que no llegó a publicar.

Donde verdaderamente resplandecía su talento era en el púlpito, llegando a ser considerado como el mejor orador del Occidente, no solo por las dotes y particularidades necesarias, sino también por la calidad de la exposición que era patética, limpia, sutil, al punto de que algunas de sus oraciones sagradas que llegaron a publicarse obtuvieron juicios encomiásticos de hombres eminentes de Colombia.

Fue poeta y escribió inspirados y sentidos versos, de los cuales unos titulados A mi Patria, que envío desde Taffra, en Palestina, para su publicación en el periódico "Los Avisos" de San Cristóbal, son de un buen efecto sentimental, como una lamentación de su alma adolorida, que se adueña del espíritu con esa congoja indefinible de las penas presentidas.

Monseñor Jáuregui fue un hombre adelantado que en todo momento manifestó tener un claro concepto de la Patria y una comprensión avanzada de la humana condición del yerro y de la necesidad de la tolerancia. Las vulgaridades y vanidades del mundo no empañaron jamás la limpidez de su espíritu, pues se manifestó respetuoso de la dignidad ajena en toda circunstancia y mantuvo su pensamiento y su sensibilidad libres de trabas y abiertos a las grandes cuestiones de la vida, a la expresión de la angustia universal y a la contemplación artística de las cosas.

Se rindió a la muerte por el año 1904 en la Ciudad Eterna. La noticia de su muerte fue un acontecimiento doloroso en los pueblos andinos que hoy guardan su recuerdo como algo consustancial con su existencia.

Sus cenizas recibieron tierra en la nave principal de la Iglesia de Mucuchíes, haciendo así más venerable ese lugar ya santificado por las disposiciones eclesiásticas.

Un importante Distrito del Estado Táchira lleva su nombre; en el Asilo de Huérfanos de Caracas, entre los benefactores de la Infancia aparece su efigie, y ahora, en la hidalga ciudad de La Grita, la ciudad del muy Ilustre Cabildo que señaló el monarca español Carlos III, en el perímetro desolado de una plaza y a la vista de cuantos sean caminantes por esos lugares, reaparece transfigurado por la consagración suprema del bronce.

Recordemos a Víctor Hugo: las estatuas hablan mucho no a los que pretendan escucharlas sino a los que quieran pensar, y si cerca de esta estatua que se levanta en el corazón del Táchira del que fue en vida apoyo de la juventud y amparo del débil, pasarán muchos años y quisieran pensar, ¿qué oirían?

José Abel Montilla

Caracas: septiembre de 1914.

(Doctor José Abel Montilla, joven escritor y diplomático, nativo de San Cristóbal, quien también se ha señalado como periodista y cuya actuación en la redacción del periódico "Los Avisos" de San Cristóbal, dejó cimentada su actividad  intelectual y periodística. Es Doctor en Ciencias Políticas y desempeña el cargo de Ministro Plenipotenciario de Venezuela ante el Gobierno de Checoslovaquia).


sábado, 5 de junio de 2021

CARRETERA DE CARORA Y NUEVO RAMAL DE QUÍBOR 1925

 

LA VOZ DE LOS PUEBLOS AGRADECIDOS

De Carora a Caracas, el 29 de junio de 1925.

Las 5 hs. p.m.

Señor General Juan Vicente Gómez, etc., etc., etc.

Desde la hermosa Carora, que visitamos hoy a nombre del progreso y con motivo de transitar ya por el magnífico ramal que de Quíbor va a los Llanos en busca de la Gran Carretera Trasandina, saludamos en usted a la Patria regenerada, al progreso que ha obrado milagros en el País y el cual nos ha traído aquí para ofrecer a nuestros hermanos de Carora, en nombre de la Causa, esta obra del bien que ponemos bajo su protección; y cuando hemos colocado al pie del monumento de Pedro León Torres una corona de flores, hemos deseado su presencia para que hubiera visto todas las voluntades proclamándole el árbitro de la Paz en los destinos de la Patria.

Sus amigos y compatriotas,

M. Romero López, Baudilio Lara, Tadeo Jiménez, Hermecio Alvarado, José Rivero Unda, Daniel Graterón, A. Pérez Correa, Daniel Graterón P., José N. Pérez, Eudoro Liscano G., Blas Romero, Domingo Yepes, hijo, Ulises Gómez, Daniel Orta, Arturo Luna, Feliciano Lara, F. Figueredo, Andrés Sánchez, Eulogio Segura, Jacinto Liscano G., Juan Pérez Falcón, Rafael Ceballos Rivero, Eleazar Urdaneta, Isidro Pérez H., J. Virgilio Giménez, Rodulfo A. Jiménez, José A. Gutiérrez, Ricardo Algarra, Teolindo Guevara, Jesús Alvarado, Julio Rubén Soto, Atahualpa Goyo, M. Goyo A., Juvenal Arroyo, Juan María Vásquez, Juan Ramón Alvarado, Pablo Machado, José Segura, José Delgado P., Jesús Agüero, hijo, A. Segura, Lucio Delgado, J. R. Segura Sangroni, Sulpicio Yepes Yepes, Melanio Yapes, Antonio J. Puerta, Jesús M. Zerpa, Juan P. Tamayo, N. Yepes Pineda, Ramón Rodríguez R., José Tomás Linares, M. Pérez Santana, José M. Rodríguez R., Francisco de P. Linares, Lucas Piñero, Lucas Pérez, Manuel Benito Escalona, Pedro I. Lucena, Atalivar Olavarrieta, Juan Pérez L., Bernabé Escalona C., Juan de Dios Sequera, Pedro Torres, Víctor Rodríguez, Clemente Liscano, G. Arturo Luna, Eduardo Fiol, R. Algarra, Ramón Carmona H., Vicente Valenzuela, Ramón Lara, Juan Pablo Ceballos, José Giménez, Presbítero J. de J. Silva, Sixto A. Giménez. (Siguen más firmas).

De Carora a Caracas, el 29 de junio de 1925.

Las 11 hs. a.m.

Señor General Juan Vicente Gómez, etc., etc., etc.

Hoy ha sido gratamente sorprendida la ciudad con la visita del coronel Romero López y un lucido grupo representativo de la sociedad quiboreña, quienes después de inaugurar el ramal de carretera que hoy nos une con aquella población, vinieron a colocar al pie de la estatua de León Torres una corona como demostración de abrazo fraterno entre estos dos pueblos hidalgos que cambiándose atenciones cifran su ventura en el trabajo honrado y la protección de usted. Gajes de la hermosa paz implantada por usted son estos torneos de civismo de los pueblos que estrechando relaciones se enrumban por derroteros de efectiva prosperidad.

Somos sus adictos amigos,

Roberto Riera, José Luis Andrade, Miguel López R., Ramón Riera A., Ricardo Riera, Lisímaco J. Oropeza, Augusto Álvarez H., José Herrera Oropeza, Diego Herrera, Rafael Zubillaga, Pedro L. Riera, Pastor Oropeza, José Félix Solares, F. Franco Urrieta.

(Publicado en el Periódico "El Nuevo Diario", el 1 de julio de 1925).