lunes, 16 de noviembre de 2020

LA INDUSTRIA AZUCARERA EN VENEZUELA 1918

 


PRESENTE Y PORVENIR

En 1913 se discutió en el Congreso norteamericano un Proyecto de Ley sobre exoneración de derechos de importación para los azúcares. Fue para la América del Sur una hermosa esperanza, pues se le abría campo al ventajoso desarrollo de su industria azucarera; pero esa esperanza no se realizó sino en parte, porque ante los reclamos del Tesoro norteamericano, que necesitaba de aquellos ingresos aduaneros, y las vigorosas protestas de los agricultores de los Estados del sur, Puerto Rico y Cuba, cuyos intereses hería directamente el Proyecto, limitóse la disposición legislativa a una pequeña reducción en los derechos y la resuelta protección al producto norteamericano, puertorriqueño y cubano por medio de una prima especial.

En Venezuela había ya despertado interés esa industria, y aunque el fracaso del Proyecto en el Congreso de Washington hubiera justificado cualquier desaliento entre los más optimistas, jamás se pensó aquí en retroceder en la explotación de ese ramo de la agricultura; antes bien, bajo la iniciativa del General Juan Vicente Gómez, quien previó el gran porvenir que aquella representaba para Venezuela, se montó el primer Central, a orillas del Lago de Valencia, donde existen vastos campos muy propicios para el cultivo de la caña.

Ese ejemplo fue a poco secundado por muchos capitalistas del país, y de ello resultó la organización de varias Compañías Anónimas: tan así que en 1914 se principió la montura de los Centrales “Venezuela”, “Ceiba”, “Sucre” y otros. Sin embargo, no todas ellas han visto prosperar sus negocios, y de allí que muchas personas que han vivido atentas al desarrollo de la industria azucarera en este país, se pregunten cómo es que no logran aquí los Centrales idénticos, beneficios a los de Puerto Rico y Cuba. Fácil es, empero, contestar esas preguntas. En primer lugar, la industria azucarera es cosa nueva en Venezuela, y como en todo lo nuevo, el aprendizaje es costoso; en segundo lugar, algunas de las Compañías venezolanas basaron sus cálculos sobre capital necesario en el de los Centrales de Puerto Rico y Cuba, sin establecer las diferencias naturales, y de ello resultó que antes de terminar la montura de las maquinarias se les había agotado el dinero, y como no consiguieron más, se desanimaron y desistieron del negocio. También hubo quienes descuidarán el punto vitalísimo de la administración hasta el grado de poner al frente de las empresas a individuos inexpertos en el negocio.

La mejor prueba de que la industria azucarera da proventos es que entre las empresas establecidas en Venezuela las hay que han triunfado. El Central “Tacarigua” montado, como ya he dicho bajo los auspicios del Benemérito General Juan Vicente Gómez, presentó el año pasado, en su primera Junta anual de accionistas, un magnífico beneficio líquido, y hasta la fecha ha seguido con el mejor éxito y el Central “Venezuela” bajo la experta dirección de su Presidente, D. Juan E. París, está dando pruebas de halagador porvenir.

La guerra europea ha favorecido a Cuba y Puerto Rico por el fabuloso precio que ha alcanzado el azúcar, y en los últimos años se han montado allí innumerables Centrales; pero como la guerra no será eterna y quiera Dios que termine pronto, la situación tiene que cambiar con la vuelta a los mercados mundiales de los azúcares rusos, alemanes y austro húngaros, extrañados de aquéllos desde el principio de la conflagración actual. Venezuela podrá, no obstante, resistir la consiguiente baja, gracias a la fertilidad de sus tierras que garantizan una gran producción, y el poco gasto que acarrea aquí el cultivo de la caña. Lo que se requiere es preparación para producir el artículo lo más barato posible, lo cual se ha de conseguir montando maquinarias completamente modernas y evitando costosos gastos de transporte. Al efecto deben elegirse con preferencia, para los Centrales, las orillas del mar o ríos navegables, a fin de que los productos puedan ser llevados a los mercados extranjeros de consumo a satisfactorio costo; y tener administración económica y control químico para la escrupulosa fabricación. Así estarán las Compañías Venezolanas en condición de triunfar en la competencia que se espera al terminar la guerra.

E. Van der Ben.

Ingeniero Químico Azucarero.

(Publicado en el Periódico “El Nuevo Diario”, el 14 de junio de 1918).